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martes, abril 16, 2019

'El Mal de Penélope', novela doble de Gustavo Hernández Becerra


Acabo de leer casi de un tirón la novela del colombiano instalado en Tarragona, Gustavo Hernández Becerra, un escritor reconocido en los medios literarios catalanes por la calidad de sus trabajos, y bien conocido asimismo por el público de la actual Tarraco, no sólo por sus anteriores novelas publicadas sino por las columnas y los artículos que han ido apareciendo en los periódicos de la ciudad, de exquisita factura. 

Sin pretensiones de ejercer de crítico literario -especialidad ajena a mis labores-, sí que me gustaría comentar la obra leída a modo de simple comentario de texto de alguien que, siendo titiritero como soy, gusta también de las artes literarias. 

Y si me atrevo a hablar de 'El Mal de Penélope', es porque en cierto modo y dando muchos rodeos al asunto, la he visto como una novela lejanamente titiritera. Lo digo no porque se le vean sus hilos, guantes y varillas, sino por el juego de distanciamiento barroco que el autor hace con su historia, a la que le da la vuelta como a un calcetín y se permite manipularla para mostrarnos a sus personajes por delante y por detrás, desde dentro y desde fuera, cuerdos y locos, mortales e inmortales, de carne y hueso o espectrales, vivos o muertos. Y todo ello sin esconder al autor-titiritero-manipulador, como es propio hacer hoy en los teatros de títeres, en los que ya nadie se esconde  tras los retablos, sino que se sale y se entra de ellos, unas veces con disfraz y otras sin. 

Nos encontramos, en efecto, ante una novela doble, pues lo que se nos cuenta en la primera parte, es también lo que se cuenta en la segunda, pero como si entre la primera y la segunda hubiera un espejo de estos de Alicia y medio cóncavos que te dejan entrar al otro lado de la realidad, con la distorsión propia de este tipo de espejos. 


Gustavo Hernández Becerra. Fotografía de Alba Mariné para una entrevista publicada en el Diario de Tarragona.

Una historia dramática que tiene la virtud de ir a los extremos del más desgraciado patetismo para instaurarse en definitiva en una especie de patrón universal -aunque particular- de la tragedia humana, pues los máximos alcanzados por el mal de la protagonista son tan grandes y están tan ahítos de infortunio, que podríamos decir que se elevan hacia una totalidad en el repertorio de las desgracias humanas. En efecto, ¿acaso el descarado comportamiento del protagonista masculino y su maldad acanallada no son el espejo generoso que, en el mosaico de sus aspectos cuarteados, permite reflejarnos en la gama de nuestros canallismos particulares de tres al cuarto? Y lo mismo puede decirse de las desgracias de las féminas aquejadas por el maltrato y el abuso, sean leves o elevadas, las cuales ven reflejados sus matices en este mapa tan completo del dolor y de la infamia que es la vida de la protagonista femenina.

Así es la primera parte, un relato en primera persona desde la subjetividad de la víctima, de modo que la lectura nos mete en el laberinto interior de una vida destrozada por una acumulación exponencial de las desdichas. 

Pero he aquí que en la segunda parte surge el titiritero escritor, con ganas aparentes de mirar el drama desde fuera, desdoblándose en dos autores que pugnan por la misma historia, uno escondido tras el retablo, y el otro con ganas de jugar su papel en el escenario. 

Aparente distanciamiento, pues en seguida nos percatamos que la mirada del segundo autor que entra desde afuera es en realidad la mirada de una serpiente que gusta enroscarse a la historia para meterse en ella, estrecharla con su cuerpo sinuoso, para al fin morder y ser mordida por ella, la historia, que ahora se nos aparece poliédrica y llena de ángulos y equívocos, tan compleja como la vida misma. 

El barroquismo del que hemos hablado se encuentra en esta preciosa multiplicación de puntos de vista, que van pasando de una boca a la otra, dando a la historia tantos matices que el inicial drama de una única voz acaba siendo lo que ya apuntábamos al principio: el acopio de un manojo de historias que las dos manos de un único autor se van pasando entre sí.

Pero los reflejos se multiplican, y el episodio de la falsa muerte del protagonista, que lo convierte en un mortal-inmortal, es decir, en un muerto-vivo, provoca la aparición de otra voz, que se suma a los dos autores y a los varios personajes principales, como es la de Emilín, convertido en escritor precoz cuya obra se introduce en la trama con tremenda prestancia bajo la forma no menos delirante de un western de maravillosa serie B. 

La obra se alza como una columna barroca de múltiples voces enroscadas entre sí, retablo dinámico de personajes confrontados en los espejos de la mirada. Pero la gracia es que todo ello sucede con la perfección de un engranaje literario de orfebre, con un texto que rezuma riqueza, gracia e ironía, sin que ello rebaje el dramatismo, sino al revés, aunque al dispararse el registro delirante, se consigue distancia, dejando que la barbarie, el dolor y el acanallamiento sean vividos y vistos desde lejos, o desde la otra esquina de la calle. Distancia que posibilita la reflexión, aunque luego la locura del titiritero-narrador nos haga bajar de nuevo al barro de la desdicha.

Columna barroca aunque también sirve la imagen de la cebolla, pues la obra no hace más que desplegar las dimensiones ocultas que se hallan plegadas en las palabras, en los hechos y en los personajes, aplicando así las teorías cuánticas que tanto seducen al protagonista, sobre todo esas que dicen que las partículas pueden estar a la vez en dos sitios diferentes. De alguna manera, 'El mal de Penélope' es un intento de aplicar esta teoría en la vida cotidiana de las personas, estableciendo la posibilidad de que un drama sea en realidad varios dramas superpuestos, con sus puertas ocultas de salida que hay que buscar en los pliegues de las dimensiones escondidas. Aunque el autor no busca tanto las salidas como las distancias que permiten enfocar y desenfocar para entender las cosas desde perspectivas diferentes, lo que no deja de ser lo mismo. 

También me pareció un logro capaz de entusiasmar al lector la abertura de los espacios interiores de los personajes, esa ampliación de lo subjetivo que permiten, con perdón, los fórceps de la escritura. Algo que ocurre en el monólogo interior de la primera parte y en el desarrollo de los personajes de la segunda, con esa genial muerte sin muerte vivida por el protagonista narrador al que se le debe sumar la sub-novela del western que cobra vida en su delirio para acabar cerrando la obra con uno de estos 'otros personajes plegados' como es El Legañas. 

Creo que 'El Mal de Penélope', en mi modesta opinión, es una novela radicalmente moderna, propia de una óptica avanzada que va más allá del siglo XXI, pues en ella se plantean vías de despliegue y de desarrollo del conocimiento que acepta la complejidad de un mundo de múltiples dimensiones y lo junta a una visión crítica y autocrítica, pues se basa en el puro y simple ejercicio de la auto-observación, disciplina básica del futuro. Distancia, auto-conocimiento, multiplicación de la identidad, dualismos cuánticos y abertura de las dimensiones plegadas. ¿Qué más podemos desear? De indispensable lectura.

'El Mal de Penélope' está editada por la Editorial Cuanto Te Quiero, de Tarragona.

jueves, noviembre 22, 2018

‘Cròniques Orientals’, de Josep Maria Romero


Acaba d’aparèixer –i acabo de llegir– l’últim llibre del meu amic J.M.Romero, publicat per Comanegra, molt ben vestit pel pròleg de Toni Arbonès i l’epíleg de Màrius Serra, i haig de dir que m’ha agradat molt (1). Un títol que considero dels més importants de l’autor, que mereix una alta qualificació com a llibre de viatge i d’experiència de vida, i que s’enlaira en un exercici de distanciament, d’observació i d’autoconsciència molt útil en els temps que corren, en els que els esperits solen anar a remolc dels demés, atrapats com estem per la velocitat, el col·lectiu i els sorolls de la batalla diària. 

El gran encert, per a mi, és la forma: capítols curts que es succeeixen sense cap ordre diacrònic ni geogràfic, potser un centenar de petites seqüències que focalitzen un lloc, uns personatges, uns pensaments, i la presència de l’autor, l’ull que va saltant pel mapamundi i pel calendari, endavant i endarrere, amb una lògica que se’ns apareix aleatòria i juganera, pinzellades que tanmateix diuen més que una simple impressió. Es podria dir que l’estil és com una mena d’aplicació del haiku japonès traslladat a la prosa, amb un gust per la síntesi i el detall sense la depuració essencialista del haiku, per descomptat, en una mena de haiku sense haiku. De fet, mana en el conjunt un realisme de la mirada, molt a la manera de Josep Pla, de qui en Romero confessa la seva admiració, amb un gust pels adjectius que no dubten a deixar-se estilitzar.

S’imposa la perspectiva realista i sobretot pragmàtica, com per altra part ens indica l’aposta vital de l’autor per la filosofia xinesa del ying y del yang: taoisme pràctic de viure i menjar bé, de gaudir de la vida amb hedonisme mesurat i modest, sense mai recórrer al primitivisme dels rics que no saben ser rics. Sembla com si en Romero, havent decidit viure a cavall de tantes cultures i geografies diferents, hagués necessitat una mena de coixí ideològic prou pragmàtic, obert i flexible per ajudar-lo a entomar tanta diversitat. I quina filosofia hi pot haver de més pragmàtica que la xinesa? Una cultura capaç de menjar de tot, d’incorporar i fer-se seu allò de fora que més li agrada i li convé. Una filosofia que no es contenta amb quatre únics elements de caire metafísic, sinó que en necessita cinc, com els dits de la mà, tots ells ben reals i tangibles, per arrelar-se així més estretament a la terra.

J.M.Romero en un mercat.
La Xina, Laos, el Vietnam, Cambodja, Tailàndia, Filipines, la Índia, Bangladesh, Pakistan, Afganistan, el Nepal, Turquia, Irak, Iran, Afganistan... I dins d’aquests països, els infinits mosaics de cultures locals, de comarques i ciutats exòtiques i alhora moltes d’elles ja banalitzades per la modernitat, cadascuna amb el seu tros de vida, els seus records, les imatges que han quedat fixades a la retina, els amics, els hotels, les cartes que van amunt i avall, els guest-house, les carreteres secundàries per anar en moto. Molt importants són els bars i els restaurants, la majoria modestos però refinats, menys el de Bombai, on cada dia acudeix al Taj Mahal, un dels restaurants més espectaculars del món accessible a la butxaca Romero abans de que els atacs terroristes el posessin als diaris.

Recórrer a un mosaic de mirades i d’encontres, de petites experiències i de moments, no és potser una manera d’enlairar-se vers una visió de conjunt des del detall? Una mirada capaç de copsar la consciència sencera del planeta però des del particular, sense sortir del tros que es viu en present, en el dia a dia de l’experiència. Crec que aquesta és la gran aportació del llibre d’en Romero, aconseguir aquest punt d’anar del tot a la part i de la part al tot, sense trair ni l’un ni l’altre, i sense sotmetre’s a cap disciplina de constricció geogràfica o diacrònica, és a dir, amb la llibertat relaxada de saber que es vagi on es vagi, la visió es manté. Clar que això exigeix una pràctica considerable de despreniment, d’anar deixant llast per quedar-se en les coses essencials, les quals l’autor les troba en els llocs i les cultures més humils, en les registres vitals del gust per la vida senzilla, natural i espontània, fora dels neguits consumistes i dels estàndards socials de benestar, aquells que exigeixen cotxes, bonics apartaments, robes de marca i molta hipoteca. 

J.M.Romero i l'hedonisme taoïsta del bon viure.
Aquest estat de saviesa natural, que el taoisme i les filosofies orientals de la renúncia tan bé il·lustren, el troba Romero en la cultura dels Akha, que formen part d’aquest conjunt de poblacions encara més o menys caçadores i recol·lectores que habiten en una àmplia franja que els entesos anomenen Zòmia. Una zona immensa ja que compta amb una extensió de dos milions i mig de kilòmetres quadrats i una població d’uns noranta milions de persones, que trepitja en rigoroses línies transversals el Vietnam, Laos, Tailàndia, Myanmar, la Xina, el Tibet, Bangladesh i l’Índia –cito al mateix Romero en el seu primer capítol, que titula ‘L’art de no ser governats’.

Per això li agrada tant visitar el seu amic Amme, mentre va seguint amb escèptica curiositat antropològica com els costums dels Akha –i dels tailandesos en general- van canviant a mesura que la modernitat i el consum s’infiltra per les parets dels seus habitacles. A vegades, en les seves apreciacions sociològiques sobre les classes mitjanes dels països hi traspua la característica i sempre agraïda sorna catalana, que aplica tan a l’Extrem Orient com a l’Extrem Occident, quan de tant en tant es fixa en Europa i en Barcelona.

Podríem dir que gràcies a la seva forma de capítols curts que fragmenten l’experiència i multipliquen els punts d’observació, el llibre és un festival de la diversitat oriental, un verdader banquet d’exotisme i de sentit comú, pel qual les diferències no són motiu de separació ni de conflicte, sinó tot el contrari, un estímul a la curiositat, per veure com l’excentricitat cultural, per molt desbarrada que sigui, és, per els qui la practiquen, el pa seu de cada dia. Així ens ho va mostrant el text mentre salta com una llagosta d’una ciutat i d’una regió a l’altra. 

J.M.Romero i el viatge.
Que en Romero sigui un català nascut a Barcelona i impregnat de la cultura anglosaxona de resistència dels anys setanta i vuitanta, no l’impedeix trobar-se com a casa en un poblat Akha que manté formes de vida ancestrals. Les diferències, lluny de separar, en aquest cas uneixen. Fins i tot es podria dir que a més diferència, més interès i curiositat sent el viatger. Per això el viatge és tant important en la filosofia de vida de l’autor, en ser una manera de buscar i conrear les diferències. Taoisme, cinc elements, lleu animisme intuïtiu, però viscuts des del viatge i l’alçada que et deixa veure el conjunt. Perdre’s en el detall perquè et segueixes mirant des de dalt. És aquesta doble visió l’essència del llibre i dels capítols d’en Romero, al meu entendre, una distància que permet que les cultures siguin miralls on unes es veuen i s’emmirallen en les altres, i aquests miralls trossejats i  creuats entre sí són els que fragmenten la mirada i l’experiència en aquest centenar de capítols curts del mosaic oriental.

Un llibre d’experiència de vida i de saviesa del viatger que ha après a viure parat i movent-se alhora. D’un català que ha sabut aplicar el principi de la relativitat a la cultura i al viure diari. Un llibre, com deia al principi, important i necessari.

(1) Veure comentari a un altre text de l’autor, Siempre el Oeste.

martes, diciembre 07, 2010

Presentación en Lisboa de la versión portuguesa de "Malic, a Aventura das Marionetas"

El próximo viernes 10 de diciembre se va a presentar en el Museu da Marioneta de Lisboa la versón portuguesa del libro "Malic, la Aventura de los Títeres". El acto, con presentación de la directora del Museo, Maria José Santos Machado, tendrá lugar después de la representación del espectáculo "A Dos Manos", de Toni Rumbau, a las 21:30.

"A Dos Manos" estará en cartel en el Museu da Marioneta" el viernes 10 a las 21:30, el sábado 11 a las 16h y el domingo 12 a las 11h. Más info sobre "A Dos Manos" pulsando aquí.

domingo, octubre 24, 2010

Rutas de Polichinela en la Librería Documenta

Se informa que el próximo miércoles 27 de octubre, a las 20:20 de la noche, Toni Rumbau presentará su proyecto de "Rutas de Polichinela. Títeres y Ciudades de Europa" en la céntrica Librería Documenta de Barcelona (c/Cardenal Casañas, 4, tocando a la Rambla). La sesión es de libre entrada y está abierta a todos los públicos. Local de pequeño aforo, se aconseja ir con una cierta antelación. Librería muy recomendable por su buena selección de libros (sin duda, una de las más emblemáticas de Barcelona).

lunes, julio 06, 2009

SIEMPRE EL OESTE, de Josep M. Romero.

Acabo de leer el libro de viajes o más bien, el libro de “La vuelta al mundo sin avión y sin mapa” de Josep M. Romero cuyo título real es SIEMPRE EL OESTE con un segundo subtítulo muy ilustrativo que dice: “Un viaje íntimo de catorce meses”. Tras el largo recorrido mental y geográfico que ha sido su lectura, tengo que decir que me ha gustado mucho.

Son un montón las virtudes y me limitaré a mencionar aquí las que más me han interesado como lector. De entrada, y creo que ello constituye una de las mejores cosas que pueden decirse de un libro, atrapa. Desde la primera página hasta la última, la lectura te engancha a la ruta seguida por el autor –se trata de un relato autobiográfico– de modo que el viaje emprendido, descomunal por su duración (catorce meses) y por las distancias recorridas (77.247 Km, según especifica el autor) se convierte en tu propio viaje, deseoso de ir saltando de país en país o de continente en continente, mientras los capítulos se van sucediendo uno tras otro. Una característica que denota oficio y un trabajo muy cuidado y meticuloso del texto, en el que no se ha dejado nada al azar, dosificando la información dada y los detalles del viaje con elaborada contención.

He aquí una segunda virtud, al menos para mi, que se desprende de la anterior: el libro es una perfecta anticipación de lo que en un futuro se llamará “conciencia planetaria”. El relato de Romero nos presenta una manera de percibir y de comprender el mundo que en realidad es nueva, pues responde a una visión global hasta hace poco inexistente, pero que cada día que pasa adquiere mayor predicación. De alguna manera, todo el ancho mundo es ya su propio país, como sucede a las personas que al conocer muy bien un lugar, se apropian del mismo. Claro que esto no es algo que se da, sino que debe conquistarse.

Creo que hay dos factores claves que permiten esta “apropiación”: por un lado la condición profesional del viajero Romero –guía turístico con más de treinta años de experiencia– y por el otro el hecho de viajar a través del mundo no como turista sino como un simple trabajador más junto a los otros trabajadores, sean marineros, pilotos de barco, ferroviarios, taxistas, otros viajeros o conductores de autobús que le acompañan, trabajo el suyo que no es otro que el de “dar la vuelta al mundo sin aviones y sin mapas”. ¿Un trabajo eso?, preguntará alguien. Pues sí, un trabajo tremendo cuyos entresijos y a veces duras condiciones el libro va desvelando página a página.

Quién desde joven se ha acostumbrado a viajar trabajando –como guía, en el caso de Romero, o como titiritero en mi propio caso–, ya nunca más puede hacerlo como un turista, porque el conocimiento de la realidad que subyace a su experiencia se lo impide. Consiste en una especie de estigma que el viajero no puede sacarse de encima, por mucho que lo intente. Un estigma que se nota en el libro de Romero y que constituye sin duda una de las claves de su atractivo: en la lectura no viajamos a la manera de los suplementos dominicales de los periódicos sino como realmente lo hace quién tiene la necesidad de hacerlo. Una necesidad que pertenece a la esfera privada del autor, pero de la que nos hace indirectamente partícipes al compartir con nosotros su actitud y su peculiar percepción de las cosas. Desde luego, hay pistas: como la insistencia en la figura del “expatriado” para referirse a los que van deambulando de un lugar a otro sin rumbo fijo ni parada asegurada. Romero es sin duda uno de estos “expatriados” cuya patria propia, por muy querida que sea, se le ha quedado pequeña o tal vez “extraña”, motivo por lo que siente la necesidad de ampliar sus referencias. ¿Y qué mejor que considerar el mundo entero como su propia casa? Esto se dice rápido, pero tenerlo de verdad requiere tesón y esfuerzos grandes. De ahí esa necesidad de abrazar físicamente el planeta, de darle la vuelta, paso a paso y kilómetro a kilómetro, a ver si de una vez te apropias de él y el expatriado puede seguir siéndolo pero con la certeza íntima y secreta de que en realidad ya tiene una patria nueva: el mundo entero.

(J.M.Romero en Laos)
Tal es, a mi juicio, el gran atractivo y la gran ambición del libro de Romero. Este anhelo insufla el texto de principio a fin sin que aparezca en ningún momento explícito, y es lo que nos seduce ya desde las primeras páginas. El tono intimista del libro permite que estos anhelos y estas necesidades subyacentes salgan a la luz, a través de las actitudes de escepticismo del narrador, de la percepción realista, de su pereza ante las visitas de obligación turística, de espontánea curiosidad por las personas pero también por las ciudades, los bares, los restaurantes, los hoteles, los barcos de carga con los que viaja, o por los mismos amigos a través de los que va jalonando el viaje. La relación que establece con los lugares es de atracción o rechazo, de familiaridad o de extrañeza, es decir, relaciones que buscan ponderar los grados de pertenencia así como los mecanismos ocultos que los explican.

Como comprobará el lector que se interne en sus páginas, el libro está lleno de detalles, pero al no existir ninguna compulsión patológica del tipo “tener que verlo todo”, el narrador se permite seleccionar los detalles con la mirada de la necesidad del viajero, que son las pinceladas que componen los frescos del viaje, con sus ciudades, sus mares paradisíacos o amenazadores, sus paisajes deslumbrantes, sus sorpresas de todo tipo. Frescos que surgen espontáneos y concisos, casi escuetos, justo para dejarnos el sabor en la boca y las ganas de saber más.

Curioso como la emoción del relato aumenta al adentrarnos en Asia, dónde el autor tiene unos profundos vínculos que proceden de su juventud. Pesan aquí los viajes iniciáticos de los años sesenta y setenta, cuando los jóvenes europeos se lanzaron a recorrer las latitudes asiáticas antes de que el avance de la modernidad y sus terribles secuelas deje fuera de los circuitos a algunos países de la zona, como Afganistán, Pakistán o la bella Cachemira. Hay constantes alusiones nostálgicas a aquellos años, en los que el autor llegó hasta lo más extremo de los Orientes. Y se nota, especialmente cuando al llegar a Tailandia, y más tarde a Laos, dice sentirse como en casa. También la India está presente, aunque no figure en el trayecto del viaje: un lugar querido y conocido, que las circunstancias del momento no juzgan oportuno cruzar.

Necesita el autor la familiaridad del lugar que uno ya se ha apropiado, pero a la vez la extrañeza de sumergirse en una cultura y una lengua distintas, mientras el inglés, el idioma de las viejas canciones de rock, se instaura como sólida y amable lengua franca. El contraste con sus impresiones en Latinoamérica es fragante: allí, dónde la cultura y la lengua son tan cercanas, la tensión social, humana e incluso diría geográfica, lo distancian del lugar: demasiada cercanía descarnada e impúdica. En cambio, en Extremo Oriente, la distancia de lo extraño se convierte en el cojín de apoyo desde el que poder acercarse a sus realidades, por muy duras que algunas de ellas sean.

Puestos a entrar en los detalles, me gustó mucho la parte china, pues en ella Romero nos sitúa con muy buen ojo respecto a este país tan grande, tan presente y a la vez tan lejano de nosotros. Sus descripciones tienen la agudeza del estilete y son una preciosa guía para orientarse en estas latitudes. También los episodios con los “amigos” destacan en la obra: desde el encuentro con su viejo conocido Carles en Brasil, con escenarios y secuencias que nos recuerdan al mismísimo Conrad, a los sucesivos encuentros que van surgiendo por las ciudades del mundo, momentos mágicos y entrañables que son agradecidos altos en el camino, en los que de pronto se aclaran muchas de las claves del lugar visitado.

En definitiva, recomiendo mucho la lectura de SIEMPRE EL OESTE: encontrará el lector en él un libro honesto de viajes, que surge de la necesidad y que alcanza en su misma realización los objetivos perseguidos: hacerse con una idea propia y cabal de la ancha casa planetaria en la que vivimos.


Nota: SIEMPRE EL OESTE está publicado en la Colección Heterodoxos de la editorial Altaïr. La versión catalana aparece en la Col.lecció Ulyssus, de Brau Edicions. Para más información, http://www.jmromero.com/

lunes, enero 14, 2008

PRESENTACIÓ DEL LLIBRE "LA COLLA DE LA PLATJA I EL FUTUR DE CATALUNYA"

Dimarts 29 de gener, a les 20h,
Sala Beckett – c/Alegre de Dalt, 55, bis.

Apreciat bloguer,

et convido a la presentació del llibre “La Colla de la Platja i el Futur de Catalunya” que tindrà lloc el proper dimarts 29 de gener, a les 20h, a la Sala Beckett (c/Alegre de Dalt, 55, bis).

Presentaran l’acte Toni Casares (director de la Sala Beckett), David Castillo (poeta i periodista), Giuseppe Avesani (filòsof i futuròleg), l’editor Alfred Arola i el mateix Toni Rumbau.

Diu la contraportada del llibre:

“La Colla de la Platja i el futur de Catalunya mostra una nova imatge de Catalunya, d’Espanya, d’Europa i del mateix món que sens dubte sorprendrà el lector.

A través del singular personatge de Romà Bastides, sabater de la Barceloneta que un dia quatre llamps converteixen en endeví, Toni Rumbau ens ofereix una delirant visió de l’esdevenir. Com resoldrà Catalunya els seus problemes? Esdevindrà el català una llengua generalista? Tornarà Jordi Pujol a ser president de la Generalitat? Què passarà amb l’Espanya de les Autonomies? Com seran els segles xxi i xxii?

Una esbojarrada mescla de política i ficció que no s’acoquina a l’hora de distorsionar idees, enfocaments i prediccions. Un text complex, eixelebrat i provocador que farà les delícies del lector interessat a mirar sense por vers el futur tot interrogant-se sobre alguns dels temes més candents de l’actualitat.”

Copa i picandó. Us espero!

Toni Rumbau

sábado, octubre 13, 2007

Pepe Ruiz publica “Títeres Trashumantes”.

(Portada del libro de Pepe Ruiz)

Siempre es interesante ver aparecer a la luz pública libros sobre marionetas escritos por los mismos marionetistas. Es la nuestra una profesión tan rara y esquinada, que si no fuera por los propios testimonios de sus protagonistas, poca cosa se sabría de los entresijos que mueven los hilos de los artistas muñequeros. Yo mismo, sin ir más lejos, saqué en mayo un libro autobiográfico sobre mi experiencia titiritil (Malic y la Aventura de los Títeres), publicada en catalán por la Editorial Arola de Tarragona. Pendiente está la traducción al español, que deberá publicar la misma casa editorial (antes, debo acabar de traducirlo, pues también aquí se cumple implacable la ley aquélla que dice “el que siembra la lechuga, que se coma su ensalá”, lo que no es poca faena...).

El de Pepe Ruiz, consiste en un libro que podríamos denominar de “iniciación a los títeres”, tratado desde una perspectiva totalmente personal y en cierta manera también autobiográfica, en el sentido de que a través de sus páginas se puede seguir la trayectoria vital y formativa del autor. No en vano aparecen, en varios capítulos, una retahíla de nombres, biografías, citas, poemas y artículos de titiriteros considerados como Maestros, referentes obligatorios de la trayectoria artística de Pepe Ruíz.

En este sentido, el libro se constituye como una guía indispensable para entender el titiritismo latinoamericano y muy en especial el argentino, con profución de nombres y datos muchos de ellos desconocidos por los marionetistas españoles. En esta caja de resonancia elaborada con sumo respeto, afecto y admiración por el autor del libro, suenan las voces poderosas de eminentes titiriteros, muchos de ellos desaparecidos.

Ha aquí la relación de los nombrados: Héctor Álvarez D’Abormida; Herman Koncke y Horacio Casais, los dos creadores de Los Títeres de Horacio, con los que compartimos tantos momentos en los festivales de Madrid; el boliviano Hugo Molina Viañia; Luis Marcelo Claeyssen “Lucho”; el argentino-sevillano Alcides Moreno, quién fuera gran dinamizador de los títeres en la capital andaluza; el inefable y maravilloso Javier Villafañe, inspirador de tantos titiriteros, poeta y tratamundos, con quién compartí deliciosas noches en Barcelona y otras ciudades españolas; Sergei Obraztsov, que aún sin ser argentino, se le reconoce su importancia mayúscula; Elba Fabregas; Luis Olguin; el francés Ives Joly, de quién vi una de sus últimas funciones en el Festival de Barcelona del año 1977; el recientemente desaparecido Pepe Otal; el todavía vivo Bruno leone, doctor en Pulcinella; Otello Sarzi, de Italia; Guaira Castilla, eminente solista argentino; el maestro Roberto Espina; Otto A. Freitas; Rafael Teixido; Raul Titiritero; Vito Cantone…

(Pepe Ruiz en sus años mozos)

El libro introduce la historia y la teoría del teatro de títeres con textos de cosecha propia y otros procedentes de reputados especialistas. Quizás aún más interesante sea el capítulo dedicado a Poemas, dónde se publican textos de varios autores, todos ellos muy jugosos. O la sección de Pensamientos, compendio de textos más o menos largos dónde se reflexiona, a veces rayando el aforismo, sobre el arte titiritil.

La parte dedicada a Técnicas sobresale porque no aburre con largos textos y en cambio se proponen muchas imágenes que se explican por sí mismas, lo que siempre es de agradecer. Y acaba el libro con varias obras para títeres, unas del mismo Pepe Ruiz, y otras tres de Otto A. Freitas, Roberto Espina y Carmen García.

Un libro pues original en su factura, que quedará como referente y compendio de trayectorias titiritiles poco conocidas, un gesto de gran generosidad por parte del autor, que muchas veces parece esconderse detrás del retablo de su libro, moviendo los rostros de tantos de sus colegas, maestros y compinches de aventuras.

Debo decir aquí que conocí a Pepe Ruíz hace años, cuando teníamos el Teatro Malic abierto y por él solían actuar los titiriteros de allende los mares que recalaban por Barcelona. Son varios los nombres que pasaron por el perqueño escenario del Born (Guaira Castilla, Héctor Grillo, los Chon Chon, Silvina Reinaudi, Javier Villafañe, Horacio Peralta, por sólo citar unos pocos,...). Pepe Ruíz actuó en varias ocasiones, si no recuerdo mal, con un tipo de espectáculo que seguía la línea iniciada por Villafañe de titiriteros solistas, trotamundos y soberanos, es decir, libres y autosuficientes, decididos a escarbar las facetas ácratas, dulces y poéticas del teatro de marionetas. Los podía haber más dulces o más agresivos, más ásperos y secos o barrocos y alambicados.

Pepe Ruiz combinaba con buenas dosis equilibradas ambos extremos, pues en él había destellos de dulzura y a la vez alaridos súbitos de energía explosiva. La mezcolanza de lo ácrata con la zalamería propia del estilo argentinado de los títeres se da en su obra como expresión de un hecho incuestionable: quién maneja la obra es un rebelde pero también una buena persona.

Agradezco desde aquí el envío del libro de Pepe Ruíz, y le deseo copiosas ventas del mismo así como suerte en sus andaduras titiriteras por los escenarios de España. Para más información del mismo, dirigirse a La Calle de las Artes, c/Comendador Mesías,37, Úbeda 23400 (Jaén), España. Correo electrónico: pepe_lagolondrina@hotmail.com

lunes, abril 23, 2007

Éxito de la presentación del libro "Malic, l'aventura dels titelles"


Vestíbulo de la Sala Beckett con los invitados en la presentación.

La presentación que tuvo lugar el lunes 16 de abril en la Sala Beckett de Barcelona fue todo un éxito por la gran cantidad de personas asistentes. Respecto a la misma presentación en si, con los parlamentos y discursos, tuvo muy buena acogida, siendo considerada por los presentes como un "acto muy teatral".

Intervino en primer lugar Toni Casares, director de la Beckett y anfitrión del acto, quién dio la bienvenida a los presentes con las siguientes palabras: "Benvinguts al Teatre Malic!". Habló del libro y también explicó la circunstancia de que su padre fuera el "abogado Casares" que sale en el libro y que animó a Mariona Masgrau a irse al extranjero, para no cumplir una absurda condena de último franquismo. Decisión que estableció el rumbo de toda una aventura vital y, en definitiva, del argumento del libro presentado.


Eugenio Navarro, Marta Soro, Toni Rumbau, Luisa Rodríguez, Marta Otzet y Pilar Gálvez.

Alfred Arolas habló luego con ponderación y siempre con honestas y francas palabras, apoyando al autor al que su editorial ya ha publicado otras obras, "todas ellas harto extravagantes", según precisó. Tras defender y alabar esta trayectoria, anunció otros posibles títulos en un futuro próximo (concretamente, la versión castellana del presente libro y el título "La Colla de la Platja i el Futur de Catalunya", una recopilación de cartas dirigidas a sus conciudadanos del futurólogo de la Barceloneta Romà Bastides.


Tomó la palabra entonces Alfonso de Lucas, amigo personal del autor, quién habló con palabras nobles y sonoras sobre el libro. Alabó su estilo, escrito en un catalán que le encanta, al diferenciarse del "normativo estándar impuesto por las instituciones", según indicó, así como por el pronunciado "estilo cervantino" en su cultivo de la lengua catalana, cuya característica principal es el uso de la frase larga, sonora y festiva. Explicó luego varias anécdotas personales vividas con el autor, que hicieron reir mucho al público. Su parlamento cosechó muchas palmas y bravos, y encandiló a los presentes.

Marta Raventós, Anna Bohigas, Toni Rumbau y Neus Purtí.


A continuación, el autor dijo algunas palabras de agradecimiento, e inmediatamente leyó una carta de Mariona Masgrau, ausente del acto por causas médicas, que fue largamente aplaudida. Después tocó el turno de una carta enviada por el mismísimo Malic desde la Patagonia, que hizo mucha gracia al público. Sus últimas palabras fueron dicho con lengüeta, a petición propia de Malic, lo que provocó no pocas hilaridades.

Terminados los discursos, se procedió al copeo y picandó, ya en el vestíbulo del teatro, con venta y firma de libros. Hubo mucha cháchara y encuentros inesperados de personas relacionadas de un modo u otro con la historia de La Fanfarra y del Teatro Malic. Se calcularon unas 120 personas asistentes al acto.