jueves, julio 29, 2010

El futuro de los toros en el Levante español

Luto en Catalunya.

Tal debería ser el título de esta entrada. Luto, sí, pero no para todos, claro, pues parece ser que una cierta mayoría en Cataluña es en efecto contraria a la Fiesta. Pero sí para quiénes consideramos que valía la pena mantener esta tradición, a pesar de los pesares. Al parecer, algunas minorías lo tienen peliagudo hoy en Catalunya. Pero toca resignarse, como tantas veces sucede en esta vida. Cabizbajo y con sensación de derrota, voy a la playa para ver a mis dos amigos futurólogos, ambos muy taurinos. Al ir en traje de baño, pues hace mucho calor en Barcelona, no puede decirse que vayan de luto, pero sí me sorprende que caminen por las olas sin hablar, contra lo que tienen por costumbre.

- ¿Pasando el duelo? –les pregunto nada más alcanzarlos.

- Pues sí, hoy ha sido un día aciago, de los que se recordarán, un miércoles negro. Nos hemos quedado sin palabras… -dice Bastides- …y sin toros.

- Cierto, hemos seguido la votación por radio y casi nos saca las ganas de ir a la playa. Pero qué se le va a hacer… -afirma Mercadal compungido.

- Pero bueno, tampoco habrá para tanto. Tarde o temprano tenía que suceder algo así, viviendo dónde vivimos y con los políticos que tenemos…

- Es verdad, pero fíjate que lo que parece un avance, a la larga será un retroceso. Aunque no por ello se siga avanzando en lo fundamental, claro, pues eso no hay quién lo pare… -dijo crípticamente Bastides.

- ¿A qué te refieres?

- Mira, Rumbau, este avanzar sin avanzar es muy típico de los catalanes y sus tácticas de promoción de lo local, con esa obsesión que tenemos por las banderas, los himnos y las grandes palabras. Y esta decisión de hoy será un paso más en nuestra bajada hacia una decadencia de la idea catalana, tal como está ahora planteada. Fíjate que si en las corridas hubiéramos cambiado hace años la bandera española por la catalana, estoy seguro que no habríamos llegado a este punto. Ya lo decíamos nosotros, catalanizar la Corrida era la solución, creando un nuevo marchandising a la catalana del folclore taurino de siempre. Y para ello, lo primero era hacer un cambio de banderas. Otro gallo cantaría, te lo puedo bien asegurar. Total, si las cuatro barras son la bandera española multiplicada por dos… Tenemos el rojo y el amarillo por un tubo, pues a aprovecharlo. Los toreros con espardenyes, de las de verdad, y una buena faja catalana en la cintura. Y para el desfile, barretina. Era la solución, los de Esquerra se habrían hecho todos taurinos, y los de Convergencia no se habrían atrevido a tocar nada. Incluso se podrían haber introducido algunos instrumentos de la cobla para la banda de música, como el flabiol y la tenora.

Recuerdo, en efecto, que mis amigos habían lanzado esta idea en las “Cartas a mis conciudadanos” escritas por Romà Bastides y publicadas en el 2008, y que nadie les hizo ningún caso.

- Pero Bastides, tu idea es demasiado radical. Cómo puedes pensar que irían a sustituir una bandera por la otra…

(fiesta de la sardana en la plaza de toros de Ceret)

- Aquí está el fallo, que nadie se atreve a nada hoy en día. Hay que ser valientes, Rumbau, apostar por lo nuevo y ser creativos. Mira el Ferran Adrià ése de los fogones, a base de hacer lo que le ha dado la gana y lo que se le ha ocurrido de más estrafalario, ha llegado adónde ha llegado: ¡a la cima mundial de las cocinas del mundo! ¿Acaso es menos disparatado hacer un helado de sardinas que poner las cuatro barras y una barretina en la plaza de toros? Y tenemos el ejemplo de Ceret, que lo hacen cada año, pues para ellos toros y senyera van a la una..

- De acuerdo, igual tienes razón, pero la cosa está bien sentenciada.

- Hum… Todavía queda un año de gracia y habrá que aprovecharlo –dice crípticamente Mercadal.- Nunca se sabe lo que puede deparar el mañana. Las mayorías cambian y las personas también…

- Ilusiones, Mercadal, no hay vuelta atrás al asunto…

- Seguramente tienes razón y habrá que acostumbrarse a esta idea. Pero el futuro nos reserva muchas sorpresas. Otro gallo cantará cuando el Levante valenciano se alce y acuda a nuestra ayuda hacia el 2050 más o menos. Ya sabes que nosotros hemos pronosticado que el futuro de toda la región está en Valencia y muy especialmente en la pequeña Comunidad Autónoma de Murcia. Allá se verán mutaciones sociales y políticas de un alcance inimaginable hoy, y Catalunya reaccionará sumándose a este renacimiento del Mediterráneo español. ¡No le quedará otro remedio! Pero para entonces, ya los presidentes de la Generalitat serán todos mujeres, la capitalidad habrá dejado la turística Barcelona para asentarse en la tríada Tarragona, Reus y Tortosa, y el nuevo catalán normativo será el de la Franja y el Delta, con la incorporación del artículo “lo” en el habla cotidiano. Por otra parte, los chinos hará años que habrán importado la Corrida y sus toreros serán los más famosos del mundo, no habrá país que no quiera construir nuevas plazas de toros, y los catalanes serán los primeros en exigir que la vieja Monumental vuelva a ser torera. Será el gremio de los arquitectos catalanes el más feroz defensor de los toros, pues se morirán de ganas de construir nuevos coliseos de formas bizarras, cosa que harán luego sin tapujos, al convertirse en los más reputados especialistas en este tema. Ya sabes: teatros de ópera y plazas de toros serán los dos nuevos pilares de la economía catalana. ¿Y tu crees que no van a derogar una vieja prohibición sacada en el momento más deprimente del autogobierno catalán? No, Rumbau, cuando ello suceda, los diputados votarán todos convencidos, con acento tortosino y más contentos que unas pascuas.

Me quedé callado, impresionado por el discurso del médico jubilado Mercadal, tras haberse entusiasmado con sus visiones de futuro que tanto le consolaban del presente.

- Éste es nuestro futuro, Rumbau, y si a los demás no les gusta peor para ellos, porque cuando llegue no tendrán más remedio que asumirlo, como nosotros hacemos ahora con la votación de hoy y la consiguiente prohibición…

- Así es –remacha muy convencido Bastides–, has hablado con mucha propiedad y rectitud. La hojarasca a veces nos oculta el meollo de los asuntos que son meridianos respecto al futuro, al menos para nosotros: decadencia a corto plazo de Cataluña, resurgimiento de los vecinos del sur y brote de nueva creatividad literaria en Aragón, que acogerá las universidades de retórica más importantes del siglo. Todo ello permitirá retomar las cuestiones territoriales desde el viejo marco de la Corona de Aragón, que por fin permitirá crear un poderoso contrapoder al centralismo madrileño, sin complejos y con una clara justificación histórica. Barcelona seguirá siendo una capital importante, desde luego, más simbólica que real, pues el poder se instalará en las pujantes Tarragona, Reus y Tortosa, ésta última convertida en la nueva capital financiera de Cataluña. Así se estará más cerca del dinamismo valenciano. Son líneas de evolución claras que Mercadal y yo hemos estudiado con mucho detalle. Pero claro, no deja de entristecernos que nos toque ahora ser testigos de una época previa a estos desenlaces brillantes, época gris y perdida, la actual, aunque necesaria, del mismo modo que las personas, al crecer, debemos pasar por las diferents etapas infantiles, por muy irracionales que sean.

- Pero a ver, un momento –les digo, aturdido ante la ebullición de sus visiones y contundentes afirmaciones–, yo creo que lo lógico es pensar que en eso de los toros ya no hay vuelta atrás, pues es absolutamente inverosímil creer que cuando más avanzada esté una sociedad en su progreso y bienestar, quiera de pronto reinstaurar una fiesta de sangre y muerte.

- El problema, Rumbau, es que tu piensas que hay y habrá un progreso, pero aquí cometes un error grave que solemos cometer mucho los catalanes, al pensar que somos algo así como un pueblo elegido que sólo puede acabar con mucho bienestar y riqueza, más el premio de la independencia y de una soberanía nacional plenamente confirmada. Todo eso llegará, sí, pero no como se lo imaginan los actuales catalanes. Porque si pudieras mirar por el agujerito de la cerradura que nos impide ver el futuro, verías que de progreso no hay nada de nada en un sentido moral y ético, sino más bien todo lo contrario: piensa que la sociedad de masas es ya imparable, y que la basurización de nuestros esquemas y formas de vida, con todos los “gadgeds” ofertados por el consumo y la publicidad, un hecho consumado. Lo que estamos viviendo ahora es una degradación del soñado bienestar y una reducción cada vez mayor de la llamada condición humana, cuyo mínimo común denominador se está quedando en mini sustancias de usar y tirar. Una sociedad así mantendrá unos principios morales cada vez más mínimos y estándares, lo que implica una decadencia generalizada en todos los aspectos civilizacionales. O sea que de progreso, nada. ¿Pero significa eso que vayamos a peor? En absoluto, es algo necesario por el que debemos transitar.

Me quedé en ascuas escuchando las oscuras palabras de Bastides. Mercadal, que también escuchaba con mucha atención, tomó la palabra para aclarar los que decía su amigo:

- Mira, Rumbau, las minorías y sus culturas de élite seguirán existiendo, qué duda cabe, pero como algo en peligro de extinción. En unos casos deberán ser protegidos como preciados bienes públicos, en otros serán implacablemente perseguidos por las extravagancias que van contra el sentir de la basura general. Los que todavía quieran conservar algo de dignidad soberana y de libertad personal, deberán vivir casi en la clandestinidad, ocultos para protegerse, ya sea de la persecución consumista, social o de la banalización mediática. Pero ojo, la democratización que representa esta bajada del nivel medio de la masa será de vital importancia para que de ella surjan cada vez más individuos con voluntad mutante, abiertos a la complejidad y al cruce interseccionista. Y es aquí dónde de pronto se producirán en determinados lugares saltos evolutivos que arrastrarán a sus vecinos y harán avanzar de verdad la civilización humana.

- ¡Sí señor, muy bien dicho! –exclamó cada vez más excitado Bastides– ¿Y sabes cuál el será el factor principal que precipitará los cambios? Los pluralismos identitarios, es decir, aquellas poblaciones que lleven más tiempo en estado de dualidad y pluralidad existencial. Las provincias repletas de immigrantes como serán Murcia y algunas comarcas valencianas, obligadas a ser muchas cosas a la vez, mutarán cuando sus pluralidades sean asumidas y alcancen un estado de plena conciencia. Ya conoces nuestras predicciones al respecto, con el resurgimiento de una nueva cultura morisca que reincorporará la vieja tradición agrícola de los árabes en las huertas y los vergeles valencianos y murcianos. Será entonces cuando Cataluña, que siempre ha vivido de espaldas a su vieja dualidad catalano-española, empujada por los vecinos del sur, se mirará de cara por dentro y dará el salto evolutivo hacia una sociedad rica, compleja y profundamente creativa. Piensa que los catalanes entonces seremos mucho más complejos, una vez distintas generaciones de immigrantes se hayan integrado en el país. Para ellos, resucitar los toros será una cuestión de creatividad cultural, un regreso a ritos antiguos enraizados en vivencias profundas, una necesidad ante la cada vez más alienante banalidad consumista de la masificación cultural, algo revolucionario y progresista, en suma. Si hay mataderos dónde exterminamos a las reses sin tapujos, se dirán, ¿por qué no sacrificarlas con honor, respetando su dignidad y bajo la liturgia del rito? Aunque las verdaderas razones serán económicas y estéticas: arquitectos, diseñadores y empresarios del espectáculo aprovecharán estas necesidades y se convertirán en los adalides de la nueva Fiesta. Ya los chinos habrán incorporado el elemento acrobático en el toreo y lo más sorprendente de esta época del futuro de los toros es que los José Tomás nacerán por doquier, lo que levantará el arte de la tauromaquia a límites jamás alcanzados ni soñados por los actuales aficionados. Otra de las razones, desde luego, será la decadencia del fútbol prevista hacia la cuarta o quinta década del siglo, que hará sentir la necesidad de nuevos motivos de movilización social. Un factor, éste, que será muy tenido en cuenta por los políticos, y muy especialmente por las sucesivas presidentas de la Generalitat, todas ellas convertidas en linces estratégicos y forofas taurinas.

Bastides, que había dicho las últimas palabras con la mirada fija en el horizonte, como si allí se desplegaran las imágenes que iba narrando, se hallaba en estado de trance, algo que a veces le sucedía al tener visiones claras del futuro. Me detuve admirado e impresionado por sus palabras. Aquellos dos ancianos jamás podrían ver lo que pronosticaban, pues por mucho que duraran, no pasarían de las dos décadas, pero ello no era óbice para que insistieran en el empeño. En realidad, con su ilusión vivían ya ese futuro que veían, con lo que todavía lo convertían en más real y verosímil. ¡Qué sabiduría, pensé, vivir dos épocas en una: la que te ha tocado en suerte, y la que te gustaría que fuera! Seguimos caminando, como rumiantes callados y felices masticando las duples imágenes de presente y futuro que los dos futurólogos de la Barceloneta me habían ofrecido con tanta humildad y entusiasmo.

lunes, julio 26, 2010

Hacia un nuevo Catalanismo


En estos días de grandes manifestaciones catalanistas, con el famoso tema del Estatut escapçat, como lo llaman algunos, vale la pena escuchar a ciertas voces que proponen otras maneras de defender lo local, lejos del viejo nacionalismo que sólo consigue derrotas y humillaciones. Me he acercado a la playa para visitar a mis dos amigos futurólogos, que saben de estos temas mucho más de lo que los bañistas que los ven pasar diariamente por la arena mojada pueden llegar a imaginar. Los encontré como siempre discurriendo sobre temas del futuro del mundo y, ansioso por saber su opinión sobre los últimos acontecimientos, les pregunté directamente sobre la masiva manifestación contra el dictámen del Tribunal Constitucional.

- Mira, Rumbau –me dice Bastides muy serio–, yo fui a la manifestación, ya sabes como se pondría mi sobrina si no fuera, dejaría de invitarme a comer los domingos y me haría mucha pena, pues es el único familiar que conservo. Fui con ella, su marido, la suegra y los cuatro críos, con sus banderitas, incluso pusieron un pañuelo con las cuatro barras al perro, fíjate si lo vivieron con frenesí. Y debo decirte que aquello no tiene futuro. Lamento decirlo, pues son muchos los sentimientos que allí se pusieron, pero de poco servirá la manifestación. No por ello hay que menospreciarla, por supuesto, habrá un antes y un después, como dijeron al unísono los comentaristas, pero si la cosa sigue por esos derroteros, el después será un déjà vu del antes de siempre.

- Pero si había más de un millón de personas… -le increpo para animar la conversación.

- Cierto, y es posible que la cifra sea realista o incluso más alta de lo que los aguafiestas pretenden reducirla, pero insisto: no se va a lograr nada.

- ¿Pero porqué estás tan seguro? – insisto yo.

- El nacionalismo ya no funciona, Rumbau, es algo del siglo XIX que se arrastró al XX y a lo que el mundo actual globalizado ha dejado con la pólvora mojada. Eso no quiere decir que no siga siendo peligrosa: insistirá en más de lo mismo durante este siglo nuestro, por supuesto. Ya sabes como somos de tozudos los humanos. Mercadal y yo hemos calculado en unos treinta o cincuenta los años que aún hacen faltan para que haya un cierto reflujo en el asunto. Décadas que serán de muchos sufrimientos y derrotas, de muchas guerras inútiles y fratricidas. Pero finalmente los pueblos con deseos de particularizarse entenderán que la solución no la tienen en este viejo nacionalismo basado en el pensamiento único, en el fundamentalismo identitario y en la exclusión del otro. No, Rumbau, eso ya no funciona en un mundo como el nuestro, en el que las identidades se superponen como las capas de una cebolla y en el que las dualidades y la distancia son los nuevos factores fundamentales que rigen nuestras vidas y sociedades.

Mercadal, que escuchaba con atención las palabras de su admirado amigo, quiso decir la suya:

- Es cierto lo que dices, Bastides, debo decir que yo también fui a la manifestación, más por deseos de observar a los participantes que por convencimiento, pues pocas son las ocasiones en las que tanta gente sale a la calle en apoyo de una u otra postura. Siempre me gusta y emociona ver a los manifestantes en la calle, aunque noto a faltar la presencia de bandas de música a la vieja usanza, como las que hay en el Delta y en Valencia, y me sobran los altavoces con consignas y músicas preseleccionadas. Y mientras veía a los enardecidos manifestantes, aunque por suerte no todos lo estaban tanto, hay que decirlo, pensé que ya era hora de que se empezara a plantear un nuevo catalanismo que precisamente evitara lo que antes tan bien contaba Bastides: un catalanismo capaz de incorporar formas duales de pensamiento y una perspectiva de complejidad que le permita organizarse en red con los vecinos. Algo que el Nacionalismo precisamente impide. Por eso era triste ver tanta energía condenada al fracaso, pues no otro será el desenlace de la pugna si no se le pone pronto remedio cambiando el pensamiento nacionalista por otro capaz de incorporar nuevos paradigmas de defensa de lo local.

- ¿Y cuáles son estos nuevos paradigmas?

- Hombre, es algo que cae por su propio peso, me refiero al racional. Nuestras sociedades son plurales y complejas y el problema del catalanismo político es que nunca aceptó su alteridad básica: lo español que hay en Cataluña. Hoy los nacionalistas se llenan la boca en defensa de la immigración y de la Alteridad, pero la verdadera alteridad de Cataluña no son los actuales immigrantes de África o de Latinoamérica, que también lo son, por supuesto, sino que nuestros verdaderos y eternos “otros” son los que hablan castellano aquí, van a los toros y se emocionan cuando gana la Roja. Y no son pocos, te lo aseguro, quizás la mitad de la población. Es obvio que sin incorporar a esta mitad, el catalanismo está condenado al fracaso. Su error ha sido basar toda su estrategia en el pensamiento nacionalista, que excluye absurdamente, impone un pensamiento único y niega la dualidad interior.

- Comprendo lo que dices, pero exageras con que la mitad de los catalanes apoyan los toros… -le digo sabiendo que ellos son unos consumados aficionados taurinos.

- Bueno, quizás exagero en este punto, pero se trata de una cuestión simbólica: ¿por qué el catalanismo se mete con este puñado de nostálgicos que gustan de una fiesta que se cae de vieja y que ha sido falsamente identificada con el nacionalismo español? ¿Acaso no vivimos aquí, votamos y pagamos nuestros impuestos en Cataluña? Pero dejemos este punto, que me saca de las casillas –Mercadal es un férreo militante protaurino aunque él casi nunca va a la Fiesta, pues su economía no se lo permite.– Yo soy catalán y siempre he defendido mi país y mi cultura, y por supuesto mi lengua, pero nunca he entendido esta manía que se tiene aquí a lo español. Bueno, comprendo a la generación de nuestros padres y hermanos mayores, que vivieron el desgarro y las humillaciones de la guerra civil, pero eso hoy es agua pasada. ¿Por qué no puede uno sentirse catalán y español a la vez? Yo siempre me he sentido las dos cosas. A mi me gustaba ir a Madrid cuando me lo podía permitir, y en Sevilla me encuentro como en casa, del mismo modo que Galicia o Asturias son uno de los mejores lugares para pasar las vacaciones. ¿Por qué hay que renunciar a esto? Yo no soy ni quiero ser un extranjero en Cáceres, Córdoba, Santander o Zaragoza. ¿Acaso restar es ganar en algo? No Rumbau, el nacionalismo ya ha caducado, si no se logró la independencia cuando tocaba hacerlo, en la época en la que las naciones nacían, pues a otra cosa, mariposa. ¿Significa eso que hay que renunciar a ser sujeto político? En absoluto, y menos en la actual España, sometida a una tutela madrileña humillante y barriobajera, pero la autonomía real, no la de boquilla, sólo se conseguirá con una buena estrategia. Y ésta pasa hoy por la aceptación de la dualidad y la expansión en red. Todo lo demás sirve a los políticos para llamar la atención del público y mantenerse en el poder, pero para nada más.

¡Caray!, pensé al escuchar a aquel viejo setentón, doctor jubilado, fumador de puros y astrólogo en la actualidad. Consideré que era una pena que no se escucharan sus opiniones en los foros correspondientes, aunque también era cierto que carecía del bagaje necesario para enfrentarse a los profesionales, que se lo cepillarían en cinco minutos. O tal vez no…

- Tendrías que exponer tus ideas al público, Mercadal…

- Tonterías, Rumbau. Esto no lo arregla una voz predicando en el desierto, aunque eso no significa que hayamos claudicado, Bastides y yo, pues nuestras investigaciones tienen un alcance mayor de lo que puedas imaginar… -dijo crípticamente, mientras lanzaba una mirada de complicidad a su compañero de paseo de la playa.– Hoy en día, una voz sola, aunque sea única y discreta, tiene más fuerza que miles de bocas chillando al unísono consignas en la calle. Pero no te preocupes, que no tenemos pretensiones al respecto. Lo importante es el pensar recto, o más bien con realismo y sensatez lógica, que es lo que intentamos Bastides y yo. Simples y modestos observadores del presente con la mirada puesta en el futuro, pues por mucho que la historia sea importante, de poco sirve quedarse anclado en el pasado. Futuremos, Rumbau, pensemos en términos de futuro, y verás como los problemas se arreglan.

- Cierto, Mercadal –añade Bastides muy serio tras escuchar la larga perorata de su amigo–, si pensamos en Cataluña, pensemos en su futuro y verás como todo se aclara. Por de pronto, recuperar las viejas relaciones de la Corona de Aragón. Mucho hablar de los Països Catalans, que nunca han existido como tal, cuando ya tenemos la vieja Corona de Aragón que nos unía a unos cuantos. Demos a Aragón el protagonismo que busca, y sumémosla al carro de lo particular, para desde aquí recuperar las relaciones con Valencia pensando siempre en Murcia y más al sur, en Andalucía. Y vayamos hacia el norte dónde las ricas ciudades del Ródano esperan socios serios que no les hablen de patrias o naciones. Maragall tuvo la visión pero se perdió luego con la hojarasca y su proyecto se quedó en nada. La liturgia nacionalista lo ofuscó. Y el Estatut lo noqueó. Busquemos en la España periférica a nuestros aliados e impongamos su realidad a la inercia centralista del Estado. Fíjate que cuando se habla de la Corona de Aragón, por ninguna parte asoma nación alguna. Claro, cómo que todavía no habían nacido… Esta jugarreta del pasado permite que nos abrarnos al futuro con más inteligencia estratégica, qué duda cabe. ¡Y los maños la saben muy larga! Fíjate en el señor Labordeta, una sola voz y ¡cómo tronaba en el Parlamento! Contra la España del centralismo madrileño, la España en red cuyas regiones se unen y se apoyan entre si. Hoy en día las llamadas Comunidades Autónomas tienen más poder que nunca y sería absurdo no aprovecharlo y pretender ser más que ellos: ¡seamos todos independistas, o mejor, fieros autonomistas con ansias grandes de poder, y verás como los distintos barones se suman entusiastas al proyecto. Pero si hablamos de que som una nació, ja l’hem cagat, como se dice en catalán.

Miro a los alrededores, pues las ideas de Bastides son tan incorrectas que uno teme siempre reacciones airadas en su contra. Pero los bañistas que nos rodean tienen su mente colocada a mucha distancia de allí, muy lejos del Estatut y de Cataluña, pues la mayoría son immigrantes de países muy lejanos y lo más probable es que estén pensando en sus playas americanas o asiáticas, y en los familiares lejanos que allí se bañan. Aunque mirándolos, parecen muy felicies de hallarse dónde se hallan, bañándose en las playas de la ciudad de Barcelona con sus mujeres e hijos.

- Cómo te decía antes, aquí nos falla la liturgia. Somos demasiado emocionales, pero a la vez demasiado calculadores, y esa combinación a veces nos hace malas jugarretas, pues calculamos mal al no percatarnos de las emociones puestas en juego. La solución sería redirigir estas emociones hacia nuevos rumbos de dualidad interior, y de vecindad periférica, algo muy difícil. Para lograrlo habría que inventar nuevas liturgias. Maragall lo intentó pero se quedó a medio camino. La inercia del nacionalismo monolítico pesaba demasiado, y con los socios del Tripartit, lo tenía aún más difícil. Luego, con Montilla de President, se podría haber avanzado en esta dirección, pues un cordobés en el Palau de la Generalitat daba mucho de si, pero tras ceder cultura a los de Esquerra Republicana, se acabó el asunto. ¡Qué ocasión más buena tuvieron con lo de la Feria de Frankfurt! Podrían haber dado al traste con la vieja liturgia de exclusión y sentar unas nuevas bases de catalanismo amplio y dual, ¡y cayeron como tontos en la trampa nacionalista!

- Pero el PSC lo ha intentado, eso es indudable –les digo.

- Sí, pero se les ha difuminado el discurso. O más bien diría que lo han perdido, por el simple hecho de no haberlo desplegado en ningún momento con determinación. Se han abandonado a la inercia del poder. Pensaron que con mantenerse arriba ya hacían bastante, y seguro que debe ser muy complicado, pero se olvidaron de lo importante. Se quedaron sin liturgias y abandonaron lo simbólico a los de Esquerra.

- Aquí ha influído mucho ese complejo que siempre han tenido los socialistas de poco catalanistas –añade Mercadal–. En vez de afirmar su propio catalanismo, diferente del proclamado por los naconalistas, han caído en la trampa de la mala conciencia ante los ataques constantes sufridos. Se ve aquí la dificultad que existe hoy en defender posturas duales frente al acoso del fundamentalismo de lo unitario y lo absoluto. Se considera la dualidad como una posición débil, cuando en realidad es la fuerte, pues es mucho más duro y difícil estar en dos sitios a la vez. O bien se la trata como una traición, pues si estás en dos lugares, a uno de los dos estás haciendo trampa, piensan los puristas. En según qué asuntos es así, claro, pero no en los temas más básicos de la identidad. ¡Que se lo pregunten a los físicos cuánticos! Sobre este tema nos falta aún mucha experiencia y deberán pasar unas cuantas décadas para que nuevas generaciones que hayan mutado hacia el pensamiento complejo, capaces de tratar con la dualidad y la multiplicidad sin complejo alguno, impongan sus nuevos paradigmas. Entretanto, los que no somos monolíticos tendremos que tener paciencia y ver como se las dan entre si los que sí lo son.

- Fíjate en unos amigos de mi sobrina que conocí el otro día: un matrimonio que vive en Francia, él es inglés, ella belga pero de Flandes, sus hijos hablan francés, flamenco, inglés y alemán, pues tienen un abuelo alemán y pasan temporadas en Alemania. ¿Qué se sentirán esos niños cuando se les pregunte por su identidad nacional? Serán franceses por el pasaporte y por nacimiento, eso para empezar, pero también flamencos por la madre y por lo tanto belgas, e ingleses por el padre, y alemanes por el abuelo... Luego, si se casan con una americana de origen chino y se van a vivir a Australia, ya me dirás como la cosa se complica. Son identidades cebolla, como yo las llamo, y cada vez hay más. Y tendrán mucho que decir en el futuro.

- Tienes el caso de los judíos –añade Mercadal, lanzado a la pontificación tras escuchar las palabras de su compañero de paseo–, un pueblo dual por excelencia. Siempre tuvieron doble identidad, fueron judíos y a la vez de dónde vivían: españoles, franceses, alemanes, rusos… Y vivieron ambas identidades con profundidad, como lo demuestra la pervivencia de los Sefarditas, que tras varios siglos de haber sido expulsados de España, conservan la lengua y sus viejas costumbres ibéricas como el más preciado de los tesoros. ¡Increíbles los Sefarditas, con sus triples y cuadruples identidades acumuladas: turcos, búlgaros, griegos…! He aquí la razón, sin duda, de que los judíos fueran el chivo expiatorio ideal para los pueblos que entonces asentaban sus identificaciones nacionales y para todos los fanáticos del pensamiento único: la dualidad judía les era insoportable. Pues bien, este pueblo dual, a la que empezó a vivir en la abundancia, como pasó con las burgesías y clases medias judías de Centroeuropa, dio al mundo los cerebros más avanzados del pensamiento moderno y contemporáneo. ¡Qué duda cabe de que tanta creatividad proviene de estas dualidades identitarias interiores, por las que tanto sufrieron pero que tantos réditos espirituales y creativos les dieron! Ahora está ocurriendo lo mismo pero extensivo al mundo entero, las dualidades se multiplican en progresión geométrica, un fenómeno imparable pues el cosmopolitismo que la globalización impone no va a detenerse sino todo lo contrario.

- Por eso se hace tan difícil predecir hoy en día el futuro con claridad –dice Bastides, siempre preocupado por su oficio de la adivinación–. Como historiadores del futuro que somos, comprendemos que los cambios se van a suceder a trompicones y a velocidades de vértigo, y hacia direcciones completamente desconocidas, tales son las variables puestas en juego. Por eso nos fijamos mucho en cómo los distintos pueblos encaran estos temas. Según se posicionen respecto a ellos, mejor o peor inversión habrán hecho para el futuro. Cataluña tiene dos opciones: o continúa por la senda de un nacionalismo de exclusión condenado al fracaso, o se inventa un nuevo catalanismo abierto y dual con visión de futuro. Si optara por lo segundo, podría ocurrir que de pronto nos convirtiéramos en los adalides de una nueva forma de entender y defender lo local, algo que podría ser útil y exportable a Europa, y a todo el mundo, pues la mayoría de los conflictos tienen que ver con este encaje del todo con las partes, entre lo local y lo global, y las tensiones que genera.

Veo que mis amigos se van excitando con sus ideas y es ahora Mercadal quién interviene con vehemencia:

- ¡Qué gran idea! Claro que sí, ¡Cataluña podría ser la vanguardia de un nuevo localismo de puertas abiertas y que por primera vez acepta la complejidad propia y ajena! Fijaros en una cosa: España se inventó el Estado de las Autonomías, que solucionó en parte el problema que hasta ahora había tenido de encajar en un todo las partes, incluyendo las díscolas. Un invento que muchos otros países han mirado con atención e incluso han intentado copiar. Pero faltaba la reacción de las partes en el tiempo, para que el invento tuviera éxito de verdad. Éstas, me refiero a las distintas Comunidades Autonómicas, reaccionaron positivamente en principio, aunque las llamadas históricas lanzaron sus previsibles espirales nacionalistas. La derrota del Estatut es el fracaso de esta estrategia de confrontación “nacional”. Se impone ahora reconducir esta dinámica de las espirales localistas con ansias de destacarse, de un modo que permita articular las partes, cada vez más autónomas, con el todo al que pertenecen. Un todo que es España, pero que también es Europa, y que todavía puede generar otros “todos” intermedios, como son las euroregiones puestas en marcha. Esta invención no vendrá del Todo, es decir del Estado, interesado siempre en mantener las riendas de su control. Deberán ser las partes las que propongan. Y si Cataluña inventara ahora un nuevo catalanismo, es decir, una nueva manera de desarrollar lo particular desde lo dual, lo múltiple y la complejidad, estaría realmente creando algo inédito, un paso de enorme trascendencia para la gobernación del mundo –por no hablar de la gobernación de España y de la misma Europa.

Se quedaron en silencio, impresionados por las altisonantes palabras proferidas por Mercadal, inspiradas y de aliento casi profético.

- ¡Has dado en el clavo, Mercadal, has dado en el clavo!

Nos quedamos callados mientras seguimos caminando por la orilla del mar. Las olas de nuestro querido Mar Mediterráneo nos refrescaban plácidamente los cuerpos, algo aturdidos por el sol y por las visionarias imágenes de mis dos amigos de la playa.

domingo, julio 11, 2010

Nuevo teatro en el Tibidabo

El Marionetàrium se ha renovado. La compañía de marionetas de Herta Frankel del Tibidabo de Barcelona estrena nuevo teatro y nuevo espectáculo: “En algún lugar de este mundo”.

Coincidiendo con el veinteycinco aniversario de la compañía dirigida por Ferrán Gómez y Pilar Gálvez, y con el décimocuarto de su presencia constante en el Parque de Atracciones del Tibidabo, la Compañía de Marionetas de Herta Frankel “Marionetàrium” presentó el dia 1 de julio su último espectáculo en el nuevo teatro dónde desde esta pasada primavera se pueden ver sus espectáculos.

Se trata de un espacio situado al lado mismo de su antigua ubicación, con una capacidad para setenta espectadores y un buen escenario perfectamente adaptado a las necesidades de la compleja escenografía que precisan las marionetas de hilo. La compañía ha intervenido en los planes de adaptación del espacio, asistida por su escenógrafo habitual, el artista leonés José Menchero, lo que ha permitido que las marionetas puedan ser manipuladas con comocidad y lucir sus sofisticados movimientos.



El espectáculo presentado la noche del estreno está compuesto de una sucesión de esqueches protagonizados por algunas de las marionetas más llamativas de Herta Frankel, convenientemente restauradas y con nuevos mandos yo diría que muy perfeccionados. Para la presentación de cada número, se acompañan de unos decorados que en si constituyen pequeñas joyas escenográficas y todos ellos diferentes, de modo que la sorpresa del público está asegurada. Son números clásicos pero exquisitamente manipulados así como hilvanados por una banda sonora bella y eficaz.

Don Pedro o El Payaso del Saxofón, una joya de marioneta que sale de una bañera y que parece sacada del túnel del tiempo, tocando un instrumento de latón hecho con soldaduras de los años cincuenta que sorprende por su impecable acabado y refinamiento. Una divertidísima Lola Flores que canta en un típico carro de Feria de Abril, con gestos que nos transportan a los mismísimos tiempos de la Niña de la Venta. Chiquitín, el niño ensimismado al que una chica salida de la oscuridad le pincha el globo que acaba de hinchar. Triste, se va con lágrimas en los ojos. Maisha, la bailarina africana que baila con maravillosos e increíbles giros de pechos y cadera los ritmos de una canción selvática, mientras a lo lejos vemos un desfile de elefantes en el horizonte. El mudo y filarmónico Harpo Marx y la bailarina indiferente, que acaba cediendo al encanto seductor de una de las más bellas y logradas marionetas de la compañía. O el genio Nina que baja de los cielos sobre el globo terráqueo…

He aquí las marionetas que los marionetistas del Marionetàrium manipulan con un exquisito y refinado virtuosismo: Óscar Gallart, Valentina Raposo, Glòria Arrufat, Josep Milán, Miren Larrea y Paulette San Martin asistidos por Oriol Pont, responsable también, junto con Ferrán Gómez, de la restauración y del perfeccionamiento técnico de los mandos y muñecos. Vale la pena visitar la parte trasera del escenario: ver las marionetas colgadas con sus mandos que parecen aeroplanos de una sofisticada tecnología del siglo XIX es una verdadera gozada. Y ver el mimo y la delicadeza con los que sus manipuladores mueven los hilos, otro espectáculo que debería mostrarse también al público. ¿Cómo? No lo sé, pero sin duda sería un complemento de lo más interesante.

El precioso acabado de cada uno de los números y la perfecta hilvanación de los mismos ilustran el alto grado de profesionalidad y virtuosismo que el Marionetàrium ha alcanzado tras sus veinteycinco años de experiencia y sus catorce de permanencia en el Tibidabo. Un espectáculo que el público, mayoritariamente adulto la otra noche, disfrutó y aplaudió con entusiasmo. Un lujo que el Parque de Atracciones del Tibidabo ofrece a sus visitantes cada día durante todo el verano.

sábado, julio 10, 2010

Videos de la Festa Malic - Homenatge a Mariona Masgrau

Ve't aquí algunes imatges de la Festa Malic que es va fer a la Sala Beckett en Homenatge a Mariona Masgrau, el 15 de juny de 2010. Encara falten més imatges, que s'aniran posant quan estiguin muntades.


Copa i picandó


El discurs de Toni Rumbau amb la introducció de Toni Casares


Primera part del parlament d'Alfonso De Lucas Buñuel


Segona part del parlament d'Alfonso De Lucas Buñuel


Parlament de Rafael Metlikovec i actuació de Pep Gómez


Actuació de Joseba Ayensa