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miércoles, octubre 14, 2009

Regreso a la Barceloneta

(foto fpsurgeon)

















Mis obligaciones con respecto a los títeres, que me han tenido ocupado estos últimos meses con estrenos, funciones y viajes, han impedido que vea con regularidad a mis amigos de la playa, los adivinos de la Barceloneta. Decidí pues coger una bicicleta y acercarme al Club Natación Barcelona del que soy socio.

Me di cuenta de que ya habían inaugurado el Hotel Vela, causa de muchas protestas estéticas y ecológicas, y fue un placer meterme por las nuevas rampas que llevan a la parte trasera del hotel y ver desde allí el inmenso mamotreto construído por el arquitecto Bofill. Impresionaba verlo a ras de suelo. Igualmente me gustó la vista que se obtiene desde el hotel, una nueva perspectiva de la ciudad y de las playas de la Barceloneta. Y aunque doy la razón a los que se oponen al edificio, que incumple todas las leyes del buen gusto y de la costa española, las cuales impiden construir a menos de veinteycinco metros del mar, y por su falta de respeto hacia los socios del Club que le es vecino, debo confesar que me sentí como un niño ante un juguete nuevo, disfrutando de aquellas instalaciones recién estrenadas.

Encontré a mis amigos paseando por la arena mojada de la playa cerca del hotel, y me sumé a ellos, muy contento de saludarlos y de reanudar nuestras charlas sobre el presente y el futuro del mundo. Estaban como siempre muy joviales y animados a pesar de los más de setentaycinco años que ambos arrastraban consigo. Decía Mercadal:

- Rumbau, no sé por dónde habrás estado, pero por aquí las cosas siguen cambiando a unas velocidades de vértigo. Ya has visto el nuevo hotel, por el que sin duda pasarán celebridades del mundo entero, especialmente norteamericanas, dando aún más brillo y glamour a nuestra ciudad. Y por si no lo sabías, la crisis que hace uno o dos meses centraba todas las preocupaciones de la gente, ya ha empezado a desaparecer de los periódicos, que hablan de recuperación a diario, aunque nadie vea nada de nada por ninguna parte. Creo que aquí se ha efectuado un truco de los de magia de escenario, pues casi de un día para otro lo que estaba sobre la mesa dejó de estarlo, y no me extrañaría que un día de esos nos sacaran de la chistera nuevos conejos financieros ante nuestros ojos atónitos …

Reí con ganas la broma de Mercadal. Su amigo Bastides, muy serio, dijo:

- Tienes razón, Mercadal, ya sabía yo que eso de la crisis nos lo estaban vendiendo con demasiada alegría. Creo que todos han adivinado ya que la crisis es de esas que no acaban nunca, por lo que lo mejor es hacerla desaparecer, del mismo modo que el Guadiana hace con sus aguas, ocultándolas un trecho para dejarlas salir de nuevo cuando le viene en gana. La verdad es que habían llegado demasiado lejos con la multiplicación del dinero. Pero a la hora de buscar responsabilidades, ya has visto que no han pillado a nadie: los supuestos culpables siguen todos en sus puestos de combate, lo que demuestra que ellos mismos se lo han guisado y se lo han comido.

- Dicen que España será de los últimos países en salir a flote… -dije.

- Tonterías. Aquí unos cuantos deciden cuando y quiénes van a salir de la crisis y por lo visto ahora se las tienen con Zapatero que a pesar de sus esfuerzos de ortodoxia, ya sabes, rellenar los bancos con nuestro dinero y financiar a las empresas automovilísticas, no parece gustar a los mandamases. Como decía Mercadal, todo es un juego de ilusionismo. En este sentido, creo que el exministro Solbes sabía lo que se hacía al no hacer nada: ante una crisis que se presentaba como permanente, lo mejor es acostumbrarse a ella y dejarse de impostaciones melodramáticas. Algo que no casaba con el carácter de Zapatero, tan dado a los pequeños efectos mediáticos. Entonces, sus enemigos le urgían que hiciera cosas. Y cuando las ha empezado a hacer, le critican que las haga. Tonterías, Rumbau…

- Pero la crisis existe de verdad, ¿no? –les pregunto, sorprendido por sus palabras.

- Por Dios, claro que existe, pero hace ya muchos años que estamos en crisis o, al menos, así lo hemos visto nosotros, motivo por el que nos dedicamos a estudiar el Futuro buscando las alternativas al Presente.

En eso tenían toda la razón del mundo, pues desde que los conozco no han cesado de hablar de crisis y de transformaciones constantes de las sociedades.

- ¿Y seguís tan optimistas como siempre? –les pregunté.

- Sí y no. Es evidente que las cosas, aún yendo a mejor, van a peor. La globalización es un hecho incuestionable al que todos se van acostumbrando. El triunfo del capital como fuerza motora junto con la consolidación de los poderes económicos también parece irreversible hoy por hoy. Entretanto, el estado de guerra no decae y aunque a Obama le hayan dado el Nobel de la Paz, la belicosidad americana, bien defendida y auspiciada por todos los poderes mundiales, sigue tan campante en sus campañas de privatización guerrera. Y fíjate que China, la India, Brasil y la mayoría de los países emergentes, no hacen más que invertir en armamento. Por otro lado, las farmacéuticas han puesto a la OMS y a los estúpidos Estados de rodillas y parecen lanzadas a gobernar el mundo a base de pandemias y de vacunaciones masivas. El cuadro no puede ser más deprimente. Y sin embargo, algo nos dice que todo este entramado se está resquebrajando y se tambalea. Por suerte, lo novedoso todavía no es visible y así puede desarrollarse sin cortapisas inoportunas.

- ¿A qué refieres?

- A determinadas afirmaciones vitales que se producen por doquier y en los escenarios más recónditos e inesperados. Fíjate que no somos sociólogos sino futurólogos, y lo que digo, más que verlo, lo intuyo, todo hay que decirlo, pero las sensaciones son claras. Nosotros indagamos los acontecimientos mirando a la inversa: nos fijamos en las zonas y en los países de los que nadie habla, pues allí es dónde suceden las cosas interesantes. Piensa que los medios no están para informarnos sino para confundirnos. Y no es que tengan malas intenciones, pues todos son muy buenas personas, simplemente es que no pueden hacer otra cosa. ¿Lo entiendes?

- Más o menos… -le respondo, atónito por su planteamiento.

- Fíjate en José Tomás. ¿No lo ves como un síntoma claro de lo que te digo?

- ¿Pero qué tiene que ver José Tomás con lo que estamos hablando?

(José Tomás en la Monumental. Foto Guifré Miquel)

- ¿Acaso no es insólita una aparición como la suya, un genio tan inmenso de la tauromaquia, y además interesado en Barcelona? Ante las pretensiones prohibicionistas de nuestros políticos, la irrupción de este torero único puede dar al traste con sus políticas de embrutecimiento infantilizado de la población, pues no de otra manera se puede calificar la que se practica en nuestra ciudad. Y en los toros, el vacío de la muerte mostrado en toda su crudeza y con el arte de Tomás, es capaz de romper las filigranas bienpensantes de nuestros hipócritas moralistas.

¡Vaya con Bastides!, pensé. Me encantaba aquel viejo enardecido en la defensa de sus puntos de vista que ejercía siempre desde posiciones tan iconoclastas.

- Sí, Rumbau, el mundo está cambiando pero para verlo hay que cerrar los ojos a los aludes de información que nos llegan de todas partes. Fíjate que nosotros casi no miramos la tele y tampoco tenemos Internet, aunque sí leemos los periódicos al mediodía en el Casal de Viejos, por eso estamos en mejores condiciones de ver lo que otros no ven. ¿Lo entiendes?...

Tengo que confesar que sus razones me dejaron sin habla. Y viendo que ya era hora de irse retirando, me despedí de ellos prometiéndoles que acudiría sin falta en los días siguientes.

sábado, agosto 15, 2009

De nudos, crisis, y los vaivenes del Tiempo

(el Hotel Vela, foto sacada de Gay Cat)

Hacía días que no veía a mis amigos de la playa, los futurólogos Bastides y Mercadal, ambos dedicados a pensar el futuro y, sobretodo, a imaginarlo, sobre bases desde luego científicas desde el punto de vista de la ciencia astrológica, que es la ciencia pacticada por Mercadal. En cuanto a Bastides, sus visiones proceden directamente del futuro, como él mismo no se cansa de repetir, lo que le otorga veracidad perceptiva, aunque por ello mismo se mantenga en lo subjetivo, sin menoscabo del interés de las mismas, por supuesto.

Los encontré al final de la playa, allí dónde una valla metálica separa la zona nueva del hotel recién construído, mamotreto de mucho vidrio y acero con forma de vela. Comentábamos la desfachatez de las autoridades portuarias, que no dudan en saltarse las leyes bajo el amparo de no se sabe qué excepcionalidad, como es construir un negocio privado a dos palmos del mar sin distancia alguna de respeto al dominio público establecido por la ley.

- ¿Os molesta mucho el hotel? –les pregunto consciente de que para ellos, que pasean a diario por la playa, aquella irrupción arquitectónica puede llegar a ser traumática.

- Mira, Rumbau, te mentiría si dijera que si. Claro que es algo bastante horrendo aunque de lejos sea bonito. Y, desde luego, establece un antes y un después. Hemos perdido esa parte extrema y salvaje de la playa, lo único que quedaba de Barcelona aún sin urbanizar. Ahora las luces llegan hasta tu Club y cada vez será más difícil esconderse para hacer algo malo o simplemente oculto, eso es cierto. Pero también es verdad que hemos ganado un paseo. Fíjate que en eso ocurre como con la vida misma, que los tiempos van hacia adelante y hacia atrás: avanzamos en una cosa y retrocedemos en otra. Pero así avanza el tiempo, con vaivenes que establecen ciclos y ritmos, pues por algo pertenecemos a la biología, que se rige por los ciclos de vida y muerte.

- Vaivenes… -interviene Mercadal, que escuchaba a su amigo con mucha atención– ésta es la palabra, en efecto. Hacia adelante y hacia atrás. ¿Y sabes qué significa eso? Pues que así los tiempos se cruzan entre si y, lo que aún es más importante, “se anudan”. Pues no otra cosa hace el tiempo cuando avanza y retrocede de esta manera. Nosotros nos desesperamos porque así no hay despegue hacia adelante, como si el tiempo dudara constantemente entre sus direcciones. Pero en realidad, lo que se está haciendo es un nudo enorme, un nudo de posibilidades que se esbozan en una dirección u otra, de líneas de progreso y de retroceso, de vanguardia y de conservadurismo, las cuales se neutralizan al cruzarse y se enredan entre si, formando un galimatías cada vez más complejo y embrollado. Pero cuidado, porque aquí se encuentra uno de los trucos del tiempo, que gusta de avanzar a saltos, tras pararse en esos nudos-embrollos que parecen detenerlo. Y sino, fíjate en los árboles y en sus ramas más largas, que nacen todas de gordos nudos en el tronco.

Bastides, muy excitado con las palabras de su amigo astrólogo, saltó al acto para decir:

- ¡Es eso, es eso!, y este embrollo crea este vacío enorme que parece atenazarnos, ese vacío que tapa lo real y oculta sus significaciones. ¡Pero es gracias a este vacío que podemos ver el futuro! ¿No lo entiendes?... Se trata de un vacío en realidad muy cargado de posibilidades infinitas que esperan ser resueltas y liberadas. ¡De estos nudos que todo lo lían, el resultado es un todo embrollado que es una nada repleta de vida y de energía!

Se hallaba casi en tránsito Bastides inspirado por sus propias palabras. Mercadal, quizás más atrevido en sus teorías pero menos dado a las iluminaciones futuristas, intervino al cabo de unos minutos de silencio:

- La crisis, la santificada crisis de nuestros días, ¿qué es, sino un enorme nudo dónde el vaivén de los procesos parece el nunca acabarse? Es el tiempo, que se enrosca sobre si mismo con ganas de explotar. Fíjate que se llegó al descalabro tras el delirio especulativo de los financieros. Se cae el sistema y lo levantan de nuevo con promesas de regulación y de cambio en el funcionamiento de la cosa. Y de pronto, los periódicos ya están hablando de recuperación. ¿Han cambiado algo? En absoluto. Tal vez simularán más regulación, como la que ejerce el Banco de España, se dice, modelo de transparencia y eficacia… Pues vamos arreglados. Vaivén, eso es lo que hay, hacia adelante y hacia atrás, se avanza en las soluciones, y se retrocede en la eterna repetición de lo mismo. La crisis es el nudo que resulta de tantos vaivenes que no paran de cruzarse, no sólo en las finanzas sino en todos los aspectos sociales y políticos. Y por eso el actual vacío, pues como bien dicen los físicos, el nudo es la antesala del vacío, allí dónde se fragua lo nuevo. Claro que podría hundirse sobre si mismo sin llegar a crear nada, a la manera de los famosos “agujeros negros”, pero hay que ser optimistas. Y fíjate, Rumbau, que el nudo es tan colosal, me refiero a la crisis de crisis en la que nos hallamos, que si algo nuevo debe salir del él, lo hará de un modo frenético y disparatado en proporción al grosor del nudo, del mismo modo que en los árboles, a grandes nudos corresponden largas y potentes ramas. Lo que, desde luego, dificulta mucho la pronosticación, que es nuestro anhelo casi diría “profesional”, aunque para eso está la astrología, que como muy bien sabes, se salta a la torera los ordenamientos de la lógica habitual, indispensable para ver el futuro…

- ¿Y no os da miedo esta potencialidad de cambio de la que estáis hablando? Si tan gordo es el nudo y la explosión resultante, lo que salga puede depararnos no pocas sorpresas desagradables… -les pregunto algo asustado por sus palabras.

Fue Mercadal quién volvió a tomar la palabra, contestando del siguiente modo:

- Evidente. Fíjate en el “nudo gordiano”: se resolvió con la aparición del genio militar de Alejandro. Aquí está el peligro. Pero ten por seguro que el nudo va a resolverse. Cuánto más tarde en su solución, es decir, cuánto más dure el vaivén del tiempo sobre si mismo, girando los humanos una y otra vez sobre lo mismo, más impactante será la salida –dicho en otras palabras, más bestia será el Alejandro de turno-. O tal vez estemos de suerte, y en vez de Alejandro, nos toque esta vez “Alejandría”, en su acepción de arquetipo de ciudad sabia y culta. En este sentido, fíjate en la importancia de anticipar las soluciones y trabajar como si se estuviera ya en alguna dirección. De este modo se abren surcos en el embrollo del espacio-tiempo contraído que es el nudo. Si sólo se dejan activas las inercias de los memos, en su significado vulgar de “idiotas”, acabarán prevaleciendo y nunca habrá salida al embrollo. ¿Entiendes?...

De cajón, pensé. Aturdido ante la clarividencia de aquellos dos ancianos, que se pasaban el día especulando y leyendo periódicos y revistas en la biblioteca del barrio, pensé que la imagen del nudo, que ellos habían sacado de algún artículo de divulgación de cualquier suplemento dominical, iba que ni pintado para la actual situación de embrollo en la que nos encontramos. Quizás la solución de la crisis no vendría tanto de los políticos, esos funcionarios de lo eternamente igual, como diría Bastides, sino de ancianos como mis amigos de la playa, capaces de escuchar los ruidos de la época y el barullo del Tiempo, mientras analizan con sutileza sus vaivenes y enquistamientos nudosos…