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miércoles, marzo 09, 2022

Ucrania, Rusia y Europa: ¿cómo encajar el futuro?

 


Hacía tiempo que la realidad no alcanzaba semejante grado de excitación y de miedo al devenir, como el que vivimos hoy con la guerra de Ucrania. Y como ocurre en estos casos, acudo a la playa de la Barceloneta para hablar con mis amigos futurólogos.

Me los encuentro frente a los antiguos baños de San Sebastián y en seguida entro en materia, ya que tengo poco tiempo y pronto tendré que ir a las duchas del Club.

—No me diréis que las cosas no están que arden con el tema este de la guerra en Ucrania…

Responde Bastides, cosa extraña, ya que normalmente es Mercadal quien se arranca el primero en hablar.

—Ni que lo digas, Rumbau, ni que lo digas… Hace días que las cosas del presente se están complicando de forma indescriptible, estableciendo unas variables que de cara al futuro no hacen más que oscurecerlo. Menos mal que con tanta gente atrapada por las noticias, nos dejan el campo libre para mirar algo más allá. Aquí mismo, en la playa, parece que haya bajado el número de los habituales, y si vas por la calle, verás que a partir de una hora, sólo están los irreductibles y poco más. Y esto, para nosotros, es una gran ventaja.

—¿Y en qué se concreta esa visión clara del paisaje?

—Es una visión estratégica, la que se vislumbra en el horizonte. Nosotros siempre lo hemos dicho: Europa no será plenamente hasta que no haya incorporado en su seno a Turquía, Líbano, Irán y Rusia. Dejemos ahora, si quieres, los países que parecen más complicados, los del llamado Oriente Próximo, que siempre generan polémica cuando lo digo. Y fijémonos en el más europeo de ellos: Rusia. ¿Es que hay alguien que piense que Rusia es menos Europa que Polonia, Chequia, Hungría o Rumanía, por poner a algunos de sus vecinos? Yo diría que no.

—Caramba, Bastides, quizás tengas razón, pero en estos momentos, una y otra se han situado en las antípodas. Europa se está redefiniendo en oposición a Rusia, y todo el mundo dice que gracias a esta agresión en Ucrania, los europeos han encontrado la forma de fortalecer su cohesión.

—Es verdad. Y por eso hay tanta confusión. Se entiende que la historia se entretenga con estas trastadas, al fin y al cabo depende del capricho y la burrería de los humanos, que es mucha. Hombre, está claro que el Putin éste puede hacer saltar el tablero de juego por los aires, como parece que está haciendo, metiendo incluso de por en medio las armas nucleares. A la historia siempre le ha gustado caminar por el filo de la navaja, y por eso ha barrido a tantas poblaciones de este mundo, pero esto forma parte del juego de la vida, ya que siempre corremos el riesgo de que nos caiga un tiesto o una tortuga en la cabeza, como le sucedió al pobre Esquilo en Gela.

—Sí, está muy bien lo que dices, Bastides, ¿pero tú no crees que Europa puede salir muy esquilada de esta guerra?

—Por supuesto. Pero aquí lo que nos interesa es dibujar perspectivas de futuro, por una razón muy simple: las necesitamos si queremos salir del agujero en el que nos quieren colocar. Y el futuro, según nuestra visión, nos muestra una Europa que para buscarse a sí misma, necesita asociarse con Rusia. No con su sistema autocrático de ahora, una vergüenza para los propios rusos, sino con su espíritu cultural más profundo, que contiene unos valores y unas energías de las que nosotros carecemos. Tú piensa que este inmenso país ha vivido buena parte del siglo XX, como quien dice, en el congelador de la historia, sacrificados sus hombres y mujeres más nobles por el sistema comunista, provisto de una Inquisición que ríete de la española. En los deseos de libertad de los rusos actuales hay un poso de una gigantesca vehemencia soterrada, casi una espiritualidad libertaria que exuda un pathos de una trascendencia monumental. ¿Y tú crees que Europa puede prescindir de todas estas energías y valores? Sería su suicidio y no lo hará, por una razón muy simple: el mismo espíritu libertario insufla el continente europeo entero, y el impulso a la fragmentación que propugna la libertad aparece por un igual en ambos sistemas. Una fragmentación que se resuelve en la unión de la diversidad, que es el principal signo de identidad de la UE. Por eso todas las regiones de Europa, Rusia incluida, están abocadas a entenderse llevadas por estas ineludibles corrientes de fondo.


—Sí, es muy bonito lo que dices, pero mira cómo la Europa de la diversidad comienza a armarse hasta los dientes y a polarizarse con Rusia. ¿No crees que si se militariza, perderá ese espíritu de libertad?

—Sí y no. Por un lado es verdad que existe una respuesta entre histérica e hipócrita en esta reacción europea tan repentina de solidaridad armada. Pero por otra parte, es una necesidad que así sea. Además, el contacto con las armas y la guerra pone muchos puntos sobre las íes en lugares donde los puntos se habían esquilado, me refiero a tomarse con algo de seriedad ciertos aspectos que hasta ahora estaban en manos de la más absoluta frivolidad. Es evidente que las clases políticas del continente están muy deterioradas por esta exaltación de las mentiras que hemos vivido últimamente, pero cuando las cosas se ponen feas y la vida corre peligro, los vacíos se desinflan, las imposturas se desnudan, y se hacen visibles algunas de las certezas básicas. Mira cómo Borrell, que es uno de los pocos políticos inteligentes que tiene España, ha encontrado ahora su momento.

—¿Y cómo ves el papel de los EEUU?

—Es muy curioso lo que ha ocurrido con los americanos. Fíjate que sus servicios secretos habían adivinado las intenciones de Putin, pero en vez de callárselo y jugar con esta información según las leyes de la argucia y de la diplomacia inteligente, buscando detener la guerra, se dedicaron a pregonarlo. Tanto lo anunciaron, que al final parecía que lo estuvieran deseando, que los rusos metieran la pata hasta arriba invadiendo Ucrania. Creo que a los americanos esto les va muy bien: tienen a los europeos entretenidos, obligados a gastar en armamento, a militarizarse, mientras ellos se dedican a vender gas y petróleo, y a enfocarse en el Este, que es donde tienen sus problemas más grandes. Buscarán que el conflicto se pudra para que todos salgan esquilmados, se empobrecerá Europa y Rusia, y resolverá un poco su crisis y pérdida de influencia mundial.

—Pues sí que vamos bien...

—Será el momento ideal para este reencuentro entre Europa y Rusia, no desde las alturas, sino entre las poblaciones, que verán que todo es un engaño. Pero para que esto ocurra, se tiene que pudrir un poco más la situación y Europa debe reforzarse. Entonces las palabras rimbombantes, una vez salidas de las bocas de los políticos, se irán desgastando y perdiendo su fuerza hasta mostrar su vacío. Ahora es mejor callarse, escuchar y dejar que el tiempo haga su trabajo.

—Pero en Rusia, Putin parece tenerlo todo muy controlado.

—Hum... Ya veremos esto. Los rusos no son tontos y saben perfectamente a quién tienen en el gobierno. No será fácil quitárselo de encima, ni rápido. Esperemos que no ocurra como con Franco, que murió en la cama. Pero tarde o temprano vendrán los cambios.

—Y mientras tanto, ¿qué ocurre con los ucranianos?

—Este es el drama de toda esta historia, pero su resistencia tendrá en el futuro una gran importancia. Quizá pierdan la guerra pero habrán ganado un prestigio que influirá mucho en el pueblo ruso. Vendrán años trágicos de mucha desesperación, pero los vasos comunicantes con Europa serán cada vez más fuertes.

—Eso si Europa no pierde los estribos y en su polarización reniegue de los rusos, como si todos fueran Putin...

—Eso ocurrirá, sin duda; como decía antes, nuestros políticos tienen una altura muy bajita. Pero no debemos perder la confianza en Europa. Pronto verá la mayoría que donde antes estaban los estados, las naciones y los patriotismos de campanario, de repente Europa, que es una nada donde cabemos todos, tiene una fuerza y una importancia que no sospechábamos. Hasta los ingleses bajarán del burro y se acercarán a la UE.

—¿Cuándo crees que esto puede ocurrir?

—Hum..., todavía hacen falta unas décadas, Rumbau, así avanza la Historia, unas veces a trompicones, otras a paso de tortuga. Los ritmos son impredecibles, y cuanto más quiere correr un actor, más rápido se la pega. Creo que el caso de Putin es un buen ejemplo: ha querido correr y mira cómo se encuentra, estancado en un país que se le resiste, y con medio mundo mirándole como a un paria. Ha sido un trompicón, sin duda, que ha hecho tambalear el tablero de juego donde íbamos yendo más o menos a la deriva.

—Aquí muchos analistas dicen que mientras los occidentales se lo han estado mirando todo desde el día a día, eso que ahora llaman el 'presentismo', tanto los rusos como los chinos disponen de una visión estratégica a largo plazo. Y esto les da una superioridad a la hora de planificar las cosas y saber cómo actuar.

—Es verdad, pero se refiere a los políticos. En su conjunto, las cosas no son tan sencillas. Fíjate, cuando en un país hay una dictadura y sus cabecillas se ponen a planificar mirando el futuro, sin duda tendrán unas ventajas respecto a los gobernantes de los países 'presentistas', esto es evidente, pero, por el contrario, su visión será más estrecha, al provenir de una pequeña minoría de expertos, por mucho que esta minoría se sirva de las más avanzadas tecnologías de la previsión. Los planes estratégicos tienen unas desventajas importantes: condicionan y coartan la mirada colectiva de la población, al estar marcada esta por las directrices que emanan del gobierno; esto los hace muy eficientes pero poco creativos, puesto que quedan podadas las demás visiones estratégicas que podrían emerger como novedades interesantes y que se quedan sin salir del huevo. En los países liberales, que tienen sociedades abiertas, los políticos viven al día a día, cierto, lo que es muy negativo para el largo plazo, pero deja en cambio abiertas las puertas a una pluralidad de visiones estratégicas que pugnan entre sí y enriquecen la visión del futuro, que se vuelve más fecunda, real y competitiva.

—Es verdad, Bastides, pero los chinos creo que esto ya lo tienen previsto y resuelto, al concebir algunas universidades como islas liberales donde estudiantes y profesores pueden hacer lo que quieran, siguiendo los modelos de las universidades americanas.

—Sí, pero una cosa es la universidad, y otra la sociedad. Las universidades, hoy, por muy abiertas que sean, están constreñidas por sus métodos y códigos de investigación. Claro que hay muchas excepciones e investigadores geniales en todas partes, que avanzan como águilas del pensamiento. Pero las sociedades, cuando están abiertas, son el contrapeso que pueden hacer lo que las universidades tienen vetado, con el empuje de los emprendedores, artistas y empresarios que juegan a ser ellos mismos como estados independientes que hacen lo que les da la gana. Por eso digo que las previsiones que vienen del pensamiento encorsetado por el poder y por la ciencia disciplinada de las universidades, acaban convirtiéndose en delirios de la razón, que no tardan en chocar contra la realidad. Así han terminado, tarde o temprano, todos los regímenes dictatoriales, y no creo que los sistemas de rusos y chinos sean distintos.

—Muy interesante lo que dices, Bastides, pero mientras tanto, ¿qué hacemos con la invasión de Ucrania?

—Pues lo que estamos haciendo. Yo añadiría muchas tazas de tila y, sobre todo, no perder la visión estratégica del futuro europeo, que necesita a los rusos, no a los políticos, sino a su población y cultura, para llegar a ser lo que quiere y puede ser.

¡Caracoles con Bastides! Dejé a los dos amigos de la playa continuando su paseo, mientras yo me iba a las duchas, ya que acababa de sonar el himno del Club. No sé si me ha aclarado demasiado la situación que estamos viviendo, pero las palabras del zapatero futurólogo me siguen dando vueltas por la cabeza, como si realmente tuvieran una razón escondida que debiera descifrar.

miércoles, marzo 12, 2014

¿Encallados en el Tiempo? Ucrania, Oriente Medio y Cataluña.


Hace semanas que ardo en deseos de charlar con mis amigos de la playa. Los acontecimientos que marcan el ritmo de los días se amontonan desbocados y parece imposible hallar la distancia suficiente para entender mínimamente lo que sucede. Impresiones sin duda subjetivas y que responden al mirar corto de nuestro pequeño mundo en el que vivimos. Mis amigos futurólogos, en cambio, parecen situados en otro tiempo, el más dilatado de los paseos por la playa con el que suelen pasar el día, o al menos parte de él. Supongo que tal debe ser la razón que explica la distancia desde la que miran la actualidad, que para ellos no es más que el tapiz visible del Tiempo, en el que tan claro es ver el pasado como el futuro. Un tapiz que ellos ayudan a tejer en el día a día…

Los encuentro como siempre caminando donde rompen las olas, en dirección al Club Natación Barcelona y el Hotel Vela, y me sumo a su avanzar lento y meditativo. El día es fantástico, con un sol magnífico de primavera y sin pizca de viento, aunque la temperatura del agua del mar es fría.

- Supongo que estaréis muy ocupados con el alud de acontecimientos que nos han traído los periódicos estos últimos días…

- Ocupados e impresionados, pues hacía tiempo que no habíamos visto tales sacudidas…

- Os referís me imagino a lo de Ucrania, ¿verdad?

- Lo de Ucrania y lo de Cataluña, que sigue despertando nuestro interés. Pero también todo el Oriente Medio está viviendo un curioso período de reestructuración que nos tiene muy ocupados, al ver allí indicios de movimientos que parecen buscar nuevas direcciones, a pesar de las grandes dificultades que existen para que ello ocurra.

- ¿A qué te refieres?

Como siempre en los últimos meses, es Mercadal, el médico astrólogo, el que responde a mis preguntas, al estar Bastides inmerso en un mutismo que su compañero de playa califica de “visionario”, previo por lo visto a inminentes emergencias anticipatorias.

- Fíjate que Siria ha entrado en un punto muerto, que no lo es en verdad, pues por dentro las cosas no cesan de moverse, pero que en absoluto responde al guión que existía para esta crisis, consistente en una rápida derrota del régimen de los Assad. Otro dato relevante: en Líbano se ha llegado a formar gobierno, a pesar de la lluvia de atentados que cae en aquel desdichado país. ¡Algo insólito! Lo que significa que las cabezas se mantienen frías y serenas, y que habla de una determinación del bando sirio-chiita-iraní de gran calado. Son destellos fugaces del futuro de esta región los que surgen en estos momentos, y ojalá sean lo suficientemente potentes para que marquen algunos de los surcos del devenir, que no es otro que indicar al mundo los caminos del vivir plural que la zona encarna. Por eso siempre hemos considerado al Líbano como ese gran laboratorio donde se están forjando las herramientas del futuro político del mundo, allí donde las diferencias más radicales han aprendido a soportarse para, al cabo, llegar a entenderse, aunque aún les falta mucho para llegar aquí, desde luego…

- Pero la guerra en Siria no tiene tregua…

- ¡Una enorme desgracia! Fíjate que allí alguien quiso descongelar aquel país que la larga dictadura de los Assad había mantenido en estado de nieves perpetuas. Algún aprendiz de brujo, me dirás. Y es verdad. Pero por otra parte, con las velocidades que el tiempo está tomando en este siglo, ¿cómo se podía mantener semejante anquilosamiento? Imposible.

- Tienes razón en lo que dices. Visité Siria hace unos años, y me asombró el enorme control del gobierno sobre la sociedad, que parecía parada en el tiempo, aunque inquieta…

- De ahí el gran fallo y la gran responsabilidad histórica que deberá llevar sobre sus hombros el último Assad, al no haber comprendido que los tiempos ya no estaban para echarse en la tumbona sino que había que empezar a descongelar el país con arte y con paciencia, algo quizás en su día posible aunque muy difícil, dados los tirones del entorno. Los resultados de su pereza están a la vista: la fragmentación absoluta del país. Pero cuando lo que te rodea es puro campo de batalla, es muy difícil mantener la mente clara. De todas formas, la fragmentación es el destino de estos pueblos. Israel piensa que dividir es vencer, y también lo piensan los fanáticos sunitas del Golfo que han financiado estas guerras, pero el futuro de la región es precisamente su rica fragmentación. Que se maten entre si no es lo ideal, desde luego, pero es el camino hacia la multiplicidad consentida. 

- Es el problema de tantos países árabes de la región, que no han sabido evolucionar hacia democracias.

- Por eso es tan importante el acuerdo del gobierno del Líbano. Es evidente que no podemos hablar de una democracia en un sentido estricto y europeo de la palabra, pero llegar a acuerdos es la base de todo sistema democrático. Y eso es lo que llevan haciendo los líderes libaneses desde que acabaron con su larga guerra civil. Un parlamento, el suyo, en el que se sientan los mismos que había antes de la guerra y los mismos que se estuvieron matando durante la misma. ¿No es extraordinario?

Me cuesta entender su lógica pero debo reconocer que es cierto lo que dice: Líbano es un país diminuto donde los distintos pueblos, culturas y religiones que lo habitan deben ponerse de acuerdo para convivir en él. 

- Lo de Ucrania es algo que nos ha cogido a todos por sorpresa. O al menos a unos cuantos. Son estas bombas de relojería que se sabe que están ahí, que todos piensan poder controlar y que cuando menos te lo esperas, te explotan en la cara. Conflictos geoestratégicos clásicos, se dirá. Y es cierto. Pero fíjate en qué ha quedado el asunto: en un problema de cómo manejar la diversidad. Una diversidad muy compleja propia de un país limítrofe, que es donde puede haber más desgarros. Ni lo supieron hacer los antiguos gobernantes, ni parece que los actuales vayan a saber tratar las diferencias, con esta medida de sacar el ruso de lengua cooficial… 

- Yo creo que ha sido un claro choque de imperios: Europa y Rusia, que una vez más chocan entre sí, ¿no te parece?

- Tienes razón. Pero mientras Rusia sí se cree imperio y quiere seguir siéndolo a la manera tradicional, es decir, desde un poder central fuerte y altamente militarizado, Europa finge no serlo. Y en verdad no lo es en un sentido antiguo de la palabra, pues al ser una aglomeración de países, lo que manda en ella es el acuerdo, a pesar de que en los acuerdos mande Alemania. Europa necesita sobre todo inteligencia estratégica, en el sentido de saber muy bien lo que es y comprender que su misión en el mundo es “llegar a acuerdos”, pues tal es su función y su característica principal. Y es en los acuerdos donde reside su fuerza. De ahí que Alemania de momento es quién mejor ha sabido responder al desafío ruso. En vez de sacar los sables y preparar los fusiles, Merkel ha cogido el teléfono para dar un rapapolvo a Putin y a Obama. Los poderes militares se ríen de los teléfonos, pero a la larga, esos son los que salen ganando. La palabra hoy manda en el mundo, y quién todavía no lo ha visto, es que vive en el pasado. 

¡Caramba!, me digo ante los comentarios tan rotundos de Mercadal. Pocas veces lo he visto hablar con tanta contundencia. 

- Pero no hagas mucho caso a mis palabras, Rumbau. Piensa que nosotros vivimos más en el futuro que en el presente, y por eso tantas veces nos sorprenden arcaísmos que consideramos pasados de rosca, como es este delirio de querer controlar países como se hacía antes por la fuerza de las armas. Lo que nosotros vemos es que los poderes seguirán siendo tan fuertes como ahora y aún mucho más, si me apuras, pero con instrumentos de dominio más sutiles e indirectos. La palabra, los acuerdos y los números van a ser determinantes. Manejar la palabra, te parecerá absurdo a fecha de hoy, en que nadie sabe hablar, pero ahí está uno de los secretos del futuro. Hoy vivimos el guirigay de las emociones desatadas, que se venden muy bien en los mercados humanos, pero lo que se acaba imponiendo es la idea que se transmite a través de la palabra y de los números. Ideas nuevas y operativas, eso es lo que importa, nuevos sistemas operativos de la convivencia, que deben basarse en el caos y en el jolgorio de las contradicciones. Cuando se vive en un puro nudo gordiano, no tiene sentido el gesto de Alejandro: por mucho que uses la espada, el nudo persiste, pues lo llena todo. De ahí el error estratégico de Putin, si insiste en las viejas fórmulas…

- Pero mientras se van comprendiendo estas realidades, los ejércitos avanzan y ya han ocupado Crimea…

- Este es otro tema. Lo de Crimea estaba cantado. Y no creo que haya vuelta atrás. La única solución es dialogar con Rusia y dar a entender a sus gobernantes que o pasan por el tubo de la diplomacia alemana, quiero decir, europea, o acabarán pegándose tiros por la culata. Aunque pretender arrebatar Crimea a los rusos, me parece una insensatez. Ahí han fallado mucho los analistas del asunto. De todas formas, a la larga, el futuro de la región está claro: fronteras abiertas, acuerdos comerciales, nacionalidades dobles y triples… Esta es la civilización europea. Aunque las regresiones siempre están a la vuelta de la esquina y las calenturas emocionales gustan mucho de los conflictos bélicos. 

- Hablando de calenturas emocionales, ¿cómo estáis viendo el proceso catalán?

- Por suerte, lo veo frío. Quiero decir, que no hay arrebatamientos ni aspavientos nacionalistas demasiado visibles. Y esto es bueno para todos. 

- Tienes razón. Con todo lo que se ha dicho y publicado contra el llamado soberanismo, las reacciones han sido escasas y más bien frías. 

- Esto debe molestar a las élites españolistas de Madrid, que esperan las calenturas catalanas de las que tanto habló en su día Gaziel. Por eso es tan citado por unos y otros: los de Madrid, para ver si citándolo consiguen calentar de una vez a los catalanes y así se acaba el asunto. Y los de Barcelona, para aprender algo de lo que dijo aquel sabio periodista y mantener la mente fría. 

- De todas formas, ahora que se acerca Sant Jordi, ya se está hablando de movilizaciones. Y ha habido también manifestaciones por el tema de la lengua en la educación…

- Lógico, y por el momento, nada del otro mundo. Debo decir que el asunto catalán nos tiene muy ocupados y sorprendidos, incluso diría que se está convirtiendo en una especie de misterio que tiene a todos los observadores, de aquí y de afuera, en ascuas, pues nadie sabe a qué atenerse. De ahí el interés que despierta, pues si fuera un asunto claro, se le habría dado por zanjado desde hace tiempo. 

- ¿Qué quieres decir con eso de que es un misterio…?

- Parece claro y definitivo que una Cataluña independiente quedaría fuera de la UE. A esta conclusión han llegado todos los entendidos y mandamases locales y europeos. Pero si a pesar de ello, la mayoría de la población persiste en sus trece y vota independencia, la situación que resulta es harto complicada. Claro que se va a impedir la votación, pero no veo muy bien cómo se podrá prohibir que la gente vote sobre un tema que les atañe, aunque sea sólo para saber lo que se piensa. La legitimidad democrática es clara, y eso lo asumen también en Europa. Como también lo es la legitimidad del bando centralista, que se basa en la Constitución y en las votaciones en las Cortes. Dos legitimidades que se oponen pero ambas democráticas, desde el punto de vista de los procedimientos, pues en ambas pesan los votos. Junto a los votos, las razones. Cada lado con las suyas. De algún modo, la apuesta catalana tiene un objetivo claro: su pronunciamiento pide que Cataluña sea considerada como un sujeto político autónomo. Creo que es una conquista que en cierta medida ya se está logrando, aunque requiere formalización, lo que debería hacer una nueva Constitución abierta a cambios en el mapa político. Es decir, el asunto requiere negociación y acuerdos de cambio constitucional. Abrir las puertas a una verdadera descentralización del Estado. Y ahí es donde se rebelan las élites madrileñas, que ven cómo se les escapan las gallinas de oro de las que han chupado siempre. Pues una España verdaderamente descentralizada dejaría de ser España y acabaría convirtiéndose en lo que siempre nosotros hemos anticipado, la FEAA, la Federación Española de Autonomías Auto-determinadas. Es decir, España dejaría de ser sujeto para convertirse en adjetivo. Algo importantísimo para el conjunto, pues la marca española sigue vendiendo en el campo turístico, y nadie va a tirar por la borda este activo. ¿Significa eso que la Monarquía está condenada? Lo dudo mucho. Creo que los españoles, en su nuevo estado de liberación de las partes y por sus reconocidas inclinaciones folcloristas, gustarán tener a una corona que aglutine al conjunto, el cual necesitará obvias coordinaciones, con sus parlamentos y otras cámaras de representación política y popular. 

- Todo eso me suena a ciencia ficción, Mercadal, ya sabes lo que pienso sobre la FEAA…

- Y quizás tengas razón, pues el futuro no siempre aparece claro y son posibles los errores. Pero tanto Bastides como yo nos hemos anticipado al tiempo y ésta es sin duda una de las líneas más claras de evolución que aparece a nuestros ojos. Concuerda sobretodo con la tendencia dominante a la fragmentación que vemos por doquier, así como con el gran reto que a todas luces espera a nuestra especie: encontrar los sistemas operativos capaces de regular la convivencia de las partes con el todo, sin que el todo se coma las partes sin que las partes se maten entre sí y se coman al todo. Por eso se empiezan a ver laboratorios naturales por doquier donde tales cuestiones se plantean. El Líbano ha sido siempre y lo seguirá siendo el perfecto laboratorio donde la multiplicidad en oposición radical aprende a convivir. Europa lo ha sido históricamente, lo es ahora también y lo seguirá siendo. Otro pequeño laboratorio, más folclorista si quieres, es la Península Ibérica y España en concreto. Y lo que más nos anima a ver un futuro espléndido en cuanto a desmembración del conjunto con una rápida recomposición de las partes en un nuevo todo fragmentado, es la gran vocación turística que tiene nuestro país. Ya sabes que el turismo es nuestra principal industria. Pero fíjate: para que realmente cada comunidad, región o ciudad pueda alcanzar su cénit y cantar su do de pecho en materia turística, nada mejor que auto-determinarse y competir todos contra todos. Una competición que requiere coordinación y retroalimentación, pues nuestra pertenencia a Europa nos obliga a ello. 

- Caramba, Mercadal, veo que lo tienes muy claro…

- Hace tiempo que lo tenemos claro, aunque es lógico que el día a día nos traiga modificaciones y nuevos ángulos de vista, todos ellos sumamente interesantes, por supuesto. Pero las líneas maestras están trazadas. Una sorpresa fue ver cómo Cataluña tomaba la delantera y se avanzaba a tomar la plaza número uno donde veíamos a otras comunidades. Para nosotros ha sido como si la historia cogiera un atajo, conectándose al futuro con mucha antelación. Por eso es tan arriesgada la jugada catalana: se avanza en el tiempo para poner su pica de Flandes donde todavía nadie la ha puesto, y sin que las condiciones estén lo suficientemente maduras. Pero ¿cuándo llegarán a estarlo?... En este sentido, el acontecer es una página en blanco en la que cualquiera es libre de proponer su escritura, y si los catalanes han decidido tirar por ahí, pues a ver qué pasa. 

- Por lo que llego a entender, no veis tanto una Cataluña independiente como una Cataluña con un nuevo estatus y distintamente coordinada con España…

- Creo que esto es lo más lógico, y sería a lo más que pueden esperar los del “proceso”. Primero, porque nadie quiere salir de la UE, y segundo, porque la razón práctica indica que es la mejor solución. Siempre habrá otras razones más de tipo absoluto y de máximos, pero nunca alcanzarán la mayoría social del voto. En cambio, un nuevo encaje desde una posición reconocida de sujeto, arrasaría en las urnas. Por cierto, que tampoco lo verían tan mal el resto de los españoles, si se les explicara y dejara votar. Y, por otra parte, sería el primer paso para la realización paulatina de la FEAA, previa desmembración de las partes. ¿No lo crees así, Bastides?

El interpelado, que a lo largo del paseo no había abierto boca, nos miró aturdido, sin entender muy bien la pregunta. Sus ojos estaban en otro lugar, de ello no cabía duda. Quizás veía los futuros impensables de la FEAA en sus posibles evoluciones y gozaba de las originalísimas ideas que las nuevas autonomías auto-determinadas irán inventando para atraer a más y más turistas… No quisimos interrumpir sus visiones, y seguimos, Mercadal y yo, caminando, ahora en dirección contraria al Hotel Vela, con los pies donde rompen las olas del mar y las miradas puestas en el horizonte.