jueves, julio 29, 2010

El futuro de los toros en el Levante español

Luto en Catalunya.

Tal debería ser el título de esta entrada. Luto, sí, pero no para todos, claro, pues parece ser que una cierta mayoría en Cataluña es en efecto contraria a la Fiesta. Pero sí para quiénes consideramos que valía la pena mantener esta tradición, a pesar de los pesares. Al parecer, algunas minorías lo tienen peliagudo hoy en Catalunya. Pero toca resignarse, como tantas veces sucede en esta vida. Cabizbajo y con sensación de derrota, voy a la playa para ver a mis dos amigos futurólogos, ambos muy taurinos. Al ir en traje de baño, pues hace mucho calor en Barcelona, no puede decirse que vayan de luto, pero sí me sorprende que caminen por las olas sin hablar, contra lo que tienen por costumbre.

- ¿Pasando el duelo? –les pregunto nada más alcanzarlos.

- Pues sí, hoy ha sido un día aciago, de los que se recordarán, un miércoles negro. Nos hemos quedado sin palabras… -dice Bastides- …y sin toros.

- Cierto, hemos seguido la votación por radio y casi nos saca las ganas de ir a la playa. Pero qué se le va a hacer… -afirma Mercadal compungido.

- Pero bueno, tampoco habrá para tanto. Tarde o temprano tenía que suceder algo así, viviendo dónde vivimos y con los políticos que tenemos…

- Es verdad, pero fíjate que lo que parece un avance, a la larga será un retroceso. Aunque no por ello se siga avanzando en lo fundamental, claro, pues eso no hay quién lo pare… -dijo crípticamente Bastides.

- ¿A qué te refieres?

- Mira, Rumbau, este avanzar sin avanzar es muy típico de los catalanes y sus tácticas de promoción de lo local, con esa obsesión que tenemos por las banderas, los himnos y las grandes palabras. Y esta decisión de hoy será un paso más en nuestra bajada hacia una decadencia de la idea catalana, tal como está ahora planteada. Fíjate que si en las corridas hubiéramos cambiado hace años la bandera española por la catalana, estoy seguro que no habríamos llegado a este punto. Ya lo decíamos nosotros, catalanizar la Corrida era la solución, creando un nuevo marchandising a la catalana del folclore taurino de siempre. Y para ello, lo primero era hacer un cambio de banderas. Otro gallo cantaría, te lo puedo bien asegurar. Total, si las cuatro barras son la bandera española multiplicada por dos… Tenemos el rojo y el amarillo por un tubo, pues a aprovecharlo. Los toreros con espardenyes, de las de verdad, y una buena faja catalana en la cintura. Y para el desfile, barretina. Era la solución, los de Esquerra se habrían hecho todos taurinos, y los de Convergencia no se habrían atrevido a tocar nada. Incluso se podrían haber introducido algunos instrumentos de la cobla para la banda de música, como el flabiol y la tenora.

Recuerdo, en efecto, que mis amigos habían lanzado esta idea en las “Cartas a mis conciudadanos” escritas por Romà Bastides y publicadas en el 2008, y que nadie les hizo ningún caso.

- Pero Bastides, tu idea es demasiado radical. Cómo puedes pensar que irían a sustituir una bandera por la otra…

(fiesta de la sardana en la plaza de toros de Ceret)

- Aquí está el fallo, que nadie se atreve a nada hoy en día. Hay que ser valientes, Rumbau, apostar por lo nuevo y ser creativos. Mira el Ferran Adrià ése de los fogones, a base de hacer lo que le ha dado la gana y lo que se le ha ocurrido de más estrafalario, ha llegado adónde ha llegado: ¡a la cima mundial de las cocinas del mundo! ¿Acaso es menos disparatado hacer un helado de sardinas que poner las cuatro barras y una barretina en la plaza de toros? Y tenemos el ejemplo de Ceret, que lo hacen cada año, pues para ellos toros y senyera van a la una..

- De acuerdo, igual tienes razón, pero la cosa está bien sentenciada.

- Hum… Todavía queda un año de gracia y habrá que aprovecharlo –dice crípticamente Mercadal.- Nunca se sabe lo que puede deparar el mañana. Las mayorías cambian y las personas también…

- Ilusiones, Mercadal, no hay vuelta atrás al asunto…

- Seguramente tienes razón y habrá que acostumbrarse a esta idea. Pero el futuro nos reserva muchas sorpresas. Otro gallo cantará cuando el Levante valenciano se alce y acuda a nuestra ayuda hacia el 2050 más o menos. Ya sabes que nosotros hemos pronosticado que el futuro de toda la región está en Valencia y muy especialmente en la pequeña Comunidad Autónoma de Murcia. Allá se verán mutaciones sociales y políticas de un alcance inimaginable hoy, y Catalunya reaccionará sumándose a este renacimiento del Mediterráneo español. ¡No le quedará otro remedio! Pero para entonces, ya los presidentes de la Generalitat serán todos mujeres, la capitalidad habrá dejado la turística Barcelona para asentarse en la tríada Tarragona, Reus y Tortosa, y el nuevo catalán normativo será el de la Franja y el Delta, con la incorporación del artículo “lo” en el habla cotidiano. Por otra parte, los chinos hará años que habrán importado la Corrida y sus toreros serán los más famosos del mundo, no habrá país que no quiera construir nuevas plazas de toros, y los catalanes serán los primeros en exigir que la vieja Monumental vuelva a ser torera. Será el gremio de los arquitectos catalanes el más feroz defensor de los toros, pues se morirán de ganas de construir nuevos coliseos de formas bizarras, cosa que harán luego sin tapujos, al convertirse en los más reputados especialistas en este tema. Ya sabes: teatros de ópera y plazas de toros serán los dos nuevos pilares de la economía catalana. ¿Y tu crees que no van a derogar una vieja prohibición sacada en el momento más deprimente del autogobierno catalán? No, Rumbau, cuando ello suceda, los diputados votarán todos convencidos, con acento tortosino y más contentos que unas pascuas.

Me quedé callado, impresionado por el discurso del médico jubilado Mercadal, tras haberse entusiasmado con sus visiones de futuro que tanto le consolaban del presente.

- Éste es nuestro futuro, Rumbau, y si a los demás no les gusta peor para ellos, porque cuando llegue no tendrán más remedio que asumirlo, como nosotros hacemos ahora con la votación de hoy y la consiguiente prohibición…

- Así es –remacha muy convencido Bastides–, has hablado con mucha propiedad y rectitud. La hojarasca a veces nos oculta el meollo de los asuntos que son meridianos respecto al futuro, al menos para nosotros: decadencia a corto plazo de Cataluña, resurgimiento de los vecinos del sur y brote de nueva creatividad literaria en Aragón, que acogerá las universidades de retórica más importantes del siglo. Todo ello permitirá retomar las cuestiones territoriales desde el viejo marco de la Corona de Aragón, que por fin permitirá crear un poderoso contrapoder al centralismo madrileño, sin complejos y con una clara justificación histórica. Barcelona seguirá siendo una capital importante, desde luego, más simbólica que real, pues el poder se instalará en las pujantes Tarragona, Reus y Tortosa, ésta última convertida en la nueva capital financiera de Cataluña. Así se estará más cerca del dinamismo valenciano. Son líneas de evolución claras que Mercadal y yo hemos estudiado con mucho detalle. Pero claro, no deja de entristecernos que nos toque ahora ser testigos de una época previa a estos desenlaces brillantes, época gris y perdida, la actual, aunque necesaria, del mismo modo que las personas, al crecer, debemos pasar por las diferents etapas infantiles, por muy irracionales que sean.

- Pero a ver, un momento –les digo, aturdido ante la ebullición de sus visiones y contundentes afirmaciones–, yo creo que lo lógico es pensar que en eso de los toros ya no hay vuelta atrás, pues es absolutamente inverosímil creer que cuando más avanzada esté una sociedad en su progreso y bienestar, quiera de pronto reinstaurar una fiesta de sangre y muerte.

- El problema, Rumbau, es que tu piensas que hay y habrá un progreso, pero aquí cometes un error grave que solemos cometer mucho los catalanes, al pensar que somos algo así como un pueblo elegido que sólo puede acabar con mucho bienestar y riqueza, más el premio de la independencia y de una soberanía nacional plenamente confirmada. Todo eso llegará, sí, pero no como se lo imaginan los actuales catalanes. Porque si pudieras mirar por el agujerito de la cerradura que nos impide ver el futuro, verías que de progreso no hay nada de nada en un sentido moral y ético, sino más bien todo lo contrario: piensa que la sociedad de masas es ya imparable, y que la basurización de nuestros esquemas y formas de vida, con todos los “gadgeds” ofertados por el consumo y la publicidad, un hecho consumado. Lo que estamos viviendo ahora es una degradación del soñado bienestar y una reducción cada vez mayor de la llamada condición humana, cuyo mínimo común denominador se está quedando en mini sustancias de usar y tirar. Una sociedad así mantendrá unos principios morales cada vez más mínimos y estándares, lo que implica una decadencia generalizada en todos los aspectos civilizacionales. O sea que de progreso, nada. ¿Pero significa eso que vayamos a peor? En absoluto, es algo necesario por el que debemos transitar.

Me quedé en ascuas escuchando las oscuras palabras de Bastides. Mercadal, que también escuchaba con mucha atención, tomó la palabra para aclarar los que decía su amigo:

- Mira, Rumbau, las minorías y sus culturas de élite seguirán existiendo, qué duda cabe, pero como algo en peligro de extinción. En unos casos deberán ser protegidos como preciados bienes públicos, en otros serán implacablemente perseguidos por las extravagancias que van contra el sentir de la basura general. Los que todavía quieran conservar algo de dignidad soberana y de libertad personal, deberán vivir casi en la clandestinidad, ocultos para protegerse, ya sea de la persecución consumista, social o de la banalización mediática. Pero ojo, la democratización que representa esta bajada del nivel medio de la masa será de vital importancia para que de ella surjan cada vez más individuos con voluntad mutante, abiertos a la complejidad y al cruce interseccionista. Y es aquí dónde de pronto se producirán en determinados lugares saltos evolutivos que arrastrarán a sus vecinos y harán avanzar de verdad la civilización humana.

- ¡Sí señor, muy bien dicho! –exclamó cada vez más excitado Bastides– ¿Y sabes cuál el será el factor principal que precipitará los cambios? Los pluralismos identitarios, es decir, aquellas poblaciones que lleven más tiempo en estado de dualidad y pluralidad existencial. Las provincias repletas de immigrantes como serán Murcia y algunas comarcas valencianas, obligadas a ser muchas cosas a la vez, mutarán cuando sus pluralidades sean asumidas y alcancen un estado de plena conciencia. Ya conoces nuestras predicciones al respecto, con el resurgimiento de una nueva cultura morisca que reincorporará la vieja tradición agrícola de los árabes en las huertas y los vergeles valencianos y murcianos. Será entonces cuando Cataluña, que siempre ha vivido de espaldas a su vieja dualidad catalano-española, empujada por los vecinos del sur, se mirará de cara por dentro y dará el salto evolutivo hacia una sociedad rica, compleja y profundamente creativa. Piensa que los catalanes entonces seremos mucho más complejos, una vez distintas generaciones de immigrantes se hayan integrado en el país. Para ellos, resucitar los toros será una cuestión de creatividad cultural, un regreso a ritos antiguos enraizados en vivencias profundas, una necesidad ante la cada vez más alienante banalidad consumista de la masificación cultural, algo revolucionario y progresista, en suma. Si hay mataderos dónde exterminamos a las reses sin tapujos, se dirán, ¿por qué no sacrificarlas con honor, respetando su dignidad y bajo la liturgia del rito? Aunque las verdaderas razones serán económicas y estéticas: arquitectos, diseñadores y empresarios del espectáculo aprovecharán estas necesidades y se convertirán en los adalides de la nueva Fiesta. Ya los chinos habrán incorporado el elemento acrobático en el toreo y lo más sorprendente de esta época del futuro de los toros es que los José Tomás nacerán por doquier, lo que levantará el arte de la tauromaquia a límites jamás alcanzados ni soñados por los actuales aficionados. Otra de las razones, desde luego, será la decadencia del fútbol prevista hacia la cuarta o quinta década del siglo, que hará sentir la necesidad de nuevos motivos de movilización social. Un factor, éste, que será muy tenido en cuenta por los políticos, y muy especialmente por las sucesivas presidentas de la Generalitat, todas ellas convertidas en linces estratégicos y forofas taurinas.

Bastides, que había dicho las últimas palabras con la mirada fija en el horizonte, como si allí se desplegaran las imágenes que iba narrando, se hallaba en estado de trance, algo que a veces le sucedía al tener visiones claras del futuro. Me detuve admirado e impresionado por sus palabras. Aquellos dos ancianos jamás podrían ver lo que pronosticaban, pues por mucho que duraran, no pasarían de las dos décadas, pero ello no era óbice para que insistieran en el empeño. En realidad, con su ilusión vivían ya ese futuro que veían, con lo que todavía lo convertían en más real y verosímil. ¡Qué sabiduría, pensé, vivir dos épocas en una: la que te ha tocado en suerte, y la que te gustaría que fuera! Seguimos caminando, como rumiantes callados y felices masticando las duples imágenes de presente y futuro que los dos futurólogos de la Barceloneta me habían ofrecido con tanta humildad y entusiasmo.

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