lunes, mayo 20, 2024

Frente a las polarizaciones irredentas, la intersección mutante creativa

Playa de la Barceloneta. Foto Luca Valentino

Playa de la Barceloneta. Foto de Luca Valentino

Esta frase no me la he inventado yo, que conste, sino mis dos amigos futurólogos de la Barceloneta, que tanto han teorizado en sus cartas sobre las cuestiones del futuro. Hace días que los oigo con este mantra de la ‘intersección mutante creativa’, que para ellos es el quid de las cosas que están por ocurrir. Una mutación, bonita palabra que, sin embargo, sabe más a deseo o a sueño, que a realidad. ¿Mutar en qué, y para qué?

- Caracoles, Rumbau, todo es muy evidente: si seguimos con lo mismo, acabaremos achicharrados por los conflictos sin solución, que son todos los que nos rodean e incumben.

Eso dijo Mercadal, para rematar luego Bastidas con la siguiente consideración:

- Elemental, pero no nos olvidemos de que estamos hablando del futuro no inmediato, quiero decir, no el de mañana o pasado mañana, que ya está maduro o ‘cocinado’, sino del que nos llegará en unos años o décadas, del que nada sabemos.

Claro, pensé, del que nada sabemos, menos ellos, que lo ven con claridad meridiana cada día en sus paseos por la playa…

- Así es, Rumbau -respondió el doctor jubilado, que me había pescado lo que pensaba-, aunque no lo parezca, somos muy realistas y tenemos claro que nuestras visiones son eso, visiones, y por ello mismo difíciles por no decir imposibles de demostrar. Y, sin embargo, ahí están, para indicarnos el camino de lo posible.

- ¿Y por donde andan esos caminos?

- Como ya hemos dicho más de una vez, en aceptar múltiples temporalidades. Salir es esta tiranía de los tiempos únicos, de los que no podemos o, más bien, no nos dejan escapar. Fíjate que hoy todos pugnan por imponer sus tiempos, que creen ser los mejores. Los nacionalistas de cualquier tendencia y especialidad viven inmersos en tiempos que ellos consideran únicos, tiempos que les llegan del pasado y que están dirigidos a conseguir un futuro particular, el de la nación en la que creen. Por eso desprecian los tiempos intermedios, los de la gente normal, que no creen en nada o en otras cosas, los que vivimos el día a día intentando conseguir tiempos propios, personales de cada uno, que son los que liberan y dan satisfacción. En cambio, los tiempos nacionalistas necesitan someter las diferencias para imponer el suyo que, al ser colectivo, necesita obediencia de todos.

- Esto es una verdad como un templo…

- Pero no solo son los nacionalistas, cada partido político busca imponer su propia temporalidad. En el fondo, eso que llaman ‘relato’ no deja de ser una descripción del tiempo que pretenden imponer. También las novelas y los relatos literarios proponen tiempos diferentes, pero no pretenden imponerlos a los demás, todos sabemos que las novelas buscan crear un tiempo diferente y propio, que nos sirve para entender y ver las cosas desde otras perspectivas, y así poderlo cruzar con el que nosotros tenemos.

- Es verdad eso que dices, Bastidas, pero las sociedades necesitan tiempos compartidos para funcionar y no caer en el caos. Creo que lo difícil es llegar a darse cuenta del asunto, pues pocas veces he visto a la gente preocuparse por esta temática. Si es verdad que muchos se quejan de que no tienen tiempo para ellos ni para nada, según se dice con mucha insistencia, pero lo consideran una característica del momento, un estigma de nuestra época, y lo asumen como algo irremediable.

Nos detuvimos acosados de pronto por la belleza del mar, de un azul intenso, con un sol que empezaba a menguar. Recordé entonces otro asunto que me llevaba preocupando desde hace días.

- Quiero preguntaros qué opináis sobre la crisis de Israel y Palestina, y la guerra que allí tiene lugar. ¿Cómo lo veis?

Sabía que mis amigos futurólogos tenían algunas ideas claras sobre este eterno conflicto, y los últimos acontecimientos quizás les habían cambiado de parecer.

- Rumbau, este conflicto es el paradigma número uno de lo que estábamos hablando sobre los discursos únicos y las polaridades. Pero allí el juego sucio y el choque de las unicidades ha llegado a tales extremos, que incluso a nosotros nos sorprende. Ya sabes que con anterioridad abordamos este tema y que dijimos que hacia la mitad del siglo XXI empezaría el declive de Israel y su sustitución por una nueva entidad mucho más compleja e interesante, con la importante intervención del Líbano en este desenlace liberador para todas las partes, incluyendo a los mismos israelitas.

- Sí, lo recuerdo muy bien (vean el libro ‘El Futur de Catalunya i els Amics de la Platja’, una recopilación de cartas de Bastidas editada por Arola Editors).

- Pues ahora, seguimos pensando lo mismo, pero con el agravante de que el suicidio israelita, empujado por la estupidez americana, puede llegar a ser más caótica y catastrófica de lo que pensábamos. Sobre si será antes o después de lo predicho, aún no sabemos qué pensar, pero no me extrañaría que la aceleración de nuestra época lo acabara engullendo todo a velocidades de vértigo.

- Es terrible lo que decís.

-Lo es, pero los acontecimientos aquí se adelantan a la cautela con la que suele moverse la Historia. Parece que la excelsa señora tiene prisa, y que la imbecilidad humana la está poniendo nerviosa, con ganas de sacarse de encima las penosas transiciones en las que estamos embarcados.

- ¿Pero acaso sabéis hacia dónde vamos?

- Nos lo olemos, Rumbau, nos lo olemos…

- ¿Y por dónde van los tiros, según vosotros?

- Los caminos son múltiples, pero las tendencias son dos: la primera es por allá donde empujan buena parte de los estados y las multinacionales, eso es, caer rápido bajo el dominio de las nuevas tecnologías digitales y los avances de la Inteligencia Artificial y toda esta panacea. A ello apuestan los grandes poderes, empezando por los de cariz totalitaria, China y Rusia, y seguidos por las llamadas democracias, Europa, EEUU, la Índia, etc. Un futuro tecnocrático de felicidades controladas y de esclavitud mental y física.

- Si, esta es bastante obvia. ¿Y la segunda?

- La segunda está aún por inventar, pero todo el mundo sabe sin decirlo que ronda alrededor de esos valores hoy desprestigiados que tienen que ver con la Libertad, con la sutileza del Espíritu, y con el dúo Igualdad-Fraternidad pero que acepta la Diferencia. Algo en lo que aparentemente todos estamos de acuerdo, pero que la pereza, la dejadez y la estupidez imperantes no permiten que se manifieste.

- Esta segunda vía parece estar vetada a los humanos de hoy…

- Tienes toda razón del mundo, y se explica este veto por la gran dificultad que conlleva pensar lo sutil, y ejercer la Igualdad y la Fraternidad incluyendo la Diferencia. ¿Cómo podemos ser iguales y fraternales si somos diferentes? Es una contradicción que requiere ser entendida y aceptada, y eso es pedir mucho a los humanos de hoy, anclados como están en verdades únicas, agrupados en conjuntos dentro de los cuales todos son muy amigos y fraternales, pero que consideran al grupo de al lado enemigos acérrimos sin derecho a existir. Cuando todos los grupos se comportan así, llegamos a la guerra de todos contra todos, y en estas condiciones suele ganar el más poderoso. Para esos grupos poderosos, la solución es impulsar sociedades controladas por la tecnología, sumisas y obedientes, y para ello necesitan a los enemigos exteriores que justifican las medidas de control y coacción. Nada nuevo en la faz de la Tierra, pero con posibilidades más plausibles de realizarse gracias a las nuevas tecnologías inteligentes, capaces de manejar las complejidades y manipular a las personas.

- Por cierto, que lo que acabas de explicar tiene que ver con lo que decíamos al principio sobre cómo nuestras sociedades se han polarizado últimamente, de modo que siempre tiene que haber dos bandos opuestos enfrentados entre sí. Y ahí es donde habéis situado esta idea de la ‘intersección mutante creativa’. ¿Podrías explicarlo algo mejor?

- Es una de las vías de salida. Requiere dos cosas: sutileza cognitiva y pensamiento analógico: aquel que sabe sustituir las propiedades reales de un modelo por otras propiedades que le son cercanas o equivalentes. Es decir, aprender a pensar desdoblando los planos de la realidad en dos o más niveles, para desde aquí poderlos cruzar y combinar. Cuando ello sucede, el ejecutante debe buscar lo que llamamos la ‘intersección mutante creativa’, es decir, un tercer plano que supere e incluya a los dos anteriores, pero que a su vez sea un plano nuevo, radicalmente diferente y que instaure una mutación en la forma de pensar. Eso lo han hecho algunos poetas, artistas y pensadores, pero aplicarlo a la vida cotidiana debe ser su objetivo final, para ver si de este modo conseguimos salir del embrollo fatídico del ‘todos contra todos’.

- Me parece muy interesante lo que dices, pero me suena a teoría, y ya sabes que si algo odian las poblaciones son las teorías que pretenden moralizarlas. No le veo mucho futuro.

- Y tienes toda la razón del mundo, Rumbau, pero acuérdate que eso no es ningún plan de batalla ni ninguna consigna que seguir, sino una simple reflexión desde la sutileza del pensar. Pero también hay que saber que las ideas nuevas, para expandirse, necesitan ser sutiles para así poderse infiltrar y entretejerse con las predominantes, minando lentamente a estas y cambiando los modos de ver las cosas. Cuando las contradicciones se conviertan en fenómenos insoportables, será entonces cuando los supervivientes podrán encontrar en el desván de lo invisible inconsciente aquellas soluciones que les sean prácticas y útiles, y saber que existen maneras de engullir las contradicciones y aceptar los opuestos para desde aquí crear algo nuevo. Será sin duda una novedad a la que recurrirán quienes no deseen sucumbir en el pandemónium de la estupidez.

- ¡Muy sutiles os veo hoy, Bastidas!

- ¡Qué remedio! Pensar el futuro es más complicado de lo que parece, Rumbau, y siempre hemos pensado que alguien tiene que hacerlo, aunque luego nadie nos haga el mínimo caso. Pero al menos nosotros nos quedamos tranquilos y permite que sigamos siendo optimistas, a pesar de la oscuridad que reina en el día a día.

Quedé admirado de ver cómo aquellos dos vejestorios que se llamaban a sí mismos futurólogos eran capaces de pensar con una sutileza que ya quisiera yo tener, y mantenerse optimistas en un mundo tan negro como el de hoy en día. Me fui a las duchas del Club, diciéndome lo afortunado que era de compartir aquellos momentos de filosofía playera, que nadie en sus cabales escucharía, pero que a mí me daban tanto en qué pensar.


lunes, septiembre 04, 2023

Publicada la novela de Toni Rumbau ‘El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia’. Reseña de Giovanni Papello

 

Portada y contraportada de la novela


Acaba de aparecer publicada por 
Thot Arts, sello asociado a la revista Titeresante, la novela de Toni Rumbau titulada El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia. Una novela titiritera que, según el autor, es en parte complementaria a la conferencia-espectáculo estrenada este año con el título El Titiritero, el Doble y la Sombra.

La novela está ya a la venta en Amazon clicando aquí. El libro, de unas 200 páginas, contiene 32 ilustraciones a todo color y puede adquirirse por el precio de 16,30 euros.


Publicamos a continuación el texto que sobre la novela ha escrito el profesor
Giovanni Papello, amigo del autor:

Los nudos titiriteros de Toni Rumbau, por Giovanni Papello

El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia es un texto corto definido por el autor como una novela poco novela, por sus peculiares características que la distancian de la norma común de lo que solemos considerar una novela, pero que este comentarista considera como una de la obras más interesantes, personales y ambiciosas de Rumbau, que indaga y profundiza en el universo de los títeres para darle la vuelta y asociarlo a la ciudad de Barcelona, que de pronto se enriquece con una mirada topológica repleta de puntos de múltiples dimensiones.

Es un texto dividido en dos partes, la primera escrita en tercera persona al modo de un cuento que a veces toma la forma de un guion para títeres, y la segunda en primera persona, pues es el titiritero Manuel quien habla y nos explica los periplos vividos en compañía de un guía turístico, el señor Quinqué, contratado por sus propios títeres, que se le han escapado, como quien dice, del redil. Dos partes muy diferentes pero que, al final, vemos simétricas, pues ambas acaban con la revitalización ritual del titiritero.

Conversación en la Plaza Real (Maqueta visual)

Lo atractivo del asunto es que nos presenta una ciudad que, mediante la artimaña del huevo y de la pipa que fuma Manuel por dentro, abre puertas y salidas inesperadas capaces de dejarnos saltar, a través de descomunales piruetas de la imaginación, a otros lugares, insólitos y disparatados, pero de una gran belleza, y desde donde podemos vernos con la indispensable distancia de la ‘autoobservación’, este concepto que tanto gusta al autor.

¿Acaso no lo es visitar la Luna, Mercurio, Venus, o el mismo Sol subidos a este planeta inexistente que es Vulcano? Como dice Rumbau, ‘todo vale para obtener la impresionante visión del Sistema Solar visto como un huevo, llamado Heliosfera por los astrónomos, que atraviesa los espacios de la Galaxia a velocidades de vértigo, con el Planeta Tierra dentro dando vueltas al sol, a la velocidad sideral de los años, tan lentos para nosotros, y que tiene las ciudades incrustadas en su piel rocosa, tan rebosantes de vida gracias a los absurdos trapicheos y cambalaches de los humanos que en ellas convivimos’.

Con la palanca de los títeres y de los resortes de la imaginación que suelen acompañarlos, el texto consigue forjar unas llaves que permiten abrir los nudos ocultos que se esconden en la ciudad de Barcelona, nudos de múltiples capas que, al cruzarse, generan algo nuevo e inesperado.

Venus (Maqueta visual)

Una novela que abre un campo de infinitas posibilidades, si el autor tiene ganas de desarrollarlas. En realidad, su otra novela, Foro de Muertos, que también presenta estos días, transita por los mismos derroteros.

Se nos afirma en el texto de presentación del libro que la novela complementa la conferencia-espectáculo que presentó en noviembre de 2022 titulada El titiritero, el doble y la sombra. Creo que hay algo de verdad en lo que dice, pero importa distinguir aquí una cosa de la otra. En ambos casos podemos hablar de ‘rituales de transformación’, pero mientras en la conferencia todo sucede en el contexto vivencial del teatro, lo que sin duda le otorga una intensidad superior (con el freno que da la premura de lo efímero), en la novela el registro imaginario de la lectura reduce el fulgor de la intensidad ritual, pero acrecienta la amplitud y el tiempo de la inusual visión topológica de la realidad, Barcelona en este caso, llena de ‘agujeros negros’ donde lo inesperado surge de improviso.

Castillo de Montjuic (Maqueta visual)

Necesario es comentar las Maquetas visuales, ‘pequeñas bombonas de oxígeno visual’, como las llama el autor, que acompañan cada capítulo. Son unos collages que sin duda pecan de ingenuidad y hasta de una cierta simpleza, pero muy bien resueltos, y que sirven para algo importante: indican al lector que lo que parece intrincado en la lectura, en realidad no lo es. También nos invita a pensar en libertad con la imaginación suelta a los vaivenes de cada uno. Y ponen luz, forma y color a la oscuridad con la que a veces vemos lo paradójico, lo inexplicable y lo absurdo. Creo que esta ha sido la razón oculta de unas imágenes que el mismo autor ha realizado quizá sin saber muy bien el porqué.

 

domingo, septiembre 11, 2022

El futur de Catalunya

(Versión en castellano)


Dos llibres acabats de llegir m'han impulsat a visitar els meus amics futuròlegs de la Barceloneta: 'Infern, Purgatori, Paradís', de Jordi Ibáñez Fanés, i 'El fill del xófer', de Jordi Amat. Una novel·la i un relat biogràfic sobre el periodista Alfons Quintà. Uns llibres que recomano a tothom i que considero indispensables per entendre la història moderna de Catalunya. La novel·la ha rebut el Premi de la Crítica 2021 a Espanya i el llibre d'Amat ha estat un èxit editorial exalçat per tots els seus lectors.


Els dos llibres ens expliquen, cadascun des de perspectives diferents però complementàries, com la deriva independentista de l'últim decenni es pot considerar el desenllaç lògic i fracassat del que s'ha anomenat el pujolisme.


Impressionat per la lectura dels dos llibres, acudeixo a veure els meus amics futuròlegs per comentar-los, encara que dono per suposat que no els hauran llegit. Els pesco quan passejaven davant del Club Natació Barcelona, ​​del qual sóc soci, i després de les salutacions, els explico les meves cuites i els dos llibres esmentats. El mar estava preciós, amb un sol amortiguat per quatre núvols. 


Per sorpresa meva, Mercadal havia llegit el llibre d'Amat, atret per les ressenyes del mateix publicades als diaris. No el d'Ibañez, que ha tingut menys repercussió a la premsa, sens dubte pel seu contingut, altament incòmode per a les elits nacionalistes catalanes i per això menystingut sens dubte pels poders mediàtics.


—La impressió que tinc després de llegir aquests dos llibres és que podem considerar el Procés com un fracàs cada cop més acusat de les pretensions del nacionalisme i la seva fugida endavant en l'independentisme. Un fracàs del catalanisme, que no va saber resistir-se a ser fagocitat pel pujolisme. Però el més estrany és que ningú parli de fracàs…


Mercadal, que coneix bé la temàtica, va ser el primer a parlar:


—No t'ha de sorprendre, Rumbau, a ningú no li agrada reconèixer que s'ha equivocat en les seves veritats, i menys els polítics, abans se n'aniran a la tomba amb elles a la boca. I sobretot quan tot l'assumpte se sustenta en una emoció, ja que això és el que passa amb aquest assumpte de les pàtries, les banderes i els pobles que diuen que són una nació. Tot és una emoció, com ho és la religió. Però mentre en el tema religiós hem arribat a acceptar una llibertat de culte i que cadascú cregui el que li dona la gana, en lo de les pàtries encara no existeix aquesta llibertat d'escollir, i els posseïts per l'emoció d'una, busquen i necessiten que els altres es pleguin a la seva fe.


—Precisament la novel·la d'Ibáñez Fanés explícita aquesta idea de fracàs, indicant-nos el que sembla l'única solució de l'assumpte: reconèixer d'una vegada per totes el fracàs de qualsevol projecte nacionalista  entestat en l'absurd impositiu de considerar que s’és un únic poble.


Bastides, que escoltava atentament la conversa, va intervenir llavors:


—En veritat us dic que tens tota la raó del món, Rumbau, en això que dius o diu aquest novel·lista, sobre la necessitat de reconèixer els fracassos col·lectius de totes les nacions. I que només quan això hagi passat al món sencer, podrem realment entrar en fases noves de civilització col·lectiva.


—Així ho posa la novel·la a la boca d'un dels personatges…


—Em tocarà llegir-la, ja que dóna al clau de l'assumpte. Una reflexió, la que fas, que ens ve com a anell al dit, ja saps que el nostre interès està en el futur, mentre que les coses del passat millor deixar-les on són, doncs per alguna cosa el passat passat està.


—De calaix, Bastides! —va exclamar Mercadal corroborant el que deia el seu company de fatigues.


—Què vols dir?


—El que és evident: lo que ens incumbeix aquí és veure quines línies mestres sorgeixen de la realitat actual, per intentar dibuixar els futurs possibles que tenim al davant. I aquí t'he de dir una cosa que no agradaria a segons qui escolti: contra el que pensen els catalans, la resta d'Espanya està més preparada a anar tirant el carro optimista del futur que la nostra estimada Catalunya. I saps per què? Doncs perquè els deliris nacionalistes a Espanya, malgrat els enquistaments que revesteixen, estan molt més derrumbats que a casa nostra, on la punxada del Procés no acaba de desinflar del tot la pompa del deliri independentista. Fixa't com aquesta Espanya Una de la dreta irredenta està avui representada majoritàriament per partits com el PSOE i el PP, l'Espanya dels quals no té res d'Una, sinó que s'estructura segons una visió gairebé federalista de l'Estat, vull dir, amb els seus poders autonòmics enaltits, cadascú defensant els seus interessos particulars sense entrar en deliris nacionalistes cantonals. Mira a Andalusia com el PP està aixecant poders locals amb tota llibertat i amb la benedicció de Madrid, com passa a Màlaga, atraient capitals i desenvolupant un projecte de ciutat metropolitana avançada, malgrat les seves dimensions reduïdes. València i Saragossa són dos altres exemples paradigmàtics, pugnant per convertir-se en pols de desenvolupament sense perdre energies en lluites absurdes i quimèriques. O Galícia i la mateixa Extremadura, cada regió amb les seves dimensions i les seves realitats. O Madrid, aprofitant-se de la seva capitalitat. A tots aquests llocs, l'energia creadora no té els frens del ressentiment cap al veí ni cap a l'Estat, com existeix a Catalunya, i tan sols han de bregar amb els condicionaments heretats per la història, els propis de la nostra Espanya centralista avui assaltada per una multiplicitat de flancs.


—Vols dir que lo que importa és tenir un fracàs ben fracassat i reconegut?


—Això mateix. A la resta d'Espanya, l'actual insurgència catalana ha servit perquè la gent obri els ulls i comprengui l'absurd d'un moviment com aquest, ja que els independentistes catalans s'han retratat, per vergonya nostra, davant dels altres com el que és: un esbojarrat aixecament de rics que de sobte s'ha inventat uns enemics que són els de la resta d'Espanya. Ells han vist l'emperador nu, mentre que els d'aquí encara es creuen vestits amb les seves vestidures revolucionàries de ‘gent bona i pacífica’ carregada d'odi. Aquesta pedagogia ha estat molt útil per als espanyols, i cal esperar que, per l'efecte mirall de reflexió, aviat arribi a la mateixa Catalunya i aquí, els posseïts per les 'veritats', comencin a veure's tal com estem tots, despullats davant del món.


—Caramba, Bastides, això és molt contundent!


—Fixa't que si Catalunya es tragués de sobre tota aquesta vestimenta inútil, i comencés a veure els veïns no com a enemics sinó com a possibles socis i amics amb qui tractar i si convé camelar, un altre gall cantaria en l'assumpte de la política, dels negocis i del desenvolupament. Amb les estructures i l'experiència que aquí tenim, tindríem tota Espanya no dic als nostres peus però sí a mercè nostra, i ells ens tindrien a nosaltres per aprofitar-se de tot allò de bo que tenim aquí. Maragall va tenir aquesta idea els seus dies bons, però el pujolisme ja s'havia fet amb la medul·la del catalanisme, marcant un camí que ens ha conduït on som, a aquest fracàs de què parles. Ara l’hem de patir, i tant de bo l'esfondrament total arribi aviat i sigui majúscol, per passar pàgina el més aviat possible. Mentrestant, caldrà seguir aprenent dels espanyols en conjunt, a veure si aconseguim veure'ns tal com ells ens han vist aquests anys: ben tocats del bolet, com diem en català.


—Perdona que t'interrompi, Bastides, però això que dius em recorda el tema de l''alteritat catalana', que alguna vegada hem parlat, un concepte que sempre m'ha interessat, en tenir a veure amb l'assumpte dels titelles (ja saps, el tema del doble i tot això). Ho dèiem així: “fins que els catalans no acceptem la nostra alteritat fonamental, que és l'espanyola, no hi ha res a fer”. El que estàs dient es refereix a això, però tenint en compte que aquesta 'alteritat' no la tenim només fora de Catalunya sinó que és a casa, en aquesta meitat de la població catalana que té l'espanyol com a llengua materna i a la qual el nacionalisme ignora o més aviat subjuga amb la seva prepotència. Com volem ser un país normal si no acceptem aquesta alteritat fonamental dels nostres propis veïns a casa?


—De caixó, Rumbau, de caixó. Però lo què importa és centrar-se en el futur. El politiqueig nosaltres el deixem per als qui volen perdre el temps en aquestes coses, i nosaltres, que ja tenim una edat, no estem per perdre el temps. Ens tranquil·litza una cosa: els deliris cauen, tard o d'hora, pel seu propi pes. Aquí s'aplica la llei de gravetat, res de l'altre món.


—I aquest assumpte del català i del 25% que s'ha imposat de castellà, com ho veieu?


—Bé, és un dels disbarats propis del Procés, el fet d'haver arribat a aquests extrems, que la llei digui que cal aplicar un mínim de 25% de temps curricular en castellà. Però bé, no diu el mateix Estatut que el castellà és llengua oficial a Catalunya? I no sap tot déu que aquí la meitat de la població és majoritàriament castellà parlant? Doncs no crec que hi hagi res més a dir. Em remeto a això que dèiem abans: com veuen l'assumpte des de la resta d'Espanya? No hi ha dubte: com un disbarat. Doncs així ho hauríem de veure nosaltres, des d'aquesta mirada exterior que no es deixa enganyar per les disfresses, les raons i les pompes inexistents.


Mercadal, amb ganes de dir la seva, va intervenir en aquell moment:


—Això de la llengua és l'altre os dur a rosegar que té el nacionalisme. Al meu parer, un parany en què ha caigut el catalanisme, ja que antigament aquesta qüestió sempre es va tractar amb molta cautela i respecte. Caramba, una llengua que es vol imposar sobre l'altra. Això feia el franquisme amb el català. Recordo que va ser una reivindicació bàsica d'aquell moment exigir respecte a la llengua materna dels catalans a l'escola, considerat un dret fonamental. Finalment es va aconseguir durant l'anomenada Transició. I de sobte, el nacionalisme capgira la truita i inverteix els termes: ara toca suprimir el castellà. Diuen: aquí la llengua materna és la territorial, i es queden tan amples. Rellops, lo mateix que deia Franco. Ho considero una trampa en la que el català s'ha ficat de cos sencer, i per més que el poder xulegi amb aquest tema, tard o d'hora s'haurà de corregir. No només per dret i per justícia social i lingüista, sinó per la pròpia supervivència de la llengua catalana: com vol perdurar si se l'acaba identificant com una llengua enemiga del castellà?


—Quin tema, Mercadal… Ja saps que parlar-ne s'ha convertit en tabú en segons quins cercles.


—Aquest és el problema de l'assumpte. I per això parlo d'auto-trampa que pot acabar ofegant el català. Tant de bo no passi i el seny i el sentit comú s'acabin imposant, però molt em temo que arribem tard i que la cosa només pot acabar malament. Haver polititzat fins a aquests extrems la llengua és el gran pecat del pujolisme i el seu règim, que ara diem que s'esfonsa. A veure si és veritat i aquesta mirada externa de l'alteritat de què parlaves arregla aviat les coses.


—Aquí ens trobem novament amb lo que dèiem abans, en que la llengua també és una emoció.


—Ho és i per això tants escriptors diuen que la seva pàtria és la llengua amb la que escriuen i parlen. Tant de bo el concepte de pàtria pogués quedar-se en les llengües. Així, en una societat plurilingüe tots tindríem tantes pàtries com llengües parlem. I per això el nacionalisme impedeix que els nens estimin i aprenguin aquí les dues llengües, perquè seria ensenyar-los a estimar dues pàtries. Per això és tabú a Catalunya parlar de bilingüisme: dues pàtries? Ni parlar-ne! Com a l'època de Franco: ¡Una, Grande y Libre! Aquesta actitud no només és perversa sinó retrògrada, antipedagògica i anticivilitzatòria. Tenir dues llengües, tenir dues pàtries, quin luxe i quina riquesa! Però això atenta contra el nacionalisme. Fixa't fins a quin punt aquest nacionalisme pujolista està impregnat de franquisme…


Cargols, quina conversa! Escoltant els meus dos amics futuròlegs vaig pensar quin gran lloc era la platja per poder parlar amb llibertat, sense por que ningú et vingui amb tabús, condemnes i males cares. Una xerrada esplèndida fomentada per dos magnífics llibres, mentre passagem per la vora de la mar a la Barcelona més popular, i només coberts per un taparrabos… Quin gust i quin luxe!




miércoles, marzo 09, 2022

Ucrania, Rusia y Europa: ¿cómo encajar el futuro?

 


Hacía tiempo que la realidad no alcanzaba semejante grado de excitación y de miedo al devenir, como el que vivimos hoy con la guerra de Ucrania. Y como ocurre en estos casos, acudo a la playa de la Barceloneta para hablar con mis amigos futurólogos.

Me los encuentro frente a los antiguos baños de San Sebastián y en seguida entro en materia, ya que tengo poco tiempo y pronto tendré que ir a las duchas del Club.

—No me diréis que las cosas no están que arden con el tema este de la guerra en Ucrania…

Responde Bastides, cosa extraña, ya que normalmente es Mercadal quien se arranca el primero en hablar.

—Ni que lo digas, Rumbau, ni que lo digas… Hace días que las cosas del presente se están complicando de forma indescriptible, estableciendo unas variables que de cara al futuro no hacen más que oscurecerlo. Menos mal que con tanta gente atrapada por las noticias, nos dejan el campo libre para mirar algo más allá. Aquí mismo, en la playa, parece que haya bajado el número de los habituales, y si vas por la calle, verás que a partir de una hora, sólo están los irreductibles y poco más. Y esto, para nosotros, es una gran ventaja.

—¿Y en qué se concreta esa visión clara del paisaje?

—Es una visión estratégica, la que se vislumbra en el horizonte. Nosotros siempre lo hemos dicho: Europa no será plenamente hasta que no haya incorporado en su seno a Turquía, Líbano, Irán y Rusia. Dejemos ahora, si quieres, los países que parecen más complicados, los del llamado Oriente Próximo, que siempre generan polémica cuando lo digo. Y fijémonos en el más europeo de ellos: Rusia. ¿Es que hay alguien que piense que Rusia es menos Europa que Polonia, Chequia, Hungría o Rumanía, por poner a algunos de sus vecinos? Yo diría que no.

—Caramba, Bastides, quizás tengas razón, pero en estos momentos, una y otra se han situado en las antípodas. Europa se está redefiniendo en oposición a Rusia, y todo el mundo dice que gracias a esta agresión en Ucrania, los europeos han encontrado la forma de fortalecer su cohesión.

—Es verdad. Y por eso hay tanta confusión. Se entiende que la historia se entretenga con estas trastadas, al fin y al cabo depende del capricho y la burrería de los humanos, que es mucha. Hombre, está claro que el Putin éste puede hacer saltar el tablero de juego por los aires, como parece que está haciendo, metiendo incluso de por en medio las armas nucleares. A la historia siempre le ha gustado caminar por el filo de la navaja, y por eso ha barrido a tantas poblaciones de este mundo, pero esto forma parte del juego de la vida, ya que siempre corremos el riesgo de que nos caiga un tiesto o una tortuga en la cabeza, como le sucedió al pobre Esquilo en Gela.

—Sí, está muy bien lo que dices, Bastides, ¿pero tú no crees que Europa puede salir muy esquilada de esta guerra?

—Por supuesto. Pero aquí lo que nos interesa es dibujar perspectivas de futuro, por una razón muy simple: las necesitamos si queremos salir del agujero en el que nos quieren colocar. Y el futuro, según nuestra visión, nos muestra una Europa que para buscarse a sí misma, necesita asociarse con Rusia. No con su sistema autocrático de ahora, una vergüenza para los propios rusos, sino con su espíritu cultural más profundo, que contiene unos valores y unas energías de las que nosotros carecemos. Tú piensa que este inmenso país ha vivido buena parte del siglo XX, como quien dice, en el congelador de la historia, sacrificados sus hombres y mujeres más nobles por el sistema comunista, provisto de una Inquisición que ríete de la española. En los deseos de libertad de los rusos actuales hay un poso de una gigantesca vehemencia soterrada, casi una espiritualidad libertaria que exuda un pathos de una trascendencia monumental. ¿Y tú crees que Europa puede prescindir de todas estas energías y valores? Sería su suicidio y no lo hará, por una razón muy simple: el mismo espíritu libertario insufla el continente europeo entero, y el impulso a la fragmentación que propugna la libertad aparece por un igual en ambos sistemas. Una fragmentación que se resuelve en la unión de la diversidad, que es el principal signo de identidad de la UE. Por eso todas las regiones de Europa, Rusia incluida, están abocadas a entenderse llevadas por estas ineludibles corrientes de fondo.


—Sí, es muy bonito lo que dices, pero mira cómo la Europa de la diversidad comienza a armarse hasta los dientes y a polarizarse con Rusia. ¿No crees que si se militariza, perderá ese espíritu de libertad?

—Sí y no. Por un lado es verdad que existe una respuesta entre histérica e hipócrita en esta reacción europea tan repentina de solidaridad armada. Pero por otra parte, es una necesidad que así sea. Además, el contacto con las armas y la guerra pone muchos puntos sobre las íes en lugares donde los puntos se habían esquilado, me refiero a tomarse con algo de seriedad ciertos aspectos que hasta ahora estaban en manos de la más absoluta frivolidad. Es evidente que las clases políticas del continente están muy deterioradas por esta exaltación de las mentiras que hemos vivido últimamente, pero cuando las cosas se ponen feas y la vida corre peligro, los vacíos se desinflan, las imposturas se desnudan, y se hacen visibles algunas de las certezas básicas. Mira cómo Borrell, que es uno de los pocos políticos inteligentes que tiene España, ha encontrado ahora su momento.

—¿Y cómo ves el papel de los EEUU?

—Es muy curioso lo que ha ocurrido con los americanos. Fíjate que sus servicios secretos habían adivinado las intenciones de Putin, pero en vez de callárselo y jugar con esta información según las leyes de la argucia y de la diplomacia inteligente, buscando detener la guerra, se dedicaron a pregonarlo. Tanto lo anunciaron, que al final parecía que lo estuvieran deseando, que los rusos metieran la pata hasta arriba invadiendo Ucrania. Creo que a los americanos esto les va muy bien: tienen a los europeos entretenidos, obligados a gastar en armamento, a militarizarse, mientras ellos se dedican a vender gas y petróleo, y a enfocarse en el Este, que es donde tienen sus problemas más grandes. Buscarán que el conflicto se pudra para que todos salgan esquilmados, se empobrecerá Europa y Rusia, y resolverá un poco su crisis y pérdida de influencia mundial.

—Pues sí que vamos bien...

—Será el momento ideal para este reencuentro entre Europa y Rusia, no desde las alturas, sino entre las poblaciones, que verán que todo es un engaño. Pero para que esto ocurra, se tiene que pudrir un poco más la situación y Europa debe reforzarse. Entonces las palabras rimbombantes, una vez salidas de las bocas de los políticos, se irán desgastando y perdiendo su fuerza hasta mostrar su vacío. Ahora es mejor callarse, escuchar y dejar que el tiempo haga su trabajo.

—Pero en Rusia, Putin parece tenerlo todo muy controlado.

—Hum... Ya veremos esto. Los rusos no son tontos y saben perfectamente a quién tienen en el gobierno. No será fácil quitárselo de encima, ni rápido. Esperemos que no ocurra como con Franco, que murió en la cama. Pero tarde o temprano vendrán los cambios.

—Y mientras tanto, ¿qué ocurre con los ucranianos?

—Este es el drama de toda esta historia, pero su resistencia tendrá en el futuro una gran importancia. Quizá pierdan la guerra pero habrán ganado un prestigio que influirá mucho en el pueblo ruso. Vendrán años trágicos de mucha desesperación, pero los vasos comunicantes con Europa serán cada vez más fuertes.

—Eso si Europa no pierde los estribos y en su polarización reniegue de los rusos, como si todos fueran Putin...

—Eso ocurrirá, sin duda; como decía antes, nuestros políticos tienen una altura muy bajita. Pero no debemos perder la confianza en Europa. Pronto verá la mayoría que donde antes estaban los estados, las naciones y los patriotismos de campanario, de repente Europa, que es una nada donde cabemos todos, tiene una fuerza y una importancia que no sospechábamos. Hasta los ingleses bajarán del burro y se acercarán a la UE.

—¿Cuándo crees que esto puede ocurrir?

—Hum..., todavía hacen falta unas décadas, Rumbau, así avanza la Historia, unas veces a trompicones, otras a paso de tortuga. Los ritmos son impredecibles, y cuanto más quiere correr un actor, más rápido se la pega. Creo que el caso de Putin es un buen ejemplo: ha querido correr y mira cómo se encuentra, estancado en un país que se le resiste, y con medio mundo mirándole como a un paria. Ha sido un trompicón, sin duda, que ha hecho tambalear el tablero de juego donde íbamos yendo más o menos a la deriva.

—Aquí muchos analistas dicen que mientras los occidentales se lo han estado mirando todo desde el día a día, eso que ahora llaman el 'presentismo', tanto los rusos como los chinos disponen de una visión estratégica a largo plazo. Y esto les da una superioridad a la hora de planificar las cosas y saber cómo actuar.

—Es verdad, pero se refiere a los políticos. En su conjunto, las cosas no son tan sencillas. Fíjate, cuando en un país hay una dictadura y sus cabecillas se ponen a planificar mirando el futuro, sin duda tendrán unas ventajas respecto a los gobernantes de los países 'presentistas', esto es evidente, pero, por el contrario, su visión será más estrecha, al provenir de una pequeña minoría de expertos, por mucho que esta minoría se sirva de las más avanzadas tecnologías de la previsión. Los planes estratégicos tienen unas desventajas importantes: condicionan y coartan la mirada colectiva de la población, al estar marcada esta por las directrices que emanan del gobierno; esto los hace muy eficientes pero poco creativos, puesto que quedan podadas las demás visiones estratégicas que podrían emerger como novedades interesantes y que se quedan sin salir del huevo. En los países liberales, que tienen sociedades abiertas, los políticos viven al día a día, cierto, lo que es muy negativo para el largo plazo, pero deja en cambio abiertas las puertas a una pluralidad de visiones estratégicas que pugnan entre sí y enriquecen la visión del futuro, que se vuelve más fecunda, real y competitiva.

—Es verdad, Bastides, pero los chinos creo que esto ya lo tienen previsto y resuelto, al concebir algunas universidades como islas liberales donde estudiantes y profesores pueden hacer lo que quieran, siguiendo los modelos de las universidades americanas.

—Sí, pero una cosa es la universidad, y otra la sociedad. Las universidades, hoy, por muy abiertas que sean, están constreñidas por sus métodos y códigos de investigación. Claro que hay muchas excepciones e investigadores geniales en todas partes, que avanzan como águilas del pensamiento. Pero las sociedades, cuando están abiertas, son el contrapeso que pueden hacer lo que las universidades tienen vetado, con el empuje de los emprendedores, artistas y empresarios que juegan a ser ellos mismos como estados independientes que hacen lo que les da la gana. Por eso digo que las previsiones que vienen del pensamiento encorsetado por el poder y por la ciencia disciplinada de las universidades, acaban convirtiéndose en delirios de la razón, que no tardan en chocar contra la realidad. Así han terminado, tarde o temprano, todos los regímenes dictatoriales, y no creo que los sistemas de rusos y chinos sean distintos.

—Muy interesante lo que dices, Bastides, pero mientras tanto, ¿qué hacemos con la invasión de Ucrania?

—Pues lo que estamos haciendo. Yo añadiría muchas tazas de tila y, sobre todo, no perder la visión estratégica del futuro europeo, que necesita a los rusos, no a los políticos, sino a su población y cultura, para llegar a ser lo que quiere y puede ser.

¡Caracoles con Bastides! Dejé a los dos amigos de la playa continuando su paseo, mientras yo me iba a las duchas, ya que acababa de sonar el himno del Club. No sé si me ha aclarado demasiado la situación que estamos viviendo, pero las palabras del zapatero futurólogo me siguen dando vueltas por la cabeza, como si realmente tuvieran una razón escondida que debiera descifrar.

lunes, agosto 30, 2021

¿Es el Momento Afgano el Momento Europa?


¿Es posible que el actual Momento Afgano, que tanta tinta está derramando en periódicos y centralitas de información, se convierta en el Momento Europa? Así de rotundo se mostró el otro día Bastides, el futurólogo de la Barceloneta, cuando comentamos la situación.

      —Mira, Rumbau, hoy todo el día están hablando de la decadencia de los EEUU y del mundo occidental en su conjunto, y qué duda cabe que tienen toda la razón del mundo. Pero si lo miramos con detenimiento y bajo el prisma de la visión futura, te diré que bien podría ser el arranque de un resurgir europeo, cuando nadie da dos duros por ella. 
      Se detuvo mirando el horizonte del mar, como suele hacer en sus paseos de la playa.
      —Lo que ha quedado claro es lo siguiente: un estado como el americano, que suele subcontratar la mayoría de sus servicios esenciales para ocuparse de una invasión y de un proyecto político de transformación, como planificó para Irak y para Afganistán, está condenado al fracaso. Así al menos lo ha demostrado en ambos casos. La razón es clara: se abandona cualquier intento de cohesionar una línea de acción política, como por ejemplo se hizo en Europa y Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Esta carencia tan grave de los EEUU les incapacita para cualquier proyecto complejo que en el futuro pretendan liderar fuera de sus fronteras. 
      Todo esto es evidente, creo yo. Se dice que Rusia y China son los grandes vencedores, además de Pakistán, Irán y Turquía. A bote pronto, es una deducción lógica, pues desaparece de un plumazo la presencia americana y occidental en un cruce de caminos tan importante como es Afganistán. Rusos y chinos pueden hacer sus negocios con mejores condiciones, Pakistán se enorgullece de tener su ‘patio trasero’ bajo control, Irán ve surgir a su vera un poder aparentemente similar, y Turquía se friega las manos pensando en mediar para medrar.
      Pero atención, disponer de un patio trasero como Afganistán no es ningún chollo, por mucho que crean controlarlo. Más que un motor de retaguardia, yo diría que es un lastre de carga inútil. Y la corrupción que acompaña a todo régimen teocrático totalitario, en un país que vive del opio, no augura influencias muy positivas.
      Para Irán, no creo que el dolor de muelas que siempre ha sido el tema afgano vaya a desaparecer. Por el contrario, podría ir en aumento. Desde luego, cierra vías de evolución positiva a Irán, y esto, por mucho que lo celebren los ayatolás gobernantes, para el país es y será un lastre en un patio trasero que nunca han controlado. 
      Turquía puede medrar, pero enredarse en los negocios del Gran Juego petrolero, con la droga en medio, es un mal asunto. 
      En cuanto a Rusia, su experiencia afgana les dice que lo mejor es mirárselo desde lejos. Si ya Chechenia se conquistó a un precio tan alto, saben que el precio a pagar por Afganistán es inasumible para cualquier potencia. 
      El problema para sacar réditos de la situación está en la misma esencia del poder ruso: su empecinamiento totalitario que solo piensa en las ganancias geoestratégicas. Este freno congénito que supone la mirada corta que solo busca aprovecharse del momento, peca de esto, de su poca capacidad estratégica abierta al futuro. 
      Lo mismo cabría decir de China, a pesar de que ellos sean los únicos que manejan líneas estratégicas de intervención a largo plazo. Lo pueden hacer por el carácter totalitario de su orden interior, que les garantiza disciplina y acción consensuada en el tiempo. Pero el egoísmo imperial de un poder absoluto suele chocar pronto con sus límites, y la historia ha demostrado hasta qué punto un país como Afganistán es un avispero de esos que no se dejan controlar: la tendencia china a la política del ‘limón estrujado’ saca tiros por la culata y despierta feroces reacciones locales y de la competencia interesada en lo mismo. 
      Queda Europa. A simple vista, es la potencia más incapaz de tejer estrategia alguna ni de intervención operativa posible. Su fragmentación la paraliza, demasiadas divisiones nacionales para un tema tan complejo. Y, sin embargo, lo asombroso del caso es que Europa es hoy en día el único poder mundial que, por muy débil que sea, dispone de un estado constituyente que en sí mismo constituye ya un proyecto estratégico a corto y largo plazo de resolución de los problemas.
      Lo que define a Europa es el principio de la unión de las diferencias respetando su diversidad, un principio que, pese a todas las dificultades y los obstáculos, ha conseguido establecerse e incluso ensancharse hasta alcanzar sus 27 países actuales. 
      Un poder débil que tiene la llave de la solución de los problemas más importantes que tiene el mundo: ¿cómo gobernar la complejidad de un conjunto de países, muchos de ellos históricamente enfrentados entre sí, sin llegar a las manos?
      Muchas leyes y regulaciones. La paciencia de las miradas que buscan los denominadores comunes capaces de tejer complicidades, intersecciones y proyectos conjuntos. Y un avance lento y milimétrico.
      Con la caída de los EEUU en su actual incapacidad operativa de intervención compleja, solo queda Europa como único referente de un poder imperial que sin embargo huye del totalitarismo y acepta la visión compleja de la realidad. 
      Un imperio no imperial que finalmente es al que se llama cuando se trata de allanar y superar diferencias, de apagar fuegos con soluciones mayormente paliativas, pero que muchas veces son las únicas posibles si no se quiere caer en la intervención simplista y destructora de los poderes militares y autoritarios. 
      Por eso digo, Rumbau, que el Momento Afgano puede ser en realidad el Momento Europa, aunque nadie se lo crea ni apueste por ello. Mejor así, su forma de avanzar es la de ‘avanzar sin avanzar’. La fuerza actual de Europa es su debilidad, por mucho que cueste creerlo.
      Claro que podría ser que me esté adelantando y que aún falte un poco para este despertar sin despertar europeo. Pero esta lentitud forma parte también de la fuerza oculta de su ser sin ser, su verdadera arma secreta. Por cierto, ¿no es esta misma la característica principal de la España de las Autonomías, ese ser sin ser que la define sin acabar de definirla?

Caramba con Bastides, pensé. ¿Será verdad eso que dice y que Europa surja de pronto como referente mundial? Quizá sea mejor que nadie se entere, para que a nadie se le ocurra chafarle la gaita.

domingo, julio 25, 2021

¿Un país sin solución, o la solución sin solución del no-consenso consensuado a la vuelta de la esquina?


Playa de la Barceloneta
Playa de la Barceloneta

Estimado amigo bloguero, a pesar de lo que me recomendaron mis amigos de la playa en nuestro último encuentro (decían así: ‘Llegan tiempo de euforia. Es la hora de callar’), no puedo resistir la tentación de no quedarme callado, tales son las cosas que pasan o, mejor dicho, que no pasan. En efecto, ¿dónde está la euforia? Con la llegada de esta quinta ola del COVID, en ninguna parte. Más bien regresa el pesimismo. Dicen los periódicos: ‘Hombre, ¡pero si en España está a punto de caer una lluvia de millones!’. Dudo que a los seres normales nos caiga una gota de estos millones.

Voy a la playa y ataco a los futurólogos, en la persona de Bastides, pues Mercadal se ha ido unos días con su sobrina a la casita de la costa.

—¿Cómo lo ves Bastides? ¿Crees que este país tiene solución?

Se queda pensando un rato, la mirada puesta en el horizonte del mar, el lugar por donde suelen llegar sus visiones.

—La tiene poca, Rumbau, pues hoy en día nadie se entretiene en buscar soluciones, sino en crear problemas y vocear las diferencias. Y la razón es de peso: por mucho que uno se esfuerce, las soluciones deben ser compartidas y bien sabemos que lo propio del momento es que las soluciones sean particulares, es decir, distintas y por lo general opuestas a las contiguas, de modo que no hay manera de consensuar solución alguna, pues todos tienen muy claros sus objetivos y sus soluciones, que siempre son distintas, verdaderas e irrenunciables.

—Pero no deja de ser ridículo que nadie baje de burro para hallar los puntos comunes de cualquier tema. Es infantil.

—Tú lo has dicho. Ni siquiera cuando hay emergencias graves se ponen de acuerdo. Fíjate en lo del COVID, cada uno peleando por su cuenta.

—Porqué todavía no ha llegado una crisis grave de verdad. Ya verás cómo las cosas cambian cuando esto suceda.

—Es verdad, nos estamos acercando a este punto, y las sociedades ya tienen previstos los mecanismos: estados de excepción y manu militare.

—Pues si que vamos bien…

—De todas formas, Rumbau, a veces hay que mirar las cosas desde su lado positivo, que siempre lo hay. Fíjate que esta situación de imposible consenso, de que todo el mundo vaya a la suya, es algo que venimos pronosticando desde hace tiempo. Estamos en una época de fragmentación, en la que nadie se pone de acuerdo con nadie. Todos tienen razón, la suya, claro, y nadie baja del burro. ¿Es esto negativo? Sí, si nos empeñamos en verlo como un problema a solucionar. No, si aceptamos que es imposible ponerse de acuerdo. Se trata de cambiar el chip, como dicen los jóvenes. En vez de verlo como algo negativo, lo podemos mirar como algo positivo: que cada uno crea lo que quiera y viva la pepa. Cuidado, no es cosa de risa. Si todo el mundo exalta sus verdades que son siempre distintas a las demás, al final el peso de estas verdades quedará forzosamente relativizado, y entonces, sin necesidad de llegar a acuerdos, se alcanzará el consenso del no consenso.  Una situación de stand by, que dirían los técnicos, este estado de parada forzosa de los aparatos para no gastar energía.

—Pues no lo veo como una gran solución, francamente…

—Es el futuro que nos espera. Y lo mejor que podríamos hacer es institucionalizarlo: aceptarlo como algo inevitable y valorarlo en positivo. De ahí que nosotros hayamos visto como lo más viable la solución polimonárquica: todos monarcas de sí mismos, cada uno con su especialidad temática. Las coronas siempre tienen algo de absoluto, con lo que se respeta el principio de la verdad universal de cada una, pero al haber miles de cabezas coronadas, se acepta también la pluralidad de las mismas como algo incontestable. Sin renunciar a lo absoluto, se acepta su radical relativización, y para manejarse entre tantas cabezas coronadas, lo mejor es regular de algún modo esta multiplicidad de absolutos. De ahí que hayamos visto los nuevos parlamentos polimonárquicos, así como la figura del Rey de Reyes que corresponderá a los monarcas de la vieja usanza, que ahora verán a su alrededor un guirigay creciente de nuevas coronas a las que tendrán que aceptar y reconocer.

—Caracoles, Bastides, lo has explicado muy bien pero no sé qué pensar sobre el asunto…

—No hay nada que pensar. Se acepta o no se acepta. Y si se acepta, dejas abiertas las puertas del futuro, para encauzar la multiplicidad, exaltar las diferencias y promover la creatividad exultante de tantas cabezas coronadas. ¡De cajón, Rumbau!

—¿Y las soluciones? Porque los problemas seguirán existiendo.

—Deberán encontrar sus modos de resolución en el nuevo contexto polimonárquico.

—Pero con este guirigay de miles de palos monárquicos, no habrá quién se entienda…

—Es justo lo contrario: lo difícil es que dos se pongan de acuerdo. En cambio, si son muchos, entonces hay que recurrir a complejos logiciales capaces de alcanzar una respuesta a la pregunta planteada. Desde luego se necesitará práctica y hasta que no se forme una nueva casta de funcionarios, salidos de las escuelas de gobernanza polimonárquica de Alcañiz y Reus, los cuales, por sus capacidades creativas dejarán de llamarse funcionarios —todos tendrán titulaciones de doctor para arriba—, no se podrá avanzar en estas importantes cuestiones. El nombre popular con el que serán llamados estos avanzados creativos de la organización social será el de Los llampecs de Reus, tal será su velocidad de acción resolutiva y la síntesis a la que habrán llegado.

—¡Admirable, Bastides!

—Lo es, Rumbau, aunque falta mucho para alcanzar estos estados avanzados de civilización. Cuatro o cinco décadas como mínimo.

—Y entretanto, ¿qué pasará con Cataluña y su Independencia?

—Pues lo de siempre: el stand by del que te hablé antes. El choque perenne contra la pared de lo imposible. Décadas de parón y decadencia. Tendrán que esperar a la emergencia polimonárquica que tendrá lugar en Valencia y Murcia, y solo entonces veremos como el nacionalismo a la vieja usanza, ese ‘nosotros’ inamovible de los creyentes en la patria catalana, se irá deshaciendo como un terroncillo de azúcar, mientras se va implantando el nuevo sistema de la soberanía individual o grupal de las cabezas coronadas: independientes, sí, pero uno a uno, y desde intereses temáticos particulares, compitiendo todos con todos en el conjunto peninsular, lo que activará el intercambio y la colaboración competitiva entre ciudades, comarcas, pueblos y regiones. Reyes, príncipes, princesas y pajes se intercambiarán entre los distintos linajes, afín de alcanzar más notoriedad y buscar sinergias acentuadas de colaboración, con lo que se despertará ese nuevo concepto geográfico del Mosaico Ibérico, que superará de una vez por todas las viejas rencillas, las deslealtades independentistas y toda la sinrazón separatista de los separadores, sean de uno u otro lado.

Realmente, tenía Bastides uno de sus días inspirados y quedé admirado de sus explicaciones. Para quien quiera saber más sobre el Polimonarquismo y sus extravagantes ideas, puede ver el blog sobre el Futuro donde se han publicado algunas de sus cartas (ver aquí)

Lo dejé a la altura del Hotel Vela y regresé a las duchas del Club, mientras sus ideas seguían dando vueltas en mi cabeza. ¿Estábamos realmente condenados al no-consenso consensuado de tantas verdades irrenunciables como cabezas coronadas habrá en el mundo?

domingo, mayo 16, 2021

Llegan tiempos de euforia. Es la hora de callar

Debo confesar que el último encuentro con mis amigos futurólogos me ha sorprendido más de lo que suelen hacerlo normalmente. Quien ha seguido estas charlas en la playa, que he acabado llamando ‘Diálogos de Futuro’, ya habrá advertido de cómo les gusta a Mercadal y a Bastides perorar sobre la realidad del momento, siempre con una mirada dirigida al futuro, que es lo que a ellos más les interesa. Pues bien, en esta ocasión, ante mis preguntas e incitaciones a hacerles hablar, me respondió Bastides (Mercadal se había quedado en casa por un resfriado):

—Rumbau, en esta ocasión, solo cabe una respuesta: es la hora de callar.

Me quedé realmente desconcertado.

—¿Qué quieres decir, Bastides, con eso de que es la hora de callar?

—Pues lo que oyes, ante las situaciones que nos envuelven, lo mejor es no decir nada, callar.

—¿Y para qué sirve callar?

—Hombre, para nada, pero es que aún sirve menos hablar. ¿Hablar para qué? El error es creer que hay un porqué, un para, cuando en estos momentos no hay ninguno.

—Pero a ver, Bastides, siempre hay un porqué y un para qué, por ejemplo, el tema ese de las elecciones en Madrid, o el drama de Cataluña colapsada y parada en el tiempo. Creo que todo ello merece alguna consideración.

—En absoluto. Podemos hablar lo que quieras, pero es pura palabrería, simple cháchara, como se dice en castellano, que no sirve para nada. Si lo que quieres es vivir de ilusiones, entonces sí, habla todo lo que quieras, pero si nos queremos mantener en la estricta realidad, mejor callar.

—Bueno, algún motivo habrá para ello, ¿no?

—Sí, ver con más claridad el futuro y controlar el presente. Si hablamos mucho del hoy, todo se queda en agua de borrajas y en especulaciones que no llevan a ninguna parte, al revés, nos cubren la vista y se tapa el horizonte. Lo que tiene que suceder sucederá y poco vamos a remediarlo nosotros. Eso no quiere decir que haya que abstenerse a actuar o a votar, en absoluto, que cada uno haga lo que le corresponde y tiene por bien hacer. Pero las cosas siguen su curso al margen de nuestros deseos, y lo importante aquí es ver hacia dónde se dirigen estos acontecimientos, para que no nos coja el toro por la espalda, y sepamos a qué atenernos.

—¿Podrías explicarte un poco más?

—Para mí, los plazos de cuatro, cinco o diez años importan poco. Si se sobrevive a ellos, uno se da cuenta de que hay unas líneas por las que discurre el devenir, con sus zigzags correspondientes, y que es importante reconocerlas para poder subirse a ellas y sentir así el fulgor del tiempo a tu lado. Pero el tiempo ya sabemos que no se deja aprehender, a lo más que podemos aspirar es a olerlo y a saborearlo sin jamás tocarlo, a sentirlo cerca o incluso mejor dentro de uno mismo. Y cuando esto ocurre, olvídate de las palabras, pues todas ellas son ajenas y molestan al tiempo, que gusta discurrir solo con la compañía de los fragores ambientales, esa música sorda que producen los acontecimientos, pero sin letra.

—Mal está el asunto para los que gustan de escribir.

—Sí, ya sé que este es tu caso, pero harás bien, Rumbau, en esta ocasión en callar. Y observar. Es lo mejor que podemos hacer. Observar los acontecimientos, ver los vaivenes de las pasiones, las emociones desatadas que luego se convierten en cargos y en intereses muy concretos y específicos. No hay nada de malo en ello, así los animales en la selva producen todos sus sonidos, sus cantos y ruidos particulares, también los humanos nos manifestamos como lo que somos, animales urbanos en constante proceso de adaptación a contextos nuevos y difíciles.

—Pero precisamente por eso, es importante dilucidar cuales son las opciones mejores, valorarlas y votarlas buscando mayorías para las respuestas más convincentes.

—Desde luego, no seré yo quien impida a nadie hacerlo. Pero lo que importa en este momento es saltar a una nueva fase, salir de esta batalla insomne de las polaridades y de las posiciones de los que tienen la verdad en la mano. Y para ello, solo hay una vía posible: distanciarse y observar. Apartarse del ruido cacofónico y de las peleas entre las verdades consideradas todas ellas como únicas y verdaderas.

—Pero Bastides, precisamente porque existe esta disputa eterna entre polaridades enfrentadas, es necesario que surjan opciones de mediación que permitan encontrar vías terceras de superación. Lo que vosotros tantas veces habéis dicho de pasar del dos al tres.

—Cierto, un día u otro habrá que pasar de la época del dos a la del tres. Pero es un error pensar que ello pueda suceder metiéndose en medio de la contienda, negociando por las distintas bandas afín de encontrar puntos mínimos de acuerdo. La cháchara y la cacofonía vencen a toda posibilidad de saltar al tres, por una simple razón: las palabras impiden ir más allá de ellas, atrapan a todos los actores y aumenta la confusión.

—Pues vaya, esa es la política de los que buenamente quieren intermediar y romper con las parálisis de los enfrentamientos enquistados.

—Un intento que siempre será meritorio y justificado, no seré yo quien lo critique. Pero insisto en lo elemental: hace falta distanciación, silencio y una mirada observadora para encontrar el suelo que permita dar de verdad el salto al tres. El problema de los políticos es que están demasiado metidos en el berenjenal partidista y sus palabrerías son por lo general huecas. El silencio, en cambio, permite asentarse con un mínimo de consistencia, para tomar el impulso de la creatividad del tres. Piensa que hoy en día, las soluciones deben ser creativas, y esto hay que tomarlo al pie de la letra. Y una negociación nunca será una creación.

—Quizá tengas razón, pero lo veo muy radical, y por ello, muy poco operativo.

—En eso tienes razón, pero piensa que yo no pretendo ser operativo. Lo mío es observar para obtener las visiones del devenir que nos puedan ser útiles y novedosas.

—Sí, sí, comprendo, pero para los que necesitan solucionar sus problemas más inmediatos, quedarse parado es lo que menos sirve.

—Deja que conteste a esto con un sí y un no. Desde luego, vivir nos obliga a movernos y a batallar por la supervivencia, pero ya sería hora de empezar a tener esta posición doble que permite actuar y a la vez callar y mirar. Ser actores y observadores al mismo tiempo. Es algo que muy pronto habrá que enseñar en las escuelas, por supuesto. Y no me digas que no es posible, porque simplemente es la única solución si pensamos en saltos importantes de cultura y civilización. A los que mandan no les gusta que seamos dobles, capaces de actuar y pensar a la vez. Lo que quieren es que actuemos al dictado, según lo que ellos piensan y deciden. Nada de ser dobles ni de tener espejos interiores que nos dejen reflexionar. Para ellos, las dualidades están hechas para el combate, el doble lo quieren fuera y convertido en enemigo. Por ejemplo, así funcionan los nacionalismos: encerrarnos en un nosotros único, y convertir las alteridades en el enemigo. O el consumo que nos quiere sujetos a los dictámenes de la publicidad y de las campañas de opinión. Por eso es importante de vez en cuando callar, para dejar que esta parte que no actúa y mira pueda crecer y desarrollarse.

—Me parece muy bien lo que dices, Bastides, pero ahora que salimos de la pandemia, es natural que todo el mundo quiera salir a la calle, moverse y decir la suya. Ya hemos tenido suficiente parón.

—Sí, es verdad, y por ello insisto en lo mismo. Viene una época de euforia, de esas que suelen arrastrar a los humanos hacia vorágines de excitación. Lo veremos en breve, de hecho, ya se está viendo estos días, con el fin del estado de alarma, y en Madrid, con el éxito de Ayuso. Y me parece muy bien que así sea. Pero por eso mismo, urge tener activo el otro lado, esta parte que mira, calla, piensa y observa. Sin este contrapeso, seremos peonzas movidas por los caprichos y los azares que nos depare el futuro inmediato. Tenlo presente, Rumbau, pues es mucho lo que nos jugamos aquí.

Lo dejé en su paseo por la playa en dirección al Hotel Vela mientras me iba a las duchas del Club. Pocas veces he visto tan acertadas sus palabras y, sin embargo, ¡qué difícil es pararse cuando los vientos que soplan nos arrastran con tanta intensidad!