sábado, noviembre 25, 2017

El nuevo catalanismo y sus líneas estratégicas de futuro



Playa de Barcelona
La situación política catalana ha entrado en un impasse de relativa tranquilidad, a la espera de que las próximas elecciones autonómicas aclaren el paisaje o lo compliquen todavía más. Al menos, una cierta tranquilidad de espíritu se ha impuesto en la sociedad catalana, y digo 'impuesto' porque sin duda proviene de la imposición del artículo 155, tan denostado por unos, el cual sin embargo ha sido muy bien recibido por la mayoría de la población, como la indispensable aspirina que se toma para que baje la fiebre, la ley se imponga y los ánimos encrespados regresen a sus casillas. 

Como siempre cuando ando escaso de ideas y con ganas de saber algo más sobre la complicada situación, voy a la playa a ver a mis amigos futurólogos, quienes, haga el tiempo que haga, militan en esta extraña costumbre que es pasear descalzos por la orilla del mar. Ante el anuncio de días cubiertos y posibles lluvias en lontananza, acudo este viernes pasado, aprovechando el magnífico sol y la temperatura casi veraniega que tenemos en Barcelona. 

- Bueno, parece que hay algo de tranquilidad en el patio, ¿no os parece? El correctivo judicial más la ley del 155 han surtido sus efectos. Pero las espadas, aunque algo inclinadas, siguen estando en alto, y los presagios son de más tormentas en el horizonte. 

Bastides, muy contento esta mañana quizás por el día excelente que hace, toma de inmediato la palabra.

- En verdad, Rumbau, que acostumbrados a los últimos vaivenes y a este estar sin estar a lo que nos había acostumbrado la política catalana y el Procés, tengo que decir que casi lo echo en falta. Los sucesos de este tipo tienen la particularidad de que enganchan a la ciudadanía, y para muchos, especialmente los jubilados y los de la tercera edad, les dan motivos para estar despiertos, ir a comprar el periódico y soñar con futuros que ya creían finiquitados. Para nosotros ha sido hartamente placentero, al versar sobre asuntos de los que venimos pensando desde hace muchos años, aunque nos ha distraído de otras geografías y de otros asuntos quizás más importantes, como los que se cuecen en Oriente Medio. 

- Pero ¿cómo veis la situación? ¿Pensáis que volverán a ganar los independentistas, después del triste papel que han hecho y del desplome económico que han producido?

- Mira, esto es lo menos importante. Claro que yo espero que no vuelvan a ganar y me gustaría que se hiciera con la presidencia Miquel Iceta, a quién veo como el más preparado para sacar al país del agujero en el que se  encuentra. Lo tiene difícil, pero su victoria sería, desde la perspectiva estratégica que aquí nos interesa, lo mejor que podría ocurrirle a Cataluña. 

- ¡Vaya, Bastides, veo que tienes las ideas claras!

- Ya sabes que nuestra óptica es la del futuro y hay un asunto que es clave: este descalabro del Independentismo debería ser el punto final de una historia y el inicio de otra. Es el momento, Rumbau, de que surja el nuevo catalanismo del que hace días venimos hablando aquí entre los amigos de la playa -y lo dijo mirando a sus colegas, Mercadal, Paquito, Corominas y Conchita, que escuchaban atentos y asentían con la cabeza, ansiosos de que el adivino de la Barcelona expusiera sus ideas. 

- Es verdad, habéis hablado de este tema, pero que yo sepa, nunca habéis formulado en qué se basaría este nuevo catalanismo. 

- Rumbau, el otro día hablábamos de Pascual Maragall en su primera época, felices años que se fueron al garete con el triunfo del pujolismo y con el nacionalismo de Convergencia. Pero ahora hay que pensar en términos de futuro y olvidarnos del pasado. Y aquí es donde tarde o temprano deberá surgir una nueva formulación del catalanismo que, siendo fiel a sus esencias, de un paso más allá en una dirección de avance civilizacional. 

Hizo una pausa como buscando inspiración en el horizonte, de nítidos colores y limpio de nubes.

- Es el momento ideal para hacerlo. Ya sabes que lo básico del catalanismo ha sido siempre defender la diferencia catalana dentro del conjunto español, en un acto de afirmación que busca el poder de un lado, y el espacio suficiente para desarrollar las potencialidades de la región, tanto económicas como culturales, por el otro lado. Pues bien, el Independentismo ha chocado contra su propia realidad, la del país en el que se encuentra, Cataluña, que resulta que no es mayoritariamente partidario de separarse de España, por la simple razón de que una mitad más o menos de su población se siente tan catalana como española. Y si ha chocado contra esta realidad es porque su solución para defender la diferencia consiste en separarse del resto de España, creando unas fronteras interiores que nadie está dispuesto a aceptar. Y eso por no hablar de las fronteras exteriores, me refiero a las que nos quieren separar de Valencia y de Aragón, algo completamente absurdo en una Europa que precisamente se ha construido para eliminar fronteras.  

- ¡De cajón! -exclamó Mercadal, que seguía con suma atención a su amigo.

- Ante esta situación, el catalanismo debería hacer un giro de timón y afirmar de una vez por todas la nueva visión histórica que se espera de un movimiento hasta ahora considerado progresista y avanzado. La fórmula es muy sencilla y ya hemos hablado de ella otras veces, pero cuando se aplica a nuestro contexto, cobra una especial relevancia. Consiste en lo siguiente: exaltar la diferencia, que es la esencia nuclear del catalanismo , conlleva exaltar la unión. Fijaros en el cambio radical que significa: en vez de exaltar la separación, que es lo habitual cuando las personas se afirman en sus diferencias, se exalta la unión, como si las diferencias fueran la condición necesaria para que haya unión y entendimiento entre las personas. 

- ¡Pero eso es un absurdo, Bastides! -exclamó Paquito, siempre inclinado a las tesis independentistas aunque muy sensible y educado hacia las ideas de los demás. 

- Es una paradoja y quizás una contradicción, pero es el tipo de contradicciones que el futuro nos obliga a aceptar y a resolver. Lo más interesante de esta formulación es que dispara sus potencialidades de dinamismo de un modo jamás visto ni alcanzado. Este catalanismo no se arredra a la hora de defender la singularidad catalana, al revés, la exalta y la enfatiza con toda la fuerza posible, porque sabe que a más energía invertida en esta exaltación, más energía de contacto y complicidades encontrará en sus vecinos, al ser la afirmación de singularidad la afirmación por un igual de la unión entre los diferentes y las diferencias que componen el país. 

- ¡Realmente paradójico, Bastides, e irrefutable al cien por cien! -exclamó Mercadal entregado a las ideas del zapatero de la Barceloneta. 

- Y aquí está el quid político de la cuestión. ¿Quién, de entre los políticos y los partidos que pugnan en estas elecciones, es capaz de defender semejante postura? Yo sólo veo a uno, Iceta, y un único partido, el suyo, el único que ha sabido sobrevivir a la época convulsa de polarizaciones y exclusiones que ha sido la política catalana de estos últimos años. Los independentistas tienen este camino cerrado, al menos hoy por hoy. El resentimiento y los odios vecinales se han instalado en sus imaginarios, que sólo contemplan la afirmación catalanista desde la exclusión, la separación, las barreras y las nuevas fronteras. El componente básicamente pequeño burgués de sus seguidores ha obligado a sus políticos a aplicar la táctica del molusco: cerrazón, oscuras justificaciones de los errores y de los engaños, acusaciones de traición a diestro y siniestro... El Independentismo, aunque gane estas elecciones, tiene demasiadas puertas cerradas y concentra demasiadas dosis de rencor en sus corazones para que tengan el menor recorrido. Pueden ganar, sí, pero será para seguir cayendo, hundir aún más el país y hundirse ellos en la desesperación del que se obstina en romperse los cuernos contra la misma pared una y otra vez.

- No sé si comparto todo lo que dices, Bastides. Creo que exageras y que hay más inteligencia de la que supones en el bando independentista. 

- Tienes toda la razón del mundo, Paquito, pero eso no impide que estén donde están, lo que  no deja de ser una verdadera lástima. Fíjate que por el lado constitucional, los partidos más radicalmente contrarios al independentismo, el PP y los Ciutadans, tienen a favor que creen en la unión, pero hoy por hoy jamás entenderían que la unión vaya pareja a la afirmación de la diferencia. Se llaman unionistas, muy loable, pero su objetivo es la uniformización. Sí que es verdad que la líder de Ciutadans, Inés Arrimades, a la que valoro mucho, ha intentado en algunas ocasiones plantear una defensa de la diferencia catalanista, al reivindicar la figura de Tarradelles, por ejemplo. Pero dentro de su partido, la inercia del movimiento está en rasurar las diferencias para imponer homogeneidad al conjunto español. El único que se mantiene en este difícil equilibrio de defender la diferencia y defender la unión es el PSC, a solas, pues su socio español, el PSOE, no entiende tampoco estas contradicciones. De ahí la importancia de una victoria de Iceta: sería el primer paso para empezar a elaborar este discurso nuevo de un catalanismo de nuevo cuño, capaz de afirmar unión y diferencia por un igual. 

- Te has olvidado de los Comuns de Ada Colau...

- Es un caso aparte y complejo. Por un lado parece que están por la contradicción, incluso se acusa a Ada Colau de 'emperatriz de la ambigüedad', como la denominó Borrell en su famoso mitin, pero en realidad no afirma la paradoja sino que va a uno u otro extremo cuando más le conviene. Es evidente que se trata de una fuerza con capacidad de estar en este espacio del nuevo catalanismo, pero le está pasando lo que le pasó al antiguo PSC, cuando era atacado por el nacionalismo, que lo ancoró hacia su lado. Esa es la especialidad del catalanismo nacionalista y excluyente, el chantaje a sus rivales próximos con sus patentes y sus carnets de catalanidad. Y Colau está  en esta zona de riesgo. Su rompimiento con los socialistas en el Ayuntamiento nos indica que actúa por motivos de ambición política puramente electoral, sin  defender una postura propia de conciliación paradójica. Si no es capaz de gobernar con los socialistas, que ocupan el mismo espacio ideológico en el tema catalanista, quiere decir que los Comuns prefieren irse con los nacionalistas, con los que por lo visto no tienen problemas de conciencia. ¿Dónde estará entonces la unión? Volverán a la separación, al conflicto de la diferencias, a la consigna del referéndum que no es más que enquistarse en la división de la mitad más uno o de la mitad menos uno. Un camino sin salida. 

- Pero quizás uno de los problemas, Bastides, es que desde el mismo catalanismo no parece obvio que haya personas con ganas de sustentar este nuevo tipo de afirmación doble.

- Todavía no, pero la realidad acabará cayendo por su propio peso, Rumbau. Los primeros que entiendan y hagan suya la fórmula de que a más diferencia más unión, y lo digan de un modo explícito, como ha hecho Iceta últimamente, conseguirán muy rápidamente resultados positivos. Mira en Valencia, están ansiosos para empezar a tejer complicidades desde el respeto de la diferencia buscando salida a sus múltiples problemas, que tienen que ver con el mismo tema. 

- Pero entonces, ¿porqué no son los valencianos los que formulan estos nuevos principios? -pregunta Paquito.

- Desde luego, no me extrañaría que surgieran allí voces en esta dirección, y de hecho, ya están sonando. Pero es Cataluña la región de España que más ha invertido en pensar el problema de las diferencias y debe ser desde el catalanismo donde se formulen las nuevas ideas. Primero porque sería una corrección redentora indispensable para la misma supervivencia del catalanismo. Y segundo, porque el día que este ideario se imponga aquí, va a ser una verdadera revolución lo que veremos, un estallido inimaginable de creatividad, al liberar un tal caudal insospechado de energías ansiosas de salir y conquistar el mundo, hoy prisioneras de la degeneración catalanista que es el independentismo y su cerrazón estratégica.

Mercadal, que hasta entonces había escuchado sin decir nada, no pudo contenerse más, estallando con las siguientes palabras: 

- ¡Por todos los planetas del universo, Bastides, que has dado en el clavo! ¡Y ahora se entienden nuestras anticipaciones de las grandes ocurrencias de la excentricidad catalana, las cuales no se explican sin que antes haya cuajado este nuevo catalanismo del que hablas, capaz de liberar tantas energías y de llevar sus inventos a cotas jamás alcanzadas, de modo que acabarán revolucionando el mundo entero, siendo el Polimonarquismo uno de sus puntos más vistosos, aunque ahora empiezo a barruntar que no serán los únicos, sino que habrá muchos más que esperan en la antesala de la agudeza catalana! 

- Desde luego, así será, Mercadal, y habría aquí que incluir a las escuelas de los Llampecs de Reus, destinados a revolucionar los protocolos burocráticos de las administraciones hoy colapsadas por la inoperancia funcionarial, cuyas fórmulas serán capaces de aunar y hacer operativas las diferencias más recalcitrantes en materia de polimonarquismo, así como la complejidad de las múltiples instancias de gobierno que habrá en el futuro, con los varios parlamentos y los dos o tres senados trabajando al unísono, por lo que estas fórmulas de los Llampecs de Reus serán buscadas, compradas e implantadas en todo el mundo, ansioso éste de resolver los inacabables conflictos de las diferencias de las partes con sus respectivos todos. 

- De ahí la importancia de este nuevo catalanismo destinado a revolucionar el pensamiento y los sistemas de convivencia, siendo España el laboratorio natural donde estas nuevas ideas deberán encontrar rápida aplicación, a pesar de las resistencias lógicas que encontrará. 

Nos quedamos callados, ante la magnitud de las visiones de futuro que el entusiasmo de los dos futurólogos nos habían despertado. Mercadal, muy inspirado tras las palabras de Bastides, continuó hablando del siguiente modo:

- No sé si Miquel Iceta es consciente del papel que la Historia en mayúscula le tiene  reservado, tras el fiasco evidente de los últimos presidentes de la Generalitat, que pasarán en los libros de historia como los ejemplos postreros de lo que los catalanes deben evitar de una vez por todas si no quieren seguir haciendo el ridículo en el foro mundial de los avances de la civilización humana. A mí me parece que Iceta algo huele en el ambiente, pues cuando el Tiempo se presta a mostrar sus cartas como hace ahora, señala con la manecilla de sus relojes invisibles a los afortunados o desafortunados elegidos que deben llevar su cruz. Y no os olvidéis que estas elecciones tendrán lugar el día 21 de diciembre de 2017, justo un día después de que Saturno entre en el signo de Capricornio, que es su casa y donde gusta que lo que cae por el peso propio de su verdad, se acabe imponiendo sin más en la realidad...

Palabras que nos dejaron pensativos y soñadores, cada uno con sus cábalas, sus diferencias y sus particulares preferencias.

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