El día se levantó ayer espléndido,
con nubes altas esculpidas por el viento. Por la tarde acudí a la playa para
encontrarme con mis amigos futurólogos con los que suelo pasar algunas tardes. El
tema se impuso por su propio peso: la independencia de Cataluña.
- Pero bueno, ¿cómo estáis
viendo el asunto? Jamás pensé que las cosas llegaran tan lejos…
- Ni nosotros, aunque ya hace
tiempo que venimos observando esta aceleración de los tiempos, como si la Historia
tuviera prisa. El efecto es de contracción: va todo tan rápido, que la realidad
aparece algo distorsionada, con aquellos efectos valle-inclanescos de la
deformación que tanto gustaban al gran gallego.
Quién habla es el doctor
Roger Mercadal, médico jubilado, astrólogo y hombre cultivado, que da sustento
teórico a las predicciones más visionarias de Bastides, su amigo de la playa.
- Me refiero a las
reacciones que ha provocado el posicionamiento de Mas. También algunos independistas
han caído en la deformación de la lente contraída, aquejados de una ingenuidad
fruto de la ignorancia. Pero la realidad de la situación sigue siendo la que
es: el posicionamiento decidido de una comunidad en emanciparse y despegar
hacia una autonomía plena y soberana. Y cuando una colectividad de este calibre
se alza con semejante decisión, es que la cosa va muy en serio. Creo que para
las próximas elecciones, la goleada independista está cantada.
- Todo el mundo habla de
mayoría absoluta para CiU, pero el contra-ataque del otro bando no se ha
hecho esperar y ha sido de gran impacto.
- Y aun lo será más, pero
por el momento no parece que vaya a frenar la ola soberanista. Fíjate que en
estas elecciones no se vota la independencia, sino qué partido va a gobernar en
Cataluña y el derecho a hacer la tan manida consulta. Es decir, será una buena
ocasión para desquitarse de los poderes centrales pero sin matar al toro. Luego
ya decidirán los electores cuando haya consulta, si la hay, que la habrá.
Bastides, callado como
siempre, irrumpe en aquel momento:
![]() |
| Arenistas de la Plaza de Toros de Ceret, con barretina. |
- En verdad en verdad os
digo, que sólo España podrá regenerarse y salir de su profunda y eterna crisis
cuando Cataluña se independice. Y ya sabéis cómo yo amo a España, tánto como a
Cataluña. Pero sólo una catarsis como esta emacipación de su ala Este podrá sanar
a este viejo país. Y la razón es muy simple: para que Cataluña se independice,
deberá antes reconciliarse consigo misma, es decir, aceptar su dualidad intrínseca,
que no es otra que su doble alma catalano-española. Algo evidente: si la mitad
de la población catalana es castellano parlante y originaria del resto
peninsular, su alma es en esencia doble. De ahí la necesidad que tiene el
independismo de aceptar su dualidad interior: el castellano y lo español como
parte substancial de su ser. Sólo así conseguirá la región catalana emanciparse
y convertirse en nación.
- Has dado en el clavo,
Bastides! Si Cataluña se reconcilia consigo misma, su emancipación será el
corolario de un proceso general emancipador de todas las tierras de España, las
cuales deberán también aceptar sus dualidades interiores, sin necesidad de
proyectar fantasmas contra unos y contra otros. ¡Será el momento de las
Españas, aunque cada una de ellas decida llamarse como le dé la gana, y de ahí
la gracia de este gran movimiento emancipador!
- Muy contentos os veo…
- No creas que somos unos
ingenuos. Piensa que nosotros hablamos desde el futuro, mirando las cosas con
una perspectiva que va al revés del tiempo, lo que explica que tengamos que
avanzarlo. Los peligros son evidentes: hay un perdedor claro, los intereses del
Gran Madrid. Van a pelear a fondo, porque se juegan su poderío. En realidad, ya
lo han perdido, con la caída de Bankia. Pero intentan resacirse apretando el
cinturón y mostrando los dientes a todo el país. Tienen el viejo aparato del
Estado, que no es moco de pavo. Uno de los más viejos de Europa. Aunque esto a
la larga sea una debilidad para ellos: están tan acostumbrados a mandar y a ser
obedecidos, que no ven la realidad y no entienden que alguien se le resista. Su
ferocidad intentará excitar los instintos malsanos del nacionalismo catalán:
esa aprensión hacia todo lo que suena a español. Yo, de Mas, lo primero que haría
sería corregir el grave error del Tripartito y volver a legalizar los Toros. Sería
una jugada maestra que descolocaría a todos. Y mostraría con un simple gesto
esta aceptación de la dualidad tan importante para constituirse en nación de
verdad. Y la goleada sería de máximos históricos.
- Pero si el catalanismo
acepta esta doble alma que decís, entonces, ¿para qué separarse de España?
- Aquí está el quid de la
cuestión, y el gran avance civilizatorio de una emancipación de este tipo: ante
una situación como la actual, en la que la globalización de los capitales está eliminando
las viejas estructuras de los antiguos estados-nación, el mantenimiento de éstos
se convierte en una simple cuestión de orden público y de control, para la
buena circulación de mercancías y el buen resguardo de los capitales. Fíjate en
Grecia, una cárcel cada día más cercana a una dictadura del Gran Capital. En
cambio, crear nuevas estructuras bajo el impulso entusiasta de la clase media,
afín de controlar de un modo más cercano las riendas de los negocios, eso
permite despegar a estas clases medias, dotarlas de unas herramientas de ilusión
y realización, y defenderse así frente a los huracanes devastadores de los fenómenos
globales.
- ¿Dais pues por hecha su
victoria?
- Yo no me atrevería a
tanto, somos futurólogos y ya sabes que nuestra ciencia, como las demás, se
sustenta en hipótesis. Una posibilidad es que la estrechez de miras de los
señores de Convergencia y sus bases entusiastas, incapaz de aceptar su doble
cara oculta, acabe despeñándose contra la complejidad del rico tejido catalán. Las prisas son el gran peligro que tienen por delante los de la independencia. Aquí el patinazo puede ser monumental. Lo ideal es que el proceso se haga tan largo y tortuoso, que por el camino se vayan sumando
las otras Españas con ganas de emanciparse, ante el descalabro social y económico del país. Aquí habría que empezar a tratar
los aspectos de la geoestrategia, y el catalanismo debería crear fuertes
alianzas con las otras regiones con ganas de vivir sus propias dualidades. Se
abriría así el paso a la emancipación general de los territorios de España, que
dejaría de llamarse así pero resucitaría con mayor energía, elevando sus potencialidades
turísticas y creativas a cotas hasta ahora jamás alcanzadas. La coordinación de
las partes, que jamás querría ser considerada como federación, palabra considerada
de mal gusto, sería de un extraordinario efectismo y si la Monarquía supiera
jugar bien sus cartas, seguiría reinando sobre las antiguas tierras españolas, solidariamente
dividida en una pluralidad de pequeños estados...
- Las prisas, esa es la tentación que los independentistas deberán sortear. Si sucumben a ellas, perderán la oportunidad de sumar su parte opuesta interior y se estrellarán contra la dura realidad...
- Las prisas, esa es la tentación que los independentistas deberán sortear. Si sucumben a ellas, perderán la oportunidad de sumar su parte opuesta interior y se estrellarán contra la dura realidad...
Detengo aquí la transcripción
de la charla, todavía bajo el impacto de las palabras de mis dos amigos de la
playa, como sin duda deben estarlo los amables lectores.

