miércoles, septiembre 25, 2019

El loro


Loro del Amazonas. Foto Wikipedia.

En algún punto de los textos publicados en Animalia, citamos ya al loro como uno de los animales más inteligentes que existen. Afirmación que despierta no pocas sonrisas en los escépticos, los que argumentan que de un cerebro tan pequeño poca reflexión podemos esperar. Y sin embargo, no soy yo quien lo afirma sino los científicos que lo han investigado y se han sorprendido de sus inmensas capacidades.

Fue noticia hace años el caso de Alex, un loro gris de cola roja criado en Estados Unidos capaz de pronunciar 150 palabras diferentes, reconocer los nombres de los colores, distinguir conceptos como grande y pequeño, entender numeraciones hasta el seis y, el mérito más importante, ¡no repetirlo todo como un loro! Alex, un juego de siglas en inglés (Experimento de Aprendizaje Aviar), nació en 1976 y fue adquirido por la psicóloga animal Irene Pepperberg, responsable de su enseñanza. Murió en 2007, a la edad de 31 años, joven porque los loros suelen vivir hasta 50 y aún más años. Al parecer, Alex ha revolucionado los conceptos que hasta ahora se tenían sobre este tema, planteando múltiples incógnitas sobre la inteligencia animal.



En Cataluña siempre se ha tenido en mucha estima al loro, como lo indica este poema popular de Sabater i Aribau que de pequeños recitábamos y que mi madre se sabía de memoria, que lleva por título "Un loro, un moro, un mono y un señor de Puerto Rico ", que comienza con estos versos famosos:
 

Un senyor de Puerto Rico
al balcó tenia un lloro
de rica ploma i bon pico:
un lloro dels que fan oro,
dels lloros que costen pico.

Y después de unas larguísimas y retorcidas trifulcas en las que se explora toda la combinatoria de las rimas terminadas en "oro" y en "ico", termina el poema:

Veu això l'amo del lloro.
Es tira damunt del mico.
Mata el mico, mata el moro,
i, mort moro, mico i lloro,
fa un farcell... i a Puerto Rico![1]

Respecto a mi propia experiencia, siempre he tenido una especial fascinación por los loros, aunque nunca los tuve en casa. Ya de niño me fascinaba la imagen del Captain Flint, el loro de la fantástica novela de Stevenson "La Isla del Tesoro", siempre en los hombros de Long John Silver, loro que había sobrevivido al pérfido pirata Flint y que cantaba la canción "
Fifteen men on a dead man's chest. Yo ho ho and a bottle of rum!...". Recuerdo que durante mi primera estancia en Bristol, no paré hasta encontrar un pub llamado "The Spy-glass" (en la novela, así se llama la taberna propiedad de Long John Silver) donde en efecto había un loro, muy callado aquel día. A pesar de tratarse de una pura escenografía para atraer clientes, me emocioné profundamente en aquel recinto de paredes destartaladas, donde un viejo loro pensaba en silencio las antiguas glorias piratescas de los barcos británicos que salían del puerto de Bristol ...

Se dice que el loro suele establecer una relación de pareja con su dueño, y eso yo lo he visto en la persona de mi hermano y Miki, un loro gris de cola roja que tuvo un tiempo. El vínculo creado entre aquel animal y mi hermano era increíble: por la mañana, siempre le decía: "Bon dia, estimat!". Era normal oírlo gritar: "Hola, estimat, vina, vina ..." mientras movía la cabeza para que la acariciara. Bailaba y cantaba La Cucaracha con perfecto ritmo y dicción, y cuando le preguntabas por el Barça, contestaba siempre en catalán: "una llufa!". Al sonar el teléfono, decía: "Sí, digui? ...!". Y cuando su dueño se iba de casa, se despedía con un: "Adéu, estimat, porta't bé, adéu, adéu...". El problema fue cuando quien era entonces su mujer, seguramente celosa del loro, llevó a casa un perro de estos pequeños que no pasan del palmo y medio, pero que suelen ser muy nerviosos, mimados y horriblemente chillones. Como era de esperar, el conflicto entre los dos animales de compañía no tardó en estallar. Está visto que una acumulación de "pets" no es buena cosa para la convivencia ... El loro, ante aquella intromisión, contraatacó ordenando a su contrincante: "Néstor, vine aquí, et dic, vine aqui! .. . " o " Néstor, passa al racó, au, passa al racó !! ". El conflicto se resolvió por capitulación del más sensible y evolucionado: el loro, traumatizado por la insultante presencia del perro y pese a plantarle cara con valentía y chillidos aterradores,empezó a arrancarse las plumas. Tuvieron que sacarlo de casa, y a pesar de estar muy bien cuidado en el nuevo hogar, murió a los dos años a causa de una insuficiencia renal. Yo diría  más bien por una insuficiencia amorosa.

También se suele decir que los loros sólo repiten lo que se les enseña, pero mi madre me contaba que de pequeña, en la escuela donde iba, un loro a quien le mostraba una pastilla de chocolate sin darle nunca ni un cachito, acababa siempre gritando: "Burrra, burrraaa!". Es decir, cuando se indignaba sabía perfectamente la palabra que debía utilizar, sin nunca equivocarse. Del mismo modo que nunca se le ocurría a Miki decir "buenas noches" por la mañana o, viceversa, "buenos días" por la noche.

En el Zoológico de Barcelona, los loros ocupan unas jaulas situadas casi ante los "grandes gatos" y la verdad es que se les ve un poco apretados en unos recintos que, dada la categoría de estos animales, deberían ser más grandes. La ventaja que tienen es que están todos juntos, papagayos, loros, cotorras y periquitos, lo que les debe dar una cierta sensación selvática además de distraerse con el ruido que hacen unos y otros. Desconozco si los más hábiles reciben lecciones de lenguaje, como sería de esperar. Si así fuera, se entiende que podrían constituir una de las atracciones más brillantes del Zoo, al ser la única especie capaz de comunicarse a través de palabras con el público. Seguramente tendremos que esperar todavía nuevas generaciones de loros y nuevas generaciones de científicos para que esto suceda. A los niños actuales les diría, por tanto, paciencia, fe y esperanza, ya que en un futuro próximo esto y mucho más les será otorgado.

Fijémonos ahora en los rasgos de estos pájaros exquisitos que son los loros a los que bien se les podría calificar de "aristocráticos", dadas las altas cualidades de su condición animal. Lo que más nos extraña es que unas animaluchos que no tienen ni brazos ni manos, y que además no pasan de los treinta o cuarenta centímetros de altura, sean capaces de hablar y mostrar signos de inteligencia. Son pájaros y pueden volar, eso sí. Provienen por tanto de los extinguidos dinosaurios, lo que en este caso no nos dice nada de especial, pero sí que dentro de su memoria genética deben quedar aún restos de la grandeza antigua de estas bestias extinguidas, que dominaron durante millones de años los hábitats de la Tierra. Lo que sí nos dicen los actuales pájaros es que los dinosaurios debieron ser unos seres bastantes chillones, tal vez incluso cantantes, con una variedad de tonos increíble, desde las profundas gargantas de los más agigantados que deberían sonar como órganos de iglesia, hasta la sutileza refinada de las especies más pequeñas y nerviosas. En todo caso, se puede decir que las aves han tenido millones de años para refinar sus sistemas vocalizadores de canto, y es evidente que los más destacados han sido los de la familia de los loros y de los periquitos, de pico curvado y cabeza redonda. Con cerebros faltos de córtex y sin lóbulo frontal, son capaces sin embargo de repetir, relacionar, entender, ordenar y responder según una lógica que los estudiosos comparan a la de un niño de cuatro años.

Verlos caminar es un espectáculo muy gracioso, al balancear sus cuerpos inmensos en relación a las patas, cortas y poco diestras. Pero como todos los pájaros, su especialidad es volar, pese a ser de corto alcance. Prefieren entretenerse en charlar y cantar todo el santo día más que desplazarse por las distancias. Atentos y chismosos, pescan lo que pasa por el entorno. Sin duda deben volver locas a las monas y a muchos otros animales arbóreos, al imitar sus sonidos con escalofriante exactitud. Una experiencia que aún no se ha hecho es poner un loro en un teatro de ópera: seguro que su capacidad de memorizar arias enteras y de cantarlas en los más altos agudos sorprendería a más de uno. A la larga, una vez se hayan establecido técnicas seguras de aprendizaje, no estaría nada mal incorporarlos a la sección animal de la orquesta, junto con los elefantes de trompa afinada, los burros rebuznadores o las corales cantoras de ruiseñores, canarios y periquitos. Los loros, con su increíble capacidad imitadora, podrían ocupar perfectamente dentro de la orquesta el papel de "covers", es decir, sustitutos de los instrumentistas en baja.

Mirar los ojos de un loro mientras charla y silba, te permite comprender un poco la sensibilidad exquisita de estas aves. A mí me parece que su facilidad de réplica, capaces de duplicar los sonidos naturales que escuchan, es la base de su inteligencia. Así como la conciencia humana nació a partir del fenómeno reflexivo, por el que los primeros homínidos se sabían "dobles" al verse reflejados en los demás seres vivos de la tierra, de la misma manera los loros adquieren una primitiva conciencia de dualidad al replicar los sonidos que escuchan. Saben que todo lo que oyen se puede doblar, y que ellos son capaces de hacerlo. Y la dualidad asociada a la percepción es un primer indicio de espacio mental y de conciencia. Se trata de un primer eslabón, es verdad, pero real y tangible.

Pero además de sus habilidades miméticas, tienen una enorme capacidad de empatía para captar nuestros pensamientos, sentimientos, estados de ánimo y energía, y muy a menudo nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos cuando reflejan lo que nos pasa por dentro . Es decir, ¡tienen también capacidad de reflexión psicoanalítica! Es lógico pues que los loros se vayan haciendo más listos a medida que se acentúe y se profundice su relación con los humanos, a base de repeticiones, preguntas, respuestas y horas de convivencia -y al revés, los humanos nos volvemos más humanos y auto-conscientes a medida que se acentúa la convivencia con el loro. Cuantas más "dualidades" establecen, mejor pueden relacionar lo concreto con lo abstracto, al adquirir el hábito de hacerlo cada día.

Esta conciencia se muestra también en su manifiesta capacidad de burla, al replicar los sonidos del perro, del gato o del mono con sarcástica intencionalidad. Es decir, además de un primer eslabón de conciencia, tienen sentido del humor, y eso aún los hace más inteligentes y cercanos a nosotros, los humanos. Claro que se trata de un sentido del humor particular, de loro si se quiere, pero humor en definitiva. Y eso no siempre se encuentra en los animales. Debemos recurrir a los primates, nuestros primos hermanos de la evolución, para encontrar primitivas muestras de humor parecido al nuestro.

Los loros del Zoológico nos miran desde un enigma profundo que yace encerrado en sus jaulas y que sólo se irá desvelando con la irrupción de nuevos loros habladores asociados a los humanos. Hoy por hoy, nuestros pisos no son los lugares más idóneos para acoger a estas aves tan refinadas como son los loros, pero el futuro que sin duda nos traerá viviendas más amplias y abiertas a la naturaleza, permitirá que cada habitante del planeta tenga siempre un loro a su lado: mientras la serpiente nos hablará de las profundidades insondables de nuestro inconsciente, el loro nos recitará al oído frases cautivadoras de una combinatoria juguetona y genial de las palabras. Cuando esto suceda, el mundo vivirá sin duda una explosión de conciencia amplificada, con profusión de radios y televisiones especialmente dirigidas a loros y periquitos, no para engatusarlos ni para aturdirlos sino, por el contrario, para despertar en ellos sus más osadas capacidades creadoras, aves que poco a poco irán desarrollando sus poderosas potencialidades de inteligencia.


[1]     Se encuentra en el libro “Versos humorístics catalans”, Biblioteca Popular, Primera Sèrie, Editorial Millà.

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