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lunes, octubre 14, 2013

Cronos y Plutón, cambio y destrucción

Plutón, de Agostino Carracci.
Pensaba el otro día cómo la actualidad nos tiene cogidos por el pescuezo, obligándonos a pisar realidades que nos llegan impuestas y de las que parece que no hay escapatoria alguna. Sensaciones que producen desazón y que incitan a replantear no pocas cosas. Por ello, cuando el otro día decidí acercarme a la playa para visitar a mis amigos los futurólogos, lo primero que les solté fue preguntarles cómo veían el momento actual. Y al acto contestó Bastides:  

- Los Tiempos, Rumbau, los Tiempos son los que mandan, ahora y siempre, pero hoy más que ayer.

Vaya, pensé, lo he pescado en un buen día. El adivino de la Barceloneta está últimamente más inspirado y hablador que nunca, lo que quizás indique que se halla atravesando una buena veta de futuro, según su propia terminología, mientras que Mercadal, que trabaja con la Astrología, se muestra más taciturno y apagado, como si no le gustara demasiado lo que muestran las estrellas. Le pregunto a qué tiempos se refiere.

- Permíteme que descarte primero el tiempo de los relojes. Lo hemos dicho muchas veces, el tiempo de las horas, los minutos y los segundos gobierna el engranaje de las cosas y marca nuestras vidas, pero no es el nuestro, quiero decir, no es el que nos interesa.  Sí, es el tiempo del trabajo, de la televisión, de los viajes en tren o en avión, pero poco más hay que decir de él.

- Un tiempo cada día más omnipresente, decisivo y “profundo” –apunto yo-, todo hay que decirlo, Bastides, y en un sentido casi literal de la palabra, pues el uso que los especuladores financieros hacen de los minutos y de los segundos, por no decir ya de los micro y de los nanosegundos, no sólo estira el tiempo hacia adentro, sino que produce descalabros financieros y la ruina de países y sociedades enteras.

- Tienes toda la razón del mundo, Rumbau, pero a mí, me interesan los otros tiempos, esos que van a su aire. Si el primero de los tiempos abusa de nuestras limitaciones, esos otros nos desbordan y nos confunden, y por eso me atraen.

- Francamente, no sé a qué tiempos te refieres….

- A los bandazos de Cronos. Yo los llamo así. Aunque en realidad Cronos lo único que hace es dejar en libertad a todos los tiempos. Fíjate que cuando Zeus venció a su padre el Titán, lo encerró en el Tártaro, que es como decir que puso a Cronos y a sus huestes en un saco, pues eran muchas las fuerzas que gobernaba el viejo dios. Zeus cuidó de los humanos largo tiempo, hasta que los viejos dioses amigos de la Humanidad se durmieron y se olvidaron de sus protegidos. Gea, la arrugada Tierra, indignada de ver cómo los humanos se alzaban en el vacío dejado por los dioses, bajó al Hades, despertó a Plutón y abrió el saco donde Cronos dormía encorvado. Así irrumpió la cólera del Titán sobre la Tierra y con él las furias que le acompañan. Una tempestad de Tiempos feroces asola desde entonces la tierra. Y nosotros somos sus víctimas más evidentes.

Tiempos. Imagen de Bnei Baruch. Copyright ©1996-2013
Me encantó aquel relato de dioses y furias en desbandada, como si fuera un cuento al que Bastides daba mucho significado.

- Todo eso te sonará a cuento chino, y lo es en cierto modo, pero explica muy bien la situación actual. Fíjate que cuando los dioses amigos gobernaban la Tierra, todo tenía un orden, es decir, un tiempo. Las culturas de los pueblos vivían en tiempos cerrados, con los ritmos y las secuencias muy bien marcados por los ritos y las tradiciones. Pero al relajarse las religiones e imponerse el mundo de la razón y de la ciencia, los humanos abandonamos los cuentos colectivos y establecimos un tiempo nuevo, el considerado como propio, que marcamos con el reloj. Desde entonces, la civilización humana vive sometida al reloj, al nuevo tiempo de la mecánica. Y en nuestro delirio de grandeza, creemos gobernar con él al mundo.

- Y en esas estamos…

- Sí, pero no. Aun no hemos comprendido que Cronos ha despertado y que al abrir su saco, ha liberado a todas las furias que están con él y que representan a todos los tiempos del universo. Acuden en tropel y el caos está servido. ¡Llegan tiempos de destrucción, Rumbau, no te quepa la menor duda!

Me extraña esta afirmación, cuando mis amigos suelen ser siempre optimistas respecto al futuro. Se lo digo y Mercadal, hasta ahora callado y pensativo, interviene en la conversación:

- Sé lo que estás pensando y sé que te extrañan las palabras de Bastides. Pero las entenderás cuando te muestre que sus visiones se ajustan a la pura realidad. ¿Acaso no vivimos una época de fragmentación y de conflicto constante, en la que las partes, antes unidas en conjuntos más grandes, disputan al todo el derecho a ser libres y autónomos, a marcar sus propios tiempos y ritmos? La pretensión de imponer a las partes tiempos únicos, según intereses parciales, ha perdido fuerza y se ha convertido en un delirio del que los poderes son víctimas. Y ya sabes cómo acaban los delirios. La fragmentación de las partes es también un delirio, pero que va en la dirección correcta marcada por Cronos. Este dios gusta de la libertad ácrata y soberana de los múltiples tiempos. Aunque debo decir que mi manera de ver las cosas es algo diferente a la de Bastides.

Nos paramos para dejar pasar a un patín del Club Natación Barcelona, que iba rezagado respecto a los demás que ya habían partido hacía rato, el cual salió disparado surcando las olas del mar.
Bastides, intrigado por las palabras de su amigo, se detuvo un largo rato escuchando lo que le decía Mercadal:

Hades y el Can Cerbero.
- Tú hablas de Cronos, y entiendo perfectamente tus palabras. E incluso te digo que comparto al cien por cien lo que dices. Pero ya sabes que los astrólogos hablamos de Saturno, el tiempo de los romanos, y que es el nombre de uno de los planetas más antiguos del Sistema Solar. Para nosotros, Saturno es el planeta de los impedimentos, de la lentitud, muy diferente a la significación que tiene Cronos para ti, más referido al tiempo desbocado de los Titanes. ¿Significa  eso que estamos hablando de dos dioses, o acaso de dos planetas diferentes? Podría ser. Pero también hay otra explicación: el Saturno romano de la vieja Astrología es el Titán encerrado en el Tártaro por Zeus, y de ahí que simbolice lo impedido, lo maniatado y lo que no avanza. Mientras que el Saturno de hoy, según la nueva mitología de la que estamos hablando, sería un Saturno liberado que acogería el significado más real del tiempo creativo, es decir, del que cambia las cosas. La emergencia y la visibilidad del despiadado Plutón, el invisible hijo de Saturno, significa la primera abertura del Tártaro, pues bien sabido es que tenía su reino en este lugar oscuro y maloliente, donde Zeus encerró a sus enemigos. Plutón abrió el camino a la transformación de Saturno. Éste, al salir en pos de su hijo, desplegó su gran potencialidad destructiva y creadora. Destruir y crear, ¿no es eso lo que hace el tiempo? Padre e hijo se pusieron a la labor. Lo que cambia no pocos significados de la vieja interpretación astrológica, desde luego…

Y se quedó callado y pensativo Mercadal, como si hubiera entrado en terrenos inhabitados en los que se sentía inseguro.

- Has dado en el clavo, Mercadal. Si los tiempos cambian, ¡cómo no va a cambiar el mismo Tiempo, que es sinónimo de cambio! Ya sabes que no sé nada de Astrología, pero tus palabras me suenan muy sensatas.

Escuchar a aquellos dos viejos hablando de mitología como si estuvieran hablando de personajes reales a los que veían cada día, me llenó de admiración. Decidí terciar a ver si sacaba algo en claro.

- Pero bueno, todo este asunto del tiempo y de los dioses en qué se traduce, según vosotros, a la realidad del día a día…

- ¡Son las noticias del periódico, Rumbau! ¿Has visto la manifestación de los que se sienten también españoles además de catalanes? Han llenado la Plaza de Cataluña, eso es verdad, pero se han quedado a mucha distancia del despliegue  colectivo independentista del último 11 de septiembre.

- ¿Y eso qué tiene que ver con el tiempo?

Arco de Triunfo de Barcelona. Foto de
Josep Renalias (Wikipedia)
- La pulsión fragmentadora está representada, hoy y aquí, por el independentismo. El tiempo español ya no interesa ni seduce a los catalanes. Esos se han inventado un tiempo nuevo, diferente, ni mejor ni peor, simplemente distinto, y lo han llamado Independencia. La rutina española, con la excusa de los agravios, de la economía y de la historia, se ha hecho vieja y antipática para ellos. Los catalanes se han inventado un tiempo propio del que quieren ser soberanos, y cuando una idea de este tipo entra en la mente de los individuos, es muy difícil cambiarla. ¿Por qué lo han hecho? Pues seguramente porque tocaba hacerlo o porque estaban hartos del otro tiempo. ¿Acaso han oído en sus sueños los clarines de Cronos y los ímpetus de Plutón, y acuden a su llamada? Podría ser. Los pueblos despiertos y con ganas de cambio son los más sensibles a estos redobles del Titán. Todos se escandalizan: el poder de la vieja España y los poderes de la vieja Europa. Pero cuando los clarines suenan, todo salta por los aires. Fíjate que el anarquismo cuajó en Cataluña, una tierra que siempre ha gustado de ser muy soberana, sobretodo sus individuos aisladamente. Mira a Gaudí: tan loco y singular que no sólo está considerado un genio, sino que se ha convertido en la principal industria de Barcelona!

- ¡Caramba, Bastides, me has dejado de piedra!

- ¡Pero cuidado! Los catalanes se han metido en una situación tal de cambio y de novedad, que sólo a través de una poderosa inventiva podrán salir adelante. Lo viejo ya no sirve para quién se adentra hacia lo desconocido, a no ser que quiera descarrilar. La única manera de inventarse un Tiempo nuevo, que es en definitiva lo que pretenden, es crearlo de verdad, es decir, inventar formas nuevas en los temas de la organización, de la convivencia y de la representación política. Están obligados a ello, y si no lo hacen, la aventura no dará fruto alguno. He aquí el reto en el que se han metido.

- Muy alto pones el listón, Bastides…

Saturno
- Lo es. Pero los retos están para eso, para enfrentarse a ellos. Nosotros ya hemos marcado algunas pautas, como las ideas neomonárquicas o el regreso de la Corrida de Toros, muy catalanizada, eso sí, algo de trascendental importancia en un futuro próximo. Pero hay que dar tiempo al tiempo para que las cosas cuajen y sucedan. Nunca las prisas han sido buenas, aunque el nuevo tiempo catalán parece que tiene mucha, de prisa. Pero lo que sí puedo garantizarte, es que las sorpresas están garantizadas.

- No sé si todo el mundo lo ve tan claro. El embrollo es considerable y las posiciones muy encontradas. Yo lo veo muy complicado…

- Mira, poco importa eso. Si alguien me pregunta: ¿es todo eso bueno o malo?, yo le diría que ni lo uno ni lo otro. Cuando las fuerzas que se desatan pertenecen a estas dimensiones que escapan de las personas individuales, no hay nada que decir, simplemente contemplar y admirar el desarrollo de la historia. De todas formas, aquí vivimos en una balsa de aceite. Fíjate en Siria: ¡allí sí que están desatadas las furias de Plutón y de Cronos al cien por cien! Mientras aquí parece que las cosas se encarrilan hacia lo creativo, allí la destrucción está servida. El todo sostenido por el dictador Assad ha saltado por los aires. Y los intereses cruzados se han apoderado de la región, utilizando los fragmentos y las partes según sus conveniencias, unos contra otros. Parece una diana marcada por varias cruces que indican hacia donde disparar: la religiosa con el choque entre sunitas y chiitas, las regionales entre los conglomerados Irán-Siria-Líbano-Irak y Arabia-Israel- EEUU-Turquía… Todas las pendencias se juntan para que las partes divididas se enfrenten entre sí. Cambio y destrucción. Cronos y Plutón. ¿Quieres más ejemplos? Cada país tiene los suyos, y hoy la lucha de las partes con los todos es una regla tan general como inevitable.

- Y vosotros, que os centráis en el futuro, ¿sabéis donde está la solución?

- ¿Qué solución quieres que haya? Deja a los tiempos hacer su labor. Nosotros a lo máximo que podemos aspirar es a postular etapas. Y parece evidente que una de las visiones a la que tarde o temprano se llegará, es la perspectiva planetaria. Cuando el Todo es todo el planeta: podemos fragmentarlo lo que queramos, pero los intereses de este Todo ya no son parciales sino los de todos. Acaso el día que haya colonias en Marte o en la Luna, podamos hablar de otros Todos e intereses otros, pero desde luego las perspectivas serán muy diferentes. Fíjate que las épocas más largas de paz siempre han sido bajo los imperios. Porque eran Todos que garantizaban, en mayor o menor grado, la salvaguarda de la variedad del conjunto. Europa ya funciona de algún modo así, y por eso los catalanes buscan su amparo. Respecto al Todo planetario, sería como un imperio del planeta. ¿Significa eso que se habrán acabado las peleas? En absoluto, pues las partes siempre serán díscolas y querrán ser más grandes unas que las otras, pero al menos los poderes deberán estar repartidos desde una perspectiva de intereses globales en relación con los particulares. Pero esta utopía difícilmente será realizable. El conflicto está en el ADN de nuestro planeta, Rumbau. A no ser que entremos en los detalles…

- Tienes mucha razón en lo que dices, Bastides –interviene de pronto Mercadal muy excitado-, lo nuestro es el detalle, ¡sí señor! Las generalidades están muy bien y sirven a veces de referencia, pero es en el detalle donde están los datos importantes del futuro. Y es aquí a donde debemos ir. Hay muchos puntos a discernir en estos planteamientos, por ejemplo los de la organización política. Aquí debemos ser estrictos: sólo una poderosa inventiva puede hacer evolucionar las cosas con un mínimo de éxito.  Ya lo dijo antes Bastides en el caso catalán. Quién quiera cabalgar los Tiempos, deberá crear con ellos, tal sería el lema de nuestra época. Y para ello, lo que importan son los detalles, Rumbau, las personas y los detalles…

Los dejo convencido de que sus delirios mitológicos de futuro contienen más verdad que muchas de las voces que pretenden explicarnos el presente…

lunes, agosto 05, 2013

¿Se van de vacaciones los futurólogos?




Comprendo perfectamente que a más de algún lector le sorprenda el título que encabeza esta entrada. También yo lo encuentro caprichoso e incluso anodino, pues ¿a quién le importa que unos supuestos futurólogos se vayan o no de vacaciones? A nadie, desde luego. Pero si me he atrevido a ponerlo, es porque así me lo pide la larga charla que ayer tuve con mis amigos, los dos futurólogos de la playa, cuando les alcancé para tratar de nuestros temas habituales.

Fue un día magnífico, de sol espléndido y con un mar de los que Mercadal califica de "Costa Brava", transparente e insólitamente limpio de residuos, algo que suele ocurrir cada vez menos en pleno agosto, cuando el viento que aquí llamamos de "garbí" agasaja generosamente a los bañistas. En estos días especiales, solemos bañarnos más de lo habitual, pues sabemos bien que estos azares de la climatología son un regalo de los que nuestro estimadísimo Mar Mediterráneo cada vez es más tacaño.

Cuando nos encontramos, y tras los saludos habituales, les pregunté -sólo por cortesía, pues bien sabía la respuesta- si se iban de vacaciones.

- Por supuesto -me contestó muy solícito Bastides, lo que me sorprendió no sólo porque nunca los he visto irse de vacaciones sino porque al ser más bien parco en palabras, suele ser su amigo Mercadal quien responde el primero a mis preguntas-, por supuesto que nos tomamos vacaciones, pero ¡cuidado!, no lo vayas a entender mal, nuestras vacaciones o más bien diría yo, mis vacaciones -y lo dijo con una mirada de respeto a su amigo astrólogo, al que no quería incluir en ningún "nosotros" que pudiera ofenderle- no tienen nada que ver con esta idea de no hacer nada y de cambiar de hábitos, todo lo contrario, mis vacaciones consisten en seguir haciendo lo mismo de cada día, sin la menor alteración, paseando por la playa y dejando caer las interrogaciones en la línea del horizonte, pues ¿qué sentido tendría dejar de hacerlo? Para mí, ninguno.

- Ni para mí, Rumbau -añadió Mercadal, muy atento a las palabras de su amigo zapatero. Comprendí que su afirmación tenía más de cortesía que de verdadero convencimiento, y se le notaba que ardía en deseos de saber por dónde acabarían los razonamientos de Bastides.

- Pero bueno, ¿de qué tipo son entonces tus vacaciones? -le pregunto muy divertido ante el derrotero de su respuesta.

- Fíjate que si el Futuro es mi mayor preocupación, mal haría yo en despreocuparme del mismo, ni que sea por un día. No, Rumbau. Pero ¿significa eso que no paramos? En absoluto. En estos días de tanto calor nos tomamos ciertas licencias vacacionales en un detalle aparentemente nimio, pero para mí muy importante: ese apremio de la presión diaria del acontecer es detenido por la atención, que de pronto se vuelve entre perezosa e indiferente. Quiero decir: las visiones vienen, pues mal haría en no dejarlas venir, pero llegan y son recibidas sin entusiasmo aparente, con actitud vacacional, es decir, con una cierta desidia o llámalo indiferencia si quieres. Lo que me permite detener si no la óptica, sí las mecánicas reflexivas, las cuales se toman en efecto unas merecidas vacaciones. Ese relajo puede llegar a durar meses, fíjate si se alarga mi período vacacional, sin que importe que los aconteceres se sucedan con frenesí desmedido, da igual, lo que suele suceder, como si los acontecimientos esperaran mi indolencia para precipitarse en la locura del día a día, pero yo sigo con mi óptica relajada, dejando pasar al tiempo de las prisas, hasta que el mío, me refiero al tiempo mío, se cansa de no hacer nada y de vacacionarse, y decide sumarse a la marcha del que pasa por la calle, lo que de inmediato se traduce en un raudo encendido de motores.

- ¡Admirativo al cien por cien!`-exclamó Mercadal, atónito y maravillado por las explicaciones tan sutiles de su amigo.- Me sumo a tu perspectiva, aunque debo decir que al proceder mis visiones de una realidad de dos dimensiones, pues las cartas astrales que uso para mis interpretaciones son planas, varía también la dimensión temporal de las mismas, de modo que lo que para ti son vacaciones de atención lenta, para mí lo son al revés, de atención desmesurada, pues bien sabido es que la disminución de las dimensiones visuales aumenta la imaginación que provoca en nuestra mente, para así remediar la carencia. Dicho en otras palabras, la actitud vacacional en la práctica astrológica no hace más que multiplicar la imaginación visionaria, como si la atención esperara estos momentos de silencio y de descanso para aumentar el volumen y la amplitud de sus visiones. ¿No es eso increíble?

- ¡Lo es, Mercadal, lo es, y por eso podemos decir al cien por cien que ambos nos vamos de vacaciones cuando llega agosto, aunque sea para hacer más de lo mismo, tú en un sentido aumentativo y yo disminuido, lo que se traduce en una compensación  y en unos resultados a veces bien paradójicos, pues bien sabido es que la intensidad visionaria, por muy buena que sea, nubla la claridad de las imágenes, mientras que en una situación de lentitud receptiva, se suple la carencia con la claridad, con lo que en el fondo nada cambia. ¿No es esto extraordinario?

Realmente, estaba admirado de cómo aquellos dos viejos le estaban dando la vuelta a mi pregunta, sin saber a ciencia cierta si en el fondo no se estarían divirtiendo a mi costa. Pero no era éste el talante de mis amigos, educados y solícitos "al cien por cien", como ellos mismos dirían. No, simplemente mi pregunta les había despertado una interrogación a la que gustosos se habían entregado, dando con respuestas a cuál más curiosa y bizantina.

- Las vacaciones, Rumbau, son importantes, qué duda cabe, incluso diría mucho, pero para las personas que trabajamos en cosas propias, quiero decir, en cosas que no nos son ajenas, el detenimiento de la actividad se traduce en una disminución del ruido ambiental, como si bajara el tráfico de la ciudad, como en efecto ocurre, lo que en mi caso permite bajar el ajetreo visionario y así gozar de una óptica mucho más refinada, de una nitidez escalofriante, y, en el caso de Mercadal, al revés, aumentar este ajetreo hasta cotas que jamás alcanzarían las dos dimensiones de los planos astrales bajo el acopio de la polución pluridimensional de las épocas no vacacionales. Nuestras vacaciones se comportan al modo de la naturaleza más elemental, cual es la parasitación de las demás vacaciones, pues así es como actuamos, del mismo modo que los camareros y los empleados de los hoteles se suben a lomos del turismo, para hacer ellos su propia temporada vacacional a base de trabajar, para luego invertir los turnos y dejar de hacerlo al llegar la época del paro estacional. ¿Lo entiendes?

- ¡De cajón, Bastides, de cajón! -exclamó Mercadal, asombrado de los arranques de su amigo, normalmente parco en palabras.- Se nota que estás de vacaciones y que gozas de una visión clara y limpia, como el día de hoy que nos regala con este mar tan transparente, y te doy la razón en todo aunque en mi caso suceda al revés, y la intensidad de mis visiones me esté dejando casi sin habla...

Desconcertado con sus palabras, me quedé yo también sin saber qué decir, como parecía haberle ocurrido al doctor astrólogo, aquejado por lo que él llamaba el "asalto imaginativo" de las dos dimensiones. Pensé entonces si acaso no vivíamos todos inmersos en un mundo de tres dimensiones reducidas a dos, viendo la realidad en un plano, motivo por el que nos pasamos el día delirando e inventando lo que vemos, metidos en trabajos que nos son ajenos y por ello mismo perdidos en un galimatías de puntos, rectas y círculos del que no entendemos nada. Mientras que si viéramos la realidad con sus tres dimensiones, quizás gozáramos de más tranquilidad y nitidez, lo que nos abriría los horizontes de otras dimensiones ocultas y aun más ricas, y de las que quizás fuéramos más dueños...

Me alejé de la playa más pensativo que nunca y con ganas de volver a encontrarme con estos dos tan entrañables como delirantes amigos.

martes, enero 29, 2013

El día a día de los enigmas del Tiempo



En estos días en los que la llamada “actualidad” hierve como una olla a presión, bien activada por los periódicos, las televisiones y una realidad de signo agorero, constato alarmado como la cifra de parados no cesa de crecer y como el nivel de tráfico rodado urbano cada vez nos remite más a las noches de los años sesenta. Algunos periodistas hablan de inminente estallido social, aunque la verdad es que en parte alguna se ven indicios de ella. Como suelo hacer cuando los interrogantes se acumulan en demasía, acudo a la playa para charlar con mis amigos futurólogos. Los encuentro animados y con muy buen aspecto, como si sus raciones diarias de crisis y actualidad con las que se desayunan con los periódicos fueran el mejor de los sustentos.

- Os veo muy animados. ¿Acaso tenéis buenas noticias del futuro?

Se ríen de mi broma, pero educados y sensibles como son, me responden al acto con ganas:

- Mira, Rumbau, las cosas están que hierven, eso lo sabemos todos, pero pensar el futuro como hacemos nosotros, aunque no siempre sea halagüeño, es algo que nos llena de satisfacción. ¿Y sabes por qué? Pues porque al proponer nuestras soluciones, que son las que vemos llegar del futuro, nos sentimos partícipes del mismo, y nada hay de más gratificante que acompañar el devenir del mundo y de la historia. Y fíjate que aunque haya errores y fallos monumentales, pues es obvio que no podemos acertar en todo, ello no impide que propongamos nuestras visiones, que quizás yerren en unos aspectos y detalles, pero que seguro aciertan en otros. Es como si viviéramos subidos al tiempo, ese tiempo que ahora corre acelerado para imponer sus nuevas realidades, pues ya sabes que el tiempo que ahora se ha puesto en marcha es de los de tipo “creativo”, a diferencia de otras épocas en las que los tiempos eran más perezosos y repetitivos, lo que daba esta sensación a los mortales de estar mecidos siempre por los mismos vaivenes de la historia. Hoy no, es un  tiempo de “si te he visto no me acuerdo”, lo que nos obliga a estar muy atentos.

- ¿Y qué queréis decir con esto de “tiempo creativo”?

El que habla y responde es Mercadal, el médico jubilado y astrólogo de afición, quién gusta teorizar sobre futurología, lo que siempre provoca largos silencios a su colega Bastides, que suelen acabar en súbitas visiones, como si las abstracciones rimbombantes del doctor le empujaran a los abismos donde se esconde el futuro.

- El tiempo es creativo por definición y por necesidad. Pero lo curioso del caso es que los tiempos cambian y adquieren distintas cualidades según lo observamos de una manera u de otra. Fíjate que esto ya lo anticipó Einstein cuando dijo que el tiempo era relativo al punto de observación. El punto de vista que nos ofrecían las culturas antiguas era bastante estable, a causa de la misma estabilidad en la manera de concebir el mundo y en cómo los poderes se asentaban en apelaciones divinas. Hoy nuestras culturas urbanas viven procesos de cambio acelerados a causa de la complejidad caótica que las aqueja, de imprevisibles comportamientos, a los que debemos sumar todas las imprevisiones que se superponen concernientes al deterioro medioambiental, a los cambios climáticos, a las innovaciones tecnológicas, a las migraciones, etc. Nosotros lo único que hacemos es seguir a Einstein: nos colocamos en los puntos de observación acelerados de la Historia, es decir, en el mismísimo futuro que asoma en nuestras visiones. Podemos equivocarnos en las deducciones, pero no en la corrección de nuestros puntos de vista y observaciones. Dicho en otras palabras: al ponernos de lado del tiempo, aceptamos su valor creativo, lo que nos permite serlo al estar subidos a su lomo. Ya te digo, podemos equivocarnos, pero qué placer inventar el futuro sabiendo que lo hacemos al compás del tiempo, que quizás nos engañe, como suele hacer, pero que se lo inventa tanto como lo hacemos nosotros. ¿Lo comprendes?

La verdad es que me he perdido pero no se lo digo a Mercadal, para no desanimarlo y sacarle de su estado de inspiración.

- Entonces, si no he comprendido mal, ¿cada uno es libre de inventarse el futuro que quiera?

- Desde luego, sólo faltaría que no se pudiera. De hecho, es algo que está prohibidísimo, pues ¡ay de aquél que escape al rebaño!, se dice y se ha dicho siempre. Pero en realidad, jamás como hoy han podido los humanos inventarse el futuro según su propio placer.             Es cosa de pocos, eso es cierto, pero de “muchos pocos”, de modo que visto globalmente son un montón los que lo hacen. Por eso decimos que el tiempo corre acelerado que es un contento. Lo que pasa es que muchos inventan el futuro sin saberlo, atados a las cadenas de mando de los que sí lo saben. Es decir, suben al tiempo a lomos de una corporación, de una marca, de un estado o de una nación, como si el tiempo fuera un caballo al que se puede embridar y domar. Pero todo ello es un espejismo. No, Rumbau, el tiempo hoy sólo se deja cabalgar individualmente. Cualquier pretensión de engancharlo a una colectividad, a un fin común, a una caravana de locos innovadores, está condenada al fracaso. ¡Vaya uno, el Tiempo, para dejarse atrapar y conducir! Pero desde el simple individuo, sin pretensiones de globalidad alguna, entonces el Tiempo se convierte en un punto de vista y en una caja de herramientas para la creación.

Veo que Mercadal está hoy lanzado en sus elucubraciones, que gusta de oscurecer con soflamas paradójicas, lo que las hace tan incomprensibles. Pero aún así, disfruto de escucharlas, a pesar de que entienda menos de la mitad de lo que dice. Bastides, callado como un muerto, parece concentrado en sus más hondos pensamientos. 

- ¿Pero de qué le sirve al individuo “ser creativo” si luego el tiempo impone sus propias creaciones que afectan a la globalidad de los seres humanos, arrasando con las singularidades que se han atrevido a levantar cabeza?

- Rumbau, comprendo tu pregunta, y acepto que tienes toda la razón del mundo. Pero hay aquí unos misterios de difícil entendimiento que afectan a la Creación en mayúscula, es decir, a lo que verdaderamente debemos considerar como creativo. Y es lo siguiente: cuando hay Creación, cuando irrumpe de verdad lo nuevo, inmediatamente ocupa su lugar en el vacío del devenir, sumándose a las otras creaciones que hayan podido irrumpir en el mismo momento. Es decir, lo Nuevo es Nuevo porque está vivo, y al estar vivo acude al encuentro de lo que también está vivo, que es poco frecuente en los espacios del tiempo. Piensa que hablamos aquí de una vida distinta a la biológica, mucho más poderosa, pues es la que establece nuevos paisajes, condiciones y leyes. Por eso a veces una simple visión del futuro aparecida en el más humilde de los humanos pero dotada de una ingente carga potencial, gana por goleada a las visiones de menor peso y fuerza, por muy asentadas que éstas estén.

- Qué quieres decir que gana por goleada…

- Pues que lo que surge como más interesante por su profunda carga gravitatoria, substituye y se impone a la levedad de lo que simplemente se arrastra en su existencia. Pero debo decirte una cosa: la creación es hoy individual, y sólo entonces el Tiempo la hace real y operativa.

- Pero también pueden haber creaciones colectivas, creo yo. Las afirmaciones nacionales, por ejemplo, pueden considerarse impulsos creativos de nuevas realidades…

- Desde luego, hay grados diferentes de creatividad, y las afirmaciones colectivas tienen una fuerza todavía importante y operativa, pues por algo nos encontramos aún en fases que algunos llaman “pre-humanas”, propias de este largo Neolítico cuyo fin se estira desde hace siglos… Los asuntos del Poder Político tal como los entendemos dependen en un noventa y nueve por ciento de estos impulsos de lo tribal-colectivo, qué duda cabe. Y no hay que menospreciarlos. Es como el tema del fútbol: vale la pena distanciarse, pero si uno es del Barça, no hay distanciamientos que valgan…

Tengo que decir que tanto Mercadal como Bastides, además de grandes aficionados a los toros, son ambos del Barça, aunque suelen seguir los partidos por la radio o por la tele, a causa de sus escasos presupuestos de jubilados.

- También en los temas del Poder hay niveles y registros diferentes. Pero no voy a entrar en estos temas, muy difíciles, confusos y siniestros, sino que aquí estamos discutiendo sobre las visiones de futuro, que es lo que nos interesa. Visiones que son imágenes y realidades. Las imágenes hablan de realidades y las imponen. Y el futuro gana por goleada al presente cuando su peso es superior a éste. Creo que esto es obvio. Una cosa es lo que quieren los humanos, otra las mismas realidades, más sagaces y objetivas en su apreciación de probabilidad. Tampoco podemos darlo todo por hecho al cien por cien, por supuesto, pero sí existen unos grados de posibilismo histórico ciertamente altos. Y es en estos intersticios de lo posible, lo aconsejable y lo probable, donde intervenimos nosotros. Aunque insisto en que no hay que dar nada por hecho, y que es necesario saber y aceptar que andamos la mayor parte del tiempo a ciegas.

De pronto, Bastides, cuyos ojos hacía rato se habían clavado en la línea del horizonte, dijo en un arrebato de inspiración:

- ¡En verdad en verdad os digo que el futuro sólo existe en nuestras invenciones, que no son tales sino las visiones que tenemos de ellas, llegadas de un futuro que no existe! ¡De ahí su fuerza y pujanza, pues al llegar del vacío de no ser nada, nacen con la fuerza primigenia de lo nuevo, que rompe incluso lo que se arrastra con ganas de ser futuro!

Impresionados por las palabras de Bastides, nos callamos intentando entender su contenido. Finalmente Mercadal, tras ver que su amigo no tenía más que decir, exclamó:

- ¡De cajón, Bastides, de cajón! Lo que has dicho a la perfección: el misterio de nuestras visiones. Creo que la cosa ha quedado clara, Rumbau. Lo que explica que la lógica de la historia a veces se quede tan corta y que por lo general sea más bien un estorbo al futuro que llega. No lo dudes, el tiempo hoy vuela, y sólo volando con él podemos gozar de un punto de vista sólido y fiable.

Decido dejarlos, incapaz de seguir sus afirmaciones contradictorias que sin embargo consiguen fascinarme. ¿Tendrán razón estos dos viejos y el tiempo hoy se inventa el devenir a su antojo y capricho, como hacen ellos mismos cada día en sus paseos por la playa? Tiempo al tiempo, responderían ambos, tiempo al tiempo…