domingo, septiembre 26, 2010

Debate electoral o Montilla al cuadrado

Escudo de armas de la Corona de Aragón

Se acercan las elecciones, un período que siempre he encontrado apasionante, aunque haya que mirarlo a miles de kilométros de distancia. Por unas semanas, se abre un interrogante sobre quiénes serán los encargados de conducir el país. Durante esos días, los políticos hablan como si de verdad les importara lo que dicen. Luego, la realidad y las inercias pondrán las cosas en su sitio. Es decir, harán muchas veces justo lo contrario de lo que dicen –lo que a veces es un alivio. Quejarse de ello es lícito pero tampoco tanto, si se tiene en cuenta que las ideas políticas deben pasar por el filtro de la realidad. El tiempo se encarga de hacerlo y los políticos lo saben muy bien. Que se lo pregunten, sino, a Zapatero…

Con ganas de comentar la actualidad, me reúno con mis amigos de la playa, los futurólogos Bastides y Mercadal, también excitados por la cercanía de las elecciones.

- ¿Ya sabéis a quién vais a votar?

- Esta pregunta tiene mala intención, Rumbau. En mi caso –dice Bastides–, prefiero usar el derecho a callarme. De todas formas, ya sabes la tendencia que hay aquí de votar siempre a los mismos. Al menos en las personas de una cierta edad. ¡Somos un país conservador, qué caramba! Un conservadurismo que en mi caso justifico con la palabra “pragmatismo”. Es decir, mi voto no es por convicción sino por pragmatismo.

Mercadal, que suelta una carcajada ante la complicada respuesta de su amigo, dice:

- Lo que pasa es que Bastides tiene una sobrina muy de Convergencia que le da de comer cada domingo, y por eso lo lleva todo tan en secreto… Al final acabará votando a los socialistas y a Montilla, como hace desde que empezó la democracia.

- Y tú, ¿cómo lo ves? –le pregunto a Mercadal.

- Complicado. Todo el mundo dice que Convergencia i Unió va a arrasar, y seguramente será así. Pero tampoco lo veo tan claro. De las encuestas no puedes fiarte, pues están hechas a medida, fíjate como cambian según quién las encarga. No me creo ni una. Otra cosa es el pulso que se palpa en el ambiente, de cansancio. Normal, ¡con lo del Estatut han agotado al país! Y se han quedado sin discurso. Cuando la realidad lamina tan drásticamente las intenciones ideales, se crea un vacío, un cierto desasosiego. Es como decir que la realidad ha puesto las cosas “demasiado” en su sitio. Todo es muy paradójico. Fíjate que desde Madrid encuentran más peligroso el avance paulatino y moderado hacia mayores cotas de autogobierno de los Montilla y Mas, que las salidas de tono de los que piden el oro y el moro de la independencia. Prefieren a estos últimos, por dos motivos: porqué los ven como a unos utópicos sin sentido de la realidad, y porqué así permiten radicalizar el centralismo, que es lo que en el fondo quieren. Ésta es la política oficial de los partidos estatales. El más peligroso para ellos es el cordobés Montilla.

- Pero no me negaréis que éste se ha quemado bastante en estos años de Tripartit.

- Desde luego, pero sigue siendo el demonio al que combatir. Demasiadas contradicciones se juntan en su figura. Sin entender que ésta es precisamente la riqueza de la que puede presumir. Lástima que sea un “dimoni petit”. El problema es que los mismos socialistas catalanes no se lo creen y se resisten a asumir con confianza e incluso diría, con entusiasmo, su naturaleza profundamente contradictoria. Maragall sí lo sabía hacer, pero no pudo o no supo sacarle partido. Un problema es el cargo: ser President de la Generalitat. Es algo más que un vestido, te impone casi un discurso, una manera de ser, marcado por el catalanismo romántico, y tienes que adaptarte a estas formas. Le pasó a Maragall y a Montilla, ambos se sintieron de pronto obligados a ser “muy Presidents”, demasiado diría. El cargo encorseta al político que se convierte en pura figura. Lo cual no deja de ser curioso en un cargo como el de President de la Generalitat, que cuenta con una tradición más bien escasa. ¿Cómo luchar contra esto? Difícil, se necesitan muchas dosis de imaginación y un carácter capaz de asumir y de proclamar a los cuatro vientos las virtudes contradictorias.

- Tienes razón en eso, Mercadal –añade Bastides, muy excitado al oir las palabras de su amigo–, y casi diría que lo único que puede salvar hoy la política es la imaginación. Saber dar la vuelta a las cosas, sorprender a los demás y a uno mismo. Y eso sin perder el sentido de la realidad. Montilla dispone de un buen potencial contradictorio, pero le falta ímpetu creativo para sacarle frutos. Por eso se lo han medio comido los dos otros socios del Tripartit. En este sentido, el candidato Mas está mostrando últimamente una complejidad creciente, ante la necesidad de acercarse a la realidad del país que pretende gobernar. Pero sus fieles le exigen convicciones puras, proclamaciones nítidas y claras respecto a Madrid, al “Som una Nació”, al Estatut, a Cataluña… Lo malo de Convergencia es que tiene vocación de “centro contradictorio” pero debe esconderlo pues sus fieles votantes le exigen purismo nacionalista. Pujol jugó muy bien este doble juego encubierto, que a la larga no hizo más que fomentar los purismos de uno y otro lado como se ha visto. Lo ideal sería un Montilla al cuadrado o al cubo, es decir, multiplicado por si mismo una o dos veces, no en el sentido de perpetuarse sino de crecerse en exaltación. Y no sé, la verdad, si una persona de su generación puede enfrentarse a este reto…

- ¡Montilla al cubo! Ésa sí que es buena, Bastides –les digo soltando una risotada que me ha sido imposible refrenar.

- Ríete, ríete, pero no tardaremos mucho en utilizar expresiones de este tipo para referirnos a la vida normal de las personas. Y si no, mira lo que les pasa a los jubilados: dejan de trabajar y se enfrentan a trenta o cuarenta años de vida por delante, todavía jóvenes y sin tener ni idea de qué puñetas hacer. Sólo les cabe una posibilidad: elevarse al cuadrado o al cubo, es decir, mutiplicarse por ellos mismos, para reiniciar una nueva vida. No veo porque a un político no se le puede pedir lo mismo.

- Así es, Bastides, tienes toda la razón del mundo. Ojalá Montilla fuera capaz de elevarse como mínimo al cuadrado, arrasaría sin duda, pero lo veo muy sujeto al suelo, y las contradicciones, en vez de elevarlo, le aturden y le desdibujan. Por ejemplo, durante el debate sobre los toros, debería haber ido a la plaza, hacerse notar, saludar a los toreros y dar cariños a la afición. No hubiera sido ninguna impostación, pues a él le gustan los toros. También podría de vez en cuando expresarse en castellano en el Parlament o en alguna declaración oficial, al fin y al cabo es su lengua materna y la de la mitad de los catalanes. Es una pena que por una vez que tenemos a un político catalán con un buen acento en castellano, estemos condenados a no oirle. Estos gestos le habrían dado fuerza y hubieran afirmado la dualidad cordobesa-catalana del President de la Generalitat. Algo insólito que hubiera disparado su popularidad.

- Tiempo al tiempo. Estamos pidiendo imposibles. Todavía es demasiado pronto para que estas mutaciones de las personas sean vistas como normales y positivas.

- No quiero ser aguafiestas, pero la tendencia actual parece que va más hacia los purismos que hacia las complejidades contradictorias de las que habláis –les digo.

- Es verdad, y no hay que negar la evidencia. En épocas de cambio y de crisis, las personas se agarran al madero que a simple vista parece más gordo y seguro. Y por eso nos esperan años tristes y violentos. Pero la realidad siempre acaba imponiéndose. Y hoy, la realidad es tozudamente contradictoria y compleja. Deja que pasen los años y que la gente se entusiasme con sus verdades únicas. Ya verás como a la larga, si antes no lo han mandado todo a paseo, se empieza a ver un cambio. Seguramente habrá que esperar una o dos generaciones, siendo optimistas, para encontrar casos claros de multiplicaciones de tipo que antes hablábamos. De momento, contentémonos en ver como el día a día nos ilustra sobre estos temas, sin olvidarnos de que los cambios, hoy, surgen a una velocidad de vértigo y sin avisar. Para bien y para mal, claro… Ojo avizor, Rumbau, ojo avizor…

Les dejo con estas palabras y me voy corriendo a apuntar sus últimas ideas, que me parecen de lo más ocurrentes.

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