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lunes, septiembre 04, 2023

Publicada la novela de Toni Rumbau ‘El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia’. Reseña de Giovanni Papello

 

Portada y contraportada de la novela


Acaba de aparecer publicada por 
Thot Arts, sello asociado a la revista Titeresante, la novela de Toni Rumbau titulada El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia. Una novela titiritera que, según el autor, es en parte complementaria a la conferencia-espectáculo estrenada este año con el título El Titiritero, el Doble y la Sombra.

La novela está ya a la venta en Amazon clicando aquí. El libro, de unas 200 páginas, contiene 32 ilustraciones a todo color y puede adquirirse por el precio de 16,30 euros.


Publicamos a continuación el texto que sobre la novela ha escrito el profesor
Giovanni Papello, amigo del autor:

Los nudos titiriteros de Toni Rumbau, por Giovanni Papello

El Titiritero, el Huevo, Barcelona y la Extravagancia es un texto corto definido por el autor como una novela poco novela, por sus peculiares características que la distancian de la norma común de lo que solemos considerar una novela, pero que este comentarista considera como una de la obras más interesantes, personales y ambiciosas de Rumbau, que indaga y profundiza en el universo de los títeres para darle la vuelta y asociarlo a la ciudad de Barcelona, que de pronto se enriquece con una mirada topológica repleta de puntos de múltiples dimensiones.

Es un texto dividido en dos partes, la primera escrita en tercera persona al modo de un cuento que a veces toma la forma de un guion para títeres, y la segunda en primera persona, pues es el titiritero Manuel quien habla y nos explica los periplos vividos en compañía de un guía turístico, el señor Quinqué, contratado por sus propios títeres, que se le han escapado, como quien dice, del redil. Dos partes muy diferentes pero que, al final, vemos simétricas, pues ambas acaban con la revitalización ritual del titiritero.

Conversación en la Plaza Real (Maqueta visual)

Lo atractivo del asunto es que nos presenta una ciudad que, mediante la artimaña del huevo y de la pipa que fuma Manuel por dentro, abre puertas y salidas inesperadas capaces de dejarnos saltar, a través de descomunales piruetas de la imaginación, a otros lugares, insólitos y disparatados, pero de una gran belleza, y desde donde podemos vernos con la indispensable distancia de la ‘autoobservación’, este concepto que tanto gusta al autor.

¿Acaso no lo es visitar la Luna, Mercurio, Venus, o el mismo Sol subidos a este planeta inexistente que es Vulcano? Como dice Rumbau, ‘todo vale para obtener la impresionante visión del Sistema Solar visto como un huevo, llamado Heliosfera por los astrónomos, que atraviesa los espacios de la Galaxia a velocidades de vértigo, con el Planeta Tierra dentro dando vueltas al sol, a la velocidad sideral de los años, tan lentos para nosotros, y que tiene las ciudades incrustadas en su piel rocosa, tan rebosantes de vida gracias a los absurdos trapicheos y cambalaches de los humanos que en ellas convivimos’.

Con la palanca de los títeres y de los resortes de la imaginación que suelen acompañarlos, el texto consigue forjar unas llaves que permiten abrir los nudos ocultos que se esconden en la ciudad de Barcelona, nudos de múltiples capas que, al cruzarse, generan algo nuevo e inesperado.

Venus (Maqueta visual)

Una novela que abre un campo de infinitas posibilidades, si el autor tiene ganas de desarrollarlas. En realidad, su otra novela, Foro de Muertos, que también presenta estos días, transita por los mismos derroteros.

Se nos afirma en el texto de presentación del libro que la novela complementa la conferencia-espectáculo que presentó en noviembre de 2022 titulada El titiritero, el doble y la sombra. Creo que hay algo de verdad en lo que dice, pero importa distinguir aquí una cosa de la otra. En ambos casos podemos hablar de ‘rituales de transformación’, pero mientras en la conferencia todo sucede en el contexto vivencial del teatro, lo que sin duda le otorga una intensidad superior (con el freno que da la premura de lo efímero), en la novela el registro imaginario de la lectura reduce el fulgor de la intensidad ritual, pero acrecienta la amplitud y el tiempo de la inusual visión topológica de la realidad, Barcelona en este caso, llena de ‘agujeros negros’ donde lo inesperado surge de improviso.

Castillo de Montjuic (Maqueta visual)

Necesario es comentar las Maquetas visuales, ‘pequeñas bombonas de oxígeno visual’, como las llama el autor, que acompañan cada capítulo. Son unos collages que sin duda pecan de ingenuidad y hasta de una cierta simpleza, pero muy bien resueltos, y que sirven para algo importante: indican al lector que lo que parece intrincado en la lectura, en realidad no lo es. También nos invita a pensar en libertad con la imaginación suelta a los vaivenes de cada uno. Y ponen luz, forma y color a la oscuridad con la que a veces vemos lo paradójico, lo inexplicable y lo absurdo. Creo que esta ha sido la razón oculta de unas imágenes que el mismo autor ha realizado quizá sin saber muy bien el porqué.

 

sábado, octubre 17, 2020

Cine X, novela de Pedro Nares

Acaba de salir a la luz pública la novela Cine X, de Pedro Nares, publicada por la Editorial Multiverso. Una novela que debo decir me ha encantado y me ha sorprendido muy gratamente, pues hacía tiempo que no leía algo tan fresco y divertido, con personajes tan redondos como reales, prototipos todos ellos de una Barcelona que fue —la de los años previos a la celebración de los Juegos Olímpicos en 1992— pero que sigue estando ahí. ¿Dónde? En esas zonas limítrofes donde se cruza la gente honrada y trabajadora de los barrios (del Barrio Chino o Raval, en este caso) con la pequeña y baja delincuencia, impregnados todos por esa moral canalla rehén del pragmatismo y la supervivencia. Más el leitmotiv de la industria del sexo en todas sus variantes, esa omnipresencia latente que manda y ordena en el inconsciente de nuestras mentes.

La trama que propone Nares es uno de sus grandes logros, al partir de un Cine X que existió en la Plaza Bonsuccés de Barcelona y convertirlo en el punto de encuentro y desencuentro de todos los personajes que aparecen en la novela. Por lo visto, hay algunas cosas reales en lo que se cuenta, pues el autor se ha basado en las experiencias contadas por el actor y amigo suyo Berton Fernández, que fue empleado de la susodicha sala en su época de esplendor, como se indicó en la presentación del libro. Pero lo bueno del caso es cómo Nares ha urdido las pequeñas tramas que envuelven a cada personaje alrededor del cine y las ha cruzado entre sí, creando un tejido, muchas veces hilarante, de vidas disparatadas, trágicas, tragicómicas y variopintas, con un denominador común: en todas ellas prima el desengaño, el más pragmático relativismo y una aceptación resignada de la derrota.

Creo que este matiz del desengaño y la resignación es lo que más me ha gustado del texto y lo que a mi modo de ver constituye el tono que lo unifica todo, marcando un estilo por necesidad irónico, pero que no lo es por voluntad del autor sino por los mismos mecanismos mentales de los personajes respecto a sus azarosas, absurdas y mayormente desafortunadas vidas. Este tono del texto permite al autor distanciarse con elegancia de sus personajes y situarlos en un registro humorístico de un jocoso acanallado, en el que se sabe que las cartas están echadas y que cada uno debe desenvolverse con la que le ha tocado en suerte. 

                                                                 Pedro Nares.

Podríamos decir que Cine X es una novela de serie negra sin héroes ni romanticismos ni épicas rebeldes o ruines, sino instalada en el nivel cero de una sociedad que sobrevive por debajo de las palabras altisonantes y los mensajes oficiales y políticos, resignada a ocupar los pequeños espacios que quedan libres, de una libertad irrisoria, banal y barriobajera, pero mucho más real y verdadera que las grandes libertades de las mayúsculas y sus épicas grandilocuentes. El cine X de la plaza de Bonsuccés sería uno de estos espacios donde realmente todo era posible, como en efecto ocurre y se explica en la novela. Tal es la voz que ha creado Nares para su obra, que nos habla de una Barcelona desamparada y perdedora pero resistente, que lucha por ocupar su parcela, que no tiene hoy en día voz alguna que la exprese —la tuvo en sus días de gloria cuando en Barcelona triunfaba la transgresión y el cómic underground, una realidad granuja y sinvergüenza que sin embargo se expresó vibrante y llena de esplendorosa vitalidad—. El paso del tiempo ha pulido y rebajado esta brillantez, y hoy las glorias pasadas son lo que queda cuando el tiempo las lima.

Una novela de una Barcelona en la que sus ciudadanos de a pie nos reconocemos con facilidad, con sus bares, pensiones y callejuelas de uso diario, y una mirada que sabe combinar el buen criterio del ciudadano informado y responsable, con la realidad del naufragio de vidas marcadas por la impotencia y el desengaño. 

Acabada de publicarse a novela, y en espera de su distribución, se puede adquirir el libro escribiendo a: pedronares@yahoo.es

martes, abril 16, 2019

'El Mal de Penélope', novela doble de Gustavo Hernández Becerra


Acabo de leer casi de un tirón la novela del colombiano instalado en Tarragona, Gustavo Hernández Becerra, un escritor reconocido en los medios literarios catalanes por la calidad de sus trabajos, y bien conocido asimismo por el público de la actual Tarraco, no sólo por sus anteriores novelas publicadas sino por las columnas y los artículos que han ido apareciendo en los periódicos de la ciudad, de exquisita factura. 

Sin pretensiones de ejercer de crítico literario -especialidad ajena a mis labores-, sí que me gustaría comentar la obra leída a modo de simple comentario de texto de alguien que, siendo titiritero como soy, gusta también de las artes literarias. 

Y si me atrevo a hablar de 'El Mal de Penélope', es porque en cierto modo y dando muchos rodeos al asunto, la he visto como una novela lejanamente titiritera. Lo digo no porque se le vean sus hilos, guantes y varillas, sino por el juego de distanciamiento barroco que el autor hace con su historia, a la que le da la vuelta como a un calcetín y se permite manipularla para mostrarnos a sus personajes por delante y por detrás, desde dentro y desde fuera, cuerdos y locos, mortales e inmortales, de carne y hueso o espectrales, vivos o muertos. Y todo ello sin esconder al autor-titiritero-manipulador, como es propio hacer hoy en los teatros de títeres, en los que ya nadie se esconde  tras los retablos, sino que se sale y se entra de ellos, unas veces con disfraz y otras sin. 

Nos encontramos, en efecto, ante una novela doble, pues lo que se nos cuenta en la primera parte, es también lo que se cuenta en la segunda, pero como si entre la primera y la segunda hubiera un espejo de estos de Alicia y medio cóncavos que te dejan entrar al otro lado de la realidad, con la distorsión propia de este tipo de espejos. 


Gustavo Hernández Becerra. Fotografía de Alba Mariné para una entrevista publicada en el Diario de Tarragona.

Una historia dramática que tiene la virtud de ir a los extremos del más desgraciado patetismo para instaurarse en definitiva en una especie de patrón universal -aunque particular- de la tragedia humana, pues los máximos alcanzados por el mal de la protagonista son tan grandes y están tan ahítos de infortunio, que podríamos decir que se elevan hacia una totalidad en el repertorio de las desgracias humanas. En efecto, ¿acaso el descarado comportamiento del protagonista masculino y su maldad acanallada no son el espejo generoso que, en el mosaico de sus aspectos cuarteados, permite reflejarnos en la gama de nuestros canallismos particulares de tres al cuarto? Y lo mismo puede decirse de las desgracias de las féminas aquejadas por el maltrato y el abuso, sean leves o elevadas, las cuales ven reflejados sus matices en este mapa tan completo del dolor y de la infamia que es la vida de la protagonista femenina.

Así es la primera parte, un relato en primera persona desde la subjetividad de la víctima, de modo que la lectura nos mete en el laberinto interior de una vida destrozada por una acumulación exponencial de las desdichas. 

Pero he aquí que en la segunda parte surge el titiritero escritor, con ganas aparentes de mirar el drama desde fuera, desdoblándose en dos autores que pugnan por la misma historia, uno escondido tras el retablo, y el otro con ganas de jugar su papel en el escenario. 

Aparente distanciamiento, pues en seguida nos percatamos que la mirada del segundo autor que entra desde afuera es en realidad la mirada de una serpiente que gusta enroscarse a la historia para meterse en ella, estrecharla con su cuerpo sinuoso, para al fin morder y ser mordida por ella, la historia, que ahora se nos aparece poliédrica y llena de ángulos y equívocos, tan compleja como la vida misma. 

El barroquismo del que hemos hablado se encuentra en esta preciosa multiplicación de puntos de vista, que van pasando de una boca a la otra, dando a la historia tantos matices que el inicial drama de una única voz acaba siendo lo que ya apuntábamos al principio: el acopio de un manojo de historias que las dos manos de un único autor se van pasando entre sí.

Pero los reflejos se multiplican, y el episodio de la falsa muerte del protagonista, que lo convierte en un mortal-inmortal, es decir, en un muerto-vivo, provoca la aparición de otra voz, que se suma a los dos autores y a los varios personajes principales, como es la de Emilín, convertido en escritor precoz cuya obra se introduce en la trama con tremenda prestancia bajo la forma no menos delirante de un western de maravillosa serie B. 

La obra se alza como una columna barroca de múltiples voces enroscadas entre sí, retablo dinámico de personajes confrontados en los espejos de la mirada. Pero la gracia es que todo ello sucede con la perfección de un engranaje literario de orfebre, con un texto que rezuma riqueza, gracia e ironía, sin que ello rebaje el dramatismo, sino al revés, aunque al dispararse el registro delirante, se consigue distancia, dejando que la barbarie, el dolor y el acanallamiento sean vividos y vistos desde lejos, o desde la otra esquina de la calle. Distancia que posibilita la reflexión, aunque luego la locura del titiritero-narrador nos haga bajar de nuevo al barro de la desdicha.

Columna barroca aunque también sirve la imagen de la cebolla, pues la obra no hace más que desplegar las dimensiones ocultas que se hallan plegadas en las palabras, en los hechos y en los personajes, aplicando así las teorías cuánticas que tanto seducen al protagonista, sobre todo esas que dicen que las partículas pueden estar a la vez en dos sitios diferentes. De alguna manera, 'El mal de Penélope' es un intento de aplicar esta teoría en la vida cotidiana de las personas, estableciendo la posibilidad de que un drama sea en realidad varios dramas superpuestos, con sus puertas ocultas de salida que hay que buscar en los pliegues de las dimensiones escondidas. Aunque el autor no busca tanto las salidas como las distancias que permiten enfocar y desenfocar para entender las cosas desde perspectivas diferentes, lo que no deja de ser lo mismo. 

También me pareció un logro capaz de entusiasmar al lector la abertura de los espacios interiores de los personajes, esa ampliación de lo subjetivo que permiten, con perdón, los fórceps de la escritura. Algo que ocurre en el monólogo interior de la primera parte y en el desarrollo de los personajes de la segunda, con esa genial muerte sin muerte vivida por el protagonista narrador al que se le debe sumar la sub-novela del western que cobra vida en su delirio para acabar cerrando la obra con uno de estos 'otros personajes plegados' como es El Legañas. 

Creo que 'El Mal de Penélope', en mi modesta opinión, es una novela radicalmente moderna, propia de una óptica avanzada que va más allá del siglo XXI, pues en ella se plantean vías de despliegue y de desarrollo del conocimiento que acepta la complejidad de un mundo de múltiples dimensiones y lo junta a una visión crítica y autocrítica, pues se basa en el puro y simple ejercicio de la auto-observación, disciplina básica del futuro. Distancia, auto-conocimiento, multiplicación de la identidad, dualismos cuánticos y abertura de las dimensiones plegadas. ¿Qué más podemos desear? De indispensable lectura.

'El Mal de Penélope' está editada por la Editorial Cuanto Te Quiero, de Tarragona.