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martes, diciembre 07, 2010

Presentación en Lisboa de la versión portuguesa de "Malic, a Aventura das Marionetas"

El próximo viernes 10 de diciembre se va a presentar en el Museu da Marioneta de Lisboa la versón portuguesa del libro "Malic, la Aventura de los Títeres". El acto, con presentación de la directora del Museo, Maria José Santos Machado, tendrá lugar después de la representación del espectáculo "A Dos Manos", de Toni Rumbau, a las 21:30.

"A Dos Manos" estará en cartel en el Museu da Marioneta" el viernes 10 a las 21:30, el sábado 11 a las 16h y el domingo 12 a las 11h. Más info sobre "A Dos Manos" pulsando aquí.

miércoles, septiembre 01, 2010

Imágenes de Lisboa

He aquí algunas imágenes tomadas en Lisboa. Concretamente, de la Iglesia de Sao Domingos, tocando al Rossio, de las estatuas de los poetas António Ribeiro "Chiado", Fernando Pessoa y Camoens, del café Brasileira, de la misma Plaza Camoens, de algunas calles, de la Iglesia do carmo, del Museo Arqueológico que hay junto a esta última, y luego de Iglesia de San Roque y de su museo adjunto de arte sacro.



jueves, mayo 13, 2010

Lisboa, ciudad doble

(Iglesia de Sao Domingos)
Invitado por el Festival Internacional de Marionetas y Formas Animadas (FIMFA) que celebra este año su décimo aniversario, tuve la oportunidad de pasar unos días en Lisboa, bien instalado en una pensión cercana al Convento das Bernardas, dónde se halla ubicado el hermoso Museu da Marioneta, dirigido por María José Machado Santos. Pude deleitarme así de nuevo recorriendo las salas del Museu mientras gozaba, al salir, de la luz y del aire tranquilo y relajado del claustro, un patio que es sin duda uno de los mayores atractivos del edificio das Bernardas.

Compartí con los amigos de A tarumba, Rute Ribeiro y Luís Vieira, varios de los espectáculos programados en el FIMFA, sobre los que el interesado puede leer los artículos que he publicado en Titerenet. Especial mención merece el equipo de colaboradores del Festival, formado por jóvenes productores y voluntarios, de una exquisita amabilidad y sofisticada eficiencia.

Pude darme cuenta de una tendencia general que se empieza a observar en los sectores de la cultura: las mujeres son las que llevan la voz cantante en los temas de organización, complejidad y logística. Aparte de Luís Vieira y de Bruno Reis, los componentes del equipo del FIMFA son todo mujeres (Rute Ribeiro, Raquel Monteiro, Sandrine Digo, Ana Gabriel Mendes, Catarina Côdea…). ¡Y no hablemos del equipo del Museu da Marioneta, compueste por 9 personas de las que 8 son mujeres! Creo que se trata de un fenómeno nuevo e imparable, por el que los hombres parecen condenados a ocupar los puestos de trabajo más relacionados con la fuerza de los músculos, mientras las mujeres servirían más para trabajar con el cerebro. La mayor presencia femenina en el mundo universitario, un fenómeno común en todo el mundo occidental pero también en algunos países emergentes, como el mismísimo Irán, indica claramente esta tendencia global que sin duda deparará no pocas sorpresas y cambios en el futuro próximo y lejano.

Por lo demás, puedo decir que me dediqué a pasear por Lisboa aprovechando que el tiempo estaba fresco y que la ciudad gozó de un día más sin tráfico, a causa de la visita papal que paralizó el martes toda la zona céntrica. Bueno para mi, pues me permitió pasear por el centro con menos polución y sin tener que esquivar los coches.

Como hago siempre en Lisboa, recalé varias veces en la Iglesia de Sao Domingos, junto al Rossio, lugar que me fascina por la extravagante textura de sus piedras interiores, asoladas implacablemente por el fuego. La restauración hecha ha respetado estas señales –imposible por otra parte sacar los impresionantes lametones que las llamas dejaron en las columnas del templo– y el conjunto estremece por esa especie de neobarroquismo creado por los elementos.

En la Rua de Almadà, entre a Praça da Figueira y Sao Domingos, sigue habiendo “pipís”, ese plato típicamente portugués muy picante hecho con los menudos del pollo. Y la Ginginha sigue sirviéndose en el chiringuito que hay en la esquina. En este sentido, pues, no hubo sorpresas desagradables.

(Iglesia do Carmo)
En esta nueva estancia lisboeta, me enteré de algo que desconocía: es propio en Portugal que el primer apellido de las personas sea el de la madre y el segundo el del padre. Justo al contrario de lo que se hace en España, dónde impera el apellido paterno y luego se añade el materno. Creo que es un dato en absoluto trivial sino que indica una clara actitud matriarcal frente al espíritu profundamente patriarcal de lo español. Coincide además con ese tópico que dice que mientras España fue un país de conquistadores, Portugal lo fue de navegantes y descubridores –motivo por el que las mujeres, que quedaban en tierra, se convirtieran en el obligado referente familiar. De ahí ese otro tópico tan explotado, la “saudade”, sinónimo de distancia, de alejamiento y de la añoranza que conllevan los viajes, un sentimiento que el español desconoce –pues el consquistador corta amarras cuando se apodera de algo, como hizo Hernán Cortés al quemar las naves nada más desembarcar en tierra americana. Esta persistencia en la distancia de lo portugués explica fenómenos como el dualismo del que tanto gustaba Fernando Pessoa, quién hizo de ello profesión, al identificar desdoblamiento con creación poética.

Con todas estas ideas en la cabeza, fui paseando por las calles de Lisboa, saboreando las “dualidades” que veía en los detalles o que pescaba en el aire y en la luz atlántica de la ciudad, luz que me hablaba de distancias transoceánicas. Las ruinas de la Iglesia do Carmo, destruída durante el terremoto de 1755, mantenidas intactas desde entonces, así como la misma erosión del fuego en Sao Domingos, se me presentaron como expresión de esta compulsión dualística, de doblar el tiempo y el espacio en dos y superponerlos en una única visión que nos habla del pasado y del presente, de lo viejo rodeado de lo nuevo.

Y al pensar que me encontraba en un festival de marionetas, actuando en uno de los más preciosos “templos al desdoblamiento” que existen en la Península (el Museu da Marioneta del Convento das Bernardas), comprendí que en efecto Lisboa era, al menos para mi, una ciudad doble, profundamente inclinada a la dualidad. ¡Qué privilegio, pensé, gozar de ella siendo un titiritero! Una profesión basada, como es bien sabido, en el sistemático desdoblamiento.

Visto así, tiene su lógica que en el 75, cuando Mariona Masgrau y yo recalamos en Lisboa, conectáramos precisamente aquí por primera vez con el mundo de las marionetas. Una suma de extrañas coincidencias que cambió radicalmente nuestras vidas. En cierta manera, la dualidad llamó a nuestras puertas y no supimos decirle que no. Las ciudades con fuerte personalidad tienen estas cosas, y Lisboa en concreto se regodeó en jugar con nosotros. Lo que explica mi inevitable devoción por ella.

jueves, marzo 18, 2010

Presentación en Lisboa del libro “Malic, la Aventura de los Títeres”


Para celebrar el Día Mundial de la Marioneta, el domingo 21 de marzo se celebrará una serie de actos en el Museu da Marioneta de Lisboa con la presentación de Malic, La Aventura de los Títeres, de Toni Rumbau.

Un programa de celebración que contará con los siguientes actos:

17h – Conferencia de Toni Rumbau y presentación pública de su libro “Malic, la Aventura de los Títeres”, editado recientemente en castellano. Un libro de memorias, de viajes y autobiografía marionetística.

18h30 – FIMFA Lx10 – Festival Internacional de Marionetas e Formas Animadas. El FIMFA cumple 10 años de existencia – Presentación de su próxima edición, que tendrá lugar entre el 6 y el 30 de mayo, por Luís Vieira, director artístico.

19h30 – Cocktail

21h30 e 22h30 – “Mironescópio: A Máquina do Amor” por la compañía A Tarumba – Teatro de Marionetas

Del 24 a 27 de Março:

21h30, 22h30 e 23h30 - “Mironescópio: A Máquina do Amor” por la compañía A Tarumba – Teatro de Marionetas

Más información:
Museu da Marioneta
Convento das Bernardas
Rua da Esperança, 146 | 1200-660 Lisboa
Tel. 21 394 28 10 | Fax 21 394 28 19
+ info: aquí.

domingo, junio 22, 2008

Entrevista al señor Wang Jing, director del Teatro de Marionetas de Quanzhou

(reunidos en la sala de A Tarumba)











Tuve la alegría de reencontrarme
en Lisboa, durante la celebración del Festival de Títeres FIMFA8, con la compañía china de marionetas de Quanzhou, procedente de la rica región de Fujian, frente a las costas de Taiwán. Y digo reencuentro porque ya en 1990 estuve en esta ciudad para participar en un memorable festival del que guardo los mejores recuerdos. Fuímos los tres de La Fanfarra más mi hijo Octavi, que cumplió allí los diez años, en uno de los viajes de la compañía más interesantes y nutritivos.

Ya el primer día asistimos a una representación de la compañía, con marionetas de hilo manipuladas desde lo alto de un sofisticado puente, con un equipo de unos diez o quince manipuladores, y, situados en los laterales del teatro, ¡una orquesta de unos quince músicos que acompañaban las palabras cantadas o habladas en directo! ¡Qué alarde de imaginación y de fineza en el arte del hilo! Aquellas marionetas hacían lo que querían sus manipuladores: bailaban, peleaban, eran extraordinarios malabaristas, servían el te, fumaban en pipa… Quedamos realmente impresionados.

Entrevistamos entonces al señor Huang Yi-Que, director artístico y afamado maestro titiritero, muy reconocido en el mundo entero por su refinada técnica constructora y manipuladora –su actuación estelar con el Rei Mono montado en una bicicleta de la que subía, saltaba, hacía la vertical, corría de lado, sin detenerse nunca, fue increíble. La entrevista se publicó en el número 2 de la revista Malic. Lamentablemente, el señor Huang, que desde 1952 era miembro de la compañía, ha muerto. Pero su legado sigue vigente y muy vivo, cómo se irá desvelando a lo largo de esta charla.

Han pasado desde aquella visita 18 años, y consideré que sería muy interesante volver a entrevistar a la compañía, concretamente a su actual director, el señor Wang Jing, asistido por su joven colaborador e intérprete, el señor David Zeng –miembro de una conocida familia de artistas de Quanzhou. El encuentro tuvo lugar en los despachos del Festival, sede del C.A.MA y de la Tarumba, con la asistencia también de Rute Ribeiro y Luis Vieira, directores ambos del Festival de Lisboa, quiénes grabaron en video la charla, que duró toda la mañana.

(El señor Huang Yi-Que manipulando el mono en bicicleta en 1990)

Muy bien atend
idos por el simpático señor Wang Jing, quién nos ofreció un magnífico té que iba sirviendo a medida que nos lo bebíamos, entramos muy rápidamente en materia. Cómo es lógico, mi interés se centraba sobretodo en saber cómo las formas tradicionales del teatro popular, del que la compañía de marionetas era un perfecto exponente, se habían adaptado y evolucionado en un país inmerso en un galopante proceso de crecimiento económico. Dicho en otras palabras, cómo un grupo de marionetas vivía el tremendo cambio que estaba teniendo lugar en China. El señor Wang, consciente del interés que su país despierta en Occidente, dosificó sus respuestas a través de un clarificador y pormenorizado relato de la historia de la compañía, mientras, entre té y té, se desplegaba ante nosotros la del país entero.

Dejemos al señor Wuang hablar:

(Imagen del puerto antiguo de Quanzhou)

“Ante todo, quiero hablarles de la ciudad de Quanzhou, excepcional en muchos sentidos, con unos 1.500 años de antigüedad, ciudad abierta y dotada de un puerto que durante 900 años fue uno de los principales centros de comercio de China. Esta realidad histórica marcó Quanzhou para siempre, al hacerla multicultural y cosmopolita, con una importante comunidad musulmana que todavía persiste. Esta prosperidad acabó doscientos años atrás, y desde entonces hasta la Revolución, la decadencia fue lenta pero inexorable.”

“Una característica, sin embargo, distingue Quanzhou y la región de Fujian del resto del país: en nuestra región, la tradición del teatro de marionetas, especialmente en sus formas de hilo y guante, de unos mil trescientos años de antigüedad, no ha sufrido interrupción alguna. Traumas y cambios los hay y los hubo, especialmente durante la Revolución Cultural, pero jamás una desaparición total. Es decir, mil años de continuidad en las formas, estilos y repertorio, un caso único en toda China, lo que ha dado a nuestra compañía un valor histórico-artístico de excepción.”

(La Fanfarra con el señor Huang y otros dos miembros de la compañía en 1990. En primer término, mi hijo Octavi.)

“Tal vez los años más difíciles fueron entre la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil, cuando el país vivió uno de sus momentos históricos más dramáticos. Hasta que en 1952, una vez pacificado el país, se creó la Compañía de Marionetas con un estatus especial por el que recibía protección directa del Estado. Se puede decir que de 1952 a 1966, año en el que empezó la Revolución Cultural, se vivió una época feliz, que nosotros llamamos nuestra Edad de Oro, quince años que sirvieron para consolidar un equipo y una profesión, la de titiritero, hasta entonces sujeta a los caprichos y los azares de una vida precaria, y que de pronto se convirtió en prestigiosa y bien pagada, algo insólito. Eso permitió a los nuevos marionetistas una dedicación exclusiva, y el nivel de los espectáculos creció de un modo espectacular.”

“En esta época se mantuvo el repertorio tradicional, podado del espíritu feudal que siempre había caracterizado al teatro de marionetas, y muy cuidado en todos los aspectos relativos a la técnica y la presentación. El señor Huang tuvo un papel principal en este proceso, al ser uno de los jóvenes marionetistas que entonces tomó las riendas del grupo.”

“Saben, yo distingo varias etapas en la historia de nuestra compañía, cuatro concretamente. La citada Edad de Oro, que va de 1952 a 1966, fue la primera, en la que se sentaron las bases para llegar a la actualidad. La segunda de las etapas, empezó en 1966…”

Hizo una pausa retórica el señor Wang, que aprovechó para servirnos una nueva tanda de tés y, así preparados para los siguientes episodios, en este caso traumáticos, continuó:

“Entre 1966 y 1976 tuvo lugar la Revolución Cultural, un desastre para el país, al pretender los jóvenes revolucionarios borrar cualquier atisbo de originalidad diferencial y por supuesto suprimir todas las tradiciones artísticas y teatrales. En muchos lugares, representó la muerte de legados riquísimos de miles de años de antigüedad. En el caso de nuestra compañía, tuvimos la suerte de no desaparecer del todo. Sí perdió a bastantes miembros de la compañía, pero no al núcleo principal y más experimentado. Por supuesto, el repertorio cambió completamente: el tradicional quedó prohibido, y las historias tenían que ceñirse a las indicaciones del momento. Los vestuarios pasaron de los vivos colores habituales a un gris frío y aburrido. Pero el trabajo, a pesar de las dificultades, continuó con un factor que fue definitivo para el futuro de la compañía: al no poder recrearse en los repertorios clásicos, y para salir de la rutina de la censura, nuestros marionetistas se dedicaron a perfeccionar las técnicas de construcción y manipulación. Eso hizo que al terminar la Revolución Cultural, el nuevo período de abertura se iniciara con una base muy sólida desde el punto de vista artístico y técnico.”

“Se inicia entonces el tercer período de la compañía que va de 1978 a 1990. Fue una época de renacimiento de las Artes Tradicionales y de un gran desarrollo de la cultura china. En esta época se hicieron nuevas obras, como la Historia del Rey Mono, adaptación de uno de los libros clásicos chinos, que recibió muchos premios. Pero quizás lo más impartante es que entran treinta nuevos marionetistas jóvenes, formados todos ellos en la Escuela de Artes de la ciudad. Eran treinta titiriteros graduados y con un buen sueldo. Ellos aprendieron de los viejos maestros y se aseguró la continuidad del arte de las marionetas. Se establecieron contactos con la comunidad mundial, y resultado de esta abertura fueron los dos primeros Festivales de Marionetas que la compañía organizó en la ciudad de Quanzhou, con la complicidad y ayuda de las autoridades locales: en 1986 y en 1990”.

(La Fanfarra en pleno frente al teatro del Festival de Quanzhou)

En 1990 fue cuando La Fanfarra viajó a Quanzhou. Y puedo decir que los espectáculos que vimos entonces de la compañía tenían un nivel de altísima calidad, lo que confirma las palabras del señor Wang.

- ¿Y no hubo más festivales después del año 90?

- Sí, en el 2000, pero debéis tener en cuenta que a principios de los noventa hubo cambios drásticos en China, que nos obligan a hablar de una cuarta etapa, de nuevo con dificultades para nosotros.

“Esta etapa la sitúo yo entre los años 1993 y 2005, durante los cuales el énfasis del país se centró en la economía. De pronto, toda la población, especialmente la que habitaba en las ciudades, sólo pensó en los negocios y en enriquecerse. Fue un cambio brusco y radical, y la administración se olvidó de las viejas artes tradicionales. Empezó un peligroso período de decadencia durante el que muchos marionetistas, de entre los jóvenes graduados que habían entrado en los ochenta, se fueron en busca de mejores horizontes económicos. El equilibrio entre Economía y Cultura es difícil en períodos así, marcados por el cambio y el dinero. La Modernidad técnica ataca las formas tradicionales de vida, el Mercado se impone y los presupuestos de cultura bajan o se paralizan….”

“El año 1992 fue el más difícil para nosotros. Durante cuatro meses, la compañía no pudo pagar los salarios de los más jóvenes, y mientras algunos se iban al sector privado, otros pensaban hacerlo lo antes posible. Fue un momento de gran peligro.”

Otra tanda de tés da un respiro a las palabras del señor Wang, dejándonos con el deseo de conocer el desenlace de aquel relato que subía y bajaba por los conflictos y los avatares de la historia.

“Fue entonces cuando yo entré en la compañía, en el año 1992. En el peor momento de su historia, cuando el futuro parecía negro y sin horizonte alguno. Fue una decisión muy arriesgada por mi parte, incluso poco comprendida por amigos y familiares, pero de la que no me arrepiento en absoluto…”

Y lo dice, el señor Wang, con un aplomo y una sonrisa entre pícara y modesta a la vez, consciente de que los años le han dado la razón y de que el reconocimiento internacional le ha hecho probar las mieles del éxito. Le pregunto si es el director gerente o artístico de la compañía.

- Las dos cosas –contesta-. Yo vengo del mundo del cine y de la televisión. He sido guionista y también he hecho obras para el teatro. Pero nunca he escrito nada para marionetas. La verdad es que cuando entré en 1992, a pesar del mal momento, en seguida vislumbré un futuro de enormes posibilidades.

(Estatua gigante de piedra de Lao Tse en Quanzhou)

“En 1993, los miembros de la compañía me dieron su confianza y la mayoría se quedó. Pasaron tres años de prueba, durante los que saldamos nuestras deudas. Me centré en conseguir tres objetivos: 1- persuadir a las autoridades de la importancia de las marionetas y de la excepcionalidad de la compañía; 2- realizar el máximo de funciones; y 3- abrirnos al mundo, estableciendo contactos internacionales. Estas medidas consolidaron la confianza de todos. También empezamos a colaborar con los media, y a presentarnos en otras partes de China. De 1993 a 2005, hicimos siete viajes internacionales, y puede decirse que hoy en día la compañía está considerada como una de las más pretigiosas de toda China. También recibimos numerosos premios nacionales. Este período de lucha en oposición al espíritu economicista y mercantil del país, duró de 1992 al año 2005, cuando fuímos invitados a actuar en Nueva York.”

“Se inicia entonces el quinto y último período, que considero empieza en el año 2006 y que es dónde nos encontramos actualmente, un período de nuevos retos y nuevas esperanzas. En 2006, el gobierno chino inicia una decidida política de preservación del patrimonio cultural. Hay una clara toma de responsabilidades y se vuelve a invertir en Teatro y Artes. Nuestra compañía consigue un estatuto especial y recibe por ley protección del Estado. También en 2006, el Gobierno Chino decide construir un nuevo edificio para la compañía, en unos terrenos de Quanzhou dedicados a una área cultural. Las obras se iniciarán en 2009 y deberán estar terminadas en 2010. Estamos también negociando un acuerdo con la Shangai Drama Academy para reclutar estudiantes y enviar allí a nuestros aprendices. Cómo pueden ver, el futuro es rico en posibilidades, tras las dificultades vividas en los últimos años.”

Le pregunto al señor Wang sobre el contenido de sus espectáculos. ¿Son siempre obras del repertorio tradicional?

“Para nosotros, el pasado es tan importante como el futuro. Para caminar, necesitamos las dos piernas: mientras una avanza, la otra se queda atrás, y así sucesivamente. Conservar el repertorio tradicional es básico para preservar un patrimonio de más de mil años y ofrecer a las nuevas generaciones un mundo riquísimo de sutilezas técnicas y poéticas. Pero crear obras nuevas adaptadas a las realidades del presente y pensando en el futuro, es también básico y una de nuestras preocupaciones. Por lo tanto, nuestra atención es doble: miramos al pasado, sí, pero sin olvidarnos del futuro…”

Sobre la cuestión del individualismo, contesta el señor Wang:

“Nosotros creemos en el poder creativo del individuo, indispensable para avanzar, pero también sabemos que sin el apoyo del colectivo, lo individual pierde fuerza y fuelle. Para hacer proyectos potentes, necesitamos conjuntos potentes, y lo que buscamos son individuos muy creativos capaces de trabajar en grupo. El Señor Huang, el maestro que ustedes conocieron y que lamentablemente murió, era un ejemplo de individualidad creativa, lleno de imaginación, y gracias a él, la compañía en su conjunto aprendió y mantiene los excelentes niveles técnicos de ahora.”

- ¿Es usted pues optimista respecto al futuro?

- Mucho. Hemos conseguido situar el arte de las marionetas en un lugar importante de reconocimiento estatal, y esto nos protege de los peligros de la Modernidad y de los cambio radicales que vive nuestro país. Pero para lograrlo, nos hemos abierto al presente y al futuro, así como al mundo entero. También los nuevos medios de comunicación son importantes para nosotros. Sin embargo, hasta que no hayan terminado las obras del nuevo teatro, no podremos desarrollar todas nuestras potencialidades. Piense que pronto China será una potencia turística, y debemos ofrecer a nuestros visitantes lo mejor de nuestra cultura. Sin duda, las marionetas de Quanzhou cumplirán con este objetivo, mostrando al mundo las riquezas de una de las tradiciones más ricas, sofisticadas y antiguas de nuestro país.

Agradecemos al señor Wang su atención y le deseamos que sus proyectos llenos de optimismo y esperanza se cumplan al pie de la letra.

Toni Rumbau
Lisboa, mayo 2008

martes, mayo 27, 2008

“FIMFA”, Festival Internacional de Marionetas e Formas Animadas 2008, Lisboa.

He tenido el gusto y la suerte de participar en el Festival de Lisboa, que ha tenido lugar del 13 al 25 de mayo, aunque yo sólo he estado la última semana, para impartir el curso “Rutas de Polichinela” de cuatro días de duración.

Organizado por la compañía A Tarumba (con Luis Vieira y Rute Ribeiro en la dirección artística), la verdad es que el Festival ha sido una delicia. No sólo por el marco del mismo, con la siempre magnífica ciudad de Lisboa de fondo –los espacios han sido el Centro de Artes da Marioneta Convento das Bernardas, el Museu da Marioneta, el Teatro Maria Matos, el Centro Cultural de Belém, el Museu do Oriente y el Teatro da Trinidade– sino también por una programación de lujo, con espectáculos de altísima calidad.

Pero antes de hablar del Festival en si, debo decir que la experiencia del curso que impartí fue placentera en grado sumo, a causa de la calidad artística y humana de los participantes que se apuntaron. Actores, maestros, incipìentes titiriteros, bailarinas, escenógrafos, escultores… La gama era increíblemente rica, lo que se tradujo en la calidad de los trabajos del último día, brillantes y ocurrentes, cada uno según su propia particularidad e idiosincracia. Una experiencia grata para mi y para todos, y que me anima a continuar por estos derroteros.

Vayamos ahora a los espectáculos.

Aunque no vi los de la primera semana, habría que destacar la presencia de compañías como la del Teatro de Marionetas do Porto, con Joao Paolo Cardoso, viejo amigo, que recuperó para la ocasión su famoso “Capuchinho Vermelho XXX” –una Caperucita Roja alucinante en la que el lobo es el cadáver de un pollo desplumado… –, o compañías tan afamadas como Hotel Modern de Holanda (que presentó Kamp) o el Buchinger’s Boot Marionettes, de Francia, con un título de impacto cómo “The Armature of the Absolute” –que, por desgracia, desconozco.

El primer espectáculo que vi la noche del lunes 19 fue el de una compañía portuguesa formada por Joao Calixto y Tiago Viegas. ¡Una maravillosa sorpresa! Con el título de “As pequenas cerimónias”, estos dos jóvenes actores mostraron una manipulación contenida, precisa y virtuosa, con números y gags marcados por una gestualidad impecable, muñecos de una sencilez impactante, y un humor brillante e inteligente. Con la única presencia de una mesa, dos taburetes y un mueble que escondía una cocina con su cocinero y un horno, la obra seguía un hilo conductor libre y a la vez bien armado por la presencia de los dos camareros manipuladores. La figura de un impresionante cliente en silla de ruedas desató los delirios surrealistas de los dos camareros titiriteros. La obra tiene momentos realmente memorables –como la borrachera de los dos personajes definidos por unas simples cuerdas y dos cabezas apenas dibujadas con alambre– o algunas de las apariciones hilarantes del cocinero cuya cabeza… es la simple mano de uno de los titiriteros.

Joao Calixto, autor de los artilugios y muñecos, junto con el actor cómico Tiago Viegas, constituyen ambos una pareja de actores-titiriteros de muchísima calidad, algo que no siempre ocurre, pues por lo general los buenos actores no tienen porque ser buenos manipuladores, ni los constructores dotados y ocurrentes, buenos actores. Jóvenes valores sin duda de prometedores futuros, de los que cabe esperar que la suerte y las ocasiones propicias les mimen y acompañen.

Otra sorpresa –al menos para mi, que no conocía a este grupo: “La Compagnie du Petit Monde”, formada por los percusionistas José Pedrosa y Jean-Christophe Luçon. La verdad, ¡qué envidia sentí ante aquel hermoso panel de paellas colgadas a modo de gongs, resaltadas por una primorosa iluminación y que sonaban de maravilla! ¡Qué bien se lo pasaban los dos titiriteros percusionistas! De pronto dejaban el panel y se acercaban a una mesa escenario sobre la que sacaban cacerolas, cafeteras, cubos de la basura, potes de todo tipo y tamaño… Y cada uno con su propio sonido, pues todos eran tratados como instrumentos, capaces de moverse, actuar y ¡cantar! Por lo visto, ya llevan un tiempo triunfando con su espectáculo, capaz de satisfacer a públicos exigentes de todas las edades. A destacar sus ocurrentes cafeteras de boca ancha, capaces de sonar como si fueran la trompeta de Louis Armstrong… Podéis verlo en este pequeño trailer

En el vestíbulo del Teatro María Matos, dos divertimentos titiritescos a modo de instalaciones para públicos selectos, exigentes y “voyeurs”: el “Marvellous Box of Peeps & Delights”, una caja con un par de agujeros para mirones dónde los ingleses Victoria Andrews y Dik Downey (del Piklef Image) han puesto a una marioneta, Dolores the Divine, en toda su esplendorosa y escabrosa desnudez. Para públicos exclusivamente adultos de todas las edades…

Por su parte, A Tarumba presentó, en otra esquina del ambigú del teatro, una caja de autómatas dotada de varios agujeros para mirar y que contenía… ¡una orquesta entera de jazz, con su batería, sus trompetas, sus saxofones…! Y todo en movimiento constante, con una maquinaria muy bien urdida y unos muñecos que llevan la marca de calidad Tarumba. Arriba, un video mezclaba imágenes de históricas orquestas de jazz con los mismísimos músicos de cartón piedra metidos en la caja mágica de abajo…

El miércoles debutó uno de los platos fuertes del Festival: el Quanzhou Marionette Troupe, la famosa compañía de marionetas de hilo de la ciudad china de Quanzhou, situada frente a las costas de Taiwán, en la provincia de Fujian. De hecho eran viejos conocidos míos, pues asistí con La Fanfarra a un festival que organizaron en 1990 en su ciudad, y del que guardo imborrables recuerdos. Considerada como una de las mejores del mundo, la compañía de Quanzhou presentó un magnífico repertorio de fragmentos de sus más apreciadas obras y con una formación de lujo: ¡nueve manipuladores y ocho músicos! El público que atiborró el autidorio del nuevo Museu do Oriente dónde se presentaron –un antiguo almacén de bacalao intervenido por los arquitectos Joao Luis Carrilho da Graça y Rui Francisco, situado en una vieja zona portuaria a orillas del Tajo, en la Doca de Alcántara, dónde hay también bares de diseño con terrazas para el gozo “do luar” frente al Puente 25 de Abril– quedó fascinado y aplaudió con entusiasmo los diferentes esqueches.

Verdadera ópera de marionetas a la manera china, con una manipulación virtuosística que roza lo imposible, con figuras de una complejidad apabullante sujetas algunas por más de cincuenta hilos colgados todos ellos… ¡de una simple pala de madera! Un arte manipulador que se hace con las manos, con la voz que le da el aliento vital, pero también con el cuerpo entero, como pudimos comprobar al ver a los titiriteros actuar a la vista. Y mientras las marionetas cantaban, bailaban o luchaban entre si, otro espectáculo de exquisita coreografía tenía lugar algo más arriba, allí dónde las manos de los manipuladores ejecutaban su peculiar danza con los hilos, manos que se cruzaban entre si, que volaban como “almas sutiles” de las marionetas… Aquel baile de las manos superpuesto al de las marionetas era de una rara exquisitez, imagen de la más refinada quintaesencia poética del arte titiritil, que los de Quanzhou ejecutaban con pasmosa y sencilla maestría.

Al acabar la función de los chinos, en una sala contigua del Museu do Oriente actuó en solitario el titiritero del Rajastán (India) Prakash Bhatt. Presentó varios números clásicos de esta rica tradición titiritil acompañándose de música grabada, lo que siempre resta fuerza al espectáculo, sobretodo actuando tras una función en la que se gozó de orquesta entera. Sin embargo, el oficio de Bhatt es realmente excepcional, y con la ayuda de la chillona lengüeta que suele usarse en esta tradición, encandiló al público con unos números de baile y de “cabaret oriental” llenos de energía y vitalidad. La bailarina del vientre, la serpiente encantada, el caballero y su caballo, los malabaristas… Con sólo dos hilos en cada marioneta y a veces con un alambre, las manos del titiritero rajastaní conseguieron dar vida y veracidad a las pequeñas criaturas de su compañía. Un trabajo que fue premiado con clamorosos aplausos.

Al día siguiente, en la magnífica capilla del Museu da Marioneta, vi otro de los platos fuertes del Festival: la compañía francesa La Pendue, con la obra Poli Degaine. Para mi, todo un descubrimiento, pues la desconocía por completo. Dos jóvenes marionetistas, Estelle Charller y Romuald Collinet, a pesar de su edad demostraron tener una madurez titiritera de largo y profundo aliento: su función de Polichinelle fue una lección de gracia, agilidad y precisión cómo pocas veces he visto en este género. Dotados ambos de una rigurosa formación teatral, aprendieron del napolitano Bruno Leone el arte de Pulcinella, quién les insufló el espíritu de este personaje ancestral y libertario. La Pendue desarrolla los temas clásicos de Pulcinella con personalidad propia y una inaudita originalidad. A destacar el juego con la Muerte, que ellos multiplican por tres en un alarde de virtuosismo manipulador de altos vuelos. Se notaba el deseo de conjugar las dos almas del personaje polichinesco, una cruel y despiadada, la otra dulce y sutil, dando relieve al hermafroditismo que la tradición le atribuye –bien sustentado por la fiera dulzura de Estelle y el cariñoso salvajismo de Romuald. Igualmente la obra hacía referencia al aspecto mitológico del personaje, nacido del Huevo Cósmico, puesto en este caso por una amante Polichinela que a veces parecía una versión humanizada de la gallina. Ésta sale, cómo no, a disputar el huevo a la pareja, en un juego disparatado que acaba con el nacimiento de un pelotón de polichinelitos, hambrientos y voraces. El retablo, sencillo, elegante y funcional, permitió a los dos titiriteros salir y entrar del mismo, incorporando de este modo la figura de los mismos manipuladores en la acción escénica. Un juego de contrastes y de jugosos equívocos con el público, invitado de este modo a participar en la obra. Una delicia y un descubrimiento, cómo decía al principio.

El último espectáculo fue el presentado por la pareja inglesa Victoria Andrews y Dik Downey, ya antes citada, del grupo Pickled Image, con el título de “Houdini’s Suitcase”. Una obra de gran escenario (se vio en el Teatro María Matos), con una rica escenografía compuesta básicamente de maletas, que sirven a los dos actores-titiriteros para desarrollar una temática de corte nostálgico dotado de un cierto “malditismo” y muchas dosis de humor negro. Una vida circense de éxitos y fracasos, los que da el tiempo y el trabajo, con más oscuridades que luces, amargos recuerdos y angustias de escenario. La obra mostró con esplendidez cómo a través del teatro de marionetas es posible crear un mundo doble en el que la imaginación y los recuerdos se alzan como sus motores de desarrollo. Un mundo de maletas y de estaciones, de trenes que parten y nunca acaban de llegar, dónde el Tiempo abre y cierra sus espacios enquistados en sórdidas cajas y baúles, y en los que la vida de los artistas ambulantes parece haberse enroscado cuál espantajos de pesadilla. El espectáculo fue muy aplaudido por un público que valoró la interpretación del actor-titiritero Dik Downey así cómo el esfuerzo de recreación imaginaria desplegado en el escenario.

Un Festival, en definitivas cuentas, que se alza cómo un referente de calidad indiscutible en el siempre tan competitivo mapa ibérico de los eventos titiritiles.

Para + info: http://www.tarumba.org/Prog08.html

domingo, junio 17, 2007

FESTIVAL DE MARIONETAS EN LISBOA

(cartel del Festival)

Tuve la oportunidad de estar en Lisboa del 7 al 11 de junio para participar en el Festival Internacional de Marionetas e Formas Animadas (FIMFA LX), que organizan los dos incansables titiriteros Luis Vieira y Rute Ribeiro, del grupo A Tarumba, con la ayuda en logística y producción de la eficiente Dora Nobre, y en colaboración con el Museu da Marioneta.

Hice el viaje en compañía del artista pintor y dramaturgo de carrera Jorge Raedó (ver blog), quién aprovechó para tomar algunas imágenes de la ciudad así como en recorrer sus lugares más emblemáticos. El sábado 9 se sumó al equipo la dramaturga catalana Anaïs Schafft, buena amiga de Jorge, con ganas también de conocer Lisboa.

Hacía unos tres años que no estaba en esta ciudad que conozco bien, pues viví en ella año y medio durante los insólitos meses que duró la Revolución de los Claveles, en los años 1974 y 75. No hay que decir que desde aquel lejano entonces hasta hoy, la ciudad ha cambiado mucho, para bien y para mal, como sucede con todas las ciudades europeas entregadas a las inevitables metamorfosis de la modernidad.

Mejora del transporte y new look.


(estación de metro del Chiado, de Alvaro de Siza. Foto Jorge Raedó)

En la actualidad, Lisboa ofrece unos servicios al cliente –me refiero al cliente turístico– realmente excelentes. De entrada, los medios de transporte han mejorado mucho –como el flamante nuevo metro con estaciones y vagones de diseño muy bien iluminados (lo que no ocurre en otras ciudades como Barcelona, siempre tan exagerada en watios subterráneos), con sistemas de entrada y salida eficientes, precios asequibles y opciones variables de billete según la duración de la estancia, etc. A destacar la nueva estación del Chiado con sus largas escaleras y túneles rampantes, por lo visto obra del arquitecto Álvaro Siza, provista de una iluminación excelente y de un techo abovedado maravillosamente cubierto de pequeñas piezas blancas de cerámica, imitando creo las primeras estaciones del metro de París.


(pase del metro comprado para 5 días)

Me sorprendió que la tarjetita que sirve para entrar y salir automáticamente del metro, de color azul y muy manejable, llevara la silueta del poeta Pessoa, con su nombre escrito, y que el rectangulito dónde se hallan inscritos los datos digitalizados fuera una etiqueta con el nombre de la Rua Garret, la famosa callecita del Chiado en cuyo extremo final se encuentra el Café Brasileira. Es decir, las autoridades han optado por el reclamo turístico literario, al convertir a Fernando Pessoa en una figura-icono con la que identificar Lisboa. Una idea para algunos quizás detestable, pero que yo considero inteligente y muy saludable, pues amplía el campo del abanico turístico, hasta hace poco centrado exclusivamente en el Fado, el Gallo portugués, el Porto y el Vinho Verde, y en la Virgen de Fátima.

Otra innovación, a mi entender afortunada, es la incorporación del Tranvía como icono turístico: se le ve reproducido de muy distintas formas y tamaños, y aparece en camisetas, copas, vasos, ceniceros, bolitas de cristal con nieve, pañuelos, bandejas, azulejos y cuadros (tengo que reconocer que compré bastantes de estos objetos, ante el reclamo de tan magníficos souvenirs). Creo que la combinación Tranvía-Pessoa ilustra perfectamente el nuevo perfil turístico escogido por los responsables lisboetas, en su afán por colocar la ciudad en el ránking de las ciudades más visitadas de Europa. Si Barcelona optó en su día por el eje arquitectónico constituído por Gaudí al frente y los nuevos diseñadores urbanísticos en la cola, Lisboa ha optado por el eje Fados-Tranvía-Pessoa-Siza, no tan llamativo desde el punto de vista de la atracción de masas (especialmente chino-japonesas), pero sí más elegante, en busca quizás de un perfil de turista más culto y refinado, que sin duda debe existir.

La explotación turística del Tranvía no sólo consiste en su reproducción fetichista sino también en su uso directo como medio de transporte: en efecto, se mantienen las líneas clásicas –aunque han desaparecido muchas, todo hay que decirlo– , como la que parte de Martin Moniz, sube a Graça, bordea Alfama, baja por la Sé, cruza la Baixa, sube hasta Praça Comoes, sigue por Bairro Alto, se acerca a San Bento y aterriza en el magnífico Parque da Estrela, o los que van en línea recta de Praça do Comerço hasta Belém. Es posible incluso alquilar un Tranvía para grupos: los ves pasar llenos de turistas y no se detienen en las paradas, lo que produce un cierto desasosiego a los que esperan pacientemente la llegada del de verdad. Esto ha creado una nueva generación de conductores jóvenes que substituyen a los viejos de antes y que porporcionan una imagen de juventud y colorido al Tranvía (pues muchos de los conductores suelen ser inmigrantes de color) muy atractiva.

Vitalidad del Chiado, Bairro Alto, Alfama y Castelo.

Se puede decir que desde el Rossio y Praça Figueira, con sus extensiones naturales hacia el Tajo (las ruas perpendiculares de la Baixa establecidas por el Marqués de Pombal después del terremoto de 1755) y hacia la Avenida da Libertade, las zonas más vitales (y turísticas) de Lisboa parten precisamente de dicho centro nuclear hacia las alturas: unas hacia el Chiado y Bairro Alto, otras hacia Alfama, Castelo y Graça.

(estatua de Fernando Pessoa en la terraza del Brasileira)

El Chiado es el paraíso del turista tranquilo y burgués que sólo busca tranquilidad, buenas fotografías, un adecuado surtido de tiendas y terrazas concurridas. Todo aquí es ejemplar y equilibrado, desde la magnífica reconstrucción de los famosos Almacenes do Chiado (obra de Alvaro Siza), la discreta peatonización de la calle Garret, la subida por el ascensor que te lleva directamente desde la Baixa al Convento do Carmo, el perfumado y tranquilo Largo do Carmo, el concurrido Largo do Chiado dónde se encuentra el Café Brasileira con la estatua de Fernando Pessoa compartiendo una “bica” (nombre popular del café) con los demás clientes de la terraza (y dónde los forofos del poeta pueden fotografiarse sentados en su falda), la Praça Camoes, etc.

De allí se extiende el Bairro Alto, lugar emblemático de la noche lisboeta, en el que se encuentran los bebederos para la juventud, la cual suele ocupar las calles llenándolas de jolgorio y de un fuerte olor a cerveza. Hay bastantes Casas de Fados en esas callecitas, muy turísticas aunque con artistas siempre correctos y recomendables, en las que los incautos suelen dejarse desplumar por los avispados camareros –cómo nos ocurrió a Jorge y a mi, atrapados por la euforia del vino sumado al Fado, tras la primera noche de función.

Subiendo de la Baixa hacia el otro lado, llegamos a la Sé, la vieja catedral lisboeta. Por cierto, que descubrimos allí un pequeño restaurante, bastante conocido por lo visto, llamado “Estrela da Sé”, muy recomendable por sus precios, su fantástico plato de bacalao asado (a tiras, sin pizca de espinas y nada aceitoso, con huevo, patatas y perejil todo troceado), su postre “do convento” hecho con cabello de ángel, sus reservados antiguos de madera y una decoración que no ha cambiado para nada en los últimos cien años.

Allí empieza el barrio de Alfama, que por las noches se llena de amantes del Fado y de noctámbulos ansiosos de encontrar rincones poéticos y “típicos”. Conozco dos lugares recomendables: El Clube do Fado y A Parreirinha de Alfama, ambos excelentes para escuchar a buenos cantantes de Fados. No los visité en esta ocasión, pues mi acompañante tuvo suficiente con una única sesión en el Bairro Alto.

Pero si se sigue la ruta del tranvia, llega uno al Largo de Santa Luzia y al Largo das Portas do Sol, buenos miradores para el Tajo y la misma Alfama que se desparrama hacia abajo como un tapiz urbano suspendido sobre el río. Desde allí, sólo hay que subir un poco por las empinadas callejuelas hasta llegar al Castelo. Fantásticas vistas de Lisboa le esperan al visitante. Y un lugar tranquilo, muy bien ajardinado, dónde reposar, hacer buenas fotografías, tomar el sol o esconderse bajo la sombra de un árbol. Pero lo más interesante sin duda alguna son las pequeñas tiendas más algun restaurante que se encuentran antes de entrar en el Castelo. Tiendas magníficas repletas de objetos que sintetizan las quintaesencias más entrañables y horteras de Lisboa y de lo portugués, los cuales le atraerán y le obligarán a gastar su dinero, si sufre, como yo, de este gusto por la extravagancia sintética del souvenir.

Los más atrevidos, tras visitar el Castelo, subirán por la Calçada de Graça y alcanzarán la terraza que hay delante de la iglesia del mismo nombre (muy recomendable su visita): un lugar ideal para descansar, tomar un café en la terraza de un chiringuito muy bien surtido, o simplemente sentarse en un banco y contemplar la vista de otras zonas de Lisboa, como la que se extiende por encima de Martin Moniz y que está dominada por la gran superficie del Hospital de Sao José.

Estas rutas, que he descrito con un cierto aire displicente, tienen para mi un profundo significado sentimental, pues en todos estos lugares he vivido momentos mágicos, tremendos y dramáticos en distintas fases de mi vida, los cuales están inscritos en las piedras, los adoquines y en las paredes de sus casas y edificios emblemáticos, algunos caídos, otros iguales que siempre. Momentos que durante esta visita de junio han revivido en mi memoria e imaginación, duplicando y triplicando los distintos planos visuales de la ciudad, de modo que en vez de cinco días, en realidad me parece haber estado una o dos semanas, aunque esta ilusión, bonita pero falsa, sólo sea eso, una mera ilusión.

Lo que más he añorado son los cafés que ya no existen y en los que tantas horas consumí, como el magnífico Café de Lisboa, en la Baixa, o el Café Palladium, al inicio de la Avenida da Libertade. Pero no soy yo persona que se deje llevar por la nostalgia. He quedado satisfecho con pasar unas cuantas horas en el Café Nicola del Rossio, visitar el Brasileira ni que sea como pequeña obligación impulsiva e irreprimible, o desayunar en la inevitable Suiça. Pero la terraza del Largo do Carmo ha sido un descubrimiento que desconocía, y sentarme en el café que hay en el Parque da Estrela fue una maravilla de paz e inspiración.

Lo más negativo: el Largo do Intendente, esta pequeña placita que está a la altura de la parada de metro Intendente en Almirante Reis. Allí está la mejor tienda de cerámica de Lisboa (todavía en pie, pero con las paredes algo carcomidas por el tiempo). La placita y sus alrededores eran antiguamente un lugar de nobles prostíbulos populares, poblados por señoras y señoritas muchas de ellas provistas de gafas (detalle curioso que pudimos comprobar en una visita que hicimos en 1974 Rafael Sender, Mariona Masgrau y yo mismo), todas muy entrañables y portuguesas de antes. Pues bien, el Largo do Intendente es hoy en día un lugar extremadamente degradado y casi diría que peligroso, ocupado por personajes depauperados, muchos en estado de deshaucio humano, carne prostibularia minada por la pobreza y la enfermedad.

Los antiguos barrios populares da Moureria y Costa do Castelo, situados en la zona popularmente llamada de Socorro (¡qué nombre más afortunado!) tienen hoy un aspecto cutre y abandonado, que contrasta con la imagen turística de sus barrios vecinos alrededor del castillo. Todavía no han llegado en ellos los nuevos “buscadores de oro” urbanos, con sus inversiones, sus compras y restauraciones. Son las dos caras de la moneda: junto a la imagen rica y risueña, la depauperada y tristona del subdesarrollo. Con ello Lisboa se pone al día y prefigura uno de los futuros posibles (o más bien, presentes) de Europa.

Las funciones y el Festival.

Debo decir que fui invitado para hacer dos funciones del espectáculo “A Dos Manos” (un clásico mío que llevo desde hace años y que me ha permitido viajar por todo el mundo –menos por Latinoamérica–, motivo por el cual a veces lo llamo mi “pasaporte”) en el Teatro Trinidade.

(montando " A dos Manos" en el Teatro Trinidade. Foto Jorge Raedó)

Todo un lujo, pues este teatro es uno de los más nobles y emblemáticos de Lisboa, situado a dos pasos del Largo do Carmo y del Chiado, muy cerca de dónde debería estar el legendario Teatro do Bairro Alto, dónde Antonio José da Silva, más conocido como O Judeu, estrenó sus óperas de marionetas en el siglo XVIII, antes de que el terremoto de 1755 destruyera el teatro y todo vestigio de sus títeres y máquinas teatrales –y antes de que la Inquisición quemara vivo a O Judeu en uno de sus últimos Autos de Fe.

Claro que las actuaciones no eran en el escenario grande del Trinidade sino en su Sala Estudio, situada en las alturas del teatro, con una capacidad para sesenta espectadores aunque muy bien acondicionada para el tipo de espectáculo que es “A Dos Manos”.

Pude ver allí al grupo francés OM PRODUCK con el robot-espectáculo o el espectáculo-robot “Ça vous regarde”, de Michel Ozeray y Kamal Hamadache. Ideal para el espacio, pues sólo requería de un círculo de unos veinte o treinta espectadores en cuyo centro el personaje robot se movía e interactuaba con el público. Y la verdad es que el espectáculo me gustó y gustó mucho a los presentes: no todos los días es posible ver un títere abstracto tan magistralmente articulado por medios mecánicos a través de ordenadores, y que con la ayuda de una inteligente banda sonora y un delicado juego de luces, sorprende, maravilla e interactúa con los espectadores que lo rodean. ¿Títere, robot, máquina, juguete…? Qué importa lo que era si tenía vida y los allí presentes proyectábamos en él nuestras dudas, suposiciones, imágenes e interrogantes. Cosechó muchos aplausos y el respetable se fue con ojos brillantes y soñadores.

Las funciones de “A Dos Manos” salieron redondas las dos que estaban programadas en el Trinidade y en ambas se llenó la sala hasta la bandera –o sea, las sesenta sillas. Recibí muchos aplausos y parabienes, vino la crítica, y asistió también en la segunda el música Joao Torre do Valle, intérprete de guitarra portuguesa que conocí en Macao y que estuvo actuando junto con Fernando Alvim en el Teatro Malic un par de veces con dos cantantes de Fados. Fue un placer saludarle. Mi amigo Fernando Alvim no pudo asistir por problemas de salud.

Del Festival, pocas cosas más pude presenciar, pero las que vi (dos) me gustaron ambas.

Para empezar, la rusa de origen siberiano Olga Alexandrova, que actuó en la sala capilla del Museo de la Marioneta (después hablaré de este magnífico Museo, pues merece un capítulo aparte). Su espectáculo reproducía en realidad el espíritu de viejos ritos siberianos de raíces milenarias, relacionados con la cultura chamánica. Consistía en la escenificación de tres momentos de la vida humana tratados como bodas: el nacer, el aparejamiento y el morir. Con el recurso de un vestido que sintetizaba y reunía elementos simbólicos y tradicionales del folclor Udmurt, más el uso de un tambor, dos muñecos y algunos pocos elementos naturales más (arena, una madera...), Olga Alexandrova consiguió hacernos entrar en un mundo exótico aunque lejanamente conocido, al ser el propio de las culturas humanas preneolíticas, cuando nuestros ancestros viajaban en grandes grupos unidos a los rebaños de renos y dibujaban en las cuevas imágenes de mamuts, bisontes, caballos, osos... El espectáculo, de una ingenuidad desarmante y a la vez teatralmente muy elaborado, consiguió cautivar al público y hacernos partícipes de su espíritu iniciático y lleno de simbología, extraordinaria síntesis depurada de miles de años de historia humana.

El otro espectáculo fue más bien un divertimento de calle a cargo del actor francés Serge Boulier, miembro solista del grupo Bouffou Théâtre. Presentó su Kitch Club, un cabaret sofisticadísimo hecho de pequeños gags y sostenido únicamente por las expertas manos del manipulador, por sus juegos gestuales y de palabras, y por pequeños personajillos definidos por un subido Kitch estilístico. El strip-tease de una cursi pero muy sensual muñequita Barbie (cuyas braguitas eran extraídas con suma delicadeza mediante unas pequeñas pinzas), los perritos sabios, o el coro final de Cancán, fueron algunos de sus números más brillantes. Serge Boulier mantuvo siempre al público entregado a sus labores y cosechó abundantes bravos y aplausos de los allí reunidos.

Los interesados en saber más del Festival, pueden consultar la página web http://www.tarumba.org/internat.htm, dónde hallarán el programa completo.

El C.A.Ma y A Tarumba.

(fachada del C.A.Ma)

Toca ahora hablar de los dos titiriteros que dirigen el Festival y que son asimismo artífices directos del denominado C.A.Ma o Centro das Artes da Marioneta, e, indirectamente, del Museu da Marioneta.

Con las siglas C.A.Ma se define el proyecto que Luis Vieira y Rute Ribeiro, fundadores y directores del grupo A Tarumba, están desarrollando para la creación de un Centro dedicado a las Artes de la Marioneta. Instalado junto al Museu da Marioneta –de hecho, ocupa partes del mismo edificio del Convento das Bernardas, sede del Museu–, el C.A.Ma consiste en un pequeño e íntimo espacio de exhibición, más otro local dónde se ubica un fondo de documentación y de programación abierto al público y desde dónde piensan editar publicaciones periódicas relacionadas con el tema. Busca también desarrollar nuevas acciones artísticas y despertar el interés de los artistas contemporáneos por el mundo interdisciplinar y creativo de la marioneta, lo que repercutiría también en la captación de un público nuevo y joven.

En realidad, Luís Vieira y Rute Ribeiro persiguen, con A Tarumba, dotarse de tres herramientas básicas que permitan consolidar su proyecto y asentarse en el tejido artístico y cultural de la ciudad:

1- la misma compañía con sus espectáculos de creación, que presentan tanto en Portugal como en los Festivales Internacionales de Marionetas del Mundo,

2- el FIMFA Lx o Festival Internacional de Marionetas e Formas Animadas, que tiene lugar durante el mes de mayo y junio en Lisboa, y del que son directores artísticos,

3- y el C.A.Ma, dedicado a la formación e investigación, amén de funcionar como Centro de Documentación y Difusión.

Objetivos que gracias a sus altas dosis de voluntad y a un “savoir faire” fruto de la humildad, del trabajo silencioso del creador y de una inteligente visión estratégica, sin duda están en camino de realizarse. La cercanía y la complicidad que tienen con el Museu da Marioneta garantizan por otro lado la viabilidad del proyecto, al estar sustentado por una institución oficial, abierta, original y creativa.

El Museu da Marioneta.

(fachada del Museo)

Ha sido una total sorpresa para mi visitar este museo que ha encontrado en el Convento das Bernardas (un viejo y maravilloso convento recién restaurado por el Ayuntamiento de Lisboa) el lugar ideal para exhibir sus magníficas colecciones y desarrollar elaborados programas de talleres, funciones y visitas.

El artífice de este pequeño milagro –tener un museo moderno, dinámico y bien organizado– es su actual directora, Maria José Machado Santos, quién se ha tomado muy en serio el proyecto del mismo. Para ello se ha rodeado de un equipo consistente en ocho mujeres y un único representante del género masculino –tal vez para las labores de carga y arrastre del material–, lo que demuestra su inteligencia y explica que todo funcione tan bien. Y lo digo por experiencia: a causa de una desafortunada pérdida de una maleta del grupo danés Sofie Krog Teater, y ante la necesidad de cubrir un hueco en la programación del Festival, tuve la oportunidad de realizar una tercera actuación en la sede del Museo, una magnífica capilla convertida en teatro. Y la verdad es que todo funcionó tan a la perfección y con un trato tan exquisito, que sólo pueden salir de mi boca palabras de elogio y sinceros parabienes.

(la capilla teatro del Museo)

Cabe decir que este museo nace de un primer impulso desarrollado por la compañía Os Bonecos de Sao Lorenzo e o Diabo, creada por la constructora de títeres Helena Vaz y el músico José Alberto Gil, quiénes abrieron con anterioridad una primera versión del museo en la zona do Castelo, al que llamaron Museo Nacional da Marioneta. De hecho, las marionetas de este grupo constituyen uno de los platos fuertes de la colección del actual museo, pues Helena Vaz es una constructora que elabora cada marioneta como si fuera una obra de arte en si, como muy bien puede apreciarse en las salas que se le dedican.

El otro plato fuerte de la colección son los títeres y retablos de varios marionetistas portugueses de los que, si no fuera por el museo, se sabría bien poco: Henrique Delgado, la familia Duarte, Joaquim Pinto, Manuel Rosado y Antonio Dias. Entregadas generaciones de titiriteros que llegaron a disponer de compañías compuestas por varios titiriteros y ¡orquestas de hasta cinco y seis músicos! Tampoco podían faltar los internacionalmente conocidos Bonecos de Santo Aleixo, hoy puestos en escena por los actores del Centro Cultural de Évora. Igualmente importante es la presencia del Teatro de Mestre Gil, creado por Augusto de Santa Rita, poeta y hermano de quién fue uno de los grandes pintores futuristas de Portugal, Santa Rita pintor, gran amigo de Fernando Pessoa.

Y para acabar con las marionetas portuguesas, dos figuras femeninas que marcaron el teatro de títeres de los años cincuenta y sesenta: Lilia da Fonseca, artífice del conocido Teatro de Branca-Flor, y Lena Perestrelo con su Teatro de Bonifrates.

Completan estas colecciones otras de marionetas y siluetas procedentes de la China, la India, Indonesia, Birmania, el Bunraku japonés, los Pupi sicilianos, los Mamulengos de Brasil, el Punch and Judy, varios magníficos Polichinelas franceses...

Como puede apreciarse, está lo esencial para entender la evolución y la realidad de un género que cabe situar en los orígenes del teatro y cuyos inicios se confunden con los primeros pasos de las más señeras civilizaciones humanas.

A Igreja e Convento de Sao Domingos de Lisboa.

(interior de la Iglesia de Sao Domingos. Foto de Jorge Raedó)

Y termino mi crónica lisboeta con la mención de esta iglesia situada en el centro de Lisboa, es decir, en el mismo Rossio, cuya visita impresiona a quienquiera se digne entrar en ella. La causa de esta tremenda impresión es de orden estético, y consiste básicamente en la restauración que se hizo hace pocos años de su interior, tras un incendio ocurrido en 1959 (de hecho, una primera versión de la iglesia ya fue destruída en 1755 por el terremoto y reconstruída años después). Tras quedar terriblemente afectada, con las piedras y las hermosas columnas carcomidas por las llamas, hubo una primera reacción restauratoria en taparlo todo, de modo que no se viera la acción del fuego, que para los católicos huele siempre a azufre. Pero cuando hace unos años se decidió restaurarla de nuevo, se tomó la sabia e insólita decisión de dejar a la vista la estructura pétrea del edificio tal como había quedado, y el resultado es realmente deslumbrante.

No sólo se ve en toda su magnitud el efecto devastador de las llamas en la sólida piedra, sino que se consigue la imagen impactante de un interior de iglesia vista como si se hallara sumergida bajo el mar, pues la erosión del fuego recuerda a veces la del agua, ambos elementos tan diferentes pero tan parecidos en su acción destructora: el primero por el ardor de sus prisas infernales, el segundo por el paciente pero implacable paso del tiempo. El barroco desnudado de sus adornos típicos de madera y oropel, se hace mil veces más barroco en la iglesia de Sao Domingos de Lisboa, gracias a las ondulaciones de sus columnas carcomidas, a los lametones de las llamas en las altas paredes de piedra o a las negruras todavía visibles en algunas partes por la acción del fuego. Curioso saber que en esta iglesia se reunía el tribunal de la Inquisición para mandar al fuego a herejes y judíos...

(Igreja do Carmo)

De alguna manera, se ha seguido aquí el mismo criterio que el aplicado en el Convento do Carmo, junto al Chiado, cuando su magnífica iglesia fue devastada por el terremoto de 1755: en vez de reconstruirla, se prefirió dejarla tal como estaba, con sus nervios, columnas y arcos todavía en pie, pero sin techo alguno. Tal vez la inclinación portuguesa por el elemento nostálgico y la melancolía, tópico parece ser bastante ajustado a la realidad –y del que tanto jugo turístico le saben extraer los naturales del país–, explique esa tendencia a la timidez restauratoria, como si la capital del Fado, además de los clubes y restaurantes destinados a su culto, necesitara el añadido de importantes monumentos de piedra consagrados a la Saudade.

Quién quiera anticiparse a la Historia y ver una imagen simbólica y post-apocalíptica del futuro de la Religión Católica, nada mejor que acudir a la susodicha iglesia de Sao Domingos y dejarse llevar por la doble visión de los tiempos superpuestos. Para mi, uno de los más atractivos e impactantes rincones de lisboa.