sábado, agosto 15, 2009

De nudos, crisis, y los vaivenes del Tiempo

(el Hotel Vela, foto sacada de Gay Cat)

Hacía días que no veía a mis amigos de la playa, los futurólogos Bastides y Mercadal, ambos dedicados a pensar el futuro y, sobretodo, a imaginarlo, sobre bases desde luego científicas desde el punto de vista de la ciencia astrológica, que es la ciencia pacticada por Mercadal. En cuanto a Bastides, sus visiones proceden directamente del futuro, como él mismo no se cansa de repetir, lo que le otorga veracidad perceptiva, aunque por ello mismo se mantenga en lo subjetivo, sin menoscabo del interés de las mismas, por supuesto.

Los encontré al final de la playa, allí dónde una valla metálica separa la zona nueva del hotel recién construído, mamotreto de mucho vidrio y acero con forma de vela. Comentábamos la desfachatez de las autoridades portuarias, que no dudan en saltarse las leyes bajo el amparo de no se sabe qué excepcionalidad, como es construir un negocio privado a dos palmos del mar sin distancia alguna de respeto al dominio público establecido por la ley.

- ¿Os molesta mucho el hotel? –les pregunto consciente de que para ellos, que pasean a diario por la playa, aquella irrupción arquitectónica puede llegar a ser traumática.

- Mira, Rumbau, te mentiría si dijera que si. Claro que es algo bastante horrendo aunque de lejos sea bonito. Y, desde luego, establece un antes y un después. Hemos perdido esa parte extrema y salvaje de la playa, lo único que quedaba de Barcelona aún sin urbanizar. Ahora las luces llegan hasta tu Club y cada vez será más difícil esconderse para hacer algo malo o simplemente oculto, eso es cierto. Pero también es verdad que hemos ganado un paseo. Fíjate que en eso ocurre como con la vida misma, que los tiempos van hacia adelante y hacia atrás: avanzamos en una cosa y retrocedemos en otra. Pero así avanza el tiempo, con vaivenes que establecen ciclos y ritmos, pues por algo pertenecemos a la biología, que se rige por los ciclos de vida y muerte.

- Vaivenes… -interviene Mercadal, que escuchaba a su amigo con mucha atención– ésta es la palabra, en efecto. Hacia adelante y hacia atrás. ¿Y sabes qué significa eso? Pues que así los tiempos se cruzan entre si y, lo que aún es más importante, “se anudan”. Pues no otra cosa hace el tiempo cuando avanza y retrocede de esta manera. Nosotros nos desesperamos porque así no hay despegue hacia adelante, como si el tiempo dudara constantemente entre sus direcciones. Pero en realidad, lo que se está haciendo es un nudo enorme, un nudo de posibilidades que se esbozan en una dirección u otra, de líneas de progreso y de retroceso, de vanguardia y de conservadurismo, las cuales se neutralizan al cruzarse y se enredan entre si, formando un galimatías cada vez más complejo y embrollado. Pero cuidado, porque aquí se encuentra uno de los trucos del tiempo, que gusta de avanzar a saltos, tras pararse en esos nudos-embrollos que parecen detenerlo. Y sino, fíjate en los árboles y en sus ramas más largas, que nacen todas de gordos nudos en el tronco.

Bastides, muy excitado con las palabras de su amigo astrólogo, saltó al acto para decir:

- ¡Es eso, es eso!, y este embrollo crea este vacío enorme que parece atenazarnos, ese vacío que tapa lo real y oculta sus significaciones. ¡Pero es gracias a este vacío que podemos ver el futuro! ¿No lo entiendes?... Se trata de un vacío en realidad muy cargado de posibilidades infinitas que esperan ser resueltas y liberadas. ¡De estos nudos que todo lo lían, el resultado es un todo embrollado que es una nada repleta de vida y de energía!

Se hallaba casi en tránsito Bastides inspirado por sus propias palabras. Mercadal, quizás más atrevido en sus teorías pero menos dado a las iluminaciones futuristas, intervino al cabo de unos minutos de silencio:

- La crisis, la santificada crisis de nuestros días, ¿qué es, sino un enorme nudo dónde el vaivén de los procesos parece el nunca acabarse? Es el tiempo, que se enrosca sobre si mismo con ganas de explotar. Fíjate que se llegó al descalabro tras el delirio especulativo de los financieros. Se cae el sistema y lo levantan de nuevo con promesas de regulación y de cambio en el funcionamiento de la cosa. Y de pronto, los periódicos ya están hablando de recuperación. ¿Han cambiado algo? En absoluto. Tal vez simularán más regulación, como la que ejerce el Banco de España, se dice, modelo de transparencia y eficacia… Pues vamos arreglados. Vaivén, eso es lo que hay, hacia adelante y hacia atrás, se avanza en las soluciones, y se retrocede en la eterna repetición de lo mismo. La crisis es el nudo que resulta de tantos vaivenes que no paran de cruzarse, no sólo en las finanzas sino en todos los aspectos sociales y políticos. Y por eso el actual vacío, pues como bien dicen los físicos, el nudo es la antesala del vacío, allí dónde se fragua lo nuevo. Claro que podría hundirse sobre si mismo sin llegar a crear nada, a la manera de los famosos “agujeros negros”, pero hay que ser optimistas. Y fíjate, Rumbau, que el nudo es tan colosal, me refiero a la crisis de crisis en la que nos hallamos, que si algo nuevo debe salir del él, lo hará de un modo frenético y disparatado en proporción al grosor del nudo, del mismo modo que en los árboles, a grandes nudos corresponden largas y potentes ramas. Lo que, desde luego, dificulta mucho la pronosticación, que es nuestro anhelo casi diría “profesional”, aunque para eso está la astrología, que como muy bien sabes, se salta a la torera los ordenamientos de la lógica habitual, indispensable para ver el futuro…

- ¿Y no os da miedo esta potencialidad de cambio de la que estáis hablando? Si tan gordo es el nudo y la explosión resultante, lo que salga puede depararnos no pocas sorpresas desagradables… -les pregunto algo asustado por sus palabras.

Fue Mercadal quién volvió a tomar la palabra, contestando del siguiente modo:

- Evidente. Fíjate en el “nudo gordiano”: se resolvió con la aparición del genio militar de Alejandro. Aquí está el peligro. Pero ten por seguro que el nudo va a resolverse. Cuánto más tarde en su solución, es decir, cuánto más dure el vaivén del tiempo sobre si mismo, girando los humanos una y otra vez sobre lo mismo, más impactante será la salida –dicho en otras palabras, más bestia será el Alejandro de turno-. O tal vez estemos de suerte, y en vez de Alejandro, nos toque esta vez “Alejandría”, en su acepción de arquetipo de ciudad sabia y culta. En este sentido, fíjate en la importancia de anticipar las soluciones y trabajar como si se estuviera ya en alguna dirección. De este modo se abren surcos en el embrollo del espacio-tiempo contraído que es el nudo. Si sólo se dejan activas las inercias de los memos, en su significado vulgar de “idiotas”, acabarán prevaleciendo y nunca habrá salida al embrollo. ¿Entiendes?...

De cajón, pensé. Aturdido ante la clarividencia de aquellos dos ancianos, que se pasaban el día especulando y leyendo periódicos y revistas en la biblioteca del barrio, pensé que la imagen del nudo, que ellos habían sacado de algún artículo de divulgación de cualquier suplemento dominical, iba que ni pintado para la actual situación de embrollo en la que nos encontramos. Quizás la solución de la crisis no vendría tanto de los políticos, esos funcionarios de lo eternamente igual, como diría Bastides, sino de ancianos como mis amigos de la playa, capaces de escuchar los ruidos de la época y el barullo del Tiempo, mientras analizan con sutileza sus vaivenes y enquistamientos nudosos…

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