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martes, julio 23, 2019

Los bóvidos


Acuarela de Gustave Moreau: El rapto de Europa (L'enlevement d'Europe), ca. 1869.


Hemos hablado de dignidad en el capítulo anterior de Animalia. Una palabra importante cuando tratamos con animales. En efecto, en la relación entre los humanos y los demás compañeros de Reino, creo que la palabra dignidad ocupa un lugar esencial.

Dignidad: calidad de digno, respetabilidad, corrección, amistad distanciada. Sin respetar la dignidad de los animales, nos volvemos indignos e irrespetuosos: o demasiada cercanía o indiferencia desdeñosa. Sin duda el efecto espejo es aquí aplicable: tratar sin dignidad a los animales es el simple reflejo de nuestra falta de dignidad en la relación con nosotros mismos y con nuestros vecinos de especie.

Los antiguos cazadores tenían siempre en cuenta estos aspectos: la presa buscada era un animal sagrado para cuya captura había que pedir permiso al espíritu de la especie a través de sofisticados ritos. También los rituales del matrimonio escenifican la necesidad de establecer un reconocimiento cualitativo de dignidad entre las personas antes de juntarse en una unidad de convivencia o de reproducción. La dignidad es reconocer el linaje, la soberanía y la libertad del otro, sea este animal o persona humana. Una persona digna tratará siempre con dignidad a sus vecinos. Por desgracia, podemos decir que la modernidad y el progreso han apartado nuestra especie del principio de Dignidad. La razón hay que buscarla en la borrachera de grandeza que los éxitos del Progreso han causado. El impulso depredador se ha disparado de un modo aberrante hacia todo lo que nos rodea: fauna, botánica y sociedad humana.

Respecto a los animales, la expresión más evidente de esta pérdida de dignidad se encuentra en la actual industria alimentaria: granjas mecanizadas y mataderos. Las evidencias son bastante obvias y no cansaré al lector con los detalles, desagradables hasta lo indecible.

Si me he extendido en hablar de dignidad es porque toca hoy centrarnos en los bóvidos, una de las familias de animales que para mí encarnan con más relevancia las cualidades de este concepto. Toros, bueyes, vacas, bisontes, búfalos ... Todos ellos armados de poderosos cuernos y a la vez pacíficos rumiantes que se alimentan sólo de hierba. Animales grandes, extraños y enigmáticos como pocos, pero a la vez capaces de embestir cuando se enfadan y se sienten en peligro. Mansos y cargados de pacífico orgullo, elegantes y majestuosos, poderosos por el volumen de sus carnes y la potencia de sus músculos, tranquilos y silenciosos. No es de extrañar que desde siempre hayan captado la atención del ojo humano, desde los pintores rupestres del Paleolítico Superior hasta las incipientes sociedades neolíticas, que tuvieran al toro como una de las primeras divinidades. En muchas mitologías representa la energía sexual. Símbolo de vida, de potencia y de fecundidad.

En las fabulosas pinturas de Altamira y de Lascaut pasando por los asentamientos neolíticos de Siria y Palestina hasta la tauromaquia cretense, los bóvidos de esplendorosas cornamentas han sido el centro de un culto que mezcla estupor, respeto y veneración. No en vano Zeus se convierte en toro para conquistar y raptar a Europa. Y en Creta, Pasifae, esposa de Minos, se mete dentro de una carcasa de vaca, obra de Dédalo, para poder copular con el toro blanco del que se ha enamorado. El hijo de este amor fue el Minotauro, mitad hombre mitad toro. Se puede decir, por lo tanto, que durante larguísimas etapas de la historia humana, vacas y toros han sido las bisagras estéticas de nuestra relación con los Dioses y sus representantes en el Reino Animal, relación basada en el respeto a la dignidad del otro.

Pasifae. Escultura de Óscar Estruga, realizada en cobre. Playa de Adarró, Vilanova y La Geltrú.

Un testigo arcaico de esta relación centrada en la dignidad lo encontramos en la India, donde vacas y toros son tratados como animales sagrados, disfrutando del derecho a pasear tan ufanos por las calles de las ciudades, en medio de la gente y del tráfico más feroz, como yo he podido comprobar en persona. En España, lo encontramos en las Corridas de Toros, que curiosamente los supuestos defensores de los animales quieren eliminar. ¿Quizás porque las encuentran "indignas", confrontadas con la industria alimentaria de nuestros días?... ¿No sería mejor preservar esta reliquia todavía viva de épocas antiguas que nos habla de respeto y de dignidad, a pesar de su carácter violento de rito de sangre y de muerte, y concentrarse en el trato realmente indigno que se tiene para con las vacas, toros, cerdos y pollos?

Volvamos a los bóvidos y veámoslos encerrados en los reductos que el Zoológico les ha reservado. No hay muchos. Pasa un poco como con los perros: los tenemos demasiado cerca. Tener toros de lidia sería una incongruencia, cuando estas nobles fieras ya disponen de amplios espacios donde poder verlos y admirar. ¿Vacas? Hay una en la Granja para familias, más como juguete para los niños que animal realmente enjaulado. Sólo falta que le pongan una falda y sostenes. ¿Toros? La avidez de nuestra industria no vería lógico perder dos o tres toneladas de carne. El Zoo muestra a los más exóticos y cumple así con su vocación de recuperar especies en peligro de extinción: antiguos bisontes europeos salvados de milagro de la desaparición y los llamados "búfalos enanos" de piel rojiza que sobreviven en las selvas lluviosas africanas, también situados al borde de la extinción.

En nuestra mirada, sin embargo, pondremos no sólo a los que están encerrados en el Zoo sino también a las vacas, los bueyes y los toros que pastan tranquilos por los prados. Lo primero que nos sorprende es la independencia y la distancia que muestran hacia sus observadores. Mientras ciervos, simios, canguros, osos, focas, caballos y burros acuden solícitos a quienes les dan cacahuetes, un plátano o patatas fritas, los bóvidos nos ignoran solemnemente. Curioso que siendo unos mamíferos tan representativos de la clase de los cordados a la que pertenecemos, bien provistos como están de generosas glándulas mamarias, no manifiesten uno de los rasgos característicos de este grupo de animales, como es su capacidad de empatía emocional.

Los bóvidos, al menos para este observador, son independientes, distantes y solitarios, y pese a gustarles ir en rebaño, se tienen por seres autónomos poco sentimentales: rebufan y a veces se enfadan mucho. Son animales a los que es mejor no buscarles las cosquillas, ya que pueden tener respuestas poco amigables. Creo que esta es una de las razones de la veneración que despiertan: nos admiran sus cualidades de brutos autónomos, cargados de noble poderío, que puede convertirse en feroz belicosidad cuando se les molesta o se los priva de libertad. Así somos nosotros o nos gustaría ser: libres y poderosos, y capaces de defendernos con fuerza y ​​orgullo cuando nos atacan. La diferencia es la emoción mamífera, escasa en los bóvidos y exagerada en los humanos, la cual nos hace temerosos la mayoría de las veces, y valientes en casos excepcionales.

Conocida es la legendaria ferocidad del toro de lidia, capaz de embestir de frente un tren en marcha como ha sucedido más de una vez. Esta ambivalencia de animales que son a la vez mansos y feroces ha sido fuente de admiración y base de todas las tauromaquias conocidas de la historia. En cuanto a los protegidos de la India, donde conviven en las mismas calles de las ciudades con sus habitantes, sean humanos o de otras especies, es providencial su pacifismo aunque de vez en cuando sorprendan a sus adoradores con inesperados golpes de genio. Más de un enfado cornudo vi yo por las calles de Ahmedabad, cuando visité hace años esta ciudad de la India, la capital de Gujarat.

 
Rapto de Europa. Mosaico romano, Museo Romano de Arles, Francia.
Volvamos al tema de la Dignidad y observemos de nuevo la grandeza majestuosa de estos animales coronados. Impresionan por la masa de sus carnes y la potencia de su fuerza pero sobre todo por la corona de la cornamenta, quizás no tan elegante como las de algunos cérvidos, de diseños espectaculares, pero capaces de expresar la serenidad de su coronación áulica, de reconocida dignidad mitológica. De algún modo indican los límites de una grandeza mediana, superior a los demás animales de cuatro patas, pero inferior a la de los mamíferos gigantes, obligados estos a desarrollar colmillos en el caso de los elefantes o los antiguos mamuts, o cuernos en la nariz en los fantásticos rinocerontes. Los bóvidos ocupan respecto a nosotros un espacio intermedio, próximos a la altura humana y lejos de las excentricidades gigantescas de la evolución animal. Y es sin duda esta medianía la razón de ser tan cercanos y queridos, y a la vez tan admirados y temidos por su fuerza y ​​su ornamentación cornuda.

Pertenecen también al gremio de los filósofos y no sólo los encarcelados en el Zoológico: verlos libres en los prados de las altas montañas inmersos en profundas meditaciones así nos lo hace pensar. La razón hay que buscarla en el hecho de ser animales rumiantes: mastican siempre dos veces lo que comen. Es decir, más que comer, "rumian" su alimento. Este doble tiempo en la alimentación abre el espacio de una meditación que los humanos no tenemos. Quizás a la larga una buena cosa para la evolución de nuestra especie sea aprender la lección y convertirnos en rumiantes: nos obligaría a estirar el tiempo alimentario que a la vez nos extendería el mental por obligación biológica. Y con una ventaja: mientras rumiamos, estamos tranquilos y despiertos, y no nos peleamos. De momento, contemplar la lentitud casi beata de estos animales reflexivos nos ayuda a estirar nuestro tiempo de omnívoros depredadores siempre a merced de nuestra hambre compulsiva. Lecciones que los bóvidos nos ofrecen gratis en los campos y a precios asequibles, que deberían ser más populares, en el Zoológico.

Atención, no sólo los bóvidos son rumiantes. También lo son los cérvidos, los jiráfidos, el carnero, las cabras selváticas, los búfalos y los antílopes. Como puede comprobarse, las universidades donde estudiar su ciencia son muchas y la mayoría están a nuestro alcance (¡unas 250 especies!).

Por último, diríamos que los bóvidos constituyen una familia de animales entrañables y a la vez enigmáticos, estéticamente muy poderosos y simbólicamente asociados a la cultura humana desde épocas inmemoriales. Creo que el devenir no les dejará aparte y que nos puede conducir a gratas sorpresas del todo inesperadas, cuando en las futuras facultades de filosofía profesores mixtos hombres-toro o mujeres-vaca, a modo de insólitos minotauros del saber, nos enseñen a pensar de verdad según las más avanzadas leyes del rumiar vacuno. Tiempo al tiempo ...

sábado, junio 30, 2012

Eurovegas y Toros en Cataluña: una convergencia obligada

La actualidad política está tan movida y cambiante estos últimos tiempos, que las reflexiones de mis amigos de la playa, los futurólogos Romà Bastides i Roger Mercadal, tomaron esta mañana curiosos derroteros, cuando a primera hora nos encontramos para caminar por la orilla del mar. El sol hacía apenas una hora que había salido y ya empezaba a castigar pero con una temperatura agradable proveniente del frescor de las aguas del Mediterráneo.
Decía Mercadal muy inspirado tras haber visto, desde su observatorio astral matutino, un par de planetas en misteriosa posición:

- En verdad, en verdad os digo, que según mis pronósticos más verosímiles, no lo tenemos todo perdido. 


- ¿A qué te refieres? ¿Acaso ya hay resultados claros de la cumbre europea?


- No, me refiero a los toros en Cataluña. Creo que la prohibición aprobada el año pasado en el Parlament tendrá pronta retirada. 


Bastides, al oir la palabra toros, aguzó el oído, como si de pronto escuchara música celestial que procedía sin duda del futuro. Yo no pude menos que sonreir, pues conocía muy bien la afición de mis amigos por las artes tauromáquicas. 


- Pero Mercadal, lo que dices es un disparate. ¿Cómo van a retirar una prohibición aprobada por mayoría en el Parlamento?


- Ya te dije hace días que estamos viviendo momentos muy especiales, decisivos incluso diría, para el futuro de nuestros países y del mundo entero. Esas épocas tan movidas en las que unos se hacen ricos y los otros empobrecen sin  que nadie sepa muy bien el porqué, son épocas que nos llegan a sorprender en las cosas más insospechadas. Y los toros es una de ellas.


Hizo una  pausa, buscando la inspiración de algún cuerpo femenino que a aquella hora temprana empiezan a proliferar por las playas barcelonesas, y tras al parecer haberlo encontrado, y respirando hondo con la vista vuelta en el horizonte, dijo: 


- Fíjate, Rumbau: todo apunta a que los buenos haceres de la Generalitat han conseguido inclinar la balanza del Eurovegas a favor de Cataluña. ¿E imaginas quién me lo indica? Las declaraciones de Ferran Adrià apoyando el proyecto. Ya sabes como nuestros pronósticos sobre el auge de la cocina catalana se están cumpliendo al pie de la letra: pronto empezarán las obras para el megaproyecto de un super Bulli que será Centro de Creación Culinaria, un faro mundial para los que quieran iniciarse en las Artes de la Cocina. Y si Ferran Adrià, que es un genio tanto de los fogones com de los negocios, se sube al carro del Super Casino, es que lo ha visto ya en su imaginación, instalado y funcionando. De cajón: la ruta del juego enlazará con el eje Rosas-Figueras, que atenderá a los visitantes mundiales con la pintura de Dalí y los platos de Adrià. Pero en esta ecuación, falta algo. Creo que ya lo habéis adivinado, ¿verdad?: los toros, sí señor. ¿Acaso tiene sentido que los clientes del Bulli, del Museo Dalí y del Eurovegas tengan que irse a Zaragoza, a  Valencia o a Nîmes para ver una Corrida de Toros? Absurdo. Nadie lo entendería y no está el horno para bollos. El atractivo turístico de los toros sigue siendo importante, y aunque muchos intentan rebajarlo, la verdad es que enlaza perfectamente con el tipo de clientela que se espera acuda al casino. 


- ¡Mercadal, has dado en el clavo! -exclamó entusiasmado Bastides, un viejo aficionado que los domingos acude a la Monumental para ver con la imaginación lo que se le ha prohibido ver en la realidad. 


- Al imponerse el realismo de lo práctico, los políticos moralistas deberán cambiar sus puntos de vista, adaptándose a las necesidades de los tiempos, que piden eficacia en servir al cliente, un programa de buenas prestaciones y obedecer sin chistar al imperativo económico. Los independistas, que cada día ganan posición, entenderán que la independencia se hace con dinero y para ello deberán bajar del burro en muchas cuestiones hasta ahora consideradas para ellos como tabúes: la lengua será una de ellas, aceptando el bilingüismo que les abrirá incondicionalidades hasta ahora inclinadas al otro lado, y los toros remacharán la cuestión, inclinando la balanza de la mayoría social al nuevo catalanismo tauromáquico y ya definitivamente entregado a la estrategia geopolítica del nuevo eje mediterráneo. Seguramente tendremos que esperar la llegada de una nueva generación de políticos procedentes la mayoría de las comarcas del sur de Tarragona, todas ellas amantes de la Fiesta Nacional, que será de inmediato convertida en Catalana, pero no me extrañaría que ello ocurriera más pronto de lo esperado, pues es mucha la velocidad de los cambios. 


Todo ello encaja con las predicciones de mis amigos sobre Cataluña y el resurgimiento que los toros tendrán en esta región, que destacará además por su dedicación a las artes de la Cocina, de la Ópera, del Amor y de la Arquitectura. Según ellos, serán catalanes los arquitectos que construirán las nuevas plazas de toros del futuro, que se harán en todo el mundo y especialmente en China, dónde la Fiesta adquirirá un relieve insólito y nuevos perfiles que la acercarán a la acrobacia, regresando en cierto modo a sus orígenes mediterráneos de la vieja Creta Minoica. 


- No son sueños, Rumbau. La realidad nos sorprenderá más de lo que nos pensamos, y Cataluña, que destacará pronto por sus iniciativas creativas de alto riesgo y nivel, saldrá de la crisis enarbolando la bandera del Juego, de los Toros y de la Buena Cocina. Será un asombro para el mundo entero. España caerá en una profunda depresión al constatar como los catalanes se apropian de uno de sus signos de identidad más venerados, y los antitaurinos de Madrid y Sevilla, animados por el despecho de los mismos taurinos hacia lo catalán, conseguirán prohibir allí los Toros, obligando a los aficionados a acudir en masa a los cosos catalanes, que serán nuevos y adaptados a los estándares de la nueva Fiesta, mucho más espectacular y colorista, con toreros que llevarán barretina, faja roja y alpargatas catalanas, y bandas musicales que incorporarán extraños sonidos puestos de moda por los chinos, y que no serán otros que los producidos por la tenora y el triple, los típicos instrumentos de la cobla catalana. 


- ¡Inaudito! -exclamo, entusiasmado por las inspiradas palabras de Mercadal. Un mundo al revés que ellos veían ya realizado en la imaginación. Me despido admirado y contento de escuchar sus sueños de futuro. ¡Ojalá la Historia les dé la razón!, pienso. La voz de Bastides suena aún en mis oídos: 


- Nada de sueños, Rumbau. Todo ello es ya una realidad que el Futuro tan sólo deberá desplegar cuando llegue el momento. Tiempo al tiempo, Rumbau, tiempo al tiempo, sin prisas y poco a poco, pero el día menos pensado, todo llegará.

jueves, julio 29, 2010

El futuro de los toros en el Levante español

Luto en Catalunya.

Tal debería ser el título de esta entrada. Luto, sí, pero no para todos, claro, pues parece ser que una cierta mayoría en Cataluña es en efecto contraria a la Fiesta. Pero sí para quiénes consideramos que valía la pena mantener esta tradición, a pesar de los pesares. Al parecer, algunas minorías lo tienen peliagudo hoy en Catalunya. Pero toca resignarse, como tantas veces sucede en esta vida. Cabizbajo y con sensación de derrota, voy a la playa para ver a mis dos amigos futurólogos, ambos muy taurinos. Al ir en traje de baño, pues hace mucho calor en Barcelona, no puede decirse que vayan de luto, pero sí me sorprende que caminen por las olas sin hablar, contra lo que tienen por costumbre.

- ¿Pasando el duelo? –les pregunto nada más alcanzarlos.

- Pues sí, hoy ha sido un día aciago, de los que se recordarán, un miércoles negro. Nos hemos quedado sin palabras… -dice Bastides- …y sin toros.

- Cierto, hemos seguido la votación por radio y casi nos saca las ganas de ir a la playa. Pero qué se le va a hacer… -afirma Mercadal compungido.

- Pero bueno, tampoco habrá para tanto. Tarde o temprano tenía que suceder algo así, viviendo dónde vivimos y con los políticos que tenemos…

- Es verdad, pero fíjate que lo que parece un avance, a la larga será un retroceso. Aunque no por ello se siga avanzando en lo fundamental, claro, pues eso no hay quién lo pare… -dijo crípticamente Bastides.

- ¿A qué te refieres?

- Mira, Rumbau, este avanzar sin avanzar es muy típico de los catalanes y sus tácticas de promoción de lo local, con esa obsesión que tenemos por las banderas, los himnos y las grandes palabras. Y esta decisión de hoy será un paso más en nuestra bajada hacia una decadencia de la idea catalana, tal como está ahora planteada. Fíjate que si en las corridas hubiéramos cambiado hace años la bandera española por la catalana, estoy seguro que no habríamos llegado a este punto. Ya lo decíamos nosotros, catalanizar la Corrida era la solución, creando un nuevo marchandising a la catalana del folclore taurino de siempre. Y para ello, lo primero era hacer un cambio de banderas. Otro gallo cantaría, te lo puedo bien asegurar. Total, si las cuatro barras son la bandera española multiplicada por dos… Tenemos el rojo y el amarillo por un tubo, pues a aprovecharlo. Los toreros con espardenyes, de las de verdad, y una buena faja catalana en la cintura. Y para el desfile, barretina. Era la solución, los de Esquerra se habrían hecho todos taurinos, y los de Convergencia no se habrían atrevido a tocar nada. Incluso se podrían haber introducido algunos instrumentos de la cobla para la banda de música, como el flabiol y la tenora.

Recuerdo, en efecto, que mis amigos habían lanzado esta idea en las “Cartas a mis conciudadanos” escritas por Romà Bastides y publicadas en el 2008, y que nadie les hizo ningún caso.

- Pero Bastides, tu idea es demasiado radical. Cómo puedes pensar que irían a sustituir una bandera por la otra…

(fiesta de la sardana en la plaza de toros de Ceret)

- Aquí está el fallo, que nadie se atreve a nada hoy en día. Hay que ser valientes, Rumbau, apostar por lo nuevo y ser creativos. Mira el Ferran Adrià ése de los fogones, a base de hacer lo que le ha dado la gana y lo que se le ha ocurrido de más estrafalario, ha llegado adónde ha llegado: ¡a la cima mundial de las cocinas del mundo! ¿Acaso es menos disparatado hacer un helado de sardinas que poner las cuatro barras y una barretina en la plaza de toros? Y tenemos el ejemplo de Ceret, que lo hacen cada año, pues para ellos toros y senyera van a la una..

- De acuerdo, igual tienes razón, pero la cosa está bien sentenciada.

- Hum… Todavía queda un año de gracia y habrá que aprovecharlo –dice crípticamente Mercadal.- Nunca se sabe lo que puede deparar el mañana. Las mayorías cambian y las personas también…

- Ilusiones, Mercadal, no hay vuelta atrás al asunto…

- Seguramente tienes razón y habrá que acostumbrarse a esta idea. Pero el futuro nos reserva muchas sorpresas. Otro gallo cantará cuando el Levante valenciano se alce y acuda a nuestra ayuda hacia el 2050 más o menos. Ya sabes que nosotros hemos pronosticado que el futuro de toda la región está en Valencia y muy especialmente en la pequeña Comunidad Autónoma de Murcia. Allá se verán mutaciones sociales y políticas de un alcance inimaginable hoy, y Catalunya reaccionará sumándose a este renacimiento del Mediterráneo español. ¡No le quedará otro remedio! Pero para entonces, ya los presidentes de la Generalitat serán todos mujeres, la capitalidad habrá dejado la turística Barcelona para asentarse en la tríada Tarragona, Reus y Tortosa, y el nuevo catalán normativo será el de la Franja y el Delta, con la incorporación del artículo “lo” en el habla cotidiano. Por otra parte, los chinos hará años que habrán importado la Corrida y sus toreros serán los más famosos del mundo, no habrá país que no quiera construir nuevas plazas de toros, y los catalanes serán los primeros en exigir que la vieja Monumental vuelva a ser torera. Será el gremio de los arquitectos catalanes el más feroz defensor de los toros, pues se morirán de ganas de construir nuevos coliseos de formas bizarras, cosa que harán luego sin tapujos, al convertirse en los más reputados especialistas en este tema. Ya sabes: teatros de ópera y plazas de toros serán los dos nuevos pilares de la economía catalana. ¿Y tu crees que no van a derogar una vieja prohibición sacada en el momento más deprimente del autogobierno catalán? No, Rumbau, cuando ello suceda, los diputados votarán todos convencidos, con acento tortosino y más contentos que unas pascuas.

Me quedé callado, impresionado por el discurso del médico jubilado Mercadal, tras haberse entusiasmado con sus visiones de futuro que tanto le consolaban del presente.

- Éste es nuestro futuro, Rumbau, y si a los demás no les gusta peor para ellos, porque cuando llegue no tendrán más remedio que asumirlo, como nosotros hacemos ahora con la votación de hoy y la consiguiente prohibición…

- Así es –remacha muy convencido Bastides–, has hablado con mucha propiedad y rectitud. La hojarasca a veces nos oculta el meollo de los asuntos que son meridianos respecto al futuro, al menos para nosotros: decadencia a corto plazo de Cataluña, resurgimiento de los vecinos del sur y brote de nueva creatividad literaria en Aragón, que acogerá las universidades de retórica más importantes del siglo. Todo ello permitirá retomar las cuestiones territoriales desde el viejo marco de la Corona de Aragón, que por fin permitirá crear un poderoso contrapoder al centralismo madrileño y a la tontería catalana, sin complejos y con una clara justificación histórica. Barcelona seguirá siendo una capital importante, desde luego, más simbólica que real, pues el poder se instalará en las pujantes Tarragona, Reus y Tortosa, ésta última convertida en la nueva capital financiera de Cataluña. Así se estará más cerca del dinamismo valenciano. Son líneas de evolución claras que Mercadal y yo hemos estudiado con mucho detalle. Pero claro, no deja de entristecernos que nos toque ahora ser testigos de una época previa a estos desenlaces brillantes, época gris y perdida, la actual, aunque necesaria, del mismo modo que las personas, al crecer, debemos pasar por las diferents etapas infantiles, por muy irracionales que sean.

- Pero a ver, un momento –les digo, aturdido ante la ebullición de sus visiones y contundentes afirmaciones–, yo creo que lo lógico es pensar que en eso de los toros ya no hay vuelta atrás, pues es absolutamente inverosímil creer que cuando más avanzada esté una sociedad en su progreso y bienestar, quiera de pronto reinstaurar una fiesta de sangre y muerte.

- El problema, Rumbau, es que tu piensas que hay y habrá un progreso, pero aquí cometes un error grave que solemos cometer mucho los catalanes, al pensar que somos algo así como un pueblo elegido que sólo puede acabar con mucho bienestar y riqueza, más el premio de la independencia y de una soberanía nacional plenamente confirmada. Todo eso llegará, sí, pero no como se lo imaginan los actuales catalanes. Porque si pudieras mirar por el agujerito de la cerradura que nos impide ver el futuro, verías que de progreso no hay nada de nada en un sentido moral y ético, sino más bien todo lo contrario: piensa que la sociedad de masas es ya imparable, y que la basurización de nuestros esquemas y formas de vida, con todos los “gadgeds” ofertados por el consumo y la publicidad, un hecho consumado. Lo que estamos viviendo ahora es una degradación del soñado bienestar y una reducción cada vez mayor de la llamada condición humana, cuyo mínimo común denominador se está quedando en mini sustancias de usar y tirar. Una sociedad así mantendrá unos principios morales cada vez más mínimos y estándares, lo que implica una decadencia generalizada en todos los aspectos civilizacionales. O sea que de progreso, nada. ¿Pero significa eso que vayamos a peor? En absoluto, es algo necesario por lo que debemos transitar.

Me quedé en ascuas escuchando las oscuras palabras de Bastides. Mercadal, que también escuchaba con mucha atención, tomó la palabra para aclarar los que decía su amigo:

- Mira, Rumbau, las minorías y sus culturas de élite seguirán existiendo, qué duda cabe, pero como algo en peligro de extinción. En unos casos deberán ser protegidos como preciados bienes públicos, en otros serán implacablemente perseguidos por las extravagancias que van contra el sentir de la basura general. Los que todavía quieran conservar algo de dignidad soberana y de libertad personal, deberán vivir casi en la clandestinidad, ocultos para protegerse, ya sea de la persecución consumista, social o de la banalización mediática. Pero ojo, la democratización que representa esta bajada del nivel medio de la masa será de vital importancia para que de ella surjan cada vez más individuos con voluntad mutante, abiertos a la complejidad y al cruce interseccionista. Y es aquí dónde de pronto se producirán en determinados lugares saltos evolutivos que arrastrarán a sus vecinos y harán avanzar de verdad la civilización humana.

- ¡Sí señor, muy bien dicho! –exclamó cada vez más excitado Bastides– ¿Y sabes cuál el será el factor principal que precipitará los cambios? Los pluralismos identitarios, es decir, aquellas poblaciones que lleven más tiempo en estado de dualidad y pluralidad existencial. Las provincias repletas de immigrantes como serán Murcia y algunas comarcas valencianas, obligadas a ser muchas cosas a la vez, mutarán cuando sus pluralidades sean asumidas y alcancen un estado de plena conciencia. Ya conoces nuestras predicciones al respecto, con el resurgimiento de una nueva cultura morisca que reincorporará la vieja tradición agrícola de los árabes en las huertas y los vergeles valencianos y murcianos. Será entonces cuando Cataluña, que siempre ha vivido de espaldas a su vieja dualidad catalano-española, empujada por los vecinos del sur, se mirará de cara por dentro y dará el salto evolutivo hacia una sociedad rica, compleja y profundamente creativa. Piensa que los catalanes entonces seremos mucho más complejos, una vez distintas generaciones de immigrantes se hayan integrado en el país. Para ellos, resucitar los toros será una cuestión de creatividad cultural, un regreso a ritos antiguos enraizados en vivencias profundas, una necesidad ante la cada vez más alienante banalidad consumista de la masificación cultural, algo revolucionario y progresista, en suma. Si hay mataderos dónde exterminamos a las reses sin tapujos, se dirán, ¿por qué no sacrificarlas con honor, respetando su dignidad y bajo la liturgia del rito? Aunque las verdaderas razones serán económicas y estéticas: arquitectos, diseñadores y empresarios del espectáculo aprovecharán estas necesidades y se convertirán en los adalides de la nueva Fiesta. Ya los chinos habrán incorporado el elemento acrobático en el toreo y lo más sorprendente de esta época del futuro de los toros es que los José Tomás nacerán por doquier, lo que levantará el arte de la tauromaquia a límites jamás alcanzados ni soñados por los actuales aficionados. Otra de las razones, desde luego, será la decadencia del fútbol prevista hacia la cuarta o quinta década del siglo, que hará sentir la necesidad de nuevos motivos de movilización social. Un factor, éste, que será muy tenido en cuenta por los políticos, y muy especialmente por las sucesivas presidentas de la Generalitat, todas ellas convertidas en linces estratégicos y forofas taurinas.

Bastides, que había dicho las últimas palabras con la mirada fija en el horizonte, como si allí se desplegaran las imágenes que iba narrando, se hallaba en estado de trance, algo que a veces le sucedía al tener visiones claras del futuro. Me detuve admirado e impresionado por sus palabras. Aquellos dos ancianos jamás podrían ver lo que pronosticaban, pues por mucho que duraran, no pasarían de las dos décadas, pero ello no era óbice para que insistieran en el empeño. En realidad, con su ilusión vivían ya ese futuro que veían, con lo que todavía lo convertían en más real y verosímil. ¡Qué sabiduría, pensé, vivir dos épocas en una: la que te ha tocado en suerte, y la que te gustaría que fuera! Seguimos caminando, como rumiantes callados y felices masticando las duples imágenes de presente y futuro que los dos futurólogos de la Barceloneta me habían ofrecido con tanta humildad y entusiasmo.

viernes, junio 20, 2008

Sobre José Tomás y Barack Obama.

Estábamos el otro día con Mercadal y Bastides en la playa, y se había sumado al grupo Salvador Corominas, periodista veterano ya a punto de jubilarse de uno de los periódicos más insignes de Barcelona. Estaba éste entusiasmado con José Tomás, la nueva revelación taurina del momento. Decía Corominas:

- ¿Pero habéis visto a este genio? Por lo visto, Madrid entero se volcó el otro día, en una faena que quedará marcada con letras de fuego para siempre, según dicen los cronistas. ¡Increíble!

(se refería Corominas a la primera Corrida de José Tomás en las Ventas, antes de las graves cogidas que sufrió en un domingo posterior)

- Sin duda, Corominas, aunque hoy en día a mi ésto no me sorprende –dijo enigmático Mercadal.

- ¿Pero qué dices? –exclamó el periodista- ¡Si hace siglos que no vemos un fenómeno parejo!

- Y no te contradigo, yo mismo lo he visto torear en Barcelona, impresionante, único, genial, y aquí está el quid de la cuestión: nos hallamos ante una fenomenología nueva, Corominas. Eso que antes ocurría pero menos, y que atribuíamos a una naturaleza de carácter excepcional, entre trágica y heroica, hoy se produce por decisión personal de individuos anodinos que simplemente hacen lo que quieren hacer. Fíjate en el mismo José Tomás: su aspecto es de lo más normal, se prepara como un deportista, enfoca la Corrida se diría casi con racionalidad, o al menos desde un laicismo que tiene más de profesional que de héroe, y contra todo pronóstico, entusiasma y arrebata. ¿Por qué? Pues simplemente porque sabe lo que busca y hace todo lo necesario para alcanzarlo. Y cómo el toreo es lucha con la muerte, pues el asunto se sigue a rajatabla, cómo debe ser.

- Pero bueno… -replico yo atónito-, es verdad lo que dices, incluso obvio, pero eso no le quita mérito ni genialidad a su figura…

- Desde luego, lejos de mi tal intención, muy al contrario, lo que digo es que no estamos ante un héroe de los de antes, sino ante alguien normal que simplemente ha tomado una decisión. Te parece poco, pero no lo es. Incluso diría que lo es muy poco. No es fácil tomar decisiones, y menos en una época como la nuestra, tan cargada de tentaciones y fuerzas que nos tiran de uno u otro lado. Hoy lo propio es ser muchas cosas sin ser nada de verdad, probar como las abejas de todas las flores un poquito… Eso no es malo, por supuesto, forma parte de nuestro tiempo, mediocratiza el conjunto y banaliza a los individuos, nada que decir. Pero de pronto, surge uno que decide ser el mejor torero y torero de verdad, y lo es. Pasa también en otros campos y no le damos ninguna importancia, pues la lucha con la muerte no es tan a las bravas como en los Toros. Pero en si, poca diferencia hay. Se trata de inclinarse por algo e ir a por ello, haya o no pitones por en medio. Y cada día más se atreven…

- ¿Quieres decir que cualquiera puede levantarse a semejantes alturas? –le pregunto cada vez más extrañado de las palabras de Mercadal.

- Exacto, cada uno según su locura, por supuesto, pues aquí reina la variedad y además no todos llevan el toreo en la sangre. Pero el salto a la genialidad, hoy, está asegurado, bueno, no para nosotros, que ya somos viejos, sino para la juventud sin distinción de género, pues las mujeres están cada día con mayor incumbencia.

Intervino en aquel momento Bastides, que escuchaba muy serio a su amigo:

- Lo que quiere decir Mercadal es que el laicismo y los poderes de la economía nos han hecho a todos iguales, en nuestra condición de seres desvalidos y precarios, reduciéndonos a un mínimo común denominador de la especie, a un cero cada día más cero y vacío. Y eso, que parece muy trágico, es en realidad una ventaja, pues nada hay como estar en el cero para llegar al todo, quiero decir, para alzarse a las cumbres de la realización en la materia que sea. Pues cuando se está en el 1, el dos o el tres, uno ya se conforma de lo que es y no siente deseos de saltar más arriba, mientras que desde el puro cero, el trampolín nos viene dado.

- ¿Quieres decir que ésto explica que José Tomás se suba a las nubes en cada una de sus faenas? –preguntó incrédulo Corominas, con la boca abierta por el asombro.

- Así es. Y por eso los genios y los grandes vencedores de ahora nos son y parecen tan cercanos, pues están hechos de la misma banalidad de todos nosotros, sólo que un día deciden saltar y alzarse dónde nadie se atreve. Pero el trampolín está ahí, y sólo hace falta la decisión del atrevido.

- ¡Pero si eso siempre ha sido así! –exclamó casi indignado Corominas ante las contundentes afirmaciones de Bastides.

- En absoluto, antes lo trascendente y lo colectivo ponían alas a los aspirantes a héroes, mientras que ahora nada ni nadie empuja por ninguna parte. La fuerza del empuje sólo viene de nosotros, de ahí que sorprenda tanto ver a alguien alzarse hacia la genialidad desde las mismas bases mediocres en las que estamos todos.

Corominas, poco acostumbrado a las extravagantes ideas de mis amigos de la playa, se quedó desconcertado, sin saber qué responder. Aproveché el silencio para cambiar de tercio, pues los vi muy metafísicos aquella tarde. Y para bajar a la realidad, pregunté a los adivinos sobre el candidato Obama, el demócrata que aspira llegar a la Casa Blanca.

- ¿Os parece que puede ganar?

Se quedaron un rato pensando mientras avanzábamos por la arena mojada en dirección al nuevo hotel que se construye allí dónde la playa de la Barceloneta acaba, cuando dijo Bastides:

- Mira, Rumbau, yo no sé si va a ganar, pero lo que sí te puedo asegurar es que si gana, será una demostración de que los Estados Unidos no están tan acabados cómo nos pensamos. Y por eso tengo mis dudas, pues ya sabes que nuestros pronósticos no son muy halagüeños para este gran país. Sin embargo, la juventud y el arrojo del candidato Obama me hacen pensar que en caso de victoria, no tardaría mucho en encarnar los anhelos bélicos que van asociados al cargo, pues no parece factible que esos servidores de Marte en que se han convertido los americanos se pasen tan alegremente al campo de Venus. Ya sabes que en el siglo XXI pintan bastos, y alguien los tiene que repartir. Y fíjate que las mejores intenciones producen muy a menudo los peores desastres, pues la buena fe ofusca la visión estratégica, obnubilada por el sentimentalismo de lo inmediato, excusa que tanto ha servido a los condicionados por el destino a ajustarse a su mandato, dando así a la conciencia tranquilidad y, a lo inevitable, franquicia.

- ¡Caramba, Bastides, me dejas impresionado! –exclamó divertido Corominas al escuchar al zapatero adivino de la Barceloneta– O sea que pase lo que pase, gane o no gane Obama, los Estados Unidos seguirán cómo hasta ahora, dándole al bastón de mando.

- Así es. Por supuesto, los matices pueden ser diferentes, y el estilo también. Que antes de un ataque haya diálogo y reuniones, no saca contundencia al ataque cuando éste se produce, con el añadido de otorgarle legitimidad, pues al menos se han guardado las formas, cosa que Bush despreció. Y la vocación militarista de los Estados Unidos necesita de alguien que asienta la autoridad y dé a la acción un mínimo de legalidad. No hacerlo es correr peligros innecesarios. Demasiados negocios están en juego como para dejar que unos inexpertos lo manden todo a paseo. Por eso pienso que lo más seguro es que gane Obama.

- O sea que ahora crees que sí que puede ganar… -apuntó Corominas cada vez más divertido.

- Tienes razón, Bastides –intervino Mercadal en defensa de su amigo–. Nuestros pronósticos son claros al respecto, y Obama puede insuflar nuevas energías a este país todavía joven que tanto gusta de exhibirlas. Bien harán los dirigentes iraníes a atenerse al diálogo previo que les van a ofrecer. Ignorarlo pensando que el enemigo se ha pasado al lado de la paz puede ser un grave error táctico que les haga perder la posición de fuerza alcanzada con tanto esfuerzo por los iraníes. El presidente descerebrado que tienen ahora los puede conducir al desastre si los más realistas del país no consiguen frenarlo y cambiarlo por alguien más estratégico. Y sería una pena, pues ya sabes que tenemos un gran aprecio a este gran país que es Irán.

- Y yo que pensaba que esta guerra ya estaba descartada… -dije.

- No lo está, por desgracia para todos. Y sino, pregúntale a Corominas, que por trabajar en un periódico está más enterado que nosotros.

El aludido sonrío sin decir nada. Nos acercábamos ya a las dos y el himno del Club no tardaría en sonar. Corominas, que también es socio del Natación cómo yo, consideró que ya tenía bastante de paseo. Y dejando a los dos adivinos con sus cavilaciones, nos fuímos lentamente hacia las duchas.

jueves, junio 21, 2007

¡VIVA LA FIESTA DE LOS TOROS!

En efecto, querido bloguero, soy un defensor de los toros. No sé si lo sería tan ardientemente si viviera en Madrid, Sevilla o Valencia, ciudades taurinas sin tacha, pero viviendo en Barcelona, que presume de ecologista y bienpensante y, además, se ha declarado oficialmente “antitaurina”, la verdad, sólo puedo defender a los que acuden a la Monumental para asistir a los toros.

Todo eso viene a cuento a raíz de la gran fiesta taurina del pasado domingo, en la que José Tomás volvió a los ruedos y llenó la Plaza de la Monumental de Barcelona hasta la bandera.

Y es que lo que más me indigna es la falta de respeto de los antitaurinos hacia los aficionados. ¿Por qué ese odio visceral, capaz de movilizar a gente con pancartas y de manifestarse con exabruptos e improperios? Pues porque para esos detractores de la Corrida, la Fiesta de los Toros es sinónimo de españolidad.

Yo me pregunto, ¿cuántos serán los aficionados que quedan? ¿Quizás unos veinte mil asiduos posibles en Barcelona más otros muchos miles en potencia? Personas barcelonesas como las que más, aunque algunas hayan llegado del sur o de otros lares de España, y representen en general unos estilos de vida antiguos, alejados de la modernidad. ¡Pero si ésa es una de sus grandes virtudes! ¿Y por qué no tienen derecho a disfrutar de una de las costumbres más antiguas y arraigadas del país, aunque sólo sean veinte mil y no llenen un estadio de fútbol?

No se olviden que Barcelona fue una ciudad taurina de gran categoría, con tres plazas en pleno funcionamiento, algo insólito en España. Sólo tras el franquismo, y a causa del abuso que Franco hizo de los toros al identificar la Corrida con la Fiesta Nacional por excelencia, el catalanismo pasó a considerarla como lo más rancio de la vieja cultura española que, llegada la democracia, había que eliminar.

Muchas son las razones para defender la Corrida de Toros. En otro texto publicado en este blog expuse ya 10 razones, creo yo harto convincentes (ver “Defensa raonada de la Corrida de Toros”, enero 2006). De todas ellas, me quedo con la número 10, que decía así (me traduzco del catalán):

RAZÓN 10: Si la libertad sigue siendo uno de los principios básicos de nuestra cultura, no veo porqué se tiene que prohibir esta práctica defendida, practicada y gozada por miles de personas. De la misma manera que hay libertad para jugar al fútbol, para poner una “casa de señoritas”, para importar y exportar vinos, tabacos y camisetas, para comprar y vender coches, para abrir supermercados y grandes superficies, para cazar, comerse un buen pollo o beberse una cervesa, no veo porqué no puede existir el derecho a torear o a gozar de una buena o mala Corrida de Toros, existiendo como existe la correspondiente regulación legal consensuada sobre este tema.

Tal vez el día que se haya establecido un nuevo código de relación de los humanos con los demás animales, código que se enfrente a los temas de verdad, cogiendo cómo quién dice “el toro por los cuernos”, sólo entonces, ya sin mataderos y todos vegetarianos, podríamos empezar a aceptar la renuncia a la Fiesta. Entretanto, debemos ser coherentes y aceptar el principio básico de la libertad humana, patrimonio de todos.


No sé si habré convencido al lector. Supongo que no. En todo caso, ésta es mi sincera y modesta opinión.

domingo, abril 23, 2006

Día de Sant Jordi.


Hoy toca rosas y libros. Yo he comprado las rosas de rigor a los seres queridos del sexo opuesto. Y sólo un libro: el que vendía el diario El País con la edición de hoy: “Los Toros y las fiestas populares”. Una maravilla. Fotografías históricas en blanco y negro de la Fiesta, siguiendo un hilo diacrónico hasta nuestros días. Lo recomiendo a los aficionados y también a los no aficionados. Además sale barato. Al adquirir este libro, me sentí contento, aliviado, “¡uf, me dije, ni best-sellers ni libros mediáticos ni libros de alta calidad: hoy, día del libro, fiesta catalana por excelencia, pues se celebra al santo patrón de Cataluña, me compro un libro sobre toros!” Así defiendo y reivindico, en mi pequeño acto compratorio y sin mucho dispendio, a esa “otredad catalana” a la que tanto quiero y disfruto.

¡Visca Catalunya lliure i torera!

sábado, enero 14, 2006

DEFENSA RAONADA DE LA CORRIDA DE TOROS


Estimats bloguers: penso que el tema dels toros, ara que som fora de temporada i els ànims dels anti i dels pro estan desescalfats, mereix una reflexió informal però alhora raonada, que intentaré exposar sense ànims d’ofendre a ningú i respectant totes les opinions que puguin haver-hi a favor i en contra. La tesi principal d’aquesta defensa raonada és que no sols no s’han de prohibir les corrides de toros, sinó que s’han de promoure, a Espanya i especialment a Catalunya, molt més del que ara ho estan. Amb la intenció de ser escuet, em limitaré a exposar deu raons importants:

1- RAÓ PRINCIPAL: raó de tipus econòmic i estratègic d’alt interès pel país. Els que posen en qüestió les corrides de toros, no haurien d’oblidar que som un país que viu majoritàriament del turisme. Doncs bé, crec que ningú posaria en dubte que un dels actius més importants amb els que compta la indústria turística espanyola –i de rebot, la catalana- és la relacionada amb els toros. La Corrida s’ha convertit en un dels signes d’identitat espanyols per excel.lència, coneguda a tot el món i per totes les cultures.

Per als països occidentalitzats, consisteix en un anacronisme que estimula i excita el gust per l’aventura i el perill, posant una nota de color altament exòtic al nostre paisatge turístic. Per als països encara en vies de modernització, és igualment un anacronisme que desperta la curiositat i la simpatia dels seus pobles, els quals veuen que la modernitat no té perquè eliminar totes les tradicions, per estranyes i passades de rosca que siguin.

Aquesta raó s’aplica també a Catalunya, per molt que alguns dels actuals polítics i moviments ciutadans creguin el contrari: Catalunya participa del moviment general turístic espanyol i seria un disbarat que pagaríem molt car voler-lo separar del mateix. L’aposta pel turisme de cultura que Catalunya vol fer ha d’incloure sense cap mena de complexes la festa dels braus, la qual compta amb una suficient tradició a casa nostra, amén d’unes magnífiques instal.lacions plenes d’interès estètic i històric.

Una possibilitat de futur a tenir en compte seria la catalanització de la Corrida, complementant les banderes espanyoles amb la Senyera, i incorporant els instruments típics de la cobla a les bandes musicals que interpreten els pasodobles de rigor. S’hauria de promoure la creació d'una nova generació de toreros catalans amb nous vestuaris vistosos i brillants, feina que els nostres modistos de primera fila sabrien sens dubte realitzar. Aquesta catalanització de la Corrida donaria una nova empenta i vigoria a la Festa i a la necessària renovació de la nostra indústria turística, necessitada com està de posar-se al dia i trepitjar amb força les difícils èpoques que s’acosten.

2- SEGONA RAÓ IGUALMENT PRINCIPAL: La indústria del souvenir no seria la que és al nostre país sense la Corrida de Toros. Eliminar aquesta restaria valor als objectes fetitxes, els quals trobarien difícil la seva justificació. Una indústria que mou molts mil.lions de duros i llocs de treball, però sobretot que és capaç de despertar l’interès dels visitants fins a uns nivells insospitats. Mantenir viva i ben desperta la festa de braus dóna força i ànima a tots els seus souvenirs, creant el corpus d’una mitologia hispànica que a la llarga ens pot salvar de les inevitables crisis futures del turisme. També aquí no estaria gens malament procedir a una catalanització dels souvenirs taurins, no per substituir l’existent sinó per complementar-la amb ànims d’augmentar els beneficis i buscant l’efecte abans esmentat de la renovació.

3- TERCERA RAÓ QUE SEGUEIX SENT PRINCIPAL: que el turisme està encaminat a viure una gegantesca crisi és una realitat que ja ningú s’atreveix a contradir. Tard o d’hora, els nous destins turístics amb una oferta de preus extraordinàriament baixa i amb unes prestacions de servei igual d’excel.lents que les nostres, faran caure el turisme espanyol en una crisi sense precedents. Turquia és el cas més evident, un destí que molts europeus ja han escollit com substitutori a l’espanyol, amb unes prestacions de sol, platja, hosteleria i patrimoni arqueològic que superen en molt a les nostres. I fent cua al darrera de Turquia, hi ha un fotimer de països que només esperen el moment per llançar-se a l’arena mundial de la competència turística. Ara bé, quin és l’element que mai cap altre país de la zona podrà oferir? Els toros. Llevat d’alguns països d’Amèrica Llatina que també practiquen l’art de la tauromàquia (els quals estan a anys llum de la nostra capacitat turística), Espanya, i amb ella Catalunya, despunta per aquesta exclusivitat que a mesura que els anys passin i els països es vagin modernitzant, desperta i seguirà despertant més i més interès i curiositat. Seria realment una bogeria i un verdader suïcidi desprendre’s de la Corrida, quan més la necessitem.

4- RAÓ SOCIOLÒGICA, POÈTICA I SENTIMENTAL: considerada potser com menor pels observadors més pragmàtics, consisteix, nogensmenys, una raó per a mí principalíssima: els Toros són el reducte d’una determinada poètica social i sentimental al qual s’hi senten inclosos una àmplia franja de població espanyola i catalana. Les xifres en números absoluts poden canviar de regió a regió, però en termes generals es pot considerar el col.lectiu dels afeccionats als toros com prou important per merèixer el respecte dels qui no s’hi senten inclosos. Pertanyença que entronca amb una manera peculiar i antiga d’entendre la cosa social, caracteritzada per una sensibilitat envers certs elements curiosos i arcaics i per això mateix dignes del màxim interès i respecte.

Aqueta poètica no té res a veure amb les que s’estilen ara, ja que està basada en uns referents antics i vells que l’actualitat consumista de les noves generacions ha posat en desús, motiu pel qual els detractors moderns de la Corrida li han agafat tanta mania. Però precisament per això es mereix un respecte que no ens cansarem mai de defensar. Pel que fa a Catalunya, al seu reducte tauromàquic s’hi inclouen persones de moltes classes socials distintes i de procedències ben diverses, col.lectiu al qual seria una total manca de respecte que se li sustregués aquest tan noble com legítim entreteniment.

5- RAÓ HISTÒRICA: dues són les raons que pertanyen a aquest apartat: 1) el fet de tractar-se La Corrida d’un divertiment arcaic que respòn més a una època antiga que actual, li dóna un interès d’arqueologia social i antrolopològica única al món i, per això mateix, digne de ser mantinguda i protegida; 2) anar a una Corrida de Toros és fer un viatge en el temps històric de dues o tres generacions, amb una atmòsfera que la modernitat ha fet desaparèixer arreu, però que la Festa manté viva i actual, atmòsfera de cares antigues, de parlars pausats i castissos, d’imatges elegants i pintoresques, d’emocions que tenen a veure amb situacions primordials, arcaiques i arriscades, fins i tot de maneres de vestir que semblen fugir del present estàndar. Aquestes raons, que poden semblar sentimentals i sense pes pels enemics de la Corrida, són per a mi les més importants, ja que disposar d’un lloc on poder-se sustreure dels imperatius actuals en voga és un privilegi que molt poques societats, de les considerades modernes, gaudeixen.

6- RAÓ ESTÈTICA: és molt important pels qui veuen la Corrida com un ritual ple de signes estètics de gran relleu i categoria. Aquests aspectes han estat molt celebrats pels artistes i pels esteticistes en general, que els consideren únics al món, amb unes efectes d’intensitat que el dramatisme de la Festa no fa més que augmentar. Potser Picasso és qui més ha destacat aquests aspectes, tractant la tauromàquia com un dels seus temes preferits. La llista, però, d’artistes amants dels Toros és llarga.

7- RAÓ SIMBÒLICA: sobre els simbolismes de La Corrida s’ha escrit molt i no seria bò fer-nos pesats sobre aquest tema. Només mencionar l’extraordinària riquesa simbòlica que ofereixen Els Toros en una època tan mancada de simbolismes reals associats a les veritats de carn i ossos, i als processos essencials: la lluita de la vida contra la mort, enfrontar-se al destí i a la mort amb elegància i des d’una actitud estètica, acceptar els riscos de la vida que et dóna cornades de sorpresa, la plaça com metàfora de la vida, el cercle com l’espai reunió dels opostos, la dualitat home-bèstia, el negre oposat al vermell, la lluita amb la part fosca de l’home, etc. La Corrida dóna una resposta i la seva particular visió a tots aquests opostos simbòlics, resposta i visió que provenen d’un temps antic al quals per molt que no ens ho volguem creure, encara hi estem ficats de ple. Acceptar la realitat de les coses i el fatalisme dels desenllaços dramàtics és una sana cura d’humilitat que fins que les coses no canviin de veritat vers altres paràmetres simbòlics de comportament i de relació, és bo i saludable reconèixer.

En aquest apartat del simbolisme, hi caldria afegir l’element pedagògic que representa mostrar a la llum pública la realitat de la nostra relació amb els animals: en acabar la Corrida, l’espectador pot veure com l’animal mort és desquartitzat davant de tots, tallat en trossos, sense que en cap moment hi hagi la sinistre ocultació que es fa d’aquestes qüestions en les nostres ciutats, on els escorxadors es troben ben amagats als extrarradis industrials, lluny de les mirades indiscretes dels ciutadans. Aquest element pedagògic i revelador dóna un afegit simbòlic a la Corrida d’un pes extraordinari.

8- RAÓ COMPARATIVA : dues són les comparacions que es solen fer quan es parla de toros, les quals l’ajuden sens dubte a defensar-se contra els enemics que l’ataquen:

1) amb el futbol: comparada amb aquest divertiment de masses, la Corrida apareix com un espectacle altament civilitzat, propiciador del bon gust, la bona educació i la contenció emocional. Realment tot juga a favor de la Corrida en aquesta comparació, i la prohibició d’anar als toros que existeix sobre els menors no deixa de ser una perfecta hipocresia, comparativament parlant, en ser tan evident la malèvola acció exemplar que el futbol té envers els menors;

2) amb els mataderos industrials: aquí la comparació posa de relleu l’absoluta manca de coherència dels qui ataquen la Corrida amb la raó de voler defensar els animals, en callar davant l’horror exterminador dels mataderos industrials, que representen la màxima degradació imaginable de la condició animal. Per comprovar-ho, només cal anar a un dels actuals escorxadors, on les bèsties són exterminades en cadena una darrera l’altra, per sistemes industrialitzats, perfectaments “nets i indolors”, com diuen els seus defensors, que posen la pell de gallina al més insensible dels observadors. Abans de ficar-se amb la Festa dels Toros, potser seria millor ficar-se amb els mataderos, i un cop s’hagi aconseguit que la població accepti eliminar aquests camps d’extermini d’animals o simplement es faci tota vegetariana, llavors potser es podria començar a posar en qüestió la Corrida.

9- RAÓ DE FUTUR: un únic fet justifica aquesta novena raó: la notícia de que a la ciutat de Pekín s’està construïnt una plaça de toros amb la intenció de celebrar-hi Corrides. Si Xina acull la festa de braus i se la fa seva, com és propi que faci amb tot allò que desperta el seu interès, no hi ha dubte que el futur de la Festa està no sols assegurat, sinó consolidat i multiplicat per mil. Els xinesos, a més a més de revolucionar la pràctica tradicional de la Corrida, la pot extendre a tot el seu continent i per extensió a la resta del planeta.

Seria ridícul que just en el moment que els futurs amos del món incorporen la Festa als seus costums i formes d’entreteniment, nosaltres decidíssim suprimir-la. Pel contrari, un manteniment de la Festa convertiria Espanya i Catalunya de retruc en la meca dels afeccionats xinesos, que voldrien visitar ni que fos una vegada a la vida la terra mare que va veure néixer la tauromàquia. I si comptem que els allaus de turistes japonesos seran d’aquí a uns anys completament eclipsats pels arribaments massius dels nous turistes xinesos, no cal dir que tant Catalunya com Espanya tenen més a guanyar que a perdre conreant i protegint la Festa.

10- RAÓ FINAL: si la llibertat segueix sent un dels principis bàsics de la nostra cultura, no veig perquè s’ha d’interdir una pràctica defensada, conreada i gaudida per milers de persones. De la mateixa manera que hi ha llibertat per jugar a futbol, per posar una casa de barrets, per importar i exportar vins, tabac i samarretes, per comprar i vendre cotxes, per obrir supermercats i grans superfícies, per caçar, menjar-se un pollastre o beure’s una cervesa, no veig perquè no hi ha d’haver el dret a torejar i a gaudir d’una bona o dolenta Corrida de Toros, existint com existeix la corresponent regulació legal consensuada sobre la matèria.

Potser el dia que s’hagi establert un nou còdig de relació de l’home amb l’entorn i especialment amb els demés animals, còdig que s’enfronti als temes de veritat, agafant com qui diu “el toro per les banyes”, només llavors, ja sense mataderos i tots vegetarians, podríem acceptar a parlar de la conveniència de renunciar a la Festa. Mentrestant, cal ser coherents i acceptar el principi bàsic de la llibertat humana, patrimoni de tots.

Aquestes deu raons es podrien multiplicar per mil si deixéssim parlar un a un als afeccionats als toros, els quals sens dubte en trobarien cinquanta mil més a afegir a les nostres. De moment, serveixin d’aperitiu per a una campanya més seriosa i profunda -i esperem definitiva- per a la preservació i el conreu, a Catalunya i a Espanya, de l’antiga, espanyola i catalana Corrida de Toros.