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jueves, agosto 07, 2014

Explosivo verano en Cataluña y Palestina



El lector familiarizado con las entradas de este blog sabe de sobra que uno de sus principales cometidos es abrir ventanas a la actualidad política gracias a los diálogos siempre tan certeros y ocurrentes de los dos futurólogos amigos míos que pasean a diario por la playa. 

Lamentablemente, mis ocupaciones teatrales con los títeres me impiden acudir con frecuencia a su encuentro, y hace ya muchas semanas que no sabía nada de ellos. Pero tras las últimas noticias de los periódicos, y aprovechando mi regreso a Barcelona, no he podido resistir la tentación de acudir a la cita de la playa para conocer de primera mano sus opiniones al respecto.

- ¿Qué me decís del caso Pujol? -les lanzo a bocajarro, consciente de que el notición local del verano no es otro que el escándalo confeso del ex-President.

- Ha sido una bomba, Rumbau. No esperábamos algo tan tremebundo. Desde luego, cabía sospechar jugadas y sobresaltos, pero esta carga situada en la línea de flotación de quién ha encarnado el nacionalismo catalán, Convergència, ha sido tan inesperada como espectacular.

- ¿Entonces consideráis que el "proceso" ha sido tocado y hundido?

- Sí y no -contesta Mercadal, con ganas de matizar las palabras de Bastides-. Esta bomba es para nosotros una arma de doble filo. Explota en las narices de Convergència y del proceso soberanista, pero sus efectos van más allá y salpican a todo el mundo. Lo que más nos excita de la situación es que nuestras predicciones sobre los grandes cambios en la estructura del país, que preveíamos para unas décadas más tarde, se están acelerando a una velocidad de asombro. A la corta, crea confusión en los independentistas, y da aliento a los defensores del estado único, pero a la larga, dispara las expectativas de cambios radicales que van más allá de Cataluña. ¡Rumbau, nos acercamos a pasos forzados hacia la FEAA, la Federación Española de Autonomías Autodeterminadas!
Conozco bien esta predicción de mis amigos, una de las más polémicas, pero a la que se agarran como si en efecto ya lo hubieran visto. 

- ¡Pero si todo el mundo dice que las cosas están más complicadas que nunca para los independentistas! Además, es  Cataluña la que ha hecho el paso de solicitarse como soberana, mientras que las demás comunidades no dicen ni mu.

- Tienes razón, Rumbau, pero esta solicitación de Cataluña no bajará, al seguir avanzando pero por derroteros de más complejidad. Una ley imbatible dice que lo simple acaba estrellándose contra la realidad, siempre compleja. Y los planteamientos independentistas son todavía demasiado simples. Necesitan derrotas previas para curtirse y entrar en los laberintos del caso. Transformar un estado como el español, con tantos siglos de inercia autoritaria, no se hace en un año ni en dos. Aquí hay mucha ingenuidad de los catalanistas. Pero lo que no entienden sus opositores, o hacen ver que no entienden, es que nos hallamos ante una afirmación que va más allá del nacionalismo clásico. Fíjate que el recurso de los unionistas es hablar constantemente de nacionalismo, pues saben que hoy en día no hay espacio para afirmaciones de esta índole. Claro que ellos también son nacionalistas, pero al tener un poderosos estado a sus espaldas, se consideran justificados y pueden decir que no lo son. Lo que ocurre en Cataluña tiene más que ver con la idea de soberanía, que es diferente. Se trata de una afirmación de nuevo cuño que todavía no ha recibido un nombre correcto, pero que tiene mucho recorrido por delante, en un mundo donde los estados grandes se están convirtiendo en implacables máquinas de estrujar a la gente. Y a nadie le gusta dejarse estrujar.

- Bueno, esta afirmación aquí la llaman Soberanismo...

- Sí, y es lo más correcto, pero deberá vestirse de nuevos ropajes para tener éxito y enfrentarse al poder de los estados. Se lucha hoy entre dos tendencias muy claras: la inercia de las élites estatales, bien apoyadas por la banca y los intereses financieros, en sostener y aumentar su poder sobre la población, y la resistencia de ésta en minar este poder y substituirlo por instancias intermedias que permitan respirar a las personas. Es una lucha sin cuartel que permite muchos disfraces de sus contendientes y que plantea una disyuntiva clara: ¿dónde debe estar la soberanía: en las personas o en los estados? Por eso la afirmación soberanista catalana sólo tiene futuro si se desprende de los viejos ropajes nacionalistas y se suma a los movimientos paralelos que van surgiendo por la Península en la misma línea de afirmación particular. ¿Acaso la irrupción de Podemos no tiene que ver con este deseo de afirmación soberana de las personas frente a los intereses de las élites? Y el resultado final de esta contienda, en el caso de que la balance se incline por el lado de la gente, no puede ser otro que la anunciada FEAA. Es decir, poblaciones autodeterminadas, también las podríamos llamar "soberanizadas", que colaboran y se coordinan entre sí para solucionar la logística de la complejidad global. ¿Y por qué no dejar que los particulares se organicen como quieran y le dé la gana? De ahí que nosotros veamos incluso la emergencia de monarquías temáticas, perfectamente asumibles hoy en día...

- ¡Caramba! Esto suena casi a programa político...

- Son las tensiones del día. Por cierto, que el caso de Pujol es un ejemplo de disociación bipolar extraordinario. Confirma nuestra tesis de que Catalunya es un país doble que vive profundamente la dualidad.

- Sí, doctor Jekyll y míster Hyde a la catalana...

Sardanas en la plaza de toros de Ceret.
- El tópico tan manido del seny y la rauxa, ¡de pronto encarnado en el mismísimo President! Había la sospecha, pero ha dejado a todo el mundo patitieso. Para nosotros es muy interesante analizar esta dualidad asumida con tanta rotunda naturalidad. Incluso considero que habrá un antes y un después de este escándalo. Cataluña ha vivido siempre un poco engañada por sus propios mitos, pensando que era Una en su catalanidad exclusiva, y este desvelamiento abrirá los ojos a muchos. Aquí hay muchas lecciones a aprender e incluso podría decirse que la inmolación de Pujol en su confesión y auto-condena abre las puertas y deja en libertad a la dualidad catalana. No me refiero a la patología bipolar de decir y hacer lo contrario, sino a la sana dualidad de aceptar ser dos cosas distintas a la vez. Pujol, con su sacrificio, nos da permiso para que seamos libremente dobles, sin dejar por ello de ser catalanes. Así, la alteridad propia de lo catalán, que es lo español, tiene de pronto natural cabida. ¿Significa eso que se acabó el soberanismo? En absoluto, pues ahora puede sustentarse sobre bases sanas y robustas, al aceptar las pluralidades de identidad en su seno. Se abren las puertas a una madurez civilizacional que ya no tiene nada que ver con los antiguos nacionalismos que daban carnets de catalanidad. Todo lo cual no hace más que acentuar la impresión de los profundos cambios que estamos viviendo. ¡Es como si el futuro se nos echara encima, Rumbau!

- Optimistas como siempre...

- Sí y no. Pues las consecuencias de estos cambios acelerados son los enormes peligros de desestabilización. Fíjate que los estados, cuando se encuentran en peligro, no dudan en llevar a las sociedades al caos. Creen que hacerlo es una estrategia inteligente que siempre acaba beneficiando a quién tiene más fuerza. Y es verdad. Pero el caso es que en esta época de cambios tan radicales, también la misma noción de fuerza está cambiando. Gobernar el caos contemporáneo no está al alcance de los simples, sino que exige mentalidad compleja, que es caótica, y exige inteligencia. Y el caos sólo se deja gobernar cuando se hace carne con quiénes pretenden gobernarlo. Y un ejemplo es lo que está ocurriendo en Palestina.

- Sí, otra zona caliente, pero en la que los vencedores son siempre los mismos.

- Desde luego, pero hay que ver en estos casos los efectos que se cuelan por debajo. Las victorias de Israel son incontestables, y las derrotas de sus enemigos, colosales. Eso nadie lo duda. Pero al hundir a las sociedades atacadas, obliga a éstas a sobrevivir en condiciones de caos absoluto. Lo vimos en Líbano, con los bombardeos a los poblados del sur y a los barrios chiitas de Beirut, y lo volvemos a ver ahora con estas imágenes de Gaza destrozada. Se han ensañado con todo lo que más duele, con el objetivo confeso de traumatizar directamente a las poblaciones. Los resultados de esta táctica son la destrucción, pero aportan unas lecciones tremendas a los que consiguen sobrevivir. El caos se encarna en ellos, y una nueva mentalidad surge como si de una mutación se tratara. Lejos de provocar el fanatismo -con las excepciones obligatorias, por supuesto, muy buscadas por Israel y por sus fingidos enemigos, los países del Golfo-, acentúa la capacidad de entender la vida y el combate desde perspectivas caóticas y de infinita complejidad. Fíjate en los combatientes de Hirzbolá, se han convertido en unos especialistas temibles. Son los que han dado el vuelco al desarrollo de la guerra en Siria. Han aprendido directamente de los mejores maestros, el ejército israelita. Y lo mismo está sucediendo con los soldados de Hamás. Hoy por hoy, es Israel quién tiene la paella por el mango, pero está creando en sus propias barbas a temibles enemigos del futuro que un día pueden causarles serios problemas. Por eso te digo que la noción de fuerza está cambiando a marchas forzadas, y lo que hoy entendemos por imbatible, puede en el futuro ser la parte débil, cuando otros factores, los referentes a los temas del caos y de la complejidad, adquieran un mayor protagonismo.

- Tienes razón, Mercadal, pero son los grandes ejércitos los que más invierten en controlar el caos y en desenvolverse en estos temas. Fíjate en los americanos, unos especialistas con los mejores matemáticos trabajando para ellos. Y las matemáticas tienen mucho que ver con todo esto...

- Has dado en el clavo. Pero cuando las matemáticas se hacen carne, entonces su eficacia se dispara. Nada hay más incierto que el futuro, lo que nos obliga a revisar constantemente nuestras predicciones, pero también es verdad que no hay nada más libre que el futuro. Las variables son infinitas, de ahí la importancia de las imágenes. Una buena imagen fija un montón de variables, lo que ayuda no poco a la previsión. Modestamente, eso es lo que hacemos...

Una buena declaración de principios de mis dos amigos, extravagantes abuelos jubilados, a los que dejo en su tranquilo pasear por la playa.

miércoles, junio 02, 2010

Dramatismos de hoy a orillas del Mar Mediterráneo

Mis últimos viajes a Portugal y al Líbano me han tenido apartado de la actualidad así como de mis amigos de la playa, los futurólogos Bastides i Mercadal, que cada día pasean por la orilla del mar buscando las claves del presente y del futuro que nos espera. Y es que al regresar a Barcelona, me han asaltado las noticias del día, tremendas como es propio del momento en el que vivimos: nueva crisis en Oriente Medio por el asalto a la llamada Flotilla de la Paz, con las acostumbradas débiles respuestas de las instituciones mundiales y una seria indignación turca. También Europa sigue renqueando con su crisis política y financiera. En cuanto a España, parece que se han despertado los furores cainitas tan arraigados en nuestros genes del todos contra todos para salvar lo que entiende cada uno por su propia patria.

Consternado, acudo a la playa a charlar con mis amigos, que suelen mirar los acontecimientos con envidiable serenidad y distancia.

- Mira, Rumbau, el momento es movido, ciertamente –me dice Mercadal muy serio–, pero no más que ayer y no menos que mañana, algo normal si tienes en cuenta que nos hallamos embarcados en un proceso de cambio monumental que nos sacude como si estuviéramos en un Tiovivo.

- Lo que pasa es que las crestas del oleaje son y serán cada día más espectaculares, de eso no cabe duda –afirma muy convencido Bastides, zapatero de profesión instalado en la Barceloneta–. Es un panorama que intuíamos pero que nos ha sorprendido por la bravura del paisaje: ¡menudo siglo veinteyuno les espera a los cachorros de hoy! Deberán acostumbrarse a navegar en mares embravecidos, acosados por tormentas colosales e inesperadas, con los consecuentes y obligados naufragios.

- Lo que quiere decir Bastides es que estamos dejando atrás y a marchas forzadas una época histórica llamada Neolítico por los entendidos. Ya sabes, toda esta cultura basada en los ciclos agrarios, el crecimiento urbano y la explotación tecnológica de la naturaleza. Todo eso ha llegado hoy a su máximo desarrollo, desarrollándose con vitalidad cancerígena hacia su propio colapso, pues qué duda cabe que ni la urbanización entera del planeta ni el delirio tecnológico de crecimiento de nuestras sociedades son sostenibles no ya en el futuro sino el día a día del presente. Y es lógico que un cambio de estas dimensiones, que sobreviene por el colapso de lo viejo, se manifieste con terremotos sociales de grandes magnitudes. Los delirios, Rumbau, sólo se detienen cuando estallan contra la realidad, y es un delirio inmenso el que está estallando ante nuestras propias narices. Un delirio de siglos de inercia que ya no aguanta más y que está siendo substituído por nuevos delirios más sostenibles y adaptados a la realidad, de los cuales, sin embargo, nada sabemos. ¡He aquí el tremendo momento en el que vivimos, fascinados por la espectacular autodestrucción de lo viejo y admirados por el nacimiento de lo nuevo que no vemos por ninguna parte! De ahí nuestros esfuerzos en futurología, intentando afinar nuestra percepción de lo que está por llegar, cuyos ribetes sin duda la actualidad revela, aunque lo haga a escondidas y con inaudita tacañería.

- Lo has explicado muy bien, Mercadal –puntualiza Bastides, siempre muy admirado de la capacidad de raciocinio de su amigo astrólogo–, éste es el marco general en el que nos movemos. Y lo que pasa en el día a día es el detalle que debe ser estudiado en relación al todo. Fíjate que Israel avanza con prisas a su propia destrucción, algo que incluso los medios y los periodistas han entendido a la perfección, pues es evidente que un país encerrado en su caparazón militarista tiene escaso futuro. Pero la cosa es más complicada de lo que parece. Digamos que el delirio del que hablaba antes Mercadal se concentra en el pequeño estado judío en toda su pureza, lo que explica que su problemática se encuentre en el corazón mismo de los conflictos mundiales, pues constituye la quintaesencia de la locura neolítica que hace aguas por todas partes. Pero fíjate también que es allí, en el conflicto irresoluble de Israel con los Palestinos y con sus vecinos, especialmente del norte, dónde se están fraguando algunas de las respuestas o adaptaciones al nuevo mundo que nos espera, pues bien conocida es la paradoja de cómo lo viejo, cuando se resiste a morir a ultranza, despierta en si mismo y en su contrario los gérmenes de lo nuevo que lo está matando, lo que explica ciertas contradicciones del mismo estado de Israel, tan avanzado en algunos aspectos y con determinadas conciencias individuales altamente evolucionadas, así como de sus más encarnizados enemigos, representados por las milicias de Hamás y Herbolá, cada día más sabias, dúctiles, complejas y mejor organizadas, más el diminuto estado libanés que refuerza con todavía más ahínco su compleja multiplicidad.

Escucho realmente admirado a Bastides. Acabo de llegar precisamente de aquella zona, dónde he actuado con mis marionetas en Beirut pero también en el sur, en la aldea de Marhjouin, allí dónde se encuentra la mayor base española integrada en la UNIFIL, las fuerzas internacionales de interposición bajo mando de Naciones Unidas. He visto con mis propios ojos la vitalidad desbordante de los libaneses, que parecen crecerse ante los desafíos de la guerra, y he visto también las ejemplares labores de los soldados españoles allí instalados, cuyas labores van mucho más allá que las de una simple interposición. Un trabajo, el de los militares, de mediación y de reconstrucción positiva, que aporta racionalidad organizativa (es decir, disciplina logística) allí dónde la destrucción de la guerra suele reducirlo
todo a apática desmovilización y a renuncia vital.

- Sí, Rumbau, en el conflicto de Palestina se ocultan muchas de las claves del futuro, motivo por el que hoy por hoy es absolutamente irresoluble, al faltar todavía bastantes décadas, por no hablar de siglos, para que los nuevos delirios de la humanidad surjan con claridad y se vuelvan operativos. Sólo entonces el conflicto se dehinchará como un globo sin gas. La velocidad de los acontecimientos es francamente alta, y estamos sorprendidos Bastides y yo de cómo corre el calendario hacia el futuro, aunque lo más prudente es dejar que sea el mismo tiempo el encargado de marcar los ritmos, sin pretender anticiparse a los mismos –dice tan tranquilo Bastides.

- La entrada de Turquía como agente activo en la zona es muy importante. Hasta ahora siempre había actuado a remolque de los dictados europeos y americanos. Ahora lo hace con voz propia. Se trata de un cambio sustancial en el mapa que ha sorprendido al mismo Israel. Pero a corto plazo, los objetivos militaristas de los israelitas han salido reforzados: parón al diálogo con los palestinos, patada en la espinilla de Obama, recrudecimiento de la tensión con el Líbano, y por lo tanto también con Irán, todo parece ir a favor de los gobernantes judíos. Piensa que su estrategia no es a corto sino a largo plazo: imponerse por goleada a sus vecinos tras haberlos niguneado, y eliminar o expulsar a los palestinos y a cualquier pretensión de éstos de instalarse como estado. Coincide con la estrategia, también a largo plazo, de las milicias de Hamás y Herbolá, obstinadas en borrar del mapa el estado de Israel. Ambas estrategias se sustentan en delirios mitológicos: el gran Israel bíblico de unos, la expulsión de los cristianos (los judíos ahora) de Jerusalén como hizo Saladino con los Cruzados. Con estrategias así elaboradas, difícilmente entrarán en soluciones tácticas duraderas. Pero lo que ignoran ambos es que la historia también avanza con su propia estrategia, que nadie conoce por suerte, la cual sólo tiene segura una cosa: acabar con los viejos delirios para imponer otros nuevos. Viejos delirios que ambos bandos en conflicto encarnan.

- ¡Pero no podemos dejarlo todo en manos de la Historia! –les replico, algo sorprendido por su actitud.

- ¡En absoluto! ¿Acaso nos resignamos nosotros? Obligación nuestra es inventarnos en el día a día el futuro. Aquí está el reto: no oponerse al Tiempo, sino ayudarlo con nuestras propias ideas y delirios. Piensa que los grandes poderes del mundo hace décadas que están en este empeño, inventándose el mundo en el que vivimos, ¿qué otra cosa es sino la tan cacareada ideología neocón? Por suerte, ellos defienden lo viejo, de modo que todo lo que inventan es un mero sucedaneo de lo nuevo, pues jamás darán ni aceptarían el veneno que los mata. En cambio, los que inventamos desde la indiferencia y la distancia, tenemos más posibilidades de dar con lo nuevo que el Tiempo y la Historia pueden incluir en su seno. Como ves, nada de resignación sino todo lo contrario: ¡elaboración decidida del futuro!, pero sin ambición alguna de presente.

Los dejo pensativo, admirado de tanto arrojo y confianza. ¡Y pensar que son dos viejos jubilados que jamás han salido de Barcelona! Su postura es clara: inventarse el propio futuro para poderlo anteponer al que nos quieren inventar los otros. Me digo que debo volver más a menudo a la playa, para pasear con ellos por las siempre tan dramáticas orillas del Mar Mediterráneo.

miércoles, agosto 30, 2006

Reflexiones sobre el Líbano a finales de agosto.


Querido bloguero, ha pasado agosto y la guerra del Líbano parece que ha llegado a su fin. Sin embargo, el suelo de aquel frágil país sigue temblando aún, no sólo de indignación, sino también convulsionado por el terrible panorama de destrucción que han dejado tras si los bombardeos israelíes.

La realidad de la guerra muestra sus efectos y el país entero debe acomodarse a una agenda que le ha sido impuesta de improviso y que desde luego no figuraba en sus previsiones. Creo que hemos sido testigos una vez más de esta nueva estrategia inventada por los ideólogos de la ultraderecha americana consistente en “crear nuevas realidades”, tirando por la borda los equilibrios y las componendas habituales que solían mediar en los conflictos. Es decir, “crear nuevos escenarios por la vía de la imposición militar y los hechos consumados”.

Se trata de una estrategia de corte evidentemente imperialista que se pretende de largo alcance, muy defendida por los llamados “ideólogos neocons”, y que postula la acción directa y decidida de “hacer historia”, dejando para los demás las labores de interpretarla, de adaptarse a los nuevos escenarios, de cura de las heridas, etc. Así, el poderío militar americano, teóricamente imbatible, sería el encargado de abrir las nuevas realidades reventando las situaciones enquistadas de bloqueo a su expansión estratégica (Irack, Siria, Irán…) mientras sus aliados sólo medianamente militarizados (Europa, Japón, Canadá, Australia…) serían los encargados de la labor secundaria de asistencia post-traumática.

A esta estrategia, hasta ahora practicada por los EEUU, se ha adherido Israel con su última campaña en el Líbano, así como en sus tácticas de acoso y derribo de la sociedad palestina. Una muy peligrosa decisión del estado judío, porque su situación geográfica la convierte en agudísima y a la vez en fragilísima punta de lanza de los ideólogos imperiales americanos.

¿Se ha dado cuenta la sociedad civil israelí de la terrible situación en que ha dejado a su país vecino, el Líbano, con el que tiene más puntos de contacto y más posibilidades, a corto y largo plazo, de entablar relaciones provechosas y normales de vecindad? Es como si los americanos, enfadados porque entran tantos inmigrantes ilegales por las fronteras de Méjico, decidieran un día bombardear a este país dejándolo arruinado y en total bancarrota. Por muy agresivas y violentas que sean las mafias fronterizas, me extrañaría que el gobierno de los EEUU decidiera un día declarar una guerra total de destrucción a Méjico.

Lo mismo se podría decir respecto a los palestinos. A no ser que no exista, por parte israelí, voluntad alguna de llegar un día a mantener mínimas relaciones de buena vecindad con sus vecinos más inmediatos.

Es decir, Israel ha querido actuar con idéntico lenguaje al de su gran valedor, los EEUU, sin tener en cuenta que las probabilidades de éxito de esta estrategia radical no están en absoluto garantizadas, al menos a corto plazo. Y para los países y sociedades implicados y cercanos a los escenarios cambiantes, es decir, los que necesitan ser “dinamitados y recompuestos” según las doctrinas del expansionismo global, hablar de “corto plazo” es hablar de guerra, destrucción y muerte. Puede que a largo plazo las tesis imperiales globalizantes acaben ganando la partida, aunque es posible que para aquel entonces sean otros poderes regionales los que se aprovechen de los resultados. Pero los pueblos y países situados en las “zonas de cambio” deberán sufrir por ello los azotes más cruentos de la guerra.

Ridículo para Israel: cuando existan nuevas fuentes de energía substitutorias del petroleo (esperemos que ello ocurra pronto y sean libres y baratas), su enroque geoestratégico ya no tendrá ningún sentido y, cómo los demás países del Mediterráneo, deberá contentarse en vivir básicamente del turismo –si es que en aquel entonces queda en pie alguna piedra por enseñar y algún judío para hacer de guía…

El peligro de la estrategia neoconservadora americana es que se lleve con ella a varias generaciones de sociedades culturalmente avanzadas. ¿Será capaz de resistir Europa las consecuencias tremendas de esta estrategia delirante? ¿Cuántas generaciones deberán pasar para que los odios de las poblaciones más afectadas entren en su declive? ¿Aguantará muchas décadas más Israel su conversión en un estado militarizado? ¿De qué manera se podrán plantear, en estos escenarios casi apocalípticos, los urgentes problemas de supervivencia de la especie en el planeta? Preguntas que requerirían rápidas respuestas.

viernes, agosto 11, 2006

Israel y sus delirios.

Sigo, querido bloguero, con el tema ese de la destrucción del Líbano que acapara la actualidad y las conciencias aun despiertas de Europa.

La situación es la que sigue: todos nos extrañamos de que un país democrático pueda recurrir a las matanzas indiscrimanadas de inocentes (con este terrible alto porcentaje de niños en el cómputo) y al derribo planificado de infrastructuras civiles, pero los defensores de Israel lo justifican porque están en guerra, y en la guerra, por lo visto, todo vale. Esto lleva a la indignación de los que todavía piensan que en el mundo hay un futuro distinto a la simple militarización del planeta. A los más motivados emocionalmente en el conflicto, ansiosos de responder con la misma moneda y de participar ellos también en la matanza, lleva al terrorismo.

Tras leer muchos comentarios, me parece que el fondo de la cuestión se halla en el tipo de estrategia seguida por el estado de Israel desde su fundación, basada en el acoso y en la guerra. Tras el fin de la segunda guerra mundial, el sionismo se consolidó como un movimiento fundacional necesitado de tierras dónde instalarse, uniendo los principios de defensa con los de conquista. Se defiende conquistando, se conquista para defenderse. La ocupación de tierras se legaliza por el principio de los hechos consumados tras aplicar la ley del más fuerte. Si eso no funciona “a las buenas”, se consigue “a las malas”. Esta fusión entre el discurso defensivo y el discurso guerrero es lo que constituye la esencia de la estrategia israelita. Algo que se explica por las terribles circunstancias que generaron la creación del estado de Israel. Que las naciones de Europa se sacaran el problema de encima trasladándolo a Palestina, es un hecho consumado del que es imposible a estas alturas decir nada.

Todo movimiento fundacional parte de un mito, e Israel lo tenía bien servido: volver a la Tierra Prometida e instalarse de nuevo en Jerusalem tras dos mil años de ausencia. Que hubiera por allí habitantes y propietarios era un detalle que no debería ser obstáculo a la gran misión. Se comprende que con esta fuerza fundacional del mito que la sustentaba, más la experiencia del Holocausto, Israel naciera con una energía imparable.

Pero cuando uno llega a un sitio y quiere instalarse en él para prosperar y tener una vida agradable, lo propio es llevarse bien con los vecinos. Sin embargo, resulta que los vecinos eran los dueños de las tierras que ellos querían para si, y por lo tanto, nada de relaciones vecinales. Y lo que al principio fue un problema secundario de minucias resuelto con decididas artimañas, se fue convirtiendo en un problema cada vez mayor.

Un problema irresoluble porque en ningún momento Israel puso en cuestión su estrategia de acoso y ocupación. Lo confirma el hecho de que en todos los casos que han habido de tranquilidad y cese el fuego con los palestinos, en vez de aprovecharlos para sentar mínimas bases de encuentro, los israelitas han roto sistemáticamente las treguas, con gestos represivos exagerados que volvían a desencadenar la dinámica de acción y reacción.

Si buscaran realmente soluciones de verdad, ¿por qué ensañarse con la población civil palestina, y ahora con la libanesa y su precario estado, cuya mayoría no comparte los odios de los grupos extremistas? Todo el mundo sabe que el terrorismo no se vence con represiones ciegas y generalizadas, sino con soluciones policiales y políticas combinadas. Pero con su estrategia de acoso sistemático, el resultado no puede ser más que aumentar el volumen popular del odio, incorporando a muchas personas que antes eran críticas con los extremistas.

Por ejemplo, hubieran podido hacer una intervención quirúrgica contra Herbolá, que hubiera encontrado la neutralidad de las demás facciones libanesas y así congraciarse de alguna manera con el movimiento popular antisirio que ha surgido espontáneamente en los últimos tiempos. Pero eso, por lo visto, les interesaba poco. La opinión de los libaneses es un cero a la izquierda. Han optado por la brocha gorda, por la pura lógica conquistadora, expansiva y militarista, que desprecia a todos sus vecinos, cuyas vidas no valen nada.

Tal vez se buscaban resultados estratégicos muy bien calculados por los analistas, pensando en Irán como foco del problema, pero la realidad sorprende siempre a los delirantes. Herbollá es un partido libanés y sus milicianos gente arraigada a la tierra que defienden. Nacidos para defenderse y atacar al invasor israelí, han aprendido muy bien de sus derrotas y saben cómo enfrentarse a un enemigo superior. Su gran baza es el fanatismo religioso, que les hace perder el miedo a la muerte.

El resultado es que en la práctica y en el día a día, Israel no hace más que rodearse de una marea demográfica de odio que ven a Israel como un estado anómalo, aborrecible y criminal. ¿Es esto una táctica inteligente? Lo es sólo si se parte de una única premisa: lo importante es la guerra, pues así conquistamos nuevos territorios y consolidamos los que ya hemos conquistado. ¿Pero acaso pretenden conquistar el Líbano? Saben que no se les permitiría. ¿Entonces por qué enemistarse con todo el país entero, que será siempre un país vecino, el más próximo y avanzado de la zona? ¿Sentían talvez celos de su florecimiento turístico justo cuando éste empezaba a despuntar? No hay que menospreciar este último factor.

Seguramente buscan resultados a largo plazo, pensando que en cincuenta o setenta años, Israel será dueño de todo Oriente Medio, tras haber aplastado cualquier resistencia a su alrededor. Los americanos, por su parte, allanan el terreno con sus intervenciones en la periferia. Pero creo que esto es “soñar tortillas”, como decimos en catalán. A largo plazo, Israel tiene las de perder, por varios motivos: 1- por demografía, pues los países árabes se multiplican mucho más, 2- por acumulación del odio: al cruzar los umbrales de lo soportable, los odios acumulados generan movimientos súbitos que nadie puede prever, así como grupos guerrilleros que no temen la muerte, 3- por cambios en el equilibrio mundial de fuerzas: nada asegura la perennidad de la supremacía israelita-americana, 4- por acanallamiento moral: convertirse en un país fuera de la ley es cada vez más difícil e insoportable en un mundo interdependiente, 5- por enardecimiento de las poblaciones árabes periféricas, convenientemente excitadas por la inteligente estrategia americana en la zona (Irak, etc), empeñada en sumergirlas en el caos.

Una postura así no busca soluciones. La única solución para ellos es que nadie se les enfrente, que haya sumisión total de los vecinos, de los enemigos y de los amigos que ven con ojos críticos su acción. ¿Puede eso triunfar a la larga?

Su último delirio es caer en el juego de las estrategias regionales: lo iniciaron los EEUU en Irak, con los resultados catastróficos bien conocidos por todos. Juegan a ello igualmente los dirigentes iraníes y los burdos servicios secretos sirios, empeñados ambos en su supervivencia. Tambien Hamás y Herbolá se han dejado arrastrar por esas ilusiones. El juego consiste en pensar que es posible cambiar países, poderes y equilibrios regionales desde los despachos de los estrategas y los analistas, a bombazos y a base de emocionales conspiraciones suicidas, o con la ayuda de los satélites y los misiles. Al adoptar esta línea, Israel deja de ser un país arraigado en la región (es decir, solidario con sus vecinos) y se convierte en un ente extraño a ella (lo mismo, por cierto, que le puede pasar a Herbolá, al ponerse tan descaradamente bajo la órbita de Irán, aunque su matirio en el campo de batalla puede mitigar este peligro). ¿Busca así Israel consolidarse? Cuando más se mueva y alardee de músculos, más pegados tendrá a las terroristas que se arriman a su cuerpo para morir juntos. Es como si quisiera sacarse los moscones de encima enbadurnándose de mieda.

Así parece avanzar Israel: rodeándose de enemigos que le siguen con odio mortal. Como tienen la bomba atómica, pueden morir matando. ¿Es éste su destino? ¿A dónde les llevará su delirio?

miércoles, julio 26, 2006

Declaración de la Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo.

Adjunto, en castellano y francés, la declaración que hemos hecho desde la Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo de la que formo parte, en relación a la crisis del Líbano.

La Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo, constituída por varios titiriteros de distintos países mediterráneos, quiere manifestar su repulsa por el ataque indiscrimado y criminal de Israel al Líbano.

Consideramos que bombardear aeropuertos, barrios residenciales, centrales eléctricas, puentes y carreteras, sin el mínimo respeto por la vida de los civiles inocentes, constituye una actitud inadmisible, condenable y criminal, indigna de un país que se quiere civilizado, en absoluta contradicción con la racionalidad y el sentido común que debe imperar en la relación de los pueblos y los países entre si. Los problemas, por muy complejos y graves que sean, jamás pueden ser resueltos desde el asesinato y la muerte generalizada. Los Estados se deben a la ley, y existen suficientes maneras de resolver los contenciosos sin recurrir a la destrucción sistemática y al crimen.

Como titiriteros y personas libres que defendemos de un modo activo el entendimiento entre las culturas de los distintos países mediterráneos, exigimos a la comunidad internacional y a los países europeos en especial, que pongan freno a este ataque indigno y criminal, exigiendo a Israel que regrese de una vez por todas a la razón y al sentido común de la ley que respeta, por encima de todo, la libertad, el bienestar y la vida de las personas.

Toni Rumbau – Cia. La Fanfarra – Barcelona
Stéphanie Lefort - Théâtre le Guignol de Lyon - Compagnie des Zonzons - Lyon
Karim Dakroub – Festival de Títeres de Beirut
Habiba Jendoubi – Titiritera de Tunis
Participan también en la Red los Festivales de Marionetas de Beirut, Istambul y Lyon.


Déclaration du Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerranée.

Le Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerranée, constitué par plusieurs marionnettistes de différents pays méditerranéens, veut manifester son désaccord contre l’attaque violente et inconsidérée d’Israël au Liban.

Nous considérons que bombarder aéroports, quartiers résidentiels, centrales électriques, ponts et routes, sans le moindre respect pour la vie des civils innocents, constitue une attitude inadmissible, condamnable et criminelle, indigne d’un pays qui se veut civilisé, en totale contradiction avec la rationalité el le sens commun que devraient inspirer les relations des peuples et des pays entre eux. Les problèmes, mêmes s’ils sont très graves et compliqués, ne peuvent jamais être résolus avec l’assassinat et la mort généralisée. Les États se doivent de respecter la loi, des processus de résolution des conflits existent qui permettent de surmonter les crises sans en passer par la destruction systématique et par le crime.

Le Liban, le peuple libanais ne saurait payer de son sang des conflits qui prennent leur source en d’autres territoires.

Comme marionnettistes et personnes libres, nous défendons d’une façon active l’entente entre les cultures des différents pays méditerranéens, nous exigeons de la communauté internationale et des pays européens en particulier, qu’ils mettent fin à cette attaque indigne, de même que nous demandons à Israël de retrouver une fois pour toute la raison et le sens commun de la loi qui respecte, avant tout, la liberté, le bonheur et la vie des personnes.

sábado, julio 22, 2006

Vivir en el mito: las cadenas del pasado, las alas del futuro.

Nacer bajo el impulso del mito es lo normal en cualquier fundación de una nueva ciudad o de un nuevo estado. Forma parte de la tradición humana. En el caso de Israel, su mito fundacional es una suma de contenidos simbólicos todos ellos de alto calibre: a- regreso a la Tierra Prometida tras dos mil años de ausencia, b- se acabó la diáspora, el judío errante encuentra por fin una tierra dónde instalarse, que además es la suya propia, de allá dónde procede, c- perseguidos por todo el mundo, diezmados por el horror nazi, los supervivientes hallan por fin una base sobre la que levantar un proyecto de futuro capaz de juntar libertad, dignidad y bienestar. Un proyecto con esta base mítica fundacional, tiene el futuro asegurado, al menos a corto plazo. Así se ha podido comprobar, al levantarse de la nada y convertirse en un país moderno, eficiente y democrático.

Sin embargo, el problema surge cuando del mito fundacional sobresalen y se imponen aquellos contenidos que tienen que ver más con el pasado y, consecuentemente, con una visión sesgada de la realidad. Creo que eso es lo que le ha ocurrido a Israel, al haberse impuesto una visión propia del mundo, de ellos mismos y de los territorios dónde se han afincado, en la que importa más el derecho y la legitimidad jurídica proveniente del pasado –cuya continuidad ha sido interrumpida por nada menos que dos mil años–, que la basada en la realidad. Una legitimidad, por lo tanto, que encuentra sus bases en mitos del pasado.

Nada que decir a ello, si el presente no da problemas. Pero si los da, entonces, el resultado es lo que se observa día a día en Isarel: si la realidad no gusta, se la substituye por la deseada.

Creo que la única posible solución para su supervivencia, es la de inventarse un nuevo mito fundacional de futuro. Es decir, invertir las referencias, dejar el pasado como simple punto de partida, y ponerse a inventar un proyecto de futuro en el que Israel se inscriba en la realidad de la zona, capaz de integrar a sus vecinos, y no en una realidad falsa o inventada de la misma.

Parece fácil, e incluso pensarán muchos que Israel ya tiene este proyecto, pero muy me temo que es una empresa de las más difíciles de hacer. Sobretodo porque el choque con la realidad ha sido tan traumático, que las heridas son muchas y los males tal vez irreversibles. Desde luego, requiere de una nueva generación de políticos capaces de querer enfrentarse a los problemas desde la complejidad y la aceptación de la realidad. Eso exige abandonar las recetas militaristas que no son más que la expresión de una actitud retrógrada y simplista, impropia de las exigencias de nuestra época. ¿Puede hacer esto Israel? Yo creo que sí, materia gris tiene suficiente para ello, y tarde o temprano el choque les debería hacer ver la realidad verdadera, no la inventada. El problema es que se hayan cruzado umbrales peligrosos de no retorno. Con un cambio en la política americana cabría ser optimistas. O con el derrumbe de la misma. Aunque entonces tal vez sea demasiado tarde.

No se dan cuenta los israelitas que sus vecinos y enemigos tienen también proyectos de futuro, algunos de los cuales pueden llegar a implantarse, aunque sea en un estadio muy embrionario, pero con más fuerza de la que se imaginan. Sólo necesitan una perspectiva de aceptación de la complejidad por un lado, y el arrojo necesario para desatarse del pasado y enfocarse hacia el futuro. Los palestinos, conducidos sistemáticamente a callejones sin salida, podrían alcanzar este umbral de asentamiento mítico. El problema es que están demasiado “enganchados” a la realidad israelita, habiéndose constitutído con el tiempo en una verdadera “sombra” de sus enemigos –atrapados por la dinámica acción-reacció, sin posibilidad de distanciarse de ella. Pero quiénes sí podrían hacerlo son los libaneses descendientes de sus últimas generaciones guerreras.

El Líbano es un taller o laboratorio increíble para el desarrollo de los nuevos paradigmas políticos basados en la complejidad. Tanto su historia como su misma realidad física se basan en la complejidad de su entramado social, en el que se cruzan tranversalmente todas las diferencias étnicas, religiosas y culturales de la región. La larga guerra civil sirvió para que las facciones se conocieran unas a otras hasta la médula, y tras combatirse entre si durante quince años, los viejos líderes volvieron a juntarse en un único parlamento en cuanto se hizo el alto el fuego definitivo. Es cierto que no se ha llegado muy lejos en la articulación de un funcionamiento normal del estado (cómo la actual crisis pone de relieve), pero ésta debería ser la labor de los políticos más jóvenes, sucsores de los líderes guerreros.

Ahora, el país vuelve a estar sacudido por las fisuras de siempre, la fragmentación sale a flote ante la nueva situación de ruina y catástrofe, pero tal vez es posible imaginar que la síntesis de esta fragmentación, que el asesinato de Hariri provocó, se acentúe como reacción colectiva al descabellado ataque de Israel. Si ello sucediera, Líbano podría convertirse en el país con más futuro de la región, al asentarse y posicionarse sobre unas bases fundacionales nuevas que partan de la realidad estricta, acepten la tremenda complejidad en la que se encuentran (tanto local como regional e internacional) y se orienten hacia el futuro de la región, dibujando los papeles que cada sujeto de la zona deberían tener en él.

Si ello ocurriera, el país de los cedros, gran perdedor de esta última contienda, podría convertirse en el verdadero vencedor. En efecto, Israel lo tiene muy difícil para reinventarse como país capaz de integrar la región: su espíritu guerrero y la acumulación de odios circundantes encierran a este país en un verdadero cascarón mítico que lo ancla en el pasado y le impide proyectarse hacia el futuro. Y hoy en día, un país que no se invente su propia realidad proyectada al futuro, acaba sucumbiendo a los que sí la tienen.

¿Podría el Líbano actual, tras surgir de las cenizas de su último incendio, renacer e inventarse como un país nuevo, atado a un pasado glorioso y trágico, pero dotado de un aliento fundacional que sitúe sus referentes en el futuro? Difícil pero posible.

Futurologías estratégicas.

Imaginemos por un momento que Israel siga con sus trece, Siria acabe entrando en el conflicto y tras ella lo haga Irán. Es de suponer que la táctica utilizada en Líbano debe ser un ensayo general para lo que les gustaría hacer en esos otros dos países. Supongamos ahora que lo hagan. ¿Cuál sería el resuiltado? La destrucción de estos países y el desplome de sus gobiernos, incapaces de sobrevivir al caos consecuente. Sería una situación como la que se vive en Irak, pero multiplicada por tres y por cuatro, dadas las dimensiones de los dos países afectados.

¿Sería esto un escenario ideal para Israel? Tal vez sus estrategas piensan que si. Pero lo que está demostrando Irak es que los países árabes son unos volcanes sólo mantenidos a raya por sus respectivos gobiernos corruptos, encargados de reprimir cualquier atisbo de rebelión o independencia. Caídos estos gobiernos, se disparan las energías contenidas y el país explota. Al principio, la anarquía se neutraliza a si misma, pero a la larga, encuentra su propia dirección, se canalizan las dinámicas y emerge una nueva fuerza muy superior a la anterior, curtida por la muerte y la experiencia guerrera. Estas fuerzas rápidamente dirigirían su atención al origen de sus desgracias: Israel. Puede incluso que entonces, otro tipo de empuje haya substituído al religioso, aunque lo más propio es pensar que éste seguirá: el fanatismo sigue siendo la mejor arma guerrera.

Veamos qué pasa en Líbano una vez acabe la oleada de destrucción. Es un misterio saber como reaccionarán sus pobladores. Desde luego, el odio a Israel, que les ha destruído su país y sus esperanzas de recuperación, será mayoritario, incluso entre sus antiguos aliados. Ya durante las manifestaciones antisirias, sorprendió a todo el mundo el repentino sentimento patrio de muchos libaneses, algo nuevo en este país fragmentado como la piel de un cocodrilo. Podría ser que la agresión israelí acentuara esa identificación colectiva. El problema estará en como encaja Herzbolá en el conjunto –en el caso de que sobrevivan como formación política. Supongo que los estrategas del Partido de Dios piensan que los libaneses, admirados por su resistencia y compasivos con las muertes cosechadas, se pondrán a su lado. Podría ser que hubiera algo de eso. Pero las fidelidades en Líbano son muy sólidas en sus distintas comunidades, y las pendencias de siempre entre las facciones volverán a emerger, con más virulencia si cabe, ante la rabia del entorno desolado y en ruinas. Por lo tanto, lo más seguro es que haya petición de responsabilidades. Dudo que Herzbola haga un mea culpa y pida excusas a los libaneses. Más bien cabe esperar enfrentamientos. Si se quedan en el parlamento y se llega a acuerdos, perfecto. Pero cuesta imaginarlo. Difícil imaginar en un mismo gobierno partidos unos en estado de guerra y otros que sólo quieren vivir tranquilos y dedicarse a los negocios.

Sin embargo, también es posible que la larga experiencia de los libaneses en guerras civiles les haya vacunado en este tema, y que se resistan a caer de nuevo en la querella armada. Eso sería lo mejor que le podría pasar al país de los cedros. Lo que hace verosímil esta posibilidad es el hecho de que sus pueblos ya están acostumbrados a vivir juntos siendo todos diferentes. Hay que pensar que los mismos contendientes que lucharon entre si durante la guerra civil, luego ocuparon sus puestos en el parlamento cuando llegó la paz. O sea que aparentemente, no hubo ni vencidos ni vencedores, lo que lleva a pensar en la inutilidad de tantas muertes. ¿Conseguirá ese logro el Líbano?

Si el incendio se ha extendido a Siria e Irán, sumándose al de Irak, lo más probable es que el estado de guerra en la región se generalice y se enquiste, lo que no sólo daría al traste con las posibilidades antes apuntadas, sino que inlcuso podría borrar del mapa a los mismos países de la zona. Sería difícil para el Líbano sobrevivir metido en el medio de todo este conflicto. Seguramente, eso es lo que buscan los partidos de la guerra: incendios globales. Los del bando islámico, pensarán que con el fervor y el odio pueden aguantar y vencer. Los del bando israelí y americano, pensarán que la superioridad militar es lo decisivo, y que ante las nuevas tecnologías de la destrucción, no hay fervores que valgan. Los grandes perdedores de tan “inteligentes” estrategias no sólo serán los libaneses y todas las poblaciones tranquilas y pacíficas de la zona, que son la inmensa mayoría, sino los propios europeos.

Aunque tal vez entonces surja una nueva generación de políticos capaces de anteponer la valentía y el ardor de la razón compleja al simplicismo retrógrada y suicida de los monoteísmos nacionales, imperiales y militaristas. ¡Ojalá!

martes, julio 18, 2006

El calvario de los Palestinos.

La “ayuda” brindada por Herbolá a los Palestinos de abrir un segundo frente en el Líbano, además de hundir a este país en la ruina, me parece que será igualmente nefasta para los propios Palestinos. Así parecen haberlo visto los israelitas, que de inmediato se han agarrado al ataque chiíta para extender el conflicto palestino hacia unos parámetros más clásicos de “guerra entre naciones”, dónde por lo visto “no hay porqué avergonzarse de nada” y tienen, como siempre, todas las de ganar. De paso, al asociar la resistencia palestina al ataque de países extranjeros, tienen las manos libres para actuar con doble impunidad y ya sin reparo alguno en el patio trasero de Gaza y Cisjordania.

Que el resultado de esta jugada israelita sea la destrucción del Líbano, el peligro (para ellos irrisorio) de una extensión del conflicto a Siria e Irán (qué oportunidad más buena para la “cirujía militar” que tanto ansían hacer en estos países) y el derrumbe definitivo de lo poco que queda del incipiente estado palestino, poco importa. Lo importante es el objetivo número uno: la supervivencia de Israel y su creciente acomodo en las tierras ocupadas. Con la destrucción del Líbano, y si se tercia, de Siria e Irán, se ganan unos diez o veinte años de retraso en el rearme de sus enemigos. Y de paso, se sigue machacando a los Palestinos.

La intervención de Irán en el conflicto palestino, que sirve únicamente a los intereses de los mandatarios de este país en su forcejeo por el tema nuclear y en su posicionamiento en la región, muestra el grado de acanallamiento de la política en esta parte del mundo, que tanto EEUU como Israel han procurado excitar al máximo, elevándolo al paroxismo. El régimen de los Ayatolás busca lo mismo que Israel: su supervivencia. Pero mientras en Israel es todo el país el que se identifica con los deseos de supervivencia, en el caso de Irán es sólo el gobierno, pues la gente en general no se siente amenazada por ningún peligro exterior. Tal es el problema de los gobiernos despóticos, y la desventaja que tiene respecto a Israel. Por eso sus dirigentes buscan como sea el conflicto, para ver si así el pueblo les sigue en su huída hacia adelante. Una huída que, como la historia demuestra, acaba siempre en desastre, pagando las poblaciones los delirios y las ansias de poder de sus gobernantes.

Es curioso que Herbolá se haya dejado arrastrar por Irán. Por un lado, entra en la lógica de los hechos pues es una creación suya, pero por el otro, la singularidad de los chiítas libaneses, que habían entrado en el gobierno y parecían dispuestos a aceptar las reglas normales de juego, con estudiadas políticas de imagen y cierta implicación en el negocio turístico, hacía pensar que serían más sensatos. Su acción es en realidad un suicidio político: tal vez los libaneses arrimen hoy el ombro todos con todos ante la agresión israelita, pero tras los bombardeos, llegará el ajuste de cuentas. Y los platos rotos serán tantos, que se les pedirá explicaciones. Si ellos empezaron la juerga, que la paguen. Cómo mínimo, deberán entregar las armas, y sin ellas, se deshincharán sus humos. Aunque lo más probable es que no quieran, arrastrando al país a nuevas querellas interiores.

Para concluir, de todo lo dicho se infiere que pueda hablarse de “calvario” para los Palestinos: caídos en la trampa de la ayuda iraní, condenados por unos y mal utilizados por otros, se hallan sin escapatoria alguna, pues mientras antes todavía tenían la opción de poder marcar una cierta agenda de los hechos (al ser ellos el “único enemigo”), ahora ya no tendrán ninguna, arrastrados como estarán por el ciclón de la guerra, ajena y lejana, que sin embargo se seguirá cebando en ellos con el descaro y la criminalidad de siempre.

Sin duda Europa tiene una gran parte de responsabilidad en ello: ¿por qué se negó la victoria electoral de Hamás, abandonando a los Palestinos a su suerte y echándolos, como quién dice, a los brazos de los iranís? Pero los errores de Europa son tántos, que ya no viene al caso. Se explica por la ausencia de una política común. Aunque luego el resultado sea el incendio de la región. Ésa podría ser la gran oportunidad de Turquía: a cambio de ser los bomberos del incendio, poder entrar en la Unión Europea. Falta que quieran serlo y prefieran optar por la piromanía, alegando que “en aguas revueltas, ganancia de pescadores”. Tal vez entonces Francia recapacite y se avenga a la razón geoestratégica. Pero tal vez entonces ya sea demasiado tarde...

Por cierto, el gesto de Solana viajando a Beirut en plena crisis es lo único bueno que ha hecho Europa en todo este asunto. Ojalá sea el inicio de un cambio de rumbo y de una implicación mayor en la región. Por ejemplo, haciendo de la reconstrucción del Líbano una causa común europea –y exigiendo a Israel que asume los estropicios. Aunque ello sólo es posible si se combina con propuestas fuertes y serias de arreglo al problema palestino.

domingo, julio 16, 2006

Las contradicciones de Israel.

La dificultad de entender el comportamiento de Israel respecto a sus vecinos reside en la confusión dada entre sus planteamientos estratégicos aparentes y los camuflados. Aparentemente, la reacción de Israel atacando el Líbano se explica como una lógica respuesta de un país que es atacado por otro. Sin embargo, la cosa es más compleja. De entrada, no es el Líbano quién ha atacado, sino una guerrilla autónoma dentro del país. Y es que la acción de Herbolá le ha venido que ni pintada a Israel: por fin sufren un ataque de verdad, que permite respuestas que no requieren explicaciones. Ahora podemos responder y atacar como un estado normal, dicen –mientras en el patio trasero podemos seguir haciendo el trabajo sucio con los palestinos, cuya guerra equiparamos de paso con la legalmente condenable de los chiítas de Herbolà, a los que llamamos Líbano. Esta necesidad de ocultar el fiasco de su política criminal con los palestinos es lo que explica la altisonancia gratuita de su ataque al país de los cedros, buscando un enfrentamiento clásico generalizado con sus enemigos de siempre, en el que pueden desplegar sin vergüenza ni reparo alguno su potencial militar, y ganar todas las batallas.

La necesidad de tener dos estrategias, la una visible y la otra escondida, creo que proviene del miedo y de la resistencia camuflada que tiene Israel en buscar de verdad una solución a los problemas con sus vecinos. Conscientes de que su mismo origen como estado está marcado por una apropiación ilegal de tierras que tenían dueños y a los que se despachó sin contemplaciones de uno u otro modo, jamás ha pretendido resolver de verdad los contenciosos con sus vecinos palestinos, pues sabía que puestos bajo la ley, tenían todas las de perder. Su política, desde un principio, se ha basado en el principio de “los hechos consumados”, los cuales son inamovibles y deben ser aceptados por todo el mundo, guste o no guste a los que salen perjudicados. En realidad, el mismo proceso de creación y consolidación del estado consistió básicamente en crear una situación irreversible de “hechos consumados”. Las sucesivas guerras con los estados árabes vecinos sirvieron para “legitimar” estas apropiaciones, que así podían ser camufladas como “conquistas de guerra”. De ahí que la guerra sea tan importante para Israel: es la mejor excusa y el camino más claro para obtener “derecho” –el derecho de conquista y el que da la victoria y la superioridad militar.

Eso explica que cada vez que plantee una solución a cualquiera de los problemas gordos que tiene, en vez de utilizar las metodologías racionales propias de la resolución de problemas (reunión, mediación de un tercero, diálogo, intercambio de posturas, negociación, regateo, avance por pasos, etc), recurra al uso de la fuerza. Que el resultado sea una “reacción violenta” de los así tratados no importa (al menos a corto plazo): se los define como terroristas y los costes de su acción (hasta ahora pocos) es el precio que Israel debe pagar para ir creando “derecho de guerra”. El resultado de esta táctica es el conocido mecanismo de acción-reacción que al dispararse adquiere dinámicas aberrantes, como es la del recurso extremo de los suicidios-bomba, el destrozo de infrastructuras y barrios residenciales, la masacre de civiles, etc.

Esta táctica tiene una doble estrategia: por un lado, está la oficial esgrimida consistente en proclamar que su objetivo es buscar una consolidación definitiva del estado israelita a base de imponer por la fuerza una relación cordial y difinitiva con sus vecinos. Es evidente que esta proclamación, que es suficiente para sus naturales aliados (implicados éstos en mantener su viabilidad como estado), no cuela ni puede convencer a sus enemigos, pues lo único que en realidad busca es su rendición incondicional y el sometimiento total y absoluto a sus dictámenes. La segunda estrategia camuflada, que no puede ser dicha, pero que subyace y explica las tácticas emprendidas, es la ocupación sistemática de los territorios, haciendo la vida imposible a sus ocupantes para que se vayan, se sometan o simplemente se vayan al infierno. Esta segunda estrategia, que ningún israelita jamás aceptará, es sin embargo la que prevalece y se expresa con descaro en los actos de represión contra los plestinos.

La cuestión es saber si estos objetivos camuflados conseguirán finalmente realizarse. Parece a corto plazo que sí, pues no sé como van a seguir viviendo los palestinos en un infierno como en el que se encuentran. Pero el gran problema de esta estrategia es que no puede ser completamente explicitada, empujando literalmente a centenares de miles de seres humanos fuera de sus fronteras o mandándolos directamente al hoyo. La misma historia del pueblo judío impide la “solución final” que subyace en esta estrategia de acoso a los palestinos. Y ésta es su principal tragedia y contradicción, con la que tarde o temprano deberá enfrentarse. Contradicción de la que Israel puede salir muy malparado si espera demasiado en plantearse y resolver. La dinámica guerrera es ciega y el alegado principio de supervivencia, cuando es atizado por el miedo y la demagogia, puede conducir un país a la locura. El desproporcionado ataque al Líbano, que está arruinando injustamente a este país justo cuando intentaba levantar cabeza después de su larga guerra civil, es un ejemplo del acanallamiento al que puede conducir la dinámica militarista desatada.

El problema es que Israel cruce, sin darse cuenta, el Rubicón de lo soportable que haga irreversible su andadura. Sus victorias inmediatas podrán ser seguras, pero el desenlace histórico de su empeñó estará condenado al fracaso.

sábado, julio 15, 2006

Reflexiones indignadas ante el ataque de Israel al Líbano.

La actualidad, querido bloguero, nos lleva al Líbano para comprobar el altísimo grado de irracionalidad que impregna hoy en día la política local de aquella zona y, de rebote, la mundial.

Lo más extraño es constatar como el pueblo judío, considerado por todos como el más inteligente del mundo, se empantana y acanalla en Israel, transformándose éste en un país criminal, que no cree en la ley, capaz de sojuzgar a un pueblo entero y de aniquilar a decenas de civiles por el simple hecho de haber nacido palestinos. Pero lo que dispara todas las alarmas sobre la condición moral y criminal de este estado, es su respuesta al ataque de Herbolá, bombardeando aeropuertos, centrales eléctricas, puentes y zonas residenciales del Líbano, con el resultado sabido del número de víctimas siendo la mayoría civiles e inocentes. Un país como el Líbano, que recién empezaba a recuperarse de su larga guerra civil, que soñaba, tras la expulsión de los sirios, convertirse de nuevo en un país libre, abierto y acogedor, condenado de nuevo a ser el chivo expiatorio del fracaso suicida de la política occidental y del delirio criminal-paranoico de Israel. Bochornoso e indignante.

Es evidente que la victoria militar de Israel será grande, cosechará muchos triunfos, arrasará zonas, ciudades y poblaciones, o incluso hará retroceder veinte años al Líbano, como alardean sus ufanos oficiales asesinos. Incluso es posible, si nadie lo impide, que la destrucción alcance a Siria, cuyas fuerzas armadas pueden ser diezmadas, cuál ejército de naipes, por el avance arrollador de los tanques y aviones israelitas. Seguramente, si ello ocurre, habrá respuesta iraní y la derrota de ésta está igualmente cantada teniendo en cuenta la desproporción exstente entre los poderíos puestos en colisión.

Y, sin embargo, esta victoria tan apabullante y cantada, puede que sea el inicio del fin del mismo Estado de Israel. No se trata de una opinión emocional del momento, sino el resultado de una reflexión estratégica sobre el futuro de la zona y de los sujetos implicados. Son varios los argumentos que apoyan esta tesis:

1- en primer lugar, el fiasco americano en Irak, que ha ganado con claridad la guerra pero ha perdido estrepitosamente la postguerra, da pistas de por dónde podrían ir los tiros en una situación de caos generalizado en la región. El empantanamiento caótico sería el caldo de cultivo ideal para una resistencia sin control, lanzada a los extremos y peligrosísima. No sólo para Israel, sino para la misma Europa. Seguramente no se llegará tan lejos, y los bombardeos serán detenidos para no impedir que los gobiernos corruptos y viles de algunos de estos países sigan sujetando a sus poblaciones. Sin embargo, la debilidad de estos gobiernos hace pensar que las paredes que separan el orden del caos son muy finas.

2- al haber traspasado todas las fronteras del horror, Israel se está convirtiendo en un país tenebroso y totalitario, poseído por delirios asesinos que lo hacen incapaz de acogerse a cualquier solución racional y pragmática de los problemas, un país por lo tanto indigno y criminal, únicamente sostenido por unos EEUU igualmente empantanados en su canallismo imperial que no respeta las leyes ni el sentido común. Un país así, repudiado por la comunidad internacional, hundido en la vejación y el fascismo militarista, tiene hoy en día poca viabilidad. Un mundo que tiende hacia la interdependencia, que busca el pragmatismo de los intercambios y la elaboración de respuestas complejas a situaciones complejas, y que tarde o temprano tendrá que plantearse el tema de la supervivenca global de la especie en el planeta, no puede perder el tiempo ni encallarse en conflictos absurdos fruto de planteamientos trogloditas, de cuando las sociedades se organizaban en tribus. Países de tales características son como muelas podridas que una buena dentadura necesita sacarse de encima. Un peligro éste que parece mentira no sea visto por los propios israelitas, cuya fama de inteligentes es tan grande.

3- el otro argumento para pensar que Israel puede acabar muy mal por muchas victorias militares que gane hoy, es de tipo más bien histórico y estratégico: la zona ha vivido ya situaciones parecidas en otros tiempos. Los cruzados en la Edad Media se hicieron fuertes en Palestina un par de siglos, pero el aluvión árabe acabó sacándoselos de encima, a la primera ocasión político-militar surgida. La velocidad de los cambios de hoy en día debería hacer pensar a los israelitas. Lo que antes tardaba décadas en fraguarse, hoy ocurre en horas y días. Oriente Medio no es el Oeste de los americanos, dónde fue posible eliminar sin contemplaciones a Apaches y Sioux de la zona. Las poblaciones locales tienen una resistencia tremenda a desaparecer del mapa, y su capacidad de multiplicación es inaudita, por mucho que se les mate. El caso palestino es altamente ilustrativo. El momento actual, marcado por la dinámica incontrolable de los llamados “sistemas emergentes”, lleva a pensar que esta zona muy masificada y altamente afectada por el trastorno y el desbarajuste, puede dar más sorpresas de las pensables.

4- una consideración a añadir está relacionada con la misma psicología de los judíos, que tan íntimamente ha impregnado los cimientos del Estado de Israel. Un pueblo secularmente perseguido, que en pleno siglo XX sufrió un descomunal holocausto, tratado como el chivo expiatorio colectivo de tantos y tantos pueblos de todos los continentes, es normal que al convertirse en Estado, genere una psicología de tipo paranoico que le obligue a situar el tema de la supervivencia –y, por lo tanto, de la defensa– en el centro de sus más íntimas procupaciones. Esta paranoia incrustada, si no es tratada por oportunas medidas de sabiduría y autocorrección, no crea seguridad, sino todo lo contrario, la más feroz de las inseguridades, lo que provoca comportamientos patológicos como los que a diario vemos por televisión. Una patología criminal asociada a los últimos artilugios de la ciencia armamentística y al delirio militarista es la mejor fórmula para firmar una segura sentencia de suicidio colectivo. Que se lo pregunten a los alemanes (¡sus verdugos de antaño, increíble!), a los Pol Pot y compañía, a las tiranías que se mantienen erguidas mientras dura la erección de sus miembros tensados. Pero por muy duradera que sea una erección, siempre acaba desfalleciendo. Ley de vida. Y el día que decidan relajarse, puede que los vecinos decidan que les ha llegado la hora de tensarse ellos…

5- la ciencia habla de “umbrales críticos”, y este concepto se aplica también en la sociología de los cambios y las emergencias. Parece que Israel esté empeñada en cruzar varios “umbrales críticos”: de entrada, el que hace que respuestas en un principio justificadas por razones de seguridad y supervivencia, acaben derivando en pura patología criminal, en abuso sistemático contra vidas civiles inocentes, en masacres y matanzas sin sentido, en genocidio encubierto y en eliminación sistemática de las mínimas condiciones de vida. Luego está el “umbral” de lo que es soportable o “tragable” por las opiniones y la ética mundial de los pueblos y las naciones respecto al comportamiento criminal de un país: por mucho que Occidente calle, el mundo es hoy en día un foro abierto donde las noticias corren como la pólvora. Los hechos y las imágenes hablan por si solas y desmienten las palabras tecnocráticas de los políticos que intentan justificar lo injustificable. El “viva la muerte” y el pozo moral en el que está cayendo Israel, cuya profundidad parece estar importándole un pepino, está cruzando todos los límites de lo tolerable, especialmente para las poblaciones circundantes y no tan circundantes que todavía no tienen la “gran suerte” de vivir atontadas por el consumo. Poblaciones cada vez más políticamente concienciadas, con información de primera mano e inmersas en profundos y acelerados procesos de “modernización” en el uso de tecnologías de última generación. Una bomba de relojería que crece a ritmos galopantes ante la miopía troglodita de los estrategas tribales americanos e israelitas. La complejidad de este entramado explosivo es un toro loco capaz de atacar con mil cuernos a la vez. Su despertar puede ser lento, pero el día que despierte, la plaza se llenará de muertos.

6- hasta ahora, parece que son los israelitas quiénes marcan la agenda de la política internacional americana. Política basada en sus delirios paranoicos y que se traduce en una agresividad impositiva de brocha gorda, impregnada de una simplicidad de espíritu patológica y armada hasta los dientes... Lo malo de las posturas simplistas es que acaban siempre estrellándose contra la realidad. Realidad que se hace cada día más compleja, contradictoria e impredecible. El choque puede ser brutal, y por muchas armas que se tengan, los poderíos extralimitados acaban deshinchándose y se convierten en inoperantes. ¿Quién sostendrá entonces a Israel? Cabe imaginar muchos escenarios, a cuál más caótico y apocalíptico, pero lo más seguro es que no serán nada amables con el estado judío.

En fin, reflexiones de índole estratégico que surgen de la indignación y que intentan explicarse “la razón de la sinrazón” de los actuales gobernantes israelitas y su ataque inhumano y criminal al Líbano.