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domingo, abril 23, 2006

Día de Sant Jordi.


Hoy toca rosas y libros. Yo he comprado las rosas de rigor a los seres queridos del sexo opuesto. Y sólo un libro: el que vendía el diario El País con la edición de hoy: “Los Toros y las fiestas populares”. Una maravilla. Fotografías históricas en blanco y negro de la Fiesta, siguiendo un hilo diacrónico hasta nuestros días. Lo recomiendo a los aficionados y también a los no aficionados. Además sale barato. Al adquirir este libro, me sentí contento, aliviado, “¡uf, me dije, ni best-sellers ni libros mediáticos ni libros de alta calidad: hoy, día del libro, fiesta catalana por excelencia, pues se celebra al santo patrón de Cataluña, me compro un libro sobre toros!” Así defiendo y reivindico, en mi pequeño acto compratorio y sin mucho dispendio, a esa “otredad catalana” a la que tanto quiero y disfruto.

¡Visca Catalunya lliure i torera!

sábado, abril 22, 2006

LORCA AL PIANO. Suite Gitana de Enric Palomar.


Tuve ocasión anteayer (jueves 20) de asistir al estreno y única representación del concierto que, con el título arriba indicado, fue hecho en el Auditori de Barcelona. Estreno absoluto de una cantata sobre la obra de Lorca de tema bíblico titulada “Thamar y Amnon”, en la que Enric Palomar ponía cuatro voces de registro operístico, tres percusionistas, cuatro pianos y dos bailarines de flamenco. ¡Nada más y nada menos! Una sorpresa y una verdadera maravilla, que los asistentes tuvimos el gran lujo de disfrutar, sabiendo que era la única representación que se vería de la mismo. Se nota en esta cantata la experiencia de Palomar en el terreno de la ópera: las voces (María Hinojosa, Marta Valero, Xavier Martínez y Pablo López) se impusieron con fuerza y dramatismo sobre un conjunto instrumental muy bien combinado y de una eficacia tremenda puesta en manos del compositor catalán. El ritmo y las atmósferas sonoras de la obra imponían una constante tensión que en ningún momento te dejaba indiferente, atrapado uno al asiento siempre a punto de saltar, tal era la energía que salía del escenario. Los bailarines, con coreografía de Javier Latorre, se encajaron a la música como una segunda piel de la misma, desarrollando aspectos típicamente dramáticos de atracción y repulsión, como es propio asociar hoy en día a la música de flamenco. Pero ambos bailarines supieron estar a una gran altura, rompiendo con su gestualidad elegante los tópicos al uso.

Otro “cantar” fue la segunda parte, más flamenca y centrada en canciones muy conocidas de García Lorca. Un trabajo más de arreglo e instrumentación, para dos cantantes flamencos que al principio tuvieron que trabajar lo suyo para acoplarse a la maquinaria sonora de Palomar y su grupo de pianos y percusiones. Pero a la tercera canción, el engranaje empezó a funcionar y el recital alcanzó alturas de alto vuelo. Gran acierto los cuatro pianos: en ningún momento se echó en falta guitarra alguna. Y los percusionistas disfrutaron ellos e hicieron disfrutar al público.

Pero la guinda del concierto fue la sevillana que cerró la velada: bailada con gran maestría por lo dos bailarines (Pedro Córdoba y Eli Ayala), el arreglo instrumental que hizo Palomar fue realmente memorable. Huyendo de todos los tópicos, consiguió rizar el rizo de ejecutar una sevillana de una elegancia infinita, maravillosamente acompañada por los pianos y la percusión, algo asombroso y nunca visto.

Chapeau para Enric Palomar y felicitaciones también a Luís Cabrera y el Taller de Músics, impulsores del proyecto, siempre empeñados en dar voz a los mestizajes barceloneses desde su centro del Raval.

sábado, abril 15, 2006

Viernes Santo

Hoy toca celebrar la muerte de Cristo. Murió en la cruz, a las tres de la tarde, creo, y así nos lo recuerda la Iglesia Católica cada año por estas fechas, con procesiones y otras ceremonias de los curas. Antes eran más coloristas. En Barcelona se hacía una procesión muy grande, con participación de las autoridades, el Obispo, etc. Pasaba por el centro de la ciudad, con mucho fasto, caballos, soldados, pasos… Por las mañanas había Viva Crucis en las calles, con toques de trompeta, algún tambor, y mucho silencio, pues el tráfico estaba prohibido. Desde luego, aunque no fueras creyente, tenía su atractivo. Claro que muchos lo asociaban a la España negra, no sin razón. Luego, la Iglesia quiso modernizarse, retiraron las procesiones y los Via Crucis se hicieron interiores –yo creo que por pereza y comodismo. Menos en los lugares dónde la tradición pesaba más que los mandatos religiosos. Una tradición que se mide en fervor participativo y número de visitantes. El auge de la industria turística ha reforzado estas tradiciones en España, que gozan actualmente de una salud de hierro. Conocida es la importancia del tema en Andalucia, o en sitios como Calanda (una atracción mundial), etc.

En Barcelona ciudad, sólo quedan la Hermandad dedicada al Cristo y a la Macarena, en la Iglesia de Sant Agustí (en la plaza del mismo nombre, entrando por la calle Hospital, muy cerca de la Rambla), y la cofradía de la Virgen de las Angustias, en la iglesia de Sant Jaume (calle Fernando). Durante un tiempo, las autoridades locales intentaron acabar con estas reliquias que no encajaban con la imagen de catalanidad que han querido imponer en los últimos años. De momento, todavía no han podido acabar con los toros. Con las procesiones oficiales sí acabaron, pero desde hace ya bastantes años, las de las cofradías citadas no cesan de crecer y consolidarse.

Cómo es lógico, la Macarena es la más popular. Para festejarla, vienen de todos los barrios miles de andaluces que se amontonan en la calle para aplaudir y aclamar a la Virgen. Su figura es muy vistosa, con un manto larguísimo bordado de oro, y muchas velas encendidas a su alrededor. Para contentar a las autoridades y a modo de salvoconducto, ponen una pequeña Virgen de Montserrat en la parte delantera. Con este inteligente gancho simbólico, no hacen más que aumentar la entrega del público. Es curioso ver como alrededor de este culto se congregan todos los pobres del barrio sin excepción, como si un imán los atrajera cogiéndolos por el pescuezo. Los encuentras en la plaza de San Agustín, antes, durante y, sobretodo, al regreso de los pasos. A veces pueden incluso molestar a los mismos Macarenos, pues algunos de ellos, hartamente conocidos en el barrio, se empeñan en querer cantar saetas a la Virgen, interrumpiendo la procesión, para martirio de los porteadores, que conocen muy bien a esos pesados cantaores, pero que el público de los barrios acoge con silencioso arrebato, exigiendo silencio a todo el mundo. Situaciones así las he visto algunas veces y otorgan un tremendo valor añadido de alto patetismo a estas solemnes ceremonias.

Hoy han pasado por delante de mi casa como cada año, marcando el paso de los tambores, algunos con los pies descalzos, aunque ya quedan muy pocos con cadenas en los tobillos. Los tambores y la banda tocando marchas solemnes impresionan, sobretodo cuando pasan por la calle Hospital, estrecha y antigua, al salir de San Agustín. Esta iglesia es muy curiosa: su párroco, hombre nacido en el barrio, listo, buena persona y amigo de mi madre, lleva a cabo una política de relaciones públicas altamente eficaz. Tras darse cuenta de que las misas en catalán atraían a un público cada vez más exiguo de cuatro señoras mayores y algunos jóvenes devotos, no duda en combinar el castellano, acogiendo y mimando al sector de los “Macarenos”, es decir, a los andaluces y feligreses que sobretodo están interesados por el tema de la Macarena y la Semana Santa. Estos tienen un peso importante en la vida social de la iglesia: de los autóctonos, son los más numerosos. Luego están los sudamericanos, de Ecuador mayormente, personas de mucha devoción, que tienen sus propios capellanes, cánticos especiales, etc. Pero los que más llenan son los filipinos, con misas también dedicadas a ellos, canciones en su lengua vernácula, etc. No me extrañaría que cualquier día entraran los mahometanos, necesitados como están de lugares de culto. Creo que el párroco ya lo ha intentado, no para los rezos (no se lo permitirían) sino para otras cuestiones de tipo social, pero por lo visto con poco éxito. No entiendo porque siendo todos monoteístas no pueden compartir techo. Desde el punto de vista de los no creyentes, sería muy lógico y altamente edificante: a ver si rezando juntos dejan un día de competir y pelearse. Además, combinar las campanas con el canto del almuacín sería de los más atractivo, algo nunca visto, digno de admiración y capaz de atraer a mucho público. Y Barcelona, cada vez más saturada de turistas, necesita nuevos alicientes. Claro que siempre es mejor tener a los monoteísmos separados que juntos: el día que se les ocurra juntar sus energías e instituciones, los no creyentes ya podemos prepararnos. “Divide et vinces”, ya lo dijo julio César.

Los pasos que salen de las iglesias de San Agustín y de Sant Jaume se encuentran, ya pasadas las nueve de la noche, en la Plaza de la Catedral. Se viven allí momentos muy emocionantes, cuando las dos Vírgenes y el Cristo celebran su encuentro bailando al ritmo de las marchas solemnes de la banda. El público aplaude enfervorizado, y los porteadores se lucen sudando la camiseta. Lástima que el Arzobispo de Barcelona, aprovechando la gran asistencia y la espontánea devoción de los asistentes, se liara en un discurso proselitista de muy baja categoría, exigiendo a los presentes acudir a sus respectivas parroquias los domingo y días de guardar, según él para cumplir con los deseos de las dos vírgenes y del Cristo sufriente, con los que por lo visto mantiene un íntimo contacto. Los interpelados aplaudieron por cortesía, pero viendo sus caras comprobé que muy pocos le harían caso.

Me gustó mucho el esfuerzo de la Banda de Música Popular Sansense, que acompañaba a la Virgen de las Angustias: no paró nunca de tocar, y eso que sus componentes eran la mayoría señores ya de una cierta edad. Realmente, es una pena que a los barceloneses se nos castigue con la no presencia de bandas musicales. No entiendo como teniendo una Banda Municipal, ésta no desfila los domingos por las calles principales de la ciudad alegrando a la ciudadanía. Aunque la verdad es que una sería insuficiente: en una ciudad como Barcelona, ¡deberían haber tres, cuatro o cinco!... Cuando pienso en ello, me entran unas ganas locas de hacerme valenciano. ¡Allí sí que son sensibles a este tema! ¡Cómo si en Cataluña no existiera una larga tradición en esta materia! Pero por lo visto, ahora a nadie le interesa. Lástima...

Lo que más me impresionó fue el ritmo de los pasos, tan ajeno a las velocidades modernas, tambaleándose cual gigantescos monstruos arrastrados por un mar de cabezas. Alguien me dijo que en Sevilla parecen barcos navegando al vaivén de las olas de la muchedumbre. Aquí parecían las últimas tres barcas de un muelle pobre de pescadores, medio perdidas en las aguas revueltas del puerto. Maravillosa imagen. Por cierto, había bastantes familias ecuatorianas, lo que significa que se encuentran muy cómodas con estos festejos. En cambio, pocos filipinos. Tal vez les recuerden las ceremonias de los politeísmos hindús, propios de algunas islas de la zona, con sus procesiones de dioses yendo de un templo al otro. Comparación que no tiene nada de incorrecta, pues el barroquismo andaluz de los retablos portados en ombros seguramente es un último vestigio de viejas divinidades precristianas, mal desaparecidas en los extremos del imperio romano. Un tema, por supuesto, con abundante bibliografía a la que remitirse.

Bueno, he aquí un botón de muestra de lo que se masca estos días de Semana Santa en Barcelona.

viernes, abril 14, 2006

Día de playa

Hoy he ido a la playa. ¡Qué sol! Para pasar el día entero. En el club del que soy socio (el Club Natación Barcelona) había poca gente, otra gran ventaja de la Semana Santa, todos están de vacaciones. ¡Qué alivio! El mar era aún de invierno, con olas largas y algo de “llevant”, que es el viento que suele traer suciedad (el bueno se llama “garbí”, y cuando sopla, parece la Costa Brava, de limpia que está el agua…). Cómo suelo hacer cuando voy al Club, he dirigido mis pasos a la orilla dónde las olas rompen. La arena estaba planísima, pura alfombra, una caricia para los pies. La temperatura del agua, ligeramente fría, despertó mi euforia como es propio que ocurra, por simple reacción sanguínea.

Allí me he encontrado con Bastides y Mercadal, dos buenos amigos que viven uno en la Barceloneta y el otro en la calle Ampla, y que suelen pasear por la arena mojada cada día del año, haga frío o calor, sol o sombra. Es un placer acompañarlos y escuchar sus comentarios sobre los últimos acontecimientos locales e internacionales. Conozco desde hace años a estos dos señores –ambos juntos superan los ciento cincuenta años–, verdadera reliquia de los viejos tiempos. Creo que mi padre ya paseaba con ellos cuando aún frecuentaba el Club. Lo más divertido del caso es que son futurólogos, es decir, les gusta hablar del futuro –simples aficionados, ellos dicen. El uno es zapatero y tiene un taller en la Barceloneta, y el otro es un médico jubilado que ahora se entretiene haciendo astrología. Cómo es fácil comprender, su compañía es de lo más entretenida.

El tema del día se centró en la goleada del Español al Zaragoza, 4 a 1, ¡y Copa del Rey! Hay que comprenderlo: Mercadal es “periquito”, mientras que a Bastides el tema le importa un pito. De ahí la insistencia del primero, ante la indiferencia del segundo.

Por cierto, la playa ya estaba bastante llena. Normal, con el día que hace hoy. El “coté gay” todavía no estaba en su apogeo de temporada, pero ya empezaba a mostrar esos cuerpos de señores cincuentones, gordos y desnudos, en busca de sol y culitos jóvenes. Miré si por casualidad estaba mi amigo Luca repartiendo números –se encuentra estos días en Barcelona-, pero ni rastro. Luego, la playa empezaba a mostrar sus facetas tan interesantes de colorido cosmopolita, con grupos de turistas mezclados con familias de inmigrantes, hasta llegar al sector de las señoras mayores con los pechos al aire. Busqué a doña Eulalia, más conocida como La Layeta, que suele cantar mientras se baña en el mar, generalmente jotas y alguna copla española, con grandes alaridos que se oyen en un radio de ciento cincuenta metros, pero era ya demasiado tarde, pues normalmente va por las mañanas a primera hora. Así alcancé el monumento aquel de cubos superpuestos que es un homenaje al “quart de casa” (los minipisos típicos de la Barceloneta, de 25 metros cuadrados). Cómo siempre, estaba rodeado de bañistas tomando el sol, cosa que nunca he entendido, pues por la noche es el lugar favorito para los meadores nocturnos y allí también paran grupos de mendigos reunidos para vaciar sus “breaks” de vino, amén de muchos paseadores de perro, de modo que a la madrugada el sitio apesta. ¿Será por los servicios de limpieza de la mañana, que vacían cada día la arena de papeles, latas, colillas y bolsas de plástico? Todo es posible. Pasado el monumento, viene el rincón más popular, ya tocando el Paseo Marítimo, por lo general lleno a tope de toallas y gente tomando el sol.

¡Qué gusto!, pensaba viendo a aquella turbamulta tan relajada y ajena a los estreses urbanos. Pensar que en aquel momento la ciudad seguía funcionando, con sus atascos y sus malos humores, daba aún más relieve a la aureola de paz y felicidad que se respiraba en la playa. Además, el origen popular de los bañistas, muchos de ellos nacidos en rincones de lo más disparatado del planeta, daba un plus de interés al paisaje, pues los colores se mezclaban con las lenguas habladas y las mismas gestualidades, todas tan diferentes. Y sin embargo, el amor al sol, al mar y a la playa, más el detalle de ir todos desnudos o casi desnudos, nos unificaba en un impresionante abrazo democrático, con un consenso implícito hacia el más elemental sentido de la libertad, ese que consiste en que cada uno haga lo que le da la real gana. Pensé que aquella playa popular era un lujo conocido sólo por los barceloneses más humildes, pues los que podían no dudaban en largarse a segundas o terceras residencias, y a playas según ellos más limpias. Eso me hizo pensar que aquellos que más gozaban de la ciudad eran por lo general sus habitantes pobres, pues los ricos sólo la usaban para ir al trabajo más sus actividades de promoción y comadreo. Si algo unía de verdad a la ciudadanía entera, era lo de mirar la tele en casa. Bueno, así pensaba cuando llegamos al pequeño rompeolas que separa la playa en dos antes de llegar al puerto olímpico, y dábamos la vuelta de regreso al Club.

De vez en cuando, nuestras miradas se iban hacia una u otra jovencita que mostraba sus gracias al viento. Recuerdo que mi padre, que era médico, solía acercarse a alguna de estas señoritas, por lo general a las extranjeras que entonces se ponían como langostas sin protegerse del sol, para advertirles de la gran peligrosidad de los rayos solares. Lo llamaba “hacer buenas obras” pero en realidad era un truco para ver de cerca los atractivos de las advertidas, aunque en aquella época aún no se estilaba el “top less” de hoy en día. Esta costumbre la sigue practicando el doctor Mercadal de vez en cuando, para asombro de las bañistas así abordadas, que no entienden qué carajo les está diciendo aquel viejo, y con grandes sonrisas de los presentes, que conocen el truco de sobras.

Al volver a pasar por el monumento al “quart de casa”, Bastides hizo referencia a las elecciones italianas, con un procentaje tan alto de votantes. Aquel dato le sorprendía, ya que no cuadraba con el perfil frívolo que solemos tener de los italianos –prejuicio que se justifica por el gusto que tienen (al menos la mitad de ellos) por políticos cínicos y espectaculares como Berlusconi. Decía el zapatero que si algún mérito tenía el “cabaliere” era despertar el interés político de los ciudadanos, aunque fuera a base de hacer payasadas. De lo que Prodi tal vez se haya aprovechado, al sacar de sus casas a un 80% de votantes. Yo comenté mi teoría sobre esta tendencia de las poblaciones a no estar nunca de acuerdo y a buscar el empate, haya lo que haya por escoger. Algo que ligaba con el ideario de los dos futurólogos, que preveían una fragmentación cada vez mayor de las sociedades europeas. Tema que ya habíamos tocado en otras ocasiones.
Llegamos finalmente al Club y nos despedimos. Quedamos en vernos al día siguiente, si el tiempo acompañaba. Los vi alejarse caminando despacio como dos sabios antiguos hacia dónde la playa termina, allí dónde los activistas de la ciudad están construyendo lo que será un hotel emblemático. Una estampa, la de los dos viejos, que me gustaría no se perdiera nunca de mi retina. Luego me tiré a la piscina y subí para las duchas. Estaba sonando el himno –cada día, a las dos de la tarde, suena el himno del Club para recordar a los socios la hora, para muchos la de comer– y era hora de ir pensando en vestirse. Luego dirigí mis pasos a un restaurante de la Barceloneta dónde pedí el menú. Pero aquí termina, en el retablo de mi blog, este maravilloso día de playa.

miércoles, abril 12, 2006

DE MANOLO A ESCOBAR

¡ATENCIÓN!
Últimos días para ver este raro espectáculo de Manolo Escobar con el loco Marc Rosich (hay que estar loco para haberse metido en eso) que le ha escrito el texto y actúa a su lado bajo el nombre de León. Con dirección de Xavier Albertí (otro loco) y Guillermo Marín Género en el piano (gran pianista). Una maravilla cabaretera que se atreve a jugar con los grandes nombres: el mismo Manolo Escobar, mito vivo de la canción española, la misma España y los mismos Españoles. ¿Es posible semejante atrevimiento? ¿Aguanta una obra con esta mezcla explosiva de temas, autores y personajes aparentemente contradictorios? Pues sí. Funciona muy bien, y la obra incluso te acaba emocionando, batiendo palmas como un tonto con “Mi Carro” o el “Que Viva España”. El mito se humaniza con la presencia del dulce y gamberro León, la copla se hace presente en el escenario con toda su fuerza, y el público entregado a su ídolo se convierte en el otro gran protagonista de la sesión. Importante para entender a este país, para entender a Cataluña y para entendernos a nosotros mismos. Al menos, a los que ya tenemos una cierta edad. Bueno, pues nada, creo que es la última semana. Compatible con ir a los toros (aunque no sé si hay cartel). El espectáculo, en efecto, es muy torero, etc. Rápido, pues, en el Teatro Condal.

martes, abril 11, 2006

¡VIVAN LOS TURISTAS Y LA SEMANA SANTA EN BARCELONA!

A los que no están en Barcelona, les comunico que la ciudad se ha vaciado estos días de barceloneses. Eso significa que ha quedado básicamente en manos de los turistas y de los que viven de ellos, así como de los pobladores menos favorecidos por las rentas: populares autóctonos e inmigrantes de los cinco continentes. Pues bien, contra todos los pronósticos de la corrección bienpensante, debo decir lo siguiente: ¡se está de maravilla!

Algo que chocará a los que escuchan esa letanía de que Barcelona ya no es lo que era, por culpa de: 1- la ocupación sistemática del centro por las nuevas clases inmigrantes; 2- del incivismo de los visitantes en general harto inmaduros que acuden por su fama; y 3- el agobio de los turistas que cada día llenan calles, museos y tiendas. Pues bien, no les hagan caso: nada hay como quedarse estos días de Semana Santa y disfrutar de esta extranjería ocupante que transforma, sí, Barcelona, pero ¡a mejor!

En efecto, nada hay como estar en tu propia ciudad y gozar del privilegio de sentirte extranjero en ella, no sólo porque oyes hablar todos los idiomas del mundo menos el tuyo, los colores de la gente son diferentes y el centro se llena de personas que no tienen nada que hacer (con la chispa desagradable, cierto, y la mala leche de los que quieren aprovecharse de la indolencia de éstos), sino también porque no ves las caras de cada día, con los malos humores de los enfadados de siempre, ni a todos los barceloneses que se han ido a sus torres o de viaje a sufrir colas, retrasos y aglomeraciones. ¡Qué alivio! ¡Qué frescor! ¡Qué delicia!

Pasear por la Rambla rodeado de adolescentes europeas en escote y manga corta –a pesar del frío que hace hoy–, de turistas enrojecidos por el sol –pues las playas ya están a tope–, de matrimonios italianos que se han escapado del horror berlusconiano, de caras oscuras de origen asiático, centroamericano o magrebí, o de los habitantes de los barrios periféricos que se expanden estos días por el centro como si les hubieran sacado a todos y a la fuerza de sus casas, por la Rambla hasta el puerto, y luego por el puerto hasta las playas y los chiringuitos frente al mar…¡Qué agradable!

Incluso los bares y restaurantes te hacen sentir extranjero, pues ninguno dura más de seis meses y es curioso ver como las franquicias se suceden una tras otra a cuál más hortera y espeluznante, pero no por ello menos interesantes y llamativas en cuánto fenómeno incomprensible que son de la modernidad. Y lo mismo podría decirse del misterio de los hombres estatua, siempre tan quietos en sus puestos, cuyas hileras llenan la Rambla, estos días trabajando a jornada completa. Y este sentirte extranjero, que tanto molesta a los que se creen dueños exclusivos de la ciudad, ¡qué bálsamo de felicidad es! ¡Qué sensación de vacaciones gratis y de libertad! Impaciente espero ya el Viernes Santo para ver esa otra cara de lo barcelonés popular y marginal que, como los toros, persiste a pesar de los intentos oficiales de erradicarlo: la procesión de los Macarenos de la Iglesia de San Agustín, que reúne cada año a la gente humilde del barrio y a miles de andaluces de la ciudad entera, en el mismísimo centro. Aquí palpita parte del barcelonismo más auténtico, con una mezcla de tipos que entroncan directamente con la alma histórica de la ciudad. Lástima que el arranque de la temporada taurina fuera el sábado pasado y no el próximo, pues seguramente nos habríamos ahorrado el bochorno de los antitaurinos, los cuales seguramente se habrían fugado todos a sus torres o se hallarían de viaje, sin venir a molestar con su intolerancia, su racismo clasista y sus cacerolas.

A los que no son de aquí, les diría: ¡vengan a Barcelona por estas fechas! Y no teman ser unos turistas, no tengan mala conciencia por ello: ¡acudan a los museos, a las tiendas, a las procesiones y a los toros! Gracias a ustedes, los barceloneses que nos hemos quedado podemos también sentirnos turistas, ¡y eso nos hermana! Además, no teman ver una ciudad falsa: todo lo contrario, se encontrarán con su realidad más estricta, sin los adornos culturales del verano y sin los barceloneses que normalmente les harían sentirse extranjeros. Aprovechen este secreto que yo les revelo: si de verdad quieren conocer Barcelona, no se lo piensen dos veces: ¡háganlo por Semana Santa!

martes, marzo 28, 2006

Elogio del burro

Me refiero al animal. Creo que, junto al perro, el burro es el animal tradicionalmente más amigo de los humanos. Estoy seguro de que la historia nos confirmaría esta afirmación, pues menos en América, encontramos al burro en todas las viejas culturas del mundo, tanto las más antiguas como las que todavía se mantienen a flote en la actualidad. Antes del caballo, estaba el burro, animal fuerte y seguro, algo terco y cabezudo, es verdad, lo que sin duda le confiere mayor personalidad.

Es curioso que al burro no lo hemos mitificado, a diferencia del caballo, que para nosotros simboliza la fuerza bruta del instinto sublimada. Retratar al caballero montado en su noble caballo alzándose sobre sus patas de atrás, ha sido una constante en la Historia del Arte, perfecta ilustración de la dualidad hombre/bestia, tan amada de los barrocos, cuya intención básica era la de ensalzar la naturaleza humana, lo que explica que los reyes y los grandes aristócratas se hayan retratado todos o casi todos en esa posición. El caballo aparece, pues, siempre pegado al hombre, como un complemento salvaje pero noble del que nos orgullecemos de haber domado. En este sentido, no hay duda que el caballo ocupa un lugar destacado en el palmarés de los animales amigos de la Humanidad. Y sin embargo, y tal como veremos al compararlo con el burro, esta simbiosis del caballo con el hombre le quita personalidad y, desde luego, autonomía. Son muy bonitos, pero porque nosotros proyectamos en ellos toda la fuerza y la nobleza que nos gustaría tener pero de la que por desgracia carecemos.

Todo lo contrario del burro. En él no proyectamos fantasías sino realidades: las oscuridades de nuestro carácter, la terquedad que nos define como especie, el egoísmo del que somos hijos, y la idiotez que tanto nos caracteriza. Se entiende que tradicionalmente se haya tratado tan mal al burro: espejo de nuestra sombra, nos vemos a nosotros mismos tal como no nos queremos ver, y por ello, bastón y estacazo. Pobre asno, válvula de escape de nuestros complejos y auto-odios. Y no sólo lo dicen los cuentos. Esto lo he visto yo en países dónde todavía se lo usa como animal de carga: recibiendo palos a mansalva, atados de una pata a un árbol, o con las dos patas de atrás sujetas por unas cuerdas a modo de argollas, o una de adelante atada con la de atrás, etc.

Pero también es verdad que junto al mal trato, ha coexistido siempre un curioso apego al burro, fiel compañero de viejas culturas, que tanto nos ha ayudado en nuestros traslados y transhumancias, y en el día a día del campo y los cultivos. Hay mil anécdotas, cuentos e historietas que hablan de este amor singular de los humanos con el burro, un amor muy distinto al del perro (mucho más emotivo y dependiente éste, incluso a veces demasiado sentimental) o al del gato (al que sólo la modernidad ha dado categoría de verdadero amigo) o al del caballo (que, como hemos dicho, se basa más en la admiración y el orgullo de identificarse con su fuerza). El amor burro-hombre es un amor adulto y profundamente moderno, que parte del respeto de la doble individualidad, pues ambos saben muy bien que el otro tiene su carácter y que hay que respetarlo. Se miran con confianza pero siempre con un velo de desconfianza, al comprender los dos que el interés a veces prima por encima del amor: el uno para haraganear y comer sus zanahorrias, y el otro para llevar cargas de un lugar al otro, o para hacer girar la noria todo el santo día. No hay pues engaños sino pacto, guardando cada uno su independencia.

Es lógico que, en un ambiente rural, dónde lo que más importa es el día a día del plato de garbanzos, estas consideraciones sobre el burro interesen poco. Pero en un ambiente urbano, y desde la perspectiva que nos dan la Historia y los siglos, creo que tendríamos que atrevernos a reivindicar al burro como el futuro animal de compañía de la especie humana. Para ser concretos, resumiré las razones en los ocho siguientes argumentos:

1- a diferencia del perro, al que consideramos como un animal de raza menor aunque muy amigo nuestro, el burro es un animal noble, de una presencia impactante, elegante a su manera, lo que nos permite efectos de proyección más poderosos que los del perro;

2- ya antes lo hemos diferenciado suficientemente del caballo, pero es importante indicar que su tamaño más chico lo hace más “humano”, más cercano a nosotros, está, digamos, “más a nuestra altura”;

3- en este sentido, sería una buena idea proponer a los pintores imágenes de caballeros montados en burros: seguro que del tono romántico e idealizado de la dualidad hombre/bestia de los cuadros de Rubens y Tiziano, pasaríamos a un tono mucho más interesante de tipo psicológico y realista de las mismas dualidades;

4- muy importante insistir en que el burro sólo admite proyecciones de “realidades” y no de “fantasías”. Nos conecta pues con lo real, con el suelo que pisamos, no con ideales ni mistificaciones;

5- efecto vacuna o de neutralización: deriva del punto anterior. Al tenerlo como animal de compañía, nos vemos siempre reflejados en su rostro, lo que nos vacuna a diario de los delirios de grandeza y otras enfermedades similares;

6- es un animal simpático, exótico y divertido, uno nunca se cansa de mirarlo, pues parece patoso y eso le da un aire juguetón aunque a veces es demasiado caprichoso. En este sentido, es muy importante educarlo bien en lo de las coces;

7- el rebuzno es una auténtica delicia dotada de una originalidad apabullante, pues no hay nada que sorprenda más al urbano que oir como el asno arranca a rebuznar. Lo hace con arte y donaire pero, a diferencia del perro que puede llegar a ponerse muy pesado cuando se obsesiona en ladrar horas y horas, el burro es muy comedido en su rebuznar: Lo hace pocas veces al día y en general a horas fijas, lo que le otorga una cualidad añadida de marcador del tiempo. Respecto a la calidad del rebuzno, yo lo definiría como un canto que parece salirle del alma, a causa del esfuerzo que se le supone, algo así como un grito desgarrado que arranca de las entrañas, muy a lo flamenco. En este sentido, si alguna vez se consiguiera que los burros rebuznaran en concierto, siguiendo las indicaciones de algún director o maestro cantor, con el acompañamiento tal vez de alguna guitarra, los resultados podrían ser realmente espectaculares, aunque muy sui generis, eso si.

8- la otra gran ventaja del burro respecto al perro, visto como animal de compañía, es que, además de simbolizar una amistad basada en el respeto y en la independencia de cada uno, el burro es también animal de carga y de transporte. Es decir, nos hace compañía, nos sorprende y nos distrae, pero permite además desplazarnos de un sitio para otro, o llevar nuestros bultos en sus espaldas. Esto, que puede parecer baladí y hasta una excentricidad a los urbanitas actuales, puede que un día llegue a ser de un interés supino, obligados como estaremos, tarde o temprano, a desprendernos de nuestros carricoches con sus motores a combustión. Sí, ya sé que todo el mundo habla de los coches eléctricos o de coches a energía solar o de otras cosas aún más raras y avanzadas (que si alas en los pies, motorcitos en la espalda...), pero cuando la realidad nos obligue de verdad a bajar de la higuera y a morder el polvo, quizás entonces veremos al burro como la solución. Tal vez no la mejor, pero sí la más humana y la más amiga.

sábado, enero 14, 2006

DEFENSA RAONADA DE LA CORRIDA DE TOROS


Estimats bloguers: penso que el tema dels toros, ara que som fora de temporada i els ànims dels anti i dels pro estan desescalfats, mereix una reflexió informal però alhora raonada, que intentaré exposar sense ànims d’ofendre a ningú i respectant totes les opinions que puguin haver-hi a favor i en contra. La tesi principal d’aquesta defensa raonada és que no sols no s’han de prohibir les corrides de toros, sinó que s’han de promoure, a Espanya i especialment a Catalunya, molt més del que ara ho estan. Amb la intenció de ser escuet, em limitaré a exposar deu raons importants:

1- RAÓ PRINCIPAL: raó de tipus econòmic i estratègic d’alt interès pel país. Els que posen en qüestió les corrides de toros, no haurien d’oblidar que som un país que viu majoritàriament del turisme. Doncs bé, crec que ningú posaria en dubte que un dels actius més importants amb els que compta la indústria turística espanyola –i de rebot, la catalana- és la relacionada amb els toros. La Corrida s’ha convertit en un dels signes d’identitat espanyols per excel.lència, coneguda a tot el món i per totes les cultures.

Per als països occidentalitzats, consisteix en un anacronisme que estimula i excita el gust per l’aventura i el perill, posant una nota de color altament exòtic al nostre paisatge turístic. Per als països encara en vies de modernització, és igualment un anacronisme que desperta la curiositat i la simpatia dels seus pobles, els quals veuen que la modernitat no té perquè eliminar totes les tradicions, per estranyes i passades de rosca que siguin.

Aquesta raó s’aplica també a Catalunya, per molt que alguns dels actuals polítics i moviments ciutadans creguin el contrari: Catalunya participa del moviment general turístic espanyol i seria un disbarat que pagaríem molt car voler-lo separar del mateix. L’aposta pel turisme de cultura que Catalunya vol fer ha d’incloure sense cap mena de complexes la festa dels braus, la qual compta amb una suficient tradició a casa nostra, amén d’unes magnífiques instal.lacions plenes d’interès estètic i històric.

Una possibilitat de futur a tenir en compte seria la catalanització de la Corrida, complementant les banderes espanyoles amb la Senyera, i incorporant els instruments típics de la cobla a les bandes musicals que interpreten els pasodobles de rigor. S’hauria de promoure la creació d'una nova generació de toreros catalans amb nous vestuaris vistosos i brillants, feina que els nostres modistos de primera fila sabrien sens dubte realitzar. Aquesta catalanització de la Corrida donaria una nova empenta i vigoria a la Festa i a la necessària renovació de la nostra indústria turística, necessitada com està de posar-se al dia i trepitjar amb força les difícils èpoques que s’acosten.

2- SEGONA RAÓ IGUALMENT PRINCIPAL: La indústria del souvenir no seria la que és al nostre país sense la Corrida de Toros. Eliminar aquesta restaria valor als objectes fetitxes, els quals trobarien difícil la seva justificació. Una indústria que mou molts mil.lions de duros i llocs de treball, però sobretot que és capaç de despertar l’interès dels visitants fins a uns nivells insospitats. Mantenir viva i ben desperta la festa de braus dóna força i ànima a tots els seus souvenirs, creant el corpus d’una mitologia hispànica que a la llarga ens pot salvar de les inevitables crisis futures del turisme. També aquí no estaria gens malament procedir a una catalanització dels souvenirs taurins, no per substituir l’existent sinó per complementar-la amb ànims d’augmentar els beneficis i buscant l’efecte abans esmentat de la renovació.

3- TERCERA RAÓ QUE SEGUEIX SENT PRINCIPAL: que el turisme està encaminat a viure una gegantesca crisi és una realitat que ja ningú s’atreveix a contradir. Tard o d’hora, els nous destins turístics amb una oferta de preus extraordinàriament baixa i amb unes prestacions de servei igual d’excel.lents que les nostres, faran caure el turisme espanyol en una crisi sense precedents. Turquia és el cas més evident, un destí que molts europeus ja han escollit com substitutori a l’espanyol, amb unes prestacions de sol, platja, hosteleria i patrimoni arqueològic que superen en molt a les nostres. I fent cua al darrera de Turquia, hi ha un fotimer de països que només esperen el moment per llançar-se a l’arena mundial de la competència turística. Ara bé, quin és l’element que mai cap altre país de la zona podrà oferir? Els toros. Llevat d’alguns països d’Amèrica Llatina que també practiquen l’art de la tauromàquia (els quals estan a anys llum de la nostra capacitat turística), Espanya, i amb ella Catalunya, despunta per aquesta exclusivitat que a mesura que els anys passin i els països es vagin modernitzant, desperta i seguirà despertant més i més interès i curiositat. Seria realment una bogeria i un verdader suïcidi desprendre’s de la Corrida, quan més la necessitem.

4- RAÓ SOCIOLÒGICA, POÈTICA I SENTIMENTAL: considerada potser com menor pels observadors més pragmàtics, consisteix, nogensmenys, una raó per a mí principalíssima: els Toros són el reducte d’una determinada poètica social i sentimental al qual s’hi senten inclosos una àmplia franja de població espanyola i catalana. Les xifres en números absoluts poden canviar de regió a regió, però en termes generals es pot considerar el col.lectiu dels afeccionats als toros com prou important per merèixer el respecte dels qui no s’hi senten inclosos. Pertanyença que entronca amb una manera peculiar i antiga d’entendre la cosa social, caracteritzada per una sensibilitat envers certs elements curiosos i arcaics i per això mateix dignes del màxim interès i respecte.

Aqueta poètica no té res a veure amb les que s’estilen ara, ja que està basada en uns referents antics i vells que l’actualitat consumista de les noves generacions ha posat en desús, motiu pel qual els detractors moderns de la Corrida li han agafat tanta mania. Però precisament per això es mereix un respecte que no ens cansarem mai de defensar. Pel que fa a Catalunya, al seu reducte tauromàquic s’hi inclouen persones de moltes classes socials distintes i de procedències ben diverses, col.lectiu al qual seria una total manca de respecte que se li sustregués aquest tan noble com legítim entreteniment.

5- RAÓ HISTÒRICA: dues són les raons que pertanyen a aquest apartat: 1) el fet de tractar-se La Corrida d’un divertiment arcaic que respòn més a una època antiga que actual, li dóna un interès d’arqueologia social i antrolopològica única al món i, per això mateix, digne de ser mantinguda i protegida; 2) anar a una Corrida de Toros és fer un viatge en el temps històric de dues o tres generacions, amb una atmòsfera que la modernitat ha fet desaparèixer arreu, però que la Festa manté viva i actual, atmòsfera de cares antigues, de parlars pausats i castissos, d’imatges elegants i pintoresques, d’emocions que tenen a veure amb situacions primordials, arcaiques i arriscades, fins i tot de maneres de vestir que semblen fugir del present estàndar. Aquestes raons, que poden semblar sentimentals i sense pes pels enemics de la Corrida, són per a mi les més importants, ja que disposar d’un lloc on poder-se sustreure dels imperatius actuals en voga és un privilegi que molt poques societats, de les considerades modernes, gaudeixen.

6- RAÓ ESTÈTICA: és molt important pels qui veuen la Corrida com un ritual ple de signes estètics de gran relleu i categoria. Aquests aspectes han estat molt celebrats pels artistes i pels esteticistes en general, que els consideren únics al món, amb unes efectes d’intensitat que el dramatisme de la Festa no fa més que augmentar. Potser Picasso és qui més ha destacat aquests aspectes, tractant la tauromàquia com un dels seus temes preferits. La llista, però, d’artistes amants dels Toros és llarga.

7- RAÓ SIMBÒLICA: sobre els simbolismes de La Corrida s’ha escrit molt i no seria bò fer-nos pesats sobre aquest tema. Només mencionar l’extraordinària riquesa simbòlica que ofereixen Els Toros en una època tan mancada de simbolismes reals associats a les veritats de carn i ossos, i als processos essencials: la lluita de la vida contra la mort, enfrontar-se al destí i a la mort amb elegància i des d’una actitud estètica, acceptar els riscos de la vida que et dóna cornades de sorpresa, la plaça com metàfora de la vida, el cercle com l’espai reunió dels opostos, la dualitat home-bèstia, el negre oposat al vermell, la lluita amb la part fosca de l’home, etc. La Corrida dóna una resposta i la seva particular visió a tots aquests opostos simbòlics, resposta i visió que provenen d’un temps antic al quals per molt que no ens ho volguem creure, encara hi estem ficats de ple. Acceptar la realitat de les coses i el fatalisme dels desenllaços dramàtics és una sana cura d’humilitat que fins que les coses no canviin de veritat vers altres paràmetres simbòlics de comportament i de relació, és bo i saludable reconèixer.

En aquest apartat del simbolisme, hi caldria afegir l’element pedagògic que representa mostrar a la llum pública la realitat de la nostra relació amb els animals: en acabar la Corrida, l’espectador pot veure com l’animal mort és desquartitzat davant de tots, tallat en trossos, sense que en cap moment hi hagi la sinistre ocultació que es fa d’aquestes qüestions en les nostres ciutats, on els escorxadors es troben ben amagats als extrarradis industrials, lluny de les mirades indiscretes dels ciutadans. Aquest element pedagògic i revelador dóna un afegit simbòlic a la Corrida d’un pes extraordinari.

8- RAÓ COMPARATIVA : dues són les comparacions que es solen fer quan es parla de toros, les quals l’ajuden sens dubte a defensar-se contra els enemics que l’ataquen:

1) amb el futbol: comparada amb aquest divertiment de masses, la Corrida apareix com un espectacle altament civilitzat, propiciador del bon gust, la bona educació i la contenció emocional. Realment tot juga a favor de la Corrida en aquesta comparació, i la prohibició d’anar als toros que existeix sobre els menors no deixa de ser una perfecta hipocresia, comparativament parlant, en ser tan evident la malèvola acció exemplar que el futbol té envers els menors;

2) amb els mataderos industrials: aquí la comparació posa de relleu l’absoluta manca de coherència dels qui ataquen la Corrida amb la raó de voler defensar els animals, en callar davant l’horror exterminador dels mataderos industrials, que representen la màxima degradació imaginable de la condició animal. Per comprovar-ho, només cal anar a un dels actuals escorxadors, on les bèsties són exterminades en cadena una darrera l’altra, per sistemes industrialitzats, perfectaments “nets i indolors”, com diuen els seus defensors, que posen la pell de gallina al més insensible dels observadors. Abans de ficar-se amb la Festa dels Toros, potser seria millor ficar-se amb els mataderos, i un cop s’hagi aconseguit que la població accepti eliminar aquests camps d’extermini d’animals o simplement es faci tota vegetariana, llavors potser es podria començar a posar en qüestió la Corrida.

9- RAÓ DE FUTUR: un únic fet justifica aquesta novena raó: la notícia de que a la ciutat de Pekín s’està construïnt una plaça de toros amb la intenció de celebrar-hi Corrides. Si Xina acull la festa de braus i se la fa seva, com és propi que faci amb tot allò que desperta el seu interès, no hi ha dubte que el futur de la Festa està no sols assegurat, sinó consolidat i multiplicat per mil. Els xinesos, a més a més de revolucionar la pràctica tradicional de la Corrida, la pot extendre a tot el seu continent i per extensió a la resta del planeta.

Seria ridícul que just en el moment que els futurs amos del món incorporen la Festa als seus costums i formes d’entreteniment, nosaltres decidíssim suprimir-la. Pel contrari, un manteniment de la Festa convertiria Espanya i Catalunya de retruc en la meca dels afeccionats xinesos, que voldrien visitar ni que fos una vegada a la vida la terra mare que va veure néixer la tauromàquia. I si comptem que els allaus de turistes japonesos seran d’aquí a uns anys completament eclipsats pels arribaments massius dels nous turistes xinesos, no cal dir que tant Catalunya com Espanya tenen més a guanyar que a perdre conreant i protegint la Festa.

10- RAÓ FINAL: si la llibertat segueix sent un dels principis bàsics de la nostra cultura, no veig perquè s’ha d’interdir una pràctica defensada, conreada i gaudida per milers de persones. De la mateixa manera que hi ha llibertat per jugar a futbol, per posar una casa de barrets, per importar i exportar vins, tabac i samarretes, per comprar i vendre cotxes, per obrir supermercats i grans superfícies, per caçar, menjar-se un pollastre o beure’s una cervesa, no veig perquè no hi ha d’haver el dret a torejar i a gaudir d’una bona o dolenta Corrida de Toros, existint com existeix la corresponent regulació legal consensuada sobre la matèria.

Potser el dia que s’hagi establert un nou còdig de relació de l’home amb l’entorn i especialment amb els demés animals, còdig que s’enfronti als temes de veritat, agafant com qui diu “el toro per les banyes”, només llavors, ja sense mataderos i tots vegetarians, podríem acceptar a parlar de la conveniència de renunciar a la Festa. Mentrestant, cal ser coherents i acceptar el principi bàsic de la llibertat humana, patrimoni de tots.

Aquestes deu raons es podrien multiplicar per mil si deixéssim parlar un a un als afeccionats als toros, els quals sens dubte en trobarien cinquanta mil més a afegir a les nostres. De moment, serveixin d’aperitiu per a una campanya més seriosa i profunda -i esperem definitiva- per a la preservació i el conreu, a Catalunya i a Espanya, de l’antiga, espanyola i catalana Corrida de Toros.