Querido Joseba,
Te agradezco tus comentarios al texto que publiqué el otro día. Tienes razón en casi todo lo que dices, pero hay algunos detalles de los que discrepo. En primer lugar, creo que sí hubo “metedura de pata”, por la simple razón que el Papa no se esperaba la reacción suscitada. Bien es cierto que no hay justificación alguna, desde nuestro punto de vista, a semejante reacción, pero un Papa es un político, además de teólogo en este caso, jefe de un estado que representa a una gran comunidad de creyentes, los católicos. Y cómo político, debe saber que sus palabras serán miradas con lupa, sobretodo si afrontan temas o plantea frases especialmente sensibles a determinados asuntos. Por eso, como político perteneciente a una escuela diplomática de las mejores del mundo –la vaticana–, podría haber cuidado los detalles y anticipar las reacciones. De ahí que haya habido “metedura de pata” –creo que reconocida por él mismo.
Por lo demás, es evidente que cualquiera tiene el derecho a decir lo que le plazca. Un derecho que es incuestionable. El Papa se posiciona, y ya está. Y lo que sí puede hacer también cualquiera es posicionarse respecto a su posicionamiento. Así se entabla el diálogo y se confrontan las ideas. Es lo que intenté hacer en mi texto. Posicionarme ante su posicionamiento respecto al Islam y sobretodo respecto a Europa: pues en su largo discurso habla muy claramente de su visión –que no es la visión de un particular cualquiera, sino de la derecha eclesiástica y retrógrada– del Islam (una religión que según él no acepta el espacio del logos racional que procede de la tradición socrática) y de Europa.
Sobre su visión del Islam, poco hay que decir. Forma parte de la típica discusión entre monoteístas: que si una es más racional que la otra, y por lo tanto, más verdadera, etc. Sobre Europa, sí que hay mucho que decir, pues su concepción está en clara oposición a la de los que sostenemos perspectivas más abiertas, laicas y no esencialistas de la llamada identidad europea. Ceo que este tema está bastante desarrollado en mi texto inicial.
Querría también decir algo sobre el espanto de los radicalismos islámicos vistos desde aquí. Cuando vemos en países como el Líbano, o Turquía, o Siria, manifestaciones violentas y exaltaciones histéricas, ya sea contra el Papa o contra las caricaturas, solemos generalizar y extender estas reacciones a todo el país en cuestión. Aquí nos equivocamos mucho. Pues la mayoría de la población de estos países (y aquí podríamos incluir también a Irán o Pakistán) lo único que quiere es vivir tranquila y en paz, poder trabajar, comprar, llevar a sus niños al colegio, mirar la tele, comprarse un coche, y a ser posible, viajar a España para pasar las vacaciones en Mallorca, Marbella o cualquier otro lugar mítico.
En los paises en lo que este ”sueño” empìeza a hacerse realidad (como Turquía, o como en el Líbano antes de la brutal agresión israelí), los radicalismos descienden que es un contento. El desarrollo, el bienestar, la democracia, la riqueza y el consumo son los mejores antídotos al fanatismo. Pues dejemos a estos países crecer, ayudémoslos a hacerlo, y los resultados serán notorios en poco tiempo.
¿Pero qué pasa en la realidad? Pues que Occidente, por sus intereses en el petróleo, jamás han dejado a estos países desarrollarse según sus naturales impulsos. Los ejemplos son claros: en Egipto, Occidente impide una verdadera democracia y mantiene en el poder a una plutocracia corrupta que sólo consigue agravar los problemas existentes. En Irán, cuando los reformistas intentaron cambiar el país, Bush los pone en el eje del Mal.
En Líbano, justo cuando este país empezaba a levantar cabeza después de su cruel y larga guerra civil, con una buena temporada turística en ciernes (que por cierto era la envidia de un Israel metido en un siniestro agujero negro sin las alegrías del turismo a causa del tema Palestino), y a pesar de sus graves deficiencias y “pecados” complicadísimos de explicar (que si Herbolá, que si las granjas de no sé qué, que si Siria e Irán, etc), de pronto recibe el castigo israelí que decide “hacerlo retroceder veinte años” –con el beneplácito y la bendición de la mayor democracia del mundo, EEUU.
En Arabia, el caso es de un cinismo mayúsculo: a cambio de su incondicionalidad petrolera, se les ha permitido expandir el peor islamismo radical con una impunidad y una complicidad total (Bin Laden, ex agente de la Cia, los Talibanes creados por la Cia, los servicios secretos pakistanís y el capital de Arabia Saudita, etc). En Palestina, Hamás fue apoyado descaradamente por Israel para hundir a la OLP laica. Fue Occidente quién sembró estas tempestades. Claro que esto no las excusa, pero sí que las explica.
Por eso es importante la actitud de Europa: en vez de esencialismos (que es la postura de Bush y la del Papa, aunque ambos la defiendan de diferente modo), es importante defender el relativismo formal capaz de admitir en su seno a un país como Turquía, a ayudarlo a entrar en el club, a potenciar los acercamientos de países como el Líbano, Síria e Irán, etc.
En fin, ésta es mi opinión, Joseba.