lunes, enero 15, 2007

Opiniones de futuro.


Querido bloguero,
Hoy (ayer a día de hoy) he ido a la playa bastante temprano, aprovechando que es domingo, para charlar con mis amigos, los señores Romà Bastides y Roger Mercadal. Quién haya seguido las páginas de este retablo, ya sabrá que estos dos ancianos se dedican a describir el futuro: usando la astrología el segundo, y desde la visión directa e intuitiva el primero. Pues bien, quería tratar un poco con ellos sobre la realidad del mundo y del país, y escuchar sus opiniones, para mi siempre tan agudas y ponderadas.

Los he pillado cuando se encontraban ante el monumento al Quart de Casa, la estructura metálica que se levanta en la playa de la Barceloneta. Suelen pasear por la arena mojada con los pies descalzos, y como el día no acompañaba demasiado, se habían vestido con pantalón corto y un jersey cada uno.

Les expuse la situación del gobierno y el fin de la tregua de ETA. Tras comentar los detalles de las dos manifestaciones del sábado, dijo Bastides muy serio:

- Es lógico que el país se indigne por el atentado de Barajas. Aparte de las víctimas mortales, esos pobres ecuatorianos que ni sabían quién era ETA, ver todos aquellos coches chamuscados y la flamante nueva terminal destruída me ha dado una impresión nefasta. ¡Lo que nos va a costar a todos los españoles reconstruir aquéllo, y no digo nada de los que han perdido su coche! Lo digo porque conozco de sobra el apego que hoy tiene el pueblo español hacia los coches.

- ¿Y qué os ha parecido la reacción de Zapatero? –pregunté.

- Mira, Rumbau –dijo entonces el doctor Mercadal-, si me preguntas por su futuro, no creo en absoluto que éste sea su fin. Hace días que nos preguntamos sobre la evolución del país, y dudo que nuestras predicciones sobre la galopante descentralización en la que estamos metidos estén equivocadas. Hay aquí mucho en juego, y los del PP se están decantando peligrosamente hacia posturas para ellos mismos insostenibles. Su insistencia y sus prisas en recuperar el poder tiene algo de patológico y de desenfrenado que casi seguro irá en su contra. Pero bueno, aun suponiendo que ganaran las próximas elecciones, que no creo, tampoco me preocuparía demasiado por ello. ¿Acaso no pactarán con CiU y darán el siguiente empujón al desarrollo descentralizador de las autonomías? No te quepa la menor duda. El proceso desmembrador es imparable. Y fíjate en lo que te digo: ¡su tirón será aún superior al que harían los mismos socialistas! A la derecha le importa más la cartera que la patria, y su jacobismo siempre ha sido de baja intensidad. Lo disfrazarán con palabras dobles pero no tendrán más remedio que claudicar ante la realidad. Otro tema es Europa...

- Sostengo lo que dices, Mercadal –apuntó muy convencido Bastides, mientras nos deteníamos para ver a un grupo de chicas jóvenes que llegaban corriendo a la playa.- Lo único que me preocupa, a título personal y a muy corto plazo, es Europa. Aquí es dónde Zapatero tendría que ponerse a trabajar duro, dejando en barbecho el tema vasco. Vamos a ver qué pasa en Francia, si Sarkozy pincha y sale Ségolème, como espero. Entonces, tal vez sea posible resolver el tema constitucional y consensuar una política sensata hacia Irán. Ya lo he dicho mil veces: es en este país dónde se juega el futuro de Oriente Próximo y de Europa. Atacarlo como pretenden Israel y los iluminados de Bush, sería retrasar unos años la emergencia de este importante país y su integración en la zona –y pienso sobretodo en Europa, claro. Un atraso que iría muy bien a las multinacionales de las armas y del petróleo, y de paso a los duros del régimen iraní. Pero muy mal para todos los demás. Estamos en guerra, y lo seguiremos estando bastantes años por obra y gracia de nuestros desarrollos irracionales. Pero si no empezamos a reconducir este estado de guerra, a poner racionalidad en el asunto y a cortar las alas a los incendiarios, lo único que puedo decir es que los cambios tardarán unos diez o doce años más en suceder, que habrá muchos más muertos y la inseguridad crecerá en todo el mundo, pero no nos llevemos a engaño, tarde o temprano los cambios sucederán.

- ¿Pero a qué cambios te refieres, Mercadal? –le pregunté, sorprendido por el tono enigmático de sus palabras.

- Los que veremos de aquí a poco ocurrir en el mundo. Bueno, es evidente que una nueva generación de políticos que no tenga el cinismo por norma de conducta, tiene que llegar, tarde o temprano. Lo impondrá la misma agenda de los problemas a tratar: cambio climático, crisis del turismo, flujos migratorios, guerra en Oriente Próximo, terrorismo creciente. Mucha gente dirá que esto es imposible, porque la política necesita del cinismo. Y no digo que no. Pero lo que habrá es un cambio en la naturaleza del cinismo: de ser la actual actitud de mentir y disimular para ir tirando, se pasará a un cinismo más práctrico y funcional: habrá doble visión y doble lenguaje, pero para encararse con los problemas reales, y eso será un cambio importantísimo. Pues para que haya visión correcta se necesita ir del uno al dos, paso previo e indispensable para llegar al tres. Eso, sólo Europa puede hacerlo. La multiplicación de sujetos políticos embutidos en una misma estructura obliga a los puntos de vista dobles, cuando no triples y cuadruples. Y cuando ello suceda y se haga con conocimiento de causa, la fuerza de las decisiones tomadas será otra y la capacidad de intervención de Europa aumentará también.

- ¿Pero no es indispensable que antes exista una Unión Europea más consolidada? –dije, abrumado por la ingenuidad de sus palabras.

- Hum... Si quieres que te diga la verdad, no creo que eso suceda, al menos a corto plazo. Habrá acuerdo consitucional, necesario para encajar a las nuevas incorporaciones, pero el poder ejecutivo seguirá siendo ínfimo. Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué importa eso? Nada. Lo que vamos a ver son grupos de países pactar políticas exteriores consensuadas y eso, aunque no arrastre a todos los demás, tendrá su peso y seguramente aún más capacidad de acción. Pienso en Francia, Alemania, Italia y España, seguidos de algunos otros más pequeños, como Portugal, Bélgica o Irlanda. Pero no nos engañemos, los verdaderos instigadores del cambio será la misma gente. La globalización no es ningún juego y está levantando unos acuerdos espontáneos entre ciudadanos de países distintos y alejados entre si muy interesantes. Incluso los del Este acabarán entrando en el redil. Tiempo al tiempo, Rumbau, y verás como las cosas suceden de este modo.

- ¿Y cuánto tiempo le dais a la emergencia de estos cambios? –pregunté sorprendido del optimismo de aquel señor de más de setenta años de edad.

- Unos diez o quince años, aunque también podrían ser veinte. No importa. Coincidirá con la novedad del llamado Consenso Contradictorio, que se impondrá primero en España y acabará infectando el mundo entero, con sus brotes neoautonómicos de corte autodeterminista y con la irrupción de los polimonarquismos. Ya sabes que este virus será la gran aportación de España al mundo de los dos próximos siglos.

Realmente, era admirable que aquellos viejos pensaran con tanta alegría sobre situaciones que deberían acontecer quince o veinte años más tarde, cuando lo más seguro es que ambos ya no estarán en este mundo.

- Ya sé lo que estás pensando –dijo Mercadal, a quién no se le escapaban los detalles-, que somos unos viejos y no veremos nada de eso. Pues no estés tan seguro, mira las prisas que tiene la Historia hoy en día. Pero aunque así sea, ¿qué más da? Lo importante es que podamos ver con claridad el futuro y explicarlo a nuestros amigos de la playa. Piensa que el futuro no se hace solo, sino que se “crea”, y alguien tiene que hacerlo. Pensarlo es ir hacia él, abrir sus puertas y meterse por sus caminos, y eso hacemos nosotros cada día. Y una vez las puertas están abiertas, los demás se meten por ellas que es un contento. No digo que el nuestro sea el único futuro posible, desde luego, pero al menos es uno de los que se abren. Y en ésas estamos...

Los dejé, porque ellos continuaban hasta el Puerto Olímpico y yo quería ducharme pronto para ir a comer. Los vi caminando a paso lento dónde rompen las olas del mar, dejando sus huellas en la arena.

¡Qué suerte, pensé, llegar a viejo y todavía tener ganas de inventar el futuro! Con viejos así en el mundo, otro gallo cantaría. Debo animarles a publicar sus predicciones. El otro día lo hablamos y Bastides estaba de acuerdo en escribir una “Cartas a mis Conciudadanos”. Me he comprometido a ayudarles. Aunque suene a locura, sus palabras son a veces lo más sensato que he oído en los últimos tiempos. Avisaré cuando ello ocurra.

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