martes, octubre 16, 2012

La independencia de Cataluña



El día se levantó ayer espléndido, con nubes altas esculpidas por el viento. Por la tarde acudí a la playa para encontrarme con mis amigos futurólogos con los que suelo pasar algunas tardes. El tema se impuso por su propio peso: la independencia de Cataluña.

- Pero bueno, ¿cómo estáis viendo el asunto? Jamás pensé que las cosas llegaran tan lejos…

- Ni nosotros, aunque ya hace tiempo que venimos observando esta aceleración de los tiempos, como si la Historia tuviera prisa. El efecto es de contracción: va todo tan rápido, que la realidad aparece algo distorsionada, con aquellos efectos valle-inclanescos de la deformación que tanto gustaban al gran gallego.

Quién habla es el doctor Roger Mercadal, médico jubilado, astrólogo y hombre cultivado, que da sustento teórico a las predicciones más visionarias de Bastides, su amigo de la playa.

- Me refiero a las reacciones que ha provocado el posicionamiento de Mas. También algunos independistas han caído en la deformación de la lente contraída, aquejados de una ingenuidad fruto de la ignorancia. Pero la realidad de la situación sigue siendo la que es: el posicionamiento decidido de una comunidad en emanciparse y despegar hacia una autonomía plena y soberana. Y cuando una colectividad de este calibre se alza con semejante decisión, es que la cosa va muy en serio. Creo que para las próximas elecciones, la goleada independista está cantada.

- Todo el mundo habla de mayoría absoluta para CiU, pero el contra-ataque del bando español no se ha hecho esperar y ha sido de gran impacto.

- Y aun lo será más, pero por el momento no parece que vaya a frenar la ola soberanista. Fíjate que en estas elecciones no se vota la independencia, sino qué partido va a gobernar en Cataluña y el derecho a hacer la tan manida consulta. Es decir, será una buena ocasión para desquitarse de los poderes centrales pero sin matar al toro. Luego ya decidirán los electores cuando haya consulta, si la hay, que la habrá.

Bastides, callado como siempre, irrumpe en aquel momento:

Arenistas de la Plaza de Toros de Ceret, con barretina.
- En verdad en verdad os digo, que sólo España podrá regenerarse y salir de su profunda y eterna crisis cuando Cataluña se independice. Y ya sabéis cómo yo amo a España, tánto como a Cataluña. Pero sólo una catarsis como esta emacipación de su ala Este podrá sanar a este viejo país. Y la razón es muy simple: para que Cataluña se independice, deberá antes reconciliarse consigo misma, es decir, aceptar su dualidad intrínseca, que no es otra que su doble alma catalano-española. Algo evidente: si la mitad de la población catalana es castellano parlante y originaria del resto peninsular, su alma es en esencia doble. De ahí la necesidad que tiene el independismo de aceptar su dualidad interior: el castellano y lo español como parte substancial de su ser. Sólo así conseguirá la región catalana emanciparse y convertirse en nación. Por eso el bando contrario intenta excitar los extremos, para impedir esta aceptación íntima.

- Has dado en el clavo, Bastides! Si Cataluña se reconcilia consigo misma, su emancipación será el corolario de un proceso general emancipador de todas las tierras de España, las cuales deberán también aceptar sus dualidades interiores, sin necesidad de proyectar fantasmas contra unos y contra otros. ¡Será el momento de las Españas, aunque cada una de ellas decida llamarse como le dé la gana, y de ahí la gracia de este gran movimiento emancipador!

- Muy contentos os veo…

- No creas que somos unos ingenuos. Piensa que nosotros hablamos desde el futuro, mirando las cosas con una perspectiva que va al revés del tiempo, lo que explica que tengamos que avanzarlo. Los peligros son evidentes: hay un perdedor claro, los intereses del Gran Madrid. Van a pelear a fondo, porque se juegan su poderío. En realidad, ya lo han perdido, con la caída de Bankia. Pero intentan resacirse apretando el cinturón y mostrando los dientes a todo el país. Tienen el viejo aparato del Estado, que no es moco de pavo. Uno de los más viejos de Europa. Aunque esto a la larga sea una debilidad para ellos: están tan acostumbrados a mandar y a ser obedecidos, que no ven la realidad y no entienden que alguien se le resista. Su ferocidad intentará excitar los instintos malsanos del nacionalismo catalán: esa aprensión hacia todo lo que suena a español. Yo, de Mas, lo primero que haría sería corregir el grave error del Tripartito y volver a legalizar los Toros. Sería una jugada maestra que descolocaría a todos. Y mostraría con un simple gesto esta aceptación de la dualidad tan importante para constituirse en nación de verdad. Y la goleada sería de máximos históricos.

- Pero si el catalanismo acepta esta doble alma que decís, entonces, ¿para qué separarse de España?

- Aquí está el quid de la cuestión, y el gran avance civilizatorio de una emancipación de este tipo: ante una situación como la actual, en la que la globalización de los capitales está eliminando las viejas estructuras de los antiguos estados-nación, el mantenimiento de éstos se convierte en una simple cuestión de orden público y de control, para la buena circulación de mercancías y el buen resguardo de los capitales. Fíjate en Grecia, una cárcel cada día más cercana a una dictadura del Gran Capital. En cambio, crear nuevas estructuras bajo el impulso entusiasta de la clase media, afín de controlar de un modo más cercano las riendas de los negocios, eso permite despegar a estas clases medias, dotarlas de unas herramientas de ilusión y realización, y defenderse así frente a los huracanes devastadores de los fenómenos globales.

- Tienes razón, Mercadal –insiste Bastides, cada vez más entusiasmado con sus propias palabras–, la novedad del movimiento emancipador catalán es lo que los periódicos han llamado su “transversalidad”, es decir, que agrupa a personas de muy variada condición y origen, pero dotados de una voluntad pacífica e incluso ordenada, propia de las clases medias. Unas clases medias profundamente impregnadas de la llamada pulsión emprendedora. Y estos impulsos han encontrado en la figura de Mas al catalizador político, auspiciado por el soberanismo de las nuevas generaciones convergentes.

- Parece que sus opositores han encontrado su lado flaco: lo llaman el “Mesías” catalán, lo tachan de iluminado…

- Y tienen razón, pero cuando los insultos dan tanto en el clavo, dejan de serlo y sólo sirven para afianzar al contrario. Pues ¿acaso no es necesario un mínimo, por no decir un máximo, de sinrazón iluminada para liderar un proceso de semejantes dificultades? Digamos que Mas es un iluminado racionalista, la encarnación racional de una idea, de ahí el miedo de sus oponentes. Y es el racionalismo aprendido en su infancia, cuando estudió en escuelas de élite, lo que tal vez le permita ver la grandeza del alma dual catalana. Creo que ya ha dicho varias veces que en una Cataluña independiente habría dos lenguas oficiales: el catalán y el castellano. No te quepa la menor duda de que cualquier lucha por el bilingüismo dejará de tener sentido en el futuro, al convertirse en un país bilingüe. Pues si no siguiera por estos caminos de la dualidad asumida, este proceso que ha despertado tantas ilusiones y tantos odios feroces acabaría en una ridícula fractura y en un sonado fracaso de los independistas. Y Mas no es de los que gustan estar del lado de los perdedores, sino todo lo contrario…

- ¿Dais pues por hecha su victoria?

- Yo no me atrevería a tanto, somos futurólogos y ya sabes que nuestra ciencia, como las demás, se sustenta en hipótesis. Una posibilidad es que la estrechez de miras de los señores de Convergencia y sus bases entusiastas, incapaz de aceptar su doble cara oculta, acabe despeñándose contra la complejidad del rico tejido catalán. Otra es que el proceso sea tan largo y tortuoso, que por el camino se vayan sumando las otras Españas con ganas de emanciparse, ante el descalabro social y económico del país. Aquí habría que empezar a tratar los aspectos de la geoestrategia, y el catalanismo debería crear fuertes alianzas con las otras regiones con ganas de vivir sus propias dualidades. Se abriría así el paso a la emancipación general de los territorios de España, que dejaría de llamarse así pero resucitaría con mayor energía, elevando sus potencialidades turísticas y creativas a cotas hasta ahora jamás alcanzadas. La coordinación de las partes, que jamás querría ser considerada como federación, palabra considerada de mal gusto, sería de un extraordinario efectismo y si la Monarquía supiera jugar bien sus cartas, seguiría reinando sobre las antiguas tierras españolas, solidariamente dividida en una pluralidad de pequeños estados...

Detengo aquí la transcripción de la charla, todavía bajo el impacto de las palabras de mis dos amigos de la playa, como sin duda deben estarlo los amables lectores.