La actualidad, querido bloguero, nos lleva al Líbano para comprobar el altísimo grado de irracionalidad que impregna hoy en día la política local de aquella zona y, de rebote, la mundial.
Lo más extraño es constatar como el pueblo judío, considerado por todos como el más inteligente del mundo, se empantana y acanalla en Israel, transformándose éste en un país criminal, que no cree en la ley, capaz de sojuzgar a un pueblo entero y de aniquilar a decenas de civiles por el simple hecho de haber nacido palestinos. Pero lo que dispara todas las alarmas sobre la condición moral y criminal de este estado, es su respuesta al ataque de Herbolá, bombardeando aeropuertos, centrales eléctricas, puentes y zonas residenciales del Líbano, con el resultado sabido del número de víctimas siendo la mayoría civiles e inocentes. Un país como el Líbano, que recién empezaba a recuperarse de su larga guerra civil, que soñaba, tras la expulsión de los sirios, convertirse de nuevo en un país libre, abierto y acogedor, condenado de nuevo a ser el chivo expiatorio del fracaso suicida de la política occidental y del delirio criminal-paranoico de Israel. Bochornoso e indignante.
Es evidente que la victoria militar de Israel será grande, cosechará muchos triunfos, arrasará zonas, ciudades y poblaciones, o incluso hará retroceder veinte años al Líbano, como alardean sus ufanos oficiales asesinos. Incluso es posible, si nadie lo impide, que la destrucción alcance a Siria, cuyas fuerzas armadas pueden ser diezmadas, cuál ejército de naipes, por el avance arrollador de los tanques y aviones israelitas. Seguramente, si ello ocurre, habrá respuesta iraní y la derrota de ésta está igualmente cantada teniendo en cuenta la desproporción exstente entre los poderíos puestos en colisión.
Y, sin embargo, esta victoria tan apabullante y cantada, puede que sea el inicio del fin del mismo Estado de Israel. No se trata de una opinión emocional del momento, sino el resultado de una reflexión estratégica sobre el futuro de la zona y de los sujetos implicados. Son varios los argumentos que apoyan esta tesis:
1- en primer lugar, el fiasco americano en Irak, que ha ganado con claridad la guerra pero ha perdido estrepitosamente la postguerra, da pistas de por dónde podrían ir los tiros en una situación de caos generalizado en la región. El empantanamiento caótico sería el caldo de cultivo ideal para una resistencia sin control, lanzada a los extremos y peligrosísima. No sólo para Israel, sino para la misma Europa. Seguramente no se llegará tan lejos, y los bombardeos serán detenidos para no impedir que los gobiernos corruptos y viles de algunos de estos países sigan sujetando a sus poblaciones. Sin embargo, la debilidad de estos gobiernos hace pensar que las paredes que separan el orden del caos son muy finas.
2- al haber traspasado todas las fronteras del horror, Israel se está convirtiendo en un país tenebroso y totalitario, poseído por delirios asesinos que lo hacen incapaz de acogerse a cualquier solución racional y pragmática de los problemas, un país por lo tanto indigno y criminal, únicamente sostenido por unos EEUU igualmente empantanados en su canallismo imperial que no respeta las leyes ni el sentido común. Un país así, repudiado por la comunidad internacional, hundido en la vejación y el fascismo militarista, tiene hoy en día poca viabilidad. Un mundo que tiende hacia la interdependencia, que busca el pragmatismo de los intercambios y la elaboración de respuestas complejas a situaciones complejas, y que tarde o temprano tendrá que plantearse el tema de la supervivenca global de la especie en el planeta, no puede perder el tiempo ni encallarse en conflictos absurdos fruto de planteamientos trogloditas, de cuando las sociedades se organizaban en tribus. Países de tales características son como muelas podridas que una buena dentadura necesita sacarse de encima. Un peligro éste que parece mentira no sea visto por los propios israelitas, cuya fama de inteligentes es tan grande.
3- el otro argumento para pensar que Israel puede acabar muy mal por muchas victorias militares que gane hoy, es de tipo más bien histórico y estratégico: la zona ha vivido ya situaciones parecidas en otros tiempos. Los cruzados en la Edad Media se hicieron fuertes en Palestina un par de siglos, pero el aluvión árabe acabó sacándoselos de encima, a la primera ocasión político-militar surgida. La velocidad de los cambios de hoy en día debería hacer pensar a los israelitas. Lo que antes tardaba décadas en fraguarse, hoy ocurre en horas y días. Oriente Medio no es el Oeste de los americanos, dónde fue posible eliminar sin contemplaciones a Apaches y Sioux de la zona. Las poblaciones locales tienen una resistencia tremenda a desaparecer del mapa, y su capacidad de multiplicación es inaudita, por mucho que se les mate. El caso palestino es altamente ilustrativo. El momento actual, marcado por la dinámica incontrolable de los llamados “sistemas emergentes”, lleva a pensar que esta zona muy masificada y altamente afectada por el trastorno y el desbarajuste, puede dar más sorpresas de las pensables.
4- una consideración a añadir está relacionada con la misma psicología de los judíos, que tan íntimamente ha impregnado los cimientos del Estado de Israel. Un pueblo secularmente perseguido, que en pleno siglo XX sufrió un descomunal holocausto, tratado como el chivo expiatorio colectivo de tantos y tantos pueblos de todos los continentes, es normal que al convertirse en Estado, genere una psicología de tipo paranoico que le obligue a situar el tema de la supervivencia –y, por lo tanto, de la defensa– en el centro de sus más íntimas procupaciones. Esta paranoia incrustada, si no es tratada por oportunas medidas de sabiduría y autocorrección, no crea seguridad, sino todo lo contrario, la más feroz de las inseguridades, lo que provoca comportamientos patológicos como los que a diario vemos por televisión. Una patología criminal asociada a los últimos artilugios de la ciencia armamentística y al delirio militarista es la mejor fórmula para firmar una segura sentencia de suicidio colectivo. Que se lo pregunten a los alemanes (¡sus verdugos de antaño, increíble!), a los Pol Pot y compañía, a las tiranías que se mantienen erguidas mientras dura la erección de sus miembros tensados. Pero por muy duradera que sea una erección, siempre acaba desfalleciendo. Ley de vida. Y el día que decidan relajarse, puede que los vecinos decidan que les ha llegado la hora de tensarse ellos…
5- la ciencia habla de “umbrales críticos”, y este concepto se aplica también en la sociología de los cambios y las emergencias. Parece que Israel esté empeñada en cruzar varios “umbrales críticos”: de entrada, el que hace que respuestas en un principio justificadas por razones de seguridad y supervivencia, acaben derivando en pura patología criminal, en abuso sistemático contra vidas civiles inocentes, en masacres y matanzas sin sentido, en genocidio encubierto y en eliminación sistemática de las mínimas condiciones de vida. Luego está el “umbral” de lo que es soportable o “tragable” por las opiniones y la ética mundial de los pueblos y las naciones respecto al comportamiento criminal de un país: por mucho que Occidente calle, el mundo es hoy en día un foro abierto donde las noticias corren como la pólvora. Los hechos y las imágenes hablan por si solas y desmienten las palabras tecnocráticas de los políticos que intentan justificar lo injustificable. El “viva la muerte” y el pozo moral en el que está cayendo Israel, cuya profundidad parece estar importándole un pepino, está cruzando todos los límites de lo tolerable, especialmente para las poblaciones circundantes y no tan circundantes que todavía no tienen la “gran suerte” de vivir atontadas por el consumo. Poblaciones cada vez más políticamente concienciadas, con información de primera mano e inmersas en profundos y acelerados procesos de “modernización” en el uso de tecnologías de última generación. Una bomba de relojería que crece a ritmos galopantes ante la miopía troglodita de los estrategas tribales americanos e israelitas. La complejidad de este entramado explosivo es un toro loco capaz de atacar con mil cuernos a la vez. Su despertar puede ser lento, pero el día que despierte, la plaza se llenará de muertos.
6- hasta ahora, parece que son los israelitas quiénes marcan la agenda de la política internacional americana. Política basada en sus delirios paranoicos y que se traduce en una agresividad impositiva de brocha gorda, impregnada de una simplicidad de espíritu patológica y armada hasta los dientes... Lo malo de las posturas simplistas es que acaban siempre estrellándose contra la realidad. Realidad que se hace cada día más compleja, contradictoria e impredecible. El choque puede ser brutal, y por muchas armas que se tengan, los poderíos extralimitados acaban deshinchándose y se convierten en inoperantes. ¿Quién sostendrá entonces a Israel? Cabe imaginar muchos escenarios, a cuál más caótico y apocalíptico, pero lo más seguro es que no serán nada amables con el estado judío.
En fin, reflexiones de índole estratégico que surgen de la indignación y que intentan explicarse “la razón de la sinrazón” de los actuales gobernantes israelitas y su ataque inhumano y criminal al Líbano.
Bienvenidos, Benvinguts, Welcome, Bienvenus! Estáis invitados al blog personal de Toni Rumbau: Un retablo de títeres, ópera, música, política, viajes.... Intersecciones. Una ventana abierta al mundo.
sábado, julio 15, 2006
lunes, julio 10, 2006
El desdoblamiento: nueva disciplina escolar.
Querido bloguero, regreso a un tema que ya he tocado en otras ocasiones pero que no deja de obsesionarme. Tal vez la causa sea la actual visita del Papa de Roma a Valencia, al concentrarse en esta ciudad española toda la carcundia monoteística y monotemática española. Los mono-parentales (la familia como célula fundamental de la sociedad), los mono-genéricos (para quiénes lo que importa es ser grandes machos o grandes hembras), los mono-nacionales (que rezan por la Unidad de la Patria), los mono-imperiales (que han substituído la vieja mitología hispano-imperial por el amor a Bush), los mono-raciales (que aborrecen a moros y negros), los mono-lingüísticos (sean los de la Gran Lengua Española o los patéticos del monolingüísmo catalán)... En fin, esta tan sonada como lamentable concentración de amantes y defensores de lo absoluto me induce a postular de nuevo la vieja creencia de que el único modo de salir de tales posturas monotemáticas es recurrir al desdoblamiento.
Desdoblarse es aceptar que no somos uno sino dos. Eso, que parece una tontería, conlleva unas ventajas importantes. La principal es que desdoblarse significa aceptar que a la vez somos sujeto y objeto, es decir, amos y directores de la situación, pero a la vez, comparsas sin voz de la misma. Esta dualidad permite incrustarnos en la cadena de las interdependencias globales de las personas entre si: podemos decidir lo que hacemos, pero a la vez, hacemos lo que otros han decidido. Aceptar este doble enfoque es, según mi opinión, el punto de partida básico para resolver las actuales patologías monotemáticas que asolan el mundo y lo llenan de absurdos actos identitarios y de conflictos sin fin.
Para el mono-nacionalista, declararse doble significa aceptar que se pertenece como mínimo a dos o tres patrias o naciones. Para el mono-teísta, que al lado del dios único hay otras fuerzas, principios, ideas o, simplemente, otros dioses. Para el mono-lingüísta, desdoblarse es aprender y hablar otra u otras lenguas. El mono-racial se desdobla cuando comprende que proviene de una mezcla multiracial cómo es lógico que así sea. Respecto al mono-imperial, desdoblarse es dejar de ser un imperio: aceptar la pluralidad geoestratégica de fuerzas y poderes, y apostar por el equilibrio espontáneo o negociado de las emergencias propias de cada momento.
El problema está en saber como desdoblarse o como inducir a hacerlo a los que realmente deberían hacerlo. Como titiritero que soy, siempre he creído que la manera más senzilla es el truco del garrotazo: al sacudir al afectado de monotematismo, se despierta su dualidad dinámica desdoblatoria (pues el golpe obliga al sujeto a darse cuenta de que también es objeto, en este caso objeto clarísimo de un garrotazo). Este método, de fácil aplicación en los títeres (de ahí el destacado valor pedagógico de este género teatral), lo es menos en las personas vivas, las cuales no suelen dejarse pegar con facilidad y requieren de procedimientos más sofisticados.
Hay que decir, sin embargo, que el garrotazo suele llegar a los afectados de monotematismo por la misma inercia de los hechos, los cuales se resisten cada día más a aceptar las actitudes dogmáticas y unilateralistas. Sabido es que en épocas anteriores era más fácil y recurrente creer en la ilusión de los absolutos (quién no ha sido fanático defensor de verdades únicas o de egoicos Yoes absolutos...), pero actualmente constituye un anacronismo evidente para cualquiera que se lo mire con un mínimo de sentido común, anacronismo que la modernidad, con su dinamismo vertiginoso de cruce comunicativo más la interdependencia de todo con todo, establece con rotunda claridad.
De hecho, la misma vida moderna nos obliga constantemente a desdoblarnos para poder encajar las realidades que nos toca vivir. Por ejemplo, los que son productores, son también consumidores; y los consumidores son a su vez productores de la riqueza de los otros. Los artistas creadores están obligados a ser showmans de si mismos, juntando la necesidad de aislamiento con la necesidad de comunicación (el artista se desdobla así en payaso). Los géneros masculino y femenino cada vez están menos separados, y la tendencia es compartir atributos de los dos. Las unidades familiares se dividen inexorablemente en dos, por mucho que al Papa y a los Obispos de España les pese. Los que viven en estado de riesgo constante, están obligados a ser alternativamente ganadores y perdedores, y en los casos más extremos, a considerarse vivos y muertos a la vez, tal es la proximidad existente entre ambos estados. Etc.
Tras lo dicho, parece como si ya no quedaran en el mundo partidarios del monotematismo. Y la verdad es que, para nuestro asombro, los hay muchos. De vez en cuando se juntan y celebran su retraso civilizacional con grandes encuentros, como el de Valencia, capitaneado por el gran Maestre de los Mono-pesados, el papa de Roma, jefe visible de la hipocresía institucionalizada.
En un contexto tan nefasto como el actual, no hay más remedio que animar a los pedagogos del futuro (que son los del presente) a que investiguen y se inventen nuevas y viejas disciplinas de desdoblamiento, de modo que puedan ser enseñadas en las escuelas y formen parte de sus planes de estudio. Un trabajo que requiere posturas interdisciplinarias, para que no quede ninguna especialidad sin el correspondiente desactivador de sus absolutos.
Desdoblarse es aceptar que no somos uno sino dos. Eso, que parece una tontería, conlleva unas ventajas importantes. La principal es que desdoblarse significa aceptar que a la vez somos sujeto y objeto, es decir, amos y directores de la situación, pero a la vez, comparsas sin voz de la misma. Esta dualidad permite incrustarnos en la cadena de las interdependencias globales de las personas entre si: podemos decidir lo que hacemos, pero a la vez, hacemos lo que otros han decidido. Aceptar este doble enfoque es, según mi opinión, el punto de partida básico para resolver las actuales patologías monotemáticas que asolan el mundo y lo llenan de absurdos actos identitarios y de conflictos sin fin.
Para el mono-nacionalista, declararse doble significa aceptar que se pertenece como mínimo a dos o tres patrias o naciones. Para el mono-teísta, que al lado del dios único hay otras fuerzas, principios, ideas o, simplemente, otros dioses. Para el mono-lingüísta, desdoblarse es aprender y hablar otra u otras lenguas. El mono-racial se desdobla cuando comprende que proviene de una mezcla multiracial cómo es lógico que así sea. Respecto al mono-imperial, desdoblarse es dejar de ser un imperio: aceptar la pluralidad geoestratégica de fuerzas y poderes, y apostar por el equilibrio espontáneo o negociado de las emergencias propias de cada momento.
El problema está en saber como desdoblarse o como inducir a hacerlo a los que realmente deberían hacerlo. Como titiritero que soy, siempre he creído que la manera más senzilla es el truco del garrotazo: al sacudir al afectado de monotematismo, se despierta su dualidad dinámica desdoblatoria (pues el golpe obliga al sujeto a darse cuenta de que también es objeto, en este caso objeto clarísimo de un garrotazo). Este método, de fácil aplicación en los títeres (de ahí el destacado valor pedagógico de este género teatral), lo es menos en las personas vivas, las cuales no suelen dejarse pegar con facilidad y requieren de procedimientos más sofisticados.
Hay que decir, sin embargo, que el garrotazo suele llegar a los afectados de monotematismo por la misma inercia de los hechos, los cuales se resisten cada día más a aceptar las actitudes dogmáticas y unilateralistas. Sabido es que en épocas anteriores era más fácil y recurrente creer en la ilusión de los absolutos (quién no ha sido fanático defensor de verdades únicas o de egoicos Yoes absolutos...), pero actualmente constituye un anacronismo evidente para cualquiera que se lo mire con un mínimo de sentido común, anacronismo que la modernidad, con su dinamismo vertiginoso de cruce comunicativo más la interdependencia de todo con todo, establece con rotunda claridad.
De hecho, la misma vida moderna nos obliga constantemente a desdoblarnos para poder encajar las realidades que nos toca vivir. Por ejemplo, los que son productores, son también consumidores; y los consumidores son a su vez productores de la riqueza de los otros. Los artistas creadores están obligados a ser showmans de si mismos, juntando la necesidad de aislamiento con la necesidad de comunicación (el artista se desdobla así en payaso). Los géneros masculino y femenino cada vez están menos separados, y la tendencia es compartir atributos de los dos. Las unidades familiares se dividen inexorablemente en dos, por mucho que al Papa y a los Obispos de España les pese. Los que viven en estado de riesgo constante, están obligados a ser alternativamente ganadores y perdedores, y en los casos más extremos, a considerarse vivos y muertos a la vez, tal es la proximidad existente entre ambos estados. Etc.
Tras lo dicho, parece como si ya no quedaran en el mundo partidarios del monotematismo. Y la verdad es que, para nuestro asombro, los hay muchos. De vez en cuando se juntan y celebran su retraso civilizacional con grandes encuentros, como el de Valencia, capitaneado por el gran Maestre de los Mono-pesados, el papa de Roma, jefe visible de la hipocresía institucionalizada.
En un contexto tan nefasto como el actual, no hay más remedio que animar a los pedagogos del futuro (que son los del presente) a que investiguen y se inventen nuevas y viejas disciplinas de desdoblamiento, de modo que puedan ser enseñadas en las escuelas y formen parte de sus planes de estudio. Un trabajo que requiere posturas interdisciplinarias, para que no quede ninguna especialidad sin el correspondiente desactivador de sus absolutos.
martes, julio 04, 2006
De regreso
1- el tema del Estatut ha desaparecido literalmente del mapa. Lo cual me alegra y no deja de maravillarme, dada la omnipresencia que tenía los días antes de mi partida. Viajar tiene estas ventajas: relativiza las “grandes cuestiones” y las muestra caídas de los pedestales tras su encumbramiento mediático. Creo que se trata de una gran ventaja de nuestra actual sociedad del espectáculo: por ejemplo, cuando murió el Papa, fue tal el estruendo mediático que uno pensaba que la religión católica regresaba sobre el mundo montada sobre el cadáver del polaco difunto. Un espejismo: a los cuatro días, ya nadie se acordaba de aquellas pompas. El viento que sopló sobre la Plaza de San Pedro, cerrando de golpe el Libro que había sobre el féretro, se llevó también todo lo que allí se representaba. “A por otra cosa, mariposa”, parece decir la pulsión informativa de la actualidad, que despacha los temas sin contemplación alguna. Ahora parece que se impone lo de la ETA, pero una vez el rodillo zapateriano, con su rutina mecanicista de los encuentros y los pequeños vaivenes de avance estratégico, haya dado los primeros pasos, contando además con la ayuda del sol de agosto, otro tema centrará la papelería de los quioscos. Las elecciones catalanas, por ejemplo, las cuales por cierto las veo ya como pasadas, al ser su pirotecnia mediática tan previsible… En fin, de algo tienen que vivir los periódicos. Además, qué sería de nuestra tan necesaria capacidad de indignación sin los avatares de la política, con sus números, sus afirmaciones categóricas, el repertorio de sus insultos y vejaciones, etc. Y, en este sentido, las elecciones catalanas no nos defraudarán. Aunque lo mejor es verlas como si ya hubieran pasado.
2- Durante mi estancia en Atenas, pude comprobar de nuevo las paradojas y las pequeñas sorpresas del fenómeno turístico, al ver como una ciudad y un país poco a poco se van especializando en antigüedad clásica y en arqueología, lo que les mueve a lanzar consignas publicitarias del tipo “Ven a Grecia, vive tu Mito”. Visité la Acrópolis y vi que los trabajos de reconstrucción del Partenón siguen a buen ritmo. El Erecteion también se va consolidando, aunque no sé si hay planes para devolverlo a su forma original. Es bonito e insólito ver por todas partes hileras de columnas, bases y capiteles, perfectamente ordenados y catalogados, esperando volver a ocupar el puesto que tenían. Se dice que la comisión encargada de estos trabajos tiene que negociar el regreso de muchas de las piezas que faltan con los miles de museos y museítos de toda Europa que en su día se hicieron con ellas, lo que no deja de ser una labor fascinante y agotadora. Lo más curioso es que se llegue a saber cuales son y dónde se encuentran dichas piezas, aunando la profesión de arqueólogo con la de detective.
Pensé que en cien años, la Acrópolis, si no lo estropean las guerras y los terremotos, volverá a brillar con su esplendor antiguo, aunque todo con el color de la piedra, sin las pinturas que por lo visto los griegos gustaban poner tan alegremente. Pienso que siendo Atenas la ciudad que dio a nacer la Democracia, sería bueno que llegara a especializarse en esta temática. Algo que parece a todas luces lógico y natural, aunque no sé si a los políticos griegos les seduce demasiado la idea, tan empapados como están de nacionalismo. Pues si así se hiciera, deberían practicar con el ejemplo, lo que les podría acarrear ciertos problemillas –al estar obligados a practicar la Democracia desde una “areté” puesta al día. Tal vez por este motivo la Grecia moderna ha tardado tanto en sacar brillo a sus tesoros arqueológicos, prefiriendo destacar los aspectos más bien mitológicos del asunto que los referentes al tema de la democracia. Aunque todo se andará, y el negocio turístico acabará imponiendo la razón y el sentido común, haciendo de la necesidad virtud.
3- El efecto de las últimas Olimpiadas en Atenas ha sido considerable, y es un gusto vagar por la noche por el magnífico paseo que envuelve la Acrópolis desde Monasteriko siguiendo la línea del metro hasta la zona del Keramicó. Un paseo muy bien urbanizado con luz agradable, bancos cómodos, multitud de bares, rastaurantes y terrazas, con bellísimos edificios del final de la época otomana y de principios del siglo XX magníficamente restaurados, mientras contemplamos sobre la Acrópolis las paredes ilumninadas de los templos y las murallas que la rodean. Un verdadero espectáculo visual realzado por las ruinas del Ágora con su impresionante Hephaisteion, el Templo de Hefesto, que surge de improviso junto al paseo. Por lo visto, este barrio se ha convertido en uno de los más “chics” de Atenas, y el jueves por la noche que estuve paseando por él se veía repleto de atenienses ansiosos de respirar el aire fresco de la noche, bajo la tutela mitológica de las piedras doradas de la Acrópolis. Una delicia, vaya, sobretodo después del bochorno del día. Y es que uno de los pejaes que hay que pagar en Atenas es el sofoco de un sol de justicia que cae sobre todos aquellos que insistimos en visitar sus piedras. Un peaje que, para suerte de los atenienses y maravilla mía, no amilana a los grupos de turistas de todos los continentes que son conducidos en autobuses y luego en tropel ordenado por entre las ruinas, en visitas que pueden durar de dos a tres horas…
En fin, he aquí unas cuantas reflexiones del humilde grafómano bloguero que firma estas líneas.
lunes, junio 19, 2006
Rotundo Sí escaso
Creo, querido bloguero, que el título propuesto resume las opiniones expresadas por la mayoría de los medios. El Estatut ha sido aceptado por los catalanes con medido entusiasmo. Esta vez no ha ocurrido lo que últimamente sucede en los referéndums, cuando los electores llamados a escoger entre un Sí o un No, se dividen más o menos a partes iguales, buscando el menor consenso posible. Aquí ha habido consenso, y la compulsión relativizadora ha decidido optar por la abstención, lo cual demuestra un cierto grado de racionalidad política del electorado –al excluir claramente la opción del No.
La falta de entusiasmo se explica por el cansancio de los dos años de sainete estatutario. Creo que la participación lograda, un 49% rozando el 50, es incluso bastante alta y loable, pues el castigo podría haber sido mayor. Estos resultados, que deshinchan bastante las pretensiones grandilocuentes de los abanderados nacionalistas, refrendan la ley y, a la vez, la desrefrendan un poco, de modo que todos, tanto los partidarios del Sí como los del No, se sienten ganadores. ¡Virtudes de la democracia! Todos ganan y nadie pierde.
Parece, en efecto, que sea imposible hallar un consenso mayoritario ante una situación clara, pues las opiniones se disparan ipso facto hacia una polarización de las posturas –aunque éstas se expresen vía abstención. El resultado es un avanzar sin avanzar, un constante ponerse palos a las ruedas, como ocurre con la construcción europea y ocurrirá ahora con la nueva articulación de corte federalista que intenta imponerse en España. Los ciudadanos, enfrentados a sus dudas y a sus miedos, frenan cualquier proceso dinámico de cambio, y se instalan en posiciones de empate, resentimiento y oposición contradictoria.
Los sueños nacionalistas han recibido un cierto varapalo. Pero que no se engañen los nacionalistas del otro lado, es decir, los que sueñan con el centralismo español, pues la fragmentación de las posturas también les concierne a ellos. Es decir, jamás obtendrán mayorías aplastantes en sus posiciones. En este sentido, la posición de Esquerra Republicana ha sido también lamentable desde el punto de vista de su propio credo, pues con su defensa del No ha aumentado el desinterés por la mayoría nacional catalana. Lo cual ha sido un positivo factor de relativización.
Zapatero hubiera preferido mayor participación: se la habría lanzado a la cara del PP. Ahora se tiene que contentar con una defensa realista de los resultados. Aunque me parece que ha salido bastante bien librado del lance, al ganar un Sí claro con fervor escaso: eso le da fuerzas para tratar con una cierta equidistancia el tema autonómico, sin desengancharse a la vez del mismo. Servirá también para sacarse de encima a Maragall y apostar por un seguro Montilla que será más gris pero más fiel y pragmático. Igualmente las aguas quedarán suficientemente turbias y empantanadas como para que sea posible intentar su deseada socio-convergencia (una coalición PSC-CiU), aunque es dudoso que lo consiga.
El PP estará muy contento, pues podrá seguir en los derroteros apocalípticos-autopunitivos que tanto gustan a sus fieles seguidores, pero a su crítica desmesurada del Estatut, deshinchado por el referéndum, se le verá el plumero: algo que llama tan poco la atención del público, no merece tantas frases altisonantes. Sobretodo cuando todas las demás autonomías, y especialmente las gobernadas por ellos, están copiando el articulado catalán punto por punto.
Maragall debería abandonar raudo la política, para retornar a una visión más realita de la realidad: los sueños nacionales ya no incitan a ninguna mayoría. Mejor luchar por una ciudad que por un país. Es un buen momento para Montilla: su ideario es, desde el punto de vista del “seny”, el más “pujoliano” de todos, mucho más que el de Mas y sus huestes nacionalistas, siempre tan propensas al delirio pirotécnico. Montilla podría conectar con la media catalana, aunque su origen cordobés le restará votos entre los payeses. Respecto a sus paisanos andaluces, mucho me temo que lo vean también como un intruso, acostumbrados a ser mandados en catalán. Pero igual con la ayuda de Zapatero suena la flauta, aunque en el referéndum se han visto claramente sus limitaciones.
En fin, se acabó la fiesta. Lástima que la primera experiencia de izquierdas en Cataluña haya quedado truncada por la triquiñuela estatutaria y el jolgorio nacionalista. Los de Convergencia se han salido con la suya, forzando hasta el límite las contradicciones del Tripartito: sus componentes han caído de cuatro patas en la trampa. Difícil de recuperar la ilusión de partida y su energía. No creo que haya más tripartitos. Aunque siempre cabe soñar en lo imposible: ¡Ojalá Montilla se salga con la suya!…
Yo, querido bloguero, me voy a Grecia unos diez días.
La falta de entusiasmo se explica por el cansancio de los dos años de sainete estatutario. Creo que la participación lograda, un 49% rozando el 50, es incluso bastante alta y loable, pues el castigo podría haber sido mayor. Estos resultados, que deshinchan bastante las pretensiones grandilocuentes de los abanderados nacionalistas, refrendan la ley y, a la vez, la desrefrendan un poco, de modo que todos, tanto los partidarios del Sí como los del No, se sienten ganadores. ¡Virtudes de la democracia! Todos ganan y nadie pierde.
Parece, en efecto, que sea imposible hallar un consenso mayoritario ante una situación clara, pues las opiniones se disparan ipso facto hacia una polarización de las posturas –aunque éstas se expresen vía abstención. El resultado es un avanzar sin avanzar, un constante ponerse palos a las ruedas, como ocurre con la construcción europea y ocurrirá ahora con la nueva articulación de corte federalista que intenta imponerse en España. Los ciudadanos, enfrentados a sus dudas y a sus miedos, frenan cualquier proceso dinámico de cambio, y se instalan en posiciones de empate, resentimiento y oposición contradictoria.
Los sueños nacionalistas han recibido un cierto varapalo. Pero que no se engañen los nacionalistas del otro lado, es decir, los que sueñan con el centralismo español, pues la fragmentación de las posturas también les concierne a ellos. Es decir, jamás obtendrán mayorías aplastantes en sus posiciones. En este sentido, la posición de Esquerra Republicana ha sido también lamentable desde el punto de vista de su propio credo, pues con su defensa del No ha aumentado el desinterés por la mayoría nacional catalana. Lo cual ha sido un positivo factor de relativización.
Zapatero hubiera preferido mayor participación: se la habría lanzado a la cara del PP. Ahora se tiene que contentar con una defensa realista de los resultados. Aunque me parece que ha salido bastante bien librado del lance, al ganar un Sí claro con fervor escaso: eso le da fuerzas para tratar con una cierta equidistancia el tema autonómico, sin desengancharse a la vez del mismo. Servirá también para sacarse de encima a Maragall y apostar por un seguro Montilla que será más gris pero más fiel y pragmático. Igualmente las aguas quedarán suficientemente turbias y empantanadas como para que sea posible intentar su deseada socio-convergencia (una coalición PSC-CiU), aunque es dudoso que lo consiga.
El PP estará muy contento, pues podrá seguir en los derroteros apocalípticos-autopunitivos que tanto gustan a sus fieles seguidores, pero a su crítica desmesurada del Estatut, deshinchado por el referéndum, se le verá el plumero: algo que llama tan poco la atención del público, no merece tantas frases altisonantes. Sobretodo cuando todas las demás autonomías, y especialmente las gobernadas por ellos, están copiando el articulado catalán punto por punto.
Maragall debería abandonar raudo la política, para retornar a una visión más realita de la realidad: los sueños nacionales ya no incitan a ninguna mayoría. Mejor luchar por una ciudad que por un país. Es un buen momento para Montilla: su ideario es, desde el punto de vista del “seny”, el más “pujoliano” de todos, mucho más que el de Mas y sus huestes nacionalistas, siempre tan propensas al delirio pirotécnico. Montilla podría conectar con la media catalana, aunque su origen cordobés le restará votos entre los payeses. Respecto a sus paisanos andaluces, mucho me temo que lo vean también como un intruso, acostumbrados a ser mandados en catalán. Pero igual con la ayuda de Zapatero suena la flauta, aunque en el referéndum se han visto claramente sus limitaciones.
En fin, se acabó la fiesta. Lástima que la primera experiencia de izquierdas en Cataluña haya quedado truncada por la triquiñuela estatutaria y el jolgorio nacionalista. Los de Convergencia se han salido con la suya, forzando hasta el límite las contradicciones del Tripartito: sus componentes han caído de cuatro patas en la trampa. Difícil de recuperar la ilusión de partida y su energía. No creo que haya más tripartitos. Aunque siempre cabe soñar en lo imposible: ¡Ojalá Montilla se salga con la suya!…
Yo, querido bloguero, me voy a Grecia unos diez días.
martes, junio 13, 2006
ÚLTIMAS REFLEXIONES SOBRE EL ESTATUT
Querido bloguero, quedan ya pocos días para que se acabe el tema éste, de modo que lo que tenga que ser dicho, que sea dicho sin demora. Pero, ¿qué más puede decirse sobre el Estatut? ¿Acaso no se ha dicho todo? Ha llegado un punto en el que todo son obviedades, y la necesidad del Sí, una evidencia suficientemente evidenciada. Los del No insisten en sus razones, tan razonadas como repetidas, sin convencer más que a sus fieles y adeptos. A estas alturas, la cuestión es la asistencia. ¿Irá mucha gente a votar?
Yo sí iré. Me gusta votar. Será que me he convertido, con la edad, en un conservador. O tal vez no, y los conservadores son los que se quedan en casa, por pereza o por convicción ideológica. O porque les importa un pito. Esto último lo entiendo más. Aunque la actitud de los que no van a votar porque están descontentos, resentidos o desengañados de los políticos, me parece hipócrata y muy comodona. Como si los políticos fueran unos seres excepcionales a los que se les debe exigir todo. Són lo que son –o sea, “lo que hay”–, por dejadez consentida de la masa, que renuncia a sus responsabilidades y las traspasa a los elegidos. Las carencias que no queremos ver en nosotros mismos, las traspasamos a los políticos y nos quedamos tan panchos, como si fuéramos ciudadanos perfectos, jueces imparciales de los actos ajenos. Claro que son unos impresentables, la mayoría de las veces, ¿pero acaso no lo son porque proyectamos en ellos nuestra propia impresentabilidad?
Durante todo este año de Estatut, los políticos han convertido la política en un verdadero sainete, un culebrón, es cierto, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los que durante todo el mismo año se han tragado los culebrones y los “reality-shows” infectos que echan por la tele? No los políticos, que se pasan el día con su propio sainete, en reuniones o en el Puente Aéreo (aunque algunos seguro que también miran la tele, tal vez con ansias de aprender), sino la masa que se encandila con los actores culebronistas, con el exhibicionismo basura, pero que ante el espectáculo igualmente culebronista de los políticos, ¡se indigna!
“Vaya”, dirá el bloguero lector, “¡qué defensa de los políticos! Puede ser que tenga razón este señor del blog, pero por mucho que diga, eso no quita que el espectáculo haya sido deplorable, y que los políticos protagonistas del enredo hayan quedado tan enredados en él, que no haya buen desenredador que pueda desenredar el desaguisado enredo”. Sustento su opinión, querido bloguero lector, pero la matizo con mis considerandos de orden pragmático que me parecen suficientemente válidos.
Otra razón esgrimida para no votar es la del tipo ideológico de la izquierda ácrata y radical. Tiene mucha tradición, y es difícil polemizar con ella, pues posee argumentos de sobra, muy probados y contundentes. Menos mal que es minoritaria, pues pertenece a élites filosóficas y muy exigentes, capaces de profundizar en las esencias del meollo, con apreciaciones no siempre fáciles de entender, sólo para los iniciados en el verbo analítico y en la radicalidad denunciante, con gestualidades e incluso disfraces a veces muy pronunciados.
Aunque también es verdad que en países como Francia, patria de la razón pensante, esas posturas tienen muchos adeptos. Y en Alemania, impregna muchas capas de la juventud urbana y universitaria. Sus formulaciones son acertadas todas ellas, de una gran verdad, pero eso no impide que siga pensando en ir a votar. No sé muy bien la razón, seguramente por simple pragmatismo sociológico, por prejuicios desideologizantes, o por mantener en pie la ficción democrática... Puro conservadurismo, sin duda, pero prefiero una ficción que propone a otra que impone, por muy falsa y manipulable que sea la primera.
El voto no arregla nada, tal vez tampoco sirva para nada, pero te otorga, aunque sea sólo en la ficción de la teoría, poder decisorio y soberano sobre la marcha de lo público y del país. Esta sensación, por muy falsa que sea, nadie te la quita. Y es una maravilla ver, los días de votación, a tantos ciudadanos anodinos que normalmente ves en la calle, en las tiendas, en los mercados, en los toros o en los portales de las casas, acudir todos (o bastantes de ellos, un 60% más o menos) a los centros de votación, cumpliendo con el principio de que “a cada ciudadano, un voto”, seas pobre, rico, tonto, cojo o viejo. Y mientrastanto, contemplas a los políticos encerrados en sus cuarteles, callados y expectantes, ansiosos de conocer el veredicto de las urnas que hará ganar a unos y perder a otros. Una delicia.
Sin duda la democracia tiene mucho que desear, aprender y cambiar[1], pero una forma de mantener vivo el aliento que la sustenta, hoy por hoy, es gozar del derecho de voto. Por eso creo que vale la pena ir a votar. En el caso del Estatut, “Raison oblige”, motivo más que suficiente para votar que sí.
[1] yo de entrada aumentaría el número de parlamentos y de senados del país, poniéndolos como mínimo en cada provincia española, para pasar luego a cada ciudad de más de 50.000 habitantes. La complejidad del mundo exige más complejidad representativa. Ya sé que suena raro, pero la descomunalidad del sainete sería aún mayor, lo que traería no poca diversión, y nos sentiríamos más partícipes y representados. Volveríamos así a los orígenes de la democracia griega, cuando cada Polis era independiente y soberana, aunque habría que evitar lo de las guerras constantes entre ellas, para lo que servirían los parlamentos regionales, seguidos de los nacionales, del europeo y del mundial, así como unas reglas de juego consensuadas, con una misma ley de ciudadanía común, abolición de la esclavitud, etc.
Yo sí iré. Me gusta votar. Será que me he convertido, con la edad, en un conservador. O tal vez no, y los conservadores son los que se quedan en casa, por pereza o por convicción ideológica. O porque les importa un pito. Esto último lo entiendo más. Aunque la actitud de los que no van a votar porque están descontentos, resentidos o desengañados de los políticos, me parece hipócrata y muy comodona. Como si los políticos fueran unos seres excepcionales a los que se les debe exigir todo. Són lo que son –o sea, “lo que hay”–, por dejadez consentida de la masa, que renuncia a sus responsabilidades y las traspasa a los elegidos. Las carencias que no queremos ver en nosotros mismos, las traspasamos a los políticos y nos quedamos tan panchos, como si fuéramos ciudadanos perfectos, jueces imparciales de los actos ajenos. Claro que son unos impresentables, la mayoría de las veces, ¿pero acaso no lo son porque proyectamos en ellos nuestra propia impresentabilidad?
Durante todo este año de Estatut, los políticos han convertido la política en un verdadero sainete, un culebrón, es cierto, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los que durante todo el mismo año se han tragado los culebrones y los “reality-shows” infectos que echan por la tele? No los políticos, que se pasan el día con su propio sainete, en reuniones o en el Puente Aéreo (aunque algunos seguro que también miran la tele, tal vez con ansias de aprender), sino la masa que se encandila con los actores culebronistas, con el exhibicionismo basura, pero que ante el espectáculo igualmente culebronista de los políticos, ¡se indigna!
“Vaya”, dirá el bloguero lector, “¡qué defensa de los políticos! Puede ser que tenga razón este señor del blog, pero por mucho que diga, eso no quita que el espectáculo haya sido deplorable, y que los políticos protagonistas del enredo hayan quedado tan enredados en él, que no haya buen desenredador que pueda desenredar el desaguisado enredo”. Sustento su opinión, querido bloguero lector, pero la matizo con mis considerandos de orden pragmático que me parecen suficientemente válidos.
Otra razón esgrimida para no votar es la del tipo ideológico de la izquierda ácrata y radical. Tiene mucha tradición, y es difícil polemizar con ella, pues posee argumentos de sobra, muy probados y contundentes. Menos mal que es minoritaria, pues pertenece a élites filosóficas y muy exigentes, capaces de profundizar en las esencias del meollo, con apreciaciones no siempre fáciles de entender, sólo para los iniciados en el verbo analítico y en la radicalidad denunciante, con gestualidades e incluso disfraces a veces muy pronunciados.
Aunque también es verdad que en países como Francia, patria de la razón pensante, esas posturas tienen muchos adeptos. Y en Alemania, impregna muchas capas de la juventud urbana y universitaria. Sus formulaciones son acertadas todas ellas, de una gran verdad, pero eso no impide que siga pensando en ir a votar. No sé muy bien la razón, seguramente por simple pragmatismo sociológico, por prejuicios desideologizantes, o por mantener en pie la ficción democrática... Puro conservadurismo, sin duda, pero prefiero una ficción que propone a otra que impone, por muy falsa y manipulable que sea la primera.
El voto no arregla nada, tal vez tampoco sirva para nada, pero te otorga, aunque sea sólo en la ficción de la teoría, poder decisorio y soberano sobre la marcha de lo público y del país. Esta sensación, por muy falsa que sea, nadie te la quita. Y es una maravilla ver, los días de votación, a tantos ciudadanos anodinos que normalmente ves en la calle, en las tiendas, en los mercados, en los toros o en los portales de las casas, acudir todos (o bastantes de ellos, un 60% más o menos) a los centros de votación, cumpliendo con el principio de que “a cada ciudadano, un voto”, seas pobre, rico, tonto, cojo o viejo. Y mientrastanto, contemplas a los políticos encerrados en sus cuarteles, callados y expectantes, ansiosos de conocer el veredicto de las urnas que hará ganar a unos y perder a otros. Una delicia.
Sin duda la democracia tiene mucho que desear, aprender y cambiar[1], pero una forma de mantener vivo el aliento que la sustenta, hoy por hoy, es gozar del derecho de voto. Por eso creo que vale la pena ir a votar. En el caso del Estatut, “Raison oblige”, motivo más que suficiente para votar que sí.
[1] yo de entrada aumentaría el número de parlamentos y de senados del país, poniéndolos como mínimo en cada provincia española, para pasar luego a cada ciudad de más de 50.000 habitantes. La complejidad del mundo exige más complejidad representativa. Ya sé que suena raro, pero la descomunalidad del sainete sería aún mayor, lo que traería no poca diversión, y nos sentiríamos más partícipes y representados. Volveríamos así a los orígenes de la democracia griega, cuando cada Polis era independiente y soberana, aunque habría que evitar lo de las guerras constantes entre ellas, para lo que servirían los parlamentos regionales, seguidos de los nacionales, del europeo y del mundial, así como unas reglas de juego consensuadas, con una misma ley de ciudadanía común, abolición de la esclavitud, etc.
martes, junio 06, 2006
LOS CHON CHON EN LA PUNTUAL.
Ha sido un placer asistir a una representación de los Chon Chon en La Puntual, el teatrillo de Eugenio Navarro de la calle Almirall Vermell de Barcelona. El título de la obra era “Juan Romeo y Julieta María” (presentaron el día anterior “Tresespinas”, basada en tres textos del conocido titiritero y dramaturgo argentino Roberto Espina, que yo no pude ver). Había visto esta loca versión de la tragedia de Shakespeare hace un tiempo, creo que fue su estreno en España, y ya me gustó entonces. Ahora, la obra ha ganado en ritmo, gracia, estilo y desparpajo. Una delicia que los asistentes en la Puntual, abarrotado de gente, disfrutó a carcajada limpia y premió con prolongados y merecidos aplausos.Los Chon Chon son un grupo de titiriteros compuesto por el chileno Miguel Oyarzún y el argentino Carlos Piñero. Viven normalmente en la ciudad de Córdoba, Argentina, y dos veces al año suelen venir a las Españas para realizar una gira por los festivales, teatros y ciudades que a lo largo de los años se han convertido en incondicionales suyos. Los descubrió Eugenio Navarro en 1997, actuando en Buenos Aires, en la Calle de los Títeres, y fue él mismo quién les organizó las primeras funciones en España en algunos festivales de confianza, en el Teatro Malic de Barcelona y otras muchas ciudades en número de cuarenta. El espectáculo era “Los Bufos de la Matinée”, y con ellos ocurrió lo que a Julio César: “vini, vidi, vinci”. Era lo que muchos estaban buscando hacía tiempo: un grupo “ligero”, de poco “bulto” (sólo dos personas, y un teatrillo sencillo, austero, apto para todos los públicos y escenarios), fresco, divertido, poético y, lo más importante, inteligente. Algo que en el terreno de los títeres siempre es muy de agradecer.
El estilo de los Chon Chon no puede ser más sencillo y, a la vez, más sofisticado. Se cumple aquí la ley que dice que lo más difícil es decir más con menos. Pues bajo la apariencia global de sencillez, se esconde una técnica muy elaborada y un “savoir faire” siempre inspirado y exquisito. Lo que más sorprende es la gracia que tienen en la manipulación –cuidada, sutil, apaciguada, “dulce” y detallista– y en la improvisación –escuchar a los dos presentadores habituales del espectáculo, el Abuelo y Arraskaeta, es una verdadera delicia: con sus dejes argentinos, sus ironías, sus juegos de palabra y las referencias constantes que hacen al lugar dónde actúan, se ponen al público en el bolsillo a los dos minutos. Pero lo bueno es que ambos titiriteros, Carlos y Miguel, juegan a sorprenderse entre si durante la representación, acentuando las ocurrencias y los juegos improvisados, de modo que en más de una ocasión a ellos mismos se les escapa la risa...
El Romeo y Julieta que presentaron en La Puntual tiene como principal virtud el gran aliento de libertad que trasciende del retablo. En efecto, los Chon Chon no dudan en pasar de un registro al otro con total desparpajo y aún así, la obra nunca chirría, a pesar de que los registros utilizados van de un extremo al otro. Primero son los dos presentadores habituales que introducen título, argumento, actores y personajes. Sus gracias son la habituales, con los agradecidos gags de las escaleras (cuando bajan por una escalera de caracol que se “encalla” y nunca termina o cuando el Abuelo escoge la escalera mecánica, mucho más suave y rápida...) y sus divertidas improvisaciones. Luego, se pasa al registro del teatro dentro del teatro, cuando los títeres-actores, cuatro, se disponen a disfrazarse para hacer los diferentes papeles de la obra. Luego entramos ya en el Romeo y Julieta, cuya trama sin embargo no consigue nunca arrancar debido a las intromisiones de los otros registros. Tras la escena del enamoramiento y la “casualidad de los apellidos”, surge de pronto un fantasma, procedente de los interiores del retablo, o tal vez de otra obra de la compañía, que interrumpe la función con clásicos juegos titiritescos de persecusión y estacazo. Y cuando nos preguntamos hacia donde acabará el asunto, aparecen por sorpresa los mismos titiriteros, que intervienen a su vez en la trama y que precipitan el desenlace de la obra. Lo más divertido es cuando el Abuelo dice: “ahora viene la parte pedagógica del espectáculo”: uno espera que van a contar el argumento shakespeariano al público, pero lo que hacen es pedir a los padres que se lo cuenten ellos a sus hijos cuando lleguen a casa...
Este pasar de un registro a otro, alternando los lenguajes que van dirigidos ora a los niños ora a los adultos, sacando las manos y las cabezas los titiriteros cuando se les antoja, dota al conjunto del espectáculo de un envidiable aire de libertad. Parecen decir: aquí todo es posible, hacemos lo que nos da la gana, que nadie se rasgue las vestiduras, y sin embargo, el espectáculo fluye y grandes dosis de poesía son derramadas al público, que lo recibe sin darse cuenta de ello, desde una sencillez sin aspavientos, hasta que al final uno no tiene más remedio que levantarse, y entre aplauso y aplauso, exclamar: “¡chapeau!”.La maestría de los Chon Chon pertenece a esta linea titiritil argentina cuyo principal referente fue el poeta y titiritero Javier Villafañe, que los españoles tuvimos la suerte de conocer en su última época. Consistente en un uso minimalista y estilizado del oficio, procede a su vez de las semillas dejadas por García Lorca en Argentina. El joven Javier Villafañe de entonces quedó atrapado por el espíritu lorquiano, para el cual los títeres no eran más que otra manera de hacer y decir poesía. Espíritu que cultivó a lo largo de su vida, dejando una huella profunda no sólo en su país, sino en toda Latinoamérica y, más tarde, en España (recuperando de este modo una tradición que el Franquismo cortó de raíz). Los Chon Chon –desconozco si conocieron o no directamente a Villafañe– se sitúan en esta misma línea: un registro dificilísimo de cultivar, pues tan fácil es caer en las ñoñerías infantiloides como en las cursilerías poetizantes. Hace falta modestia e inteligencia a la vez, ser poeta y disponer de un importante instinto dramático. Algo que Carlos y Miguel, de los Chon Chon, poseen de sobra.
viernes, junio 02, 2006
La democratización del caos.
No sé si coincide con lo que dice la famosa Teoría del Caos, pero me parece que el caos, hasta hace poco encerrado en los Orígenes y reservado a lo mitológico, ha bajado al terreno de lo cotidiano, llenando de pequeñas incertidumbres las cosas más banales de la realidad. Aquellas inmensas pompas de jabón dónde encerrábamos lo Primordial así como todo lo relacionado con los dioses y sus divinas cuestiones, han explotado espectacularmente, y la viscosidad caótica que rellenaba tales globos se ha expandido por el mundo, cayendo como una lluvia ácida que empapa todo lo que encuentra.El caos se nos ha pegado al cuerpo, lo llevamos en nuestras células, neuronas y pensamientos, lo pisamos cual lodo invisible al caminar por campos y ciudades, y se incrusta cual líquen corrosivo en árboles, rocas y cuerpos.
¿Es esto malo o bueno? Las dos cosas seguro, aunque en términos generales lo considero positivo: ¿no es acaso el caos el mismo tiempo creativo con todas sus incógnitas y misterios, el humus de dónde surge lo nuevo e impensable, así como el zero que destruye, mata y regenera? Antes pertenecía a los Poderes: las grandes religiones y mitologías guardaban sus secretos y lo consideraban de su propiedad. Se lo utilizaba según los intereses de las minorías gobernantes y servía para dominar a los demás. De ahí que necesitaran grandes templos y palacios, con sus reductos secretos, sus ritos iniciáticos y sus lenguajes codificados. Pero todo eso se acabó. Las pompas explotaron, las metafísicas se han licuado y escurrido de las manos de sus antiguos propietarios, y el caos, la sustancia de la que estaban formados todos esos reductos acotados, se ha extendido cual manto vitalizador sobre la tierra, llenando de desasosiego las domesticadas y felices consciencias de los pueblos y las personas.
Esta democratización del caos lo es también del desasosiego que le acompaña, de ahí que haya tantas resistencias a aceptarlo: los sumisos prefieren la tranquilidad del orden anterior, cuando la libertad se sacrificaba en aras a la obediencia. Falsas ilusiones. Ya no quedan vaticanos que se mantengan en pie, por mucho que lo aparenten. Sus edificios se han vaciado de sustancia y ya sólo sirven para el formalismo laico de la religión turística del ocio: hoteles, teatros o museos.
La identidad, esa ilusión de los esclavos, también se desmorona. Por eso se agarran a ella los grandes egoicos, así como los nacionalistas y los monoteístas, esos nostágicos sociológicos del orden y de la unidad. Luchan en vano contra el virus que los corroe: sus corazas se desmontan al percatarse de que sólo encierran y protegen un vacío. Su agonía tremebunda los convierte en peligrosos asesinos.
La gran separación de los absolutos mantenida por las burbujas metafísicas se acaba al reventar éstas. Y aquella dualidad magnificada, exagerada, que lo reducía todo a Materia y Espíritu, a los cuales separaba poniéndolos en reinos distintos, se deshincha con el gran reventón. La dualidad se empequeñece, se banaliza, se formaliza y se democratiza: se hace dualidad laica y sígnica, de significado y significante, de cosa y símbolo, de real y abstracto. Se trata de un nuevo tipo de dualidad, dinámica e interseccionista, que lleva el caos, es decir, el tiempo creativo, incorporado. Forma parte de su sustancia. Lo vivo y lo inerte se empapan de ella. Fecunda el suelo terráqueo, por fin liberado de sus cánceres opresores. Las estrellas y el sistema solar se alegran de ello. Caso insólito, sin duda.
Nuevos cultos, nuevas religiones.
Me fascina un hecho hace tiempo observado, consistente en ciertos nuevos cultos creados por el fenómeno turístico. Lo he visto innumerables veces, es patente en la mayoría de las ciudades que gozan de flujo masivo de turistas, y lo he vuelto a observar, de un modo harto singular, en mi última estancia en Estambul, visitando la conocida Cisterna Basílica de Yerebatan, situada en el corazón de Constantinopla y construída en el año 532, al lado mismo de Santa Sofía.Ya había visitado este lugar varias veces con anterioridad (cinco o seis veces como mínimo), y aún así, quise hacer de nuevo la correspondiente cola para comprar el billete, bajar los escalones que conducen al subsuelo, y mezclarme entre los numerosos grupos de gente de todos los países del mundo que, como yo, se sienten atraídos por este lugar.
Desfilé en una especie de peregrinación silenciosa, bajo el sonido de una banda sonora acorde al lugar (música clásica turca de ritmo languideciente), envuelto en una atmósfera cargada de flashes fotográficos, del siseo de pasos y voces, y del gotear sonoro del agua que todavía cae en según que partes de la cisterna. A llegar dónde se encuentra la llamada “columna de las lágrimas”, primer punto focal del recorrido, tiré una moneda al fondo, entre los peces que acuden al clamor de la luz de los focos, con petición de deseo incluído. Me fijé que era el único en hacerlo, cosa que prueba el olvido en que ha caído esta vieja costumbre que he visto en los cinco continentes. Pero continué sin inmutarme.
De pronto, la cola que seguía la pasarela de madera se detuvo, en un atasco motivado por una algomeración formada al final del trayecto, allí dónde la cisterna termina. Estuve a punto de dar la vuelta, pero un sexto sentido y mi curiosidad por el fenómeno turístico me hizo cambiar de opinión. Recordé que allá se encontraba una extraña columna cuya base está formada por una piedra singular, dos de cuyos lados exteriores están constituídos por dos rostros de Medusa, la una de lado, la otra invertida. “Comprendo”, me dije, “están adorando la Medusa”. Me salió como una gracia, pero luego pensé que había dado en el clavo. No otra cosa estaban haciendo los miles de visitantes que, como yo, hacían la correspondiente cola para detenerse unos instantes ante los rostros mudos y enigmáticos de las dos Medusas, mirarlas con estupor, sacarles decenas de fotografías, y desocupar luego el espacio dejando sitio a los que venían detrás.

Todos aquellos peregrinos procedentes de los más insospechados rincones del mundo, ateos unos, levemente religiosos otros, fanáticos e intregistas los menos, burlones y sacrílegos otros pocos, rendían todos ellos, sin distinción de credo o fe, culto al enigma de las dos Medusas subterráneas, una veneración que ritualizaban tal vez sin darse cuenta, pero provista del más sacro de los respetos venerandos. Hermanados por la pulsión turística así como por la necesidad de amortizar los costes y esfuerzos del viaje, los visitantes cumplían con un rito a la vez moderno y antiguo: antiguo porque repetían una situación arcaica cuyos reflejos podían intuirse en las expresiones aparentemente inexpresivas de japoneses, americanos, turcos o alemanes; moderno porque a) lo completaban con la retención fotográfica, b) se hacía sin contenidos sacros asociados, es decir, con criterios de puro formalismo y c) mediante un recogimiento temporal corto, punteado por el ritmo de los relojes y de lo efímero. No hay que decir que hice lo que todo el mundo, cumpliendo con la inercia arcaica y moderna de la situación, aunque no pude evitar la veleidad de hacer “turismo dentro del turismo” (como los actores cuando hacen “teatro dentro del teatro”), al observar y fotografiar a los fieles que a su vez fotografiaban y veneraban a las Medusas.
Sentado más tarde en la magnífica terraza-café que se halla en la plaza de la mezquita de Beyazit, pensé que este fenómeno de los nuevos cultos turísticos era una práctica común y muy extendida en el mundo. Constituye una especie de nueva religión laica, que en vez de curas tiene guías y “tour operators”, cuyos viajes iniciáticos se hacen en avión, taxi y autobús, que asume los dioses y los ritos del lugar que se visita, aunque no se sepa nada de ellos, y que no duda en convertir en lugares sacros muchos a los que nadie consideraría como tales. Ejemplos sonados son la Pirámide de Kheops en Egipto (cuya visita constituye una experiencia inciática que muchos viven como tal), el Museo Egipcio de El Cairo (dónde se veneran en silencio las momias reales del antiguo Egipto, amén del ajuar de Tutankhamon y otras mil maravilas), el Mausoleo de Lenín en la Plaza Roja de Moscú (con un grado de veneración muy superior a otros lugares sacros de verdad, aunque similar al de las momias egipcias), el British Museum o el Louvre de Londres y París, la Torre de Pisa, el edificio de la Mole en Turín, y tantos otros lugares del mundo entero. En Barcelona mismo, disponemos de sitios de culto de primerísima categoría, como son la Sagrada Familia, la Pedrera o la Casa Batlló de Gaudí, el Museo Picaso, la misma Rambla, etc.
Una religión que parece estar destinada a substituir “relativamente” a las existentes: su gran ventaja es que no aniquila del todo a las viejas (de ahí su profundo carácter moderno y relativista), pues de alguna manera necesita de éstas para seguir llenando de contenidos formales la necesidad de culto de sus practicantes, vengan éstos de dónde vengan. Una religión asociada tan íntimamente al consumo, que sin duda tiene su futuro más que asegurado.
jueves, junio 01, 2006
El turismo: nuevo tipo de conquista.

Al visitar hace una semana Santa Sofía, en Estambul, me di cuenta de hasta que punto el turismo ha substituído, para bien de las sociedades modernas, las antiguas campañas de guerra y conquista.
Me hallaba contemplando el impresionante panorama que se ve desde la balconada que divide en dos el interior del templo y veía abajo el desfile interminable de las masas de visitantes que avanzaban en grupos de todo tipo, conducidos unas veces por guías y otras desplegándose a su aire. Miraban todos con un cierto pasmo el descomunal espacio interior de la basílica, y lo hacían con el doble ojo con el que es propio hoy en día hacer turismo: con los dos ojos de la cara más el ojo de la cámara fotográfica, que no cesa de fijar imágenes, como si se hubiera convertido ya en un segundo cerebro de almacenamiento, anticipándose a esa cámara que de aquí a unos pocos lustros todos llevaremos incorporada en la frente, a modo de un “tercer ojo” capaz de ver y captar las imágenes haya la luz que haya y estemos dónde estemos…
Y viendo el ajetreo constante de personas que procedían de todos los países del mundo –pues junto a los propios turcos, había japoneses, chinos, americanos, alemanes, muchos españoles, franceses, italianos…-, pensé en cómo la modernidad había revolucionado el tema de las visitas, antes tan distinto.
Construída en el año 537 por Justiniano, Santa Sofía fue durante casi mil años una basílica cristiana, a la que sólo acudían los fieles de esta religión. Seguramente podrían entrar los pertenecientes a otras confesiones, aunque dudo que fueran bien recibidos. En sus primeros años de existencia, cuando aún no había nacido Mahoma, los enemigos serían los bárbaros con sus viejos paganismos. Más tarde, el tercer monoteísmo entró en escena y, abriéndose paso a codazos, codició los territorios cristianos. El Imperio Bizantino aguantó hasta 1457, y Mehmet II, el Conquistador, tras entrar en Constantinopla, convirtió la basílica en mezquita. Durante otros cuatrocientos años, la entrada la tuvieron prohibida los cristianos, y el templo se convirtió en el prototipo arquitectónico de las mezquitas del mundo msulmán. Finalmente, colapsado el Imperio Turco, y nacida la joven República de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk secularizó Santa Sofía, abriéndola al público sin distinción de credo e iniciando su exitosa carrera de centro de atración turística.
La gran diferencia entre la época antigua y la moderna es que antes, para poder visitar con libertad y confianza la basílica, los que no eran cristianos en la primera época, o musulmanes en la segunda, sólo podían hacerlo por medio de la conquista. Los conquistadores de antes se han convertido en los turistas de hoy, requeridos por todos los países del mundo, pues aunque saben que sus destrozos son considerables, mayores son las ganancias que generan. Lo que antes era anatema, meterse en las intimidades de las cámaras secretas del Sultán en el Palacio de Topkapi, o pisar el interior de la mezquita más importante del Imperio, hoy en día es publicitado y ofrecido a los públicos del mundo entero, para que acudan y compren la entrada y hagan todas las fotografías que quieran.
Con el arma del dinero, los nuevos conquistadores invaden palacios, templos y ciudades. Son recibidos con los brazos abiertos, se les hacen ceremonias de bienvenida y se los mima con grandes ofertas. A cambio, deben pagar entradas, billetes de avión, habitar en los hoteles y comprar muchos productos de “souvenir”. La masificación del mundo ha hecho posible esta nueva y curiosa modalidad de conquista, bastante más interesante y civilizada que las anteriores. Y el turismo estabiliza y trae aires nuevos a los países en apuros. Ocurrió con España y ocurre ahora en Turquía.
Tras haberse convertido en una de las principales industrias del mundo moderno, sin duda el turismo deberá entrar por las sendas de la sostenibilidad. Difícil empeño. Si no lo hace, se corre peligro de que el actual fenómeno turístico sea visto en el futuro como “aquella ola terrorífica de conquistas masivas que, cual termitas, asolaron nuestros valles, costas y ciudades”. Paradojas del presente…
miércoles, mayo 31, 2006
COLOQUIO SOBRE “MÁSCARAS Y SOMBRAS” EN ESTAMBUL.

Con el largo título de “La Europa de los espectáculos: transformaciones de la máscara cómica del teatro antiguo al teatro de sombras”, se ha celebrado del 25 al 27 de mayo en Estambul un encuentro organizado por el Instituto Francés de Estudios Anatolienses (IFEA) en el que he tenido el gusto de participar, gracias a la colaboración del Instituto Cervantes de Estambul, que ha sufragado los gastos de mi viaje. Los artífices y organizadores del evento fueron Pierre Chuvin (director del IFEA) y Sophie Basch (del Institut Universitaire de France y profesora de la Universidad de Poitiers).
El encuentro se ha realizado en dos lugares distintos: el primer día, en la sala noble del viejo y mítico Hotel Pera Palas (famoso por haber acogido a importantes escritores y periodistas durante los felices años en que circulaba aun el Orient Exprés) y los dos días siguientes en el salón de actos del no menos elegante Museo de Pera.
El encuentro ha tenido un carácter básicamente académico, con pocas intervenciones de personas procedentes del mundo teatral propiamente dicho. El largo título escondía a un protagonista claro: Karakoz, el teatro de sombras turco. Así lo indicaba el cartel del simposio, con dos imágenes pertenecientes a una máscara griega y la silueta de Karakoz respectivamente. Sin embargo, las ponencias abarcaron un amplio abanico temático, lo que dio al coloquio un interés ameno y variopinto, capaz de satisfacer el apetito cognoscitivo del más exigente de los comensales.
Desde luego, no voy a detallar las distintas intervenciones, en número de unas treinta (los interesados en el programa pueden consultar en http://www.ifea-istanbul.net/ ) pero sí me gustaría, en esta pequeña crónica del evento, destacar algunas de las que más llamaron mi atención.
El primer día se centró en el tema de la máscara, primero en el teatro clásico y luego en la Comedia del Arte. Tras varios análisis de un gran interés y conocimiento a cargo de varios especialistas en la materia, la mañana acabó con la intervención del ya clásico actor italiano Ferrucio Soleri, quién explicó con impactante y efectiva sencillez su visión de Arlequino. Todo un lujo conocer por boca de uno de sus últimos y más brillantes practicantes, la historia y la evolución de este segundo Zanni llamado Arlequino (el criado típico de la Comedia del Arte), gran escuchador y recibidor de palos, motivo por el que su ropa, en un principio también blanca (la utilizada por los Zanni, por ser la tela más barata, según nos iba contando con humor el señor Soleri), se va llenando de remiendos, hasta que, en su presentación más tardía y elaborada, se estiliza en el conocido traje de rombos de muchos colores por el que se le conoce. Ferrucio Soleri nos iluminó igualmente sobre el origen de Pantalone, que representa al rico veneciano por excelencia (de ahí su nonbre: el que “planta al León”, símbolo de Venecia), así como de los demás personajes de la Comedia del Arte.
Interesante fue la intervención de François Moureau (Universidad Paris IV), quién nos habló de una ópera de marionetas que se representó en el Théâtre du Marais, en la época de Louis XIV, llamada “L’Opéra des Bamboches”, representada con grandes maquinarias teatrales, y de la que se conocen dos de los libretos utilizados.
Sylvie Humbert-Mougin, de la Universidad de Tours, nos habló de la singularidad del periodista y erudito Charles Magnin (1793-1862), quién publicó en 1838 su libro “Histoire des Origines des Théâtres” dónde por vez primera se da importancia a las hasta entonces consideradas artes menores del teatro: el mimo, la máscara, el teatro de títeres... Este interés por los orígenes no ortodoxos del drama, le lleva a publicar un segundo libro en 1852 titulado “Histoire des Marionnettes en Europe”, un clásico para los amantes del género: a pesar de los años transcurridos desde su aparición, sigue guardando el frescor de los libros que abren nuevos horizontes, perspectivas y campos de estudio.
Mucho impacto e interés tuvo la intervención del profesor François Georgeon, del EHESS de París, titulada “La risa, del Imperio Otomano a la República Turca”, dónde explicó con profusión de detalles e imágenes proyectadas la evolución del humor en Turquía. Primero, el caleidoscopio cultural del Imperio otomano, en el que el humor era el efecto saludable del encuentro y la convivencia de la diversidad de lenguas, colores, acentos, razas, culturas y religiones. Luego, tras la proclamación de la República turca, el humor basado en la burla hacia todo lo que tenía que ver con el Imperio (el maltrato a las mujeres, las risas groseras de las distracciones tradicionales, los viejos trajes fantasiosos...). Este cambio explica que el teatro de sombras del Karakoz cayera pronto en desgracia, al ser un tipo de humor basado en el contraste urbano de las diferencias, algo inexistente en los primeras épocas de la moderna nación turca.
El gran especialista de Guignol, Paul Fournel, autor de varios libros sobre el tema, nos introdujo con un gran humor al famoso personaje nacido en la ciudad de Lyon, mostrándonos el interesante fenómeno de cómo un simple títere, surgido de las más humildes clases urbanas de principios del siglo XIX, llega a convertirse en un pequeño mito, casero y libertario, conocido hoy en el mundo entero. Igualmente buscó las semejanzas y distinciones con su homólogo Karakoz, difíciles de establecer dadas las diferencias de sus contextos referenciales.
El tema del Chat Noir (tratado ya en el encuentro de Lyon del pasado mes de abril por Mariel Oberthur) surgió también en Estambul de la mano de Hélène Védrine (Universidad París IV), quién nos ilustró con atractivas imágenes las características de este cabaret de finales del XIX, que tuvo dos líneas de desarrollo: la satírica y la lírica.
Varios especialistas turcos del Karakoz nos hablaron del importante sombrista Ragip Tugtekin, ya desaparecido, (a cargo de Cevat Çapan), de las influencias que ha tenido el personaje en el teatro y en la literatura turca (Enis Batur), así como sobre el universo femenino en el Karagöz (Altan Gökalp).
Finalmente, el último día y a modo de conclusión visual y animada del coloquio, el sombrista Metin Özlen representó un espectáculo de Karakoz en su teatrillo de sombras que hizo las delicias del público.
Un encuentro en el que se cumplió la ley que dice que, además del interés de las ponencias, también importa, y mucho, lo que se habla entre bastidores, los contactos que se establecen entre los participantes y el ambiente de la ciudad que te acoge. Una ciudad, Estambul, impactante como pocas, y que aparece cada vez más como la futura e indiscutible Capital de Europa del Sur.
lunes, mayo 22, 2006
Santa Rita, la abogada celestial para los casos difíciles e imposibles.

Hoy se celebra la festividad de Santa Rita, patrona de los imposibles. Para los muchos barceloneses convencidos de que viven en una ciudad del diseño, laica y moderna, sería una sorpresa, por no decir un verdadero schock, acudir un 22 de mayo a la Plaza de San Agustín, entrando por la calle Hospital a pocos pasos de La Rambla, y ver la inmensa multitud de fieles que acuden con un ramo de rosas a venerar a la Santa. En la iglesia que lleva el mismo nombre que la plaza, cuenta con una capilla y unas veneradas reliquias que por lo visto pertenecen al personaje. Pues bien, durante prácticamente toda el día, los municipales deben cortar el tráfico de la calle Hospital ante la avalancha de fieles que ocupan toda la zona alrededor de la iglesia, más los numerosos vendedores de rosas, estampitas, cirios y otros productos que hacen su agosto por Santa Rita, en la plaza y en las calles adyacentes.
Cómo se dice en las estampas, Santa Rita es “la mujer del perdón heroico”, “la abogada de las causas desesperadas” y “la santa de los casos imposibles”. El público que le es fiel pertenece a amplias capas de población, desde las más humildes y populares, hasta señoras e incluso jóvenes de clase media. Los de la clase alta, al no necesitar tantos imposibles por ser lógicamente gente de “posibles”, solicitan menos sus servicios. Es típico, por ejemplo, pedir a la santa remedios de todo tipo a problemas tanto económicos como de salud. Al caer en una época de exámenes, son muchos los estudiantes y especialmente las madres de los mismos que piden el milagro de un aprobado. Otra particularidad del culto es la urna que existe en su capilla dónde durante todo el año el público puede depositar papelitos con peticiones. Cuando la urna está llena, el párroco, acompañado de la Cofradía de Santa Rita (creada para organizar la logística de los servicios que le son propios), saca los papelitos y los quema en el pórtico de la iglesia, con la esperanza de que sus humos, con sus correspondientes contenidos, lleguen a la santa. Según he podido saber de fuentes bien informadas, esta festividad es una de las más importantes para la parroquia desde el punto de vista de la recaudación: miles y miles de estampitas, cirios, medalllitas y otros recuerdos son ofrecidos a buenos precios a los asistentes, que no dudan en comprarlos. Algo que hay que ver con simpatía, pues esta iglesia es de las que más ayudan a los pobres del barrio y de la ciudad entera. Igualmente se recomienda guardar pétalos de las rosas bendecidas el día de la santa por sus efectos benefactores. Muchos los guardan en cajitas de dinero, para que no falte durante el año. Otros hacen té con los pétalos, cuyas propiedades curativas son por lo visto considerables.
Intrigado por el fervor de este culto, he indagado sobre la vida de la santa, personaje histórico que nació en 1371 en la localidad de Rocca Porrena, en la Umbría italiana. La particularidad de su vida es que sufrió y fue ejemplo edificante durante todas sus etapas de la vida: de joven, por su bondad; de casada, por sufrir con paciencia a un marido con fama de pendenciero y vicioso; tras quedarse viuda al ser asesinado el marido, tuvo que hacer frente a los deseos de venganza de sus hijos: ambos murieron no se sabe si en el empeño o a causa del mismo; al quedarse viuda, quiso entrar en el monasterio de Santa María Magdalena, de las Madres Agustinas, algo imposible pues sólo aceptaban a mujeres vírgenes. Este obstáculo sería superado milagrosamente con la intervención de la Virgen y de santos de su devoción, S. Agustín, S. Nicolás de Tolentino y S. Juan Bautista, que, según refieren los biógrafos, la introdujeron en dicho monasterio estando cerradas puertas y ventanas. Murió a los 76 años de edad, tras cuatro años de padecer una enfermedad que soportó con admirable paciencia. En fin, una vida de santa que debería explicar la devoción de la que es objeto en el presente.
Creo, sin embargo, que una de las claves de su éxito es precisamente su definición de “santa de los imposibles”: a falta de otros recursos, es normal que los ciudadanos y ciudadanas, rodeados como estamos de tantos y tantos “imposibles”, busquen remediarlos sea como sea. Un culto simpático por su carácter humilde y popular, que se realiza sin aspavientos ni trucos, desde la sencillez de una parroquia situada en el corazón de uno de los barrios más céntricos y populares de Barcelona. Un culto que la municipalidad de Barcelona ve con muy buenos ojos, pues con la ayuda de la santa, seguro que se saca unos cuantos "imposibles" de encima, y sin que le cueste un céntimo...
jueves, mayo 18, 2006
FÚTBOL Y ESTATUT.
Cómo no podía ser de otro modo, el tema de la victoria del Barça en París, consiguiendo el “Bichampions”, como lo llamaba el periódico La Vanguardia, es y será noticia de muchos litros de tinta y de no pocas toneladas de papel impreso. Vi el partido, pues no verlo hubiera sido un insulto y un agravio a mi responsabilidad moral de buen ciudadano, y me emocioné como buen catalán que soy con los goles de Eto’o y de Belletti. Luego maldije durante un par de horas a un coche con altavoces que sin parar emitía el himno del Barça y el himno nacional catalán dels Segadors uno detrás de otro, como si se trataran de himnos siemeses. Me dormí maldiciendo el fútbol, la patria y a los patriotas, pero pronto me olvidé del tema.Al día siguiente, bajé a Plaza Cataluña y Canaletas para observar como habían dejado los hinchas eufóricos el mobiliario urbano de la zona. Me extrañó ver sólo un par de farolas arrancadas, otras cuatro torcidas en algún extremo, un puesto de venta de cupones de la ONCE quemado, más tres o cuatro papaleras caídas por el suelo. Vaya, me dije, hubo contención emocional, a pesar del tumulto. No habían derribado ningún árbol ni arrancado de cuajo las cabinas telefónicas de la zona o los semáforos de la plaza, como ha sucedido en otras ocasiones. La fuente seguía en su sitio, y las estatuas de la Plaza Cataluña y los quioscos de la Rambla también. Tampoco habían roto los cristales ni saqueado Habitat o el FNAC. Un éxito de civismo, en una ciudad que ha padecido grandes ataques de incivismo durante los últimos meses. Aunque sí es verdad que por el suelo se veían muchos charcos sospechosos y los rincones y no tan rincones olían abundantemente a cerveza y a orín.
La victoria del Barça ha resultado ser un verdadero alivio para los políticos y para los que somos partidarios del Sí al Estatut. Una derrota hubiera despertado más ansias de venganza de las que ya existen contra el sainetismo político catalán. ¡Menos mal! La población perdonará a los administrativos los fallos del largo proceso estatutario, y los partidarios del No quedarán como unos pajarracos depresivos con ganas de aguar la fiesta. Una verdadera carambola.
Creo que lo tienen mal los del No. La gente quiere optimismo, imágenes felices de futuro, y sobretodo, no recordar las miserias del pasado. Y los de Esquerra Republicana, empeñados en su negatividad despechada, lo tendrán difícil para sacarse de encima su máscara agorera. ¡Qué error descomunal han cometido! ¡Con lo fácil que era sumarse al equipo anti PP! Además, ellos siempre han crecido en oposición a este partido. Y ahora, que lo tienen a favor, ¿cómo movilizarán a sus bases? ¿Qué problema! Se perderán en las disquisiciones y en los matices sutiles. Los socialistas han sido más listos, y basan su campaña en el antipepismo. Normal y lícito: lo mismo hicieron los del PP en las últimas elecciones que perdieron, atacando al Tripartito, origen de todo el mal de las Españas, y a la diabolizada ER. Ojo por ojo y diente por diente. Piqué se hace ahora el ofendido, pero en su momento, ¡qué partido sacaron a la entrevista del sagaz Carod con ETA! Ahora les toca a ellos pagar: el boicot al cava y la campaña andaluza contra Cataluña. Cómo niños, vaya… Aunque yo votaré que Sí.
En fin, banales comentarios de política local tras la resaca colectiva del triunfo del Barça.
Postdata: escribí este texto ayer, día después de la victoria, y hoy he leído en el periódico que hubo más destrozos de los que pensaba en la zona de los tumultos. Por lo visto, a la Fuente de Canaletas le faltaban las farolas, y sí que arrancaron una cabina telefónica, que usaron de ariete para romper los cristales de una tienda de ropa que fue eficazmente saqueada, amén de otros varios pillajes y destrucciones. El coste global de los desperfectos es de unos 100.000 euros, según primeros cálculos aproximativos. Aunque bien pensado, es lógico que las catarsis colectivas tengan su precio. Debería instaurarse para paliar sus efectos un seguro urbano relacionado con los Grandes Logros y las Victorias: el Barça y el Ayutamiento se harían cargo del mismo. Y es que yo me pregunto, ¿qué son 100.000 euros para un futbolista de éxito, para el mejor equipo del mundo o para una ciudad de fama mundial que a cada victoria del Barça suma más y más activos? Pura calderilla. Sobretodo si a la victoria puramente deportiva del Barça le sumamos la más estatutaria del Sí…
DE ÉLITES Y MASAS.
La Revolución de las Masas anticipada por Ortega y Gasset ha triunfado plenamente. Creo que todo el mundo está de acuerdo en esta aseveración, aunque cada uno luego la interprete a su manera. Como no soy ni filósofo, ni sociólogo, ni nada que se le parezca, atacaré el tema a la manera titiritera, es decir, por las buenas y a la brava. Y que dios (y los filósofos) me perdonen.El anterior párrafo es un buen ejemplo de lo que estamos hablando: cualquiera hoy en día se arroga el derecho a filosofar. Incluso los titiriteros… O, sin ir tan lejos, aquí está el mismo fenómeno bloguero, dónde cualquiera pontifica desde su particular púlpito catedralicio. ¡Un escándalo!
Lo comentaba el otro día con Bastides y Mercadal, los dos amigos de la playa, mientras paseábamos por la arena dónde las suaves olas del mar rompen. Decía Mercadal:
- No me parece mal, Rumbau, lo que haces del blog. Lo miro de vez en cuando, aunque cada vez me cansa más la letra pequeña. Creo que es positiva esta explosión de opiniones. No sé porque te preocupa tanto la masificación…
Había planteado yo la canallización creciente de la sociedad de masas, que está bajando el nivel moral, por no hablar del estético, de las poblaciones a unas cotas hasta ahora nunca alcanzadas. La democratización del consumo y de la pequeña propiedad ha disparado esta arrogancia popular que se manifiesta con brutal impudicia en los programas de televisión, en las escuelas, en los estadios o en la misma calle. España es, en este sentido, un país paradigmático, ejemplar, se diría. Un santuario democratizador del mal gusto, de la desfachatez hortera, de la burrería institucionalizada, del rebuznar orgulloso de las poblaciones. Un modelo de bienestar y enriquecimiento que deslumbra a nuestros vecinos y especialmente a los países latinoamericanos, que nos miran con envidia y admiración. Así razonaba yo cuando Mercadal, doctor jubilado y astrólogo profesional, me interrumpió:
- No eres objetivo. Las cosas hay que verlas con la distancia que sólo las estrellas otorgan. Es normal que las élites estén preocupadas: se les acabó el chollo. ¿Acaso tienen la exclusividad ética, la del gusto y la del correcto pensar? Digamos que son profesionales del tema, y por eso temen perder sus puestos. Y reconocer que ya no pintan nada es demasiado doloroso para ellas. ¿Es que todavía pretenden las élites gobernar el mundo, dirigir los acontecimientos? No lo veo realista…
Intervino en aquel punto el amigo Bastides, zapatero de la Barceloneta y futurólogo intuitivo:
- Comparto lo que dices, Mercadal. Los técnicos del pensamiento sólo pueden interpretar lo que ocurre, teorizar sobre los aconticimientos, explicarlos a las poblaciones. Van a remolque de los hechos. Éstos acontecen y lo ponen todo patas arriba, y vuelta a empezar, a razonar lo ocurrido, a teorizar… No, las élites de verdad, las que importan, si es que existen, ya no son las “pensantes” sino las “actuantes”…
- Me estás dando la razón, Bastides –repuse yo, cogiendo al vuelo las palabras del futurólogo–, estas élites que “hacen”, actúan sin pensar, con cerebro de mosquito, y así estamos y nos vemos, obligados a buscar nuestros modelos y referentes en personajes de risa, que tienen todo el poder del mundo y una inteligencia de ratón.
- Es verdad, y no hay más que ver adónde nos ha conducido este Micky Mouse metido a presidente del mundo, o mejor, adónde ha conducido a los pobres irakíes, sirios, palestinos… -dijo Mercadal, tomando de nuevo la palabra– Pero en verdad te digo que hay un error de perspectiva. Si lo miras de cerca, es evidente que estos personajillos de tres al cuarto son los grandes protagonistas, del mismo modo que enfocando el detalle de un día cualquiera de cualquier ciudad española, sólo veremos al ciudadano de turno rebuznar muy ufano sus imbecilidades ante las cámaras del mundo. Pero si te alejas y lo miras con distancia, verás que las fuerzas que mueven los acontecimientos no provienen de esos personajillos, simples peones cogidos al azar, sino que responden a otra logística mucho más compleja, que tiene que ver con los desequilibrios poblacionales, los azares emergentes, los impactos tecnológicos, las soluciones energéticas, por decir algo.
- En efecto, la masificación está cambiando el mundo –apuntó Bastides–, esto hace tiempo que lo vemos Mercadal y yo en nuestros estudios del Futuro. Una de las constantes que hemos visto es la poca durabilidad de las cosas, lógico, pues cambia todo tan deprisa, que no es posible detenerse ni agarrarse a nada. Ahora bien, ¿por qué hay tanto cambio? ¿Acaso es fruto de un deseo de alguien o de algunos en particular? No lo creo. Más bien se trata de una consecuencia de la masificación, pues al haber tanto cruce, viaje y contacto, la capacidad de cambio y transformación de modos y ciudades se ha disparado como nunca. Es una pura cuestión matemátiva.
- Y aquí es dónde debemos situar el acanallamiento o disminución moral de las poblaciones a la que te referías: para adaptarse a este nuevo marco de cambio e inseguridad, las personas tienen que soltar lastre, deben sacarse de encima todos los bagajes moralistas de las épocas anteriores. ¿Por qué? Pues porque ya no sirven, no funcionan con este nuevo régimen de las cosas, que es un régimen sin régimen alguno, todo hay que decirlo... Y eso, no es ni bueno ni malo, es simplemente práctico, o más bien, inevitable. ¿No te parece?
Los argumentos de mis amigos de playa eran contundentes, pero había en ellos un punto de optimismo que no acababa de entender. Pintaban un panorama casi apocalíptico y, en cambio, parecían tan felices, como si aquello fuera de lo más divertido y entretenido.
- Bueno, no niego que tengáis razón en lo que decís, pero la realidad es que llegamos a la misma conclusión: nos estamos hundiendo en los barrizales del mal gusto y de la más baja calaña moral.
- Sí, pero esta caída que para ti es tan catastrofista e irreparable, para Bastides y para mi no es más que un final de época, una curva en el acontecer del mundo –respondió Mercadal.
- ¿Y qué tiene eso de maravilloso?
- Nada, es una simple cuestión de perspetiva. Míralo con distancia.
- ¿Distancia? ¿Y adónde os ponéis para tener distancia? ¿En la luna?... –interpuse algo impaciente, pues no acababa de comprender sus posiciones.
- En el futuro, Rumbau, en el futuro y en las estrellas –dijo enigmático Mercadal.
De pronto caí en la cuenta que estaba hablando con dos iluminados que habían hecho, del futuro uno, y de la astrología el otro, sus principales ocupaciones. Al estar ambos jubilados, aunque Bastides seguía trabajando media jornada en su taller de zapatero de la Barceloneta, tenían todo el tiempo del mundo y una imaginación desbocada, con la que se inventaban el futuro del mundo mientras paseaban por la playa. Y debo confesar que algunas de las predicciones de los dos futurólogos me hacían mucha gracia, como aquélla que pronosticaba la conversión de España en la FEAA, siglas que significaban Federación Española de Autonomías Autodeterminadas. Aunque había otras muchas más, a cual más descabellada y divertida, como la irrupción Polimonárquica en Cataluña extendida luego en la FEAA, que habían teorizado y desplegado con profusión de detalles, algo sorprendente tratándose de predicciones que situaban a mediados y finales del siglo XXI, ¡o a principios del XXII!
- Mira, Rumbau, hay algo a lo que tendremos que acostumbrarnos pronto –dijo entonces Mercadal, que gustaba de ponerse pedagógico, seguramente porque era mayor que Bastides (tendría unos setenta y cinco años) y además porque había sido doctor, lo que le daba aquel tono didáctico que a veces tienen los médicos cuando hablan a sus pacientes–, se acabó lo de mirar hacia el pasado como único lugar de referencia. A partir de ahora, las cosas van a cambiar, y la perspectiva correcta será mirar hacia el futuro.
Y se quedó tan tranquilo, como si estuviera hablando de una realidad a todas luces evidente, de la que no cabía discusión alguna.
- ¿Y qué haces con el pasado? ¿Desaparece, lo olvidas? ...
- No te precipìtes. Lo pasado importa y pesa, pero nos llega desde el futuro. Aquí está la gran diferencia.
- ¿Desde el futuro? Me cuesta imaginármelo...
- Pues sólo tienes que mirar alrededor, y ver lo que ya está ocurriendo. Fíjate que antes tomábamos los modelos de referencia del pasado: mitos y ritos no hacían más que revivir escenas y momentos primordiales de los pasados arcaicos, y aquí hallábamos las matrices de nuestros comportamientos. Pero con la modernidad, estos modelos se han derrumbado estrepitosamente. Las religiones son globos pinchados, ruinas decrépitas, y los mitos de hoy en día, los modelos referenciales que mueven el mundo, son las marcas, los ídolos de la publicidad, del consumo y de la industria de masas. ¿Y qué es todo eso sino simples proyectos de futuro, hechos por nuestros modistos y por nuestros empresarios más emprendedores? Los mitos ya no son las repeticiones calcomaníacas de los ídolos del pasado, sino “proyectos de futuro”. ¿Ves la diferencia? ¡El mundo al revés, Rumbau, completamente al revés!
Me quedé callado, algo impresionado por la rotundidad de sus palabras, que se atrevían a darle la vuelta a las cosas con tanta alegría.
- Interesante lo que dices, Mercadal, pero todavía no entiendo dónde colocas el pasado y la historia en este mapa...
- Pues muy fácil: ya basta de mirar la historia como algo fijo y muerto. Fíjate que al estar muerto, cada uno se construye su “propio muerto”, el cual, como sólo hay uno y es fijo, se convierte en una verdad incontestable. ¡Un diaparate! ¡No es eso, Rumbau, no es eso! La historia debe verse mirando al futuro, y sólo entonces nos llegará viva, cambiante, dinámica, energética. Necesitamos motores potentes para crear el futuro, y para alimentar esos motores, no podemos usar “historia muerta”, que no sirve para nada, sino “historia viva”. Aquí no habrá peleas ni fijaciones, pues al estar viva, la historia habla, discute, propone y rectifica. ¿Lo entiendes? El futuro es la clave, la perspectiva correcta.
- ...¿de qué motores estás hablando?...
- La imaginación, así avanza el futuro. Y el tiempo. He aquí los motores. Tiempo e imaginación. No me invento nada. ¿No avanza así la naturaleza? ¿Qué son los árboles, las montañas, los pájaros, las flores y los caballos sino tiempo e imaginación? La imaginación del tiempo, que nos sorprende cada día...
Llegamos en aquel momento frente al Club Natación Barcelona y ya sonaba el himno por los altavoces, indicando a los socios la hora de ir pasando a las duchas, pues eran las dos de la tarde, para muchos la hora de ir a comer. Me despedí de mis amigos, que no tenían prisa alguna, y subí para la piscina. Los vi a lo lejos caminando a paso lento, ajenos al griterío de los niños y de los chicos y chicas que llenaban la playa. Me dije que tenía mucha suerte de conocer a aquellos dos sabios populares, con los que podía discutir de temas harto anodinos y singulares. Conversaciones que siguen el ritmo de las olas y de las estaciones, y que espero poder ir relatando, poco a poco, en el día a día de las páginas de este blog.
martes, mayo 16, 2006
LAS MARIONETAS DEL TIBIDABO

Fui el otro día al Tibidabo, el Parque de Atracciones que se encuentra en lo alto de la montaña que domina Barcelona, allí dónde se levanta el impresionante Templo Nacional Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, perteneciente a los Salesianos, esa mole siniestra que sin embargo es para los barceloneses una silueta tan amada y característica, al ser el referente visual por excelencia de la ciudad en su lado montaña. Por fortuna, junto a la Iglesia se extiende deparramándose por la ladera el antiguo y entrañable Parque de Atracciones, creado por la S.A. El Tibidabo, Sociedad impulsada por el farmacéutico y hombre de negocios Salvador Andreu, el inventor de las famosas pastillas del Dr. Andreu. Aunque las primeras atracciones no aparecerían hasta más tarde, el tranvía y el funicular que conducen a la cima fueron inaugurados en el año 1901, fecha que de alguna manera constituye el inicio de este empeño tan singular como emblemático de Barcelona.
Hacía tiempo que no acudía al Parque y tenía muchas ganas de ver si había cambiado mucho desde su compra por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 2001. Puedo decir de entrada que la impresión fue positiva, sobretodo porque se veía muy lleno de público (era domingo al mediodía), de gente joven y muchas familias, y porque sus atracciones más emblemáticas estaban todas en buen estado de funcionamiento: el avión que da vuelas impulsado por su propia hélice, la atalaya de dos brazos que sube y baja sus cincuentra metros de longitud llevando en sus cestas de seis a ocho personas, la noria imponente y elegante de grandes alturas, las montañas rusas de siempre, el magnífico tren aereo que se mete por grutas, túneles mágicos y misteriosos, o cuelga al vacío ante una despampanante vista de Barcelona, el Castillo Encantado… Claro que junto a estas viejas atracciones, proliferan otras nuevas, todas muy ruidosas y excitantes, sobretodo para los que buscan emociones fuertes. Vi los autos de choque, siempre tan solicitados por los jóvenes conductores sin carnet, dándose golpes capaces de hacerlos saltar un palmo de los asientos, las máquinas tragaperras que te miran con sus luces chispeantes, el barco que se balancea a grandes alturas, etc. Regado todo con muchos decibelios de música y los chillidos de niños y jóvenes en estado de frenesí.
Ante esta apabullante presencia de maquinarias y artefactos chirriantes e industriosos, más el griterío humano que le acompaña, noté a faltar el sosiego que daban atracciones más tranquilas como el famoso Laberinto al aire libre, ajardinado con hileras de árboles recortados y que ocupaba una parte central y bastante grande del Parque. El Laberinto daba un respiro al ajetreo convulso de la diversión activa, y permitía a algunos padres filosofar apaciblemente con sus hijos mientras recorrían los pasillos, buscando la salida. Algo a todas luces impensable hoy en día.
Pero si en algo ha mejorado el Parque en su última versión municipalizada, es por dos cosas: por el magnífico aunque pequeño Museo de Autómatas, y por el Teatro de Marionetas o “Marionetàrium”, situado en el lugar dónde antes había el restaurante La Miranda.
Los autómatas eran una de las atracciones más típicas del Tibidabo. Hace años, sufrieron grandes deterioros y acabaron casi todos medio moribundos en los almacenes del Parque. Sin embargo, y gracias a la labor emprendida primero por Antonio Lázaro Díaz, y más tarde por los actuales restauradores del lugar, gozan hoy de muy buena salud y se les puede ver en una sala funcionando casi todos tras apretar un botón. Un verdadero placer visitarlos y charlar un ratito con la Monyos, que te guiña el ojo y mueve los ombros, con el Payaso y sus Micos, o con el otro Payaso que lleva una rana en la rodilla, con el Poeta Que Se Duerme, y con muchos otros que siguen en sus puestos de siempre, haciendo sus gestos misteriosos a cuantos niños y adultos acuden a visitarlos. Mantener esta colección y haberla acondicionado para la visita es un acierto que da al Parque ese toque de exquisitez artística que siempre había tenido y que la modernidad de los ruidos y las velocidades a veces socava.
Pero lo que realmente acentúa esta categoría de singularidad y pintoresquismo del Tibidabo es su Teatro de Marionetas, llamado Marionetàrium. Nos encontramos aquí ante una realidad de mucha categoría estética, poética, humana y entrañable de la ciudad y del Tibidabo, pues en el hermoso espacio dónde están ubicadas, se reúnen varios factores de muy distinta consideración, presentados a su vez con mucha gracia y sencillez, que es lo máximo que se puede pedir en estos casos.

Pero vayamos de visita al lugar, y dejémonos llevar por la música y los carteles que nos indican el camino hacia el Marionetàrium, justo detrás de dónde se lavanta la Gran Montaña Rusa. Nada más entrar en el amplio pasillo que hace de vestíbulo, nos encontramos con una gran pantalla de sombras dónde una orquesta recortada en magníficas siluetas nos da la bienvenida. A la derecha, nos reciben algunos de los miembros de la compañía, colgados de sus hilos que penden de sofisticados mandos, sentados sobre las cajas y los baúles de mimbre con los que suelen viajar. En el suelo, un cartel dice “Compañía Marionetas Herta Frankel”. Constituyen en realidad las "vedetes" de la antigua compañía de Herta Frankel, y los que tengan memoria de aquellos años, identificarán a los dos payasos Tonto y Gruñón, a la Tía Cristina y a Pepito, así como a los llorones Ruki y Muki. Todos ellos nos miran expectantes, con sus grandes ojos abiertos, rodeados de artilugios que tienen que ver con los viajes y las estaciones de trenes. Parece que se han detenido sólo para saludarnos, como si los hubiéramos interrumpido en medio de sus preparativos para salir de gira, dar la vuelta al mundo y volver.
Vemos luego a un trío flamenco con su guitarrista sentado, un violinista al lado, un caballo blanco, una marioneta de Indonesia y otras figuras que componen un cuadro estático pero cargado de vida. Aquí los personajes cuelgan algunos sin tocar el suelo, mostrando esa manera tan especial de estar en el espacio que tienen las marionetas, al depender de dos fuerzas de atracción de signo opuesto: la gravitatoria de la tierra, que tira de ellas hacia abajo, y la vitalista de los mandos que las empuja hacia arriba. Al fondo, en solitario, una primera figura de la compañía, el payaso de rojo que ríe. Se llama Karam, pero lo que impacta de esta marioneta es la impresionante cruz que la sostiene: un enorme y grácil insecto hecho de madera, cuerda e hilos, tan grande como el cuerpo que pende de él, como si fuera su doble abstracto, su sombra estilizada, quintasencia de sus latidos vitales.Entramos en el teatro propiamente dicho: frente a un escenario triple (una boca central, y dos pequeños escenarios laterales y redondos), nos sentamos en las tres hileras de gradas dónde caben unos sesenta espectadores. Y empieza la función. Personajes misteriosos unos (como la figura enraizada en la tierra que teje los hilos del destino, situada en el lateral derecho), divertidos y locuaces otros (como los dos presentadores payasos, que se contradicen y hacen las delicias de grandes y chicos), o impresionantes personajes de la mitología popular: un gigantesco Pato Donato, que llena con su cuerpo todo el escenario, con una impudicia casi obcena, mientras canta y toca la trompeta; o la actriz Marlene Dietrich, magnífica en un largo vestido de oropeles, cantando “where have all the flowers gone?”, mientras del suelo van saliendo de una multitud de agujeritos, empujados por pequeños disparos de aire comprimido, verdes matojos de hierba y exhuberantes ramos de flores. Poético y surrealista. De pronto, se abre el lateral izquierdo y surge el pianista, número clásico del teatro de marionetas, con un magnífico piano de cola. Hay también un cuadro de música brasileña, con maracas y procaces movimientos de caderas, acompañando ni más ni menos que a... ¡Carmen Miranda! Finalmente, acaba el espectáculo con los aplausos del público, que durante una media hora larga ha gozado de un repertorio sofisticado y muy bien ejecutado de números clásicos de las marionetas de hilo, un género difícil que requiere mucha práctica y una esmerada atención.
(Habría que hablar aquí de lo que hay detrás de las cortinas: un “puente” desde dónde se manejan las marionetas, y todo un sistema de cables, poleas, motores y raíles ideados por el escénografo José Menchero y que sirven para que el ritmo de las escenas sea impecable, con cambios realmente rápidos y sorprendentes. Al ser yo marionetista, pude visitar estos espacios secretos, dónde se esconden los trucos viles que sirven para dar vida a las marionetas y que el público no debe ver.)
Los espectadores luego somos invitados a visitar el taller dónde se hacen las marionetas: hay más ejemplares colgados, algunas máscaras y muñecos de los utilizados por Herta Frankel y, sobretodo, unas magníficas ilustraciones que nos orientan sobre la “ciencia del hilo”: tipos de cruces o mandos, gráficos pertenecientes a distintas escuelas (la checa, la inglesa, la rusa, la del marionetista inglés Harry Tozer, que residió, enseñó y murió en Barcelona), etc.
¿Cómo ha sido posible levantar este teatro y mantener vivo el espíritu de las marionetas de Herta Frankel a pesar de su muerte en el año 1996, a los 82 años de edad? La explicación está en el buen hacer y el tesón mostrado por dos marionetistas, grandes amigos y colaboradores de Herta, que heredaron sus marionetas con el encargo de mantenerlas vivas y actuantes, cosa a la que han dedicado sus vidas durante los últimos veinte años. Son Pilar Gálvez y Fernando Gómez, promotores y directores de la compañía, metidos en el asunto de las marionetas desde 1985 (año en que entraron a formar parte del elenco de Herta Frankel). Fernando, alumno de Harry Tozer, es un sofisticado constructor de marionetas que, como su maestro, no duda en pasarse horas y meses enteros creando una sola marioneta, como nos imaginamos que hacía Geppetto para construir a su Pinocho. Su técnica es exquisita y destaca en el buen hacer de los sistemas pendulares de cruces y mandos, de modo que con sólo sutiles movimientos, los personajes pueden andar, cantar, bailar, saltar o llorar.
Pili Gálvez, “alma mater” de la compañía, mujer inteligente y de armas tomar, es la encargada de dirigir la logística del teatro. Su fuerza y su empeño, junto a los de Fernando, son el secreto que explica el milagro de este pequeño santuario dedicado al arte y a la poesía en el Tibidabo, perfectamente adaptado al espíritu del Parque y dándole un plus de exquisitez difícil de encontrar en otros lugares similares. Gracias a esta presencia, se puede decir que en el Tibidabo se da el milagro que uno espera encontrar, muchas veces en vano, en los parques antiguos de atracciones: rincones mágicos dónde lo ficticio engañe y desdoble a la realidad; lugares dónde el mundo se detiene por unos instantes dando paso a otros mundos inexistentes pero cuya realidad vemos desplegarse ante nuestros ojos. El Marionetàrium es uno de esos espacios. Y es de esperar que goce de larga vida en pro de la salud psíquica y estética tanto de los barceloneses como del mismo Tibidabo.
sábado, mayo 06, 2006
Dilemas del Estatut.
Permíteme, querido bloguero, que trate este tema estrictamente local, perteneciente a la política catalana, pero que sigue incansable en su remolino de controversias dando vueltas como una peonza. Imposible explicar en cuatro líneas al neófito los arcanos del asunto, sólo decir que en él se da esta combinación contradictoria que hoy en día mueve todo lo político, a saber: 1- mezcla infantil de lo sentimental-emotivo con lo racional-objetivo, 2- consecuentemente, considerar el despecho como una legítima postura política, 3- analizar un tema que requiere visión de conjunto desde la visión miope del llamado “ombliguismo pasional”, 4- confundir pues sin reparos ni pudor alguno “la velocidad con el tocino”, etc.
En efecto, uno de los partidos, llamado Esquerra Republicana, de esos considerados “radicales” por tener una clientela de naturaleza juvenil y exaltada, considera que el pacto al que han llegado mayoritariamente los partidos políticos catalanes (ellos incluídos) con el resto de las fuerzas políticas en el Parlamento Español es muy malo e inadmisible, pues no responde a sus deseos iniciales. Éstos se concretan en querer ser lo más independientes posible (respecto al resto del país, España), pero da la casualidad que la mayoría de los catalanes no lo quieren, ni tampoco el resto de los españoles, de modo que sus deseos se quedan en simples ilusiones, que sin embargo determinan sus decisiones políticas.
Pues bien, ahora hay un referéndum para aprobar el susodicho Estatut, y ellos han decidido votar no, junto con el Partido Popular, ése de Aznar que vive colgado en los oropeles pequeño-nacional-imperiales de la España de antaño. Estos votarán no, porque dicen que su España se rompe. Los otros votarán no, porque dicen que la España de aquéllos se rompe poco, no tanto como ellos querrían. Los dos defienden sus posturas puras, frente a los demás que defienden las impuras.
Es ese juvenil purismo lo que les da a ambos partidos (PP y ER) este tufo de partidos extremadamente viejos, anacrónicos, juvenil-antiguos, pegados a sus verdades, las cuales son únicas y verdaderas, como lo son las Grandes Verdades de Verdad, que son las Suyas. Y lo peor es que alardean de ello, de ser puros, cuando hoy en día la realidad y la ciencia nos dicen que todo es impuro y contradictorio, mestizo y complejo, poliédrico y ambiguo.
Nos encontramos ante uno de los más típicos comportamientos políticos de todas las épocas, la propia del homo-fanáticus i simplicus, cuyo virus se resiste a morir en la época moderna, a pesar de haberse demostrado tantas y tantas veces la perniciosidad del mismo, capaz de desencadenar todos los desastres imaginables. Y aún así, el virus se agarra a los cerebros humanos, reduciendo el número de sus neuronas y provocando esos comportamientos casi simiescos y rebañiles, muy vociferantes, con muchos insultos a los que no participan de su Verdad.
En el caso de Cataluña, es posible que el tiro les salga por la culata a esos representantes de la pureza. Región laica por excelencia (aunque muy monárquica y fiel a la estirpe de los Borbones), hace tiempo que los catalanes hemos aprendido que el seny y la rauxa (palabras difíciles de traducir, serían como el sentido común y el despelote) deben ir juntos y son necesarios pero con una condición: que ambos sean contradictorios. ¿Qué sería del seny sin sus contradicciones? ¿Y de una rauxa que no tenga paradojas y absurdas oposiciones en su seno? Los del PP de Aznar serían los representantes de un seny puro, de esencias irrenunciables, algo a todas luces irrealista y reaccionario. Los de Esquerra Republicana defienden, al contrario, la pureza de una rauxa adelgazada, simplona y banal, futbolística, por decirlo en téminos coloquiales, aunque también dotada de grandes esencias irrenunciables. En fin, esperemos que la ciudadanía catalana, en un alarde de seny y rauxa combinados, es decir, aceptando las impurezas de todas las contradicciones del caso, vote sí al Estatut y mande a los simplones a reciclarse en la derrota.
En efecto, uno de los partidos, llamado Esquerra Republicana, de esos considerados “radicales” por tener una clientela de naturaleza juvenil y exaltada, considera que el pacto al que han llegado mayoritariamente los partidos políticos catalanes (ellos incluídos) con el resto de las fuerzas políticas en el Parlamento Español es muy malo e inadmisible, pues no responde a sus deseos iniciales. Éstos se concretan en querer ser lo más independientes posible (respecto al resto del país, España), pero da la casualidad que la mayoría de los catalanes no lo quieren, ni tampoco el resto de los españoles, de modo que sus deseos se quedan en simples ilusiones, que sin embargo determinan sus decisiones políticas.
Pues bien, ahora hay un referéndum para aprobar el susodicho Estatut, y ellos han decidido votar no, junto con el Partido Popular, ése de Aznar que vive colgado en los oropeles pequeño-nacional-imperiales de la España de antaño. Estos votarán no, porque dicen que su España se rompe. Los otros votarán no, porque dicen que la España de aquéllos se rompe poco, no tanto como ellos querrían. Los dos defienden sus posturas puras, frente a los demás que defienden las impuras.
Es ese juvenil purismo lo que les da a ambos partidos (PP y ER) este tufo de partidos extremadamente viejos, anacrónicos, juvenil-antiguos, pegados a sus verdades, las cuales son únicas y verdaderas, como lo son las Grandes Verdades de Verdad, que son las Suyas. Y lo peor es que alardean de ello, de ser puros, cuando hoy en día la realidad y la ciencia nos dicen que todo es impuro y contradictorio, mestizo y complejo, poliédrico y ambiguo.
Nos encontramos ante uno de los más típicos comportamientos políticos de todas las épocas, la propia del homo-fanáticus i simplicus, cuyo virus se resiste a morir en la época moderna, a pesar de haberse demostrado tantas y tantas veces la perniciosidad del mismo, capaz de desencadenar todos los desastres imaginables. Y aún así, el virus se agarra a los cerebros humanos, reduciendo el número de sus neuronas y provocando esos comportamientos casi simiescos y rebañiles, muy vociferantes, con muchos insultos a los que no participan de su Verdad.
En el caso de Cataluña, es posible que el tiro les salga por la culata a esos representantes de la pureza. Región laica por excelencia (aunque muy monárquica y fiel a la estirpe de los Borbones), hace tiempo que los catalanes hemos aprendido que el seny y la rauxa (palabras difíciles de traducir, serían como el sentido común y el despelote) deben ir juntos y son necesarios pero con una condición: que ambos sean contradictorios. ¿Qué sería del seny sin sus contradicciones? ¿Y de una rauxa que no tenga paradojas y absurdas oposiciones en su seno? Los del PP de Aznar serían los representantes de un seny puro, de esencias irrenunciables, algo a todas luces irrealista y reaccionario. Los de Esquerra Republicana defienden, al contrario, la pureza de una rauxa adelgazada, simplona y banal, futbolística, por decirlo en téminos coloquiales, aunque también dotada de grandes esencias irrenunciables. En fin, esperemos que la ciudadanía catalana, en un alarde de seny y rauxa combinados, es decir, aceptando las impurezas de todas las contradicciones del caso, vote sí al Estatut y mande a los simplones a reciclarse en la derrota.
jueves, mayo 04, 2006
Lyon: ciudad doble.

¿Es posible decir que una ciudad es doble? Creo, querido bloguero, que podemos responder afirmativamente a esta pregunta, sobretodo después de haber estado unos días en la ciudad francesa de Lyon.
En primer lugar, por un hecho casual pero muy “sui generis” y para el caso, muy cabal: disponer de una figura de desdoblamiento (un títere) que la representa a efectos prácticos y simbólicos: Guignol
Hay bastantes ciudades que disponen de esta característica (pienso en Nápoles con Pulcinella, Londres con Punch, Barcelona con Titella o Malic) pero en ninguna de ellas existe un vínculo tan estrecho entre el personaje y la ciudad que lo acoge o le ha dado vida, como en el caso de Lyon y Guignol. Un personaje que aún siendo conocido en el mundo entero, sigue asociado íntimamente a Lyon, su ciudad natal.
Curioso fenómeno cuyo conocimiento me fascina cada día más, al ilustrar como un simple personaje local, fiel representación del titiritero que lo creó a principios del siglo XIX (un tal Laurent Mourget, sacamuelas que complementaba su cháchara con funciones de títeres, y que acabó siendo titiritero profesional, convertido más tarde por los lioneses en uno de los prohombres de la ciudad, cuyo rostro es reconocible en la inmortalizada cara de Guignol), puede llegar a convertirse en un mito. Pequeño mito callejero al principio, símbolo de la clase popular de los “canuts” (los trabajadores de la seda, principal industria de la ciudad en aquel entonces) para de ahí extenderse a la ciudad entera, traspasar las fronteras de ésta, alcanzar otros rincones del país, instalarse en el mismo corazón de París, y acabar expandiéndose por el mundo entero, al menos el europeo, como una etiqueta que denota al títere de filiación política, que gusta de reírse con descaro y aguda brillantez de los ostentadores electos –y no electos– del poder.
En Lyon, además de los titiriteros que mantienen viva su estirpe (como es el caso de mis amigos de la compañía Zonzons, magníficos manipuladores e “improvisadores” de Guignol, con su fantástico teatrillo situado en el número 2 de la Rue Louis Carrand, muy cerca de la Gare Saint Paul), se suele encontrar a Guignol en las tiendas de souvenirs, es decir, ocupando las estanterías de su imaginario mercantil. Recomiendo especialmente la que se encuentra en el número 6 de la Rue Saint Jean, dónde el visitante encontrará títeres, figuritas, imanes para la nevera de su casa o coche, pañuelos, copas, vasos, tazas y mil objetos distintos todos con Guignol como protagonista. Igualmente, en el interior de la tienda encontrará un pequeño y simpático museo, “Le Petit Musée Fantastique de Guignol”, algo casero pero bien organizado, dónde se explica al turista los orígenes del personaje.
Una ciudad pues que se deja desdoblar y representar por este personaje inteligente y bufonesco, com si quisiera desdramatizarse acogiéndose a una máscara titiritesca, tal vez para relativizar la máscara oficial y más pomposa del León con la que a veces parece querer representarse.
El otro desdoblamiento de la ciudad responde más a una intervención hecha desde arriba, aunque deriva de una costumbre popular muy asentada en la ciudadanía. Me refiero al énfasis que la ciudad de Lyon ha puesto en la iluminación nocturna, de modo que calles, plazas, puentes y edificios se desdoblan por la noche en otros diferentes que maravillan y enriquecen la percepción que los ciudadanos tienen de su ciudad.
Se trata de un fenómeno realmente insólito, que proviene de una vieja costumbre religiosa de la ciudad: la de poner velas encendidas la noche del 8 de diciembre en las ventanas de las casas. Ante la originalidad del caso, el alcalde de la ciudad quiso dar más relieve a la fiesta, y animó a los ciudadanos a aumentar la presencia lumínica en puertas, balcones y ventanas. Finalmente, y ante el éxito conseguido, se decidió atacar el tema a lo grande, y aquella fiesta que empezó con discretas velitas ha acabado convirtiéndose en un verdadero festival de la iluminación, promocionado por los cuatro vientos mediáticos y motivo de visita de miles de turistas.
Por desgracia, sólo he visto proyecciones y fotografías de algunas de las transformaciones que tienen lugar en las calles, plazas y edificios emblemáticos de Lyon, realmente espectaculares, durante estos días de diciembre. Pero en cambio, sí tuve la suerte de conocer, en el coloquio sobre títeres y sombras, a uno de los factòtums de este fenómeno lionés: al iluminador Laurent Fachard, que nos “iluminó” con una extraordinaria presentación de su trabajo. Palabras que me abrieron las puertas para una “percepción doble” de la ciudad de Lyon, iluminada con estudiado primor por la noche, sin abuso de los kilovatios, dejando que las sombras den realce a la plasticidad nocturna de los edificios. Un ejemplo típico es la Place des Terreaux, situada en el corazón de la ciudad, dónde sólo tres de sus lados aparecen iluminados para resalzar sus arquitecturas (los correspondientes al Hotel de Ville, el Museo de Arte y unos viejos Almacenes), iluminando de rebote el cuarto lado (de pisos privados) y la misma plaza en si, aparentemente oscura pero con luz de sobra para ver, dejarse ver y gozar. Otro ejemplo es el nuevo metro de la ciudad, con una muy estudiada iluminación que carece de la agresividad que busca desesperadamente la luz diurna, como es propio que ocurra en la mayoría de los metropolitanos del mundo, y que en cambio modela los espacios con el uso de los colores y los puntos de luz indirecta.
La dualidad básica entre el día y la noche queda así resaltada y apoyada por la iluminación nocturna, que juega a su favor y permite este juego de desdoblamiento. Desdoblamiento que abre espacios interiores de la ciudad, espacios nuevos de percepción doble y, por lo tanto, de encuentro y de cruce entre sus perceptores, locales y visitantes.
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