Creo, querido bloguero, que el título propuesto resume las opiniones expresadas por la mayoría de los medios. El Estatut ha sido aceptado por los catalanes con medido entusiasmo. Esta vez no ha ocurrido lo que últimamente sucede en los referéndums, cuando los electores llamados a escoger entre un Sí o un No, se dividen más o menos a partes iguales, buscando el menor consenso posible. Aquí ha habido consenso, y la compulsión relativizadora ha decidido optar por la abstención, lo cual demuestra un cierto grado de racionalidad política del electorado –al excluir claramente la opción del No.
La falta de entusiasmo se explica por el cansancio de los dos años de sainete estatutario. Creo que la participación lograda, un 49% rozando el 50, es incluso bastante alta y loable, pues el castigo podría haber sido mayor. Estos resultados, que deshinchan bastante las pretensiones grandilocuentes de los abanderados nacionalistas, refrendan la ley y, a la vez, la desrefrendan un poco, de modo que todos, tanto los partidarios del Sí como los del No, se sienten ganadores. ¡Virtudes de la democracia! Todos ganan y nadie pierde.
Parece, en efecto, que sea imposible hallar un consenso mayoritario ante una situación clara, pues las opiniones se disparan ipso facto hacia una polarización de las posturas –aunque éstas se expresen vía abstención. El resultado es un avanzar sin avanzar, un constante ponerse palos a las ruedas, como ocurre con la construcción europea y ocurrirá ahora con la nueva articulación de corte federalista que intenta imponerse en España. Los ciudadanos, enfrentados a sus dudas y a sus miedos, frenan cualquier proceso dinámico de cambio, y se instalan en posiciones de empate, resentimiento y oposición contradictoria.
Los sueños nacionalistas han recibido un cierto varapalo. Pero que no se engañen los nacionalistas del otro lado, es decir, los que sueñan con el centralismo español, pues la fragmentación de las posturas también les concierne a ellos. Es decir, jamás obtendrán mayorías aplastantes en sus posiciones. En este sentido, la posición de Esquerra Republicana ha sido también lamentable desde el punto de vista de su propio credo, pues con su defensa del No ha aumentado el desinterés por la mayoría nacional catalana. Lo cual ha sido un positivo factor de relativización.
Zapatero hubiera preferido mayor participación: se la habría lanzado a la cara del PP. Ahora se tiene que contentar con una defensa realista de los resultados. Aunque me parece que ha salido bastante bien librado del lance, al ganar un Sí claro con fervor escaso: eso le da fuerzas para tratar con una cierta equidistancia el tema autonómico, sin desengancharse a la vez del mismo. Servirá también para sacarse de encima a Maragall y apostar por un seguro Montilla que será más gris pero más fiel y pragmático. Igualmente las aguas quedarán suficientemente turbias y empantanadas como para que sea posible intentar su deseada socio-convergencia (una coalición PSC-CiU), aunque es dudoso que lo consiga.
El PP estará muy contento, pues podrá seguir en los derroteros apocalípticos-autopunitivos que tanto gustan a sus fieles seguidores, pero a su crítica desmesurada del Estatut, deshinchado por el referéndum, se le verá el plumero: algo que llama tan poco la atención del público, no merece tantas frases altisonantes. Sobretodo cuando todas las demás autonomías, y especialmente las gobernadas por ellos, están copiando el articulado catalán punto por punto.
Maragall debería abandonar raudo la política, para retornar a una visión más realita de la realidad: los sueños nacionales ya no incitan a ninguna mayoría. Mejor luchar por una ciudad que por un país. Es un buen momento para Montilla: su ideario es, desde el punto de vista del “seny”, el más “pujoliano” de todos, mucho más que el de Mas y sus huestes nacionalistas, siempre tan propensas al delirio pirotécnico. Montilla podría conectar con la media catalana, aunque su origen cordobés le restará votos entre los payeses. Respecto a sus paisanos andaluces, mucho me temo que lo vean también como un intruso, acostumbrados a ser mandados en catalán. Pero igual con la ayuda de Zapatero suena la flauta, aunque en el referéndum se han visto claramente sus limitaciones.
En fin, se acabó la fiesta. Lástima que la primera experiencia de izquierdas en Cataluña haya quedado truncada por la triquiñuela estatutaria y el jolgorio nacionalista. Los de Convergencia se han salido con la suya, forzando hasta el límite las contradicciones del Tripartito: sus componentes han caído de cuatro patas en la trampa. Difícil de recuperar la ilusión de partida y su energía. No creo que haya más tripartitos. Aunque siempre cabe soñar en lo imposible: ¡Ojalá Montilla se salga con la suya!…
Yo, querido bloguero, me voy a Grecia unos diez días.
Bienvenidos, Benvinguts, Welcome, Bienvenus! Estáis invitados al blog personal de Toni Rumbau: Un retablo de títeres, ópera, música, política, viajes.... Intersecciones. Una ventana abierta al mundo.
lunes, junio 19, 2006
martes, junio 13, 2006
ÚLTIMAS REFLEXIONES SOBRE EL ESTATUT
Querido bloguero, quedan ya pocos días para que se acabe el tema éste, de modo que lo que tenga que ser dicho, que sea dicho sin demora. Pero, ¿qué más puede decirse sobre el Estatut? ¿Acaso no se ha dicho todo? Ha llegado un punto en el que todo son obviedades, y la necesidad del Sí, una evidencia suficientemente evidenciada. Los del No insisten en sus razones, tan razonadas como repetidas, sin convencer más que a sus fieles y adeptos. A estas alturas, la cuestión es la asistencia. ¿Irá mucha gente a votar?
Yo sí iré. Me gusta votar. Será que me he convertido, con la edad, en un conservador. O tal vez no, y los conservadores son los que se quedan en casa, por pereza o por convicción ideológica. O porque les importa un pito. Esto último lo entiendo más. Aunque la actitud de los que no van a votar porque están descontentos, resentidos o desengañados de los políticos, me parece hipócrata y muy comodona. Como si los políticos fueran unos seres excepcionales a los que se les debe exigir todo. Són lo que son –o sea, “lo que hay”–, por dejadez consentida de la masa, que renuncia a sus responsabilidades y las traspasa a los elegidos. Las carencias que no queremos ver en nosotros mismos, las traspasamos a los políticos y nos quedamos tan panchos, como si fuéramos ciudadanos perfectos, jueces imparciales de los actos ajenos. Claro que son unos impresentables, la mayoría de las veces, ¿pero acaso no lo son porque proyectamos en ellos nuestra propia impresentabilidad?
Durante todo este año de Estatut, los políticos han convertido la política en un verdadero sainete, un culebrón, es cierto, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los que durante todo el mismo año se han tragado los culebrones y los “reality-shows” infectos que echan por la tele? No los políticos, que se pasan el día con su propio sainete, en reuniones o en el Puente Aéreo (aunque algunos seguro que también miran la tele, tal vez con ansias de aprender), sino la masa que se encandila con los actores culebronistas, con el exhibicionismo basura, pero que ante el espectáculo igualmente culebronista de los políticos, ¡se indigna!
“Vaya”, dirá el bloguero lector, “¡qué defensa de los políticos! Puede ser que tenga razón este señor del blog, pero por mucho que diga, eso no quita que el espectáculo haya sido deplorable, y que los políticos protagonistas del enredo hayan quedado tan enredados en él, que no haya buen desenredador que pueda desenredar el desaguisado enredo”. Sustento su opinión, querido bloguero lector, pero la matizo con mis considerandos de orden pragmático que me parecen suficientemente válidos.
Otra razón esgrimida para no votar es la del tipo ideológico de la izquierda ácrata y radical. Tiene mucha tradición, y es difícil polemizar con ella, pues posee argumentos de sobra, muy probados y contundentes. Menos mal que es minoritaria, pues pertenece a élites filosóficas y muy exigentes, capaces de profundizar en las esencias del meollo, con apreciaciones no siempre fáciles de entender, sólo para los iniciados en el verbo analítico y en la radicalidad denunciante, con gestualidades e incluso disfraces a veces muy pronunciados.
Aunque también es verdad que en países como Francia, patria de la razón pensante, esas posturas tienen muchos adeptos. Y en Alemania, impregna muchas capas de la juventud urbana y universitaria. Sus formulaciones son acertadas todas ellas, de una gran verdad, pero eso no impide que siga pensando en ir a votar. No sé muy bien la razón, seguramente por simple pragmatismo sociológico, por prejuicios desideologizantes, o por mantener en pie la ficción democrática... Puro conservadurismo, sin duda, pero prefiero una ficción que propone a otra que impone, por muy falsa y manipulable que sea la primera.
El voto no arregla nada, tal vez tampoco sirva para nada, pero te otorga, aunque sea sólo en la ficción de la teoría, poder decisorio y soberano sobre la marcha de lo público y del país. Esta sensación, por muy falsa que sea, nadie te la quita. Y es una maravilla ver, los días de votación, a tantos ciudadanos anodinos que normalmente ves en la calle, en las tiendas, en los mercados, en los toros o en los portales de las casas, acudir todos (o bastantes de ellos, un 60% más o menos) a los centros de votación, cumpliendo con el principio de que “a cada ciudadano, un voto”, seas pobre, rico, tonto, cojo o viejo. Y mientrastanto, contemplas a los políticos encerrados en sus cuarteles, callados y expectantes, ansiosos de conocer el veredicto de las urnas que hará ganar a unos y perder a otros. Una delicia.
Sin duda la democracia tiene mucho que desear, aprender y cambiar[1], pero una forma de mantener vivo el aliento que la sustenta, hoy por hoy, es gozar del derecho de voto. Por eso creo que vale la pena ir a votar. En el caso del Estatut, “Raison oblige”, motivo más que suficiente para votar que sí.
[1] yo de entrada aumentaría el número de parlamentos y de senados del país, poniéndolos como mínimo en cada provincia española, para pasar luego a cada ciudad de más de 50.000 habitantes. La complejidad del mundo exige más complejidad representativa. Ya sé que suena raro, pero la descomunalidad del sainete sería aún mayor, lo que traería no poca diversión, y nos sentiríamos más partícipes y representados. Volveríamos así a los orígenes de la democracia griega, cuando cada Polis era independiente y soberana, aunque habría que evitar lo de las guerras constantes entre ellas, para lo que servirían los parlamentos regionales, seguidos de los nacionales, del europeo y del mundial, así como unas reglas de juego consensuadas, con una misma ley de ciudadanía común, abolición de la esclavitud, etc.
Yo sí iré. Me gusta votar. Será que me he convertido, con la edad, en un conservador. O tal vez no, y los conservadores son los que se quedan en casa, por pereza o por convicción ideológica. O porque les importa un pito. Esto último lo entiendo más. Aunque la actitud de los que no van a votar porque están descontentos, resentidos o desengañados de los políticos, me parece hipócrata y muy comodona. Como si los políticos fueran unos seres excepcionales a los que se les debe exigir todo. Són lo que son –o sea, “lo que hay”–, por dejadez consentida de la masa, que renuncia a sus responsabilidades y las traspasa a los elegidos. Las carencias que no queremos ver en nosotros mismos, las traspasamos a los políticos y nos quedamos tan panchos, como si fuéramos ciudadanos perfectos, jueces imparciales de los actos ajenos. Claro que son unos impresentables, la mayoría de las veces, ¿pero acaso no lo son porque proyectamos en ellos nuestra propia impresentabilidad?
Durante todo este año de Estatut, los políticos han convertido la política en un verdadero sainete, un culebrón, es cierto, pero yo me pregunto, ¿quiénes son los que durante todo el mismo año se han tragado los culebrones y los “reality-shows” infectos que echan por la tele? No los políticos, que se pasan el día con su propio sainete, en reuniones o en el Puente Aéreo (aunque algunos seguro que también miran la tele, tal vez con ansias de aprender), sino la masa que se encandila con los actores culebronistas, con el exhibicionismo basura, pero que ante el espectáculo igualmente culebronista de los políticos, ¡se indigna!
“Vaya”, dirá el bloguero lector, “¡qué defensa de los políticos! Puede ser que tenga razón este señor del blog, pero por mucho que diga, eso no quita que el espectáculo haya sido deplorable, y que los políticos protagonistas del enredo hayan quedado tan enredados en él, que no haya buen desenredador que pueda desenredar el desaguisado enredo”. Sustento su opinión, querido bloguero lector, pero la matizo con mis considerandos de orden pragmático que me parecen suficientemente válidos.
Otra razón esgrimida para no votar es la del tipo ideológico de la izquierda ácrata y radical. Tiene mucha tradición, y es difícil polemizar con ella, pues posee argumentos de sobra, muy probados y contundentes. Menos mal que es minoritaria, pues pertenece a élites filosóficas y muy exigentes, capaces de profundizar en las esencias del meollo, con apreciaciones no siempre fáciles de entender, sólo para los iniciados en el verbo analítico y en la radicalidad denunciante, con gestualidades e incluso disfraces a veces muy pronunciados.
Aunque también es verdad que en países como Francia, patria de la razón pensante, esas posturas tienen muchos adeptos. Y en Alemania, impregna muchas capas de la juventud urbana y universitaria. Sus formulaciones son acertadas todas ellas, de una gran verdad, pero eso no impide que siga pensando en ir a votar. No sé muy bien la razón, seguramente por simple pragmatismo sociológico, por prejuicios desideologizantes, o por mantener en pie la ficción democrática... Puro conservadurismo, sin duda, pero prefiero una ficción que propone a otra que impone, por muy falsa y manipulable que sea la primera.
El voto no arregla nada, tal vez tampoco sirva para nada, pero te otorga, aunque sea sólo en la ficción de la teoría, poder decisorio y soberano sobre la marcha de lo público y del país. Esta sensación, por muy falsa que sea, nadie te la quita. Y es una maravilla ver, los días de votación, a tantos ciudadanos anodinos que normalmente ves en la calle, en las tiendas, en los mercados, en los toros o en los portales de las casas, acudir todos (o bastantes de ellos, un 60% más o menos) a los centros de votación, cumpliendo con el principio de que “a cada ciudadano, un voto”, seas pobre, rico, tonto, cojo o viejo. Y mientrastanto, contemplas a los políticos encerrados en sus cuarteles, callados y expectantes, ansiosos de conocer el veredicto de las urnas que hará ganar a unos y perder a otros. Una delicia.
Sin duda la democracia tiene mucho que desear, aprender y cambiar[1], pero una forma de mantener vivo el aliento que la sustenta, hoy por hoy, es gozar del derecho de voto. Por eso creo que vale la pena ir a votar. En el caso del Estatut, “Raison oblige”, motivo más que suficiente para votar que sí.
[1] yo de entrada aumentaría el número de parlamentos y de senados del país, poniéndolos como mínimo en cada provincia española, para pasar luego a cada ciudad de más de 50.000 habitantes. La complejidad del mundo exige más complejidad representativa. Ya sé que suena raro, pero la descomunalidad del sainete sería aún mayor, lo que traería no poca diversión, y nos sentiríamos más partícipes y representados. Volveríamos así a los orígenes de la democracia griega, cuando cada Polis era independiente y soberana, aunque habría que evitar lo de las guerras constantes entre ellas, para lo que servirían los parlamentos regionales, seguidos de los nacionales, del europeo y del mundial, así como unas reglas de juego consensuadas, con una misma ley de ciudadanía común, abolición de la esclavitud, etc.
martes, junio 06, 2006
LOS CHON CHON EN LA PUNTUAL.
Ha sido un placer asistir a una representación de los Chon Chon en La Puntual, el teatrillo de Eugenio Navarro de la calle Almirall Vermell de Barcelona. El título de la obra era “Juan Romeo y Julieta María” (presentaron el día anterior “Tresespinas”, basada en tres textos del conocido titiritero y dramaturgo argentino Roberto Espina, que yo no pude ver). Había visto esta loca versión de la tragedia de Shakespeare hace un tiempo, creo que fue su estreno en España, y ya me gustó entonces. Ahora, la obra ha ganado en ritmo, gracia, estilo y desparpajo. Una delicia que los asistentes en la Puntual, abarrotado de gente, disfrutó a carcajada limpia y premió con prolongados y merecidos aplausos.Los Chon Chon son un grupo de titiriteros compuesto por el chileno Miguel Oyarzún y el argentino Carlos Piñero. Viven normalmente en la ciudad de Córdoba, Argentina, y dos veces al año suelen venir a las Españas para realizar una gira por los festivales, teatros y ciudades que a lo largo de los años se han convertido en incondicionales suyos. Los descubrió Eugenio Navarro en 1997, actuando en Buenos Aires, en la Calle de los Títeres, y fue él mismo quién les organizó las primeras funciones en España en algunos festivales de confianza, en el Teatro Malic de Barcelona y otras muchas ciudades en número de cuarenta. El espectáculo era “Los Bufos de la Matinée”, y con ellos ocurrió lo que a Julio César: “vini, vidi, vinci”. Era lo que muchos estaban buscando hacía tiempo: un grupo “ligero”, de poco “bulto” (sólo dos personas, y un teatrillo sencillo, austero, apto para todos los públicos y escenarios), fresco, divertido, poético y, lo más importante, inteligente. Algo que en el terreno de los títeres siempre es muy de agradecer.
El estilo de los Chon Chon no puede ser más sencillo y, a la vez, más sofisticado. Se cumple aquí la ley que dice que lo más difícil es decir más con menos. Pues bajo la apariencia global de sencillez, se esconde una técnica muy elaborada y un “savoir faire” siempre inspirado y exquisito. Lo que más sorprende es la gracia que tienen en la manipulación –cuidada, sutil, apaciguada, “dulce” y detallista– y en la improvisación –escuchar a los dos presentadores habituales del espectáculo, el Abuelo y Arraskaeta, es una verdadera delicia: con sus dejes argentinos, sus ironías, sus juegos de palabra y las referencias constantes que hacen al lugar dónde actúan, se ponen al público en el bolsillo a los dos minutos. Pero lo bueno es que ambos titiriteros, Carlos y Miguel, juegan a sorprenderse entre si durante la representación, acentuando las ocurrencias y los juegos improvisados, de modo que en más de una ocasión a ellos mismos se les escapa la risa...
El Romeo y Julieta que presentaron en La Puntual tiene como principal virtud el gran aliento de libertad que trasciende del retablo. En efecto, los Chon Chon no dudan en pasar de un registro al otro con total desparpajo y aún así, la obra nunca chirría, a pesar de que los registros utilizados van de un extremo al otro. Primero son los dos presentadores habituales que introducen título, argumento, actores y personajes. Sus gracias son la habituales, con los agradecidos gags de las escaleras (cuando bajan por una escalera de caracol que se “encalla” y nunca termina o cuando el Abuelo escoge la escalera mecánica, mucho más suave y rápida...) y sus divertidas improvisaciones. Luego, se pasa al registro del teatro dentro del teatro, cuando los títeres-actores, cuatro, se disponen a disfrazarse para hacer los diferentes papeles de la obra. Luego entramos ya en el Romeo y Julieta, cuya trama sin embargo no consigue nunca arrancar debido a las intromisiones de los otros registros. Tras la escena del enamoramiento y la “casualidad de los apellidos”, surge de pronto un fantasma, procedente de los interiores del retablo, o tal vez de otra obra de la compañía, que interrumpe la función con clásicos juegos titiritescos de persecusión y estacazo. Y cuando nos preguntamos hacia donde acabará el asunto, aparecen por sorpresa los mismos titiriteros, que intervienen a su vez en la trama y que precipitan el desenlace de la obra. Lo más divertido es cuando el Abuelo dice: “ahora viene la parte pedagógica del espectáculo”: uno espera que van a contar el argumento shakespeariano al público, pero lo que hacen es pedir a los padres que se lo cuenten ellos a sus hijos cuando lleguen a casa...
Este pasar de un registro a otro, alternando los lenguajes que van dirigidos ora a los niños ora a los adultos, sacando las manos y las cabezas los titiriteros cuando se les antoja, dota al conjunto del espectáculo de un envidiable aire de libertad. Parecen decir: aquí todo es posible, hacemos lo que nos da la gana, que nadie se rasgue las vestiduras, y sin embargo, el espectáculo fluye y grandes dosis de poesía son derramadas al público, que lo recibe sin darse cuenta de ello, desde una sencillez sin aspavientos, hasta que al final uno no tiene más remedio que levantarse, y entre aplauso y aplauso, exclamar: “¡chapeau!”.La maestría de los Chon Chon pertenece a esta linea titiritil argentina cuyo principal referente fue el poeta y titiritero Javier Villafañe, que los españoles tuvimos la suerte de conocer en su última época. Consistente en un uso minimalista y estilizado del oficio, procede a su vez de las semillas dejadas por García Lorca en Argentina. El joven Javier Villafañe de entonces quedó atrapado por el espíritu lorquiano, para el cual los títeres no eran más que otra manera de hacer y decir poesía. Espíritu que cultivó a lo largo de su vida, dejando una huella profunda no sólo en su país, sino en toda Latinoamérica y, más tarde, en España (recuperando de este modo una tradición que el Franquismo cortó de raíz). Los Chon Chon –desconozco si conocieron o no directamente a Villafañe– se sitúan en esta misma línea: un registro dificilísimo de cultivar, pues tan fácil es caer en las ñoñerías infantiloides como en las cursilerías poetizantes. Hace falta modestia e inteligencia a la vez, ser poeta y disponer de un importante instinto dramático. Algo que Carlos y Miguel, de los Chon Chon, poseen de sobra.
viernes, junio 02, 2006
La democratización del caos.
No sé si coincide con lo que dice la famosa Teoría del Caos, pero me parece que el caos, hasta hace poco encerrado en los Orígenes y reservado a lo mitológico, ha bajado al terreno de lo cotidiano, llenando de pequeñas incertidumbres las cosas más banales de la realidad. Aquellas inmensas pompas de jabón dónde encerrábamos lo Primordial así como todo lo relacionado con los dioses y sus divinas cuestiones, han explotado espectacularmente, y la viscosidad caótica que rellenaba tales globos se ha expandido por el mundo, cayendo como una lluvia ácida que empapa todo lo que encuentra.El caos se nos ha pegado al cuerpo, lo llevamos en nuestras células, neuronas y pensamientos, lo pisamos cual lodo invisible al caminar por campos y ciudades, y se incrusta cual líquen corrosivo en árboles, rocas y cuerpos.
¿Es esto malo o bueno? Las dos cosas seguro, aunque en términos generales lo considero positivo: ¿no es acaso el caos el mismo tiempo creativo con todas sus incógnitas y misterios, el humus de dónde surge lo nuevo e impensable, así como el zero que destruye, mata y regenera? Antes pertenecía a los Poderes: las grandes religiones y mitologías guardaban sus secretos y lo consideraban de su propiedad. Se lo utilizaba según los intereses de las minorías gobernantes y servía para dominar a los demás. De ahí que necesitaran grandes templos y palacios, con sus reductos secretos, sus ritos iniciáticos y sus lenguajes codificados. Pero todo eso se acabó. Las pompas explotaron, las metafísicas se han licuado y escurrido de las manos de sus antiguos propietarios, y el caos, la sustancia de la que estaban formados todos esos reductos acotados, se ha extendido cual manto vitalizador sobre la tierra, llenando de desasosiego las domesticadas y felices consciencias de los pueblos y las personas.
Esta democratización del caos lo es también del desasosiego que le acompaña, de ahí que haya tantas resistencias a aceptarlo: los sumisos prefieren la tranquilidad del orden anterior, cuando la libertad se sacrificaba en aras a la obediencia. Falsas ilusiones. Ya no quedan vaticanos que se mantengan en pie, por mucho que lo aparenten. Sus edificios se han vaciado de sustancia y ya sólo sirven para el formalismo laico de la religión turística del ocio: hoteles, teatros o museos.
La identidad, esa ilusión de los esclavos, también se desmorona. Por eso se agarran a ella los grandes egoicos, así como los nacionalistas y los monoteístas, esos nostágicos sociológicos del orden y de la unidad. Luchan en vano contra el virus que los corroe: sus corazas se desmontan al percatarse de que sólo encierran y protegen un vacío. Su agonía tremebunda los convierte en peligrosos asesinos.
La gran separación de los absolutos mantenida por las burbujas metafísicas se acaba al reventar éstas. Y aquella dualidad magnificada, exagerada, que lo reducía todo a Materia y Espíritu, a los cuales separaba poniéndolos en reinos distintos, se deshincha con el gran reventón. La dualidad se empequeñece, se banaliza, se formaliza y se democratiza: se hace dualidad laica y sígnica, de significado y significante, de cosa y símbolo, de real y abstracto. Se trata de un nuevo tipo de dualidad, dinámica e interseccionista, que lleva el caos, es decir, el tiempo creativo, incorporado. Forma parte de su sustancia. Lo vivo y lo inerte se empapan de ella. Fecunda el suelo terráqueo, por fin liberado de sus cánceres opresores. Las estrellas y el sistema solar se alegran de ello. Caso insólito, sin duda.
Nuevos cultos, nuevas religiones.
Me fascina un hecho hace tiempo observado, consistente en ciertos nuevos cultos creados por el fenómeno turístico. Lo he visto innumerables veces, es patente en la mayoría de las ciudades que gozan de flujo masivo de turistas, y lo he vuelto a observar, de un modo harto singular, en mi última estancia en Estambul, visitando la conocida Cisterna Basílica de Yerebatan, situada en el corazón de Constantinopla y construída en el año 532, al lado mismo de Santa Sofía.Ya había visitado este lugar varias veces con anterioridad (cinco o seis veces como mínimo), y aún así, quise hacer de nuevo la correspondiente cola para comprar el billete, bajar los escalones que conducen al subsuelo, y mezclarme entre los numerosos grupos de gente de todos los países del mundo que, como yo, se sienten atraídos por este lugar.
Desfilé en una especie de peregrinación silenciosa, bajo el sonido de una banda sonora acorde al lugar (música clásica turca de ritmo languideciente), envuelto en una atmósfera cargada de flashes fotográficos, del siseo de pasos y voces, y del gotear sonoro del agua que todavía cae en según que partes de la cisterna. A llegar dónde se encuentra la llamada “columna de las lágrimas”, primer punto focal del recorrido, tiré una moneda al fondo, entre los peces que acuden al clamor de la luz de los focos, con petición de deseo incluído. Me fijé que era el único en hacerlo, cosa que prueba el olvido en que ha caído esta vieja costumbre que he visto en los cinco continentes. Pero continué sin inmutarme.
De pronto, la cola que seguía la pasarela de madera se detuvo, en un atasco motivado por una algomeración formada al final del trayecto, allí dónde la cisterna termina. Estuve a punto de dar la vuelta, pero un sexto sentido y mi curiosidad por el fenómeno turístico me hizo cambiar de opinión. Recordé que allá se encontraba una extraña columna cuya base está formada por una piedra singular, dos de cuyos lados exteriores están constituídos por dos rostros de Medusa, la una de lado, la otra invertida. “Comprendo”, me dije, “están adorando la Medusa”. Me salió como una gracia, pero luego pensé que había dado en el clavo. No otra cosa estaban haciendo los miles de visitantes que, como yo, hacían la correspondiente cola para detenerse unos instantes ante los rostros mudos y enigmáticos de las dos Medusas, mirarlas con estupor, sacarles decenas de fotografías, y desocupar luego el espacio dejando sitio a los que venían detrás.

Todos aquellos peregrinos procedentes de los más insospechados rincones del mundo, ateos unos, levemente religiosos otros, fanáticos e intregistas los menos, burlones y sacrílegos otros pocos, rendían todos ellos, sin distinción de credo o fe, culto al enigma de las dos Medusas subterráneas, una veneración que ritualizaban tal vez sin darse cuenta, pero provista del más sacro de los respetos venerandos. Hermanados por la pulsión turística así como por la necesidad de amortizar los costes y esfuerzos del viaje, los visitantes cumplían con un rito a la vez moderno y antiguo: antiguo porque repetían una situación arcaica cuyos reflejos podían intuirse en las expresiones aparentemente inexpresivas de japoneses, americanos, turcos o alemanes; moderno porque a) lo completaban con la retención fotográfica, b) se hacía sin contenidos sacros asociados, es decir, con criterios de puro formalismo y c) mediante un recogimiento temporal corto, punteado por el ritmo de los relojes y de lo efímero. No hay que decir que hice lo que todo el mundo, cumpliendo con la inercia arcaica y moderna de la situación, aunque no pude evitar la veleidad de hacer “turismo dentro del turismo” (como los actores cuando hacen “teatro dentro del teatro”), al observar y fotografiar a los fieles que a su vez fotografiaban y veneraban a las Medusas.
Sentado más tarde en la magnífica terraza-café que se halla en la plaza de la mezquita de Beyazit, pensé que este fenómeno de los nuevos cultos turísticos era una práctica común y muy extendida en el mundo. Constituye una especie de nueva religión laica, que en vez de curas tiene guías y “tour operators”, cuyos viajes iniciáticos se hacen en avión, taxi y autobús, que asume los dioses y los ritos del lugar que se visita, aunque no se sepa nada de ellos, y que no duda en convertir en lugares sacros muchos a los que nadie consideraría como tales. Ejemplos sonados son la Pirámide de Kheops en Egipto (cuya visita constituye una experiencia inciática que muchos viven como tal), el Museo Egipcio de El Cairo (dónde se veneran en silencio las momias reales del antiguo Egipto, amén del ajuar de Tutankhamon y otras mil maravilas), el Mausoleo de Lenín en la Plaza Roja de Moscú (con un grado de veneración muy superior a otros lugares sacros de verdad, aunque similar al de las momias egipcias), el British Museum o el Louvre de Londres y París, la Torre de Pisa, el edificio de la Mole en Turín, y tantos otros lugares del mundo entero. En Barcelona mismo, disponemos de sitios de culto de primerísima categoría, como son la Sagrada Familia, la Pedrera o la Casa Batlló de Gaudí, el Museo Picaso, la misma Rambla, etc.
Una religión que parece estar destinada a substituir “relativamente” a las existentes: su gran ventaja es que no aniquila del todo a las viejas (de ahí su profundo carácter moderno y relativista), pues de alguna manera necesita de éstas para seguir llenando de contenidos formales la necesidad de culto de sus practicantes, vengan éstos de dónde vengan. Una religión asociada tan íntimamente al consumo, que sin duda tiene su futuro más que asegurado.
jueves, junio 01, 2006
El turismo: nuevo tipo de conquista.

Al visitar hace una semana Santa Sofía, en Estambul, me di cuenta de hasta que punto el turismo ha substituído, para bien de las sociedades modernas, las antiguas campañas de guerra y conquista.
Me hallaba contemplando el impresionante panorama que se ve desde la balconada que divide en dos el interior del templo y veía abajo el desfile interminable de las masas de visitantes que avanzaban en grupos de todo tipo, conducidos unas veces por guías y otras desplegándose a su aire. Miraban todos con un cierto pasmo el descomunal espacio interior de la basílica, y lo hacían con el doble ojo con el que es propio hoy en día hacer turismo: con los dos ojos de la cara más el ojo de la cámara fotográfica, que no cesa de fijar imágenes, como si se hubiera convertido ya en un segundo cerebro de almacenamiento, anticipándose a esa cámara que de aquí a unos pocos lustros todos llevaremos incorporada en la frente, a modo de un “tercer ojo” capaz de ver y captar las imágenes haya la luz que haya y estemos dónde estemos…
Y viendo el ajetreo constante de personas que procedían de todos los países del mundo –pues junto a los propios turcos, había japoneses, chinos, americanos, alemanes, muchos españoles, franceses, italianos…-, pensé en cómo la modernidad había revolucionado el tema de las visitas, antes tan distinto.
Construída en el año 537 por Justiniano, Santa Sofía fue durante casi mil años una basílica cristiana, a la que sólo acudían los fieles de esta religión. Seguramente podrían entrar los pertenecientes a otras confesiones, aunque dudo que fueran bien recibidos. En sus primeros años de existencia, cuando aún no había nacido Mahoma, los enemigos serían los bárbaros con sus viejos paganismos. Más tarde, el tercer monoteísmo entró en escena y, abriéndose paso a codazos, codició los territorios cristianos. El Imperio Bizantino aguantó hasta 1457, y Mehmet II, el Conquistador, tras entrar en Constantinopla, convirtió la basílica en mezquita. Durante otros cuatrocientos años, la entrada la tuvieron prohibida los cristianos, y el templo se convirtió en el prototipo arquitectónico de las mezquitas del mundo msulmán. Finalmente, colapsado el Imperio Turco, y nacida la joven República de Turquía, Mustafá Kemal Ataturk secularizó Santa Sofía, abriéndola al público sin distinción de credo e iniciando su exitosa carrera de centro de atración turística.
La gran diferencia entre la época antigua y la moderna es que antes, para poder visitar con libertad y confianza la basílica, los que no eran cristianos en la primera época, o musulmanes en la segunda, sólo podían hacerlo por medio de la conquista. Los conquistadores de antes se han convertido en los turistas de hoy, requeridos por todos los países del mundo, pues aunque saben que sus destrozos son considerables, mayores son las ganancias que generan. Lo que antes era anatema, meterse en las intimidades de las cámaras secretas del Sultán en el Palacio de Topkapi, o pisar el interior de la mezquita más importante del Imperio, hoy en día es publicitado y ofrecido a los públicos del mundo entero, para que acudan y compren la entrada y hagan todas las fotografías que quieran.
Con el arma del dinero, los nuevos conquistadores invaden palacios, templos y ciudades. Son recibidos con los brazos abiertos, se les hacen ceremonias de bienvenida y se los mima con grandes ofertas. A cambio, deben pagar entradas, billetes de avión, habitar en los hoteles y comprar muchos productos de “souvenir”. La masificación del mundo ha hecho posible esta nueva y curiosa modalidad de conquista, bastante más interesante y civilizada que las anteriores. Y el turismo estabiliza y trae aires nuevos a los países en apuros. Ocurrió con España y ocurre ahora en Turquía.
Tras haberse convertido en una de las principales industrias del mundo moderno, sin duda el turismo deberá entrar por las sendas de la sostenibilidad. Difícil empeño. Si no lo hace, se corre peligro de que el actual fenómeno turístico sea visto en el futuro como “aquella ola terrorífica de conquistas masivas que, cual termitas, asolaron nuestros valles, costas y ciudades”. Paradojas del presente…
miércoles, mayo 31, 2006
COLOQUIO SOBRE “MÁSCARAS Y SOMBRAS” EN ESTAMBUL.

Con el largo título de “La Europa de los espectáculos: transformaciones de la máscara cómica del teatro antiguo al teatro de sombras”, se ha celebrado del 25 al 27 de mayo en Estambul un encuentro organizado por el Instituto Francés de Estudios Anatolienses (IFEA) en el que he tenido el gusto de participar, gracias a la colaboración del Instituto Cervantes de Estambul, que ha sufragado los gastos de mi viaje. Los artífices y organizadores del evento fueron Pierre Chuvin (director del IFEA) y Sophie Basch (del Institut Universitaire de France y profesora de la Universidad de Poitiers).
El encuentro se ha realizado en dos lugares distintos: el primer día, en la sala noble del viejo y mítico Hotel Pera Palas (famoso por haber acogido a importantes escritores y periodistas durante los felices años en que circulaba aun el Orient Exprés) y los dos días siguientes en el salón de actos del no menos elegante Museo de Pera.
El encuentro ha tenido un carácter básicamente académico, con pocas intervenciones de personas procedentes del mundo teatral propiamente dicho. El largo título escondía a un protagonista claro: Karakoz, el teatro de sombras turco. Así lo indicaba el cartel del simposio, con dos imágenes pertenecientes a una máscara griega y la silueta de Karakoz respectivamente. Sin embargo, las ponencias abarcaron un amplio abanico temático, lo que dio al coloquio un interés ameno y variopinto, capaz de satisfacer el apetito cognoscitivo del más exigente de los comensales.
Desde luego, no voy a detallar las distintas intervenciones, en número de unas treinta (los interesados en el programa pueden consultar en http://www.ifea-istanbul.net/ ) pero sí me gustaría, en esta pequeña crónica del evento, destacar algunas de las que más llamaron mi atención.
El primer día se centró en el tema de la máscara, primero en el teatro clásico y luego en la Comedia del Arte. Tras varios análisis de un gran interés y conocimiento a cargo de varios especialistas en la materia, la mañana acabó con la intervención del ya clásico actor italiano Ferrucio Soleri, quién explicó con impactante y efectiva sencillez su visión de Arlequino. Todo un lujo conocer por boca de uno de sus últimos y más brillantes practicantes, la historia y la evolución de este segundo Zanni llamado Arlequino (el criado típico de la Comedia del Arte), gran escuchador y recibidor de palos, motivo por el que su ropa, en un principio también blanca (la utilizada por los Zanni, por ser la tela más barata, según nos iba contando con humor el señor Soleri), se va llenando de remiendos, hasta que, en su presentación más tardía y elaborada, se estiliza en el conocido traje de rombos de muchos colores por el que se le conoce. Ferrucio Soleri nos iluminó igualmente sobre el origen de Pantalone, que representa al rico veneciano por excelencia (de ahí su nonbre: el que “planta al León”, símbolo de Venecia), así como de los demás personajes de la Comedia del Arte.
Interesante fue la intervención de François Moureau (Universidad Paris IV), quién nos habló de una ópera de marionetas que se representó en el Théâtre du Marais, en la época de Louis XIV, llamada “L’Opéra des Bamboches”, representada con grandes maquinarias teatrales, y de la que se conocen dos de los libretos utilizados.
Sylvie Humbert-Mougin, de la Universidad de Tours, nos habló de la singularidad del periodista y erudito Charles Magnin (1793-1862), quién publicó en 1838 su libro “Histoire des Origines des Théâtres” dónde por vez primera se da importancia a las hasta entonces consideradas artes menores del teatro: el mimo, la máscara, el teatro de títeres... Este interés por los orígenes no ortodoxos del drama, le lleva a publicar un segundo libro en 1852 titulado “Histoire des Marionnettes en Europe”, un clásico para los amantes del género: a pesar de los años transcurridos desde su aparición, sigue guardando el frescor de los libros que abren nuevos horizontes, perspectivas y campos de estudio.
Mucho impacto e interés tuvo la intervención del profesor François Georgeon, del EHESS de París, titulada “La risa, del Imperio Otomano a la República Turca”, dónde explicó con profusión de detalles e imágenes proyectadas la evolución del humor en Turquía. Primero, el caleidoscopio cultural del Imperio otomano, en el que el humor era el efecto saludable del encuentro y la convivencia de la diversidad de lenguas, colores, acentos, razas, culturas y religiones. Luego, tras la proclamación de la República turca, el humor basado en la burla hacia todo lo que tenía que ver con el Imperio (el maltrato a las mujeres, las risas groseras de las distracciones tradicionales, los viejos trajes fantasiosos...). Este cambio explica que el teatro de sombras del Karakoz cayera pronto en desgracia, al ser un tipo de humor basado en el contraste urbano de las diferencias, algo inexistente en los primeras épocas de la moderna nación turca.
El gran especialista de Guignol, Paul Fournel, autor de varios libros sobre el tema, nos introdujo con un gran humor al famoso personaje nacido en la ciudad de Lyon, mostrándonos el interesante fenómeno de cómo un simple títere, surgido de las más humildes clases urbanas de principios del siglo XIX, llega a convertirse en un pequeño mito, casero y libertario, conocido hoy en el mundo entero. Igualmente buscó las semejanzas y distinciones con su homólogo Karakoz, difíciles de establecer dadas las diferencias de sus contextos referenciales.
El tema del Chat Noir (tratado ya en el encuentro de Lyon del pasado mes de abril por Mariel Oberthur) surgió también en Estambul de la mano de Hélène Védrine (Universidad París IV), quién nos ilustró con atractivas imágenes las características de este cabaret de finales del XIX, que tuvo dos líneas de desarrollo: la satírica y la lírica.
Varios especialistas turcos del Karakoz nos hablaron del importante sombrista Ragip Tugtekin, ya desaparecido, (a cargo de Cevat Çapan), de las influencias que ha tenido el personaje en el teatro y en la literatura turca (Enis Batur), así como sobre el universo femenino en el Karagöz (Altan Gökalp).
Finalmente, el último día y a modo de conclusión visual y animada del coloquio, el sombrista Metin Özlen representó un espectáculo de Karakoz en su teatrillo de sombras que hizo las delicias del público.
Un encuentro en el que se cumplió la ley que dice que, además del interés de las ponencias, también importa, y mucho, lo que se habla entre bastidores, los contactos que se establecen entre los participantes y el ambiente de la ciudad que te acoge. Una ciudad, Estambul, impactante como pocas, y que aparece cada vez más como la futura e indiscutible Capital de Europa del Sur.
lunes, mayo 22, 2006
Santa Rita, la abogada celestial para los casos difíciles e imposibles.

Hoy se celebra la festividad de Santa Rita, patrona de los imposibles. Para los muchos barceloneses convencidos de que viven en una ciudad del diseño, laica y moderna, sería una sorpresa, por no decir un verdadero schock, acudir un 22 de mayo a la Plaza de San Agustín, entrando por la calle Hospital a pocos pasos de La Rambla, y ver la inmensa multitud de fieles que acuden con un ramo de rosas a venerar a la Santa. En la iglesia que lleva el mismo nombre que la plaza, cuenta con una capilla y unas veneradas reliquias que por lo visto pertenecen al personaje. Pues bien, durante prácticamente toda el día, los municipales deben cortar el tráfico de la calle Hospital ante la avalancha de fieles que ocupan toda la zona alrededor de la iglesia, más los numerosos vendedores de rosas, estampitas, cirios y otros productos que hacen su agosto por Santa Rita, en la plaza y en las calles adyacentes.
Cómo se dice en las estampas, Santa Rita es “la mujer del perdón heroico”, “la abogada de las causas desesperadas” y “la santa de los casos imposibles”. El público que le es fiel pertenece a amplias capas de población, desde las más humildes y populares, hasta señoras e incluso jóvenes de clase media. Los de la clase alta, al no necesitar tantos imposibles por ser lógicamente gente de “posibles”, solicitan menos sus servicios. Es típico, por ejemplo, pedir a la santa remedios de todo tipo a problemas tanto económicos como de salud. Al caer en una época de exámenes, son muchos los estudiantes y especialmente las madres de los mismos que piden el milagro de un aprobado. Otra particularidad del culto es la urna que existe en su capilla dónde durante todo el año el público puede depositar papelitos con peticiones. Cuando la urna está llena, el párroco, acompañado de la Cofradía de Santa Rita (creada para organizar la logística de los servicios que le son propios), saca los papelitos y los quema en el pórtico de la iglesia, con la esperanza de que sus humos, con sus correspondientes contenidos, lleguen a la santa. Según he podido saber de fuentes bien informadas, esta festividad es una de las más importantes para la parroquia desde el punto de vista de la recaudación: miles y miles de estampitas, cirios, medalllitas y otros recuerdos son ofrecidos a buenos precios a los asistentes, que no dudan en comprarlos. Algo que hay que ver con simpatía, pues esta iglesia es de las que más ayudan a los pobres del barrio y de la ciudad entera. Igualmente se recomienda guardar pétalos de las rosas bendecidas el día de la santa por sus efectos benefactores. Muchos los guardan en cajitas de dinero, para que no falte durante el año. Otros hacen té con los pétalos, cuyas propiedades curativas son por lo visto considerables.
Intrigado por el fervor de este culto, he indagado sobre la vida de la santa, personaje histórico que nació en 1371 en la localidad de Rocca Porrena, en la Umbría italiana. La particularidad de su vida es que sufrió y fue ejemplo edificante durante todas sus etapas de la vida: de joven, por su bondad; de casada, por sufrir con paciencia a un marido con fama de pendenciero y vicioso; tras quedarse viuda al ser asesinado el marido, tuvo que hacer frente a los deseos de venganza de sus hijos: ambos murieron no se sabe si en el empeño o a causa del mismo; al quedarse viuda, quiso entrar en el monasterio de Santa María Magdalena, de las Madres Agustinas, algo imposible pues sólo aceptaban a mujeres vírgenes. Este obstáculo sería superado milagrosamente con la intervención de la Virgen y de santos de su devoción, S. Agustín, S. Nicolás de Tolentino y S. Juan Bautista, que, según refieren los biógrafos, la introdujeron en dicho monasterio estando cerradas puertas y ventanas. Murió a los 76 años de edad, tras cuatro años de padecer una enfermedad que soportó con admirable paciencia. En fin, una vida de santa que debería explicar la devoción de la que es objeto en el presente.
Creo, sin embargo, que una de las claves de su éxito es precisamente su definición de “santa de los imposibles”: a falta de otros recursos, es normal que los ciudadanos y ciudadanas, rodeados como estamos de tantos y tantos “imposibles”, busquen remediarlos sea como sea. Un culto simpático por su carácter humilde y popular, que se realiza sin aspavientos ni trucos, desde la sencillez de una parroquia situada en el corazón de uno de los barrios más céntricos y populares de Barcelona. Un culto que la municipalidad de Barcelona ve con muy buenos ojos, pues con la ayuda de la santa, seguro que se saca unos cuantos "imposibles" de encima, y sin que le cueste un céntimo...
jueves, mayo 18, 2006
FÚTBOL Y ESTATUT.
Cómo no podía ser de otro modo, el tema de la victoria del Barça en París, consiguiendo el “Bichampions”, como lo llamaba el periódico La Vanguardia, es y será noticia de muchos litros de tinta y de no pocas toneladas de papel impreso. Vi el partido, pues no verlo hubiera sido un insulto y un agravio a mi responsabilidad moral de buen ciudadano, y me emocioné como buen catalán que soy con los goles de Eto’o y de Belletti. Luego maldije durante un par de horas a un coche con altavoces que sin parar emitía el himno del Barça y el himno nacional catalán dels Segadors uno detrás de otro, como si se trataran de himnos siemeses. Me dormí maldiciendo el fútbol, la patria y a los patriotas, pero pronto me olvidé del tema.Al día siguiente, bajé a Plaza Cataluña y Canaletas para observar como habían dejado los hinchas eufóricos el mobiliario urbano de la zona. Me extrañó ver sólo un par de farolas arrancadas, otras cuatro torcidas en algún extremo, un puesto de venta de cupones de la ONCE quemado, más tres o cuatro papaleras caídas por el suelo. Vaya, me dije, hubo contención emocional, a pesar del tumulto. No habían derribado ningún árbol ni arrancado de cuajo las cabinas telefónicas de la zona o los semáforos de la plaza, como ha sucedido en otras ocasiones. La fuente seguía en su sitio, y las estatuas de la Plaza Cataluña y los quioscos de la Rambla también. Tampoco habían roto los cristales ni saqueado Habitat o el FNAC. Un éxito de civismo, en una ciudad que ha padecido grandes ataques de incivismo durante los últimos meses. Aunque sí es verdad que por el suelo se veían muchos charcos sospechosos y los rincones y no tan rincones olían abundantemente a cerveza y a orín.
La victoria del Barça ha resultado ser un verdadero alivio para los políticos y para los que somos partidarios del Sí al Estatut. Una derrota hubiera despertado más ansias de venganza de las que ya existen contra el sainetismo político catalán. ¡Menos mal! La población perdonará a los administrativos los fallos del largo proceso estatutario, y los partidarios del No quedarán como unos pajarracos depresivos con ganas de aguar la fiesta. Una verdadera carambola.
Creo que lo tienen mal los del No. La gente quiere optimismo, imágenes felices de futuro, y sobretodo, no recordar las miserias del pasado. Y los de Esquerra Republicana, empeñados en su negatividad despechada, lo tendrán difícil para sacarse de encima su máscara agorera. ¡Qué error descomunal han cometido! ¡Con lo fácil que era sumarse al equipo anti PP! Además, ellos siempre han crecido en oposición a este partido. Y ahora, que lo tienen a favor, ¿cómo movilizarán a sus bases? ¿Qué problema! Se perderán en las disquisiciones y en los matices sutiles. Los socialistas han sido más listos, y basan su campaña en el antipepismo. Normal y lícito: lo mismo hicieron los del PP en las últimas elecciones que perdieron, atacando al Tripartito, origen de todo el mal de las Españas, y a la diabolizada ER. Ojo por ojo y diente por diente. Piqué se hace ahora el ofendido, pero en su momento, ¡qué partido sacaron a la entrevista del sagaz Carod con ETA! Ahora les toca a ellos pagar: el boicot al cava y la campaña andaluza contra Cataluña. Cómo niños, vaya… Aunque yo votaré que Sí.
En fin, banales comentarios de política local tras la resaca colectiva del triunfo del Barça.
Postdata: escribí este texto ayer, día después de la victoria, y hoy he leído en el periódico que hubo más destrozos de los que pensaba en la zona de los tumultos. Por lo visto, a la Fuente de Canaletas le faltaban las farolas, y sí que arrancaron una cabina telefónica, que usaron de ariete para romper los cristales de una tienda de ropa que fue eficazmente saqueada, amén de otros varios pillajes y destrucciones. El coste global de los desperfectos es de unos 100.000 euros, según primeros cálculos aproximativos. Aunque bien pensado, es lógico que las catarsis colectivas tengan su precio. Debería instaurarse para paliar sus efectos un seguro urbano relacionado con los Grandes Logros y las Victorias: el Barça y el Ayutamiento se harían cargo del mismo. Y es que yo me pregunto, ¿qué son 100.000 euros para un futbolista de éxito, para el mejor equipo del mundo o para una ciudad de fama mundial que a cada victoria del Barça suma más y más activos? Pura calderilla. Sobretodo si a la victoria puramente deportiva del Barça le sumamos la más estatutaria del Sí…
DE ÉLITES Y MASAS.
La Revolución de las Masas anticipada por Ortega y Gasset ha triunfado plenamente. Creo que todo el mundo está de acuerdo en esta aseveración, aunque cada uno luego la interprete a su manera. Como no soy ni filósofo, ni sociólogo, ni nada que se le parezca, atacaré el tema a la manera titiritera, es decir, por las buenas y a la brava. Y que dios (y los filósofos) me perdonen.El anterior párrafo es un buen ejemplo de lo que estamos hablando: cualquiera hoy en día se arroga el derecho a filosofar. Incluso los titiriteros… O, sin ir tan lejos, aquí está el mismo fenómeno bloguero, dónde cualquiera pontifica desde su particular púlpito catedralicio. ¡Un escándalo!
Lo comentaba el otro día con Bastides y Mercadal, los dos amigos de la playa, mientras paseábamos por la arena dónde las suaves olas del mar rompen. Decía Mercadal:
- No me parece mal, Rumbau, lo que haces del blog. Lo miro de vez en cuando, aunque cada vez me cansa más la letra pequeña. Creo que es positiva esta explosión de opiniones. No sé porque te preocupa tanto la masificación…
Había planteado yo la canallización creciente de la sociedad de masas, que está bajando el nivel moral, por no hablar del estético, de las poblaciones a unas cotas hasta ahora nunca alcanzadas. La democratización del consumo y de la pequeña propiedad ha disparado esta arrogancia popular que se manifiesta con brutal impudicia en los programas de televisión, en las escuelas, en los estadios o en la misma calle. España es, en este sentido, un país paradigmático, ejemplar, se diría. Un santuario democratizador del mal gusto, de la desfachatez hortera, de la burrería institucionalizada, del rebuznar orgulloso de las poblaciones. Un modelo de bienestar y enriquecimiento que deslumbra a nuestros vecinos y especialmente a los países latinoamericanos, que nos miran con envidia y admiración. Así razonaba yo cuando Mercadal, doctor jubilado y astrólogo profesional, me interrumpió:
- No eres objetivo. Las cosas hay que verlas con la distancia que sólo las estrellas otorgan. Es normal que las élites estén preocupadas: se les acabó el chollo. ¿Acaso tienen la exclusividad ética, la del gusto y la del correcto pensar? Digamos que son profesionales del tema, y por eso temen perder sus puestos. Y reconocer que ya no pintan nada es demasiado doloroso para ellas. ¿Es que todavía pretenden las élites gobernar el mundo, dirigir los acontecimientos? No lo veo realista…
Intervino en aquel punto el amigo Bastides, zapatero de la Barceloneta y futurólogo intuitivo:
- Comparto lo que dices, Mercadal. Los técnicos del pensamiento sólo pueden interpretar lo que ocurre, teorizar sobre los aconticimientos, explicarlos a las poblaciones. Van a remolque de los hechos. Éstos acontecen y lo ponen todo patas arriba, y vuelta a empezar, a razonar lo ocurrido, a teorizar… No, las élites de verdad, las que importan, si es que existen, ya no son las “pensantes” sino las “actuantes”…
- Me estás dando la razón, Bastides –repuse yo, cogiendo al vuelo las palabras del futurólogo–, estas élites que “hacen”, actúan sin pensar, con cerebro de mosquito, y así estamos y nos vemos, obligados a buscar nuestros modelos y referentes en personajes de risa, que tienen todo el poder del mundo y una inteligencia de ratón.
- Es verdad, y no hay más que ver adónde nos ha conducido este Micky Mouse metido a presidente del mundo, o mejor, adónde ha conducido a los pobres irakíes, sirios, palestinos… -dijo Mercadal, tomando de nuevo la palabra– Pero en verdad te digo que hay un error de perspectiva. Si lo miras de cerca, es evidente que estos personajillos de tres al cuarto son los grandes protagonistas, del mismo modo que enfocando el detalle de un día cualquiera de cualquier ciudad española, sólo veremos al ciudadano de turno rebuznar muy ufano sus imbecilidades ante las cámaras del mundo. Pero si te alejas y lo miras con distancia, verás que las fuerzas que mueven los acontecimientos no provienen de esos personajillos, simples peones cogidos al azar, sino que responden a otra logística mucho más compleja, que tiene que ver con los desequilibrios poblacionales, los azares emergentes, los impactos tecnológicos, las soluciones energéticas, por decir algo.
- En efecto, la masificación está cambiando el mundo –apuntó Bastides–, esto hace tiempo que lo vemos Mercadal y yo en nuestros estudios del Futuro. Una de las constantes que hemos visto es la poca durabilidad de las cosas, lógico, pues cambia todo tan deprisa, que no es posible detenerse ni agarrarse a nada. Ahora bien, ¿por qué hay tanto cambio? ¿Acaso es fruto de un deseo de alguien o de algunos en particular? No lo creo. Más bien se trata de una consecuencia de la masificación, pues al haber tanto cruce, viaje y contacto, la capacidad de cambio y transformación de modos y ciudades se ha disparado como nunca. Es una pura cuestión matemátiva.
- Y aquí es dónde debemos situar el acanallamiento o disminución moral de las poblaciones a la que te referías: para adaptarse a este nuevo marco de cambio e inseguridad, las personas tienen que soltar lastre, deben sacarse de encima todos los bagajes moralistas de las épocas anteriores. ¿Por qué? Pues porque ya no sirven, no funcionan con este nuevo régimen de las cosas, que es un régimen sin régimen alguno, todo hay que decirlo... Y eso, no es ni bueno ni malo, es simplemente práctico, o más bien, inevitable. ¿No te parece?
Los argumentos de mis amigos de playa eran contundentes, pero había en ellos un punto de optimismo que no acababa de entender. Pintaban un panorama casi apocalíptico y, en cambio, parecían tan felices, como si aquello fuera de lo más divertido y entretenido.
- Bueno, no niego que tengáis razón en lo que decís, pero la realidad es que llegamos a la misma conclusión: nos estamos hundiendo en los barrizales del mal gusto y de la más baja calaña moral.
- Sí, pero esta caída que para ti es tan catastrofista e irreparable, para Bastides y para mi no es más que un final de época, una curva en el acontecer del mundo –respondió Mercadal.
- ¿Y qué tiene eso de maravilloso?
- Nada, es una simple cuestión de perspetiva. Míralo con distancia.
- ¿Distancia? ¿Y adónde os ponéis para tener distancia? ¿En la luna?... –interpuse algo impaciente, pues no acababa de comprender sus posiciones.
- En el futuro, Rumbau, en el futuro y en las estrellas –dijo enigmático Mercadal.
De pronto caí en la cuenta que estaba hablando con dos iluminados que habían hecho, del futuro uno, y de la astrología el otro, sus principales ocupaciones. Al estar ambos jubilados, aunque Bastides seguía trabajando media jornada en su taller de zapatero de la Barceloneta, tenían todo el tiempo del mundo y una imaginación desbocada, con la que se inventaban el futuro del mundo mientras paseaban por la playa. Y debo confesar que algunas de las predicciones de los dos futurólogos me hacían mucha gracia, como aquélla que pronosticaba la conversión de España en la FEAA, siglas que significaban Federación Española de Autonomías Autodeterminadas. Aunque había otras muchas más, a cual más descabellada y divertida, como la irrupción Polimonárquica en Cataluña extendida luego en la FEAA, que habían teorizado y desplegado con profusión de detalles, algo sorprendente tratándose de predicciones que situaban a mediados y finales del siglo XXI, ¡o a principios del XXII!
- Mira, Rumbau, hay algo a lo que tendremos que acostumbrarnos pronto –dijo entonces Mercadal, que gustaba de ponerse pedagógico, seguramente porque era mayor que Bastides (tendría unos setenta y cinco años) y además porque había sido doctor, lo que le daba aquel tono didáctico que a veces tienen los médicos cuando hablan a sus pacientes–, se acabó lo de mirar hacia el pasado como único lugar de referencia. A partir de ahora, las cosas van a cambiar, y la perspectiva correcta será mirar hacia el futuro.
Y se quedó tan tranquilo, como si estuviera hablando de una realidad a todas luces evidente, de la que no cabía discusión alguna.
- ¿Y qué haces con el pasado? ¿Desaparece, lo olvidas? ...
- No te precipìtes. Lo pasado importa y pesa, pero nos llega desde el futuro. Aquí está la gran diferencia.
- ¿Desde el futuro? Me cuesta imaginármelo...
- Pues sólo tienes que mirar alrededor, y ver lo que ya está ocurriendo. Fíjate que antes tomábamos los modelos de referencia del pasado: mitos y ritos no hacían más que revivir escenas y momentos primordiales de los pasados arcaicos, y aquí hallábamos las matrices de nuestros comportamientos. Pero con la modernidad, estos modelos se han derrumbado estrepitosamente. Las religiones son globos pinchados, ruinas decrépitas, y los mitos de hoy en día, los modelos referenciales que mueven el mundo, son las marcas, los ídolos de la publicidad, del consumo y de la industria de masas. ¿Y qué es todo eso sino simples proyectos de futuro, hechos por nuestros modistos y por nuestros empresarios más emprendedores? Los mitos ya no son las repeticiones calcomaníacas de los ídolos del pasado, sino “proyectos de futuro”. ¿Ves la diferencia? ¡El mundo al revés, Rumbau, completamente al revés!
Me quedé callado, algo impresionado por la rotundidad de sus palabras, que se atrevían a darle la vuelta a las cosas con tanta alegría.
- Interesante lo que dices, Mercadal, pero todavía no entiendo dónde colocas el pasado y la historia en este mapa...
- Pues muy fácil: ya basta de mirar la historia como algo fijo y muerto. Fíjate que al estar muerto, cada uno se construye su “propio muerto”, el cual, como sólo hay uno y es fijo, se convierte en una verdad incontestable. ¡Un diaparate! ¡No es eso, Rumbau, no es eso! La historia debe verse mirando al futuro, y sólo entonces nos llegará viva, cambiante, dinámica, energética. Necesitamos motores potentes para crear el futuro, y para alimentar esos motores, no podemos usar “historia muerta”, que no sirve para nada, sino “historia viva”. Aquí no habrá peleas ni fijaciones, pues al estar viva, la historia habla, discute, propone y rectifica. ¿Lo entiendes? El futuro es la clave, la perspectiva correcta.
- ...¿de qué motores estás hablando?...
- La imaginación, así avanza el futuro. Y el tiempo. He aquí los motores. Tiempo e imaginación. No me invento nada. ¿No avanza así la naturaleza? ¿Qué son los árboles, las montañas, los pájaros, las flores y los caballos sino tiempo e imaginación? La imaginación del tiempo, que nos sorprende cada día...
Llegamos en aquel momento frente al Club Natación Barcelona y ya sonaba el himno por los altavoces, indicando a los socios la hora de ir pasando a las duchas, pues eran las dos de la tarde, para muchos la hora de ir a comer. Me despedí de mis amigos, que no tenían prisa alguna, y subí para la piscina. Los vi a lo lejos caminando a paso lento, ajenos al griterío de los niños y de los chicos y chicas que llenaban la playa. Me dije que tenía mucha suerte de conocer a aquellos dos sabios populares, con los que podía discutir de temas harto anodinos y singulares. Conversaciones que siguen el ritmo de las olas y de las estaciones, y que espero poder ir relatando, poco a poco, en el día a día de las páginas de este blog.
martes, mayo 16, 2006
LAS MARIONETAS DEL TIBIDABO

Fui el otro día al Tibidabo, el Parque de Atracciones que se encuentra en lo alto de la montaña que domina Barcelona, allí dónde se levanta el impresionante Templo Nacional Expiatorio del Sagrado Corazón de Jesús, perteneciente a los Salesianos, esa mole siniestra que sin embargo es para los barceloneses una silueta tan amada y característica, al ser el referente visual por excelencia de la ciudad en su lado montaña. Por fortuna, junto a la Iglesia se extiende deparramándose por la ladera el antiguo y entrañable Parque de Atracciones, creado por la S.A. El Tibidabo, Sociedad impulsada por el farmacéutico y hombre de negocios Salvador Andreu, el inventor de las famosas pastillas del Dr. Andreu. Aunque las primeras atracciones no aparecerían hasta más tarde, el tranvía y el funicular que conducen a la cima fueron inaugurados en el año 1901, fecha que de alguna manera constituye el inicio de este empeño tan singular como emblemático de Barcelona.
Hacía tiempo que no acudía al Parque y tenía muchas ganas de ver si había cambiado mucho desde su compra por el Ayuntamiento de Barcelona en el año 2001. Puedo decir de entrada que la impresión fue positiva, sobretodo porque se veía muy lleno de público (era domingo al mediodía), de gente joven y muchas familias, y porque sus atracciones más emblemáticas estaban todas en buen estado de funcionamiento: el avión que da vuelas impulsado por su propia hélice, la atalaya de dos brazos que sube y baja sus cincuentra metros de longitud llevando en sus cestas de seis a ocho personas, la noria imponente y elegante de grandes alturas, las montañas rusas de siempre, el magnífico tren aereo que se mete por grutas, túneles mágicos y misteriosos, o cuelga al vacío ante una despampanante vista de Barcelona, el Castillo Encantado… Claro que junto a estas viejas atracciones, proliferan otras nuevas, todas muy ruidosas y excitantes, sobretodo para los que buscan emociones fuertes. Vi los autos de choque, siempre tan solicitados por los jóvenes conductores sin carnet, dándose golpes capaces de hacerlos saltar un palmo de los asientos, las máquinas tragaperras que te miran con sus luces chispeantes, el barco que se balancea a grandes alturas, etc. Regado todo con muchos decibelios de música y los chillidos de niños y jóvenes en estado de frenesí.
Ante esta apabullante presencia de maquinarias y artefactos chirriantes e industriosos, más el griterío humano que le acompaña, noté a faltar el sosiego que daban atracciones más tranquilas como el famoso Laberinto al aire libre, ajardinado con hileras de árboles recortados y que ocupaba una parte central y bastante grande del Parque. El Laberinto daba un respiro al ajetreo convulso de la diversión activa, y permitía a algunos padres filosofar apaciblemente con sus hijos mientras recorrían los pasillos, buscando la salida. Algo a todas luces impensable hoy en día.
Pero si en algo ha mejorado el Parque en su última versión municipalizada, es por dos cosas: por el magnífico aunque pequeño Museo de Autómatas, y por el Teatro de Marionetas o “Marionetàrium”, situado en el lugar dónde antes había el restaurante La Miranda.
Los autómatas eran una de las atracciones más típicas del Tibidabo. Hace años, sufrieron grandes deterioros y acabaron casi todos medio moribundos en los almacenes del Parque. Sin embargo, y gracias a la labor emprendida primero por Antonio Lázaro Díaz, y más tarde por los actuales restauradores del lugar, gozan hoy de muy buena salud y se les puede ver en una sala funcionando casi todos tras apretar un botón. Un verdadero placer visitarlos y charlar un ratito con la Monyos, que te guiña el ojo y mueve los ombros, con el Payaso y sus Micos, o con el otro Payaso que lleva una rana en la rodilla, con el Poeta Que Se Duerme, y con muchos otros que siguen en sus puestos de siempre, haciendo sus gestos misteriosos a cuantos niños y adultos acuden a visitarlos. Mantener esta colección y haberla acondicionado para la visita es un acierto que da al Parque ese toque de exquisitez artística que siempre había tenido y que la modernidad de los ruidos y las velocidades a veces socava.
Pero lo que realmente acentúa esta categoría de singularidad y pintoresquismo del Tibidabo es su Teatro de Marionetas, llamado Marionetàrium. Nos encontramos aquí ante una realidad de mucha categoría estética, poética, humana y entrañable de la ciudad y del Tibidabo, pues en el hermoso espacio dónde están ubicadas, se reúnen varios factores de muy distinta consideración, presentados a su vez con mucha gracia y sencillez, que es lo máximo que se puede pedir en estos casos.

Pero vayamos de visita al lugar, y dejémonos llevar por la música y los carteles que nos indican el camino hacia el Marionetàrium, justo detrás de dónde se lavanta la Gran Montaña Rusa. Nada más entrar en el amplio pasillo que hace de vestíbulo, nos encontramos con una gran pantalla de sombras dónde una orquesta recortada en magníficas siluetas nos da la bienvenida. A la derecha, nos reciben algunos de los miembros de la compañía, colgados de sus hilos que penden de sofisticados mandos, sentados sobre las cajas y los baúles de mimbre con los que suelen viajar. En el suelo, un cartel dice “Compañía Marionetas Herta Frankel”. Constituyen en realidad las "vedetes" de la antigua compañía de Herta Frankel, y los que tengan memoria de aquellos años, identificarán a los dos payasos Tonto y Gruñón, a la Tía Cristina y a Pepito, así como a los llorones Ruki y Muki. Todos ellos nos miran expectantes, con sus grandes ojos abiertos, rodeados de artilugios que tienen que ver con los viajes y las estaciones de trenes. Parece que se han detenido sólo para saludarnos, como si los hubiéramos interrumpido en medio de sus preparativos para salir de gira, dar la vuelta al mundo y volver.
Vemos luego a un trío flamenco con su guitarrista sentado, un violinista al lado, un caballo blanco, una marioneta de Indonesia y otras figuras que componen un cuadro estático pero cargado de vida. Aquí los personajes cuelgan algunos sin tocar el suelo, mostrando esa manera tan especial de estar en el espacio que tienen las marionetas, al depender de dos fuerzas de atracción de signo opuesto: la gravitatoria de la tierra, que tira de ellas hacia abajo, y la vitalista de los mandos que las empuja hacia arriba. Al fondo, en solitario, una primera figura de la compañía, el payaso de rojo que ríe. Se llama Karam, pero lo que impacta de esta marioneta es la impresionante cruz que la sostiene: un enorme y grácil insecto hecho de madera, cuerda e hilos, tan grande como el cuerpo que pende de él, como si fuera su doble abstracto, su sombra estilizada, quintasencia de sus latidos vitales.Entramos en el teatro propiamente dicho: frente a un escenario triple (una boca central, y dos pequeños escenarios laterales y redondos), nos sentamos en las tres hileras de gradas dónde caben unos sesenta espectadores. Y empieza la función. Personajes misteriosos unos (como la figura enraizada en la tierra que teje los hilos del destino, situada en el lateral derecho), divertidos y locuaces otros (como los dos presentadores payasos, que se contradicen y hacen las delicias de grandes y chicos), o impresionantes personajes de la mitología popular: un gigantesco Pato Donato, que llena con su cuerpo todo el escenario, con una impudicia casi obcena, mientras canta y toca la trompeta; o la actriz Marlene Dietrich, magnífica en un largo vestido de oropeles, cantando “where have all the flowers gone?”, mientras del suelo van saliendo de una multitud de agujeritos, empujados por pequeños disparos de aire comprimido, verdes matojos de hierba y exhuberantes ramos de flores. Poético y surrealista. De pronto, se abre el lateral izquierdo y surge el pianista, número clásico del teatro de marionetas, con un magnífico piano de cola. Hay también un cuadro de música brasileña, con maracas y procaces movimientos de caderas, acompañando ni más ni menos que a... ¡Carmen Miranda! Finalmente, acaba el espectáculo con los aplausos del público, que durante una media hora larga ha gozado de un repertorio sofisticado y muy bien ejecutado de números clásicos de las marionetas de hilo, un género difícil que requiere mucha práctica y una esmerada atención.
(Habría que hablar aquí de lo que hay detrás de las cortinas: un “puente” desde dónde se manejan las marionetas, y todo un sistema de cables, poleas, motores y raíles ideados por el escénografo José Menchero y que sirven para que el ritmo de las escenas sea impecable, con cambios realmente rápidos y sorprendentes. Al ser yo marionetista, pude visitar estos espacios secretos, dónde se esconden los trucos viles que sirven para dar vida a las marionetas y que el público no debe ver.)
Los espectadores luego somos invitados a visitar el taller dónde se hacen las marionetas: hay más ejemplares colgados, algunas máscaras y muñecos de los utilizados por Herta Frankel y, sobretodo, unas magníficas ilustraciones que nos orientan sobre la “ciencia del hilo”: tipos de cruces o mandos, gráficos pertenecientes a distintas escuelas (la checa, la inglesa, la rusa, la del marionetista inglés Harry Tozer, que residió, enseñó y murió en Barcelona), etc.
¿Cómo ha sido posible levantar este teatro y mantener vivo el espíritu de las marionetas de Herta Frankel a pesar de su muerte en el año 1996, a los 82 años de edad? La explicación está en el buen hacer y el tesón mostrado por dos marionetistas, grandes amigos y colaboradores de Herta, que heredaron sus marionetas con el encargo de mantenerlas vivas y actuantes, cosa a la que han dedicado sus vidas durante los últimos veinte años. Son Pilar Gálvez y Fernando Gómez, promotores y directores de la compañía, metidos en el asunto de las marionetas desde 1985 (año en que entraron a formar parte del elenco de Herta Frankel). Fernando, alumno de Harry Tozer, es un sofisticado constructor de marionetas que, como su maestro, no duda en pasarse horas y meses enteros creando una sola marioneta, como nos imaginamos que hacía Geppetto para construir a su Pinocho. Su técnica es exquisita y destaca en el buen hacer de los sistemas pendulares de cruces y mandos, de modo que con sólo sutiles movimientos, los personajes pueden andar, cantar, bailar, saltar o llorar.
Pili Gálvez, “alma mater” de la compañía, mujer inteligente y de armas tomar, es la encargada de dirigir la logística del teatro. Su fuerza y su empeño, junto a los de Fernando, son el secreto que explica el milagro de este pequeño santuario dedicado al arte y a la poesía en el Tibidabo, perfectamente adaptado al espíritu del Parque y dándole un plus de exquisitez difícil de encontrar en otros lugares similares. Gracias a esta presencia, se puede decir que en el Tibidabo se da el milagro que uno espera encontrar, muchas veces en vano, en los parques antiguos de atracciones: rincones mágicos dónde lo ficticio engañe y desdoble a la realidad; lugares dónde el mundo se detiene por unos instantes dando paso a otros mundos inexistentes pero cuya realidad vemos desplegarse ante nuestros ojos. El Marionetàrium es uno de esos espacios. Y es de esperar que goce de larga vida en pro de la salud psíquica y estética tanto de los barceloneses como del mismo Tibidabo.
sábado, mayo 06, 2006
Dilemas del Estatut.
Permíteme, querido bloguero, que trate este tema estrictamente local, perteneciente a la política catalana, pero que sigue incansable en su remolino de controversias dando vueltas como una peonza. Imposible explicar en cuatro líneas al neófito los arcanos del asunto, sólo decir que en él se da esta combinación contradictoria que hoy en día mueve todo lo político, a saber: 1- mezcla infantil de lo sentimental-emotivo con lo racional-objetivo, 2- consecuentemente, considerar el despecho como una legítima postura política, 3- analizar un tema que requiere visión de conjunto desde la visión miope del llamado “ombliguismo pasional”, 4- confundir pues sin reparos ni pudor alguno “la velocidad con el tocino”, etc.
En efecto, uno de los partidos, llamado Esquerra Republicana, de esos considerados “radicales” por tener una clientela de naturaleza juvenil y exaltada, considera que el pacto al que han llegado mayoritariamente los partidos políticos catalanes (ellos incluídos) con el resto de las fuerzas políticas en el Parlamento Español es muy malo e inadmisible, pues no responde a sus deseos iniciales. Éstos se concretan en querer ser lo más independientes posible (respecto al resto del país, España), pero da la casualidad que la mayoría de los catalanes no lo quieren, ni tampoco el resto de los españoles, de modo que sus deseos se quedan en simples ilusiones, que sin embargo determinan sus decisiones políticas.
Pues bien, ahora hay un referéndum para aprobar el susodicho Estatut, y ellos han decidido votar no, junto con el Partido Popular, ése de Aznar que vive colgado en los oropeles pequeño-nacional-imperiales de la España de antaño. Estos votarán no, porque dicen que su España se rompe. Los otros votarán no, porque dicen que la España de aquéllos se rompe poco, no tanto como ellos querrían. Los dos defienden sus posturas puras, frente a los demás que defienden las impuras.
Es ese juvenil purismo lo que les da a ambos partidos (PP y ER) este tufo de partidos extremadamente viejos, anacrónicos, juvenil-antiguos, pegados a sus verdades, las cuales son únicas y verdaderas, como lo son las Grandes Verdades de Verdad, que son las Suyas. Y lo peor es que alardean de ello, de ser puros, cuando hoy en día la realidad y la ciencia nos dicen que todo es impuro y contradictorio, mestizo y complejo, poliédrico y ambiguo.
Nos encontramos ante uno de los más típicos comportamientos políticos de todas las épocas, la propia del homo-fanáticus i simplicus, cuyo virus se resiste a morir en la época moderna, a pesar de haberse demostrado tantas y tantas veces la perniciosidad del mismo, capaz de desencadenar todos los desastres imaginables. Y aún así, el virus se agarra a los cerebros humanos, reduciendo el número de sus neuronas y provocando esos comportamientos casi simiescos y rebañiles, muy vociferantes, con muchos insultos a los que no participan de su Verdad.
En el caso de Cataluña, es posible que el tiro les salga por la culata a esos representantes de la pureza. Región laica por excelencia (aunque muy monárquica y fiel a la estirpe de los Borbones), hace tiempo que los catalanes hemos aprendido que el seny y la rauxa (palabras difíciles de traducir, serían como el sentido común y el despelote) deben ir juntos y son necesarios pero con una condición: que ambos sean contradictorios. ¿Qué sería del seny sin sus contradicciones? ¿Y de una rauxa que no tenga paradojas y absurdas oposiciones en su seno? Los del PP de Aznar serían los representantes de un seny puro, de esencias irrenunciables, algo a todas luces irrealista y reaccionario. Los de Esquerra Republicana defienden, al contrario, la pureza de una rauxa adelgazada, simplona y banal, futbolística, por decirlo en téminos coloquiales, aunque también dotada de grandes esencias irrenunciables. En fin, esperemos que la ciudadanía catalana, en un alarde de seny y rauxa combinados, es decir, aceptando las impurezas de todas las contradicciones del caso, vote sí al Estatut y mande a los simplones a reciclarse en la derrota.
En efecto, uno de los partidos, llamado Esquerra Republicana, de esos considerados “radicales” por tener una clientela de naturaleza juvenil y exaltada, considera que el pacto al que han llegado mayoritariamente los partidos políticos catalanes (ellos incluídos) con el resto de las fuerzas políticas en el Parlamento Español es muy malo e inadmisible, pues no responde a sus deseos iniciales. Éstos se concretan en querer ser lo más independientes posible (respecto al resto del país, España), pero da la casualidad que la mayoría de los catalanes no lo quieren, ni tampoco el resto de los españoles, de modo que sus deseos se quedan en simples ilusiones, que sin embargo determinan sus decisiones políticas.
Pues bien, ahora hay un referéndum para aprobar el susodicho Estatut, y ellos han decidido votar no, junto con el Partido Popular, ése de Aznar que vive colgado en los oropeles pequeño-nacional-imperiales de la España de antaño. Estos votarán no, porque dicen que su España se rompe. Los otros votarán no, porque dicen que la España de aquéllos se rompe poco, no tanto como ellos querrían. Los dos defienden sus posturas puras, frente a los demás que defienden las impuras.
Es ese juvenil purismo lo que les da a ambos partidos (PP y ER) este tufo de partidos extremadamente viejos, anacrónicos, juvenil-antiguos, pegados a sus verdades, las cuales son únicas y verdaderas, como lo son las Grandes Verdades de Verdad, que son las Suyas. Y lo peor es que alardean de ello, de ser puros, cuando hoy en día la realidad y la ciencia nos dicen que todo es impuro y contradictorio, mestizo y complejo, poliédrico y ambiguo.
Nos encontramos ante uno de los más típicos comportamientos políticos de todas las épocas, la propia del homo-fanáticus i simplicus, cuyo virus se resiste a morir en la época moderna, a pesar de haberse demostrado tantas y tantas veces la perniciosidad del mismo, capaz de desencadenar todos los desastres imaginables. Y aún así, el virus se agarra a los cerebros humanos, reduciendo el número de sus neuronas y provocando esos comportamientos casi simiescos y rebañiles, muy vociferantes, con muchos insultos a los que no participan de su Verdad.
En el caso de Cataluña, es posible que el tiro les salga por la culata a esos representantes de la pureza. Región laica por excelencia (aunque muy monárquica y fiel a la estirpe de los Borbones), hace tiempo que los catalanes hemos aprendido que el seny y la rauxa (palabras difíciles de traducir, serían como el sentido común y el despelote) deben ir juntos y son necesarios pero con una condición: que ambos sean contradictorios. ¿Qué sería del seny sin sus contradicciones? ¿Y de una rauxa que no tenga paradojas y absurdas oposiciones en su seno? Los del PP de Aznar serían los representantes de un seny puro, de esencias irrenunciables, algo a todas luces irrealista y reaccionario. Los de Esquerra Republicana defienden, al contrario, la pureza de una rauxa adelgazada, simplona y banal, futbolística, por decirlo en téminos coloquiales, aunque también dotada de grandes esencias irrenunciables. En fin, esperemos que la ciudadanía catalana, en un alarde de seny y rauxa combinados, es decir, aceptando las impurezas de todas las contradicciones del caso, vote sí al Estatut y mande a los simplones a reciclarse en la derrota.
jueves, mayo 04, 2006
Lyon: ciudad doble.

¿Es posible decir que una ciudad es doble? Creo, querido bloguero, que podemos responder afirmativamente a esta pregunta, sobretodo después de haber estado unos días en la ciudad francesa de Lyon.
En primer lugar, por un hecho casual pero muy “sui generis” y para el caso, muy cabal: disponer de una figura de desdoblamiento (un títere) que la representa a efectos prácticos y simbólicos: Guignol
Hay bastantes ciudades que disponen de esta característica (pienso en Nápoles con Pulcinella, Londres con Punch, Barcelona con Titella o Malic) pero en ninguna de ellas existe un vínculo tan estrecho entre el personaje y la ciudad que lo acoge o le ha dado vida, como en el caso de Lyon y Guignol. Un personaje que aún siendo conocido en el mundo entero, sigue asociado íntimamente a Lyon, su ciudad natal.
Curioso fenómeno cuyo conocimiento me fascina cada día más, al ilustrar como un simple personaje local, fiel representación del titiritero que lo creó a principios del siglo XIX (un tal Laurent Mourget, sacamuelas que complementaba su cháchara con funciones de títeres, y que acabó siendo titiritero profesional, convertido más tarde por los lioneses en uno de los prohombres de la ciudad, cuyo rostro es reconocible en la inmortalizada cara de Guignol), puede llegar a convertirse en un mito. Pequeño mito callejero al principio, símbolo de la clase popular de los “canuts” (los trabajadores de la seda, principal industria de la ciudad en aquel entonces) para de ahí extenderse a la ciudad entera, traspasar las fronteras de ésta, alcanzar otros rincones del país, instalarse en el mismo corazón de París, y acabar expandiéndose por el mundo entero, al menos el europeo, como una etiqueta que denota al títere de filiación política, que gusta de reírse con descaro y aguda brillantez de los ostentadores electos –y no electos– del poder.
En Lyon, además de los titiriteros que mantienen viva su estirpe (como es el caso de mis amigos de la compañía Zonzons, magníficos manipuladores e “improvisadores” de Guignol, con su fantástico teatrillo situado en el número 2 de la Rue Louis Carrand, muy cerca de la Gare Saint Paul), se suele encontrar a Guignol en las tiendas de souvenirs, es decir, ocupando las estanterías de su imaginario mercantil. Recomiendo especialmente la que se encuentra en el número 6 de la Rue Saint Jean, dónde el visitante encontrará títeres, figuritas, imanes para la nevera de su casa o coche, pañuelos, copas, vasos, tazas y mil objetos distintos todos con Guignol como protagonista. Igualmente, en el interior de la tienda encontrará un pequeño y simpático museo, “Le Petit Musée Fantastique de Guignol”, algo casero pero bien organizado, dónde se explica al turista los orígenes del personaje.
Una ciudad pues que se deja desdoblar y representar por este personaje inteligente y bufonesco, com si quisiera desdramatizarse acogiéndose a una máscara titiritesca, tal vez para relativizar la máscara oficial y más pomposa del León con la que a veces parece querer representarse.
El otro desdoblamiento de la ciudad responde más a una intervención hecha desde arriba, aunque deriva de una costumbre popular muy asentada en la ciudadanía. Me refiero al énfasis que la ciudad de Lyon ha puesto en la iluminación nocturna, de modo que calles, plazas, puentes y edificios se desdoblan por la noche en otros diferentes que maravillan y enriquecen la percepción que los ciudadanos tienen de su ciudad.
Se trata de un fenómeno realmente insólito, que proviene de una vieja costumbre religiosa de la ciudad: la de poner velas encendidas la noche del 8 de diciembre en las ventanas de las casas. Ante la originalidad del caso, el alcalde de la ciudad quiso dar más relieve a la fiesta, y animó a los ciudadanos a aumentar la presencia lumínica en puertas, balcones y ventanas. Finalmente, y ante el éxito conseguido, se decidió atacar el tema a lo grande, y aquella fiesta que empezó con discretas velitas ha acabado convirtiéndose en un verdadero festival de la iluminación, promocionado por los cuatro vientos mediáticos y motivo de visita de miles de turistas.
Por desgracia, sólo he visto proyecciones y fotografías de algunas de las transformaciones que tienen lugar en las calles, plazas y edificios emblemáticos de Lyon, realmente espectaculares, durante estos días de diciembre. Pero en cambio, sí tuve la suerte de conocer, en el coloquio sobre títeres y sombras, a uno de los factòtums de este fenómeno lionés: al iluminador Laurent Fachard, que nos “iluminó” con una extraordinaria presentación de su trabajo. Palabras que me abrieron las puertas para una “percepción doble” de la ciudad de Lyon, iluminada con estudiado primor por la noche, sin abuso de los kilovatios, dejando que las sombras den realce a la plasticidad nocturna de los edificios. Un ejemplo típico es la Place des Terreaux, situada en el corazón de la ciudad, dónde sólo tres de sus lados aparecen iluminados para resalzar sus arquitecturas (los correspondientes al Hotel de Ville, el Museo de Arte y unos viejos Almacenes), iluminando de rebote el cuarto lado (de pisos privados) y la misma plaza en si, aparentemente oscura pero con luz de sobra para ver, dejarse ver y gozar. Otro ejemplo es el nuevo metro de la ciudad, con una muy estudiada iluminación que carece de la agresividad que busca desesperadamente la luz diurna, como es propio que ocurra en la mayoría de los metropolitanos del mundo, y que en cambio modela los espacios con el uso de los colores y los puntos de luz indirecta.
La dualidad básica entre el día y la noche queda así resaltada y apoyada por la iluminación nocturna, que juega a su favor y permite este juego de desdoblamiento. Desdoblamiento que abre espacios interiores de la ciudad, espacios nuevos de percepción doble y, por lo tanto, de encuentro y de cruce entre sus perceptores, locales y visitantes.
domingo, abril 30, 2006
Encuentro Coloquio “Des Hommes et des Ombres” en Lyon, Francia.

La compañía ZonZons, encargada de uno de los teatros de Guignol más céntricos e importantes de Lyon, ha organizado esta semana pasada un Festival de Marionetas llamado “Moisson d’Avril”. En paralelo al Festival, tuvo lugar también, los días 26 y 27 de abril, un Encuentro-Coloquio internacional con el título “Des Hommes et des Ombres” (de hombres y de sombras), en el que he tenido el gusto de participar. De hecho, el mismo encuentro es una iniciativa del Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée (Red Títeres y Sombras del Mediterráneo) del que formo parte y que aprovecha la celebración de algunos festivales involucrados en la red para reunirse y organizar encuentros sobre el teatro de marionetas. Desde su fundación en el año 2002 en Barcelona, la Red se ha reunido en Túnez y Beirut en el año 2003, en Estambul en el 2004 y ahora en Lyon.
Han participado en el Encuentro-Coloquio las siguientes personas:
· Mariel Oberthur, historiadora especialista en el teatro de sombras del siglo XIX, actualmente en residencia en el Musée d’Orsay de París, dónde investiga y supervisa las puestas en escena de las obras del célebre cabaret “Le Chat Noir”. Su intervención, dedicada a presentar los fondos existentes de siluetas y decorados utilizados en el Chat Noir, fue realmente muy interesante, pues poco se sabe de lo que de verdad se hacía en este cabaret Montmartriano. Nos enteramos igualmente de que la única obra a la que puso música Erik Satie se halla en paradero desconocido, aunque se sospecha que se encuentra en... Barcelona! O tal vez en Sitges, aunque ya Mariel intentó encontrarlo allí en una ocasión.
· Françoise Gründ, conocida antropóloga, profesora de etnoescenología en la Universidad de París X de Nanterre y directora artística de la Maison des Cultures du Monde, nos habló del ciertas formas del teatro de sombras hindú, muy conocido por la ponente. Junto con Chérif Khaznadar, Françoise Gründ es autora de prestigiosos libros dedicados al teatro de marionetras y especialmente al teatro de sombras turco del karakoz.
· Jean-Pierre Lescot, seguramente uno de los sombristas franceses de más prestigio y que más escuela ha creado en su país y en tantos otros de Europa, expuso su visión sobre el teatro de sombras, destacando los aspectos más humanos, arquetípicos y poéticos del mismo. Igualmente hizo un repaso de los grandes momentos de este lenguaje, que él fijó en tres, según la relación de las sombras con: 1- el sol, 2- el fuego, y 3- la electricidad. Su larguísima experiencia dio a sus palabras una resonancia y un poso de verdad que sólo tienen los grandes maestros.
· De Palestina vino Abed Al Salam Abdo, director de la sección de marionetas del Teatro Nacional Palestino. Además de explicarnos sus actividades en este centro situado en Jerusalem (en un teatrillo que conocí hace años en un viaje al Festival de Jerusalem), representó unos fragmentos en sombras de la obra que están preparando para la próxima temporada, con la intención de rescatar la vieja tradición sombrista de origen turco y centrada, como no, en el Karakoz –actualmente desaparecida en Palestina.
· Daniel Raichvarg, profesor de la Universidad de Bourgogne, nos habló sobre la relación entre la Ciencia y el Teatro, y más concretamente, sobre como la aplicación de nuevas tecnología de la escena afecta al teatro. Para ello, habló de tres grandes momentos: 1- la iniciada en la época de Louis XIV, cuando se utilizaron grandes maquinarias escénicas en el teatro, de modo que éstas adquirieron una presencia desmesurada copando casi todo el espacio de la representación; 2- el invento de la iluminación y los reguladores, en el siglo XIX, que cambió radicalmente la relación entre el público y los actores; y 3- ya en el siglo XX, el uso extendido de la electricidad, con la exposición de 1937 como punto de arranqque cuyo tema fue “la electricidad al servicio de los hombres”. Con cáustico humor y gran erudición, Daniel Raichvarg hizo las delicias del público, ironizando sobre el uso y abuso de la tecnología en el teatro, alabando los aspectos más humano centrados en el actor, aparentemente hoy en declive.
· Jean-Louis Prebet, marionetista y creador plástico de la “Compagnie des Balmes”, nos presentó una fantástica recopilación de fragmentos de películas con escenas de teatro de sombras. Igualmente pudimos ver otras compilaciones con escenas en las que la misma sombra es protagonista, e igualmente títulos y carteles dónde la Sombra está presente. Fue una verdadera delicia ver todas aquellas imágenes muy bien montadas y seleccionadas por Jean-Louis Prebet, así como sus explicaciones sobre las mismas. Gracias a sus pacientes trabajos de búsqueda y selección, ha conseguido reunir miles de horas grabadas de películas dónde aparecen títeres, marionetas y sombras. Un especialista que tiene perfectamente ordenado todo este material, con la intención de abrirlo a cuantos estudiosos quieran visionarlo y trabajar con él.
· Laurent Fachard, iluminador de espacios urbanos, nos maravilló a todos con la exposición de sus trabajos en Lyon, en algunas estaciones del metro de París, en determinados parques públicos y en otras ciudades del mundo. Factótum de la transformación de Lyon, una ciudad prácticamente especializada en el tema de la luz, nos explicó cómo las ciudades actuales niegan la noche (y todo lo que ella representa) al asociarla al crimen y a lo prohibido, motivo por el se suele llenar las calles nocturnas de cantidades exasperantes de luz, un despilfarro absurdo e inútil hecho con criterios únicamente represivos y poiliciales, que deshumaniza, empobrece y afea el paisaje urbano. Sus propuestas reivindican el valor de la sombra, no sólo por obvios criterios económicos y ecológicos de sostenibilidad, sino también por motivos políticos, filosóficos y poéticos (aceptar la noche, la doble naturaleza de la luz diurna y la luz nocturna, las dos caras de la vida, etc) y porque además, con menos luz, no sólo se ve de sobras, sino que se ve mejor. Lo demostró con interesantísimos casos documentados en los que ha participado como iluminador. Visto desde la perspectiva del arte y de las marionetas, su labor se acerca mucho al de los titiriteros en cuanto hace también del desdoblamiento el centro de su trabajo. Sólo que su objeto de desdoblamiento es la misma ciudad: sus jardines, sus paseos y calles, y sus edificios, que gracias a la luz, se hacen dobles. Un desdoblamiento que abre los necesarios espacios interiores dónde tanto los ciudadanos como los visitantes puedan encontrarse y gozar de la libertad de sus espacios dobles. Lo pudimos comprobar personalmente al visitar de noche Lyon, viajando con el metro de la ciudad, paseando por la Place des Terreaux, frente al Hotel de Ville, o yendo a una función en el anfiteatro de la Ópera, un viejo edificio renovado, tenue y magníficamente iluminado.
· Karim Dakroub, mienbro del Réseau y director de la Compañía y del Festival de Títeres de Beirut, nos habló de los textos para teatro de sombras del siglo XIII escritos por el egipcio Iben Daniel. Compuesta de tres partes (el Espectro de la Sombra, Maravilloso y Raro, el Enamorado y el Huérfano Vagabundo), es un texto único en la literatura árabe en el que se mezcla sin ningún rubor y con gran maestría el estilo culto y religioso con el más mordaz, disparatado y pornográfico de los lenguajes. Sin duda nos hallamos con un texto que anticipa ya al teatro de sombras turco del Karakoz (no hay que olvidar que éste llegó a Turquía procedente de Egipto, aunque los personajes y el estilo definitivo del Karakoz nacen y se forman en Estambul), y que enlaza con las farsas medievales de la época. Un precedente que Karim Dakroub está estudiando desde el punto de vista no sólo literario (como hasta ahora se había hecho) sino también teatral y pensando quizás en una futura puesta en escena. www.khayalart.org
· Cengiz Ozek, miembro del Réseau, sombrista él mismo de Karakoz y director del Festival de Títeres de Estambul, nos mostró un video dónde se ilustra a la perfección una función de teatro de sombras del Karakoz, con dos encuadres que se ven simultáneamente: uno con la imagen de la pantalla vista desde el público, y otro en el que vemos la acción del manipulador moviendo las distintas siluetas de la obra, poniendo sus voces, etc. Un trabajo realmente muy esclarecedor e ilustrativo, que Cengiz Ozek, en compañía de su amigo y traductor Emra, iba explicando, situando de nuevo la historia del género, analizando las variantes regionales del mismo, los secretos técnicos de la construcción de las siluetas, etc.
· Yo mismo presenté el Réseau Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée (la Red Títeres y Sombras del Mediterraneo), argumentando que se trata de una asociación más bien de amigos y de personas que tenemos un interés común por la marioneta, sin querer convertirnos en una entidad de tipo profesional, gremial o asistencial, sino que sus objetivos consisten básicamente en no tenerlos, salvo una defensa global del género y la puesta en marcha de proyectos siempre en connivencia con Festivales u otras instituciones realmente organizadas. Este tipo de “organización no organizada o poco organizada” –aunque oficialmente estamos inscritos como Asociación Cultural en el registro francés–, nos da la libertad de hacer las cosas que queremos sin los sufrimientos de la gestión y de la burocracia. También nos anima a generar espontáneamente proyectos de colaboración a largo plazo y sin los apremios de los compromisos cerrados, como el que estamos desarrollando Karim y yo para la realización de una obra a partir de un texto mío.
· Stéphanie Lefort, directora de “Moisson d’Avril”, organizadora del coloquio y miembro del Réseau, moderó los debates y estuvo siempre al pie del cañón, procurando que todo estuviera a tiempo y la tecnología de difución de las imágenes no fallara. Debemos aquí felicitar su labor, pues fue ella quién escogió a las personas invitadas al coloquio y lo organizó en todos sus detalles. En este sentido, los parabienes deben ser mayúsculos, por la altura de los participantes y el interés de sus ponencias, realmente excepcional, abriendo el siempre estrecho mundo de la marioneta a los campos del cine, de la antropología y de la iluminación, cruzando entre si las disciplinas propias del género con las de los campos citados, un verdadero lujo y una gran necesidad para cualquier artista. Respecto a los temas de alojamiento, comidas y otros asuntos logísticos, todo salió sobre ruedas, permitiéndonos además conocer las maravillas de una ciudad como Lyon, obsesionada desde hace años en reinventarse a sí misma.
· Estuvo también presente, entre otras personas, la titiritera de Francia Jacqueline Sarrazin, así como el titiritero y contador de cuentos Sam Cannarozzi.
. Estuvo ausente del coloquio Habiba Jendoubi, miembro del Réseau, quién no pudo acudir a Lyon por motivos privados.
Planes de futuro del Réseau « Ombres et Marionnettes de la Méditerrannée ».
Aunque antes se ha dicho que se trataba de una “organización no o poco organizada”, no por ello debemos cruzarnos de brazos, sino que estamos decididos a continuar impulsando esta iniciativa que empieza a dar poco a poco sus frutros. Nuestros próximos pasos serán los siguientes:
- creación de una página web del Réseau que estará asociada a la página de la compañía de Karim Dakroub en Beirut.
- coordinación de las distintas páginas webs de los miembros del Réseau y de las instituciones que lo apoyan
- creación de un blog específico del Réseau dónde se puedan publicar las últimas novedades, los proyectos, noticias, etc.
- intención de publicar en tres idiomas (francés, inglés y árabe) los trabajos que se han ido generando durante los distintos encuentros del Réseau.
- Cengiz Ozek, director del Festival de Estambul, propuso celebrar un encuentro el próximo año, durante la celebración de su festival en el mes de mayo, en ocasión de su décimo aniversario. Propuesta de un encuentro-coloquio y posibilidad de una publicación sobre el Réseau.
- Toni Rumbau planteó la posibilidad de una colaboración junto con Karim Dakroub con la compañía de títeres de Tirana, Albania, con la que está en contacto.
domingo, abril 23, 2006
Día de Sant Jordi.

Hoy toca rosas y libros. Yo he comprado las rosas de rigor a los seres queridos del sexo opuesto. Y sólo un libro: el que vendía el diario El País con la edición de hoy: “Los Toros y las fiestas populares”. Una maravilla. Fotografías históricas en blanco y negro de la Fiesta, siguiendo un hilo diacrónico hasta nuestros días. Lo recomiendo a los aficionados y también a los no aficionados. Además sale barato. Al adquirir este libro, me sentí contento, aliviado, “¡uf, me dije, ni best-sellers ni libros mediáticos ni libros de alta calidad: hoy, día del libro, fiesta catalana por excelencia, pues se celebra al santo patrón de Cataluña, me compro un libro sobre toros!” Así defiendo y reivindico, en mi pequeño acto compratorio y sin mucho dispendio, a esa “otredad catalana” a la que tanto quiero y disfruto.
¡Visca Catalunya lliure i torera!
INTERROGACIONES SOBRE LA MARIONETA III

Pequeño recorrido por la idea del Doble.
Para retomar la idea del T. de M. como herramienta de indagación, convendría abordar de nuevo la temática del Doble, viendo cómo se desarrolla a lo largo de la historia humana. Abordaje que me permito hacer desde la perspectiva del titiritero, o sea, tomándome toda la libertad del mundo y sin miedo alguno al bochorno.
Pues bien, si consideramos que es el desdoblamiento de la identidad (lo que no deja de ser una redundancia, pues la identidad no existe sin desdoblamiento) lo que da origen a la conciencia, generando en ese espacio de separación la cultura, los mitos, etc, hay que considerar que este desdoblamiento primordial se dio en los orígenes de la especie, cuando el animal homínido empezó a andar erguido, a usar herramientas y a utilizar un lenguaje fonético articulado. El paso decisivo parece haberse dado cuando el Homo Sapiens surge de improviso hace unos cien mil años y se expande por el mundo. Llamamos a esta especie Humanidad porque desde un principio muestra rasgos de poseer un lenguaje simbólico, expresión sígnica de contenidos de cultura y, por lo tanto, de una conciencia ya ampliamente desarrollada.
Este desdoblamiento inicial o primordial, es el que tiene lugar entre un primer yo que sobrevive inmerso en el mundo de los instintos y de la acción-reacción incrustada en el medio natural, y un segundo “otro yo” reflejo del primero que se ve proyectado en los demás animales, en los espíritus de los muertos, de los demás seres del entorno o de las mismas cosas, y desde el que se mira y dialoga, creando en este cruce de perspectivas e intersecciones el campo de la conciencia, el mundo simbólico que ordena, justifica y explica lo inexplicable. Se trata de un desdoblamiento primordial, y por ello mismo “colectivo”, al tener sus creaciones un sentido y una utilidad colectiva. Lo individual empieza a afirmarse desde el momento en que un yo se separa de si mismo y se refleja en otra cosa, pero se trata de un proceso que en sus inicios es vivido colectivamente, sin que exista una conciencia individual del mismo.
Este origen de las distintas culturas humanas hace su primer paso de gigante en el Neolítico, cuando el espacio del desdoblamiento primordial se ensancha y se separa a gran distancia de su punto de partida. El segundo yo de proyección se identifica entonces con los primeros dioses de la especie, a los que se da la paternidad creadora de las cosas. El espejo en el que los humanos se miran se aleja pues hacia las estrellas, y allí surgen reflejados, siguiendo los puntitos fijos y errantes de los astros y las constelaciones, los rostros de los primeros dioses, machos y hembras, responsables de la creación de los mundos, pero también de todos los sucesos que ocurren en la tierra, sean buenos o malos. A la relación entre el mundo de los dioses y el mundo de los humanos, se consacra una casta social que sigue intacta hasta nuestros días: la de los magos, sacerdotes, curas, obispos y papas. Ellos son los únicos autorizados a conocer estos espacios de proyección, que evidentemente no llaman de proyección sino divinos, pues su función es la de mantener y cultivar la ficción simbólica y los andamiajes mitológicos y metafísicos de estos espacios siderales de la imaginación.
Con la modernidad, la ficción aparece como ficción, y los edificios simbólicos se derrumban. La ciencia sitúa las cosas en su sitio, las estrellas se quedan en estrellas, y los procesos de desdoblamiento que generan estos espacios de proyección empiezan a ser conocidos y a ser tratados de un modo libre por las personas. La explosión individualista de la época moderna se caracteriza básicamente por esta democratización de los procesos desdoblatorios y de proyección, hasta ahora de incumbencia sacerdotal, ya que sólo hacían referencia a lo colectivo. Hoy en día, hay libertad para que cada uno individualmente viva estos procesos por su cuenta, de modo que los espejos y los mundos con sus campos de proyección aparecen abiertos, libres para ser vividos y desarrollados según criterios personales.
Claro que todavía quedan los que se empeñan en mantener la cohesión colectiva de mundos simbólicos férreamente establecidos, por lo general encastillados en sus variantes monoteístas, sean divinas o ideológicas. Sin embargo, y a pesar de la virulencia y la fuerza de sus coletazos, hay que ver el fenómeno como epigonal. Una realidad es evidente: los viejos edificios simbólicos se han derrumbado estrepitosamente y los que se resisten a desaparecer, lo hacen encastillados entre estos campos de ruinas, lugar ideal para la guerra de guerrillas, pero sin la fuerza que antes tenían cuando ocupaban el espacio entero y central de la representación. Pueden durar mucho y hacer aún mucho daño, pues la resistencia de las personas encastilladas pueden llegar a ser numantina, pero su fuerza es más aparente que real, y a la larga se irán eliminando mútuamente en sus luchas fraternas, mientras van siendo sepultados lentamente por las ruinas que los envuelven.
Las disciplinas del arte como mecanismos desdoblatorios. Interés del Teatre de Marionetas y de la Ópera.
Lo importante es destacar esta liberalización de los mundos simbólicos, en cuyos procesos de creación y desarrollo ocupa una parte fundamental el proceso desdoblatorio. Conocer sus mecanismos íntimos, sus procesos interseccionistas interiores, sus “alquimias” fecundadoras, es hoy en día de una urgencia y una necesidad de primer orden. Por lo tanto, todos aquellos lenguajes, técnicas y disciplinas que desarrollen conscientemente esos procesos fundacionales del desdoblamiento y de la proyección especular, se convierten en instrumentos ya no sólo de entretenimiento, sino que adquieren un valor de uso importante para las labores relacionadas con la investigación, el conocimiento y la misma creación de nuevos espacios imaginarios.
En este campo de uso se encuentran disciplinas como el lenguaje de los títeres, la composición musical (que elabora modelos abstractos capaces de crear sus propios mundos sonoros, juntando por lo tanto el mundo de lo abstracto con el mundo real), la ópera y el teatro (capaces de crear en el escenario mundos paralelos en los que los espectadores se pueden reflejar y proyectar), y por lo general todas las disciplinas artísticas. Pero es evidente que de todos estos lenguajes, los hay más predispuestos que otros a dejarse llevar de un modo natural por esas pendientes de la investigación y del conocimiento. Según mi punto de vista, el Teatro de Marionetas y la Ópera constituyen los dos géneros o disciplinas que mejor se adaptan o mejor responden a estas necesidades de indagación sobre el Doble.
Por un lado, los dos son de naturaleza interdisciplinar: mezclan lenguajes e incluso géneros, lo que les da un enorme valor añadido de “terreno abierto a la fecundación interseccionista”. Del otro lado, los dos tienen en el corazón mismo de sus entrañas el proceso desdoblatorio como principal motor retórico: a) en el T. de M., su misma razón de ser está en el desdoblamiento del actor en el títere u objeto animado al que se da vida, proyeción que como se ha dicho antes atañe sobretodo al actor, pero también al espectador, que debe otorgar (proyectar) vida al muñeco; b) en la Ópera, el proceso desdoblatorio es vivido por el cantante con una intensidad desmesurada: por un lado, encarna a un instrumento, la Voz, que al cantar, eleva al actor hacia los mundos abstractos de la forma musical, y por el otro lado, debe desdoblarse en el personaje que encarna, desdoblamiento que al estar mediatizado por la abstracción musical, se carga de una intensidad añadida (tan diferente del actor de palabras, y a la vez, tan cercano de la catarsis desdoblatoria del titiritero). Esta doble encarnación (en la Voz y en el Personaje) asientan el proceso desdoblatorio de la ópera hacia cotas de gran altura e interés, abriendo esta disciplina a los terrenos de indagación de nuevos campos imaginarios.
Época de cambio y blasfemia.
Visto desde la metafísica (valga la expresión y con licencia para dar este rodeo), el terreno está bastante abonado para que un propósito como el anunciado sea realizable. En efecto, el derrumbe de los edificios simbólicos provocado por la Modernidad ha llenado estos terrenos de ruinas, y nada hay más sugerente e incitador, para poner en marcha los motores de la imaginación, que los paisajes en ruinas. ¡Fascinantes paisajes! Los pintores románticos y los simbolistas gustaron mucho de representarlos: iglesias que se caen de viejas, templos de los que sólo quedan cuatro columnas, algunas paredes con antiquísimas pinturas rasgadas por el tiempo, la presencia misteriosa de los espíritus de viejos sacerdotes que deambulan por entre las ruinas como ánimas en pena, cofres y salas secretas de los tesoros reventados y expoliados por los ladrones, curas hambrientos persiguiendo a las almas perdidas de los rebaños, pirámides alicaídas para el recreo de los turistas, catedrales agrietadas, y el mismísimo Vaticano convertido en un montón de escombros, desde dónde un papa anciano y decrépito habla al mundo como un loco al viento, alumbrado por epigonales espejismos de grandeza y cotizadas retransmisiones televisivas. No se percata, el papa, de que encima suyo el cielo ya no es el de Dios (su Dios, su Cielo, de cuya propiedad se sentía dueño y del que incluso presumía tener sus llaves), sino que es el cielo de todos, libre y abierto, con sus estrellas y sus constelaciones democráticas, en las que cada uno de los mortales puede proyectar en ellas sus deseos así como el orden entero del mundo que las configura, hecho a imagen y semajanza ya no de ese Gran Otro Al Que Someterse, sino hecho a imagen y semejanza de cada uno. ¡Menuda blasfemia!
Y sin embargo, hay que partir de la blasfemia y aprovechar ese gran momento, único en la historia de la Humanidad, en el que el paisaje en ruinas de los viejos andamios simbólicos nos da “barra libre” para nuestras indagaciones, nuestras propuestas de mundos nuevos. Después del hundimiento de lo viejo, y antes de que se levanten las arquitecturas del futuro, podemos aprovechar este espacio vacío preñado de posibilidades, una especie de pequeño Big-Bang de la imaginación humana, en el que toca construir sin necesidad de destruir demasiado –pues lo que queda se cae sólo. Sólo con dar pequeños empujoncitos para hacerse espacio y allanar terrenos, sólo con estas pequeñas destrucciones podemos levantar nuestros andamios, lo nuevo que inventamos con la imaginación.
En el Neolítico se hizo algo parecido pero sin que nadie fuera consciente de ello: sobre las ruinas de los sistemas animistas que habían configurado los cien mil años de la historia inicial de la especie (los clanes encabezados por espíritus totémicos, con la figura de los chamanes en calidad de intermediarios entre lo visible y lo invisible, atados por un pacto implícito de uso mutuo pero cauto con la naturaleza), se levantaron los robustos edificios, la mayoría construídos con gruesa piedra (era aún la Edad de Piedra –aunque pulida), de las primeras mitologías con sus grandes y pequeños dioses, sus jerarquías, sus reyes-dioses y sus castas sacerdotales. El “pacto de uso mutuo pero cauto” se vino abajo, y los recién estrenados dioses se tomaron todos los derechos sobre el entorno, que a partir de entonces era de su único uso y propiedad. Templos, tumbas, palacios, canales y pirámides encarnaban en el suelo terráqueo ese poderío del segundo yo elevado a categoría divina, levantando en el más allá sus bastiones simbólicos y metafísicos. Fue un empeño de grandes hombres conductores de pueblos, agrupados en culturas, religiones y naciones, los cuales han llegado hasta nuestros días arrastrando tras sí sus obsesiones de control y jerarquía, de posesión y mando único. En los monoteísmos, dichos hombres hallaron el absoluto que necesitaban, y con él se elevaron a las máximas alturas, todos apuntando con sus campanarios y minaretes hacia el dios único y absoluto. Y los antiguos templos, hasta entonces bastante achaparrados sobre la tierra, de pronto se elevaron en el gótico subido, sobretodo cuando los monarcas se sintieron ellos también dioses y absolutos. Los monoteísmos laicos de la modernidad también construyen sus torres divinas en homenaje a su dios único, que es el Poder y el Capital. En fin, esta gran altura es lo que explica que hoy en día todos estos andamiajes se tambaleen tan estrepitosamente, zarandeados por un cúmulo de movimientos sísmicos que provienen: a) del derrumbe simbólico de lo absoluto, y b) del deseo individualista y democrático de levantar cada uno sus propios andamios de desdoblamiento y proyección.
El Teatro de Marionetas, la Ópera y el interseccionismo: proas retóricas del proceso desdoblatorio para la creación de nuevos espacios imaginarios.
Es aquí dónde enlazamos con la pregunta inicial de este texto: ¿puede el Teatro de Marionetas (y la Ópera a su lado), además de sus funciones naturales de entretenimiento, servir como herramienta de investigación y de expresión en relación al mundo de la ciencia y del conocimiento? Pregunta que nosotros respondemos afirmativamnte, indicando una dirección a sus funciones indagadoras: la de crear nuevos espacios, mundos y referentes imaginarios. Es decir, proponer y poner a prueba mecanismos particulares y laicos de desdoblamiento y proyección, refundando en cada intento el empeño primordial de abrir nuevos mundos de conciencia, sin obnubilaciones animistas o religiosas, y por lo tanto, desde la clarividencia de saber lo que se está haciendo.
Ya Wagner comprendió las posibilidades de la música y del teatro en lo que él llamaba la Ópera Total para refundar nuevos mitos, aunque en su caso el intento se quedara en una empalagosa recreación de viejos mitos colectivos para uso y abuso de los Superhombres que él identificaba en sí mismo y en los futuros salvadores de la patria germana. Y sin embargo, las modernas puestas en escena que relativizan y resitúan los contenidos simbólicos de sus obras magnas, muestran y realzan las grandes posibilidades y la grandeza de su empeño, cómo ese Ocaso de los Dioses decrépitos que ven su fin próximo, y contemplan impotentes el patético espectáculo de los últimos Héroes morir todos en batalla, mientras sus cadáveres son recogidos por las no menos patéticas Walkirias, en un espectáculo dantesco y sobrecogedor de Fin del Mundo. Sin duda Wagner es un pionero y un precedente de primera magnitud, que nos da muchas pistas de por dónde pueden ir los tiros de las futuras obras de “arte total”.
Arte total: interdisciplinar y fundacional. Es decir, que cruza los lenguajes (como la ópera o el T. de M. o el llamado Teatro Visual, etc) y que acciona los mecanismos desdoblatorios e interseccionistas capaces de “fundar” nuevos mundos, nuevos espacios de conciencia, de cultura, de proyección, etc. Tal sería el significado de la formulación wagneriana puesta al día. Aunque el adjetivo “total” suena fatal (y perdonen la redundancia). Pero es cierto: mejor alejarnos de estos vocablos que huelen a absoluto, y que sólo son usables puestos en el “remojo de la ironía”. Algunos lo han llamado Arte o Teatro Sintético (un marionetista ruso lo puso en marcha, pero murió tan rápido como nació), grupos como La Fura dels Baus se han lanzado con valentía y brillantez a experiencias que enlazan directamente con estas pretensiones, y que ellos gustan de calificar con epítetos extraídos de la tecnología multimedia, un grupo como el Bead and Puppet (de Vermont, USA, dirigido por el violinista y titiritero alemán Peter Shuman) tuvo sus momentos estelares en los años setenta y ochenta con obras estupendas, muy atadas al embrollo político de la época... El arte, la ópera y el teatro contemporáneo están llenos de experiencias pioneras y de intentos brillantísimos que han ido en esta dirección, de modo que existen suficientes precedentes para no tener que partir de cero.
Respecto a la denominación, ¿por qué no llamar al Arte Total wagneriano “Arte Interseccionista”? A mi me gusta, porque junta la idea interdisciplinar (cruce o intersección de lenguajes) con la idea desdoblatoria (intersección entre Sujeto y Objeto, lo concreto y lo abstracto). Además, su connotación es puramente retórica, sin la trascendencia de la Totalidad.
Y sin embargo, hay algo que siempre me ha sorprendido en la mayoría de estos trabajos pioneros e interdisciplinares: más que fundar lo nuevo, realzan el derrumbe de lo viejo. Es tal la fuerza espectacular de nuestro Fin de Época, que la mayor parte de los artistas se quedan atrapados por ella, prisioneros de las visiones apocalípticas de ver morir nuestra civilización neolítica, la que nació con los primeros dioses y la misma que muere hoy en día con la agonía de los monoteísmos, en medio de sus terribles estertores, derribando cuál cíclopes ciegos y enloquecidos lo que encuentran a su alrededor. No es de extrañar que ante el espectáculo de las ruinas y de los ocasos personales de los tantos millones que son víctimas del derribo, autores y artistas hayan caído hechizados por sus infaustas imágenes, revolcándose en los barrizales de todo este humus putrefacto, o fijándose en los casos particulares dónde los efectos del desplome se psicomatizan en conductas psicópatas, asesinas, neuróticas, desesperacionales y suicidas.
Entre éste cúmulo de analizadores del ocaso, podría hacerse una distinción: a) los que se fijan en los desórdenes más de tipo psicológico y relacional, es decir, los centrados en las temáticas de los amores y desamores, las traiciones, los engaños, las hipocresías, los instintos suicidas y otras variantes, y b) los que se fijan más en los aspectos generales, buscando imágenes de conjunto que permitan esclarecer y comprender el derrumbe crepuscular de la época desde una visión sociológica, histórica o mitológica. Ambas posturas son válidas y se complementan en su descripción del embrollo, y aunque la segunda pueda parecer algo más cercana a nuestro empeño de fundar imágenes de lo “nuevo”, es desde lo particular de dónde finalmente parte el cero fundacional para accionar los mecanismos interseccionistas del desdoblamiento.
Ir a lo nuevo: aquí entramos en terrenos tan amplios, complejos y resbaladizos, que lo mejor sería callarse. En efecto, semejante pretensión tiene tanto de locura como de inconsciencia, ingenuidad o, simplemente, pura y dura ignorancia. En resumidas cuentas, sólo es posible tratar estos asuntos desde tres posiciones: a) la autoridad que da la cátedra y el rango académico, b) la autoridad que da la fama del consagrado, al que se le permite opinar sobre todo lo opinable, y, ya en el otro extremo, c) la autoridad del titiritero y su retablo, felizmente otorgada por si mismo y por el Diablo (uno de sus alter-egos más recurrentes, además de la Muerte, el Policía, el Dragón o Cocodrilo, etc). ¿Y los artistas?... Bueno, éstos que trabajen y se callen. Suerte que tenemos los titiriteros: nuestra condición de eternos “elípticos” (no exagero, pues desde siglos que trabajamos escondidos) nos permite, por la ley del contraste y de la paradoja, hablar por los codos, o mejor, “por las manos”, tanto como se nos antoje, sin necesidad de título alguno, pues por lo general nos lo damos nosotros mismos (por cierto, quiénes más lejos han llegado en esta auto-otorgación académica son los titiriteros ingleses dedicados al Punch and Judy: todos ellos tienen rango de Professors. Admirable).
Al ser los últimos monos de la pirámide social del Arte, gozamos de la máxima libertad, y esta paradoja, poco aprovechada según creo, es la base sobre la que podemos reposar un discurso.
Para ello, habrá que regresar a los rasgos característicos de los teatros de títeres populares y a su “retórica de cachiporra”.
La Retórica de Cachiporra: elementos para una dramaturgia del desdoblamiento.
Los rasgos de síntesis en el argumento, en la acción escénica y en la escenografía o elementos escénicos, constituyen el punto de partida de la Retórica de Cachiporra. Punto de partida pero no de llegada. Pues aquí se cumple la ley del viajero, que dice que quién regresa de un viaje, ya no es el mismo que era al salir.
El elemento simplificador y esquematizante es una base indispensable para podernos manejar con un mínimo de claridad por los terrenos que vamos a indagar. Pero cuidado, el modo de simplificar de los títeres no radica en la reducción y el empobrecimiento (aunque a veces sí), sino en llegar a la “quintaesencia” de las cosas, buscando el meollo arquetípico en unos casos, o la abstracción esencial en otros. Salimos pues de lo concreto y sus extravagancias, y nos adentramos en la distancia de lo abstracto. Es aquí, en este terreno, dónde nos sentimos cómodos y dónde es posible empezar a trabajar.
Pero cuando hablamos de “quintaesencia” o de “abstracciones esenciales” cualquiera podría pensar que estamos postulando categorías jerárquicas de absoluto, y no sin razón, al ser tan tramposas estas palabras. “En absoluto” no, habría que enfatizar para dejar las cosas claras. Lo malo es que estamos tan poco acostumbrados a hablar en abstracto, que cuando se hace, todo se confunde con lo religioso y la metafísica. Los matemáticos lo tienen más fácil, aunque luego ellos sean los primeros en caer en el barrizal de las palabras concretas, sin saberse manejar con ellas. ¿Acaso no es posible hablar en abstracto usando palabras normales, que trasladamos al piso de la abstracción, sin por ello dejar de estar de pies al suelo? Es posible, pero no es fácil, tan contaminados estamos de psicología y sociología barata de las relaciones.
Los titiriteros lo tenemos más fácil, acostumbrados a estar en dos sitios a la vez: a) en la pura realidad de un oficio discreto y oculto, y más bien duro, y b) en la abstracción de unos personajes reductivos y absurdos que no tienen nada de concreto ni de psicológico (son arquetipos que van directamente a lo suyo, sin dudas al respecto, sin los vaivenes de las neurosis humanas) y que consiguen enerdecer al público con sus “sandeces quintaesenciales”... Bueno, claro que aquí también se cumple la ley de los oficios y el principio que dice que “en casa del herrero cuchillo de palo”, etc.
Lo dicho significa lo siguiente: cualquier palabra tiene su doble abstracto, por muy concreta que sea. Entramos ya por fin en materia: postulamos aquí una metafísica de bolsillo, dual y anclada al suelo, pero que es la herramienta básica con la que trabajar. Afirmamos pues una dualidad de base, un desdoblamiento constante, que se extiende “en horizontal” sobre la superficie del mundo (hasta ahora, los desdoblamientos se hacían en vertical, según jerarquías y caminos trazados de mucha estrechez, sólo para iniciados), algo que subvierte los sistemas antiguos. He aquí la diferencia: antes, para entrar en “procesos desdoblatorios”, había que pisar suelo sagrado y el oficiante debía ser alguien autorizado, con poderes, un sacerdote o un rey coronado por la Autoridad. El desdoblamiento se hacía pasando por un túnel o pozo estrecho e incómodo, lleno de pelos y púas, que conectaba el mundo de lo real y concreto con el mundo del más allá, colonizado éste por los poderes y castas sacerdotales, los cuales oficiaban el desdoblamiento en los templos, iglesias y vaticanos (siempre tan llenos de conductos ocultos y secretos, con sus criptas y sus tumbas malolientes), de modo que lo concreto y banal quedaba fuera del cualquier posibilidad desdoblatoria.
Hoy en día, esto ha cambiado, cualquier sitio es bueno para el desdoblamiento, por una simple y única razón: cualquier sitio como cualquier cosa es doble por necesidad. Por lo tanto, el desdoblaje es inmediato, no requiere iniciaciones de ningún tipo, está aquí, al alcance de cualquiera. Parece una tontería, pero la gente no acaba de creérselo, y aunque se intuye, la verdad es que se sigue pensando en los sistemas jerárquicos que centralizan el proceso para el beneficio de sus propietarios.
He aquí el nuevo paisaje: horizontalidades abiertas y democráticas que llenan la superficie entera del planeta, dónde cada punto y cada elemento tiene su “otro”, su dimensión doble, su proyección abstracta. La verticalidad demencial de antes, con sus chimeneas únicas comunicando lo de abajo con las inmensidades de lo de arriba, se ha desplomado. Los globos metafísicos que crecían hinchados en los extremos de esas chimeneas se han reventado, y su sustancia se esparce por los suelos terráqueos. Lo sacro, al caer y mezclarse con los lodos de la tierra, se ha hecho laico y profano, y las profundidades místicas que los antiguos encontraban metiéndose por los estrechos conductos de las chimeneas comunicantes, también se han aplanado y superficializado, pues ahora están al alcance de cualquiera, con dosis pequeñas, lo que produce menos aspavientos. Por doquier se levantan pequeñas alturas de los interesados particulares en construir sus propios andamios de proyección y abstracción. La superficie democrática se llena de pinchos y globitos que ilustran este inquietarse individual. Pequeños retablos sin público dónde cada uno juega con sus títeres mentales.
Imagen que enlaza con la antigua de los retablos del titiritero yendo de un lugar a otro para actuar en las plazas de los pueblos y de las ciudades, los cuales, vistos desde esta perspectiva, no eran más que pequeños y humildes templos laicos, gamberros y ambulantes, dónde se oficiaba el desdoblamiento, subvirtiendo el orden e indicando a los ciudadanos que cualquiera podía tener su propio templete y proyectarse en sus títeres o en los dobles que les diera la gana.
No es extraño que la presencia de estos humildes teatrillos haya inspirado profundamente a tantos creadores literarios, como los ya mencionados Valle-Inclán, García Lorca y Javier Vilafañe, o el clásico ejemplo de Goethe, quién vio nacer el embrión de lo que sería su obra magna y que le ocuparía toda la vida, el Fausto, en una humilde representación pueblerina de marionetas. El ejemplo demiurgo de aquellos oficiantes escondidos, capaces de crear y dar vida a mundos y a seres distintos e imposibles, desde la libertad, la sencillez y la humildad de sus títeres, prendía como un fuego en aquellos espíritus anhelantes, ansiosos de crer ellos mismos sus propios mundos y realidades. Así lo hizo Goethe, desdoblándose en Fausto y desdoblando luego a éste en Mefistófeles, para construir a su alrededor un mundo de imágenes, personajes, escenografías e interrogaciones que resumen toda una época y sus asuntos más candentes. A Valle-Inclán, el retablo del Bululú le dio la perspectiva de distanciamiento que buscaba para expresar su percepción de las cosas: el Esperpento, versión literaria de la Retórica de Cachiporra.
En la imagen simbólica anteriormente expuesta, la democratización del oficio titiritesco del desdoblamiento es sólo un punto de partida. En esos espacios de horizontalidad desdoblatoria surgen con libertad las dualidades, las cuales despliegan sus contradicciones y las paradojas resultantes. La chispa de estos contrastes activa la mecánica interseccionista, para que surja de ella el Tres, lo nuevo, la Obra, el Repertorio. El suelo se hincha con estas creaciones particulares, y el globo de lo metafísico que antes flotaba perdido aunque bien amarrado en los cielos, ahora cubre como un manto de niebla creadora el planeta entero. Su espesor es muy fino, pues todavía somos humildes aunque emprendedores titiriteros autodidactas, pero es de esperar que con el tiempo el manto crezca y se hinche, ensanchando los mundos simbólicos en los que cada uno, individual y libremente, pueda vivir la dualidad.
La verticalidad, antes privada i única, se democratiza y se expande en la horizontalidad, preñándose ambas mutuamente, la horizontalidad con la verticalidad: la relación de lo concreto, de lo lateral, con la relación de abstracto, de lo que se deja subir y bajar. Ambas dimensiones con sus leyes propias, sus sistemas particulares de nutrición, sus engranajes y sus proyecciones.
La chispa interseccionista que surje en el seno de la dualidad, de la paradoja, del desdoblamiento, produce el tres, el nuevo plano intersección, el Otro ajeno y nuevo, el heterónimo de Fernando Pessoa, la creación de un sujeto otro, etc. Este poeta portugués fue pionero en estas dinámicas alquímicas de la creación y la generación. Tanto su vida como sus textos (los propios y los de sus otros yos) exponen a la perfección las llaves para una retórica del desdoblamiento. El poema Chuva Obliqua, publicado por la revista Orpheu (nº2), es casi un manual de interseccionismo (no en vano su autor lo llamó “poema interseccionista”). Tampoco es nada casual que fuera escrito minutos antes de que surgiera por primera vez la voz con los versos de Alberto Caeiro, O Mestre, el heterónimo del que tanto Pessoa como sus otros heterónimos se consideraban discípulos. Es cómo si Chuva Obliqua hubiera desvelado en la conciencia del poeta el proceso interseccionista, dejando las puertas abiertas y los engranajes a punto para que de la intersección entre el poeta y sus textos, surgiera por fin la voz nueva, esclarecedora y esperada de Alberto Caeiro, su Maestro. Paradojas de la dualidad...
Apuntes aún rudimentarios y provisionales para una “dramaturgia del desdoblamiento”.
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