lunes, agosto 21, 2006

El Rey León.


Cuando lo ves en el Zoo, parece un rey destronado. Y sin embargo, ¡qué porte! ¡Qué rostro de majestad e imperio! ¡Qué serenidad dura e indiferente! ¡Qué anchura de frente regia y magna!

Encerrado en su espacio, a una distancia considerable del público, lejos de los cacahuetes y de las burlas humanas, el León parece aburrido. En efecto, su máxima actividad es el bostezo, que practica constantemente en cuanto abre los ojos. Duerme casi todo el día y sólo se digna levantar la cabeza en contadas excepciones. Ése es el momento esperado por padres, madres y niños, o mejor dicho, por sus cámaras, que se ponen en guardia en cuanto ven el menor movimiento. Los más listos lo intuyen, y disparan al acto, pues adivinan que las ocasiones son pocas.

Sin embargo, y a pesar de esta apariencia de languidez y aburrimiento, sospecho que el León es el más feliz de los habitantes del Parque. De entrada, no tiene que ir a cazar –le dan la comida dos veces al día–, lo que ya es un primer alivio para él. Todo el mundo sabe que es la Leona la encargada de buscar alimento, y que el macho participa casi a regañadientes. ¿Por qué tiene que hacerlo? ¿No es el Rey? ¿Acaso no basta con el porte, con disponer de una melena tan vistosa? No, el León ejerce su cargo con vocación, y es en el Zoo dónde mejor se expresa su leonidad regia.

Además, de todos los animales, creo que es el León el que tiene más justificado su encierre. No por haber hecho nada malo en concreto, pues la mayoría de los leones que habitan en los parques zoológicos de las ciudades suelen ser buenas personas y no tienen cuentas pendientes con la justicia, ni la divina, ni la humana ni la animal. No, su castigo, si de castigo se puede hablar, es por el símbolo que representan: el poder regio, la monarquía. Ponerlo en el Zoo es encajarlo en una constitución. ¿Les molesta eso? No lo creo: se vive bien, el suelto no es malo, no se pega golpe y se mantienen las distinciones. Es desde el lado del Símbolo dónde pueden sentir escozor, o mejor dicho, nostalgia. Pero los humanos han aprendido, a lo largo de los siglos, que mejor es tenerlo en una jaula, aunque ésa sea dorada. Qué luzca su porte, sí, entre cuatro paredes.

Por último, y para acabar de ensalzar la figura del Rey León, nada mejor que ver lo que ocurre cuando se la exhibe –o se la exhibía, pues creo que ya no está permitido– en el circo. Lo he visto varias veces, en directo y por la televisión. El domador, disfrazado de Tarzán, busca siempre lo imposible: ser él el Rey, destronando al que por ley natural lo es. Recuerdo que su figura, heroica entre las fieras, jamás alcanzaba la realeza que pretendía. Era como si un domador simio pretendiera ser hombre domando a los humanos. Podía alardear de valentía, y eso nadie se lo discute, y de aún muchos más atributos todos ellos dignos y meritorios (gracia, maña, arte, astucia, picardía, tesón, mano izquierda, voluntad, heroísmo, elegancia, etc) pero jamás el brillo de la corona pasaba del león a su cabeza. Daba la sensación de que las fieras obedecían por educación, como lo hacen los reyes coronados cuando asisten a desfiles, bodas e inauguraciones, para no dejar en ridículo a quiénes les dan de comer, actuando con cariño incluso hacia el domador, por ejemplo dejándole poner la cabeza en su boca, sin comérsela, pues si algo sabe el león es que por mucho que el otro lo pretenda, la corona no se la quita nadie. Pues la corona es él.

viernes, agosto 18, 2006

Visita al Zoo


He aprovechado que estoy en Barcelona durante el mes de agosto para visitar un lugar entrañable de la ciudad: el Zoo. Un lugar que conozco desde niño y que con una cierta regularidad he ido visitando, de modo que los cambios y tranformaciones que ha sufrido con los años, no constituyen para mi una excesiva novedad. Y, sin embargo, cada vez que voy lo encuentro cambiado y, sobretodo, más “deshumanizado” o, dicho en otras palabras, más “animalizado”. Me explico.

Sabido es que cualquier Zoo en cualquier ciudad del mundo se configura como un espacio limítrofe donde la especie humana es puesta lado a lado con algunas de las demás especies animales del planeta. Cuando empezó esta costumbre, por allá el siglo XVIII y XIX, supongo, la distancia que había entre uno y otro lado era abismal: los humanos, con sus vestidos elegantes de la época, pasaban con una altanería irreductible junto a las jaulas donde las fieras salvajes eran exhibidas como una atracción singular de exotismo existencial sobre la Tierra. En esta línea hay que situar la exhibición de algunos indígenes humanos “cazados” en países no civilizados (indios de la Patagonia, negros de Africa, etc) expuestos en los zoos junto a las fieras habituales. Es decir, la distancia civilizacional entre los visitantes y los seres expuestos era grande, al menos visto desde la perspectiva de cualquier observador imparcial perteneciente, como es lógico, a la especie humana del bando de los civilizados.

El darwinismo creó cierta confusión y hubo muchos chistes y juegos de imágenes sobre la cercanía entre nosotros y los simios. Pero por mucho que en algunos lugares pusieran sombreros, pantalones y falditas a los monos, la distancia entre unos y otros siguió siendo grande.

Pues bien, es esta distancia, que durante todo el siglo XX se ha mantenido más o menos inmutable, la que he visto tambalearse en mis últimas visitas al Zoo. Y no porque de pronto se haya expandido una conciencia de aproximación humana hacia las otras especies, en absoluto, sino por un simple fenómeno de “nivelación de las diferencias” o de “eliminación de las distancias” que se ha producido de un modo espontáneo y natural.

Tiene que ver, desde luego y en primer lugar, con la masificacion global de nuestras actuales culturas urbanas, que ha rebajado hasta límites increíbles los atributos de distinción de los humanos en general: atuendos cada vez más deshinibidos, pantalón corto generalizado, calzado playero, lenguaje desacomplejado, marcada impudicia, convivencia familiar relajada y, sobretodo, esa gran novedad que constituye la incorporación de un tercer ojo captador de imágenes, fijas o móviles, que se encarga de retener en sus retinas digitales lo que se visita, aliviando así a los dos ojos habituales de la cara, los cuales se contentan en ver, con perezosa indiferencia, lo secundario y anecdótico del lugar.

El segundo factor de deshumanización o animalización de los Zoos debe buscarse en este tremendo laminado que la cultura de la masificación ha hecho y sigue haciendo con éxito creciente sobre la identidad de las personas, cuyos yoes o egos quedan reducidos a un mínimo común denominador bastante estándar de la especie, muy lejos de los fatuos y engreídos egos antiguos, los que se paseaban con sombrero de copa y largos vestidos vistosos, cada uno de los cuales se creía o era portador de grandísimos atributos. Incluso el peso y el grosor de los egos de los ricos y poderosos actuales no difieren demasiado de los de la media estándar mundial, pues todos ellos han vivido y se han alimentado, y aun más que otros, de la televisión y otras chucherías acanallantes, bollicaos y donuts incluídos.

La forma por un lado (atuendos, zapatillas, gorras deportivas, lenguaje parco, convivencia deshinibida, familia relajada….) y el contenido por el otro (egos laminados y miniaturizados por la modernidad) constituyen, creo yo, la causa de una deshumanización galopante que en las calles no siempre es fácil de advertir, pero que en un lugar como el Zoo, destaca con flagrante evidencia. En los actuales Parques Zoológicos, la distancia entre animales humanos y otros animales queda reducida de una manera drástica como jamás lo había visto yo en ningún otro lugar. Por eso, en la euforia de esta constatación tan extraordinaria, me he atrevido a hablar de una “animalización creciente” de los Zoos, no porque los animales habituales sean más animales, sino porque los humanos se han acercado a sus hermanos planetarios a grados increíbles de cercanía. Es decir, se han “animalizado” en un claro proceso de acercamiento y de hermandad, desde luego inconsciente, que auguro como uno de los cambios más importantes del próximo siglo.

¿Para bien o para mal? Dado mi natural optimismo y mi fe incondicional en el futuro de la especie humana, sin duda para bien, mal pese a los agoreros. He aquí alguna de las razones:

- una miniaturización de los egos no deja de ser un requisito indispensable para poder pasar de una cultura de la Afirmación Impositiva de grandes egos a otra de Abertura al Otro, a base de egos más pequeños. Si, ya sé que entonces está el peligro del populismo, pues la teoría dice que egos pequeños son fáciles de manipular, pero últimamente me estoy dando cuenta de que esto no tiene por qué ser así: la masa de egos empequeñecidos es capaz de poner más sentido común, en sus decisiones colectivas, que minorías selectas de grandes yoes hiperdesarrollados. Pero en fin, me limito a una primera constatación, sin entrar en las disquisiciones resultantes.

- la “animalización” de la especie humana es un primer paso indispensable para que, de una vez por todas, reconozcamos nuestra condición animal, es decir, que somos básicamente animales, ocupando un lugar en este planeta muy cercano al de los demás animales que son nuestros hermanos biológicos. Creo que esta conciencia de animalidad es indispensable para llegar a alcanzar un día una conciencia planetaria, que nos permita desarrollar procesos de gobierno mundial, políticas de sostenibilidad, etc.

Para hoy, bastan estas dos razones. Suficientes, creo, para justificar mi optimismo así como mi empeño por acudir al Zoológico de vez en cuando. Tanta es mi ilusión al respecto, que no he dudado en sacarme el carnet de socio del Zoo de mi ciudad, de modo que tengo acceso gratuito durante un año al mismo. Un privilegio que espero hacer partícipe a los queridos blogueros que siguen, con fidelidad inquebrantable, las páginas de este blog.

viernes, agosto 11, 2006

La nueva campaña terrorista o el márketing fascista.

Parece ser que es éste un verano de campañas: la militar en Líbano, la de los incendios forestales en Galicia, la de los trabajadores de Iberia en el aeropuerto de Barcelona, y ahora la de los terroristas que iban a explotar líquidos en unos aviones que volaban de Gran Bretaña a Estados Unidos.

De todas ellas hay de qué ocuparse y preocuparse, pero sobre la última me gustaría explayarme ante el tamaño de la misma.

Sorprende precisamente el tamaño de la campaña, pues por suerte pudo detenerse el cometido terrorista de la misma, que no hubiera sido de menor envergadura. ¿Por qué precisamente en pleno mes de agosto, cuando los aviones y los aeropuertos están en sus máximos, los poderes policiales, bien aconsejados por sus gobiernos correspondientes, han lanzado esta campaña de pánico, proclamanado a viento y platillo los peligros de los que nos han salvado? ¿No es propio de los servicios secretos de inteligencia actuar desde el secreto y la inteligencia? Podrían haber atajado el problema y resolver el asunto con más discreción y diligencia. Así se hizo en otras ocasiones, por ejemplo cuando lo del famoso zapato explosivo.

Resulta muy sospechoso que justo en el momento en que las opiniones públicas occidentales empiezan a enfrentarse a sus gobiernos por el bochornoso apoyo a la campaña estival israelita en Líbano y Gaza, lancen su campaña de acoso al terrorista, lo que permite al gran estratega Bush extrapolar los hechos y hablar de la lucha contra los ”fascistas islámicos”, guiñando un ojo a sus amigos de Israel, quiénes por elemental regla de tres deben enfrentarse también a los mismos fascismos.

¿Pero de qué fascismos habla Bush? Aquí los únicos fascistas son los que pueden permitírselo, es decir, los que disponen del poderío para serlo. Pues por muy democrático que sea Israel, su guerra contra los Palestinos es una guerra fascista, y a su ataque al Líbano le corresponde el mismo nombre.

Esta campaña mediática contra el terrorismo huele a chamusquina. No digo que no existan unos locos capaces de hacer las barbaridades publicitadas por la prensa del mundo (por cierto, que con tanta publicidad, los voluntarios a mezclar líquidos van a multiplicarse como ratas), pero una operación mediática tan bien concertada sobre la desactivación de los líquidos hace pensar que hay mucho “márketing fascista” por en medio.

Ya sabemos la propensión al márketing que tienen hoy los actuales gobernantes mundiales. Los de Al Queda, que estudiaron en la misma escuela, son también unos expertos en el tema. Ambos extremos se apoyan y se necesitan, y ambos lo saben perfectamente. De modo que si una operación de unos sale mal, los otros ya se encargan de publicitarla aunque sea en negativo, recalcando el fracaso de la misma. Así ambos avanzan y se sustentan mútuamente en sus tácticas de márketing, a costa de la vida de unos cuantos miles de civiles que para los dos bandos no valen nada.

Por eso huele a chamusquina la actual campaña antiterrorista, pues ayuda por un igual a los dos bandos a sustentar sus posiciones extremas y nihilistas.

Israel y sus delirios.

Sigo, querido bloguero, con el tema ese de la destrucción del Líbano que acapara la actualidad y las conciencias aun despiertas de Europa.

La situación es la que sigue: todos nos extrañamos de que un país democrático pueda recurrir a las matanzas indiscrimanadas de inocentes (con este terrible alto porcentaje de niños en el cómputo) y al derribo planificado de infrastructuras civiles, pero los defensores de Israel lo justifican porque están en guerra, y en la guerra, por lo visto, todo vale. Esto lleva a la indignación de los que todavía piensan que en el mundo hay un futuro distinto a la simple militarización del planeta. A los más motivados emocionalmente en el conflicto, ansiosos de responder con la misma moneda y de participar ellos también en la matanza, lleva al terrorismo.

Tras leer muchos comentarios, me parece que el fondo de la cuestión se halla en el tipo de estrategia seguida por el estado de Israel desde su fundación, basada en el acoso y en la guerra. Tras el fin de la segunda guerra mundial, el sionismo se consolidó como un movimiento fundacional necesitado de tierras dónde instalarse, uniendo los principios de defensa con los de conquista. Se defiende conquistando, se conquista para defenderse. La ocupación de tierras se legaliza por el principio de los hechos consumados tras aplicar la ley del más fuerte. Si eso no funciona “a las buenas”, se consigue “a las malas”. Esta fusión entre el discurso defensivo y el discurso guerrero es lo que constituye la esencia de la estrategia israelita. Algo que se explica por las terribles circunstancias que generaron la creación del estado de Israel. Que las naciones de Europa se sacaran el problema de encima trasladándolo a Palestina, es un hecho consumado del que es imposible a estas alturas decir nada.

Todo movimiento fundacional parte de un mito, e Israel lo tenía bien servido: volver a la Tierra Prometida e instalarse de nuevo en Jerusalem tras dos mil años de ausencia. Que hubiera por allí habitantes y propietarios era un detalle que no debería ser obstáculo a la gran misión. Se comprende que con esta fuerza fundacional del mito que la sustentaba, más la experiencia del Holocausto, Israel naciera con una energía imparable.

Pero cuando uno llega a un sitio y quiere instalarse en él para prosperar y tener una vida agradable, lo propio es llevarse bien con los vecinos. Sin embargo, resulta que los vecinos eran los dueños de las tierras que ellos querían para si, y por lo tanto, nada de relaciones vecinales. Y lo que al principio fue un problema secundario de minucias resuelto con decididas artimañas, se fue convirtiendo en un problema cada vez mayor.

Un problema irresoluble porque en ningún momento Israel puso en cuestión su estrategia de acoso y ocupación. Lo confirma el hecho de que en todos los casos que han habido de tranquilidad y cese el fuego con los palestinos, en vez de aprovecharlos para sentar mínimas bases de encuentro, los israelitas han roto sistemáticamente las treguas, con gestos represivos exagerados que volvían a desencadenar la dinámica de acción y reacción.

Si buscaran realmente soluciones de verdad, ¿por qué ensañarse con la población civil palestina, y ahora con la libanesa y su precario estado, cuya mayoría no comparte los odios de los grupos extremistas? Todo el mundo sabe que el terrorismo no se vence con represiones ciegas y generalizadas, sino con soluciones policiales y políticas combinadas. Pero con su estrategia de acoso sistemático, el resultado no puede ser más que aumentar el volumen popular del odio, incorporando a muchas personas que antes eran críticas con los extremistas.

Por ejemplo, hubieran podido hacer una intervención quirúrgica contra Herbolá, que hubiera encontrado la neutralidad de las demás facciones libanesas y así congraciarse de alguna manera con el movimiento popular antisirio que ha surgido espontáneamente en los últimos tiempos. Pero eso, por lo visto, les interesaba poco. La opinión de los libaneses es un cero a la izquierda. Han optado por la brocha gorda, por la pura lógica conquistadora, expansiva y militarista, que desprecia a todos sus vecinos, cuyas vidas no valen nada.

Tal vez se buscaban resultados estratégicos muy bien calculados por los analistas, pensando en Irán como foco del problema, pero la realidad sorprende siempre a los delirantes. Herbollá es un partido libanés y sus milicianos gente arraigada a la tierra que defienden. Nacidos para defenderse y atacar al invasor israelí, han aprendido muy bien de sus derrotas y saben cómo enfrentarse a un enemigo superior. Su gran baza es el fanatismo religioso, que les hace perder el miedo a la muerte.

El resultado es que en la práctica y en el día a día, Israel no hace más que rodearse de una marea demográfica de odio que ven a Israel como un estado anómalo, aborrecible y criminal. ¿Es esto una táctica inteligente? Lo es sólo si se parte de una única premisa: lo importante es la guerra, pues así conquistamos nuevos territorios y consolidamos los que ya hemos conquistado. ¿Pero acaso pretenden conquistar el Líbano? Saben que no se les permitiría. ¿Entonces por qué enemistarse con todo el país entero, que será siempre un país vecino, el más próximo y avanzado de la zona? ¿Sentían talvez celos de su florecimiento turístico justo cuando éste empezaba a despuntar? No hay que menospreciar este último factor.

Seguramente buscan resultados a largo plazo, pensando que en cincuenta o setenta años, Israel será dueño de todo Oriente Medio, tras haber aplastado cualquier resistencia a su alrededor. Los americanos, por su parte, allanan el terreno con sus intervenciones en la periferia. Pero creo que esto es “soñar tortillas”, como decimos en catalán. A largo plazo, Israel tiene las de perder, por varios motivos: 1- por demografía, pues los países árabes se multiplican mucho más, 2- por acumulación del odio: al cruzar los umbrales de lo soportable, los odios acumulados generan movimientos súbitos que nadie puede prever, así como grupos guerrilleros que no temen la muerte, 3- por cambios en el equilibrio mundial de fuerzas: nada asegura la perennidad de la supremacía israelita-americana, 4- por acanallamiento moral: convertirse en un país fuera de la ley es cada vez más difícil e insoportable en un mundo interdependiente, 5- por enardecimiento de las poblaciones árabes periféricas, convenientemente excitadas por la inteligente estrategia americana en la zona (Irak, etc), empeñada en sumergirlas en el caos.

Una postura así no busca soluciones. La única solución para ellos es que nadie se les enfrente, que haya sumisión total de los vecinos, de los enemigos y de los amigos que ven con ojos críticos su acción. ¿Puede eso triunfar a la larga?

Su último delirio es caer en el juego de las estrategias regionales: lo iniciaron los EEUU en Irak, con los resultados catastróficos bien conocidos por todos. Juegan a ello igualmente los dirigentes iraníes y los burdos servicios secretos sirios, empeñados ambos en su supervivencia. Tambien Hamás y Herbolá se han dejado arrastrar por esas ilusiones. El juego consiste en pensar que es posible cambiar países, poderes y equilibrios regionales desde los despachos de los estrategas y los analistas, a bombazos y a base de emocionales conspiraciones suicidas, o con la ayuda de los satélites y los misiles. Al adoptar esta línea, Israel deja de ser un país arraigado en la región (es decir, solidario con sus vecinos) y se convierte en un ente extraño a ella (lo mismo, por cierto, que le puede pasar a Herbolá, al ponerse tan descaradamente bajo la órbita de Irán, aunque su matirio en el campo de batalla puede mitigar este peligro). ¿Busca así Israel consolidarse? Cuando más se mueva y alardee de músculos, más pegados tendrá a las terroristas que se arriman a su cuerpo para morir juntos. Es como si quisiera sacarse los moscones de encima enbadurnándose de mieda.

Así parece avanzar Israel: rodeándose de enemigos que le siguen con odio mortal. Como tienen la bomba atómica, pueden morir matando. ¿Es éste su destino? ¿A dónde les llevará su delirio?

miércoles, julio 26, 2006

Declaración de la Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo.

Adjunto, en castellano y francés, la declaración que hemos hecho desde la Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo de la que formo parte, en relación a la crisis del Líbano.

La Red Sombras y Marionetas del Mediterráneo, constituída por varios titiriteros de distintos países mediterráneos, quiere manifestar su repulsa por el ataque indiscrimado y criminal de Israel al Líbano.

Consideramos que bombardear aeropuertos, barrios residenciales, centrales eléctricas, puentes y carreteras, sin el mínimo respeto por la vida de los civiles inocentes, constituye una actitud inadmisible, condenable y criminal, indigna de un país que se quiere civilizado, en absoluta contradicción con la racionalidad y el sentido común que debe imperar en la relación de los pueblos y los países entre si. Los problemas, por muy complejos y graves que sean, jamás pueden ser resueltos desde el asesinato y la muerte generalizada. Los Estados se deben a la ley, y existen suficientes maneras de resolver los contenciosos sin recurrir a la destrucción sistemática y al crimen.

Como titiriteros y personas libres que defendemos de un modo activo el entendimiento entre las culturas de los distintos países mediterráneos, exigimos a la comunidad internacional y a los países europeos en especial, que pongan freno a este ataque indigno y criminal, exigiendo a Israel que regrese de una vez por todas a la razón y al sentido común de la ley que respeta, por encima de todo, la libertad, el bienestar y la vida de las personas.

Toni Rumbau – Cia. La Fanfarra – Barcelona
Stéphanie Lefort - Théâtre le Guignol de Lyon - Compagnie des Zonzons - Lyon
Karim Dakroub – Festival de Títeres de Beirut
Habiba Jendoubi – Titiritera de Tunis
Participan también en la Red los Festivales de Marionetas de Beirut, Istambul y Lyon.


Déclaration du Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerranée.

Le Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerranée, constitué par plusieurs marionnettistes de différents pays méditerranéens, veut manifester son désaccord contre l’attaque violente et inconsidérée d’Israël au Liban.

Nous considérons que bombarder aéroports, quartiers résidentiels, centrales électriques, ponts et routes, sans le moindre respect pour la vie des civils innocents, constitue une attitude inadmissible, condamnable et criminelle, indigne d’un pays qui se veut civilisé, en totale contradiction avec la rationalité el le sens commun que devraient inspirer les relations des peuples et des pays entre eux. Les problèmes, mêmes s’ils sont très graves et compliqués, ne peuvent jamais être résolus avec l’assassinat et la mort généralisée. Les États se doivent de respecter la loi, des processus de résolution des conflits existent qui permettent de surmonter les crises sans en passer par la destruction systématique et par le crime.

Le Liban, le peuple libanais ne saurait payer de son sang des conflits qui prennent leur source en d’autres territoires.

Comme marionnettistes et personnes libres, nous défendons d’une façon active l’entente entre les cultures des différents pays méditerranéens, nous exigeons de la communauté internationale et des pays européens en particulier, qu’ils mettent fin à cette attaque indigne, de même que nous demandons à Israël de retrouver une fois pour toute la raison et le sens commun de la loi qui respecte, avant tout, la liberté, le bonheur et la vie des personnes.

sábado, julio 22, 2006

Vivir en el mito: las cadenas del pasado, las alas del futuro.

Nacer bajo el impulso del mito es lo normal en cualquier fundación de una nueva ciudad o de un nuevo estado. Forma parte de la tradición humana. En el caso de Israel, su mito fundacional es una suma de contenidos simbólicos todos ellos de alto calibre: a- regreso a la Tierra Prometida tras dos mil años de ausencia, b- se acabó la diáspora, el judío errante encuentra por fin una tierra dónde instalarse, que además es la suya propia, de allá dónde procede, c- perseguidos por todo el mundo, diezmados por el horror nazi, los supervivientes hallan por fin una base sobre la que levantar un proyecto de futuro capaz de juntar libertad, dignidad y bienestar. Un proyecto con esta base mítica fundacional, tiene el futuro asegurado, al menos a corto plazo. Así se ha podido comprobar, al levantarse de la nada y convertirse en un país moderno, eficiente y democrático.

Sin embargo, el problema surge cuando del mito fundacional sobresalen y se imponen aquellos contenidos que tienen que ver más con el pasado y, consecuentemente, con una visión sesgada de la realidad. Creo que eso es lo que le ha ocurrido a Israel, al haberse impuesto una visión propia del mundo, de ellos mismos y de los territorios dónde se han afincado, en la que importa más el derecho y la legitimidad jurídica proveniente del pasado –cuya continuidad ha sido interrumpida por nada menos que dos mil años–, que la basada en la realidad. Una legitimidad, por lo tanto, que encuentra sus bases en mitos del pasado.

Nada que decir a ello, si el presente no da problemas. Pero si los da, entonces, el resultado es lo que se observa día a día en Isarel: si la realidad no gusta, se la substituye por la deseada.

Creo que la única posible solución para su supervivencia, es la de inventarse un nuevo mito fundacional de futuro. Es decir, invertir las referencias, dejar el pasado como simple punto de partida, y ponerse a inventar un proyecto de futuro en el que Israel se inscriba en la realidad de la zona, capaz de integrar a sus vecinos, y no en una realidad falsa o inventada de la misma.

Parece fácil, e incluso pensarán muchos que Israel ya tiene este proyecto, pero muy me temo que es una empresa de las más difíciles de hacer. Sobretodo porque el choque con la realidad ha sido tan traumático, que las heridas son muchas y los males tal vez irreversibles. Desde luego, requiere de una nueva generación de políticos capaces de querer enfrentarse a los problemas desde la complejidad y la aceptación de la realidad. Eso exige abandonar las recetas militaristas que no son más que la expresión de una actitud retrógrada y simplista, impropia de las exigencias de nuestra época. ¿Puede hacer esto Israel? Yo creo que sí, materia gris tiene suficiente para ello, y tarde o temprano el choque les debería hacer ver la realidad verdadera, no la inventada. El problema es que se hayan cruzado umbrales peligrosos de no retorno. Con un cambio en la política americana cabría ser optimistas. O con el derrumbe de la misma. Aunque entonces tal vez sea demasiado tarde.

No se dan cuenta los israelitas que sus vecinos y enemigos tienen también proyectos de futuro, algunos de los cuales pueden llegar a implantarse, aunque sea en un estadio muy embrionario, pero con más fuerza de la que se imaginan. Sólo necesitan una perspectiva de aceptación de la complejidad por un lado, y el arrojo necesario para desatarse del pasado y enfocarse hacia el futuro. Los palestinos, conducidos sistemáticamente a callejones sin salida, podrían alcanzar este umbral de asentamiento mítico. El problema es que están demasiado “enganchados” a la realidad israelita, habiéndose constitutído con el tiempo en una verdadera “sombra” de sus enemigos –atrapados por la dinámica acción-reacció, sin posibilidad de distanciarse de ella. Pero quiénes sí podrían hacerlo son los libaneses descendientes de sus últimas generaciones guerreras.

El Líbano es un taller o laboratorio increíble para el desarrollo de los nuevos paradigmas políticos basados en la complejidad. Tanto su historia como su misma realidad física se basan en la complejidad de su entramado social, en el que se cruzan tranversalmente todas las diferencias étnicas, religiosas y culturales de la región. La larga guerra civil sirvió para que las facciones se conocieran unas a otras hasta la médula, y tras combatirse entre si durante quince años, los viejos líderes volvieron a juntarse en un único parlamento en cuanto se hizo el alto el fuego definitivo. Es cierto que no se ha llegado muy lejos en la articulación de un funcionamiento normal del estado (cómo la actual crisis pone de relieve), pero ésta debería ser la labor de los políticos más jóvenes, sucsores de los líderes guerreros.

Ahora, el país vuelve a estar sacudido por las fisuras de siempre, la fragmentación sale a flote ante la nueva situación de ruina y catástrofe, pero tal vez es posible imaginar que la síntesis de esta fragmentación, que el asesinato de Hariri provocó, se acentúe como reacción colectiva al descabellado ataque de Israel. Si ello sucediera, Líbano podría convertirse en el país con más futuro de la región, al asentarse y posicionarse sobre unas bases fundacionales nuevas que partan de la realidad estricta, acepten la tremenda complejidad en la que se encuentran (tanto local como regional e internacional) y se orienten hacia el futuro de la región, dibujando los papeles que cada sujeto de la zona deberían tener en él.

Si ello ocurriera, el país de los cedros, gran perdedor de esta última contienda, podría convertirse en el verdadero vencedor. En efecto, Israel lo tiene muy difícil para reinventarse como país capaz de integrar la región: su espíritu guerrero y la acumulación de odios circundantes encierran a este país en un verdadero cascarón mítico que lo ancla en el pasado y le impide proyectarse hacia el futuro. Y hoy en día, un país que no se invente su propia realidad proyectada al futuro, acaba sucumbiendo a los que sí la tienen.

¿Podría el Líbano actual, tras surgir de las cenizas de su último incendio, renacer e inventarse como un país nuevo, atado a un pasado glorioso y trágico, pero dotado de un aliento fundacional que sitúe sus referentes en el futuro? Difícil pero posible.

Futurologías estratégicas.

Imaginemos por un momento que Israel siga con sus trece, Siria acabe entrando en el conflicto y tras ella lo haga Irán. Es de suponer que la táctica utilizada en Líbano debe ser un ensayo general para lo que les gustaría hacer en esos otros dos países. Supongamos ahora que lo hagan. ¿Cuál sería el resuiltado? La destrucción de estos países y el desplome de sus gobiernos, incapaces de sobrevivir al caos consecuente. Sería una situación como la que se vive en Irak, pero multiplicada por tres y por cuatro, dadas las dimensiones de los dos países afectados.

¿Sería esto un escenario ideal para Israel? Tal vez sus estrategas piensan que si. Pero lo que está demostrando Irak es que los países árabes son unos volcanes sólo mantenidos a raya por sus respectivos gobiernos corruptos, encargados de reprimir cualquier atisbo de rebelión o independencia. Caídos estos gobiernos, se disparan las energías contenidas y el país explota. Al principio, la anarquía se neutraliza a si misma, pero a la larga, encuentra su propia dirección, se canalizan las dinámicas y emerge una nueva fuerza muy superior a la anterior, curtida por la muerte y la experiencia guerrera. Estas fuerzas rápidamente dirigirían su atención al origen de sus desgracias: Israel. Puede incluso que entonces, otro tipo de empuje haya substituído al religioso, aunque lo más propio es pensar que éste seguirá: el fanatismo sigue siendo la mejor arma guerrera.

Veamos qué pasa en Líbano una vez acabe la oleada de destrucción. Es un misterio saber como reaccionarán sus pobladores. Desde luego, el odio a Israel, que les ha destruído su país y sus esperanzas de recuperación, será mayoritario, incluso entre sus antiguos aliados. Ya durante las manifestaciones antisirias, sorprendió a todo el mundo el repentino sentimento patrio de muchos libaneses, algo nuevo en este país fragmentado como la piel de un cocodrilo. Podría ser que la agresión israelí acentuara esa identificación colectiva. El problema estará en como encaja Herzbolá en el conjunto –en el caso de que sobrevivan como formación política. Supongo que los estrategas del Partido de Dios piensan que los libaneses, admirados por su resistencia y compasivos con las muertes cosechadas, se pondrán a su lado. Podría ser que hubiera algo de eso. Pero las fidelidades en Líbano son muy sólidas en sus distintas comunidades, y las pendencias de siempre entre las facciones volverán a emerger, con más virulencia si cabe, ante la rabia del entorno desolado y en ruinas. Por lo tanto, lo más seguro es que haya petición de responsabilidades. Dudo que Herzbola haga un mea culpa y pida excusas a los libaneses. Más bien cabe esperar enfrentamientos. Si se quedan en el parlamento y se llega a acuerdos, perfecto. Pero cuesta imaginarlo. Difícil imaginar en un mismo gobierno partidos unos en estado de guerra y otros que sólo quieren vivir tranquilos y dedicarse a los negocios.

Sin embargo, también es posible que la larga experiencia de los libaneses en guerras civiles les haya vacunado en este tema, y que se resistan a caer de nuevo en la querella armada. Eso sería lo mejor que le podría pasar al país de los cedros. Lo que hace verosímil esta posibilidad es el hecho de que sus pueblos ya están acostumbrados a vivir juntos siendo todos diferentes. Hay que pensar que los mismos contendientes que lucharon entre si durante la guerra civil, luego ocuparon sus puestos en el parlamento cuando llegó la paz. O sea que aparentemente, no hubo ni vencidos ni vencedores, lo que lleva a pensar en la inutilidad de tantas muertes. ¿Conseguirá ese logro el Líbano?

Si el incendio se ha extendido a Siria e Irán, sumándose al de Irak, lo más probable es que el estado de guerra en la región se generalice y se enquiste, lo que no sólo daría al traste con las posibilidades antes apuntadas, sino que inlcuso podría borrar del mapa a los mismos países de la zona. Sería difícil para el Líbano sobrevivir metido en el medio de todo este conflicto. Seguramente, eso es lo que buscan los partidos de la guerra: incendios globales. Los del bando islámico, pensarán que con el fervor y el odio pueden aguantar y vencer. Los del bando israelí y americano, pensarán que la superioridad militar es lo decisivo, y que ante las nuevas tecnologías de la destrucción, no hay fervores que valgan. Los grandes perdedores de tan “inteligentes” estrategias no sólo serán los libaneses y todas las poblaciones tranquilas y pacíficas de la zona, que son la inmensa mayoría, sino los propios europeos.

Aunque tal vez entonces surja una nueva generación de políticos capaces de anteponer la valentía y el ardor de la razón compleja al simplicismo retrógrada y suicida de los monoteísmos nacionales, imperiales y militaristas. ¡Ojalá!

martes, julio 18, 2006

El calvario de los Palestinos.

La “ayuda” brindada por Herbolá a los Palestinos de abrir un segundo frente en el Líbano, además de hundir a este país en la ruina, me parece que será igualmente nefasta para los propios Palestinos. Así parecen haberlo visto los israelitas, que de inmediato se han agarrado al ataque chiíta para extender el conflicto palestino hacia unos parámetros más clásicos de “guerra entre naciones”, dónde por lo visto “no hay porqué avergonzarse de nada” y tienen, como siempre, todas las de ganar. De paso, al asociar la resistencia palestina al ataque de países extranjeros, tienen las manos libres para actuar con doble impunidad y ya sin reparo alguno en el patio trasero de Gaza y Cisjordania.

Que el resultado de esta jugada israelita sea la destrucción del Líbano, el peligro (para ellos irrisorio) de una extensión del conflicto a Siria e Irán (qué oportunidad más buena para la “cirujía militar” que tanto ansían hacer en estos países) y el derrumbe definitivo de lo poco que queda del incipiente estado palestino, poco importa. Lo importante es el objetivo número uno: la supervivencia de Israel y su creciente acomodo en las tierras ocupadas. Con la destrucción del Líbano, y si se tercia, de Siria e Irán, se ganan unos diez o veinte años de retraso en el rearme de sus enemigos. Y de paso, se sigue machacando a los Palestinos.

La intervención de Irán en el conflicto palestino, que sirve únicamente a los intereses de los mandatarios de este país en su forcejeo por el tema nuclear y en su posicionamiento en la región, muestra el grado de acanallamiento de la política en esta parte del mundo, que tanto EEUU como Israel han procurado excitar al máximo, elevándolo al paroxismo. El régimen de los Ayatolás busca lo mismo que Israel: su supervivencia. Pero mientras en Israel es todo el país el que se identifica con los deseos de supervivencia, en el caso de Irán es sólo el gobierno, pues la gente en general no se siente amenazada por ningún peligro exterior. Tal es el problema de los gobiernos despóticos, y la desventaja que tiene respecto a Israel. Por eso sus dirigentes buscan como sea el conflicto, para ver si así el pueblo les sigue en su huída hacia adelante. Una huída que, como la historia demuestra, acaba siempre en desastre, pagando las poblaciones los delirios y las ansias de poder de sus gobernantes.

Es curioso que Herbolá se haya dejado arrastrar por Irán. Por un lado, entra en la lógica de los hechos pues es una creación suya, pero por el otro, la singularidad de los chiítas libaneses, que habían entrado en el gobierno y parecían dispuestos a aceptar las reglas normales de juego, con estudiadas políticas de imagen y cierta implicación en el negocio turístico, hacía pensar que serían más sensatos. Su acción es en realidad un suicidio político: tal vez los libaneses arrimen hoy el ombro todos con todos ante la agresión israelita, pero tras los bombardeos, llegará el ajuste de cuentas. Y los platos rotos serán tantos, que se les pedirá explicaciones. Si ellos empezaron la juerga, que la paguen. Cómo mínimo, deberán entregar las armas, y sin ellas, se deshincharán sus humos. Aunque lo más probable es que no quieran, arrastrando al país a nuevas querellas interiores.

Para concluir, de todo lo dicho se infiere que pueda hablarse de “calvario” para los Palestinos: caídos en la trampa de la ayuda iraní, condenados por unos y mal utilizados por otros, se hallan sin escapatoria alguna, pues mientras antes todavía tenían la opción de poder marcar una cierta agenda de los hechos (al ser ellos el “único enemigo”), ahora ya no tendrán ninguna, arrastrados como estarán por el ciclón de la guerra, ajena y lejana, que sin embargo se seguirá cebando en ellos con el descaro y la criminalidad de siempre.

Sin duda Europa tiene una gran parte de responsabilidad en ello: ¿por qué se negó la victoria electoral de Hamás, abandonando a los Palestinos a su suerte y echándolos, como quién dice, a los brazos de los iranís? Pero los errores de Europa son tántos, que ya no viene al caso. Se explica por la ausencia de una política común. Aunque luego el resultado sea el incendio de la región. Ésa podría ser la gran oportunidad de Turquía: a cambio de ser los bomberos del incendio, poder entrar en la Unión Europea. Falta que quieran serlo y prefieran optar por la piromanía, alegando que “en aguas revueltas, ganancia de pescadores”. Tal vez entonces Francia recapacite y se avenga a la razón geoestratégica. Pero tal vez entonces ya sea demasiado tarde...

Por cierto, el gesto de Solana viajando a Beirut en plena crisis es lo único bueno que ha hecho Europa en todo este asunto. Ojalá sea el inicio de un cambio de rumbo y de una implicación mayor en la región. Por ejemplo, haciendo de la reconstrucción del Líbano una causa común europea –y exigiendo a Israel que asume los estropicios. Aunque ello sólo es posible si se combina con propuestas fuertes y serias de arreglo al problema palestino.

domingo, julio 16, 2006

Las contradicciones de Israel.

La dificultad de entender el comportamiento de Israel respecto a sus vecinos reside en la confusión dada entre sus planteamientos estratégicos aparentes y los camuflados. Aparentemente, la reacción de Israel atacando el Líbano se explica como una lógica respuesta de un país que es atacado por otro. Sin embargo, la cosa es más compleja. De entrada, no es el Líbano quién ha atacado, sino una guerrilla autónoma dentro del país. Y es que la acción de Herbolá le ha venido que ni pintada a Israel: por fin sufren un ataque de verdad, que permite respuestas que no requieren explicaciones. Ahora podemos responder y atacar como un estado normal, dicen –mientras en el patio trasero podemos seguir haciendo el trabajo sucio con los palestinos, cuya guerra equiparamos de paso con la legalmente condenable de los chiítas de Herbolà, a los que llamamos Líbano. Esta necesidad de ocultar el fiasco de su política criminal con los palestinos es lo que explica la altisonancia gratuita de su ataque al país de los cedros, buscando un enfrentamiento clásico generalizado con sus enemigos de siempre, en el que pueden desplegar sin vergüenza ni reparo alguno su potencial militar, y ganar todas las batallas.

La necesidad de tener dos estrategias, la una visible y la otra escondida, creo que proviene del miedo y de la resistencia camuflada que tiene Israel en buscar de verdad una solución a los problemas con sus vecinos. Conscientes de que su mismo origen como estado está marcado por una apropiación ilegal de tierras que tenían dueños y a los que se despachó sin contemplaciones de uno u otro modo, jamás ha pretendido resolver de verdad los contenciosos con sus vecinos palestinos, pues sabía que puestos bajo la ley, tenían todas las de perder. Su política, desde un principio, se ha basado en el principio de “los hechos consumados”, los cuales son inamovibles y deben ser aceptados por todo el mundo, guste o no guste a los que salen perjudicados. En realidad, el mismo proceso de creación y consolidación del estado consistió básicamente en crear una situación irreversible de “hechos consumados”. Las sucesivas guerras con los estados árabes vecinos sirvieron para “legitimar” estas apropiaciones, que así podían ser camufladas como “conquistas de guerra”. De ahí que la guerra sea tan importante para Israel: es la mejor excusa y el camino más claro para obtener “derecho” –el derecho de conquista y el que da la victoria y la superioridad militar.

Eso explica que cada vez que plantee una solución a cualquiera de los problemas gordos que tiene, en vez de utilizar las metodologías racionales propias de la resolución de problemas (reunión, mediación de un tercero, diálogo, intercambio de posturas, negociación, regateo, avance por pasos, etc), recurra al uso de la fuerza. Que el resultado sea una “reacción violenta” de los así tratados no importa (al menos a corto plazo): se los define como terroristas y los costes de su acción (hasta ahora pocos) es el precio que Israel debe pagar para ir creando “derecho de guerra”. El resultado de esta táctica es el conocido mecanismo de acción-reacción que al dispararse adquiere dinámicas aberrantes, como es la del recurso extremo de los suicidios-bomba, el destrozo de infrastructuras y barrios residenciales, la masacre de civiles, etc.

Esta táctica tiene una doble estrategia: por un lado, está la oficial esgrimida consistente en proclamar que su objetivo es buscar una consolidación definitiva del estado israelita a base de imponer por la fuerza una relación cordial y difinitiva con sus vecinos. Es evidente que esta proclamación, que es suficiente para sus naturales aliados (implicados éstos en mantener su viabilidad como estado), no cuela ni puede convencer a sus enemigos, pues lo único que en realidad busca es su rendición incondicional y el sometimiento total y absoluto a sus dictámenes. La segunda estrategia camuflada, que no puede ser dicha, pero que subyace y explica las tácticas emprendidas, es la ocupación sistemática de los territorios, haciendo la vida imposible a sus ocupantes para que se vayan, se sometan o simplemente se vayan al infierno. Esta segunda estrategia, que ningún israelita jamás aceptará, es sin embargo la que prevalece y se expresa con descaro en los actos de represión contra los plestinos.

La cuestión es saber si estos objetivos camuflados conseguirán finalmente realizarse. Parece a corto plazo que sí, pues no sé como van a seguir viviendo los palestinos en un infierno como en el que se encuentran. Pero el gran problema de esta estrategia es que no puede ser completamente explicitada, empujando literalmente a centenares de miles de seres humanos fuera de sus fronteras o mandándolos directamente al hoyo. La misma historia del pueblo judío impide la “solución final” que subyace en esta estrategia de acoso a los palestinos. Y ésta es su principal tragedia y contradicción, con la que tarde o temprano deberá enfrentarse. Contradicción de la que Israel puede salir muy malparado si espera demasiado en plantearse y resolver. La dinámica guerrera es ciega y el alegado principio de supervivencia, cuando es atizado por el miedo y la demagogia, puede conducir un país a la locura. El desproporcionado ataque al Líbano, que está arruinando injustamente a este país justo cuando intentaba levantar cabeza después de su larga guerra civil, es un ejemplo del acanallamiento al que puede conducir la dinámica militarista desatada.

El problema es que Israel cruce, sin darse cuenta, el Rubicón de lo soportable que haga irreversible su andadura. Sus victorias inmediatas podrán ser seguras, pero el desenlace histórico de su empeñó estará condenado al fracaso.

sábado, julio 15, 2006

Reflexiones indignadas ante el ataque de Israel al Líbano.

La actualidad, querido bloguero, nos lleva al Líbano para comprobar el altísimo grado de irracionalidad que impregna hoy en día la política local de aquella zona y, de rebote, la mundial.

Lo más extraño es constatar como el pueblo judío, considerado por todos como el más inteligente del mundo, se empantana y acanalla en Israel, transformándose éste en un país criminal, que no cree en la ley, capaz de sojuzgar a un pueblo entero y de aniquilar a decenas de civiles por el simple hecho de haber nacido palestinos. Pero lo que dispara todas las alarmas sobre la condición moral y criminal de este estado, es su respuesta al ataque de Herbolá, bombardeando aeropuertos, centrales eléctricas, puentes y zonas residenciales del Líbano, con el resultado sabido del número de víctimas siendo la mayoría civiles e inocentes. Un país como el Líbano, que recién empezaba a recuperarse de su larga guerra civil, que soñaba, tras la expulsión de los sirios, convertirse de nuevo en un país libre, abierto y acogedor, condenado de nuevo a ser el chivo expiatorio del fracaso suicida de la política occidental y del delirio criminal-paranoico de Israel. Bochornoso e indignante.

Es evidente que la victoria militar de Israel será grande, cosechará muchos triunfos, arrasará zonas, ciudades y poblaciones, o incluso hará retroceder veinte años al Líbano, como alardean sus ufanos oficiales asesinos. Incluso es posible, si nadie lo impide, que la destrucción alcance a Siria, cuyas fuerzas armadas pueden ser diezmadas, cuál ejército de naipes, por el avance arrollador de los tanques y aviones israelitas. Seguramente, si ello ocurre, habrá respuesta iraní y la derrota de ésta está igualmente cantada teniendo en cuenta la desproporción exstente entre los poderíos puestos en colisión.

Y, sin embargo, esta victoria tan apabullante y cantada, puede que sea el inicio del fin del mismo Estado de Israel. No se trata de una opinión emocional del momento, sino el resultado de una reflexión estratégica sobre el futuro de la zona y de los sujetos implicados. Son varios los argumentos que apoyan esta tesis:

1- en primer lugar, el fiasco americano en Irak, que ha ganado con claridad la guerra pero ha perdido estrepitosamente la postguerra, da pistas de por dónde podrían ir los tiros en una situación de caos generalizado en la región. El empantanamiento caótico sería el caldo de cultivo ideal para una resistencia sin control, lanzada a los extremos y peligrosísima. No sólo para Israel, sino para la misma Europa. Seguramente no se llegará tan lejos, y los bombardeos serán detenidos para no impedir que los gobiernos corruptos y viles de algunos de estos países sigan sujetando a sus poblaciones. Sin embargo, la debilidad de estos gobiernos hace pensar que las paredes que separan el orden del caos son muy finas.

2- al haber traspasado todas las fronteras del horror, Israel se está convirtiendo en un país tenebroso y totalitario, poseído por delirios asesinos que lo hacen incapaz de acogerse a cualquier solución racional y pragmática de los problemas, un país por lo tanto indigno y criminal, únicamente sostenido por unos EEUU igualmente empantanados en su canallismo imperial que no respeta las leyes ni el sentido común. Un país así, repudiado por la comunidad internacional, hundido en la vejación y el fascismo militarista, tiene hoy en día poca viabilidad. Un mundo que tiende hacia la interdependencia, que busca el pragmatismo de los intercambios y la elaboración de respuestas complejas a situaciones complejas, y que tarde o temprano tendrá que plantearse el tema de la supervivenca global de la especie en el planeta, no puede perder el tiempo ni encallarse en conflictos absurdos fruto de planteamientos trogloditas, de cuando las sociedades se organizaban en tribus. Países de tales características son como muelas podridas que una buena dentadura necesita sacarse de encima. Un peligro éste que parece mentira no sea visto por los propios israelitas, cuya fama de inteligentes es tan grande.

3- el otro argumento para pensar que Israel puede acabar muy mal por muchas victorias militares que gane hoy, es de tipo más bien histórico y estratégico: la zona ha vivido ya situaciones parecidas en otros tiempos. Los cruzados en la Edad Media se hicieron fuertes en Palestina un par de siglos, pero el aluvión árabe acabó sacándoselos de encima, a la primera ocasión político-militar surgida. La velocidad de los cambios de hoy en día debería hacer pensar a los israelitas. Lo que antes tardaba décadas en fraguarse, hoy ocurre en horas y días. Oriente Medio no es el Oeste de los americanos, dónde fue posible eliminar sin contemplaciones a Apaches y Sioux de la zona. Las poblaciones locales tienen una resistencia tremenda a desaparecer del mapa, y su capacidad de multiplicación es inaudita, por mucho que se les mate. El caso palestino es altamente ilustrativo. El momento actual, marcado por la dinámica incontrolable de los llamados “sistemas emergentes”, lleva a pensar que esta zona muy masificada y altamente afectada por el trastorno y el desbarajuste, puede dar más sorpresas de las pensables.

4- una consideración a añadir está relacionada con la misma psicología de los judíos, que tan íntimamente ha impregnado los cimientos del Estado de Israel. Un pueblo secularmente perseguido, que en pleno siglo XX sufrió un descomunal holocausto, tratado como el chivo expiatorio colectivo de tantos y tantos pueblos de todos los continentes, es normal que al convertirse en Estado, genere una psicología de tipo paranoico que le obligue a situar el tema de la supervivencia –y, por lo tanto, de la defensa– en el centro de sus más íntimas procupaciones. Esta paranoia incrustada, si no es tratada por oportunas medidas de sabiduría y autocorrección, no crea seguridad, sino todo lo contrario, la más feroz de las inseguridades, lo que provoca comportamientos patológicos como los que a diario vemos por televisión. Una patología criminal asociada a los últimos artilugios de la ciencia armamentística y al delirio militarista es la mejor fórmula para firmar una segura sentencia de suicidio colectivo. Que se lo pregunten a los alemanes (¡sus verdugos de antaño, increíble!), a los Pol Pot y compañía, a las tiranías que se mantienen erguidas mientras dura la erección de sus miembros tensados. Pero por muy duradera que sea una erección, siempre acaba desfalleciendo. Ley de vida. Y el día que decidan relajarse, puede que los vecinos decidan que les ha llegado la hora de tensarse ellos…

5- la ciencia habla de “umbrales críticos”, y este concepto se aplica también en la sociología de los cambios y las emergencias. Parece que Israel esté empeñada en cruzar varios “umbrales críticos”: de entrada, el que hace que respuestas en un principio justificadas por razones de seguridad y supervivencia, acaben derivando en pura patología criminal, en abuso sistemático contra vidas civiles inocentes, en masacres y matanzas sin sentido, en genocidio encubierto y en eliminación sistemática de las mínimas condiciones de vida. Luego está el “umbral” de lo que es soportable o “tragable” por las opiniones y la ética mundial de los pueblos y las naciones respecto al comportamiento criminal de un país: por mucho que Occidente calle, el mundo es hoy en día un foro abierto donde las noticias corren como la pólvora. Los hechos y las imágenes hablan por si solas y desmienten las palabras tecnocráticas de los políticos que intentan justificar lo injustificable. El “viva la muerte” y el pozo moral en el que está cayendo Israel, cuya profundidad parece estar importándole un pepino, está cruzando todos los límites de lo tolerable, especialmente para las poblaciones circundantes y no tan circundantes que todavía no tienen la “gran suerte” de vivir atontadas por el consumo. Poblaciones cada vez más políticamente concienciadas, con información de primera mano e inmersas en profundos y acelerados procesos de “modernización” en el uso de tecnologías de última generación. Una bomba de relojería que crece a ritmos galopantes ante la miopía troglodita de los estrategas tribales americanos e israelitas. La complejidad de este entramado explosivo es un toro loco capaz de atacar con mil cuernos a la vez. Su despertar puede ser lento, pero el día que despierte, la plaza se llenará de muertos.

6- hasta ahora, parece que son los israelitas quiénes marcan la agenda de la política internacional americana. Política basada en sus delirios paranoicos y que se traduce en una agresividad impositiva de brocha gorda, impregnada de una simplicidad de espíritu patológica y armada hasta los dientes... Lo malo de las posturas simplistas es que acaban siempre estrellándose contra la realidad. Realidad que se hace cada día más compleja, contradictoria e impredecible. El choque puede ser brutal, y por muchas armas que se tengan, los poderíos extralimitados acaban deshinchándose y se convierten en inoperantes. ¿Quién sostendrá entonces a Israel? Cabe imaginar muchos escenarios, a cuál más caótico y apocalíptico, pero lo más seguro es que no serán nada amables con el estado judío.

En fin, reflexiones de índole estratégico que surgen de la indignación y que intentan explicarse “la razón de la sinrazón” de los actuales gobernantes israelitas y su ataque inhumano y criminal al Líbano.

lunes, julio 10, 2006

El desdoblamiento: nueva disciplina escolar.

Querido bloguero, regreso a un tema que ya he tocado en otras ocasiones pero que no deja de obsesionarme. Tal vez la causa sea la actual visita del Papa de Roma a Valencia, al concentrarse en esta ciudad española toda la carcundia monoteística y monotemática española. Los mono-parentales (la familia como célula fundamental de la sociedad), los mono-genéricos (para quiénes lo que importa es ser grandes machos o grandes hembras), los mono-nacionales (que rezan por la Unidad de la Patria), los mono-imperiales (que han substituído la vieja mitología hispano-imperial por el amor a Bush), los mono-raciales (que aborrecen a moros y negros), los mono-lingüísticos (sean los de la Gran Lengua Española o los patéticos del monolingüísmo catalán)... En fin, esta tan sonada como lamentable concentración de amantes y defensores de lo absoluto me induce a postular de nuevo la vieja creencia de que el único modo de salir de tales posturas monotemáticas es recurrir al desdoblamiento.

Desdoblarse es aceptar que no somos uno sino dos. Eso, que parece una tontería, conlleva unas ventajas importantes. La principal es que desdoblarse significa aceptar que a la vez somos sujeto y objeto, es decir, amos y directores de la situación, pero a la vez, comparsas sin voz de la misma. Esta dualidad permite incrustarnos en la cadena de las interdependencias globales de las personas entre si: podemos decidir lo que hacemos, pero a la vez, hacemos lo que otros han decidido. Aceptar este doble enfoque es, según mi opinión, el punto de partida básico para resolver las actuales patologías monotemáticas que asolan el mundo y lo llenan de absurdos actos identitarios y de conflictos sin fin.

Para el mono-nacionalista, declararse doble significa aceptar que se pertenece como mínimo a dos o tres patrias o naciones. Para el mono-teísta, que al lado del dios único hay otras fuerzas, principios, ideas o, simplemente, otros dioses. Para el mono-lingüísta, desdoblarse es aprender y hablar otra u otras lenguas. El mono-racial se desdobla cuando comprende que proviene de una mezcla multiracial cómo es lógico que así sea. Respecto al mono-imperial, desdoblarse es dejar de ser un imperio: aceptar la pluralidad geoestratégica de fuerzas y poderes, y apostar por el equilibrio espontáneo o negociado de las emergencias propias de cada momento.

El problema está en saber como desdoblarse o como inducir a hacerlo a los que realmente deberían hacerlo. Como titiritero que soy, siempre he creído que la manera más senzilla es el truco del garrotazo: al sacudir al afectado de monotematismo, se despierta su dualidad dinámica desdoblatoria (pues el golpe obliga al sujeto a darse cuenta de que también es objeto, en este caso objeto clarísimo de un garrotazo). Este método, de fácil aplicación en los títeres (de ahí el destacado valor pedagógico de este género teatral), lo es menos en las personas vivas, las cuales no suelen dejarse pegar con facilidad y requieren de procedimientos más sofisticados.

Hay que decir, sin embargo, que el garrotazo suele llegar a los afectados de monotematismo por la misma inercia de los hechos, los cuales se resisten cada día más a aceptar las actitudes dogmáticas y unilateralistas. Sabido es que en épocas anteriores era más fácil y recurrente creer en la ilusión de los absolutos (quién no ha sido fanático defensor de verdades únicas o de egoicos Yoes absolutos...), pero actualmente constituye un anacronismo evidente para cualquiera que se lo mire con un mínimo de sentido común, anacronismo que la modernidad, con su dinamismo vertiginoso de cruce comunicativo más la interdependencia de todo con todo, establece con rotunda claridad.

De hecho, la misma vida moderna nos obliga constantemente a desdoblarnos para poder encajar las realidades que nos toca vivir. Por ejemplo, los que son productores, son también consumidores; y los consumidores son a su vez productores de la riqueza de los otros. Los artistas creadores están obligados a ser showmans de si mismos, juntando la necesidad de aislamiento con la necesidad de comunicación (el artista se desdobla así en payaso). Los géneros masculino y femenino cada vez están menos separados, y la tendencia es compartir atributos de los dos. Las unidades familiares se dividen inexorablemente en dos, por mucho que al Papa y a los Obispos de España les pese. Los que viven en estado de riesgo constante, están obligados a ser alternativamente ganadores y perdedores, y en los casos más extremos, a considerarse vivos y muertos a la vez, tal es la proximidad existente entre ambos estados. Etc.

Tras lo dicho, parece como si ya no quedaran en el mundo partidarios del monotematismo. Y la verdad es que, para nuestro asombro, los hay muchos. De vez en cuando se juntan y celebran su retraso civilizacional con grandes encuentros, como el de Valencia, capitaneado por el gran Maestre de los Mono-pesados, el papa de Roma, jefe visible de la hipocresía institucionalizada.

En un contexto tan nefasto como el actual, no hay más remedio que animar a los pedagogos del futuro (que son los del presente) a que investiguen y se inventen nuevas y viejas disciplinas de desdoblamiento, de modo que puedan ser enseñadas en las escuelas y formen parte de sus planes de estudio. Un trabajo que requiere posturas interdisciplinarias, para que no quede ninguna especialidad sin el correspondiente desactivador de sus absolutos.

martes, julio 04, 2006

De regreso

Querido bloguero, han pasado varios días desde mi última aportación en este blog, y tras regresar a Barcelona después de un agradable viaje realizado por tierras griegas, constato lo siguiente:

1- el tema del Estatut ha desaparecido literalmente del mapa. Lo cual me alegra y no deja de maravillarme, dada la omnipresencia que tenía los días antes de mi partida. Viajar tiene estas ventajas: relativiza las “grandes cuestiones” y las muestra caídas de los pedestales tras su encumbramiento mediático. Creo que se trata de una gran ventaja de nuestra actual sociedad del espectáculo: por ejemplo, cuando murió el Papa, fue tal el estruendo mediático que uno pensaba que la religión católica regresaba sobre el mundo montada sobre el cadáver del polaco difunto. Un espejismo: a los cuatro días, ya nadie se acordaba de aquellas pompas. El viento que sopló sobre la Plaza de San Pedro, cerrando de golpe el Libro que había sobre el féretro, se llevó también todo lo que allí se representaba. “A por otra cosa, mariposa”, parece decir la pulsión informativa de la actualidad, que despacha los temas sin contemplación alguna. Ahora parece que se impone lo de la ETA, pero una vez el rodillo zapateriano, con su rutina mecanicista de los encuentros y los pequeños vaivenes de avance estratégico, haya dado los primeros pasos, contando además con la ayuda del sol de agosto, otro tema centrará la papelería de los quioscos. Las elecciones catalanas, por ejemplo, las cuales por cierto las veo ya como pasadas, al ser su pirotecnia mediática tan previsible… En fin, de algo tienen que vivir los periódicos. Además, qué sería de nuestra tan necesaria capacidad de indignación sin los avatares de la política, con sus números, sus afirmaciones categóricas, el repertorio de sus insultos y vejaciones, etc. Y, en este sentido, las elecciones catalanas no nos defraudarán. Aunque lo mejor es verlas como si ya hubieran pasado.

2- Durante mi estancia en Atenas, pude comprobar de nuevo las paradojas y las pequeñas sorpresas del fenómeno turístico, al ver como una ciudad y un país poco a poco se van especializando en antigüedad clásica y en arqueología, lo que les mueve a lanzar consignas publicitarias del tipo “Ven a Grecia, vive tu Mito”. Visité la Acrópolis y vi que los trabajos de reconstrucción del Partenón siguen a buen ritmo. El Erecteion también se va consolidando, aunque no sé si hay planes para devolverlo a su forma original. Es bonito e insólito ver por todas partes hileras de columnas, bases y capiteles, perfectamente ordenados y catalogados, esperando volver a ocupar el puesto que tenían. Se dice que la comisión encargada de estos trabajos tiene que negociar el regreso de muchas de las piezas que faltan con los miles de museos y museítos de toda Europa que en su día se hicieron con ellas, lo que no deja de ser una labor fascinante y agotadora. Lo más curioso es que se llegue a saber cuales son y dónde se encuentran dichas piezas, aunando la profesión de arqueólogo con la de detective.

Pensé que en cien años, la Acrópolis, si no lo estropean las guerras y los terremotos, volverá a brillar con su esplendor antiguo, aunque todo con el color de la piedra, sin las pinturas que por lo visto los griegos gustaban poner tan alegremente. Pienso que siendo Atenas la ciudad que dio a nacer la Democracia, sería bueno que llegara a especializarse en esta temática. Algo que parece a todas luces lógico y natural, aunque no sé si a los políticos griegos les seduce demasiado la idea, tan empapados como están de nacionalismo. Pues si así se hiciera, deberían practicar con el ejemplo, lo que les podría acarrear ciertos problemillas –al estar obligados a practicar la Democracia desde una “areté” puesta al día. Tal vez por este motivo la Grecia moderna ha tardado tanto en sacar brillo a sus tesoros arqueológicos, prefiriendo destacar los aspectos más bien mitológicos del asunto que los referentes al tema de la democracia. Aunque todo se andará, y el negocio turístico acabará imponiendo la razón y el sentido común, haciendo de la necesidad virtud.

3- El efecto de las últimas Olimpiadas en Atenas ha sido considerable, y es un gusto vagar por la noche por el magnífico paseo que envuelve la Acrópolis desde Monasteriko siguiendo la línea del metro hasta la zona del Keramicó. Un paseo muy bien urbanizado con luz agradable, bancos cómodos, multitud de bares, rastaurantes y terrazas, con bellísimos edificios del final de la época otomana y de principios del siglo XX magníficamente restaurados, mientras contemplamos sobre la Acrópolis las paredes ilumninadas de los templos y las murallas que la rodean. Un verdadero espectáculo visual realzado por las ruinas del Ágora con su impresionante Hephaisteion, el Templo de Hefesto, que surge de improviso junto al paseo. Por lo visto, este barrio se ha convertido en uno de los más “chics” de Atenas, y el jueves por la noche que estuve paseando por él se veía repleto de atenienses ansiosos de respirar el aire fresco de la noche, bajo la tutela mitológica de las piedras doradas de la Acrópolis. Una delicia, vaya, sobretodo después del bochorno del día. Y es que uno de los pejaes que hay que pagar en Atenas es el sofoco de un sol de justicia que cae sobre todos aquellos que insistimos en visitar sus piedras. Un peaje que, para suerte de los atenienses y maravilla mía, no amilana a los grupos de turistas de todos los continentes que son conducidos en autobuses y luego en tropel ordenado por entre las ruinas, en visitas que pueden durar de dos a tres horas…

En fin, he aquí unas cuantas reflexiones del humilde grafómano bloguero que firma estas líneas.

lunes, junio 19, 2006

Rotundo Sí escaso

Creo, querido bloguero, que el título propuesto resume las opiniones expresadas por la mayoría de los medios. El Estatut ha sido aceptado por los catalanes con medido entusiasmo. Esta vez no ha ocurrido lo que últimamente sucede en los referéndums, cuando los electores llamados a escoger entre un Sí o un No, se dividen más o menos a partes iguales, buscando el menor consenso posible. Aquí ha habido consenso, y la compulsión relativizadora ha decidido optar por la abstención, lo cual demuestra un cierto grado de racionalidad política del electorado –al excluir claramente la opción del No.

La falta de entusiasmo se explica por el cansancio de los dos años de sainete estatutario. Creo que la participación lograda, un 49% rozando el 50, es incluso bastante alta y loable, pues el castigo podría haber sido mayor. Estos resultados, que deshinchan bastante las pretensiones grandilocuentes de los abanderados nacionalistas, refrendan la ley y, a la vez, la desrefrendan un poco, de modo que todos, tanto los partidarios del Sí como los del No, se sienten ganadores. ¡Virtudes de la democracia! Todos ganan y nadie pierde.

Parece, en efecto, que sea imposible hallar un consenso mayoritario ante una situación clara, pues las opiniones se disparan ipso facto hacia una polarización de las posturas –aunque éstas se expresen vía abstención. El resultado es un avanzar sin avanzar, un constante ponerse palos a las ruedas, como ocurre con la construcción europea y ocurrirá ahora con la nueva articulación de corte federalista que intenta imponerse en España. Los ciudadanos, enfrentados a sus dudas y a sus miedos, frenan cualquier proceso dinámico de cambio, y se instalan en posiciones de empate, resentimiento y oposición contradictoria.

Los sueños nacionalistas han recibido un cierto varapalo. Pero que no se engañen los nacionalistas del otro lado, es decir, los que sueñan con el centralismo español, pues la fragmentación de las posturas también les concierne a ellos. Es decir, jamás obtendrán mayorías aplastantes en sus posiciones. En este sentido, la posición de Esquerra Republicana ha sido también lamentable desde el punto de vista de su propio credo, pues con su defensa del No ha aumentado el desinterés por la mayoría nacional catalana. Lo cual ha sido un positivo factor de relativización.

Zapatero hubiera preferido mayor participación: se la habría lanzado a la cara del PP. Ahora se tiene que contentar con una defensa realista de los resultados. Aunque me parece que ha salido bastante bien librado del lance, al ganar un Sí claro con fervor escaso: eso le da fuerzas para tratar con una cierta equidistancia el tema autonómico, sin desengancharse a la vez del mismo. Servirá también para sacarse de encima a Maragall y apostar por un seguro Montilla que será más gris pero más fiel y pragmático. Igualmente las aguas quedarán suficientemente turbias y empantanadas como para que sea posible intentar su deseada socio-convergencia (una coalición PSC-CiU), aunque es dudoso que lo consiga.

El PP estará muy contento, pues podrá seguir en los derroteros apocalípticos-autopunitivos que tanto gustan a sus fieles seguidores, pero a su crítica desmesurada del Estatut, deshinchado por el referéndum, se le verá el plumero: algo que llama tan poco la atención del público, no merece tantas frases altisonantes. Sobretodo cuando todas las demás autonomías, y especialmente las gobernadas por ellos, están copiando el articulado catalán punto por punto.

Maragall debería abandonar raudo la política, para retornar a una visión más realita de la realidad: los sueños nacionales ya no incitan a ninguna mayoría. Mejor luchar por una ciudad que por un país. Es un buen momento para Montilla: su ideario es, desde el punto de vista del “seny”, el más “pujoliano” de todos, mucho más que el de Mas y sus huestes nacionalistas, siempre tan propensas al delirio pirotécnico. Montilla podría conectar con la media catalana, aunque su origen cordobés le restará votos entre los payeses. Respecto a sus paisanos andaluces, mucho me temo que lo vean también como un intruso, acostumbrados a ser mandados en catalán. Pero igual con la ayuda de Zapatero suena la flauta, aunque en el referéndum se han visto claramente sus limitaciones.

En fin, se acabó la fiesta. Lástima que la primera experiencia de izquierdas en Cataluña haya quedado truncada por la triquiñuela estatutaria y el jolgorio nacionalista. Los de Convergencia se han salido con la suya, forzando hasta el límite las contradicciones del Tripartito: sus componentes han caído de cuatro patas en la trampa. Difícil de recuperar la ilusión de partida y su energía. No creo que haya más tripartitos. Aunque siempre cabe soñar en lo imposible: ¡Ojalá Montilla se salga con la suya!…

Yo, querido bloguero, me voy a Grecia unos diez días.

martes, junio 13, 2006

ÚLTIMAS REFLEXIONES SOBRE EL ESTATUT

Querido bloguero, quedan ya pocos días para que se acabe el tema éste, de modo que lo que tenga que ser dicho, que sea dicho sin demora. Pero, ¿qué más puede decirse sobre el Estatut? ¿Acaso no se ha dicho todo? Ha llegado un punto en el que todo son obviedades, y la necesidad del Sí, una evidencia suficientemente evidenciada. Los del No insisten en sus razones, tan razonadas como repetidas, sin convencer más que a sus fieles y adeptos. A estas alturas, la cuestión es la asistencia. ¿Irá mucha gente a votar?

Yo sí iré. Me gusta votar. Será que me he convertido, con la edad, en un conservador. O tal vez no, y los conservadores son los que se quedan en casa, por pereza o por convicción ideológica. O porque les importa un pito. Esto último lo entiendo más. Aunque la actitud de los que no van a votar porque están descontentos, resentidos o desengañados de los políticos, me parece hipócrata y muy comodona. Como si los políticos fueran unos seres excepcionales a los que se les debe exigir todo. Són lo que son –o sea, “lo que hay”–, por dejadez consentida de la masa, que renuncia a sus responsabilidades y las traspasa a los elegidos. Las carencias que no queremos ver en nosotros mismos, las traspasamos a los políticos y nos quedamos tan panchos, como si fuéramos ciudadanos perfectos, jueces imparciales de los actos ajenos. Claro que son unos impresentables, la mayoría de las veces, ¿pero acaso no lo son porque proyectamos en ellos nuestra propia impresentabilidad?

Durante todo este año de Estatut, los políticos han convertido la política en un verdadero sainete, un culebrón, es cierto, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los que durante todo el mismo año se han tragado los culebrones y los “reality-shows” infectos que echan por la tele? No los políticos, que se pasan el día con su propio sainete, en reuniones o en el Puente Aéreo (aunque algunos seguro que también miran la tele, tal vez con ansias de aprender), sino la masa que se encandila con los actores culebronistas, con el exhibicionismo basura, pero que ante el espectáculo igualmente culebronista de los políticos, ¡se indigna!

“Vaya”, dirá el bloguero lector, “¡qué defensa de los políticos! Puede ser que tenga razón este señor del blog, pero por mucho que diga, eso no quita que el espectáculo haya sido deplorable, y que los políticos protagonistas del enredo hayan quedado tan enredados en él, que no haya buen desenredador que pueda desenredar el desaguisado enredo”. Sustento su opinión, querido bloguero lector, pero la matizo con mis considerandos de orden pragmático que me parecen suficientemente válidos.

Otra razón esgrimida para no votar es la del tipo ideológico de la izquierda ácrata y radical. Tiene mucha tradición, y es difícil polemizar con ella, pues posee argumentos de sobra, muy probados y contundentes. Menos mal que es minoritaria, pues pertenece a élites filosóficas y muy exigentes, capaces de profundizar en las esencias del meollo, con apreciaciones no siempre fáciles de entender, sólo para los iniciados en el verbo analítico y en la radicalidad denunciante, con gestualidades e incluso disfraces a veces muy pronunciados.

Aunque también es verdad que en países como Francia, patria de la razón pensante, esas posturas tienen muchos adeptos. Y en Alemania, impregna muchas capas de la juventud urbana y universitaria. Sus formulaciones son acertadas todas ellas, de una gran verdad, pero eso no impide que siga pensando en ir a votar. No sé muy bien la razón, seguramente por simple pragmatismo sociológico, por prejuicios desideologizantes, o por mantener en pie la ficción democrática... Puro conservadurismo, sin duda, pero prefiero una ficción que propone a otra que impone, por muy falsa y manipulable que sea la primera.

El voto no arregla nada, tal vez tampoco sirva para nada, pero te otorga, aunque sea sólo en la ficción de la teoría, poder decisorio y soberano sobre la marcha de lo público y del país. Esta sensación, por muy falsa que sea, nadie te la quita. Y es una maravilla ver, los días de votación, a tantos ciudadanos anodinos que normalmente ves en la calle, en las tiendas, en los mercados, en los toros o en los portales de las casas, acudir todos (o bastantes de ellos, un 60% más o menos) a los centros de votación, cumpliendo con el principio de que “a cada ciudadano, un voto”, seas pobre, rico, tonto, cojo o viejo. Y mientrastanto, contemplas a los políticos encerrados en sus cuarteles, callados y expectantes, ansiosos de conocer el veredicto de las urnas que hará ganar a unos y perder a otros. Una delicia.

Sin duda la democracia tiene mucho que desear, aprender y cambiar[1], pero una forma de mantener vivo el aliento que la sustenta, hoy por hoy, es gozar del derecho de voto. Por eso creo que vale la pena ir a votar. En el caso del Estatut, “Raison oblige”, motivo más que suficiente para votar que sí.

[1] yo de entrada aumentaría el número de parlamentos y de senados del país, poniéndolos como mínimo en cada provincia española, para pasar luego a cada ciudad de más de 50.000 habitantes. La complejidad del mundo exige más complejidad representativa. Ya sé que suena raro, pero la descomunalidad del sainete sería aún mayor, lo que traería no poca diversión, y nos sentiríamos más partícipes y representados. Volveríamos así a los orígenes de la democracia griega, cuando cada Polis era independiente y soberana, aunque habría que evitar lo de las guerras constantes entre ellas, para lo que servirían los parlamentos regionales, seguidos de los nacionales, del europeo y del mundial, así como unas reglas de juego consensuadas, con una misma ley de ciudadanía común, abolición de la esclavitud, etc.

martes, junio 06, 2006

LOS CHON CHON EN LA PUNTUAL.

Ha sido un placer asistir a una representación de los Chon Chon en La Puntual, el teatrillo de Eugenio Navarro de la calle Almirall Vermell de Barcelona. El título de la obra era “Juan Romeo y Julieta María” (presentaron el día anterior “Tresespinas”, basada en tres textos del conocido titiritero y dramaturgo argentino Roberto Espina, que yo no pude ver). Había visto esta loca versión de la tragedia de Shakespeare hace un tiempo, creo que fue su estreno en España, y ya me gustó entonces. Ahora, la obra ha ganado en ritmo, gracia, estilo y desparpajo. Una delicia que los asistentes en la Puntual, abarrotado de gente, disfrutó a carcajada limpia y premió con prolongados y merecidos aplausos.

Los Chon Chon son un grupo de titiriteros compuesto por el chileno Miguel Oyarzún y el argentino Carlos Piñero. Viven normalmente en la ciudad de Córdoba, Argentina, y dos veces al año suelen venir a las Españas para realizar una gira por los festivales, teatros y ciudades que a lo largo de los años se han convertido en incondicionales suyos. Los descubrió Eugenio Navarro en 1997, actuando en Buenos Aires, en la Calle de los Títeres, y fue él mismo quién les organizó las primeras funciones en España en algunos festivales de confianza, en el Teatro Malic de Barcelona y otras muchas ciudades en número de cuarenta. El espectáculo era “Los Bufos de la Matinée”, y con ellos ocurrió lo que a Julio César: “vini, vidi, vinci”. Era lo que muchos estaban buscando hacía tiempo: un grupo “ligero”, de poco “bulto” (sólo dos personas, y un teatrillo sencillo, austero, apto para todos los públicos y escenarios), fresco, divertido, poético y, lo más importante, inteligente. Algo que en el terreno de los títeres siempre es muy de agradecer.

El estilo de los Chon Chon no puede ser más sencillo y, a la vez, más sofisticado. Se cumple aquí la ley que dice que lo más difícil es decir más con menos. Pues bajo la apariencia global de sencillez, se esconde una técnica muy elaborada y un “savoir faire” siempre inspirado y exquisito. Lo que más sorprende es la gracia que tienen en la manipulación –cuidada, sutil, apaciguada, “dulce” y detallista– y en la improvisación –escuchar a los dos presentadores habituales del espectáculo, el Abuelo y Arraskaeta, es una verdadera delicia: con sus dejes argentinos, sus ironías, sus juegos de palabra y las referencias constantes que hacen al lugar dónde actúan, se ponen al público en el bolsillo a los dos minutos. Pero lo bueno es que ambos titiriteros, Carlos y Miguel, juegan a sorprenderse entre si durante la representación, acentuando las ocurrencias y los juegos improvisados, de modo que en más de una ocasión a ellos mismos se les escapa la risa...

El Romeo y Julieta que presentaron en La Puntual tiene como principal virtud el gran aliento de libertad que trasciende del retablo. En efecto, los Chon Chon no dudan en pasar de un registro al otro con total desparpajo y aún así, la obra nunca chirría, a pesar de que los registros utilizados van de un extremo al otro. Primero son los dos presentadores habituales que introducen título, argumento, actores y personajes. Sus gracias son la habituales, con los agradecidos gags de las escaleras (cuando bajan por una escalera de caracol que se “encalla” y nunca termina o cuando el Abuelo escoge la escalera mecánica, mucho más suave y rápida...) y sus divertidas improvisaciones. Luego, se pasa al registro del teatro dentro del teatro, cuando los títeres-actores, cuatro, se disponen a disfrazarse para hacer los diferentes papeles de la obra. Luego entramos ya en el Romeo y Julieta, cuya trama sin embargo no consigue nunca arrancar debido a las intromisiones de los otros registros. Tras la escena del enamoramiento y la “casualidad de los apellidos”, surge de pronto un fantasma, procedente de los interiores del retablo, o tal vez de otra obra de la compañía, que interrumpe la función con clásicos juegos titiritescos de persecusión y estacazo. Y cuando nos preguntamos hacia donde acabará el asunto, aparecen por sorpresa los mismos titiriteros, que intervienen a su vez en la trama y que precipitan el desenlace de la obra. Lo más divertido es cuando el Abuelo dice: “ahora viene la parte pedagógica del espectáculo”: uno espera que van a contar el argumento shakespeariano al público, pero lo que hacen es pedir a los padres que se lo cuenten ellos a sus hijos cuando lleguen a casa...

Este pasar de un registro a otro, alternando los lenguajes que van dirigidos ora a los niños ora a los adultos, sacando las manos y las cabezas los titiriteros cuando se les antoja, dota al conjunto del espectáculo de un envidiable aire de libertad. Parecen decir: aquí todo es posible, hacemos lo que nos da la gana, que nadie se rasgue las vestiduras, y sin embargo, el espectáculo fluye y grandes dosis de poesía son derramadas al público, que lo recibe sin darse cuenta de ello, desde una sencillez sin aspavientos, hasta que al final uno no tiene más remedio que levantarse, y entre aplauso y aplauso, exclamar: “¡chapeau!”.

La maestría de los Chon Chon pertenece a esta linea titiritil argentina cuyo principal referente fue el poeta y titiritero Javier Villafañe, que los españoles tuvimos la suerte de conocer en su última época. Consistente en un uso minimalista y estilizado del oficio, procede a su vez de las semillas dejadas por García Lorca en Argentina. El joven Javier Villafañe de entonces quedó atrapado por el espíritu lorquiano, para el cual los títeres no eran más que otra manera de hacer y decir poesía. Espíritu que cultivó a lo largo de su vida, dejando una huella profunda no sólo en su país, sino en toda Latinoamérica y, más tarde, en España (recuperando de este modo una tradición que el Franquismo cortó de raíz). Los Chon Chon –desconozco si conocieron o no directamente a Villafañe– se sitúan en esta misma línea: un registro dificilísimo de cultivar, pues tan fácil es caer en las ñoñerías infantiloides como en las cursilerías poetizantes. Hace falta modestia e inteligencia a la vez, ser poeta y disponer de un importante instinto dramático. Algo que Carlos y Miguel, de los Chon Chon, poseen de sobra.

viernes, junio 02, 2006

La democratización del caos.

No sé si coincide con lo que dice la famosa Teoría del Caos, pero me parece que el caos, hasta hace poco encerrado en los Orígenes y reservado a lo mitológico, ha bajado al terreno de lo cotidiano, llenando de pequeñas incertidumbres las cosas más banales de la realidad. Aquellas inmensas pompas de jabón dónde encerrábamos lo Primordial así como todo lo relacionado con los dioses y sus divinas cuestiones, han explotado espectacularmente, y la viscosidad caótica que rellenaba tales globos se ha expandido por el mundo, cayendo como una lluvia ácida que empapa todo lo que encuentra.

El caos se nos ha pegado al cuerpo, lo llevamos en nuestras células, neuronas y pensamientos, lo pisamos cual lodo invisible al caminar por campos y ciudades, y se incrusta cual líquen corrosivo en árboles, rocas y cuerpos.

¿Es esto malo o bueno? Las dos cosas seguro, aunque en términos generales lo considero positivo: ¿no es acaso el caos el mismo tiempo creativo con todas sus incógnitas y misterios, el humus de dónde surge lo nuevo e impensable, así como el zero que destruye, mata y regenera? Antes pertenecía a los Poderes: las grandes religiones y mitologías guardaban sus secretos y lo consideraban de su propiedad. Se lo utilizaba según los intereses de las minorías gobernantes y servía para dominar a los demás. De ahí que necesitaran grandes templos y palacios, con sus reductos secretos, sus ritos iniciáticos y sus lenguajes codificados. Pero todo eso se acabó. Las pompas explotaron, las metafísicas se han licuado y escurrido de las manos de sus antiguos propietarios, y el caos, la sustancia de la que estaban formados todos esos reductos acotados, se ha extendido cual manto vitalizador sobre la tierra, llenando de desasosiego las domesticadas y felices consciencias de los pueblos y las personas.

Esta democratización del caos lo es también del desasosiego que le acompaña, de ahí que haya tantas resistencias a aceptarlo: los sumisos prefieren la tranquilidad del orden anterior, cuando la libertad se sacrificaba en aras a la obediencia. Falsas ilusiones. Ya no quedan vaticanos que se mantengan en pie, por mucho que lo aparenten. Sus edificios se han vaciado de sustancia y ya sólo sirven para el formalismo laico de la religión turística del ocio: hoteles, teatros o museos.

La identidad, esa ilusión de los esclavos, también se desmorona. Por eso se agarran a ella los grandes egoicos, así como los nacionalistas y los monoteístas, esos nostágicos sociológicos del orden y de la unidad. Luchan en vano contra el virus que los corroe: sus corazas se desmontan al percatarse de que sólo encierran y protegen un vacío. Su agonía tremebunda los convierte en peligrosos asesinos.

La gran separación de los absolutos mantenida por las burbujas metafísicas se acaba al reventar éstas. Y aquella dualidad magnificada, exagerada, que lo reducía todo a Materia y Espíritu, a los cuales separaba poniéndolos en reinos distintos, se deshincha con el gran reventón. La dualidad se empequeñece, se banaliza, se formaliza y se democratiza: se hace dualidad laica y sígnica, de significado y significante, de cosa y símbolo, de real y abstracto. Se trata de un nuevo tipo de dualidad, dinámica e interseccionista, que lleva el caos, es decir, el tiempo creativo, incorporado. Forma parte de su sustancia. Lo vivo y lo inerte se empapan de ella. Fecunda el suelo terráqueo, por fin liberado de sus cánceres opresores. Las estrellas y el sistema solar se alegran de ello. Caso insólito, sin duda.

Nuevos cultos, nuevas religiones.

Me fascina un hecho hace tiempo observado, consistente en ciertos nuevos cultos creados por el fenómeno turístico. Lo he visto innumerables veces, es patente en la mayoría de las ciudades que gozan de flujo masivo de turistas, y lo he vuelto a observar, de un modo harto singular, en mi última estancia en Estambul, visitando la conocida Cisterna Basílica de Yerebatan, situada en el corazón de Constantinopla y construída en el año 532, al lado mismo de Santa Sofía.

Ya había visitado este lugar varias veces con anterioridad (cinco o seis veces como mínimo), y aún así, quise hacer de nuevo la correspondiente cola para comprar el billete, bajar los escalones que conducen al subsuelo, y mezclarme entre los numerosos grupos de gente de todos los países del mundo que, como yo, se sienten atraídos por este lugar.

Desfilé en una especie de peregrinación silenciosa, bajo el sonido de una banda sonora acorde al lugar (música clásica turca de ritmo languideciente), envuelto en una atmósfera cargada de flashes fotográficos, del siseo de pasos y voces, y del gotear sonoro del agua que todavía cae en según que partes de la cisterna. A llegar dónde se encuentra la llamada “columna de las lágrimas”, primer punto focal del recorrido, tiré una moneda al fondo, entre los peces que acuden al clamor de la luz de los focos, con petición de deseo incluído. Me fijé que era el único en hacerlo, cosa que prueba el olvido en que ha caído esta vieja costumbre que he visto en los cinco continentes. Pero continué sin inmutarme.

De pronto, la cola que seguía la pasarela de madera se detuvo, en un atasco motivado por una algomeración formada al final del trayecto, allí dónde la cisterna termina. Estuve a punto de dar la vuelta, pero un sexto sentido y mi curiosidad por el fenómeno turístico me hizo cambiar de opinión. Recordé que allá se encontraba una extraña columna cuya base está formada por una piedra singular, dos de cuyos lados exteriores están constituídos por dos rostros de Medusa, la una de lado, la otra invertida. “Comprendo”, me dije, “están adorando la Medusa”. Me salió como una gracia, pero luego pensé que había dado en el clavo. No otra cosa estaban haciendo los miles de visitantes que, como yo, hacían la correspondiente cola para detenerse unos instantes ante los rostros mudos y enigmáticos de las dos Medusas, mirarlas con estupor, sacarles decenas de fotografías, y desocupar luego el espacio dejando sitio a los que venían detrás.














Todos aquellos peregrinos procedentes de los más insospechados rincones del mundo, ateos unos, levemente religiosos otros, fanáticos e intregistas los menos, burlones y sacrílegos otros pocos, rendían todos ellos, sin distinción de credo o fe, culto al enigma de las dos Medusas subterráneas, una veneración que ritualizaban tal vez sin darse cuenta, pero provista del más sacro de los respetos venerandos. Hermanados por la pulsión turística así como por la necesidad de amortizar los costes y esfuerzos del viaje, los visitantes cumplían con un rito a la vez moderno y antiguo: antiguo porque repetían una situación arcaica cuyos reflejos podían intuirse en las expresiones aparentemente inexpresivas de japoneses, americanos, turcos o alemanes; moderno porque a) lo completaban con la retención fotográfica, b) se hacía sin contenidos sacros asociados, es decir, con criterios de puro formalismo y c) mediante un recogimiento temporal corto, punteado por el ritmo de los relojes y de lo efímero. No hay que decir que hice lo que todo el mundo, cumpliendo con la inercia arcaica y moderna de la situación, aunque no pude evitar la veleidad de hacer “turismo dentro del turismo” (como los actores cuando hacen “teatro dentro del teatro”), al observar y fotografiar a los fieles que a su vez fotografiaban y veneraban a las Medusas.

Sentado más tarde en la magnífica terraza-café que se halla en la plaza de la mezquita de Beyazit, pensé que este fenómeno de los nuevos cultos turísticos era una práctica común y muy extendida en el mundo. Constituye una especie de nueva religión laica, que en vez de curas tiene guías y “tour operators”, cuyos viajes iniciáticos se hacen en avión, taxi y autobús, que asume los dioses y los ritos del lugar que se visita, aunque no se sepa nada de ellos, y que no duda en convertir en lugares sacros muchos a los que nadie consideraría como tales. Ejemplos sonados son la Pirámide de Kheops en Egipto (cuya visita constituye una experiencia inciática que muchos viven como tal), el Museo Egipcio de El Cairo (dónde se veneran en silencio las momias reales del antiguo Egipto, amén del ajuar de Tutankhamon y otras mil maravilas), el Mausoleo de Lenín en la Plaza Roja de Moscú (con un grado de veneración muy superior a otros lugares sacros de verdad, aunque similar al de las momias egipcias), el British Museum o el Louvre de Londres y París, la Torre de Pisa, el edificio de la Mole en Turín, y tantos otros lugares del mundo entero. En Barcelona mismo, disponemos de sitios de culto de primerísima categoría, como son la Sagrada Familia, la Pedrera o la Casa Batlló de Gaudí, el Museo Picaso, la misma Rambla, etc.

Una religión que parece estar destinada a substituir “relativamente” a las existentes: su gran ventaja es que no aniquila del todo a las viejas (de ahí su profundo carácter moderno y relativista), pues de alguna manera necesita de éstas para seguir llenando de contenidos formales la necesidad de culto de sus practicantes, vengan éstos de dónde vengan. Una religión asociada tan íntimamente al consumo, que sin duda tiene su futuro más que asegurado.

jueves, junio 01, 2006

El turismo: nuevo tipo de conquista.


Al visitar hace una semana Santa Sofía, en Estambul, me di cuenta de hasta que punto el turismo ha substituído, para bien de las sociedades modernas, las antiguas campañas de guerra y conquista.

Me hallaba contemplando el impresionante panorama que se ve desde la balconada que divide en dos el interior del templo y veía abajo el desfile interminable de las masas de visitantes que avanzaban en grupos de todo tipo, conducidos unas veces por guías y otras desplegándose a su aire. Miraban todos con un cierto pasmo el descomunal espacio interior de la basílica, y lo hacían con el doble ojo con el que es propio hoy en día hacer turismo: con los dos ojos de la cara más el ojo de la cámara fotográfica, que no cesa de fijar imágenes, como si se hubiera convertido ya en un segundo cerebro de almacenamiento, anticipándose a esa cámara que de aquí a unos pocos lustros todos llevaremos incorporada en la frente, a modo de un “tercer ojo” capaz de ver y captar las imágenes haya la luz que haya y estemos dónde estemos…

Y viendo el ajetreo constante de personas que procedían de todos los países del mundo –pues junto a los propios turcos, había japoneses, chinos, americanos, alemanes, muchos españoles, franceses, italianos…-, pensé en cómo la modernidad había revolucionado el tema de las visitas, antes tan distinto.

Construída en el año 537 por Justiniano, Santa Sofía fue durante casi mil años una basílica cristiana, a la que sólo acudían los fieles de esta religión. Seguramente podrían entrar los pertenecientes a otras confesiones, aunque dudo que fueran bien recibidos. En sus primeros años de existencia, cuando aún no había nacido Mahoma, los enemigos serían los bárbaros con sus viejos paganismos. Más tarde, el tercer monoteísmo entró en escena y, abriéndose paso a codazos, codició los territorios cristianos. El Imperio Bizantino aguantó hasta 1457, y Mehmet II, el Conquistador, tras entrar en Constantinopla, convirtió la basílica en mezquita. Durante otros cuatrocientos años, la entrada la tuvieron prohibida los cristianos, y el templo se convirtió en el prototipo arquitectónico de las mezquitas del mundo msulmán. Finalmente, colapsado el Imperio Turco, y nacida la joven República de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk secularizó Santa Sofía, abriéndola al público sin distinción de credo e iniciando su exitosa carrera de centro de atración turística.

La gran diferencia entre la época antigua y la moderna es que antes, para poder visitar con libertad y confianza la basílica, los que no eran cristianos en la primera época, o musulmanes en la segunda, sólo podían hacerlo por medio de la conquista. Los conquistadores de antes se han convertido en los turistas de hoy, requeridos por todos los países del mundo, pues aunque saben que sus destrozos son considerables, mayores son las ganancias que generan. Lo que antes era anatema, meterse en las intimidades de las cámaras secretas del Sultán en el Palacio de Topkapi, o pisar el interior de la mezquita más importante del Imperio, hoy en día es publicitado y ofrecido a los públicos del mundo entero, para que acudan y compren la entrada y hagan todas las fotografías que quieran.

Con el arma del dinero, los nuevos conquistadores invaden palacios, templos y ciudades. Son recibidos con los brazos abiertos, se les hacen ceremonias de bienvenida y se los mima con grandes ofertas. A cambio, deben pagar entradas, billetes de avión, habitar en los hoteles y comprar muchos productos de “souvenir”. La masificación del mundo ha hecho posible esta nueva y curiosa modalidad de conquista, bastante más interesante y civilizada que las anteriores. Y el turismo estabiliza y trae aires nuevos a los países en apuros. Ocurrió con España y ocurre ahora en Turquía.

Tras haberse convertido en una de las principales industrias del mundo moderno, sin duda el turismo deberá entrar por las sendas de la sostenibilidad. Difícil empeño. Si no lo hace, se corre peligro de que el actual fenómeno turístico sea visto en el futuro como “aquella ola terrorífica de conquistas masivas que, cual termitas, asolaron nuestros valles, costas y ciudades”. Paradojas del presente…