sábado, enero 04, 2020

Gatos


Diferentes gatos. Wikipedia, ver aquí.

Quizás debería haber puesto félidos o felinos como palabra más genérica y correcta para encabezar este capítulo, pero tengo que confesar que me gusta mucho la forma que tiene la lengua inglesa de denominar a esta familia de animales, que suele reunir bajo la denominación de Cats (Big Cats para los felinos grandes y Cat a secas para el gato). Sorprendente, ya que dentro caben tanto los leones como los tigres, pasando por los leopardos, los jaguares, las panteras, los linces, para acabar con el gato a secas.

Pero si los observamos bien, enseguida nos damos cuenta de que los felinos comparten, sean de la especie que sean, unas características de movimiento y de relación con el entorno muy parecidas y gatunas. Se puede comprobar mirando a sus cachorros, los cuales juegan todos de la misma manera. Por eso nos gustan tanto los leones y los tigres cuando son bebés, ya que los puedes coger y tratar como si fueran gatitos. Lástima que luego crezcan, deben pensar los amantes de los pets. Hay que decir que más de alguno los han tenido en casa, me refiero a los llamados "big cats", en parques y jardines especiales, aunque también a menudo se han visto casos de dueños comidos por sus pets...

En nuestra zona, tenemos el caso del fundador del Museo Darder de Banyoles, ciudad cercana a Girona, el veterinario y taxidermista barcelonés Francesc Darder y Llimona (1851-1918), quien fue también el primer director del Museo Zoológico de Barcelona. Se dice que la leona que hay disecada en su Museo de Banyoles y que nos recibe al entrar en la sala de las bestias disecadas, pertenecía en vida al señor Darder, que la tenía libre por el jardín, hasta que un día lo arañó con alevosía y mala saña. El ilustre zoólogo, después de matar y disecar a la bestia, murió como consecuencia de la herida. Y mientras del señor Darder apenas recordamos su aspecto físico, de la leona se ha conservado tanto el cuerpo como su expresión agreste y de poco fiar.
El señor Darder y dos ayudantes manipulan un Leopardo en el Museo Zoológico de Barcelona.
Archivo de imágenes del Museo Darder de Banyoles.
¿Significa esto que debemos condenar a este subgénero de los mamíferos? En absoluto. Pero sí nos indica que nos encontramos ante bestias salvajes de verdad, que necesitan sus propios espacios sin necesidad de relacionarse con los humanos. Un caso especial lo constituye el gato propiamente dicho, que tan bien se encuentra en los hogares humanos, especialmente si cuentan con una buena calefacción. Aun así, sus dueños coinciden en describir al gato como un animal independiente y muy suyo, difícil a veces de entender. Es curioso, porque pese a ser unas bestias que se dejan acariciar y que parecen muy dulces, en realidad no tienen nada que ver con la relación perro-persona, siempre tan amical, ruidosa y promiscua. Los gatos, por lo contrario, son unos mamíferos situados en las antípodas de los humanos: enigmáticos, silenciosos, precisos, impecables... ¡felinos!

Son muy diferentes a nosotros y eso los hace aún más interesantes y dignos de estima y observación. Hay una majestuosidad profunda en el caminar conciso y elástico de los félidos que se encuentra en toda la gama de esta familia de mamíferos fisípedos (animales de dedos separados con uñas), de cabeza redondeada y hocico corto, uñas retráctiles, arcos cigomáticos enormes y de hábitos generalmente nocturnos. Quizás lo que los hace más misteriosos es su capacidad de visión nocturna: sus ojos suelen brillar de noche, y bien conocida es la escena del cazador nocturno que se encuentra de repente clavado por la luz de dos ojos impecables que lo acechan en la oscuridad...

Poca experiencia directa tengo yo de los gatos -y menos aún de los grandes-. Una vez tuvimos uno en casa cuando era pequeño, muy bonito pero que se subía por las cortinas. Mi madre lo despidió al cabo de un par de días y dos cortinas desgarradas. Mi padre, por su lado, sólo tenía una debilidad: los canarios, que cantaban alegremente cuando él visitaba en casa, en su despacho de médico de cabecera. Creo que de soltero tuvo un perro lobo muy imponente, que la vida de casado con hijos hizo inviable.

Pero los que han tenido gatos, están francamente satisfechos de ellos. Como es el caso de un amigo mío que tenía a Ramón, un gato mezcla de europeo y siamés que suelen estar castrados, y que son mansos y buenos compañeros de piso. Cuando murió, mi amigo cayó en una profunda melancolía que le impidió volver a repetir con ningún pet félido. Ahora sólo colecciona arañas, de las que ya no se pueden mover, con una aguja bien clavada en el pecho.

En el Zoológico hay una buena representación de "gatos grandes". Del león ya hemos hablado en otro capítulo. Curioso que el cetro del Reino Animal haya recaído en un felino. Eso dice mucho de esta familia. Quizás el tigre ganaría a los leones en cuanto a estampa y calidad de la piel, pero le falta la corona, que el león tiene en abundancia en la cabellera. También el color beige claro de éste, entre marrón y amarillo rojizo, da más tranquilidad a sus súbditos que las inquietantes rayas negras y los colores llamativos del tigre. En el Zoo, sin embargo, ocupan unas instalaciones similares y vecinas. Viven al aire libre, y los separa del público humano un foso que muchas veces me he preguntado si no serían capaces de saltar... Seguramente no están en buenas condiciones físicas para hacerlo y necesitarían más velocidad que allí no pueden coger. Como los leones, los tigres suelen pasar la mayor parte del día durmiendo apoyados contra algún trozo de pared que el sol previamente ha calentado. Se entiende que, al ser animales nocturnos, les guste apalancarse durante el día tomando el sol. Por la noche, sin embargo, si paseas por las calles contiguas al Zoo, a veces oyes sus rugidos...

Otra cuestión son los "gatos medianos", el grupo de los jaguares, leopardos, guepardos, panteras de todos los colores, linces y otros gatos salvajes. Son más pequeños y ágiles que tigres y leones, seguramente más salvajes y también más rápidos y capaces de trepar por las paredes, por lo que se les encierra en jaulas de techo alto. Disponen además de una cierta vegetación frondosa que les permite esconderse. Por regla general, se les ve siempre inquietos, dando vueltas con la boca abierta y una mirada poco tranquilizadora. A veces los he visto rugir roncamente con una visible sensación de angustia, fruto del estrés de vivir en espacios reducidos, me imagino. Muchos de estos animales están en grave peligro de extinción y necesitan programas de reproducción asistida, así como la asistencia de los científicos implicados y de los parques zoológicos que colaboran, pero verlos allí encerrados en celdas produce al observador profundas sensaciones de angustia. Al ser nosotros los animales de más empatía del Reino, se entiende que sintamos esta angustia que, en las fieras enjauladas, debe ser algo inaguantable.

Y es que los félidos son depredadores nocturnos de una eficacia tremenda. Silenciosos, ágiles y escurridizos, son los cazadores perfectos. Impecables, actúan sin contemplación alguna. Claro que los humanos los hemos superado y hoy en día casi eliminado de la faz de la tierra, pero durante miles de años ir a la caza del tigre o del leopardo ha sido una de las proezas iniciáticas más valoradas por sus peligros. La astucia humana puede con todos los otros animales y por eso nos hemos impuesto sobre las demás criaturas vivas de la tierra -salvo las ratas y las hormigas, que nos siguen ganando en número y resistencia-. Pero es sin duda de la observación de los félidos allí donde más hemos aprendido a cazar y ganar guerras. El ataque por sorpresa, con nocturnidad y alevosía, lo hemos aprendido de los felinos, unos maestros. Aunque nosotros hemos ido más allá, y nos hemos doctorado en ello.

Es tal vez por todas estas razones que nuestra especie mantiene una actitud distante pero también de respeto hacia los félidos, los cuales, a pesar de su galopante desaparición actual, siguen representando buena parte de nuestra naturaleza instintiva. Y mientras las serpientes se ocupan de los aspectos más profundos y reptilianos de nuestra naturaleza animal, los "gatos" lo hacen respecto a nuestras capacidades cinéticas relacionadas con el hambre y la compulsión para satisfacerla.

Toca ahora hablar de los aspectos ocultos, incluso podríamos llamarlos esotéricos, de los gatos. De entrada, hay esta creencia recurrente de otorgarle más vidas de lo normal, siete en concreto. Se dice de aquel que sobrevive a los peligros, que "tiene siete vidas como los gatos"
[1]. ¿Cómo lo hacen para tener siete vidas?... Ya sabemos todos por experiencia que sólo tienen una, de vida, como todos los animales, pero la tradición ha querido destacar a esta especie por alguna razón que en realidad es una suma de razones que provienen de épocas y culturas arcaicas.

Conviene aquí reseñar algo que me parece importante: el hecho de que el gato encarna casi todas las capacidades de los grandes felinos: sigilo, ferocidad, máximas aptitudes para la caza y manifiesta elegancia. Tener un gato en casa es como tener un tigre en miniatura, sólo entretenido con las ratas y otros bichos de tamaño pequeño. ¿No es algo increíble y milagroso, un misterio que la naturaleza nos regala? Siempre recordaré el caso de un conocido que tenía una casa inmensa en el campo llena de ratas y otros bichos indeseables, cuando un día acogió un gato que pasaba por allí y le ofreció un plato de comida. El gato decidió quedarse: a cambio de su plato diario, cazaba todos los ratones y serpientes que encontraba en la casa, la cual quedó limpia como una patena. Lo más increíble era cómo dejaba cada día sus presas muertas en una hilera delante de la puerta del dueño. Sin duda cumplía con las cláusulas del contrato elíptico que había firmado con quien le daba de comer. Pero vayamos a la Historia.


Momia de gato. Wikipedia, ver aquí.
En el Egipto antiguo, los gatos eran animales mágicos y sagrados, que la diosa Bastet representaba, de cuerpo de mujer y cabeza de gato. Solían tener los egipcios gatos domésticos, y asociaban el ideal de la belleza a los rasgos gatunos de Bastet, por lo que las mujeres se pintaban los ojos con forma almendrada. Bastet, que tuvo una ciudad dedicada a ella en el Delta del Nilo llamada Busbastis, era diosa de la guerra, de la fertilidad, de la alegría, de la maternidad y de otras virtudes femeninas. También era guardiana del hogar y defensora de los hijos. Su simbología, de una profunda ambigüedad, se refería por un lado a la energía del sol, cálida y vivificante, y por otro, conectaba con el culto a la luna, como es propio de unos animales que aman la noche y sus misterios. Los romanos mimaban igualmente a estos animales, influencia segura de Egipto, al incorporar el culto a Bastet a su repertorio divino.

Se entiende que la difamación de la feminidad propia de la Edad Media se proyectara sobre los gatos, considerados por regla general (y aún más el gato negro) diabólicos y sujetos de brujería, por lo que eran cazados, metidos en sacos y quemados en la hoguera. Sin duda los gritos que deberían pegar aquellas pobres bestias serían la prueba esgrimida de su posesión diabólica -a modo de diabólicas "cornamusas" o gaitas, instrumento que en catalán se llama ‘sac de gemecs’, literalmente ‘saco de gemidos’-. En este sentido, se puede decir que los gatos tienen mucha razón de ser desconfiados y marcar distancias respecto a nuestra especie: no sé si estudian Historia, pero seguro les debe quedar algún recuerdo de las campañas de exterminio a las que fueron sometidos.

 

Regresando a los aspectos ocultos, es ya un tópico hablar de su sensibilidad refinadísima, que les permite anticipar terremotos así como intuir desgracias. Durante la redacción de este libro he leído en los periódicos el caso de Óscar, un gatito que prevé la muerte de las personas. Según explica el doctor David Dosa, "la simple presencia de Óscar junto a la cama de un paciente es vista por los médicos y el personal del geriátrico como un indicador casi absoluto de su muerte inminente"[2]. El proceso suele ser el siguiente: entra el gato a una determinada habitación y salta a la cama del paciente. Huele el aire, se lo piensa unos instantes, da dos vueltas sobre sí mismo y se enrosca junto a la persona. Inmediatamente entran las enfermeras que avisan a médicos y familiares. Poco después, el paciente muere.

Las explicaciones (tal vez pueden oler determinados feromonas, avanza el doctor Dosa...) son aún conjeturas, pero ilustran estas capacidades insólitas de los gatos que les permite detectar lo que para nosotros está oculto. Unas puertas llenas de misterios y de posibilidades enormes, que estos animales nos invitan a abrir en su compañía, siempre y cuando seamos respetuosos con su dignidad salvaje ...


[1] Hay que decir como noticia de última hora, que un estudio hecho por la Universidad de Wisconsin, en los Estados Unidos, ha descubierto una sorprendente capacidad de los gatos de autoreparar la mielina que envuelve las fibras nerviosas y que garantiza su correcto funcionamiento. Estudio publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

[2] La noticia apareció publicada en el pretigioso The New England Journal of Medicine por el doctor David Dosa, médico del Steere House Nursing & Rehabilitation Center de Providence, Rhode Island.

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