miércoles, septiembre 25, 2019

El loro


Loro del Amazonas. Foto Wikipedia.

En algún punto de los textos publicados en Animalia, citamos ya al loro como uno de los animales más inteligentes que existen. Afirmación que despierta no pocas sonrisas en los escépticos, los que argumentan que de un cerebro tan pequeño poca reflexión podemos esperar. Y sin embargo, no soy yo quien lo afirma sino los científicos que lo han investigado y se han sorprendido de sus inmensas capacidades.

Fue noticia hace años el caso de Alex, un loro gris de cola roja criado en Estados Unidos capaz de pronunciar 150 palabras diferentes, reconocer los nombres de los colores, distinguir conceptos como grande y pequeño, entender numeraciones hasta el seis y, el mérito más importante, ¡no repetirlo todo como un loro! Alex, un juego de siglas en inglés (Experimento de Aprendizaje Aviar), nació en 1976 y fue adquirido por la psicóloga animal Irene Pepperberg, responsable de su enseñanza. Murió en 2007, a la edad de 31 años, joven porque los loros suelen vivir hasta 50 y aún más años. Al parecer, Alex ha revolucionado los conceptos que hasta ahora se tenían sobre este tema, planteando múltiples incógnitas sobre la inteligencia animal.



En Cataluña siempre se ha tenido en mucha estima al loro, como lo indica este poema popular de Sabater i Aribau que de pequeños recitábamos y que mi madre se sabía de memoria, que lleva por título "Un loro, un moro, un mono y un señor de Puerto Rico ", que comienza con estos versos famosos:
 

Un senyor de Puerto Rico
al balcó tenia un lloro
de rica ploma i bon pico:
un lloro dels que fan oro,
dels lloros que costen pico.

Y después de unas larguísimas y retorcidas trifulcas en las que se explora toda la combinatoria de las rimas terminadas en "oro" y en "ico", termina el poema:

Veu això l'amo del lloro.
Es tira damunt del mico.
Mata el mico, mata el moro,
i, mort moro, mico i lloro,
fa un farcell... i a Puerto Rico![1]

Respecto a mi propia experiencia, siempre he tenido una especial fascinación por los loros, aunque nunca los tuve en casa. Ya de niño me fascinaba la imagen del Captain Flint, el loro de la fantástica novela de Stevenson "La Isla del Tesoro", siempre en los hombros de Long John Silver, loro que había sobrevivido al pérfido pirata Flint y que cantaba la canción "
Fifteen men on a dead man's chest. Yo ho ho and a bottle of rum!...". Recuerdo que durante mi primera estancia en Bristol, no paré hasta encontrar un pub llamado "The Spy-glass" (en la novela, así se llama la taberna propiedad de Long John Silver) donde en efecto había un loro, muy callado aquel día. A pesar de tratarse de una pura escenografía para atraer clientes, me emocioné profundamente en aquel recinto de paredes destartaladas, donde un viejo loro pensaba en silencio las antiguas glorias piratescas de los barcos británicos que salían del puerto de Bristol ...

Se dice que el loro suele establecer una relación de pareja con su dueño, y eso yo lo he visto en la persona de mi hermano y Miki, un loro gris de cola roja que tuvo un tiempo. El vínculo creado entre aquel animal y mi hermano era increíble: por la mañana, siempre le decía: "Bon dia, estimat!". Era normal oírlo gritar: "Hola, estimat, vina, vina ..." mientras movía la cabeza para que la acariciara. Bailaba y cantaba La Cucaracha con perfecto ritmo y dicción, y cuando le preguntabas por el Barça, contestaba siempre en catalán: "una llufa!". Al sonar el teléfono, decía: "Sí, digui? ...!". Y cuando su dueño se iba de casa, se despedía con un: "Adéu, estimat, porta't bé, adéu, adéu...". El problema fue cuando quien era entonces su mujer, seguramente celosa del loro, llevó a casa un perro de estos pequeños que no pasan del palmo y medio, pero que suelen ser muy nerviosos, mimados y horriblemente chillones. Como era de esperar, el conflicto entre los dos animales de compañía no tardó en estallar. Está visto que una acumulación de "pets" no es buena cosa para la convivencia ... El loro, ante aquella intromisión, contraatacó ordenando a su contrincante: "Néstor, vine aquí, et dic, vine aqui! .. . " o " Néstor, passa al racó, au, passa al racó !! ". El conflicto se resolvió por capitulación del más sensible y evolucionado: el loro, traumatizado por la insultante presencia del perro y pese a plantarle cara con valentía y chillidos aterradores,empezó a arrancarse las plumas. Tuvieron que sacarlo de casa, y a pesar de estar muy bien cuidado en el nuevo hogar, murió a los dos años a causa de una insuficiencia renal. Yo diría  más bien por una insuficiencia amorosa.

También se suele decir que los loros sólo repiten lo que se les enseña, pero mi madre me contaba que de pequeña, en la escuela donde iba, un loro a quien le mostraba una pastilla de chocolate sin darle nunca ni un cachito, acababa siempre gritando: "Burrra, burrraaa!". Es decir, cuando se indignaba sabía perfectamente la palabra que debía utilizar, sin nunca equivocarse. Del mismo modo que nunca se le ocurría a Miki decir "buenas noches" por la mañana o, viceversa, "buenos días" por la noche.

En el Zoológico de Barcelona, los loros ocupan unas jaulas situadas casi ante los "grandes gatos" y la verdad es que se les ve un poco apretados en unos recintos que, dada la categoría de estos animales, deberían ser más grandes. La ventaja que tienen es que están todos juntos, papagayos, loros, cotorras y periquitos, lo que les debe dar una cierta sensación selvática además de distraerse con el ruido que hacen unos y otros. Desconozco si los más hábiles reciben lecciones de lenguaje, como sería de esperar. Si así fuera, se entiende que podrían constituir una de las atracciones más brillantes del Zoo, al ser la única especie capaz de comunicarse a través de palabras con el público. Seguramente tendremos que esperar todavía nuevas generaciones de loros y nuevas generaciones de científicos para que esto suceda. A los niños actuales les diría, por tanto, paciencia, fe y esperanza, ya que en un futuro próximo esto y mucho más les será otorgado.

Fijémonos ahora en los rasgos de estos pájaros exquisitos que son los loros a los que bien se les podría calificar de "aristocráticos", dadas las altas cualidades de su condición animal. Lo que más nos extraña es que unas animaluchos que no tienen ni brazos ni manos, y que además no pasan de los treinta o cuarenta centímetros de altura, sean capaces de hablar y mostrar signos de inteligencia. Son pájaros y pueden volar, eso sí. Provienen por tanto de los extinguidos dinosaurios, lo que en este caso no nos dice nada de especial, pero sí que dentro de su memoria genética deben quedar aún restos de la grandeza antigua de estas bestias extinguidas, que dominaron durante millones de años los hábitats de la Tierra. Lo que sí nos dicen los actuales pájaros es que los dinosaurios debieron ser unos seres bastantes chillones, tal vez incluso cantantes, con una variedad de tonos increíble, desde las profundas gargantas de los más agigantados que deberían sonar como órganos de iglesia, hasta la sutileza refinada de las especies más pequeñas y nerviosas. En todo caso, se puede decir que las aves han tenido millones de años para refinar sus sistemas vocalizadores de canto, y es evidente que los más destacados han sido los de la familia de los loros y de los periquitos, de pico curvado y cabeza redonda. Con cerebros faltos de córtex y sin lóbulo frontal, son capaces sin embargo de repetir, relacionar, entender, ordenar y responder según una lógica que los estudiosos comparan a la de un niño de cuatro años.

Verlos caminar es un espectáculo muy gracioso, al balancear sus cuerpos inmensos en relación a las patas, cortas y poco diestras. Pero como todos los pájaros, su especialidad es volar, pese a ser de corto alcance. Prefieren entretenerse en charlar y cantar todo el santo día más que desplazarse por las distancias. Atentos y chismosos, pescan lo que pasa por el entorno. Sin duda deben volver locas a las monas y a muchos otros animales arbóreos, al imitar sus sonidos con escalofriante exactitud. Una experiencia que aún no se ha hecho es poner un loro en un teatro de ópera: seguro que su capacidad de memorizar arias enteras y de cantarlas en los más altos agudos sorprendería a más de uno. A la larga, una vez se hayan establecido técnicas seguras de aprendizaje, no estaría nada mal incorporarlos a la sección animal de la orquesta, junto con los elefantes de trompa afinada, los burros rebuznadores o las corales cantoras de ruiseñores, canarios y periquitos. Los loros, con su increíble capacidad imitadora, podrían ocupar perfectamente dentro de la orquesta el papel de "covers", es decir, sustitutos de los instrumentistas en baja.

Mirar los ojos de un loro mientras charla y silba, te permite comprender un poco la sensibilidad exquisita de estas aves. A mí me parece que su facilidad de réplica, capaces de duplicar los sonidos naturales que escuchan, es la base de su inteligencia. Así como la conciencia humana nació a partir del fenómeno reflexivo, por el que los primeros homínidos se sabían "dobles" al verse reflejados en los demás seres vivos de la tierra, de la misma manera los loros adquieren una primitiva conciencia de dualidad al replicar los sonidos que escuchan. Saben que todo lo que oyen se puede doblar, y que ellos son capaces de hacerlo. Y la dualidad asociada a la percepción es un primer indicio de espacio mental y de conciencia. Se trata de un primer eslabón, es verdad, pero real y tangible.

Pero además de sus habilidades miméticas, tienen una enorme capacidad de empatía para captar nuestros pensamientos, sentimientos, estados de ánimo y energía, y muy a menudo nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos cuando reflejan lo que nos pasa por dentro . Es decir, ¡tienen también capacidad de reflexión psicoanalítica! Es lógico pues que los loros se vayan haciendo más listos a medida que se acentúe y se profundice su relación con los humanos, a base de repeticiones, preguntas, respuestas y horas de convivencia -y al revés, los humanos nos volvemos más humanos y auto-conscientes a medida que se acentúa la convivencia con el loro. Cuantas más "dualidades" establecen, mejor pueden relacionar lo concreto con lo abstracto, al adquirir el hábito de hacerlo cada día.

Esta conciencia se muestra también en su manifiesta capacidad de burla, al replicar los sonidos del perro, del gato o del mono con sarcástica intencionalidad. Es decir, además de un primer eslabón de conciencia, tienen sentido del humor, y eso aún los hace más inteligentes y cercanos a nosotros, los humanos. Claro que se trata de un sentido del humor particular, de loro si se quiere, pero humor en definitiva. Y eso no siempre se encuentra en los animales. Debemos recurrir a los primates, nuestros primos hermanos de la evolución, para encontrar primitivas muestras de humor parecido al nuestro.

Los loros del Zoológico nos miran desde un enigma profundo que yace encerrado en sus jaulas y que sólo se irá desvelando con la irrupción de nuevos loros habladores asociados a los humanos. Hoy por hoy, nuestros pisos no son los lugares más idóneos para acoger a estas aves tan refinadas como son los loros, pero el futuro que sin duda nos traerá viviendas más amplias y abiertas a la naturaleza, permitirá que cada habitante del planeta tenga siempre un loro a su lado: mientras la serpiente nos hablará de las profundidades insondables de nuestro inconsciente, el loro nos recitará al oído frases cautivadoras de una combinatoria juguetona y genial de las palabras. Cuando esto suceda, el mundo vivirá sin duda una explosión de conciencia amplificada, con profusión de radios y televisiones especialmente dirigidas a loros y periquitos, no para engatusarlos ni para aturdirlos sino, por el contrario, para despertar en ellos sus más osadas capacidades creadoras, aves que poco a poco irán desarrollando sus poderosas potencialidades de inteligencia.


[1]     Se encuentra en el libro “Versos humorístics catalans”, Biblioteca Popular, Primera Sèrie, Editorial Millà.

domingo, agosto 25, 2019

Serpientes


Boa Argentina. Wikipedia.


Aprovechando que ya estamos en la zona de los seres de sangre fría (ver el capítulo anterior sobre la Iguana), creo que es el momento indicado de centrarnos en las serpientes, estos animaluchos que tienen tan mala prensa y que durante la larga historia de las culturas humanas han sido objeto de poderosísimas proyecciones arquetípicas.

Basta con mirar cualquier diccionario de simbología y fijarse en la palabra "serpiente", para darnos cuenta de la tremenda carga simbólica que arrastran estos animales. De entrada, es importante recalcar el profundo sentido primigenio que siempre se les ha dado, al tener la mayoría de las cosmogonías existentes a la serpiente colocada en el origen del mundo y de los primeros dioses. Asociada a las Aguas del Caos, de la serpiente proviene del Huevo primigenio o simplemente vomita las primeras divinidades que acabarán sus días engullidas por la misma serpiente. Origen y fin del mundo, principio por tanto de vida y de muerte, de regeneración, de cambio y de mutación, se comprende que la encontremos enroscada en el bastón del caduceo, símbolo de la medicina, o que se la represente comiéndose su propia cola en la figura del uróboros, símbolo de la circularidad temporal y del eterno retorno. Para los psicoanalíticos modernos, representa la libido y los principios más básicos del instinto animal que nos conforma.

Uróboro como símbolo alquímico. Wikipedia.

Busco por entre las ventanas del Terrario del Zoo y finalmente la encuentro. En realidad, lo que encuentro es el nombre, ya que me cuesta descubrir dónde se esconde el ofidio. Por fin la veo en un rincón. Una especie de cuerda hecha de una piel adornada de preciosas simetrías de colores apagados que yace enroscada, aparentemente inmóvil. Pero cuando me fijo un poco, me doy cuenta de que en realidad su cuerpo grueso y plegado se infla y se desinfla, casi imperceptiblemente, como una especie de ensaimada que se dilata y se encoge. ¿Respira o sólo está haciendo la digestión? Todo es un misterio en el animal que contemplo. Su indiferencia respecto a nosotros, los que la observamos, es fantástica y desconcertante. A su lado, las iguanas son animales histéricos que no paran de bailar y de charlar con nosotros. Lentitud y sinuosidad. Y una majestad insondable, al menos en los ejemplares más grandes. Supongo que en su existencia diaria y salvaje deben mostrar más actividad, pero aquí encerrados en la jaula de cristal del Zoológico, manifiestan el más profundo desprecio hacia la civilización de los humanos, de la que siempre han sido simbólicos saboteadores.

Estos reptiles del suborden de los ofidios provienen de épocas inmemoriales, cuando todavía los mamíferos eran un proyecto a medias de los primeros sinápsidos, de donde salieron tanto los reptiles como nuestros más antiguos antepasados de sangre caliente. Los científicos fechan la aparición de los ofidios hacia el Cretáceo, en una época en la que ya había un buen muestrario de dinosaurios esparcidos por los continentes que comenzaban a separarse. ¡Qué maravilla sería dar un vistazo a aquellas épocas arcaicas, de plantas exuberantes y de animales que parecen surgidos de una imaginación enloquecida y truculenta, pero inagotable. Fíjense en la increíble variedad de formas que los resucitadores oficiales de especies extinguidas nos dibujan o incluso dan vida a través de simulaciones o de los efectos especiales: ¡son de una originalidad abrumadora! ¿Pero quién lo ha inventado todo esto?, me pregunto asustado. No es el dibujante que lee la morfología de los huesos u otros restos fósiles, sino la misma naturaleza, pletórica de creatividad, la que nos maravilla por la riqueza de una tal diversidad de formas y estilos de vida.

Ahora sabemos que todo ello es fruto de una agitada y competitiva combinatoria de los genes más aptos para imponerse y establecer nuevos rumbos de vida, a través de procesos complejísimos de interacción entre los mismos miembros de la especie, y con el entorno botánico, climatológico, geográfico y zoológico. Así la vida sobre el planeta y su expresión, la naturaleza, se ha ido desarrollando a través de millones de años, hasta llegar a la Cocacola, a los Cuatro-Cuatro Todo Terreno y al suculento negocio de los móviles y Smarphones. Cuando pensamos que esta fabulosa creatividad del Tiempo en mayúscula se ve hoy en día brutalmente escarnecida y saboteada por quien se supone es su máxima realización, el Ser Humano, no podemos más que lanzar un grito al cielo, tal es nuestra indignación. ¿Tan "poco animales" somos que no comprendemos que somos animales que procedemos y dependemos de los otros animales? Preguntas que muchos se deben hacer como yo pero que tienen poca respuesta.

Regresemos a las serpientes, y maravillémonos ante sus sistemas extraños de locomoción. Disponen de cuatro: el serpentín, hecho de movimientos ondulatorios que la hacen avanzar empujando las partes posteriores de cada una de las curvaturas; el rectilíneo, propio de las grandes serpientes de escamas abdominales que se aferran a la tierra y así avanzan como los gusanos; el acordeón, mediante contracciones y estiramientos de los músculos que lo rodean como un muelle; y el de lado, el menos común, propio de algunas serpientes del desierto, por el que levanta el cuerpo formando una espiral que se mueve de lado. Se dice que algunas de Asia y de Nueva Guinea incluso pueden volar. En realidad, lo que hacen es planear para dejarse caer con un buen aterrizaje. Claro, no tienen patas ni brazos, ni alas, ni plumas, ni orejas. Sí que tienen nariz, unos orificios para escuchar y una lengua bífida algo inquietante e impertinente. También algunas tienen veneno, que esconden detrás de los dientes, para inocularlo cuando muerden a su víctima.

Encantadores de serpientes del siglo XIX, en Marruecos. Wikipedia.

Los encantadores de serpientes saben mucho de estas cosas: parece ser que les extraen el veneno para poder jugar con ellas. Qué trabajo más arquetípico es el de los que profesan este oficio, sin duda uno de los más antiguos del mundo: con su flauta, encantan nuestra libido profunda, representada por la serpiente, como actualmente se encargan de hacer la publicidad y los discursos políticos, que nos quieren bien sometidos a los hechizos del consumo y de la obediencia. Tenemos por suerte las serpientes siempre a mano, para recordarnos que tal vez la música nos puede amansar a veces, pero que los principios de vida son tan insondables y indómitos como lo son estas sierpes de sangre fría y movimientos rápidos. Sí, por mucho que se las quiera domesticar, mantienen la distancia y una indiferencia absoluta.

Las tenemos en el Parque Zoológico para podernos inspirar y aprender de sus sutiles y refinadas  emociones, aunque cuesta verlas en acción, como antes he dicho. Pero quizás todavía es más útil observarlas en su estado de quietud, inmersas en profundidades insondables de pensamiento. Y es que a pesar de tener un cerebro en la zona de la cabeza, se diría que su inteligencia y su sensibilidad se esparcen y se identifican con el cuerpo entero, lo que justifica la lentitud de sus movimientos.

Muchas culturas han asociado las serpientes a las artes de la adivinación, como los mismos griegos. Sabido es que Apolo tuvo que matar a la serpiente Pitón para apoderarse de su sabiduría y presidir así el Oráculo. De ahí la palabra Pitonisa, la encargada de emitir el oráculo. Por otra parte, la palabra Delfos proviene de Delfine, que era el nombre del dragón mitológico que guardaba el Oráculo antes de la llegada de Apolo. Más tarde se le puso el nombre de Pitón, lo que indica que eran de hecho la misma divinidad.

Podemos decir, por lo tanto, que la serpiente habla y ha hablado a lo largo de la Historia más de lo que nos podemos imaginar, aunque lo hace con palabras herméticas y casi siempre referidas al futuro, mediante un procedimiento de transmisión mental o telepatía, por regla general a través de una pitonisa o de un intermediario capaz de captar sus ideas. Esta especialización a adivinar el futuro convierte a estos animales en francamente útiles para nuestra época, tan inmersos como estamos en el riesgo y la indeterminación. Tener una serpiente en casa y aprender a captar sus predicciones nos puede ayudar mucho a la hora de saber si hay o no que salir con paraguas, si tenemos que viajar en avión, tren o por carretera, o si nos hemos de creer a tal o que vendedor de maravillas. Creo que el futuro reservará a estos animales un lugar destacado en la topología global de nuestra breve e indispensable convivencia con los animales. Cada uno tendrá a su serpiente en casa, bien enroscada en su rincón, paseará por el jardín y por la noche vendrá a hablar contigo cuando te sientes en el sillón para descansar o cuando te tumbes en la cama para ver en la oscuridad las imágenes del devenir. Entonces se acercará a tu oreja y palabra a palabra, irá desgranando las complejas imágenes del destino de cada uno, nunca claras pero sí concisas y bien vestidas de múltiples significaciones, de modo que cuando la desazón nos apriete, podamos adaptarlas a las necesidades de cada momento.

Como puede verse, una gran responsabilidad es la que les espera de estos animaluchos milenarios que arrastran una exuberante carga simbólica que en muchas culturas antiguas se asociaba a la muerte, por lo que muchos romanos, como explica Ovidio, creían que la espina dorsal de las personas se convertía en serpiente dentro del sepulcro.

Esta ambigüedad de animal asociado a la muerte pero también a la vida, a la adivinación y a un sinfín de capacidades mágicas y curativas, hace que veamos a la serpiente con una mezcla de maravilla y de circunspección. Se trata de un ser que hipnotiza y despierta el éxtasis a sus víctimas, antes de clavarle la dentellada. Se entiende que cuando contemplaba los diferentes ejemplares que viven en el Terrario del Zoo de Barcelona, los mirara con una cierta aprensión, consciente de que detrás de aquella inmovilidad aparente -la mayoría permanecían en la conocida posición de cuerda enroscada- escondían particularidades ocultas y misteriosas, pero que a la vez las viera  con la excitación de intuir sus poderosas aplicaciones simbólicas de futuro.

Pensé entonces que tantas simbologías asociadas a los inquilinos del Zoo otorgan a las sierpes unas características de seres que habitan en el mundo exterior, por supuesto, pero también en el mundo interior de nuestras imaginaciones inconscientes. Es decir, ver el espectáculo de los animales que nos rodean es también dar un vistazo a las profundidades abismales del psiquismo humano, que como es sabido se caracteriza por su capacidad de reflexión o de mirarse a sí mismo . De alguna manera, la entrada al Zoo abarata y ahorra a sus usuarios la necesidad de ir al psicoanalista, algo realmente positivo en mi opinión. Aquí sí que podríamos hablar de "inconsciente colectivo", el constituido por la fauna entera del planeta, nosotros incluidos, es decir, el constituido por el conjunto de otras formas posibles de crecer y ser. Dicho en otras palabras, los 'alocados sueños genéticos de nuestras células '...

viernes, julio 26, 2019

La Iguana


Iguana Verde. Wikipedia. Cy [CC BY 3.0]

Impresionado aún por las imágenes de los bisontes, con sus jorobas peludas y sus siluetas que nos transportan a épocas antiquísimas de la humanidad, tropiezo con un cartel que dice ‘Terrario’. Hum, pienso, aquí debe hacer más calor, y con ganas de protegerme un poco del frío (esta visita se hizo en invierno), entro en un recinto oscuro, húmedo y cálido. De repente, me siento transportado a una geografía tropical, tanto por el olor, que nos hace pensar en una atmósfera putrefacta de selva, como por la acústica, ya que unos altavoces escondidos emiten una banda sonora de pájaros y chillidos selváticos. También noto enseguida la picadura de algún mosquito...

Veo un pasillo y, a ambos lados, una serie de vitrinas donde algunos niños y papás se detienen para observar su interior. Me acerco a una de las ventanas y, asombrado, veo un animal que parece salido de un agujero del tiempo. ¿Pero qué es esto?, me pregunto. Miro arriba y leo: Iguana Negra, América Central. ¡Una iguana! Ya no me acordaba de estos animales que son unos de los más extraños y curiosos que hay en la Tierra. ¿De qué época proceden?... Pregunta que se explica por su estampa arcaica, digna de figurar en un diccionario de bestias inventadas por ilustradores neogóticos amantes de la ciencia ficción. Son reales, sin embargo, y coexisten con nosotros, arrastran con sus cuerpos millones de años de historia del Planeta. Realmente, ¡qué reliquia de nuestra escalera evolutiva es este tipo de lagarto con cresta que parece un dragón, de piel arrugada como si llevara un traje viejo que le viene grande, capaz de llegar a los dos metros de longitud y de vivir hasta los 40 años!

Busco en las enciclopedias y me entero de que en toda Latinoamérica, la Iguana es un animal codiciado por la buena calidad de la carne y por el exotismo de la piel: constituye un plato regional de los más sofisticados en algunos países, y su cacería, prohibida en muchos lugares, los ha puesto en peligro de extinción. Y no sólo peligran por la cacería: cada vez disponen de menos hábitats adecuados para vivir, debido a la urbanización y a la deforestación galopante de estos países. ¿Tan importante es la iguana?, preguntarán algunos escépticos. Yo creo que sí. Unos animales tan antiguos, salvajes y tranquilos, que pueden convivir con los humanos y con otros compañeros de Reino (gatos, perros, monos, gallos...), que muestran un talante abstraído, distante y pacífico, independientes y concentrados en su mundo, no hay duda de que constituyen un modelo de comportamiento de lo más interesante e inspirador.

De hecho, en muchos hogares de la clase media americana la Iguana se ha convertido en un animal de compañía o "pet" estándar. El problema es que la mayoría viven encerrados en pisos y rodeados de niños mal educados y otros "pets" de lo más impertinentes que les hacen la vida imposible. Parece ser que cuando empiezan a crecer -ya se ha dicho antes que las iguanas pueden llegar a medir hasta dos metros-, devienen seres engorrosos que ocupan demasiado lugar, de modo que sus deshumanizados "papis" acaban lanzándolos a las cloacas o abandonándolos en cualquier esquina -esto si antes no lo han despachado de un tiro y se la han zampado.

Creo que la iguana, como el asno, la tortuga o el mismo cabrón, es un inmejorable animal de compañía, pero para una época futura de la humanidad, no en las actuales condiciones de estupidización masiva de las poblaciones. Su función básica será suministrar a los compañeros de convivencia sofisticados modelos de embeleso, de concentración y de lentitud vital, sobre la base de una emotividad finísima propia de los animales de sangre fría. Se le puede considerar también como un clásico catalizador para la práctica meditativa que busca la conciencia del tiempo: la iguana, por su condición de fósil vivo de las primeras etapas de la evolución, es una imagen arquetípica del tiempo que pasa y no pasa, tiempo que deja su huella en los cuerpos de seres que nacen y mueren a lo largo de los siglos, cuya piel muestra los rastros de su surcar los milenios. Desde el punto de vista meditativo, la iguana nos habla también del vacío esencial lleno de todo: su legendaria inmovilidad se puede romper en cualquier momento por un gesto o un movimiento rápido y enérgico lleno de vitalidad. Su mirada, asimismo, que parece perdida en los espacios de la memoria genética del Tiempo, está cargada de una extraña potencialidad siempre a punto de explotar. En este sentido, responde a unos mecanismos que tienen que ver con los movimientos telúricos de la tierra, sísmicos y volcánicos, de los que nunca se sabe cuándo se pondrán en acción.

Trazas y arrugas convierten a la iguana en un exotismo filosófico que nos mira con los ojos húmedos de los saurios. Bajo su capa de piel arrugada y todoterreno, ¿qué pensarán? Poca cosa, seguramente, pero la profundidad de esta "poca cosa" debe ser abismal. Conseguir hablar con una iguana, se entiende que en su condición no libre sino de cautiverio, que es cuando los animales hablan, debe ser una de las experiencias más apasionantes del futuro que nos espera. Debido al vidrio grueso que nos separa de ellas, en el Terrario no pude establecer ninguna conversación digna de este nombre, más allá del buen día y del adiós muy buenas. Más que hablar, tal vez se trate de aprender a pensar como ellas...

Saurios... También nuestro querido lagarto pertenece al suborden de los saurios, a pesar de no tener los vistosos atributos de arcaísmo que tienen los iguánidos. Nuestra lagartija mediterránea no es lo suficientemente exótica como para merecer una residencia en los zoológicos. Y, sin embargo, contemplarlas mientras toman el sol por la mañana, medio dormidas aún, es una de las experiencias más placenteras y extrañas que tenemos los que nos gustan estas cosas. Las veo encima de una piedra cambiando repentinamente de posición, y se diría que son segmentos de la piedra que han tomado vida y se mueven empujados por el calor del día. La finísima cola les da además una tonalidad grácil y sutil, de refinada elegancia. Tienen los reptiles, por su proximidad con el suelo sobre el que se mueven, una apariencia exterior que parece hecha de piedra, arena y pigmentos minerales. Debe tratarse de un efecto de mimetismo con el entorno, que los pinta con los colores y la textura apropiada para sentirse cómodos. Es lógico que estos animaluchos, que deben ser de los primeros que emergieron de los mares y empezaron a arrastrarse por el suelo, se hayan reflejado profundamente en su hábitat, como más adelante hicieron algunos que empezaron a trepar por los árboles y por las hojas adquiriendo el color verde. Cocodrilos, tortugas, lagartos, camaleones, iguanas... Los saurios, silenciosos y ectotérmicos, son, por lo general, una familia de animales fríos y distantes, pero entrañable para los humanos -salvo los cocodrilos, que a más de alguna señorita y señorito se han tragado-. Quizás no tienen muy buena prensa, pero los entendidos en animalidad conocen de sobra los valores silenciosos y más bien ocultos, por no decir ocultistas, de estas bestias, ¡que además cazan mosquitos! Para nosotros, unos vecinos a los que se les puede dejar la puerta abierta.