jueves, mayo 18, 2006

DE ÉLITES Y MASAS.

La Revolución de las Masas anticipada por Ortega y Gasset ha triunfado plenamente. Creo que todo el mundo está de acuerdo en esta aseveración, aunque cada uno luego la interprete a su manera. Como no soy ni filósofo, ni sociólogo, ni nada que se le parezca, atacaré el tema a la manera titiritera, es decir, por las buenas y a la brava. Y que dios (y los filósofos) me perdonen.

El anterior párrafo es un buen ejemplo de lo que estamos hablando: cualquiera hoy en día se arroga el derecho a filosofar. Incluso los titiriteros… O, sin ir tan lejos, aquí está el mismo fenómeno bloguero, dónde cualquiera pontifica desde su particular púlpito catedralicio. ¡Un escándalo!

Lo comentaba el otro día con Bastides y Mercadal, los dos amigos de la playa, mientras paseábamos por la arena dónde las suaves olas del mar rompen. Decía Mercadal:

- No me parece mal, Rumbau, lo que haces del blog. Lo miro de vez en cuando, aunque cada vez me cansa más la letra pequeña. Creo que es positiva esta explosión de opiniones. No sé porque te preocupa tanto la masificación…

Había planteado yo la canallización creciente de la sociedad de masas, que está bajando el nivel moral, por no hablar del estético, de las poblaciones a unas cotas hasta ahora nunca alcanzadas. La democratización del consumo y de la pequeña propiedad ha disparado esta arrogancia popular que se manifiesta con brutal impudicia en los programas de televisión, en las escuelas, en los estadios o en la misma calle. España es, en este sentido, un país paradigmático, ejemplar, se diría. Un santuario democratizador del mal gusto, de la desfachatez hortera, de la burrería institucionalizada, del rebuznar orgulloso de las poblaciones. Un modelo de bienestar y enriquecimiento que deslumbra a nuestros vecinos y especialmente a los países latinoamericanos, que nos miran con envidia y admiración. Así razonaba yo cuando Mercadal, doctor jubilado y astrólogo profesional, me interrumpió:

- No eres objetivo. Las cosas hay que verlas con la distancia que sólo las estrellas otorgan. Es normal que las élites estén preocupadas: se les acabó el chollo. ¿Acaso tienen la exclusividad ética, la del gusto y la del correcto pensar? Digamos que son profesionales del tema, y por eso temen perder sus puestos. Y reconocer que ya no pintan nada es demasiado doloroso para ellas. ¿Es que todavía pretenden las élites gobernar el mundo, dirigir los acontecimientos? No lo veo realista…

Intervino en aquel punto el amigo Bastides, zapatero de la Barceloneta y futurólogo intuitivo:

- Comparto lo que dices, Mercadal. Los técnicos del pensamiento sólo pueden interpretar lo que ocurre, teorizar sobre los aconticimientos, explicarlos a las poblaciones. Van a remolque de los hechos. Éstos acontecen y lo ponen todo patas arriba, y vuelta a empezar, a razonar lo ocurrido, a teorizar… No, las élites de verdad, las que importan, si es que existen, ya no son las “pensantes” sino las “actuantes”…

- Me estás dando la razón, Bastides –repuse yo, cogiendo al vuelo las palabras del futurólogo–, estas élites que “hacen”, actúan sin pensar, con cerebro de mosquito, y así estamos y nos vemos, obligados a buscar nuestros modelos y referentes en personajes de risa, que tienen todo el poder del mundo y una inteligencia de ratón.

- Es verdad, y no hay más que ver adónde nos ha conducido este Micky Mouse metido a presidente del mundo, o mejor, adónde ha conducido a los pobres irakíes, sirios, palestinos… -dijo Mercadal, tomando de nuevo la palabra– Pero en verdad te digo que hay un error de perspectiva. Si lo miras de cerca, es evidente que estos personajillos de tres al cuarto son los grandes protagonistas, del mismo modo que enfocando el detalle de un día cualquiera de cualquier ciudad española, sólo veremos al ciudadano de turno rebuznar muy ufano sus imbecilidades ante las cámaras del mundo. Pero si te alejas y lo miras con distancia, verás que las fuerzas que mueven los acontecimientos no provienen de esos personajillos, simples peones cogidos al azar, sino que responden a otra logística mucho más compleja, que tiene que ver con los desequilibrios poblacionales, los azares emergentes, los impactos tecnológicos, las soluciones energéticas, por decir algo.

- En efecto, la masificación está cambiando el mundo –apuntó Bastides–, esto hace tiempo que lo vemos Mercadal y yo en nuestros estudios del Futuro. Una de las constantes que hemos visto es la poca durabilidad de las cosas, lógico, pues cambia todo tan deprisa, que no es posible detenerse ni agarrarse a nada. Ahora bien, ¿por qué hay tanto cambio? ¿Acaso es fruto de un deseo de alguien o de algunos en particular? No lo creo. Más bien se trata de una consecuencia de la masificación, pues al haber tanto cruce, viaje y contacto, la capacidad de cambio y transformación de modos y ciudades se ha disparado como nunca. Es una pura cuestión matemátiva.

- Y aquí es dónde debemos situar el acanallamiento o disminución moral de las poblaciones a la que te referías: para adaptarse a este nuevo marco de cambio e inseguridad, las personas tienen que soltar lastre, deben sacarse de encima todos los bagajes moralistas de las épocas anteriores. ¿Por qué? Pues porque ya no sirven, no funcionan con este nuevo régimen de las cosas, que es un régimen sin régimen alguno, todo hay que decirlo... Y eso, no es ni bueno ni malo, es simplemente práctico, o más bien, inevitable. ¿No te parece?

Los argumentos de mis amigos de playa eran contundentes, pero había en ellos un punto de optimismo que no acababa de entender. Pintaban un panorama casi apocalíptico y, en cambio, parecían tan felices, como si aquello fuera de lo más divertido y entretenido.

- Bueno, no niego que tengáis razón en lo que decís, pero la realidad es que llegamos a la misma conclusión: nos estamos hundiendo en los barrizales del mal gusto y de la más baja calaña moral.

- Sí, pero esta caída que para ti es tan catastrofista e irreparable, para Bastides y para mi no es más que un final de época, una curva en el acontecer del mundo –respondió Mercadal.

- ¿Y qué tiene eso de maravilloso?

- Nada, es una simple cuestión de perspetiva. Míralo con distancia.

- ¿Distancia? ¿Y adónde os ponéis para tener distancia? ¿En la luna?... –interpuse algo impaciente, pues no acababa de comprender sus posiciones.

- En el futuro, Rumbau, en el futuro y en las estrellas –dijo enigmático Mercadal.

De pronto caí en la cuenta que estaba hablando con dos iluminados que habían hecho, del futuro uno, y de la astrología el otro, sus principales ocupaciones. Al estar ambos jubilados, aunque Bastides seguía trabajando media jornada en su taller de zapatero de la Barceloneta, tenían todo el tiempo del mundo y una imaginación desbocada, con la que se inventaban el futuro del mundo mientras paseaban por la playa. Y debo confesar que algunas de las predicciones de los dos futurólogos me hacían mucha gracia, como aquélla que pronosticaba la conversión de España en la FEAA, siglas que significaban Federación Española de Autonomías Autodeterminadas. Aunque había otras muchas más, a cual más descabellada y divertida, como la irrupción Polimonárquica en Cataluña extendida luego en la FEAA, que habían teorizado y desplegado con profusión de detalles, algo sorprendente tratándose de predicciones que situaban a mediados y finales del siglo XXI, ¡o a principios del XXII!

- Mira, Rumbau, hay algo a lo que tendremos que acostumbrarnos pronto –dijo entonces Mercadal, que gustaba de ponerse pedagógico, seguramente porque era mayor que Bastides (tendría unos setenta y cinco años) y además porque había sido doctor, lo que le daba aquel tono didáctico que a veces tienen los médicos cuando hablan a sus pacientes–, se acabó lo de mirar hacia el pasado como único lugar de referencia. A partir de ahora, las cosas van a cambiar, y la perspectiva correcta será mirar hacia el futuro.

Y se quedó tan tranquilo, como si estuviera hablando de una realidad a todas luces evidente, de la que no cabía discusión alguna.

- ¿Y qué haces con el pasado? ¿Desaparece, lo olvidas? ...

- No te precipìtes. Lo pasado importa y pesa, pero nos llega desde el futuro. Aquí está la gran diferencia.

- ¿Desde el futuro? Me cuesta imaginármelo...

- Pues sólo tienes que mirar alrededor, y ver lo que ya está ocurriendo. Fíjate que antes tomábamos los modelos de referencia del pasado: mitos y ritos no hacían más que revivir escenas y momentos primordiales de los pasados arcaicos, y aquí hallábamos las matrices de nuestros comportamientos. Pero con la modernidad, estos modelos se han derrumbado estrepitosamente. Las religiones son globos pinchados, ruinas decrépitas, y los mitos de hoy en día, los modelos referenciales que mueven el mundo, son las marcas, los ídolos de la publicidad, del consumo y de la industria de masas. ¿Y qué es todo eso sino simples proyectos de futuro, hechos por nuestros modistos y por nuestros empresarios más emprendedores? Los mitos ya no son las repeticiones calcomaníacas de los ídolos del pasado, sino “proyectos de futuro”. ¿Ves la diferencia? ¡El mundo al revés, Rumbau, completamente al revés!

Me quedé callado, algo impresionado por la rotundidad de sus palabras, que se atrevían a darle la vuelta a las cosas con tanta alegría.

- Interesante lo que dices, Mercadal, pero todavía no entiendo dónde colocas el pasado y la historia en este mapa...

- Pues muy fácil: ya basta de mirar la historia como algo fijo y muerto. Fíjate que al estar muerto, cada uno se construye su “propio muerto”, el cual, como sólo hay uno y es fijo, se convierte en una verdad incontestable. ¡Un diaparate! ¡No es eso, Rumbau, no es eso! La historia debe verse mirando al futuro, y sólo entonces nos llegará viva, cambiante, dinámica, energética. Necesitamos motores potentes para crear el futuro, y para alimentar esos motores, no podemos usar “historia muerta”, que no sirve para nada, sino “historia viva”. Aquí no habrá peleas ni fijaciones, pues al estar viva, la historia habla, discute, propone y rectifica. ¿Lo entiendes? El futuro es la clave, la perspectiva correcta.

- ...¿de qué motores estás hablando?...

- La imaginación, así avanza el futuro. Y el tiempo. He aquí los motores. Tiempo e imaginación. No me invento nada. ¿No avanza así la naturaleza? ¿Qué son los árboles, las montañas, los pájaros, las flores y los caballos sino tiempo e imaginación? La imaginación del tiempo, que nos sorprende cada día...

Llegamos en aquel momento frente al Club Natación Barcelona y ya sonaba el himno por los altavoces, indicando a los socios la hora de ir pasando a las duchas, pues eran las dos de la tarde, para muchos la hora de ir a comer. Me despedí de mis amigos, que no tenían prisa alguna, y subí para la piscina. Los vi a lo lejos caminando a paso lento, ajenos al griterío de los niños y de los chicos y chicas que llenaban la playa. Me dije que tenía mucha suerte de conocer a aquellos dos sabios populares, con los que podía discutir de temas harto anodinos y singulares. Conversaciones que siguen el ritmo de las olas y de las estaciones, y que espero poder ir relatando, poco a poco, en el día a día de las páginas de este blog.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Temática ardua es la que plantea usted. De lo que escribe, me he quedado con las ganas de saber más de esa anticipación de sus amigos de la playa, lo de al FEAA. A ver si un día nos lo explica.... Curiosos amigos los suyos...