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martes, agosto 22, 2006

La caída en picado del pasajero de avión.


Me acuerdo de niño cuando los aviones de línea eran caros y escasos, y se trataba al pasajero como si fuera un privilegiado al que se debía agajasar lo máximo posible. Supongo que la razón era más que nada para vencer el miedo natural a volar de la gente: gracias a un trato mimoso, se convencía a los que tenían que viajar que lo hicieran en avión. Más peligroso, pero más rápido y, sobretodo, un lujo.

Luego las líneas aereas se fueron consolidando, desaparecieron las líneas marítimas regulares, y volar se convirtió en habitual. El trato de mimo y privilegio se mantuvo, aunque ya rebajado por los primeros síntomas de normalización. El plástico empezó a substituir a los metales y al crital, y la comida bajó unos cuantos grados de calidad.

Ya sabemos lo que ha ocurrido en los últimos años: profusión de compañías de bajo coste, gran pelea por bajar precios y eliminación de todas las chucherías ofrecidas a los pasajeros (sólo se mantienen, rebajadas a lo estándar plastificado, para los billetes de primera clase). Muchas compañías ya no reservan asiento, se entra en los aviones como en un autobús, y los azafatos y azafatas nos tratan con alegre desparpajo y familiaridad, por no decir con el mayor descaro.

Pero la degradación en el trato hacia el pasajero de avión no sólo viene de las compañías. La elevaron a su máximo los terroristas del 11-S, que no dudaron en estrellarse contra las torres gemelas, importándoles un bledo la vida de los pasajeros así com las propias. Ante tamaña atrocidad, los estados, sobretodo los que están en “guerra contra el terrorismo”, no tardaron en sumarse a la campaña. Y así, para responder publicitariamente a los atentados o a las amenazas de ellos, no dudan en servirse de los pobres pasajeros de avión, tratándolos como a ganado a los que hay que martirizar siempre un poquito más. He oído relatos de viajeros que han volado estos últimos días, especialmente de aeropuertos británicos, y sus relatos son absurdos y kafkianos.

Otro síntoma de esta caída en picado de la condición del pasajero de avión, es la huelga de empleados del aeropuerto de Barcelona en plena campaña turística de agosto: miles de pasajeros quedaron abandonados en los fríos halls, muchos perdieron los vuelos, sus escasas vacaciones y, además, se quedaron sin maletas. A ninguno de los empleados se les ocurrió que con su protesta estaban hundiendo el verano a tantos usuarios. ¿Y qué?, debieron pensar, ¿acaso no son pasajeros de avión?

Sí, en tan sólo treinta o cuarenta años, constato con horror cómo se ha pasado del tacto mimoso al trato degradante. ¿ A qué se debe esta falta de respeto hacia el pasajero de avión? ¿Qué han hecho para merecer este trato? ¿Será un síntoma determinante de los nuevos tiempos que corren o se avecinan? ¿Un ejemplo o una consecuencia más de la masificación mundial?

El rico y el moderno antes viajaba y se movía mucho. Era el prototipo del “sportman” y se vanagloriaba de serlo. Ahora, viaja el proletariado: el turistico y el migratorio. Los ricos y poderosos se quedan en casa. Como máximo, se desplazan en sus yates o en sus aviones privados. Ahí está el lujo. Para las velocidades y las comunicaciones, ya está el Internet y la videoconferencia.

¿Quién querrá viajar en avión? Los titiriteros cómo yo hace tiempo que substituímos la furgoneta por el avión (lo que era un indicio de por dónde irían los tiros), y me imagino perfectamente a los futuros teatreros del mañana, los dedicados a los “bolos de batalla”, decirse entre ellos:

- ¿A dónde vas de bolo mañana?

- Yo a Singapur.

- Yo lo tengo en Hongkong, y pasado mañana en Ciudad del Cabo.

Mientras que la compañía de mayor éxito y con el caché más alto, dirá:

- Yo en la vuelta de la esquina, en la parroquia del barrio.

Seguro, seguro que será así…

martes, julio 04, 2006

De regreso

Querido bloguero, han pasado varios días desde mi última aportación en este blog, y tras regresar a Barcelona después de un agradable viaje realizado por tierras griegas, constato lo siguiente:

1- el tema del Estatut ha desaparecido literalmente del mapa. Lo cual me alegra y no deja de maravillarme, dada la omnipresencia que tenía los días antes de mi partida. Viajar tiene estas ventajas: relativiza las “grandes cuestiones” y las muestra caídas de los pedestales tras su encumbramiento mediático. Creo que se trata de una gran ventaja de nuestra actual sociedad del espectáculo: por ejemplo, cuando murió el Papa, fue tal el estruendo mediático que uno pensaba que la religión católica regresaba sobre el mundo montada sobre el cadáver del polaco difunto. Un espejismo: a los cuatro días, ya nadie se acordaba de aquellas pompas. El viento que sopló sobre la Plaza de San Pedro, cerrando de golpe el Libro que había sobre el féretro, se llevó también todo lo que allí se representaba. “A por otra cosa, mariposa”, parece decir la pulsión informativa de la actualidad, que despacha los temas sin contemplación alguna. Ahora parece que se impone lo de la ETA, pero una vez el rodillo zapateriano, con su rutina mecanicista de los encuentros y los pequeños vaivenes de avance estratégico, haya dado los primeros pasos, contando además con la ayuda del sol de agosto, otro tema centrará la papelería de los quioscos. Las elecciones catalanas, por ejemplo, las cuales por cierto las veo ya como pasadas, al ser su pirotecnia mediática tan previsible… En fin, de algo tienen que vivir los periódicos. Además, qué sería de nuestra tan necesaria capacidad de indignación sin los avatares de la política, con sus números, sus afirmaciones categóricas, el repertorio de sus insultos y vejaciones, etc. Y, en este sentido, las elecciones catalanas no nos defraudarán. Aunque lo mejor es verlas como si ya hubieran pasado.

2- Durante mi estancia en Atenas, pude comprobar de nuevo las paradojas y las pequeñas sorpresas del fenómeno turístico, al ver como una ciudad y un país poco a poco se van especializando en antigüedad clásica y en arqueología, lo que les mueve a lanzar consignas publicitarias del tipo “Ven a Grecia, vive tu Mito”. Visité la Acrópolis y vi que los trabajos de reconstrucción del Partenón siguen a buen ritmo. El Erecteion también se va consolidando, aunque no sé si hay planes para devolverlo a su forma original. Es bonito e insólito ver por todas partes hileras de columnas, bases y capiteles, perfectamente ordenados y catalogados, esperando volver a ocupar el puesto que tenían. Se dice que la comisión encargada de estos trabajos tiene que negociar el regreso de muchas de las piezas que faltan con los miles de museos y museítos de toda Europa que en su día se hicieron con ellas, lo que no deja de ser una labor fascinante y agotadora. Lo más curioso es que se llegue a saber cuales son y dónde se encuentran dichas piezas, aunando la profesión de arqueólogo con la de detective.

Pensé que en cien años, la Acrópolis, si no lo estropean las guerras y los terremotos, volverá a brillar con su esplendor antiguo, aunque todo con el color de la piedra, sin las pinturas que por lo visto los griegos gustaban poner tan alegremente. Pienso que siendo Atenas la ciudad que dio a nacer la Democracia, sería bueno que llegara a especializarse en esta temática. Algo que parece a todas luces lógico y natural, aunque no sé si a los políticos griegos les seduce demasiado la idea, tan empapados como están de nacionalismo. Pues si así se hiciera, deberían practicar con el ejemplo, lo que les podría acarrear ciertos problemillas –al estar obligados a practicar la Democracia desde una “areté” puesta al día. Tal vez por este motivo la Grecia moderna ha tardado tanto en sacar brillo a sus tesoros arqueológicos, prefiriendo destacar los aspectos más bien mitológicos del asunto que los referentes al tema de la democracia. Aunque todo se andará, y el negocio turístico acabará imponiendo la razón y el sentido común, haciendo de la necesidad virtud.

3- El efecto de las últimas Olimpiadas en Atenas ha sido considerable, y es un gusto vagar por la noche por el magnífico paseo que envuelve la Acrópolis desde Monasteriko siguiendo la línea del metro hasta la zona del Keramicó. Un paseo muy bien urbanizado con luz agradable, bancos cómodos, multitud de bares, rastaurantes y terrazas, con bellísimos edificios del final de la época otomana y de principios del siglo XX magníficamente restaurados, mientras contemplamos sobre la Acrópolis las paredes ilumninadas de los templos y las murallas que la rodean. Un verdadero espectáculo visual realzado por las ruinas del Ágora con su impresionante Hephaisteion, el Templo de Hefesto, que surge de improviso junto al paseo. Por lo visto, este barrio se ha convertido en uno de los más “chics” de Atenas, y el jueves por la noche que estuve paseando por él se veía repleto de atenienses ansiosos de respirar el aire fresco de la noche, bajo la tutela mitológica de las piedras doradas de la Acrópolis. Una delicia, vaya, sobretodo después del bochorno del día. Y es que uno de los pejaes que hay que pagar en Atenas es el sofoco de un sol de justicia que cae sobre todos aquellos que insistimos en visitar sus piedras. Un peaje que, para suerte de los atenienses y maravilla mía, no amilana a los grupos de turistas de todos los continentes que son conducidos en autobuses y luego en tropel ordenado por entre las ruinas, en visitas que pueden durar de dos a tres horas…

En fin, he aquí unas cuantas reflexiones del humilde grafómano bloguero que firma estas líneas.

viernes, junio 02, 2006

Nuevos cultos, nuevas religiones.

Me fascina un hecho hace tiempo observado, consistente en ciertos nuevos cultos creados por el fenómeno turístico. Lo he visto innumerables veces, es patente en la mayoría de las ciudades que gozan de flujo masivo de turistas, y lo he vuelto a observar, de un modo harto singular, en mi última estancia en Estambul, visitando la conocida Cisterna Basílica de Yerebatan, situada en el corazón de Constantinopla y construída en el año 532, al lado mismo de Santa Sofía.

Ya había visitado este lugar varias veces con anterioridad (cinco o seis veces como mínimo), y aún así, quise hacer de nuevo la correspondiente cola para comprar el billete, bajar los escalones que conducen al subsuelo, y mezclarme entre los numerosos grupos de gente de todos los países del mundo que, como yo, se sienten atraídos por este lugar.

Desfilé en una especie de peregrinación silenciosa, bajo el sonido de una banda sonora acorde al lugar (música clásica turca de ritmo languideciente), envuelto en una atmósfera cargada de flashes fotográficos, del siseo de pasos y voces, y del gotear sonoro del agua que todavía cae en según que partes de la cisterna. A llegar dónde se encuentra la llamada “columna de las lágrimas”, primer punto focal del recorrido, tiré una moneda al fondo, entre los peces que acuden al clamor de la luz de los focos, con petición de deseo incluído. Me fijé que era el único en hacerlo, cosa que prueba el olvido en que ha caído esta vieja costumbre que he visto en los cinco continentes. Pero continué sin inmutarme.

De pronto, la cola que seguía la pasarela de madera se detuvo, en un atasco motivado por una algomeración formada al final del trayecto, allí dónde la cisterna termina. Estuve a punto de dar la vuelta, pero un sexto sentido y mi curiosidad por el fenómeno turístico me hizo cambiar de opinión. Recordé que allá se encontraba una extraña columna cuya base está formada por una piedra singular, dos de cuyos lados exteriores están constituídos por dos rostros de Medusa, la una de lado, la otra invertida. “Comprendo”, me dije, “están adorando la Medusa”. Me salió como una gracia, pero luego pensé que había dado en el clavo. No otra cosa estaban haciendo los miles de visitantes que, como yo, hacían la correspondiente cola para detenerse unos instantes ante los rostros mudos y enigmáticos de las dos Medusas, mirarlas con estupor, sacarles decenas de fotografías, y desocupar luego el espacio dejando sitio a los que venían detrás.














Todos aquellos peregrinos procedentes de los más insospechados rincones del mundo, ateos unos, levemente religiosos otros, fanáticos e intregistas los menos, burlones y sacrílegos otros pocos, rendían todos ellos, sin distinción de credo o fe, culto al enigma de las dos Medusas subterráneas, una veneración que ritualizaban tal vez sin darse cuenta, pero provista del más sacro de los respetos venerandos. Hermanados por la pulsión turística así como por la necesidad de amortizar los costes y esfuerzos del viaje, los visitantes cumplían con un rito a la vez moderno y antiguo: antiguo porque repetían una situación arcaica cuyos reflejos podían intuirse en las expresiones aparentemente inexpresivas de japoneses, americanos, turcos o alemanes; moderno porque a) lo completaban con la retención fotográfica, b) se hacía sin contenidos sacros asociados, es decir, con criterios de puro formalismo y c) mediante un recogimiento temporal corto, punteado por el ritmo de los relojes y de lo efímero. No hay que decir que hice lo que todo el mundo, cumpliendo con la inercia arcaica y moderna de la situación, aunque no pude evitar la veleidad de hacer “turismo dentro del turismo” (como los actores cuando hacen “teatro dentro del teatro”), al observar y fotografiar a los fieles que a su vez fotografiaban y veneraban a las Medusas.

Sentado más tarde en la magnífica terraza-café que se halla en la plaza de la mezquita de Beyazit, pensé que este fenómeno de los nuevos cultos turísticos era una práctica común y muy extendida en el mundo. Constituye una especie de nueva religión laica, que en vez de curas tiene guías y “tour operators”, cuyos viajes iniciáticos se hacen en avión, taxi y autobús, que asume los dioses y los ritos del lugar que se visita, aunque no se sepa nada de ellos, y que no duda en convertir en lugares sacros muchos a los que nadie consideraría como tales. Ejemplos sonados son la Pirámide de Kheops en Egipto (cuya visita constituye una experiencia inciática que muchos viven como tal), el Museo Egipcio de El Cairo (dónde se veneran en silencio las momias reales del antiguo Egipto, amén del ajuar de Tutankhamon y otras mil maravilas), el Mausoleo de Lenín en la Plaza Roja de Moscú (con un grado de veneración muy superior a otros lugares sacros de verdad, aunque similar al de las momias egipcias), el British Museum o el Louvre de Londres y París, la Torre de Pisa, el edificio de la Mole en Turín, y tantos otros lugares del mundo entero. En Barcelona mismo, disponemos de sitios de culto de primerísima categoría, como son la Sagrada Familia, la Pedrera o la Casa Batlló de Gaudí, el Museo Picaso, la misma Rambla, etc.

Una religión que parece estar destinada a substituir “relativamente” a las existentes: su gran ventaja es que no aniquila del todo a las viejas (de ahí su profundo carácter moderno y relativista), pues de alguna manera necesita de éstas para seguir llenando de contenidos formales la necesidad de culto de sus practicantes, vengan éstos de dónde vengan. Una religión asociada tan íntimamente al consumo, que sin duda tiene su futuro más que asegurado.

jueves, junio 01, 2006

El turismo: nuevo tipo de conquista.


Al visitar hace una semana Santa Sofía, en Estambul, me di cuenta de hasta que punto el turismo ha substituído, para bien de las sociedades modernas, las antiguas campañas de guerra y conquista.

Me hallaba contemplando el impresionante panorama que se ve desde la balconada que divide en dos el interior del templo y veía abajo el desfile interminable de las masas de visitantes que avanzaban en grupos de todo tipo, conducidos unas veces por guías y otras desplegándose a su aire. Miraban todos con un cierto pasmo el descomunal espacio interior de la basílica, y lo hacían con el doble ojo con el que es propio hoy en día hacer turismo: con los dos ojos de la cara más el ojo de la cámara fotográfica, que no cesa de fijar imágenes, como si se hubiera convertido ya en un segundo cerebro de almacenamiento, anticipándose a esa cámara que de aquí a unos pocos lustros todos llevaremos incorporada en la frente, a modo de un “tercer ojo” capaz de ver y captar las imágenes haya la luz que haya y estemos dónde estemos…

Y viendo el ajetreo constante de personas que procedían de todos los países del mundo –pues junto a los propios turcos, había japoneses, chinos, americanos, alemanes, muchos españoles, franceses, italianos…-, pensé en cómo la modernidad había revolucionado el tema de las visitas, antes tan distinto.

Construída en el año 537 por Justiniano, Santa Sofía fue durante casi mil años una basílica cristiana, a la que sólo acudían los fieles de esta religión. Seguramente podrían entrar los pertenecientes a otras confesiones, aunque dudo que fueran bien recibidos. En sus primeros años de existencia, cuando aún no había nacido Mahoma, los enemigos serían los bárbaros con sus viejos paganismos. Más tarde, el tercer monoteísmo entró en escena y, abriéndose paso a codazos, codició los territorios cristianos. El Imperio Bizantino aguantó hasta 1457, y Mehmet II, el Conquistador, tras entrar en Constantinopla, convirtió la basílica en mezquita. Durante otros cuatrocientos años, la entrada la tuvieron prohibida los cristianos, y el templo se convirtió en el prototipo arquitectónico de las mezquitas del mundo msulmán. Finalmente, colapsado el Imperio Turco, y nacida la joven República de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk secularizó Santa Sofía, abriéndola al público sin distinción de credo e iniciando su exitosa carrera de centro de atración turística.

La gran diferencia entre la época antigua y la moderna es que antes, para poder visitar con libertad y confianza la basílica, los que no eran cristianos en la primera época, o musulmanes en la segunda, sólo podían hacerlo por medio de la conquista. Los conquistadores de antes se han convertido en los turistas de hoy, requeridos por todos los países del mundo, pues aunque saben que sus destrozos son considerables, mayores son las ganancias que generan. Lo que antes era anatema, meterse en las intimidades de las cámaras secretas del Sultán en el Palacio de Topkapi, o pisar el interior de la mezquita más importante del Imperio, hoy en día es publicitado y ofrecido a los públicos del mundo entero, para que acudan y compren la entrada y hagan todas las fotografías que quieran.

Con el arma del dinero, los nuevos conquistadores invaden palacios, templos y ciudades. Son recibidos con los brazos abiertos, se les hacen ceremonias de bienvenida y se los mima con grandes ofertas. A cambio, deben pagar entradas, billetes de avión, habitar en los hoteles y comprar muchos productos de “souvenir”. La masificación del mundo ha hecho posible esta nueva y curiosa modalidad de conquista, bastante más interesante y civilizada que las anteriores. Y el turismo estabiliza y trae aires nuevos a los países en apuros. Ocurrió con España y ocurre ahora en Turquía.

Tras haberse convertido en una de las principales industrias del mundo moderno, sin duda el turismo deberá entrar por las sendas de la sostenibilidad. Difícil empeño. Si no lo hace, se corre peligro de que el actual fenómeno turístico sea visto en el futuro como “aquella ola terrorífica de conquistas masivas que, cual termitas, asolaron nuestros valles, costas y ciudades”. Paradojas del presente…

miércoles, mayo 31, 2006

COLOQUIO SOBRE “MÁSCARAS Y SOMBRAS” EN ESTAMBUL.















Con el largo título de “La Europa de los espectáculos: transformaciones de la máscara cómica del teatro antiguo al teatro de sombras”, se ha celebrado del 25 al 27 de mayo en Estambul un encuentro organizado por el Instituto Francés de Estudios Anatolienses (IFEA) en el que he tenido el gusto de participar, gracias a la colaboración del Instituto Cervantes de Estambul, que ha sufragado los gastos de mi viaje. Los artífices y organizadores del evento fueron Pierre Chuvin (director del IFEA) y Sophie Basch (del Institut Universitaire de France y profesora de la Universidad de Poitiers).

El encuentro se ha realizado en dos lugares distintos: el primer día, en la sala noble del viejo y mítico Hotel Pera Palas (famoso por haber acogido a importantes escritores y periodistas durante los felices años en que circulaba aun el Orient Exprés) y los dos días siguientes en el salón de actos del no menos elegante Museo de Pera.

El encuentro ha tenido un carácter básicamente académico, con pocas intervenciones de personas procedentes del mundo teatral propiamente dicho. El largo título escondía a un protagonista claro: Karakoz, el teatro de sombras turco. Así lo indicaba el cartel del simposio, con dos imágenes pertenecientes a una máscara griega y la silueta de Karakoz respectivamente. Sin embargo, las ponencias abarcaron un amplio abanico temático, lo que dio al coloquio un interés ameno y variopinto, capaz de satisfacer el apetito cognoscitivo del más exigente de los comensales.

Desde luego, no voy a detallar las distintas intervenciones, en número de unas treinta (los interesados en el programa pueden consultar en http://www.ifea-istanbul.net/ ) pero sí me gustaría, en esta pequeña crónica del evento, destacar algunas de las que más llamaron mi atención.

El primer día se centró en el tema de la máscara, primero en el teatro clásico y luego en la Comedia del Arte. Tras varios análisis de un gran interés y conocimiento a cargo de varios especialistas en la materia, la mañana acabó con la intervención del ya clásico actor italiano Ferrucio Soleri, quién explicó con impactante y efectiva sencillez su visión de Arlequino. Todo un lujo conocer por boca de uno de sus últimos y más brillantes practicantes, la historia y la evolución de este segundo Zanni llamado Arlequino (el criado típico de la Comedia del Arte), gran escuchador y recibidor de palos, motivo por el que su ropa, en un principio también blanca (la utilizada por los Zanni, por ser la tela más barata, según nos iba contando con humor el señor Soleri), se va llenando de remiendos, hasta que, en su presentación más tardía y elaborada, se estiliza en el conocido traje de rombos de muchos colores por el que se le conoce. Ferrucio Soleri nos iluminó igualmente sobre el origen de Pantalone, que representa al rico veneciano por excelencia (de ahí su nonbre: el que “planta al León”, símbolo de Venecia), así como de los demás personajes de la Comedia del Arte.

Interesante fue la intervención de François Moureau (Universidad Paris IV), quién nos habló de una ópera de marionetas que se representó en el Théâtre du Marais, en la época de Louis XIV, llamada “L’Opéra des Bamboches”, representada con grandes maquinarias teatrales, y de la que se conocen dos de los libretos utilizados.

Sylvie Humbert-Mougin, de la Universidad de Tours, nos habló de la singularidad del periodista y erudito Charles Magnin (1793-1862), quién publicó en 1838 su libro “Histoire des Origines des Théâtres” dónde por vez primera se da importancia a las hasta entonces consideradas artes menores del teatro: el mimo, la máscara, el teatro de títeres... Este interés por los orígenes no ortodoxos del drama, le lleva a publicar un segundo libro en 1852 titulado “Histoire des Marionnettes en Europe”, un clásico para los amantes del género: a pesar de los años transcurridos desde su aparición, sigue guardando el frescor de los libros que abren nuevos horizontes, perspectivas y campos de estudio.

Mucho impacto e interés tuvo la intervención del profesor François Georgeon, del EHESS de París, titulada “La risa, del Imperio Otomano a la República Turca”, dónde explicó con profusión de detalles e imágenes proyectadas la evolución del humor en Turquía. Primero, el caleidoscopio cultural del Imperio otomano, en el que el humor era el efecto saludable del encuentro y la convivencia de la diversidad de lenguas, colores, acentos, razas, culturas y religiones. Luego, tras la proclamación de la República turca, el humor basado en la burla hacia todo lo que tenía que ver con el Imperio (el maltrato a las mujeres, las risas groseras de las distracciones tradicionales, los viejos trajes fantasiosos...). Este cambio explica que el teatro de sombras del Karakoz cayera pronto en desgracia, al ser un tipo de humor basado en el contraste urbano de las diferencias, algo inexistente en los primeras épocas de la moderna nación turca.

El gran especialista de Guignol, Paul Fournel, autor de varios libros sobre el tema, nos introdujo con un gran humor al famoso personaje nacido en la ciudad de Lyon, mostrándonos el interesante fenómeno de cómo un simple títere, surgido de las más humildes clases urbanas de principios del siglo XIX, llega a convertirse en un pequeño mito, casero y libertario, conocido hoy en el mundo entero. Igualmente buscó las semejanzas y distinciones con su homólogo Karakoz, difíciles de establecer dadas las diferencias de sus contextos referenciales.

El tema del Chat Noir (tratado ya en el encuentro de Lyon del pasado mes de abril por Mariel Oberthur) surgió también en Estambul de la mano de Hélène Védrine (Universidad París IV), quién nos ilustró con atractivas imágenes las características de este cabaret de finales del XIX, que tuvo dos líneas de desarrollo: la satírica y la lírica.

Varios especialistas turcos del Karakoz nos hablaron del importante sombrista Ragip Tugtekin, ya desaparecido, (a cargo de Cevat Çapan), de las influencias que ha tenido el personaje en el teatro y en la literatura turca (Enis Batur), así como sobre el universo femenino en el Karagöz (Altan Gökalp).

Finalmente, el último día y a modo de conclusión visual y animada del coloquio, el sombrista Metin Özlen representó un espectáculo de Karakoz en su teatrillo de sombras que hizo las delicias del público.

Un encuentro en el que se cumplió la ley que dice que, además del interés de las ponencias, también importa, y mucho, lo que se habla entre bastidores, los contactos que se establecen entre los participantes y el ambiente de la ciudad que te acoge. Una ciudad, Estambul, impactante como pocas, y que aparece cada vez más como la futura e indiscutible Capital de Europa del Sur.

jueves, mayo 04, 2006

Lyon: ciudad doble.


¿Es posible decir que una ciudad es doble? Creo, querido bloguero, que podemos responder afirmativamente a esta pregunta, sobretodo después de haber estado unos días en la ciudad francesa de Lyon.

En primer lugar, por un hecho casual pero muy “sui generis” y para el caso, muy cabal: disponer de una figura de desdoblamiento (un títere) que la representa a efectos prácticos y simbólicos: Guignol

Hay bastantes ciudades que disponen de esta característica (pienso en Nápoles con Pulcinella, Londres con Punch, Barcelona con Titella o Malic) pero en ninguna de ellas existe un vínculo tan estrecho entre el personaje y la ciudad que lo acoge o le ha dado vida, como en el caso de Lyon y Guignol. Un personaje que aún siendo conocido en el mundo entero, sigue asociado íntimamente a Lyon, su ciudad natal.

Curioso fenómeno cuyo conocimiento me fascina cada día más, al ilustrar como un simple personaje local, fiel representación del titiritero que lo creó a principios del siglo XIX (un tal Laurent Mourget, sacamuelas que complementaba su cháchara con funciones de títeres, y que acabó siendo titiritero profesional, convertido más tarde por los lioneses en uno de los prohombres de la ciudad, cuyo rostro es reconocible en la inmortalizada cara de Guignol), puede llegar a convertirse en un mito. Pequeño mito callejero al principio, símbolo de la clase popular de los “canuts” (los trabajadores de la seda, principal industria de la ciudad en aquel entonces) para de ahí extenderse a la ciudad entera, traspasar las fronteras de ésta, alcanzar otros rincones del país, instalarse en el mismo corazón de París, y acabar expandiéndose por el mundo entero, al menos el europeo, como una etiqueta que denota al títere de filiación política, que gusta de reírse con descaro y aguda brillantez de los ostentadores electos –y no electos– del poder.

En Lyon, además de los titiriteros que mantienen viva su estirpe (como es el caso de mis amigos de la compañía Zonzons, magníficos manipuladores e “improvisadores” de Guignol, con su fantástico teatrillo situado en el número 2 de la Rue Louis Carrand, muy cerca de la Gare Saint Paul), se suele encontrar a Guignol en las tiendas de souvenirs, es decir, ocupando las estanterías de su imaginario mercantil. Recomiendo especialmente la que se encuentra en el número 6 de la Rue Saint Jean, dónde el visitante encontrará títeres, figuritas, imanes para la nevera de su casa o coche, pañuelos, copas, vasos, tazas y mil objetos distintos todos con Guignol como protagonista. Igualmente, en el interior de la tienda encontrará un pequeño y simpático museo, “Le Petit Musée Fantastique de Guignol”, algo casero pero bien organizado, dónde se explica al turista los orígenes del personaje.

Una ciudad pues que se deja desdoblar y representar por este personaje inteligente y bufonesco, com si quisiera desdramatizarse acogiéndose a una máscara titiritesca, tal vez para relativizar la máscara oficial y más pomposa del León con la que a veces parece querer representarse.

El otro desdoblamiento de la ciudad responde más a una intervención hecha desde arriba, aunque deriva de una costumbre popular muy asentada en la ciudadanía. Me refiero al énfasis que la ciudad de Lyon ha puesto en la iluminación nocturna, de modo que calles, plazas, puentes y edificios se desdoblan por la noche en otros diferentes que maravillan y enriquecen la percepción que los ciudadanos tienen de su ciudad.

Se trata de un fenómeno realmente insólito, que proviene de una vieja costumbre religiosa de la ciudad: la de poner velas encendidas la noche del 8 de diciembre en las ventanas de las casas. Ante la originalidad del caso, el alcalde de la ciudad quiso dar más relieve a la fiesta, y animó a los ciudadanos a aumentar la presencia lumínica en puertas, balcones y ventanas. Finalmente, y ante el éxito conseguido, se decidió atacar el tema a lo grande, y aquella fiesta que empezó con discretas velitas ha acabado convirtiéndose en un verdadero festival de la iluminación, promocionado por los cuatro vientos mediáticos y motivo de visita de miles de turistas.

Por desgracia, sólo he visto proyecciones y fotografías de algunas de las transformaciones que tienen lugar en las calles, plazas y edificios emblemáticos de Lyon, realmente espectaculares, durante estos días de diciembre. Pero en cambio, sí tuve la suerte de conocer, en el coloquio sobre títeres y sombras, a uno de los factòtums de este fenómeno lionés: al iluminador Laurent Fachard, que nos “iluminó” con una extraordinaria presentación de su trabajo. Palabras que me abrieron las puertas para una “percepción doble” de la ciudad de Lyon, iluminada con estudiado primor por la noche, sin abuso de los kilovatios, dejando que las sombras den realce a la plasticidad nocturna de los edificios. Un ejemplo típico es la Place des Terreaux, situada en el corazón de la ciudad, dónde sólo tres de sus lados aparecen iluminados para resalzar sus arquitecturas (los correspondientes al Hotel de Ville, el Museo de Arte y unos viejos Almacenes), iluminando de rebote el cuarto lado (de pisos privados) y la misma plaza en si, aparentemente oscura pero con luz de sobra para ver, dejarse ver y gozar. Otro ejemplo es el nuevo metro de la ciudad, con una muy estudiada iluminación que carece de la agresividad que busca desesperadamente la luz diurna, como es propio que ocurra en la mayoría de los metropolitanos del mundo, y que en cambio modela los espacios con el uso de los colores y los puntos de luz indirecta.

La dualidad básica entre el día y la noche queda así resaltada y apoyada por la iluminación nocturna, que juega a su favor y permite este juego de desdoblamiento. Desdoblamiento que abre espacios interiores de la ciudad, espacios nuevos de percepción doble y, por lo tanto, de encuentro y de cruce entre sus perceptores, locales y visitantes.

domingo, abril 30, 2006

Encuentro Coloquio “Des Hommes et des Ombres” en Lyon, Francia.


La compañía ZonZons, encargada de uno de los teatros de Guignol más céntricos e importantes de Lyon, ha organizado esta semana pasada un Festival de Marionetas llamado “Moisson d’Avril”. En paralelo al Festival, tuvo lugar también, los días 26 y 27 de abril, un Encuentro-Coloquio internacional con el título “Des Hommes et des Ombres” (de hombres y de sombras), en el que he tenido el gusto de participar. De hecho, el mismo encuentro es una iniciativa del Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée (Red Títeres y Sombras del Mediterráneo) del que formo parte y que aprovecha la celebración de algunos festivales involucrados en la red para reunirse y organizar encuentros sobre el teatro de marionetas. Desde su fundación en el año 2002 en Barcelona, la Red se ha reunido en Túnez y Beirut en el año 2003, en Estambul en el 2004 y ahora en Lyon.

Han participado en el Encuentro-Coloquio las siguientes personas:

· Mariel Oberthur, historiadora especialista en el teatro de sombras del siglo XIX, actualmente en residencia en el Musée d’Orsay de París, dónde investiga y supervisa las puestas en escena de las obras del célebre cabaret “Le Chat Noir”. Su intervención, dedicada a presentar los fondos existentes de siluetas y decorados utilizados en el Chat Noir, fue realmente muy interesante, pues poco se sabe de lo que de verdad se hacía en este cabaret Montmartriano. Nos enteramos igualmente de que la única obra a la que puso música Erik Satie se halla en paradero desconocido, aunque se sospecha que se encuentra en... Barcelona! O tal vez en Sitges, aunque ya Mariel intentó encontrarlo allí en una ocasión.

· Françoise Gründ, conocida antropóloga, profesora de etnoescenología en la Universidad de París X de Nanterre y directora artística de la Maison des Cultures du Monde, nos habló del ciertas formas del teatro de sombras hindú, muy conocido por la ponente. Junto con Chérif Khaznadar, Françoise Gründ es autora de prestigiosos libros dedicados al teatro de marionetras y especialmente al teatro de sombras turco del karakoz.

· Jean-Pierre Lescot, seguramente uno de los sombristas franceses de más prestigio y que más escuela ha creado en su país y en tantos otros de Europa, expuso su visión sobre el teatro de sombras, destacando los aspectos más humanos, arquetípicos y poéticos del mismo. Igualmente hizo un repaso de los grandes momentos de este lenguaje, que él fijó en tres, según la relación de las sombras con: 1- el sol, 2- el fuego, y 3- la electricidad. Su larguísima experiencia dio a sus palabras una resonancia y un poso de verdad que sólo tienen los grandes maestros.

· De Palestina vino Abed Al Salam Abdo, director de la sección de marionetas del Teatro Nacional Palestino. Además de explicarnos sus actividades en este centro situado en Jerusalem (en un teatrillo que conocí hace años en un viaje al Festival de Jerusalem), representó unos fragmentos en sombras de la obra que están preparando para la próxima temporada, con la intención de rescatar la vieja tradición sombrista de origen turco y centrada, como no, en el Karakoz –actualmente desaparecida en Palestina.

· Daniel Raichvarg, profesor de la Universidad de Bourgogne, nos habló sobre la relación entre la Ciencia y el Teatro, y más concretamente, sobre como la aplicación de nuevas tecnología de la escena afecta al teatro. Para ello, habló de tres grandes momentos: 1- la iniciada en la época de Louis XIV, cuando se utilizaron grandes maquinarias escénicas en el teatro, de modo que éstas adquirieron una presencia desmesurada copando casi todo el espacio de la representación; 2- el invento de la iluminación y los reguladores, en el siglo XIX, que cambió radicalmente la relación entre el público y los actores; y 3- ya en el siglo XX, el uso extendido de la electricidad, con la exposición de 1937 como punto de arranqque cuyo tema fue “la electricidad al servicio de los hombres”. Con cáustico humor y gran erudición, Daniel Raichvarg hizo las delicias del público, ironizando sobre el uso y abuso de la tecnología en el teatro, alabando los aspectos más humano centrados en el actor, aparentemente hoy en declive.

· Jean-Louis Prebet, marionetista y creador plástico de la “Compagnie des Balmes”, nos presentó una fantástica recopilación de fragmentos de películas con escenas de teatro de sombras. Igualmente pudimos ver otras compilaciones con escenas en las que la misma sombra es protagonista, e igualmente títulos y carteles dónde la Sombra está presente. Fue una verdadera delicia ver todas aquellas imágenes muy bien montadas y seleccionadas por Jean-Louis Prebet, así como sus explicaciones sobre las mismas. Gracias a sus pacientes trabajos de búsqueda y selección, ha conseguido reunir miles de horas grabadas de películas dónde aparecen títeres, marionetas y sombras. Un especialista que tiene perfectamente ordenado todo este material, con la intención de abrirlo a cuantos estudiosos quieran visionarlo y trabajar con él.

· Laurent Fachard, iluminador de espacios urbanos, nos maravilló a todos con la exposición de sus trabajos en Lyon, en algunas estaciones del metro de París, en determinados parques públicos y en otras ciudades del mundo. Factótum de la transformación de Lyon, una ciudad prácticamente especializada en el tema de la luz, nos explicó cómo las ciudades actuales niegan la noche (y todo lo que ella representa) al asociarla al crimen y a lo prohibido, motivo por el se suele llenar las calles nocturnas de cantidades exasperantes de luz, un despilfarro absurdo e inútil hecho con criterios únicamente represivos y poiliciales, que deshumaniza, empobrece y afea el paisaje urbano. Sus propuestas reivindican el valor de la sombra, no sólo por obvios criterios económicos y ecológicos de sostenibilidad, sino también por motivos políticos, filosóficos y poéticos (aceptar la noche, la doble naturaleza de la luz diurna y la luz nocturna, las dos caras de la vida, etc) y porque además, con menos luz, no sólo se ve de sobras, sino que se ve mejor. Lo demostró con interesantísimos casos documentados en los que ha participado como iluminador. Visto desde la perspectiva del arte y de las marionetas, su labor se acerca mucho al de los titiriteros en cuanto hace también del desdoblamiento el centro de su trabajo. Sólo que su objeto de desdoblamiento es la misma ciudad: sus jardines, sus paseos y calles, y sus edificios, que gracias a la luz, se hacen dobles. Un desdoblamiento que abre los necesarios espacios interiores dónde tanto los ciudadanos como los visitantes puedan encontrarse y gozar de la libertad de sus espacios dobles. Lo pudimos comprobar personalmente al visitar de noche Lyon, viajando con el metro de la ciudad, paseando por la Place des Terreaux, frente al Hotel de Ville, o yendo a una función en el anfiteatro de la Ópera, un viejo edificio renovado, tenue y magníficamente iluminado.

· Karim Dakroub, mienbro del Réseau y director de la Compañía y del Festival de Títeres de Beirut, nos habló de los textos para teatro de sombras del siglo XIII escritos por el egipcio Iben Daniel. Compuesta de tres partes (el Espectro de la Sombra, Maravilloso y Raro, el Enamorado y el Huérfano Vagabundo), es un texto único en la literatura árabe en el que se mezcla sin ningún rubor y con gran maestría el estilo culto y religioso con el más mordaz, disparatado y pornográfico de los lenguajes. Sin duda nos hallamos con un texto que anticipa ya al teatro de sombras turco del Karakoz (no hay que olvidar que éste llegó a Turquía procedente de Egipto, aunque los personajes y el estilo definitivo del Karakoz nacen y se forman en Estambul), y que enlaza con las farsas medievales de la época. Un precedente que Karim Dakroub está estudiando desde el punto de vista no sólo literario (como hasta ahora se había hecho) sino también teatral y pensando quizás en una futura puesta en escena. www.khayalart.org

· Cengiz Ozek, miembro del Réseau, sombrista él mismo de Karakoz y director del Festival de Títeres de Estambul, nos mostró un video dónde se ilustra a la perfección una función de teatro de sombras del Karakoz, con dos encuadres que se ven simultáneamente: uno con la imagen de la pantalla vista desde el público, y otro en el que vemos la acción del manipulador moviendo las distintas siluetas de la obra, poniendo sus voces, etc. Un trabajo realmente muy esclarecedor e ilustrativo, que Cengiz Ozek, en compañía de su amigo y traductor Emra, iba explicando, situando de nuevo la historia del género, analizando las variantes regionales del mismo, los secretos técnicos de la construcción de las siluetas, etc.

· Yo mismo presenté el Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée (la Red Títeres y Sombras del Mediterraneo), argumentando que se trata de una asociación más bien de amigos y de personas que tenemos un interés común por la marioneta, sin querer convertirnos en una entidad de tipo profesional, gremial o asistencial, sino que sus objetivos consisten básicamente en no tenerlos, salvo una defensa global del género y la puesta en marcha de proyectos siempre en connivencia con Festivales u otras instituciones realmente organizadas. Este tipo de “organización no organizada o poco organizada” –aunque oficialmente estamos inscritos como Asociación Cultural en el registro francés–, nos da la libertad de hacer las cosas que queremos sin los sufrimientos de la gestión y de la burocracia. También nos anima a generar espontáneamente proyectos de colaboración a largo plazo y sin los apremios de los compromisos cerrados, como el que estamos desarrollando Karim y yo para la realización de una obra a partir de un texto mío.

· Stéphanie Lefort, directora de “Moisson d’Avril”, organizadora del coloquio y miembro del Réseau, moderó los debates y estuvo siempre al pie del cañón, procurando que todo estuviera a tiempo y la tecnología de difución de las imágenes no fallara. Debemos aquí felicitar su labor, pues fue ella quién escogió a las personas invitadas al coloquio y lo organizó en todos sus detalles. En este sentido, los parabienes deben ser mayúsculos, por la altura de los participantes y el interés de sus ponencias, realmente excepcional, abriendo el siempre estrecho mundo de la marioneta a los campos del cine, de la antropología y de la iluminación, cruzando entre si las disciplinas propias del género con las de los campos citados, un verdadero lujo y una gran necesidad para cualquier artista. Respecto a los temas de alojamiento, comidas y otros asuntos logísticos, todo salió sobre ruedas, permitiéndonos además conocer las maravillas de una ciudad como Lyon, obsesionada desde hace años en reinventarse a sí misma.

· Estuvo también presente, entre otras personas, la titiritera de Francia Jacqueline Sarrazin, así como el titiritero y contador de cuentos Sam Cannarozzi.

. Estuvo ausente del coloquio Habiba Jendoubi, miembro del Réseau, quién no pudo acudir a Lyon por motivos privados.


Planes de futuro del Réseau « Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée ».

Aunque antes se ha dicho que se trataba de una “organización no o poco organizada”, no por ello debemos cruzarnos de brazos, sino que estamos decididos a continuar impulsando esta iniciativa que empieza a dar poco a poco sus frutros. Nuestros próximos pasos serán los siguientes:

- creación de una página web del Réseau que estará asociada a la página de la compañía de Karim Dakroub en Beirut.
- coordinación de las distintas páginas webs de los miembros del Réseau y de las instituciones que lo apoyan
- creación de un blog específico del Réseau dónde se puedan publicar las últimas novedades, los proyectos, noticias, etc.
- intención de publicar en tres idiomas (francés, inglés y árabe) los trabajos que se han ido generando durante los distintos encuentros del Réseau.
- Cengiz Ozek, director del Festival de Estambul, propuso celebrar un encuentro el próximo año, durante la celebración de su festival en el mes de mayo, en ocasión de su décimo aniversario. Propuesta de un encuentro-coloquio y posibilidad de una publicación sobre el Réseau.
- Toni Rumbau planteó la posibilidad de una colaboración junto con Karim Dakroub con la compañía de títeres de Tirana, Albania, con la que está en contacto.

martes, abril 11, 2006

¡VIVAN LOS TURISTAS Y LA SEMANA SANTA EN BARCELONA!

A los que no están en Barcelona, les comunico que la ciudad se ha vaciado estos días de barceloneses. Eso significa que ha quedado básicamente en manos de los turistas y de los que viven de ellos, así como de los pobladores menos favorecidos por las rentas: populares autóctonos e inmigrantes de los cinco continentes. Pues bien, contra todos los pronósticos de la corrección bienpensante, debo decir lo siguiente: ¡se está de maravilla!

Algo que chocará a los que escuchan esa letanía de que Barcelona ya no es lo que era, por culpa de: 1- la ocupación sistemática del centro por las nuevas clases inmigrantes; 2- del incivismo de los visitantes en general harto inmaduros que acuden por su fama; y 3- el agobio de los turistas que cada día llenan calles, museos y tiendas. Pues bien, no les hagan caso: nada hay como quedarse estos días de Semana Santa y disfrutar de esta extranjería ocupante que transforma, sí, Barcelona, pero ¡a mejor!

En efecto, nada hay como estar en tu propia ciudad y gozar del privilegio de sentirte extranjero en ella, no sólo porque oyes hablar todos los idiomas del mundo menos el tuyo, los colores de la gente son diferentes y el centro se llena de personas que no tienen nada que hacer (con la chispa desagradable, cierto, y la mala leche de los que quieren aprovecharse de la indolencia de éstos), sino también porque no ves las caras de cada día, con los malos humores de los enfadados de siempre, ni a todos los barceloneses que se han ido a sus torres o de viaje a sufrir colas, retrasos y aglomeraciones. ¡Qué alivio! ¡Qué frescor! ¡Qué delicia!

Pasear por la Rambla rodeado de adolescentes europeas en escote y manga corta –a pesar del frío que hace hoy–, de turistas enrojecidos por el sol –pues las playas ya están a tope–, de matrimonios italianos que se han escapado del horror berlusconiano, de caras oscuras de origen asiático, centroamericano o magrebí, o de los habitantes de los barrios periféricos que se expanden estos días por el centro como si les hubieran sacado a todos y a la fuerza de sus casas, por la Rambla hasta el puerto, y luego por el puerto hasta las playas y los chiringuitos frente al mar…¡Qué agradable!

Incluso los bares y restaurantes te hacen sentir extranjero, pues ninguno dura más de seis meses y es curioso ver como las franquicias se suceden una tras otra a cuál más hortera y espeluznante, pero no por ello menos interesantes y llamativas en cuánto fenómeno incomprensible que son de la modernidad. Y lo mismo podría decirse del misterio de los hombres estatua, siempre tan quietos en sus puestos, cuyas hileras llenan la Rambla, estos días trabajando a jornada completa. Y este sentirte extranjero, que tanto molesta a los que se creen dueños exclusivos de la ciudad, ¡qué bálsamo de felicidad es! ¡Qué sensación de vacaciones gratis y de libertad! Impaciente espero ya el Viernes Santo para ver esa otra cara de lo barcelonés popular y marginal que, como los toros, persiste a pesar de los intentos oficiales de erradicarlo: la procesión de los Macarenos de la Iglesia de San Agustín, que reúne cada año a la gente humilde del barrio y a miles de andaluces de la ciudad entera, en el mismísimo centro. Aquí palpita parte del barcelonismo más auténtico, con una mezcla de tipos que entroncan directamente con la alma histórica de la ciudad. Lástima que el arranque de la temporada taurina fuera el sábado pasado y no el próximo, pues seguramente nos habríamos ahorrado el bochorno de los antitaurinos, los cuales seguramente se habrían fugado todos a sus torres o se hallarían de viaje, sin venir a molestar con su intolerancia, su racismo clasista y sus cacerolas.

A los que no son de aquí, les diría: ¡vengan a Barcelona por estas fechas! Y no teman ser unos turistas, no tengan mala conciencia por ello: ¡acudan a los museos, a las tiendas, a las procesiones y a los toros! Gracias a ustedes, los barceloneses que nos hemos quedado podemos también sentirnos turistas, ¡y eso nos hermana! Además, no teman ver una ciudad falsa: todo lo contrario, se encontrarán con su realidad más estricta, sin los adornos culturales del verano y sin los barceloneses que normalmente les harían sentirse extranjeros. Aprovechen este secreto que yo les revelo: si de verdad quieren conocer Barcelona, no se lo piensen dos veces: ¡háganlo por Semana Santa!

lunes, enero 09, 2006

LA CAZA DEL CIERVO

Estas navidades tuve ocasión de presenciar una salida de caza del ciervo en Exmoor, región del suroeste de Inglaterra. Quedé admirado por la emoción y la fuerza que reinaba en el ambiente, y comprendí lo absurdo de pretender eliminar esta tradición. Una tradición que se remonta a cientos de años y que da vida a estas regiones rurales. ¡Caramba!, me dije, he aquí algo parecido a las corridas de toros, digno de ser defendido por sus elevados valores que tanta molesta a la correción pensante en uso. Seguí a los caballos campo a través, y pude presenciar algunas escenas de caza desde un promontorio muy bien situado. Realmente, un espectáculo y una experiencia digna de recordar.

Luego, entrar en el pub de la zona y tomarse un vino caliente mezclado con wisky acabó de redondear la experiencia. Ni entretenimiento de pijos ni reducto aristocrático: la caza del ciervo en Inglaterra sigue siendo una práctica popular y febril, muy digna de ser vista y defendida.