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sábado, enero 04, 2020

Gatos


Diferentes gatos. Wikipedia, ver aquí.

Quizás debería haber puesto félidos o felinos como palabra más genérica y correcta para encabezar este capítulo, pero tengo que confesar que me gusta mucho la forma que tiene la lengua inglesa de denominar a esta familia de animales, que suele reunir bajo la denominación de Cats (Big Cats para los felinos grandes y Cat a secas para el gato). Sorprendente, ya que dentro caben tanto los leones como los tigres, pasando por los leopardos, los jaguares, las panteras, los linces, para acabar con el gato a secas.

Pero si los observamos bien, enseguida nos damos cuenta de que los felinos comparten, sean de la especie que sean, unas características de movimiento y de relación con el entorno muy parecidas y gatunas. Se puede comprobar mirando a sus cachorros, los cuales juegan todos de la misma manera. Por eso nos gustan tanto los leones y los tigres cuando son bebés, ya que los puedes coger y tratar como si fueran gatitos. Lástima que luego crezcan, deben pensar los amantes de los pets. Hay que decir que más de alguno los han tenido en casa, me refiero a los llamados "big cats", en parques y jardines especiales, aunque también a menudo se han visto casos de dueños comidos por sus pets...

En nuestra zona, tenemos el caso del fundador del Museo Darder de Banyoles, ciudad cercana a Girona, el veterinario y taxidermista barcelonés Francesc Darder y Llimona (1851-1918), quien fue también el primer director del Museo Zoológico de Barcelona. Se dice que la leona que hay disecada en su Museo de Banyoles y que nos recibe al entrar en la sala de las bestias disecadas, pertenecía en vida al señor Darder, que la tenía libre por el jardín, hasta que un día lo arañó con alevosía y mala saña. El ilustre zoólogo, después de matar y disecar a la bestia, murió como consecuencia de la herida. Y mientras del señor Darder apenas recordamos su aspecto físico, de la leona se ha conservado tanto el cuerpo como su expresión agreste y de poco fiar.
El señor Darder y dos ayudantes manipulan un Leopardo en el Museo Zoológico de Barcelona.
Archivo de imágenes del Museo Darder de Banyoles.
¿Significa esto que debemos condenar a este subgénero de los mamíferos? En absoluto. Pero sí nos indica que nos encontramos ante bestias salvajes de verdad, que necesitan sus propios espacios sin necesidad de relacionarse con los humanos. Un caso especial lo constituye el gato propiamente dicho, que tan bien se encuentra en los hogares humanos, especialmente si cuentan con una buena calefacción. Aun así, sus dueños coinciden en describir al gato como un animal independiente y muy suyo, difícil a veces de entender. Es curioso, porque pese a ser unas bestias que se dejan acariciar y que parecen muy dulces, en realidad no tienen nada que ver con la relación perro-persona, siempre tan amical, ruidosa y promiscua. Los gatos, por lo contrario, son unos mamíferos situados en las antípodas de los humanos: enigmáticos, silenciosos, precisos, impecables... ¡felinos!

Son muy diferentes a nosotros y eso los hace aún más interesantes y dignos de estima y observación. Hay una majestuosidad profunda en el caminar conciso y elástico de los félidos que se encuentra en toda la gama de esta familia de mamíferos fisípedos (animales de dedos separados con uñas), de cabeza redondeada y hocico corto, uñas retráctiles, arcos cigomáticos enormes y de hábitos generalmente nocturnos. Quizás lo que los hace más misteriosos es su capacidad de visión nocturna: sus ojos suelen brillar de noche, y bien conocida es la escena del cazador nocturno que se encuentra de repente clavado por la luz de dos ojos impecables que lo acechan en la oscuridad...

Poca experiencia directa tengo yo de los gatos -y menos aún de los grandes-. Una vez tuvimos uno en casa cuando era pequeño, muy bonito pero que se subía por las cortinas. Mi madre lo despidió al cabo de un par de días y dos cortinas desgarradas. Mi padre, por su lado, sólo tenía una debilidad: los canarios, que cantaban alegremente cuando él visitaba en casa, en su despacho de médico de cabecera. Creo que de soltero tuvo un perro lobo muy imponente, que la vida de casado con hijos hizo inviable.

Pero los que han tenido gatos, están francamente satisfechos de ellos. Como es el caso de un amigo mío que tenía a Ramón, un gato mezcla de europeo y siamés que suelen estar castrados, y que son mansos y buenos compañeros de piso. Cuando murió, mi amigo cayó en una profunda melancolía que le impidió volver a repetir con ningún pet félido. Ahora sólo colecciona arañas, de las que ya no se pueden mover, con una aguja bien clavada en el pecho.

En el Zoológico hay una buena representación de "gatos grandes". Del león ya hemos hablado en otro capítulo. Curioso que el cetro del Reino Animal haya recaído en un felino. Eso dice mucho de esta familia. Quizás el tigre ganaría a los leones en cuanto a estampa y calidad de la piel, pero le falta la corona, que el león tiene en abundancia en la cabellera. También el color beige claro de éste, entre marrón y amarillo rojizo, da más tranquilidad a sus súbditos que las inquietantes rayas negras y los colores llamativos del tigre. En el Zoo, sin embargo, ocupan unas instalaciones similares y vecinas. Viven al aire libre, y los separa del público humano un foso que muchas veces me he preguntado si no serían capaces de saltar... Seguramente no están en buenas condiciones físicas para hacerlo y necesitarían más velocidad que allí no pueden coger. Como los leones, los tigres suelen pasar la mayor parte del día durmiendo apoyados contra algún trozo de pared que el sol previamente ha calentado. Se entiende que, al ser animales nocturnos, les guste apalancarse durante el día tomando el sol. Por la noche, sin embargo, si paseas por las calles contiguas al Zoo, a veces oyes sus rugidos...

Otra cuestión son los "gatos medianos", el grupo de los jaguares, leopardos, guepardos, panteras de todos los colores, linces y otros gatos salvajes. Son más pequeños y ágiles que tigres y leones, seguramente más salvajes y también más rápidos y capaces de trepar por las paredes, por lo que se les encierra en jaulas de techo alto. Disponen además de una cierta vegetación frondosa que les permite esconderse. Por regla general, se les ve siempre inquietos, dando vueltas con la boca abierta y una mirada poco tranquilizadora. A veces los he visto rugir roncamente con una visible sensación de angustia, fruto del estrés de vivir en espacios reducidos, me imagino. Muchos de estos animales están en grave peligro de extinción y necesitan programas de reproducción asistida, así como la asistencia de los científicos implicados y de los parques zoológicos que colaboran, pero verlos allí encerrados en celdas produce al observador profundas sensaciones de angustia. Al ser nosotros los animales de más empatía del Reino, se entiende que sintamos esta angustia que, en las fieras enjauladas, debe ser algo inaguantable.

Y es que los félidos son depredadores nocturnos de una eficacia tremenda. Silenciosos, ágiles y escurridizos, son los cazadores perfectos. Impecables, actúan sin contemplación alguna. Claro que los humanos los hemos superado y hoy en día casi eliminado de la faz de la tierra, pero durante miles de años ir a la caza del tigre o del leopardo ha sido una de las proezas iniciáticas más valoradas por sus peligros. La astucia humana puede con todos los otros animales y por eso nos hemos impuesto sobre las demás criaturas vivas de la tierra -salvo las ratas y las hormigas, que nos siguen ganando en número y resistencia-. Pero es sin duda de la observación de los félidos allí donde más hemos aprendido a cazar y ganar guerras. El ataque por sorpresa, con nocturnidad y alevosía, lo hemos aprendido de los felinos, unos maestros. Aunque nosotros hemos ido más allá, y nos hemos doctorado en ello.

Es tal vez por todas estas razones que nuestra especie mantiene una actitud distante pero también de respeto hacia los félidos, los cuales, a pesar de su galopante desaparición actual, siguen representando buena parte de nuestra naturaleza instintiva. Y mientras las serpientes se ocupan de los aspectos más profundos y reptilianos de nuestra naturaleza animal, los "gatos" lo hacen respecto a nuestras capacidades cinéticas relacionadas con el hambre y la compulsión para satisfacerla.

Toca ahora hablar de los aspectos ocultos, incluso podríamos llamarlos esotéricos, de los gatos. De entrada, hay esta creencia recurrente de otorgarle más vidas de lo normal, siete en concreto. Se dice de aquel que sobrevive a los peligros, que "tiene siete vidas como los gatos"
[1]. ¿Cómo lo hacen para tener siete vidas?... Ya sabemos todos por experiencia que sólo tienen una, de vida, como todos los animales, pero la tradición ha querido destacar a esta especie por alguna razón que en realidad es una suma de razones que provienen de épocas y culturas arcaicas.

Conviene aquí reseñar algo que me parece importante: el hecho de que el gato encarna casi todas las capacidades de los grandes felinos: sigilo, ferocidad, máximas aptitudes para la caza y manifiesta elegancia. Tener un gato en casa es como tener un tigre en miniatura, sólo entretenido con las ratas y otros bichos de tamaño pequeño. ¿No es algo increíble y milagroso, un misterio que la naturaleza nos regala? Siempre recordaré el caso de un conocido que tenía una casa inmensa en el campo llena de ratas y otros bichos indeseables, cuando un día acogió un gato que pasaba por allí y le ofreció un plato de comida. El gato decidió quedarse: a cambio de su plato diario, cazaba todos los ratones y serpientes que encontraba en la casa, la cual quedó limpia como una patena. Lo más increíble era cómo dejaba cada día sus presas muertas en una hilera delante de la puerta del dueño. Sin duda cumplía con las cláusulas del contrato elíptico que había firmado con quien le daba de comer. Pero vayamos a la Historia.


Momia de gato. Wikipedia, ver aquí.
En el Egipto antiguo, los gatos eran animales mágicos y sagrados, que la diosa Bastet representaba, de cuerpo de mujer y cabeza de gato. Solían tener los egipcios gatos domésticos, y asociaban el ideal de la belleza a los rasgos gatunos de Bastet, por lo que las mujeres se pintaban los ojos con forma almendrada. Bastet, que tuvo una ciudad dedicada a ella en el Delta del Nilo llamada Busbastis, era diosa de la guerra, de la fertilidad, de la alegría, de la maternidad y de otras virtudes femeninas. También era guardiana del hogar y defensora de los hijos. Su simbología, de una profunda ambigüedad, se refería por un lado a la energía del sol, cálida y vivificante, y por otro, conectaba con el culto a la luna, como es propio de unos animales que aman la noche y sus misterios. Los romanos mimaban igualmente a estos animales, influencia segura de Egipto, al incorporar el culto a Bastet a su repertorio divino.

Se entiende que la difamación de la feminidad propia de la Edad Media se proyectara sobre los gatos, considerados por regla general (y aún más el gato negro) diabólicos y sujetos de brujería, por lo que eran cazados, metidos en sacos y quemados en la hoguera. Sin duda los gritos que deberían pegar aquellas pobres bestias serían la prueba esgrimida de su posesión diabólica -a modo de diabólicas "cornamusas" o gaitas, instrumento que en catalán se llama ‘sac de gemecs’, literalmente ‘saco de gemidos’-. En este sentido, se puede decir que los gatos tienen mucha razón de ser desconfiados y marcar distancias respecto a nuestra especie: no sé si estudian Historia, pero seguro les debe quedar algún recuerdo de las campañas de exterminio a las que fueron sometidos.

 

Regresando a los aspectos ocultos, es ya un tópico hablar de su sensibilidad refinadísima, que les permite anticipar terremotos así como intuir desgracias. Durante la redacción de estos textos, he leído en los periódicos el caso de Óscar, un gatito que prevé la muerte de las personas. Según explica el doctor David Dosa, "la simple presencia de Óscar junto a la cama de un paciente es vista por los médicos y el personal del geriátrico como un indicador casi absoluto de su muerte inminente"[2]. El proceso suele ser el siguiente: entra el gato a una determinada habitación y salta a la cama del paciente. Huele el aire, se lo piensa unos instantes, da dos vueltas sobre sí mismo y se enrosca junto a la persona. Inmediatamente entran las enfermeras que avisan a médicos y familiares. Poco después, el paciente muere.

Las explicaciones (tal vez pueden oler determinados feromonas, avanza el doctor Dosa...) son aún conjeturas, pero ilustran estas capacidades insólitas de los gatos que les permite detectar lo que para nosotros está oculto. Unas puertas llenas de misterios y de posibilidades enormes, que estos animales nos invitan a abrir en su compañía, siempre y cuando seamos respetuosos con su dignidad salvaje ...


[1] Hay que decir como noticia de última hora, que un estudio hecho por la Universidad de Wisconsin, en los Estados Unidos, ha descubierto una sorprendente capacidad de los gatos de autoreparar la mielina que envuelve las fibras nerviosas y que garantiza su correcto funcionamiento. Estudio publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

[2] La noticia apareció publicada en el pretigioso The New England Journal of Medicine por el doctor David Dosa, médico del Steere House Nursing & Rehabilitation Center de Providence, Rhode Island.

miércoles, septiembre 25, 2019

El loro


Loro del Amazonas. Foto Wikipedia.

En algún punto de los textos publicados en Animalia, citamos ya al loro como uno de los animales más inteligentes que existen. Afirmación que despierta no pocas sonrisas en los escépticos, los que argumentan que de un cerebro tan pequeño poca reflexión podemos esperar. Y sin embargo, no soy yo quien lo afirma sino los científicos que lo han investigado y se han sorprendido de sus inmensas capacidades.

Fue noticia hace años el caso de Alex, un loro gris de cola roja criado en Estados Unidos capaz de pronunciar 150 palabras diferentes, reconocer los nombres de los colores, distinguir conceptos como grande y pequeño, entender numeraciones hasta el seis y, el mérito más importante, ¡no repetirlo todo como un loro! Alex, un juego de siglas en inglés (Experimento de Aprendizaje Aviar), nació en 1976 y fue adquirido por la psicóloga animal Irene Pepperberg, responsable de su enseñanza. Murió en 2007, a la edad de 31 años, joven porque los loros suelen vivir hasta 50 y aún más años. Al parecer, Alex ha revolucionado los conceptos que hasta ahora se tenían sobre este tema, planteando múltiples incógnitas sobre la inteligencia animal.



En Cataluña siempre se ha tenido en mucha estima al loro, como lo indica este poema popular de Sabater i Aribau que de pequeños recitábamos y que mi madre se sabía de memoria, que lleva por título "Un loro, un moro, un mono y un señor de Puerto Rico ", que comienza con estos versos famosos:
 

Un senyor de Puerto Rico
al balcó tenia un lloro
de rica ploma i bon pico:
un lloro dels que fan oro,
dels lloros que costen pico.

Y después de unas larguísimas y retorcidas trifulcas en las que se explora toda la combinatoria de las rimas terminadas en "oro" y en "ico", termina el poema:

Veu això l'amo del lloro.
Es tira damunt del mico.
Mata el mico, mata el moro,
i, mort moro, mico i lloro,
fa un farcell... i a Puerto Rico![1]

Respecto a mi propia experiencia, siempre he tenido una especial fascinación por los loros, aunque nunca los tuve en casa. Ya de niño me fascinaba la imagen del Captain Flint, el loro de la fantástica novela de Stevenson "La Isla del Tesoro", siempre en los hombros de Long John Silver, loro que había sobrevivido al pérfido pirata Flint y que cantaba la canción "
Fifteen men on a dead man's chest. Yo ho ho and a bottle of rum!...". Recuerdo que durante mi primera estancia en Bristol, no paré hasta encontrar un pub llamado "The Spy-glass" (en la novela, así se llama la taberna propiedad de Long John Silver) donde en efecto había un loro, muy callado aquel día. A pesar de tratarse de una pura escenografía para atraer clientes, me emocioné profundamente en aquel recinto de paredes destartaladas, donde un viejo loro pensaba en silencio las antiguas glorias piratescas de los barcos británicos que salían del puerto de Bristol ...

Se dice que el loro suele establecer una relación de pareja con su dueño, y eso yo lo he visto en la persona de mi hermano y Miki, un loro gris de cola roja que tuvo un tiempo. El vínculo creado entre aquel animal y mi hermano era increíble: por la mañana, siempre le decía: "Bon dia, estimat!". Era normal oírlo gritar: "Hola, estimat, vina, vina ..." mientras movía la cabeza para que la acariciara. Bailaba y cantaba La Cucaracha con perfecto ritmo y dicción, y cuando le preguntabas por el Barça, contestaba siempre en catalán: "una llufa!". Al sonar el teléfono, decía: "Sí, digui? ...!". Y cuando su dueño se iba de casa, se despedía con un: "Adéu, estimat, porta't bé, adéu, adéu...". El problema fue cuando quien era entonces su mujer, seguramente celosa del loro, llevó a casa un perro de estos pequeños que no pasan del palmo y medio, pero que suelen ser muy nerviosos, mimados y horriblemente chillones. Como era de esperar, el conflicto entre los dos animales de compañía no tardó en estallar. Está visto que una acumulación de "pets" no es buena cosa para la convivencia ... El loro, ante aquella intromisión, contraatacó ordenando a su contrincante: "Néstor, vine aquí, et dic, vine aqui! .. . " o " Néstor, passa al racó, au, passa al racó !! ". El conflicto se resolvió por capitulación del más sensible y evolucionado: el loro, traumatizado por la insultante presencia del perro y pese a plantarle cara con valentía y chillidos aterradores,empezó a arrancarse las plumas. Tuvieron que sacarlo de casa, y a pesar de estar muy bien cuidado en el nuevo hogar, murió a los dos años a causa de una insuficiencia renal. Yo diría  más bien por una insuficiencia amorosa.

También se suele decir que los loros sólo repiten lo que se les enseña, pero mi madre me contaba que de pequeña, en la escuela donde iba, un loro a quien le mostraba una pastilla de chocolate sin darle nunca ni un cachito, acababa siempre gritando: "Burrra, burrraaa!". Es decir, cuando se indignaba sabía perfectamente la palabra que debía utilizar, sin nunca equivocarse. Del mismo modo que nunca se le ocurría a Miki decir "buenas noches" por la mañana o, viceversa, "buenos días" por la noche.

En el Zoológico de Barcelona, los loros ocupan unas jaulas situadas casi ante los "grandes gatos" y la verdad es que se les ve un poco apretados en unos recintos que, dada la categoría de estos animales, deberían ser más grandes. La ventaja que tienen es que están todos juntos, papagayos, loros, cotorras y periquitos, lo que les debe dar una cierta sensación selvática además de distraerse con el ruido que hacen unos y otros. Desconozco si los más hábiles reciben lecciones de lenguaje, como sería de esperar. Si así fuera, se entiende que podrían constituir una de las atracciones más brillantes del Zoo, al ser la única especie capaz de comunicarse a través de palabras con el público. Seguramente tendremos que esperar todavía nuevas generaciones de loros y nuevas generaciones de científicos para que esto suceda. A los niños actuales les diría, por tanto, paciencia, fe y esperanza, ya que en un futuro próximo esto y mucho más les será otorgado.

Fijémonos ahora en los rasgos de estos pájaros exquisitos que son los loros a los que bien se les podría calificar de "aristocráticos", dadas las altas cualidades de su condición animal. Lo que más nos extraña es que unas animaluchos que no tienen ni brazos ni manos, y que además no pasan de los treinta o cuarenta centímetros de altura, sean capaces de hablar y mostrar signos de inteligencia. Son pájaros y pueden volar, eso sí. Provienen por tanto de los extinguidos dinosaurios, lo que en este caso no nos dice nada de especial, pero sí que dentro de su memoria genética deben quedar aún restos de la grandeza antigua de estas bestias extinguidas, que dominaron durante millones de años los hábitats de la Tierra. Lo que sí nos dicen los actuales pájaros es que los dinosaurios debieron ser unos seres bastantes chillones, tal vez incluso cantantes, con una variedad de tonos increíble, desde las profundas gargantas de los más agigantados que deberían sonar como órganos de iglesia, hasta la sutileza refinada de las especies más pequeñas y nerviosas. En todo caso, se puede decir que las aves han tenido millones de años para refinar sus sistemas vocalizadores de canto, y es evidente que los más destacados han sido los de la familia de los loros y de los periquitos, de pico curvado y cabeza redonda. Con cerebros faltos de córtex y sin lóbulo frontal, son capaces sin embargo de repetir, relacionar, entender, ordenar y responder según una lógica que los estudiosos comparan a la de un niño de cuatro años.

Verlos caminar es un espectáculo muy gracioso, al balancear sus cuerpos inmensos en relación a las patas, cortas y poco diestras. Pero como todos los pájaros, su especialidad es volar, pese a ser de corto alcance. Prefieren entretenerse en charlar y cantar todo el santo día más que desplazarse por las distancias. Atentos y chismosos, pescan lo que pasa por el entorno. Sin duda deben volver locas a las monas y a muchos otros animales arbóreos, al imitar sus sonidos con escalofriante exactitud. Una experiencia que aún no se ha hecho es poner un loro en un teatro de ópera: seguro que su capacidad de memorizar arias enteras y de cantarlas en los más altos agudos sorprendería a más de uno. A la larga, una vez se hayan establecido técnicas seguras de aprendizaje, no estaría nada mal incorporarlos a la sección animal de la orquesta, junto con los elefantes de trompa afinada, los burros rebuznadores o las corales cantoras de ruiseñores, canarios y periquitos. Los loros, con su increíble capacidad imitadora, podrían ocupar perfectamente dentro de la orquesta el papel de "covers", es decir, sustitutos de los instrumentistas en baja.

Mirar los ojos de un loro mientras charla y silba, te permite comprender un poco la sensibilidad exquisita de estas aves. A mí me parece que su facilidad de réplica, capaces de duplicar los sonidos naturales que escuchan, es la base de su inteligencia. Así como la conciencia humana nació a partir del fenómeno reflexivo, por el que los primeros homínidos se sabían "dobles" al verse reflejados en los demás seres vivos de la tierra, de la misma manera los loros adquieren una primitiva conciencia de dualidad al replicar los sonidos que escuchan. Saben que todo lo que oyen se puede doblar, y que ellos son capaces de hacerlo. Y la dualidad asociada a la percepción es un primer indicio de espacio mental y de conciencia. Se trata de un primer eslabón, es verdad, pero real y tangible.

Pero además de sus habilidades miméticas, tienen una enorme capacidad de empatía para captar nuestros pensamientos, sentimientos, estados de ánimo y energía, y muy a menudo nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos cuando reflejan lo que nos pasa por dentro . Es decir, ¡tienen también capacidad de reflexión psicoanalítica! Es lógico pues que los loros se vayan haciendo más listos a medida que se acentúe y se profundice su relación con los humanos, a base de repeticiones, preguntas, respuestas y horas de convivencia -y al revés, los humanos nos volvemos más humanos y auto-conscientes a medida que se acentúa la convivencia con el loro. Cuantas más "dualidades" establecen, mejor pueden relacionar lo concreto con lo abstracto, al adquirir el hábito de hacerlo cada día.

Esta conciencia se muestra también en su manifiesta capacidad de burla, al replicar los sonidos del perro, del gato o del mono con sarcástica intencionalidad. Es decir, además de un primer eslabón de conciencia, tienen sentido del humor, y eso aún los hace más inteligentes y cercanos a nosotros, los humanos. Claro que se trata de un sentido del humor particular, de loro si se quiere, pero humor en definitiva. Y eso no siempre se encuentra en los animales. Debemos recurrir a los primates, nuestros primos hermanos de la evolución, para encontrar primitivas muestras de humor parecido al nuestro.

Los loros del Zoológico nos miran desde un enigma profundo que yace encerrado en sus jaulas y que sólo se irá desvelando con la irrupción de nuevos loros habladores asociados a los humanos. Hoy por hoy, nuestros pisos no son los lugares más idóneos para acoger a estas aves tan refinadas como son los loros, pero el futuro que sin duda nos traerá viviendas más amplias y abiertas a la naturaleza, permitirá que cada habitante del planeta tenga siempre un loro a su lado: mientras la serpiente nos hablará de las profundidades insondables de nuestro inconsciente, el loro nos recitará al oído frases cautivadoras de una combinatoria juguetona y genial de las palabras. Cuando esto suceda, el mundo vivirá sin duda una explosión de conciencia amplificada, con profusión de radios y televisiones especialmente dirigidas a loros y periquitos, no para engatusarlos ni para aturdirlos sino, por el contrario, para despertar en ellos sus más osadas capacidades creadoras, aves que poco a poco irán desarrollando sus poderosas potencialidades de inteligencia.


[1]     Se encuentra en el libro “Versos humorístics catalans”, Biblioteca Popular, Primera Sèrie, Editorial Millà.

domingo, agosto 25, 2019

Serpientes


Boa Argentina. Wikipedia.


Aprovechando que ya estamos en la zona de los seres de sangre fría (ver el capítulo anterior sobre la Iguana), creo que es el momento indicado de centrarnos en las serpientes, estos animaluchos que tienen tan mala prensa y que durante la larga historia de las culturas humanas han sido objeto de poderosísimas proyecciones arquetípicas.

Basta con mirar cualquier diccionario de simbología y fijarse en la palabra "serpiente", para darnos cuenta de la tremenda carga simbólica que arrastran estos animales. De entrada, es importante recalcar el profundo sentido primigenio que siempre se les ha dado, al tener la mayoría de las cosmogonías existentes a la serpiente colocada en el origen del mundo y de los primeros dioses. Asociada a las Aguas del Caos, de la serpiente proviene del Huevo primigenio o simplemente vomita las primeras divinidades que acabarán sus días engullidas por la misma serpiente. Origen y fin del mundo, principio por tanto de vida y de muerte, de regeneración, de cambio y de mutación, se comprende que la encontremos enroscada en el bastón del caduceo, símbolo de la medicina, o que se la represente comiéndose su propia cola en la figura del uróboros, símbolo de la circularidad temporal y del eterno retorno. Para los psicoanalíticos modernos, representa la libido y los principios más básicos del instinto animal que nos conforma.

Uróboro como símbolo alquímico. Wikipedia.

Busco por entre las ventanas del Terrario del Zoo y finalmente la encuentro. En realidad, lo que encuentro es el nombre, ya que me cuesta descubrir dónde se esconde el ofidio. Por fin la veo en un rincón. Una especie de cuerda hecha de una piel adornada de preciosas simetrías de colores apagados que yace enroscada, aparentemente inmóvil. Pero cuando me fijo un poco, me doy cuenta de que en realidad su cuerpo grueso y plegado se infla y se desinfla, casi imperceptiblemente, como una especie de ensaimada que se dilata y se encoge. ¿Respira o sólo está haciendo la digestión? Todo es un misterio en el animal que contemplo. Su indiferencia respecto a nosotros, los que la observamos, es fantástica y desconcertante. A su lado, las iguanas son animales histéricos que no paran de bailar y de charlar con nosotros. Lentitud y sinuosidad. Y una majestad insondable, al menos en los ejemplares más grandes. Supongo que en su existencia diaria y salvaje deben mostrar más actividad, pero aquí encerrados en la jaula de cristal del Zoológico, manifiestan el más profundo desprecio hacia la civilización de los humanos, de la que siempre han sido simbólicos saboteadores.

Estos reptiles del suborden de los ofidios provienen de épocas inmemoriales, cuando todavía los mamíferos eran un proyecto a medias de los primeros sinápsidos, de donde salieron tanto los reptiles como nuestros más antiguos antepasados de sangre caliente. Los científicos fechan la aparición de los ofidios hacia el Cretáceo, en una época en la que ya había un buen muestrario de dinosaurios esparcidos por los continentes que comenzaban a separarse. ¡Qué maravilla sería dar un vistazo a aquellas épocas arcaicas, de plantas exuberantes y de animales que parecen surgidos de una imaginación enloquecida y truculenta, pero inagotable. Fíjense en la increíble variedad de formas que los resucitadores oficiales de especies extinguidas nos dibujan o incluso dan vida a través de simulaciones o de los efectos especiales: ¡son de una originalidad abrumadora! ¿Pero quién lo ha inventado todo esto?, me pregunto asustado. No es el dibujante que lee la morfología de los huesos u otros restos fósiles, sino la misma naturaleza, pletórica de creatividad, la que nos maravilla por la riqueza de una tal diversidad de formas y estilos de vida.

Ahora sabemos que todo ello es fruto de una agitada y competitiva combinatoria de los genes más aptos para imponerse y establecer nuevos rumbos de vida, a través de procesos complejísimos de interacción entre los mismos miembros de la especie, y con el entorno botánico, climatológico, geográfico y zoológico. Así la vida sobre el planeta y su expresión, la naturaleza, se ha ido desarrollando a través de millones de años, hasta llegar a la Cocacola, a los Cuatro-Cuatro Todo Terreno y al suculento negocio de los móviles y Smarphones. Cuando pensamos que esta fabulosa creatividad del Tiempo en mayúscula se ve hoy en día brutalmente escarnecida y saboteada por quien se supone es su máxima realización, el Ser Humano, no podemos más que lanzar un grito al cielo, tal es nuestra indignación. ¿Tan "poco animales" somos que no comprendemos que somos animales que procedemos y dependemos de los otros animales? Preguntas que muchos se deben hacer como yo pero que tienen poca respuesta.

Regresemos a las serpientes, y maravillémonos ante sus sistemas extraños de locomoción. Disponen de cuatro: el serpentín, hecho de movimientos ondulatorios que la hacen avanzar empujando las partes posteriores de cada una de las curvaturas; el rectilíneo, propio de las grandes serpientes de escamas abdominales que se aferran a la tierra y así avanzan como los gusanos; el acordeón, mediante contracciones y estiramientos de los músculos que lo rodean como un muelle; y el de lado, el menos común, propio de algunas serpientes del desierto, por el que levanta el cuerpo formando una espiral que se mueve de lado. Se dice que algunas de Asia y de Nueva Guinea incluso pueden volar. En realidad, lo que hacen es planear para dejarse caer con un buen aterrizaje. Claro, no tienen patas ni brazos, ni alas, ni plumas, ni orejas. Sí que tienen nariz, unos orificios para escuchar y una lengua bífida algo inquietante e impertinente. También algunas tienen veneno, que esconden detrás de los dientes, para inocularlo cuando muerden a su víctima.

Encantadores de serpientes del siglo XIX, en Marruecos. Wikipedia.

Los encantadores de serpientes saben mucho de estas cosas: parece ser que les extraen el veneno para poder jugar con ellas. Qué trabajo más arquetípico es el de los que profesan este oficio, sin duda uno de los más antiguos del mundo: con su flauta, encantan nuestra libido profunda, representada por la serpiente, como actualmente se encargan de hacer la publicidad y los discursos políticos, que nos quieren bien sometidos a los hechizos del consumo y de la obediencia. Tenemos por suerte las serpientes siempre a mano, para recordarnos que tal vez la música nos puede amansar a veces, pero que los principios de vida son tan insondables y indómitos como lo son estas sierpes de sangre fría y movimientos rápidos. Sí, por mucho que se las quiera domesticar, mantienen la distancia y una indiferencia absoluta.

Las tenemos en el Parque Zoológico para podernos inspirar y aprender de sus sutiles y refinadas  emociones, aunque cuesta verlas en acción, como antes he dicho. Pero quizás todavía es más útil observarlas en su estado de quietud, inmersas en profundidades insondables de pensamiento. Y es que a pesar de tener un cerebro en la zona de la cabeza, se diría que su inteligencia y su sensibilidad se esparcen y se identifican con el cuerpo entero, lo que justifica la lentitud de sus movimientos.

Muchas culturas han asociado las serpientes a las artes de la adivinación, como los mismos griegos. Sabido es que Apolo tuvo que matar a la serpiente Pitón para apoderarse de su sabiduría y presidir así el Oráculo. De ahí la palabra Pitonisa, la encargada de emitir el oráculo. Por otra parte, la palabra Delfos proviene de Delfine, que era el nombre del dragón mitológico que guardaba el Oráculo antes de la llegada de Apolo. Más tarde se le puso el nombre de Pitón, lo que indica que eran de hecho la misma divinidad.

Podemos decir, por lo tanto, que la serpiente habla y ha hablado a lo largo de la Historia más de lo que nos podemos imaginar, aunque lo hace con palabras herméticas y casi siempre referidas al futuro, mediante un procedimiento de transmisión mental o telepatía, por regla general a través de una pitonisa o de un intermediario capaz de captar sus ideas. Esta especialización a adivinar el futuro convierte a estos animales en francamente útiles para nuestra época, tan inmersos como estamos en el riesgo y la indeterminación. Tener una serpiente en casa y aprender a captar sus predicciones nos puede ayudar mucho a la hora de saber si hay o no que salir con paraguas, si tenemos que viajar en avión, tren o por carretera, o si nos hemos de creer a tal o que vendedor de maravillas. Creo que el futuro reservará a estos animales un lugar destacado en la topología global de nuestra breve e indispensable convivencia con los animales. Cada uno tendrá a su serpiente en casa, bien enroscada en su rincón, paseará por el jardín y por la noche vendrá a hablar contigo cuando te sientes en el sillón para descansar o cuando te tumbes en la cama para ver en la oscuridad las imágenes del devenir. Entonces se acercará a tu oreja y palabra a palabra, irá desgranando las complejas imágenes del destino de cada uno, nunca claras pero sí concisas y bien vestidas de múltiples significaciones, de modo que cuando la desazón nos apriete, podamos adaptarlas a las necesidades de cada momento.

Como puede verse, una gran responsabilidad es la que les espera de estos animaluchos milenarios que arrastran una exuberante carga simbólica que en muchas culturas antiguas se asociaba a la muerte, por lo que muchos romanos, como explica Ovidio, creían que la espina dorsal de las personas se convertía en serpiente dentro del sepulcro.

Esta ambigüedad de animal asociado a la muerte pero también a la vida, a la adivinación y a un sinfín de capacidades mágicas y curativas, hace que veamos a la serpiente con una mezcla de maravilla y de circunspección. Se trata de un ser que hipnotiza y despierta el éxtasis a sus víctimas, antes de clavarle la dentellada. Se entiende que cuando contemplaba los diferentes ejemplares que viven en el Terrario del Zoo de Barcelona, los mirara con una cierta aprensión, consciente de que detrás de aquella inmovilidad aparente -la mayoría permanecían en la conocida posición de cuerda enroscada- escondían particularidades ocultas y misteriosas, pero que a la vez las viera  con la excitación de intuir sus poderosas aplicaciones simbólicas de futuro.

Pensé entonces que tantas simbologías asociadas a los inquilinos del Zoo otorgan a las sierpes unas características de seres que habitan en el mundo exterior, por supuesto, pero también en el mundo interior de nuestras imaginaciones inconscientes. Es decir, ver el espectáculo de los animales que nos rodean es también dar un vistazo a las profundidades abismales del psiquismo humano, que como es sabido se caracteriza por su capacidad de reflexión o de mirarse a sí mismo . De alguna manera, la entrada al Zoo abarata y ahorra a sus usuarios la necesidad de ir al psicoanalista, algo realmente positivo en mi opinión. Aquí sí que podríamos hablar de "inconsciente colectivo", el constituido por la fauna entera del planeta, nosotros incluidos, es decir, el constituido por el conjunto de otras formas posibles de crecer y ser. Dicho en otras palabras, los 'alocados sueños genéticos de nuestras células '...