lunes, enero 06, 2014

Llegó el 2014. Crisis y soberanía.



En efecto, llegó este año curioso, por sus resonancias históricas y por su pretensión de ser un año bisagra, en el sentido de querer ser el fiel donde la balanza de la crisis se incline hacia la recuperación, y por ser un año decisivo en el pulso soberanista catalán.

Me dirijo a la playa para charlar con mis dos viejos amigos futurólogos, muy entendidos, como es lógico que así sea por su dedicación, en estos asuntos.

- ¿Qué podemos decirte de la crisis, Rumbau? Creo que todo el mundo está de acuerdo en eso: los que se creen el cuento de la recuperación son los que sienten irrefrenables deseos de que les sigan estafando con la misma alegría de siempre. Ésta es la recuperación, la de los bancos y la de las cifras macro-económicas. Piensa que escuchar cuentos y creérselos es muy humano, sobre todo cuando las cosas están mal. Y las nanas son muy bien recibidas por quiénes están cansados. 

¡Caramba con Mercadal!, nunca lo había visto así…

- Pero todo eso es normal, los poderes son los poderes, y hoy los vientos soplan por la popa, lo cual no es malo en sí: la aceleración del tiempo acelera la historia y los procesos, y a más velocidad, más fuertes son los castañazos que se pegan los conductores. De modo que la próxima crisis está más cerca de lo que nos pensamos, como es lógico que ocurra. Y eso siempre despertará nuestro interés, por supuesto.

- Y del proceso catalanista ¿qué me decís?

Sigue contestando Mercadal, pues Bastides lleva ya una temporada más bien callado y meditabundo. Sin duda procesando visiones del futuro que le llegan a raudales.

- Buena pregunta… Pienso que la afirmación soberanista ha conectado con algo que es muy de esta época, o mejor dicho, de la época en la que nos estamos metiendo. Me refiero a esta fuerza de un extraño individualismo que algunos han dado en llamar Sujeto, cuando éste se empeña en querer salirse con la suya. Aquí nos alejamos del viejo nacionalismo de siempre, el que responde a afirmaciones de raíces colectivas siempre ancladas en el pasado y que se caracteriza por su voluntad de excluir las diferencias. El soberanismo catalán que está despuntando mira más hacia el futuro, incluso diría que quiere anclarse en él. Claro que lo viejo sigue pesando, y que hay tendencias retrógradas que sólo piensan en el pasado. Pero la determinación de inventarse un futuro distinto y propio es la gran característica de este nuevo catalanismo que se postula como sujeto político, lo cual encaja con una tendencia muy propia de nuestra época y a la que es muy difícil resistirse. De ahí el susto cotidiano que se están llevando los que creen en una España eterna  e indivisible. 

- ¿Pero tú crees, Mercadal, que no estamos ante el nacionalismo de toda la vida?...

- Sí y no. Yo diría que existe una base muy sustancial de viejo nacionalismo del tipo que desprecia e ignora lo español. Pero junto a él, despunta y parece llevar la delantera ese llamado “soberanismo” que es muy consciente de que sólo puede triunfar si acepta como principio de partida y de llegada la inclusión de lo diferente. Es decir, si acepta la alteridad en su seno. ¿Y qué mayor alteridad puede tener el catalanismo que lo español? Exquisita paradoja, desde luego, pues la condición indispensable para que la apuesta catalana tenga éxito es que acepte su doble condición española, algo que a muchos les va a costar lo suyo…

- Ya una vez dijisteis algo parecido, y me parece difícil por no decir utópico que el nacionalismo catalán acepte que su alteridad sustancial sea lo español, con todo lo que ello representa…

- Ya he dicho que era una paradoja, exquisita y difícil, pero fíjate que sólo así la apuesta catalanista encontrará la fuerza necesaria para que tenga éxito. Por de pronto, si no afirma su dualidad intrínseca española, pierde la mayoría social, es decir, la mitad automática de los votos. Pero es que además, sólo llegará a entusiasmar a las nuevas generaciones, a las de adentro y a las de afuera, si la apuesta es seria de verdad respecto al tema de la diversidad: es decir, el catalanismo como garantía de respeto de lo múltiple y de la diferencia. Si el soberanismo catalán se sustenta sobre estos principios, ten por seguro que arrasa en sus pretensiones. Por eso desde Madrid buscan despertar, con sus constantes provocaciones, al nacionalismo de siempre, que conocen muy bien y con el que es muy fácil lidiar…

- Leía el otro día un magnífico artículo de Antoni Puigverd en La Vanguardia, creo que se titulaba “Bajo los tilos”, en el que citaba a Gaziel con una célebre frase suya que dice que cuando el catalanismo se calienta, encoge, en el sentido de que pierde fuelle y base social. 

- Y tienen toda la razón del mundo Gaziel y Puigverd, por eso es tan importante que la respuesta a los ataques fogosos del centralismo no sean los típicos calentones centrados en los agravios comparativos recientes o pasados, que producen encogimiento, malos modos y separaciones, sino que sus reacciones deberían ser una apuesta rotunda por el futuro y por la diversidad, incluida la más difícil de todas, que es la referida a la alteridad más íntima de lo catalán: lo español. 

- Por eso decíais el otro día que el retorno de los toros en Cataluña sería una jugada maestra, ¿verdad? 

- En efecto, así es, aunque tanta sutiliza política no la veo hoy por hoy. 

- Muy difícil lo estáis poniendo, Mercadal…

- Lo veremos muy pronto, y de ahí el gran interés de la época que nos ha tocado vivir. Si el catalanismo se sustenta realmente sobre este llamado “soberanismo” de nuevo cuño, basado en el deseo de convertirse en un sujeto político que ancla sus referentes en el futuro y en el respeto absoluto a lo múltiple y a las diferencias, creo que acabará saliéndose con la suya. Si, por el contrario, sólo habita en él el viejo nacionalismo de siempre y se deja calentar como decía Gaziel por las grandes contiendas a las que deberá enfrentarse, puedes dar por seguro que terminará vencido y mal. 

- Pero eso iría en contra de vuestras predicciones de futuro, que veían a todas las Comunidades Autónomas del país auto-determinadas…

- No lo creo, sólo sería un retraso de algo que se acabará imponiendo por el peso de los hechos. ¡Tiempo al tiempo! La descomposición de España es una evidencia innegable, y lo que estamos viendo ahora es una aceleración súbita producida por la crisis y por determinados destellos visionarios de algunas personas adelantadas. Pero si fracasa el “proceso”, como lo llaman algunos, no significa que no vuelva a haber otro después, que seguramente se iniciaría en otro lugar del mapa, lo que daría un descanso al catalanismo y le permitiría madurar hacia posiciones más adelantadas…

Aturdido, decidí dejar la conversación en este punto, vencido por la extraña lógica de mis amigos futurólogos, para los que el tiempo parece serles tan amigo, ansioso como está en que todo vaya rápido y a lo loco, para regodeo de los mismos.

jueves, diciembre 19, 2013

El despegue de Cataluña


Hoy sabemos que las realidades que pisamos son frágiles y efímeras, y que lo contemporáneo es sinónimo de cambio constante. Cuando parece que ya te has adaptado a una realidad, un imprevisto o un imperativo emergente te la cambia en otra, no se sabe si mejor o peor, pero en todo caso distinta. Los españoles deben sentir algo así cuando miran el país al que pertenecen, y los catalanes nos sentimos protagonistas de un movimiento que nos postula como sujetos políticos, donde antes éramos una simple región o comunidad como las demás. Ante el vértigo impresionante de la situación, me dirijo a la playa para charlar con mis dos amigos futurólogos, con los que suelo departir estos asuntos y que, por lo general, consiguen aclararme o, al menos, fascinarme con sus pronósticos y visiones heterodoxas.

Les interpelo sin preámbulo alguno, pues la situación está lo bastante caldeada y clara como para no perder el tiempo en formalismos. Como siempre, es Mercadal quién responde, mientras Bastides, el zapatero visionario de la Barceloneta, escucha en silencio nuestra charla:

- ¿Pero habéis visto como está el tema?...

- Las cosas van más deprisa de lo que pensábamos, Rumbau. Siempre dijimos que íbamos hacia la fragmentación de España, pero la realidad nos está pillando.

- Sí, la doble pregunta ha sido un éxito de los partidarios de la consulta, pero todo el mundo sabe que no habrá consulta alguna…

- Tiempo al tiempo. Y la realidad del asunto es que han puesto mucho tiempo por delante. Un año es una eternidad.

- ¿Pero pensáis que el gobierno español aceptará finalmente la consulta?

- No, pero cuando algo se mete entre ceja y ceja de la gente, su realidad es un hecho. Un año de pensar la pregunta es un año de pensar la respuesta. Ya me dirás cómo consigues luego que ésta de esfume. Por eso la jugada de los políticos catalanes ha tomado por sorpresa al gobierno español: éste pensaba que no se pondrían de acuerdo y que todo sería un galimatías. Y se han encontrado con dos preguntas claras y meridianas. Y una fecha. Podrás estar de acuerdo o no con ellas, pero ahí están. Con un buen apoyo parlamentario y propagadas a los cuatro vientos por todos los medios posibles. Difícil hacerla desaparecer…

- De acuerdo, la pregunta está ahí, pero eso garantiza el famoso choque de trenes…

- Pero Rumbau, si los trenes andan chocando desde hace meses… Lo importante aquí es el año que se han dado por delante. Demasiado tiempo para frenar esa ola que se irá gestando desde ayer mismo. Ese es el gran problema que tiene el gobierno español. Si se limita a esperar, se encontrará con la ola tan subida que no habrá dique que la detenga. Están obligados a mover ficha, es decir, a ofrecer algo distinto a la pregunta, pero como los del PP se han empeñado en decir no a todo y en querer someter a la autonomía catalana como única alternativa, se han negado a sí mismos la posibilidad de ofrecer nada. La cosa es muy grave para ellos y lo curioso es que no lo saben. Piensa que Europa no puede permitir que un país como España se vaya al garete por la cerrazón de un partido anquilosado en el tiempo. Lo más seguro es que les obliguen a mover ficha, a ellos o a los socialistas, y que ofrezcan a Cataluña una solución aceptable para todos. Por eso la jugada de Mas, que en el fondo busca eso, es magistral.

- Muy optimistas os veo…

- Lo que nos preocupa es otra cosa: el retraso en la verdadera fragmentación de España.

Lo dice Mercadal mirando a su cómplice y amigo, Bastides, como si estuviera desvelando pensamientos compartidos entre ambos.

- ¿Pero es que aún pensáis en la FEAA?... –les pregunto admirado, recordando sus predicciones de la conversión de España en la Federación Española de Autonomías Autodeterminadas, una de las ideas más extravagantes de mis amigos pero no por ello menos defendida por ambos.

- Por supuesto que podemos estar equivocados, lo aceptamos. Pero es que la realidad del mundo va por ahí. Siempre habíamos pensado que los primeros en querer salirse del conjunto serían los murcianos y en el año 2050, ¿no es verdad, Bastides?...

El interpelado asintió levemente con la cabeza, pero sin ganas de participar en la conversación. Se le veía taciturno y, conociéndolo como le conozco, muy inspirado, inmerso en sus visiones.

- … y fíjate, hemos sido los catalanes, al final, los que hemos salido por peteneras. Nunca lo hubiera pensado. Pero los hechos están ahí para demostrarlo. En fin, tampoco importa tanto que sean unos u otros. Es posible que el contagio llegue antes a Valencia que a Murcia, pues el llamado Corredor Mediterráneo está despertando extrañas imaginaciones en los valencianos, ya sabes cómo les gustan los jolgorios a nuestros vecinos del sur, y el que hemos armado aquí supera a todas las fallas juntas. Pero el problema es que al ser Cataluña el primero en despegar, está retrasando el despegue de los demás, me refiero a las periferias, atrapadas por las intransigencias españolistas. Fíjate que si Murcia o Valencia hubieran sido las primeras en autodeterminarse, dejarían sin respuesta al nacionalismo español o al menos con la munición muy mojada. Los valencianos son unos maestros en los fuegos artificiales y saben muy bien cómo manejarlos, de ahí que enfrentarse a ellos desde posiciones emocionales es muy difícil por no decir imposible. Los catalanes, en cambio, no entendemos de estos lances, como lo demuestra la suspensión de la Corrida. Una falta absoluta de sentido común, de inteligencia emocional y de buen humor. Con lo fácil que era dejar que fuera finiquitando por su propia inercia…, pero tuvieron que demostrar, los políticos catalanes, su pedigrí de no-españolidad metiéndose con algo tan catalán como son los toros…

Cuando sale el tema de los toros, a mis amigos se les va el entendimiento, de modo que intento distraerlos del tema:

- Pero volviendo a lo que decías, ¿por qué estáis tan seguros de que detrás de Cataluña seguirán las demás autonomías?

- Son muchas las razones. Pero un síntoma claro es esta afirmación hoy tantas veces pronunciada, de la indivisibilidad del país. Cuando se insiste tanto en este tipo de afirmaciones, en las que se mezclan los deseos con las realidades, no lo dudes: en el fondo están avisando cuando no clamando para que suceda lo que niegan. Dicen los políticos: jamás bajaremos las pensiones, y a los pocos meses las bajan. Así ha sucedido en estos últimos años: todo lo negado se ha cumplido. No creo que la famosa indivisibilidad de la patria vaya a ser una excepción. Pero ya sabes cuál es nuestra predicción: una vez todos autodeterminados, se van a juntar de nuevo para garantizar que las cosas funcionen. Al no haber patria común alguna, desaparecerá el miedo a la misma, de modo que los periféricos más separatistas serán los primeros en clamar por una asociación bien cimentada por los intereses económicos y las urgencias logísticas. Así se salvará España: dejando de ser ella para seguir existiendo con otras formas y nombres. Quizás sea entonces el momento de acudir a los antiguos ensueños ibéricos. Pero todavía falta mucho para que podamos comprender estos arcanos que nos van a sorprender tanto…

Bastides, muy callado hasta entonces, saltó de pronto deteniéndose y fijando su mirada en la línea del horizonte:

- En verdad, en verdad os digo, que tienes toda la razón del mundo Mercadal. Y aunque el advenimiento de la FEAA esté todavía lejano, todo llegará a su debido tiempo. El problema principal de España es hoy su nombre, en el que muy pocos creen adentro, pero no afuera, especialmente los turistas, que lo asocian al sol y a los apartamentos baratos, motivo por el que en el futuro la marca española regresará a las autonomías autodeterminadas para garantizar la afluencia de público, y por ello Cataluña, que siempre ha sido la más lista, será la primera en recuperar los toros, la españolidad folclórica y la bandera bicolor en la Corrida, cuando ya no se exhiba en los balcones oficiales ni se refiera a patria alguna.

Las palabras de Bastides nos dejaron tan sorprendidos como impresionados, sobre todo por el tono solemne que empleó. Los dejé paseando por la playa mientras regresaba yo al vestuario del Club, absorto en mis pensamientos y en los de mis amigos, cada día más lanzados en sus averiguaciones del futuro…

lunes, octubre 14, 2013

Cronos y Plutón, cambio y destrucción

Plutón, de Agostino Carracci.
Pensaba el otro día cómo la actualidad nos tiene cogidos por el pescuezo, obligándonos a pisar realidades que nos llegan impuestas y de las que parece que no hay escapatoria alguna. Sensaciones que producen desazón y que incitan a replantear no pocas cosas. Por ello, cuando el otro día decidí acercarme a la playa para visitar a mis amigos los futurólogos, lo primero que les solté fue preguntarles cómo veían el momento actual. Y al acto contestó Bastides:  

- Los Tiempos, Rumbau, los Tiempos son los que mandan, ahora y siempre, pero hoy más que ayer.

Vaya, pensé, lo he pescado en un buen día. El adivino de la Barceloneta está últimamente más inspirado y hablador que nunca, lo que quizás indique que se halla atravesando una buena veta de futuro, según su propia terminología, mientras que Mercadal, que trabaja con la Astrología, se muestra más taciturno y apagado, como si no le gustara demasiado lo que muestran las estrellas. Le pregunto a qué tiempos se refiere.

- Permíteme que descarte primero el tiempo de los relojes. Lo hemos dicho muchas veces, el tiempo de las horas, los minutos y los segundos gobierna el engranaje de las cosas y marca nuestras vidas, pero no es el nuestro, quiero decir, no es el que nos interesa.  Sí, es el tiempo del trabajo, de la televisión, de los viajes en tren o en avión, pero poco más hay que decir de él.

- Un tiempo cada día más omnipresente, decisivo y “profundo” –apunto yo-, todo hay que decirlo, Bastides, y en un sentido casi literal de la palabra, pues el uso que los especuladores financieros hacen de los minutos y de los segundos, por no decir ya de los micro y de los nanosegundos, no sólo estira el tiempo hacia adentro, sino que produce descalabros financieros y la ruina de países y sociedades enteras.

- Tienes toda la razón del mundo, Rumbau, pero a mí, me interesan los otros tiempos, esos que van a su aire. Si el primero de los tiempos abusa de nuestras limitaciones, esos otros nos desbordan y nos confunden, y por eso me atraen.

- Francamente, no sé a qué tiempos te refieres….

- A los bandazos de Cronos. Yo los llamo así. Aunque en realidad Cronos lo único que hace es dejar en libertad a todos los tiempos. Fíjate que cuando Zeus venció a su padre el Titán, lo encerró en el Tártaro, que es como decir que puso a Cronos y a sus huestes en un saco, pues eran muchas las fuerzas que gobernaba el viejo dios. Zeus cuidó de los humanos largo tiempo, hasta que los viejos dioses amigos de la Humanidad se durmieron y se olvidaron de sus protegidos. Gea, la arrugada Tierra, indignada de ver cómo los humanos se alzaban en el vacío dejado por los dioses, bajó al Hades, despertó a Plutón y abrió el saco donde Cronos dormía encorvado. Así irrumpió la cólera del Titán sobre la Tierra y con él las furias que le acompañan. Una tempestad de Tiempos feroces asola desde entonces la tierra. Y nosotros somos sus víctimas más evidentes.

Tiempos. Imagen de Bnei Baruch. Copyright ©1996-2013
Me encantó aquel relato de dioses y furias en desbandada, como si fuera un cuento al que Bastides daba mucho significado.

- Todo eso te sonará a cuento chino, y lo es en cierto modo, pero explica muy bien la situación actual. Fíjate que cuando los dioses amigos gobernaban la Tierra, todo tenía un orden, es decir, un tiempo. Las culturas de los pueblos vivían en tiempos cerrados, con los ritmos y las secuencias muy bien marcados por los ritos y las tradiciones. Pero al relajarse las religiones e imponerse el mundo de la razón y de la ciencia, los humanos abandonamos los cuentos colectivos y establecimos un tiempo nuevo, el considerado como propio, que marcamos con el reloj. Desde entonces, la civilización humana vive sometida al reloj, al nuevo tiempo de la mecánica. Y en nuestro delirio de grandeza, creemos gobernar con él al mundo.

- Y en esas estamos…

- Sí, pero no. Aun no hemos comprendido que Cronos ha despertado y que al abrir su saco, ha liberado a todas las furias que están con él y que representan a todos los tiempos del universo. Acuden en tropel y el caos está servido. ¡Llegan tiempos de destrucción, Rumbau, no te quepa la menor duda!

Me extraña esta afirmación, cuando mis amigos suelen ser siempre optimistas respecto al futuro. Se lo digo y Mercadal, hasta ahora callado y pensativo, interviene en la conversación:

- Sé lo que estás pensando y sé que te extrañan las palabras de Bastides. Pero las entenderás cuando te muestre que sus visiones se ajustan a la pura realidad. ¿Acaso no vivimos una época de fragmentación y de conflicto constante, en la que las partes, antes unidas en conjuntos más grandes, disputan al todo el derecho a ser libres y autónomos, a marcar sus propios tiempos y ritmos? La pretensión de imponer a las partes tiempos únicos, según intereses parciales, ha perdido fuerza y se ha convertido en un delirio del que los poderes son víctimas. Y ya sabes cómo acaban los delirios. La fragmentación de las partes es también un delirio, pero que va en la dirección correcta marcada por Cronos. Este dios gusta de la libertad ácrata y soberana de los múltiples tiempos. Aunque debo decir que mi manera de ver las cosas es algo diferente a la de Bastides.

Nos paramos para dejar pasar a un patín del Club Natación Barcelona, que iba rezagado respecto a los demás que ya habían partido hacía rato, el cual salió disparado surcando las olas del mar.
Bastides, intrigado por las palabras de su amigo, se detuvo un largo rato escuchando lo que le decía Mercadal:

Hades y el Can Cerbero.
- Tú hablas de Cronos, y entiendo perfectamente tus palabras. E incluso te digo que comparto al cien por cien lo que dices. Pero ya sabes que los astrólogos hablamos de Saturno, el tiempo de los romanos, y que es el nombre de uno de los planetas más antiguos del Sistema Solar. Para nosotros, Saturno es el planeta de los impedimentos, de la lentitud, muy diferente a la significación que tiene Cronos para ti, más referido al tiempo desbocado de los Titanes. ¿Significa  eso que estamos hablando de dos dioses, o acaso de dos planetas diferentes? Podría ser. Pero también hay otra explicación: el Saturno romano de la vieja Astrología es el Titán encerrado en el Tártaro por Zeus, y de ahí que simbolice lo impedido, lo maniatado y lo que no avanza. Mientras que el Saturno de hoy, según la nueva mitología de la que estamos hablando, sería un Saturno liberado que acogería el significado más real del tiempo creativo, es decir, del que cambia las cosas. La emergencia y la visibilidad del despiadado Plutón, el invisible hijo de Saturno, significa la primera abertura del Tártaro, pues bien sabido es que tenía su reino en este lugar oscuro y maloliente, donde Zeus encerró a sus enemigos. Plutón abrió el camino a la transformación de Saturno. Éste, al salir en pos de su hijo, desplegó su gran potencialidad destructiva y creadora. Destruir y crear, ¿no es eso lo que hace el tiempo? Padre e hijo se pusieron a la labor. Lo que cambia no pocos significados de la vieja interpretación astrológica, desde luego…

Y se quedó callado y pensativo Mercadal, como si hubiera entrado en terrenos inhabitados en los que se sentía inseguro.

- Has dado en el clavo, Mercadal. Si los tiempos cambian, ¡cómo no va a cambiar el mismo Tiempo, que es sinónimo de cambio! Ya sabes que no sé nada de Astrología, pero tus palabras me suenan muy sensatas.

Escuchar a aquellos dos viejos hablando de mitología como si estuvieran hablando de personajes reales a los que veían cada día, me llenó de admiración. Decidí terciar a ver si sacaba algo en claro.

- Pero bueno, todo este asunto del tiempo y de los dioses en qué se traduce, según vosotros, a la realidad del día a día…

- ¡Son las noticias del periódico, Rumbau! ¿Has visto la manifestación de los que se sienten también españoles además de catalanes? Han llenado la Plaza de Cataluña, eso es verdad, pero se han quedado a mucha distancia del despliegue  colectivo independentista del último 11 de septiembre.

- ¿Y eso qué tiene que ver con el tiempo?

Arco de Triunfo de Barcelona. Foto de
Josep Renalias (Wikipedia)
- La pulsión fragmentadora está representada, hoy y aquí, por el independentismo. El tiempo español ya no interesa ni seduce a los catalanes. Esos se han inventado un tiempo nuevo, diferente, ni mejor ni peor, simplemente distinto, y lo han llamado Independencia. La rutina española, con la excusa de los agravios, de la economía y de la historia, se ha hecho vieja y antipática para ellos. Los catalanes se han inventado un tiempo propio del que quieren ser soberanos, y cuando una idea de este tipo entra en la mente de los individuos, es muy difícil cambiarla. ¿Por qué lo han hecho? Pues seguramente porque tocaba hacerlo o porque estaban hartos del otro tiempo. ¿Acaso han oído en sus sueños los clarines de Cronos y los ímpetus de Plutón, y acuden a su llamada? Podría ser. Los pueblos despiertos y con ganas de cambio son los más sensibles a estos redobles del Titán. Todos se escandalizan: el poder de la vieja España y los poderes de la vieja Europa. Pero cuando los clarines suenan, todo salta por los aires. Fíjate que el anarquismo cuajó en Cataluña, una tierra que siempre ha gustado de ser muy soberana, sobretodo sus individuos aisladamente. Mira a Gaudí: tan loco y singular que no sólo está considerado un genio, sino que se ha convertido en la principal industria de Barcelona!

- ¡Caramba, Bastides, me has dejado de piedra!

- ¡Pero cuidado! Los catalanes se han metido en una situación tal de cambio y de novedad, que sólo a través de una poderosa inventiva podrán salir adelante. Lo viejo ya no sirve para quién se adentra hacia lo desconocido, a no ser que quiera descarrilar. La única manera de inventarse un Tiempo nuevo, que es en definitiva lo que pretenden, es crearlo de verdad, es decir, inventar formas nuevas en los temas de la organización, de la convivencia y de la representación política. Están obligados a ello, y si no lo hacen, la aventura no dará fruto alguno. He aquí el reto en el que se han metido.

- Muy alto pones el listón, Bastides…

Saturno
- Lo es. Pero los retos están para eso, para enfrentarse a ellos. Nosotros ya hemos marcado algunas pautas, como las ideas neomonárquicas o el regreso de la Corrida de Toros, muy catalanizada, eso sí, algo de trascendental importancia en un futuro próximo. Pero hay que dar tiempo al tiempo para que las cosas cuajen y sucedan. Nunca las prisas han sido buenas, aunque el nuevo tiempo catalán parece que tiene mucha, de prisa. Pero lo que sí puedo garantizarte, es que las sorpresas están garantizadas.

- No sé si todo el mundo lo ve tan claro. El embrollo es considerable y las posiciones muy encontradas. Yo lo veo muy complicado…

- Mira, poco importa eso. Si alguien me pregunta: ¿es todo eso bueno o malo?, yo le diría que ni lo uno ni lo otro. Cuando las fuerzas que se desatan pertenecen a estas dimensiones que escapan de las personas individuales, no hay nada que decir, simplemente contemplar y admirar el desarrollo de la historia. De todas formas, aquí vivimos en una balsa de aceite. Fíjate en Siria: ¡allí sí que están desatadas las furias de Plutón y de Cronos al cien por cien! Mientras aquí parece que las cosas se encarrilan hacia lo creativo, allí la destrucción está servida. El todo sostenido por el dictador Assad ha saltado por los aires. Y los intereses cruzados se han apoderado de la región, utilizando los fragmentos y las partes según sus conveniencias, unos contra otros. Parece una diana marcada por varias cruces que indican hacia donde disparar: la religiosa con el choque entre sunitas y chiitas, las regionales entre los conglomerados Irán-Siria-Líbano-Irak y Arabia-Israel- EEUU-Turquía… Todas las pendencias se juntan para que las partes divididas se enfrenten entre sí. Cambio y destrucción. Cronos y Plutón. ¿Quieres más ejemplos? Cada país tiene los suyos, y hoy la lucha de las partes con los todos es una regla tan general como inevitable.

- Y vosotros, que os centráis en el futuro, ¿sabéis donde está la solución?

- ¿Qué solución quieres que haya? Deja a los tiempos hacer su labor. Nosotros a lo máximo que podemos aspirar es a postular etapas. Y parece evidente que una de las visiones a la que tarde o temprano se llegará, es la perspectiva planetaria. Cuando el Todo es todo el planeta: podemos fragmentarlo lo que queramos, pero los intereses de este Todo ya no son parciales sino los de todos. Acaso el día que haya colonias en Marte o en la Luna, podamos hablar de otros Todos e intereses otros, pero desde luego las perspectivas serán muy diferentes. Fíjate que las épocas más largas de paz siempre han sido bajo los imperios. Porque eran Todos que garantizaban, en mayor o menor grado, la salvaguarda de la variedad del conjunto. Europa ya funciona de algún modo así, y por eso los catalanes buscan su amparo. Respecto al Todo planetario, sería como un imperio del planeta. ¿Significa eso que se habrán acabado las peleas? En absoluto, pues las partes siempre serán díscolas y querrán ser más grandes unas que las otras, pero al menos los poderes deberán estar repartidos desde una perspectiva de intereses globales en relación con los particulares. Pero esta utopía difícilmente será realizable. El conflicto está en el ADN de nuestro planeta, Rumbau. A no ser que entremos en los detalles…

- Tienes mucha razón en lo que dices, Bastides –interviene de pronto Mercadal muy excitado-, lo nuestro es el detalle, ¡sí señor! Las generalidades están muy bien y sirven a veces de referencia, pero es en el detalle donde están los datos importantes del futuro. Y es aquí a donde debemos ir. Hay muchos puntos a discernir en estos planteamientos, por ejemplo los de la organización política. Aquí debemos ser estrictos: sólo una poderosa inventiva puede hacer evolucionar las cosas con un mínimo de éxito.  Ya lo dijo antes Bastides en el caso catalán. Quién quiera cabalgar los Tiempos, deberá crear con ellos, tal sería el lema de nuestra época. Y para ello, lo que importan son los detalles, Rumbau, las personas y los detalles…

Los dejo convencido de que sus delirios mitológicos de futuro contienen más verdad que muchas de las voces que pretenden explicarnos el presente…

lunes, agosto 05, 2013

¿Se van de vacaciones los futurólogos?




Comprendo perfectamente que a más de algún lector le sorprenda el título que encabeza esta entrada. También yo lo encuentro caprichoso e incluso anodino, pues ¿a quién le importa que unos supuestos futurólogos se vayan o no de vacaciones? A nadie, desde luego. Pero si me he atrevido a ponerlo, es porque así me lo pide la larga charla que ayer tuve con mis amigos, los dos futurólogos de la playa, cuando les alcancé para tratar de nuestros temas habituales.

Fue un día magnífico, de sol espléndido y con un mar de los que Mercadal califica de "Costa Brava", transparente e insólitamente limpio de residuos, algo que suele ocurrir cada vez menos en pleno agosto, cuando el viento que aquí llamamos de "garbí" agasaja generosamente a los bañistas. En estos días especiales, solemos bañarnos más de lo habitual, pues sabemos bien que estos azares de la climatología son un regalo de los que nuestro estimadísimo Mar Mediterráneo cada vez es más tacaño.

Cuando nos encontramos, y tras los saludos habituales, les pregunté -sólo por cortesía, pues bien sabía la respuesta- si se iban de vacaciones.

- Por supuesto -me contestó muy solícito Bastides, lo que me sorprendió no sólo porque nunca los he visto irse de vacaciones sino porque al ser más bien parco en palabras, suele ser su amigo Mercadal quien responde el primero a mis preguntas-, por supuesto que nos tomamos vacaciones, pero ¡cuidado!, no lo vayas a entender mal, nuestras vacaciones o más bien diría yo, mis vacaciones -y lo dijo con una mirada de respeto a su amigo astrólogo, al que no quería incluir en ningún "nosotros" que pudiera ofenderle- no tienen nada que ver con esta idea de no hacer nada y de cambiar de hábitos, todo lo contrario, mis vacaciones consisten en seguir haciendo lo mismo de cada día, sin la menor alteración, paseando por la playa y dejando caer las interrogaciones en la línea del horizonte, pues ¿qué sentido tendría dejar de hacerlo? Para mí, ninguno.

- Ni para mí, Rumbau -añadió Mercadal, muy atento a las palabras de su amigo zapatero. Comprendí que su afirmación tenía más de cortesía que de verdadero convencimiento, y se le notaba que ardía en deseos de saber por dónde acabarían los razonamientos de Bastides.

- Pero bueno, ¿de qué tipo son entonces tus vacaciones? -le pregunto muy divertido ante el derrotero de su respuesta.

- Fíjate que si el Futuro es mi mayor preocupación, mal haría yo en despreocuparme del mismo, ni que sea por un día. No, Rumbau. Pero ¿significa eso que no paramos? En absoluto. En estos días de tanto calor nos tomamos ciertas licencias vacacionales en un detalle aparentemente nimio, pero para mí muy importante: ese apremio de la presión diaria del acontecer es detenido por la atención, que de pronto se vuelve entre perezosa e indiferente. Quiero decir: las visiones vienen, pues mal haría en no dejarlas venir, pero llegan y son recibidas sin entusiasmo aparente, con actitud vacacional, es decir, con una cierta desidia o llámalo indiferencia si quieres. Lo que me permite detener si no la óptica, sí las mecánicas reflexivas, las cuales se toman en efecto unas merecidas vacaciones. Ese relajo puede llegar a durar meses, fíjate si se alarga mi período vacacional, sin que importe que los aconteceres se sucedan con frenesí desmedido, da igual, lo que suele suceder, como si los acontecimientos esperaran mi indolencia para precipitarse en la locura del día a día, pero yo sigo con mi óptica relajada, dejando pasar al tiempo de las prisas, hasta que el mío, me refiero al tiempo mío, se cansa de no hacer nada y de vacacionarse, y decide sumarse a la marcha del que pasa por la calle, lo que de inmediato se traduce en un raudo encendido de motores.

- ¡Admirativo al cien por cien!`-exclamó Mercadal, atónito y maravillado por las explicaciones tan sutiles de su amigo.- Me sumo a tu perspectiva, aunque debo decir que al proceder mis visiones de una realidad de dos dimensiones, pues las cartas astrales que uso para mis interpretaciones son planas, varía también la dimensión temporal de las mismas, de modo que lo que para ti son vacaciones de atención lenta, para mí lo son al revés, de atención desmesurada, pues bien sabido es que la disminución de las dimensiones visuales aumenta la imaginación que provoca en nuestra mente, para así remediar la carencia. Dicho en otras palabras, la actitud vacacional en la práctica astrológica no hace más que multiplicar la imaginación visionaria, como si la atención esperara estos momentos de silencio y de descanso para aumentar el volumen y la amplitud de sus visiones. ¿No es eso increíble?

- ¡Lo es, Mercadal, lo es, y por eso podemos decir al cien por cien que ambos nos vamos de vacaciones cuando llega agosto, aunque sea para hacer más de lo mismo, tú en un sentido aumentativo y yo disminuido, lo que se traduce en una compensación  y en unos resultados a veces bien paradójicos, pues bien sabido es que la intensidad visionaria, por muy buena que sea, nubla la claridad de las imágenes, mientras que en una situación de lentitud receptiva, se suple la carencia con la claridad, con lo que en el fondo nada cambia. ¿No es esto extraordinario?

Realmente, estaba admirado de cómo aquellos dos viejos le estaban dando la vuelta a mi pregunta, sin saber a ciencia cierta si en el fondo no se estarían divirtiendo a mi costa. Pero no era éste el talante de mis amigos, educados y solícitos "al cien por cien", como ellos mismos dirían. No, simplemente mi pregunta les había despertado una interrogación a la que gustosos se habían entregado, dando con respuestas a cuál más curiosa y bizantina.

- Las vacaciones, Rumbau, son importantes, qué duda cabe, incluso diría mucho, pero para las personas que trabajamos en cosas propias, quiero decir, en cosas que no nos son ajenas, el detenimiento de la actividad se traduce en una disminución del ruido ambiental, como si bajara el tráfico de la ciudad, como en efecto ocurre, lo que en mi caso permite bajar el ajetreo visionario y así gozar de una óptica mucho más refinada, de una nitidez escalofriante, y, en el caso de Mercadal, al revés, aumentar este ajetreo hasta cotas que jamás alcanzarían las dos dimensiones de los planos astrales bajo el acopio de la polución pluridimensional de las épocas no vacacionales. Nuestras vacaciones se comportan al modo de la naturaleza más elemental, cual es la parasitación de las demás vacaciones, pues así es como actuamos, del mismo modo que los camareros y los empleados de los hoteles se suben a lomos del turismo, para hacer ellos su propia temporada vacacional a base de trabajar, para luego invertir los turnos y dejar de hacerlo al llegar la época del paro estacional. ¿Lo entiendes?

- ¡De cajón, Bastides, de cajón! -exclamó Mercadal, asombrado de los arranques de su amigo, normalmente parco en palabras.- Se nota que estás de vacaciones y que gozas de una visión clara y limpia, como el día de hoy que nos regala con este mar tan transparente, y te doy la razón en todo aunque en mi caso suceda al revés, y la intensidad de mis visiones me esté dejando casi sin habla...

Desconcertado con sus palabras, me quedé yo también sin saber qué decir, como parecía haberle ocurrido al doctor astrólogo, aquejado por lo que él llamaba el "asalto imaginativo" de las dos dimensiones. Pensé entonces si acaso no vivíamos todos inmersos en un mundo de tres dimensiones reducidas a dos, viendo la realidad en un plano, motivo por el que nos pasamos el día delirando e inventando lo que vemos, metidos en trabajos que nos son ajenos y por ello mismo perdidos en un galimatías de puntos, rectas y círculos del que no entendemos nada. Mientras que si viéramos la realidad con sus tres dimensiones, quizás gozáramos de más tranquilidad y nitidez, lo que nos abriría los horizontes de otras dimensiones ocultas y aun más ricas, y de las que quizás fuéramos más dueños...

Me alejé de la playa más pensativo que nunca y con ganas de volver a encontrarme con estos dos tan entrañables como delirantes amigos.